El conde Lucanor

Part 11

Chapter 114,448 wordsPublic domain

E desque el falcón vió que el águila non le quería dejar matar la garza, dejola et montó sobre el águila et vino a ella tantas veces feriéndola fasta que la fizo desterrar daquella tierra. Et desque la hobo desterrado tornó a la garza, et andando con ella muy alto vino el águila otra vez por lo matar. E desque el falcón vió que non le valía cosa que feciese, subió otra vez sobre el águila et dejose venir a ella et diol tan grand colpe quel quebrantó el ala. Et desque él la vió caer, el ala quebrantada, tornó el falcón a la garza et matola. Et esto fizo, porque tenía que la su caza non la debía dejar, luego que se fuese desembargado de aquella águila que gelo embargaba.

Et vos señor conde Lucanor, pues sabedes que la vuestra caza et la vuestra honra et todo vuestro bien paral cuerpo et paral alma es que fagades servicio a Dios, et sabedes que en cosa del mundo, segund el vuestro estado que vos tenedes, non le podedes tanto servir como en haber guerra con los moros para ensalzar la sancta et verdadera fe católica, conséjovos yo que luego que podades seer seguro de las otras partes, que hayades guerra con los moros. Et en esto faredes muchos bienes; lo primero faredes servicio de Dios; e lo al, faredes vuestra honra et viv[i]redes en vuestro oficio et vuestro mester et non estaredes comiendo el pan de valde que es una cosa que non paresce bien a ningund grand señor; ca los señores cuando estades sin ningund mester, non preciades las gentes tanto como debedes, nin facedes por ellos todo lo que debríades facer, et echádevos a otras cosas que serían a las veces muy bien de las escusar. Et pues a los señores vos es bueno et aprovechoso haber algund mester, cierto es que de los mesteres non podedes haber ninguno tan bueno et tan honrado et tan a pro del alma et del cuerpo, e tan sin daño como la guerra de los moros. Et si quier, parat mientes al enjiemplo tercero que vos dije en este libro, del salto que fizo el Rey Ricalte de Inglaterra, et cuanto ganó por él; et pensat en vuestro corazón que habedes a morir et que habedes fecho en vuestra vida muchos pesares a Dios, et que Dios es derechurero et de grand justicia que non podedes salir sin pena de los males que habedes fecho; pero veed si sodes de buena ventura en fallar carrera para que vos en un punto podades haber perdón de todos vuestros pecados, ca si en la guerra de los moros morierdes estando en verdadera penitencia sodes martir et muy bienaventurado, e aunque por armas non murades, las buenas obras et la buena entención vos salvará.

E el conde tovo este por buen enjiemplo et puso en su corazón de lo facer, et rogó a Dios que gelo guisase como él sabe que lo él desea.

Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si Dios te guisare de haber seguranza, Puña de ganar la complida bien andanza[37].

[37] Cuenta aquí Don Juan Manuel un sucedido de su casa, pues no se ignora que el Infante Don Manuel, hijo de San Fernando, era su padre.

EJEMPLO XXXIV

De lo que contesció a un ciego que adestraba a otro.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

--Patronio, un mio pariente e amigo de que yo fio mucho et so cierto que me ama verdaderamente, me conseja que vaya a un logar de que me recelo yo mucho. Et él dice que me non haya recelo, que ante tomaría él la muerte que yo tome ningund daño. Et agora ruégovos que me consejedes en esto.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para este consejo mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un ciego con otro.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--un homne moraba en una villa, et perdió la vista de los ojos et fué ciego. Et estando así ciego et pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, et díjole: que fuesen amos a otra villa cerca daquella et que pidirian por Dios et que habrían de que se mantener et gobernar.

Et aquel ciego le dijo: que él sabía aquel camino de aquella villa, que había y pozos et barrancos et muy fuertes pasadas; et que se recelaba mucho daquella ida.

Et el otro ciego le dijo que non hobiese recelo, ca él se iría con él et le pornía en salvo. Et tanto le aseguró et tantas proes le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego: Et fuéronse.

Et desque llegaron a los lugares fuertes et peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, et non dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.

Et vos señor conde, si recelo habedes con razón et el fecho es peligroso, non vos metades en peligro por lo que vuestro pariente et amigo vos dice que ante morrá que vos tomedes daño; ca muy poco vos aprovecharía a vos que él muriese et vos tomásedes daño et muriésedes.

El conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Nunca te metas do puedes haber mal andanza, Aunque el tu amigo te faga seguranza[38].

[38] Derívase de la parábola evangélica (San Lucas, cap. VI, vers. 39): está en todas las literaturas. Pintó este ejemplo Brueghel _el Viejo_.

EJEMPLO XXXV

De lo que contesció a un mancebo que casó con una mujer muy fuerte et muy brava.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, et díjole:

--Patronio, un mio criado me dijo quel tratan casamiento con una mujer muy rica et aun que es más honrrada que él, et que es el casamiento muy bueno para él sinón por un embargo que y ha, et el embargo es este: díjome quel dijeran, que aquella mujer, que era la más fuerte et más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que case con aquella mujer, pues sabe de cual manera es o sil mandaré que lo non faga.

--Señor conde--dijo Patronio--si él fuer tal como fue un fijo de un homne bueno que era moro, consejalde que case con ella, mas si non fuere tal, non gelo consejedes.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

Patronio le dijo que en una villa había un homne bueno que había un fijo el mejor mancebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiese complir tantos fechos et tan grandes como el su corazón le daba a entender que debía complir. Et por esto era él en grand cuidado, ca había la buena voluntad et non había el poder.

E en aquella villa misma, había otro homne muy más honrrado et más rico que su padre, et había una fija e non más, et era muy contraria de aquel mancebo, ca cuanto aquel mancebo había de buenas maneras, tanto las había aquella fija del homne bueno malas et revesadas: et por ende homne del mundo non quería casar con aquel diablo.

E aquel tan buen mancebo, vino un día a su padre et díjole: que bien sabía que él non era tan rico que pudiese darle con que él pudiese vevir a su honra, et que, pues le convenía a facer vida menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que, si él por bien toviese, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiese haber alguna pasada. Et el padre le dijo quel placía ende mucho si pudiese fallar para él casamiento quel cumpliese.

E entonce le dijo el fijo que, si él quisiese, que podría guisar que aquel homne bueno que había aquella fija, que gela diese para él. E cuando el padre esto oyó, fué muy maravillado et dijol: que cómo cuidaba en tal cosa, que non había homne que la conosciese que por pobre que fuese quisiese casar con ella. E el fijo le dijo; quel pidía por merced quel guisase aquel casamiento. Et tanto lo afincó que, como quier que el padre lo tovo por extraño, que gelo otorgó.

Et él fuese luego para aquel homne bueno, et amos eran mucho amigos, et dijol todo lo que pasaba con su fijo et rogol que, pues su fijo se atrevía a casar con su fija, quel ploguiese et que gela diese para él. E cuando el homne bueno esto oyó decir a aquel su amigo díjole:

--Por Dios, amigo, si yo tal cosa ficiese seervos hía muy falso amigo, ca vos habedes muy buen fijo, et ternía que facía muy grant maldad si yo consintiese su mal nin su muerte; et so cierto que, si con mi fija casase, que o sería muerto o le valdría más la muerte que la vida: et non entendades que vos digo esto por non complir vuestro talante, ca si la quisierdes, a mi mucho me place de la dar a vuestro fijo o quienquier que me la saque de casa.

Et aquel su amigo le dijo: quel gradescía mucho cuanto le dicía, et que, pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogaba quel ploguiese.

E el casamiento se fizo, et llevaron la novia a casa de su marido. Et los moros han por costumbre que adoban de cenar a los novios et pónenles la mesa et déjanlos en su casa fasta otro día.

Et ficiéronlo aquellos así: pero, estaban los padres et las madres et los parientes del novio et de la novia con gran recelo, cuidando que otro día fallarían el novio muerto o muy maltrecho.

E luego que ellos fincaron solos en casa, asentáronse a la mesa, et ante que ella hubiese a decir cosa, cató el novio en derredor de la mesa, et vió un perro et dijol ya cuanto bravamente:

--¡Perro, danos agua a las manos!

E el perro non lo fizo. Et él comenzose a ensañar et dijol más bravamente que les diese agua a las manos. Et el perro non lo fizo. Et desque vió que lo non facía, levantose muy sañudo de la mesa et metió mano a la espada et enderezó al perro. E cuando el perro lo vió venir contra sí comenzó a foir et él en pos él, saltando amos por la ropa et, por la mesa, et por el fuego, et tanto andido en pos dél fasta que lo alcanzó, et cortole la cabeza et las piernas, et los brazos et fízolo todo pedazos et ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.

Et así muy sañudo et todo ensangrentado tornose a sentar a la mesa et cató enderredor, et vió un gato et dijol quel diese agua a las manos: et porque non lo fizo díjole:

--¿Cómo don falso traidor, non vistes lo que fiz al perro porque non quiso facer lo quel mandé yo? Prometo que, si poco nin más conmigo porfías, que esto mismo faré a ti que al perro.

El gato non lo fizo, ca tampoco es su costumbre de dar agua a manos, como del perro. Et porque non lo fizo, levantose et tomol por las piernas et dió con él a la pared et fizo dél más de cien pedazos et mostrandol muy mayor saña que contra el perro.

Et así bravo et sañudo et faciendo muy malos contenentes tornose a la mesa et cató a todas partes: e la mujer quel vió esto facer, tovo que estaba loco o fuera de seso et non dicía nada.

Et desque hobo catado a cada parte, vió un su caballo que estaba en casa, et él non había más de aquel et dijol muy bravamente que les diese agua a las manos: e el caballo non lo fizo: e desque vió que non lo fizo dijol:

--¿Cómo, don caballo, cuidades que porque non he otro caballo, que por eso vos dejaré si non ficierdes lo que yo vos mandare? Desa vos guardat, que si por vuestra mala ventura, non ficierdes lo que yo vos mandare, yo juro a Dios, que tan mala muerte vos dé como a los otros: et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que eso mismo non le faga.

E el caballo estudo quedo. Et desque vió que non facía su mandado, fué a él et cortol la cabeza con la mayor saña que podía mostrar e despedazolo todo.

E cuando la mujer vió que mataba el caballo non habiendo otro et que dicía que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliese, tovo que esto ya non se facía por juego, et hobo tan grand miedo que non sabía si era muerta o viva.

Et él así bravo et sañudo et ensangrentado tornose a la mesa, jurando que si mil caballos et homnes et mujeres hobiese en casa quel saliesen de mandado, que todos serían muertos. E asentose et cató a cada parte teniendo la espada sangrienta en el regazo: et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa viva, volvió los ojos contra su mujer muy bravamente et dijol con grand saña teniendo la espada en la mano:

--Levantavos et datme agua a las manos.

E la mujer que non esperaba otra cosa sinón que la despedazaría toda, levantose muy apriesa et diol agua a las manos. Et dijola él:

--¡Ah! ¡cómo gradesco a Dios, por que ficiestes lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me ficieron eso mesmo hobiera fecho a vos que a ellos!

E después mandol quel diese de comer: et ella fízolo.

Et cada quel dicía alguna cosa, tan bravamente gelo dicía et con tal son, que ella cuidaba que la cabeza era ida del polvo.

E así pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas facía lo quel mandaba. E acostáronse a dormir, e desque hobieron dormido una pieza dijol él:

--Con esta saña que hobe esta noche non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno e tenedme bien adobado de comer.

E cuando fué gran mañana los padres et las madres et los parientes llegaron a la puerta, et porque non fablaba ninguno, cuidaron que el novio estaba muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más.

E cuando ella los vió a la puerta llegó muy paso et con grand miedo et comenzoles a decir:

--Locos traidores ¿qué facedes? ¿cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡callad! sinón todos, tambien vos como yo, todos somos muertos.

E cuando todo esto oyeron, fueron mucho maravillados et desque sopieron como pasaron en uno, presciaron mucho el mancebo porque así sopiera facer lo quel cumplia et castigar tan bien su casa.

Et daquel día adelante, fué aquella su mujer muy bien mandada et hobieron muy buena vida.

Et dende a pocos dias su suegro quiso facer asi como ficiera su yerno, et por aquella manera mató un gallo: et díjole su mujer:

--A la fe, don fulano, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matásedes cient caballos, que ante lo hobiérades a comenzar, ca ya bien nos conoscemos.

Et vos señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal mujer, si fuere él tal como aquel mancebo consejalde que case seguramente, ca él sabrá como ha de pasar en su casa, mas si non fuere tal que entienda lo que debe facer et lo quel cumple dejadle que pase por su ventura. Et aun consejo a vos, que con todos los homnes que hobierdes a facer, que siempre les dedes a entender en cual manera han de pasar con vusco.

E el conde tovo este por buen consejo, et fízolo así et fallose dello bien.

Et porque don Johan lo tovo por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Si al comienzo non muestras qui eres, Nunca podrás despues cuando quisieres[39].

[39] El mismo asunto, dramatizado por Shakespeare en su deliciosa comedia _Taming of the Shrew_, varias veces traducida al castellano, y recientemente, con gran fortuna, por D. Gregorio Martínez Sierra, con el título _Domando la tarasca_. Titúlase otra versión castellana menos fiel y de menor valor literario, _La fierecilla domada_.

También en la literatura francesa arraigó el asunto. Puibusque cita una comedia titulada _La jeune femme colère_.

EJEMPLO XXXVI

De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.

Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:

--Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un mercadero que fué un día comprar sesos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, en una villa moraba un grand maestro que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el seso, que asi había de dar el prescio por él. Et díjole el mercadero que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:

--Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.

E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et diógela.

E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta que sopiese toda la verdat.

E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este seso en el corazón.

Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo, conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía nuevas de su marido.

Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.

E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la madre preguntol:

--¿Di, marido, onde vienes?

E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.

Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que comprara non se arrebató.

Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.

Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo llorando muy fuerte.

--¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por amor de Dios id allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios que sabredes algunas nuevas dél.

E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.

Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy aina repentir.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.

Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si con rebato grant cosa ficieres, Ten que es derecho si te arrepentieres[40].

[40] Knust escribe acerca de este cuento una larguísima disquisición, analizando procedencia y ramificaciones de cada uno de los elementos que lo integran.

EJEMPLO XXXVII

De la respuesta que dió el conde Ferrant Gonsales a sus gentes después que hobo vencido la batalla de Facinas.

Una vegada vinia el conde de una hueste muy cansado et muy lazdrado et muy pobre, et ante que hubiese folgar nin descansar, llegol mandado muy presurado de otro fecho que se movía de nuevo: et los más de su gente consejáronle que folgase algún tiempo et después que faría lo que se le guisase. Et el conde preguntó a Patronio lo que faría en aquel fecho. Et Patronio díjole:

--Señor, por que vos escojades en esto lo mejor mucho querría que sopiésedes la respuesta que dió una vez el conde Ferrant Gonsales a sus vasallos.

E el conde preguntó a Patronio como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--cuando el conde Ferrant Gonsales venció al Rey Almanzor en Facinas, murieron y muchos de los suyos: et él et todos los más que fincaron vivos fueron muy mal feridos: et ante que hubiasen guarescer sopo quel entraba el rey de Navarra por la tierra, et mandó a los suyos que enderezasen a lidiar con los navarros.

Et todos los suyos dijiéronle que tenían muy cansados los caballos et aun los cuerpos, et aunque por esto non lo dejase que lo debía dejar porque él et todos los suyos estaban muy mal feridos, et que esperase fasta que fuesen guaridos él et ellos.

E cuando el conde vió que todos querían partir de aquel camino, sintiendose más de la honra que del cuerpo, díjoles:

--Amigos, por las feridas non lo dejemos, ca estas feridas nuevas que agora nos darán, nos farán que olvidemos las que nos dieron en la otra batalla.

E desque los suyos vieron que se non dolía del su cuerpo por defender su tierra et su honra fueron con él. Et venció la lid et fué muy bien andante.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes facer lo que debierdes cuanto viéredes que cumple para defendimiento de lo vuestro, et de los vuestros, et de vuestra honra, nunca vos sintades por laceria nin por trabajo, nin por peligro et facet en guisa que el peligro et la laceria nueva vos faga olvidar lo pasado.

E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose dello muy bien.

Et entendiendo don Johan que este era muy buen ejemplo, fizolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Aquesto tenet cierto, que es verdat probada, Que honra et grand vicio non han una morada[41].

[41] Está más por extenso contado en _La crónica del noble caballero al conde Fernán González_, cap. VII, Burgos, 1516 (Knust).

EJEMPLO XXXVIII

De lo que contesció a un homne que iba cargado de piedras preciosas et se afogó en el rio.

Un día dijo el conde a Patronio, que había muy grand voluntad de estar en una tierra porquel habían de dar y una partida de dineros, et cuidaba facer y mucho de su pro, pero que había muy grand recelo que, si allí se detoviese quel podría venir muy grand periglo del cuerpo, et quel rogaba quel consejase que faría en ello.

--Señor conde--dijo Patronio--para que vos fagades en esto al mio cuidar lo que vos más cumple, sería muy bien que sopiésedes lo que contesció a un homne que llevaba una cosa muy presciada en el cuello et pasaba un rio.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--un homne levaba muy grand pieza de piedras preciosas a cuestas, et tantas eran que se le facían muy pesadas de levar: et acaesció que hobo de pasar un grand rio; et como él levaba grand carga, zafondaba más que si aquella carga non levase: et cuando fué en hondo del río comenzó a zafondar mucho.

Et un homne que estaba a la orilla del rio comenzol a dar voces et decir que, si non echase aquella carga, que sería muerto. Et el mesquino loco non entendió que, si muriese en el rio, que perdería el cuerpo et la carga que levaba, et si la echase que, aunque perdiese la carga que non perdería el cuerpo. Et por la grand cobdicia de lo que valían las piedras preciosas que levaba, non las quiso echar et murió en el rio et perdió el cuerpo et perdió la carga que levaba.