El Capitán Veneno The Hispanic Series

Chapter 6

Chapter 64,107 wordsPublic domain

--¡Pues figúrese usted que esta casa fuera de huéspedes!... ¡Ea! ¡Ya lo tiene usted arreglado todo! ¡Así no hay que vender muebles ni nada! Yo le pago a usted mi pupilaje; ustedes me cuidan... ¡y en paz! Con los dos sueldos que reúno hay de sobra para que todos lo pasemos muy bien, puesto que en adelante no me formarán causas por desacato, ni volveré a perder nada al tute, como no sea la paciencia... cuando me gane usted muchos juegos seguidos... ¿Quedamos conformes?

--¡No delire usted, Capitán!--profirió Angustias, con voz melancólica.--Usted no ha entrado en esta casa como pupilo ni nadie creería que estaba[297] usted en ella en tal concepto; ni yo quiero que lo esté... ¡No tengo yo edad ni condiciones para ama de huéspedes!... Prefiero ganar un jornal cosiendo o bordando.

--¡Y yo prefiero[298] que me ahorquen!--gritó el Capitán.

--Es usted muy compasivo...--prosiguió la huérfana,--y le agradezco con toda mi alma lo que padece al ver que en nada puede ayudarme... Pero ésta es la vida,[299] éste es el mundo, ésta es la ley de la sociedad.

--¿Qué me importa a mí la sociedad?

--¡A mí me importa mucho! Entre otras razones, porque sus leyes son un reflejo de la ley de Dios.

--¡Conque es ley de Dios que yo no pueda mantener a quien quiero!

--Lo es, señor Capitán, en el mero hecho de estar la sociedad dividida en familias...

--¡Yo no tengo familia, y, por consiguiente, puedo disponer libremente de mi dinero!

--Pero yo no debo aceptarlo. La hija de un hombre de bien que se apellidaba _Barbastro_, y de una mujer de bien que se apellidaba _Carrillo_, no puede vivir a expensas de un _cualquiera_...

--¡Luego yo soy para usted un _cualquiera_!...

--Y un cualquiera de los peores... para el caso de que se trata, supuesto que es usted soltero, todavía joven, y nada santo...[300] de reputación.

--¡Mire usted, señorita!--exclamó resueltamente el Capitán, después de breve pausa, como quien va a epilogar y resumir una intrincada controversia.--La noche que ayudé a bien morir a su madre de usted le dije honradamente y con mi franqueza habitual (para que aquella buena señora no se muriese en un error, sino a sabiendas[301] de lo que pasaba), que yo, el _Capitán Veneno_, pasaría por todo en este mundo, menos por tener mujer e hijos.--¿Lo quiere usted más claro?

--¿Y a mí qué me cuenta usted?--respondió Angustias con tanta dignidad como gracia.--¿Cree usted, por ventura, que yo le estoy pidiendo indirectamente su blanca mano?[302]

--¡No, señora!--se apresuró a contestar D. Jorge, ruborizándose hasta lo blanco de los ojos.--¡La conozco a usted demasiado para suponer tal majadería!--Además, ya hemos visto que usted desprecia novios millonarios, como el abogado de la famosa carta...--¿Qué digo? La propia doña Teresa me dio la misma contestación que usted, cuando le revelé mi inquebrantable[303] propósito de no casarme nunca... Pero yo le hablo a usted de esto para que no extrañe ni[304] lleve a mal el que, estimándola a usted como la estimo, y queriéndola como la quiero... (¡porque yo la quiero a usted muchísimo más de lo que se figura!), no corte por lo sano y diga: "¡Basta de requilorios, hija del alma! ¡Casémonos, y aquí paz y después gloria!"

--¡Es que no bastaría que usted lo dijese!...--contestó la joven con heroica frialdad.--Sería menester que usted me gustara.

--¿Estamos ahí ahora?--bramó el Capitán, dando un brinco.--Pues ¿acaso no le gusto yo a usted?

--¿De dónde saca usted semejante probabilidad, caballero don Jorge?--repuso Angustias implacablemente.

--¡Déjeme usted a mí de probabilidades ni de latines!--tronó el pobre discípulo de Marte.--¡Yo sé lo que me digo![305] ¡Lo que aquí pasa, hablando mal y pronto, es que no puedo casarme con usted, ni vivir de otro modo en su compañía, ni abandonarla a su triste suerte!... Pero créame usted, Angustias: ni usted es una extraña para mí, ni yo lo soy para usted..., ¡y el día que yo supiera que usted ganaba ese jornal que dice; que usted servía en una casa ajena; que usted trabajaba con sus manecitas de nácar..., que usted tenía hambre..., o frío, o... (¡Jesús! ¡No quiero pensarlo!), le pegaba fuego a Madrid, o me saltaba la tapa de los sesos!--Transija usted, pues; y, ya que no acepte el que vivamos juntos como dos hermanos[306] (porque el mundo lo mancha todo con sus ruines pensamientos), consienta que le señale una pensión anual, como la señalan los Reyes o los ricos a las personas dignas de protección y ayuda...

--Es que usted, señor don Jorge, no tiene nada de rico ni de Rey.

--¡Bueno! Pero usted es para mí una reina, y debo y quiero pagarle el tributo voluntario con que suelen sostener los buenos súbditos a los reyes proscritos...

--Basta de reyes y de reinas, mi Capitán...--prosiguió Angustias con el triste reposo de la desesperación.--Usted no es, ni puede ser para mi otra cosa que un excelente amigo de los buenos tiempos, a quien siempre recordaré con gusto. Digámonos adiós, y déjeme siquiera la dignidad en la desgracia.

--¡Eso es! ¡Y yo, entretanto, me bañaré en agua de rosas,[307] con la idea de que la mujer que me salvó la vida, exponiendo la suya, está pasando las de Caín! ¡Yo tendré la satisfacción de pensar en que la única hija de Eva de quien he gustado, a quien he querido, a quien... adoro con toda mi alma, carece de lo más necesario, trabaja para alimentarse malamente, vive en una guardilla, y no recibe de mí ningún socorro, ningún consuelo!...

--¡Señor Capitán!--interrumpió Angustias solemnemente.--Los hombres que no pueden casarse, y que tienen la nobleza de reconocerlo y de proclamarlo, no deben hablar de adoración a las señoritas honradas. Conque lo dicho: mande usted por un carruaje, despidámonos como personas decentes, y ya sabrá usted de mí cuando me trate mejor la fortuna.

--¡Ay, Dios mío de mi alma! ¡Qué mujer ésta!--clamó el Capitán, tapándose el rostro con las manos.--¡Bien me lo temí todo desde que le eché la vista encima! ¡Por algo[308] dejé de jugar al tute con ella! ¡Por algo he pasado tantas noches sin dormir!--¿Hase visto apuro semejante al mío? ¿Cómo la dejo desamparada y sola, si la quiero más que a mi vida? ¿Ni[309] cómo me caso con ella, después de tanto como he declamado contra el matrimonio? ¿Qué dirían de mí en el Casino? ¿Qué dirían los que me encontrasen en la calle con una mujer de bracete, o en casa, dándole la papilla a un rorro?[310]--¡Niños a mí! ¡Yo bregar con muñecos! ¡Yo oírlos llorar! ¡Yo temer a todas horas que estén malos, que se mueran, que se los lleve el aire!--Angustias... ¡créame usted por Jesucristo[311] vivo! ¡Yo no he nacido para esas cosas!--¡Viviría tan desesperado, que, por no verme y oírme, pediría usted a voces el divorcio o quedarse viuda!...--¡Ah! ¡Tome usted mi consejo! ¡No se case conmigo, aunque yo quiera!

--Pero, hombre...--expuso la joven, retrepándose en su butaca con admirable serenidad. ¡Usted se lo dice todo!--¿De dónde saca usted que yo deseo que nos casemos; que yo aceptaría su mano; que yo no prefiero vivir sola, aunque para ello tenga que trabajar día y noche, como trabajan otras muchas huérfanas?

--¿Que de dónde lo saco?--respondió el Capitán con la mayor ingenuidad del mundo.--¡De la naturaleza de las cosas! ¡De que los dos nos queremos! ¡De que los dos nos necesitamos! ¡De que no hay otro arreglo para que un hombre como yo y una mujer como usted vivan juntos!--¿Cree usted que yo no lo conozco; que no lo había pensado ya; que a mí me son indiferentes su honra y su nombre?--Pero he hablado por hablar, por huir de mi propia convicción, por ver si escapaba al terrible dilema que me quita el sueño, y hallaba un modo de no casarme con usted..., como al cabo tendré que casarme, si se empeña en quedarse sola...

--¡Sola! ¡Sola!...--repitió donosamente Angustias.--Y ¿por qué no _mejor acompañada_? ¿Quién le dice a usted que no encontraré yo con el tiempo un hombre de mi gusto, que no tenga horror al matrimonio?

--¡Angustias! ¡Doblemos esa hoja!--gritó el Capitán, poniéndose de color de azufre.

--¿Por qué doblarla?

--¡Doblémosla, digo!...; y sepa usted desde ahora, que me comeré el corazón del temerario que la pretenda... Pero hago muy mal en incomodarme sin fundamento alguno... ¡No soy tan tonto que ignore lo que nos sucede!... ¿Quiere usted saberlo? Pues es muy sencillo. ¡Los dos nos queremos!... Y no me diga usted que me equivoco, ¡porque eso sería faltar a la verdad! Y allá va la prueba. ¡Si usted no me quisiera a mí, no la querría yo a usted!... ¡Lo que yo hago es _pagar_! ¡Y le debo a usted tanto!... ¡Usted, después de haberme salvado la vida, me ha asistido como una Hermana de la Caridad; usted ha sufrido con paciencia todas las barbaridades que, por librarme de su poder seductor, le he dicho durante cincuenta días; usted ha llorado en mis brazos cuando se murió su madre; usted me está aguantando hace una hora!... En fin... ¡Angustias!... Transijamos... Partamos la diferencia... ¡Diez años de plazo le pido a usted! Cuando yo cumpla el medio siglo, y sea ya otro hombre, enfermo, viejo y acostumbrado a la idea de la esclavitud, nos casaremos sin que nadie se entere, y nos iremos fuera de Madrid, al campo, donde no haya público, donde nadie pueda burlarse del antiguo _Capitán Veneno_... Pero, entretanto, acepte usted, con la mayor reserva, sin que lo sepa alma viviente, la mitad de mis recursos... Usted vivirá aquí, y yo en mi casa. Nos veremos... siempre delante de testigos: por ejemplo, en alguna tertulia formal. Todos los días nos escribiremos. Yo no pasaré jamás por esta calle, para que la maledicencia no murmure..., y, únicamente el día de Finados, iremos juntos al cementerio, con Rosa, a visitar a doña Teresa...

Angustias no pudo menos de sonreírse al oír este supremo discurso del buen Capitán. Y no era burlona aquella sonrisa, sino gozosa, como un deseado albor de esperanza, como el primer reflejo del tardío astro de la felicidad, que ya iba acercándose a su horizonte... Pero, mujer al cabo, aunque tan digna y sincera como la que más, supo reprimir su naciente alegría, y dijo con simulada desconfianza y con la entereza propia de un recato verdaderamente pudoroso:

--¡Hay que reírse de las extravagantes condiciones que pone usted a la concesión de su no solicitado anillo de boda!--¡Es usted cruel en regatear al menesteroso limosnas que tiene la altivez de no pedir, y que por nada de este mundo aceptaría! Pues añada usted que, en la presente ocasión, se trata de una joven..., no fea ni desvergonzada, a quien está usted dando calabazas[312] hace una hora, como si ella le hubiese requerido de amores.--Terminemos, por consiguiente, tan odiosa conversación, no sin que antes lo perdone yo a usted y hasta le dé las gracias por su buena, aunque mal expresada voluntad... ¿Llamo ya a Rosa para que vaya por el coche?

--¡Todavía no, cabeza de hierro! ¡Todavía no!--respondió el Capitán, levantándose con aire muy reflexivo, como si estuviese buscando forma a un pensamiento abstruso y delicado.--Ocúrreseme otro medio de transacción, que será el último...; ¿entiende usted, señora aragonesa? ¡El último que este otro aragonés se permitirá indicarle!...--Mas, para ello, necesito que antes me responda usted con lealtad a una pregunta..., después de haberme alargado las muletas, a fin de marcharme[313] sin hablar más palabra, en el caso de que se niegue usted a lo que pienso proponerle...

--Pregunte usted y proponga...--dijo Angustias, alargándole las muletas con indescriptible donaire.

Don Jorge se apoyó, o, mejor dicho, se irguió sobre ellas, y, clavando en la joven una mirada pesquisidora, rígida, imponente, la interrogó con voz de magistrado:

--¿Le gusto a usted? ¿Le parezco aceptable, presciendiendo de estos palitroques, que tiraré muy pronto? ¿Tenemos base sobre que tratar? ¿Se casaría usted conmigo inmediatamente, si yo me resolviera a pedirle su mano, bajo la anunciada condición, que diré luego?

Angustias conoció que se jugaba el todo[314] por el todo... Pero, aun así, púsose también de pie, y dijo con su nunca desmentido valor:

--Señor don Jorge: esa pregunta es una indignidad, y ningún caballero la hace a las que considera señoras. ¡Basta ya de ridiculeces!... ¡Rosa! ¡Rosa! El señor de Córdoba te llama...

Y, hablando así, la magnánima joven se encaminó hacia la puerta principal de la habitación, después de hacer una fría reverencia al endiablado Capitán.

Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus muletas, que extendió horizontalmente hasta la pared, como un gladiador que se va a fondo, y entonces exclamó con humildad inusitada:

--¡No se marche usted, por la memoria de aquella que nos ve desde el cielo! ¡Me resigno a que no conteste usted a mi pregunta, y paso a proponerle la transacción!... ¡Estará escrito que no se haga más que lo que usted quiera! Pero tú, Rosita, ¡márchate con cinco mil demonios, que ninguna falta nos haces[315] aquí!

Angustias que pugnaba por apartar la valla interpuesta a su paso, se detuvo al oír la sentida invocación del Capitán, y mirole fijamente a los ojos, sin volver hacia él más que la cabeza y con un indefinible aire de imperio, de seducción y de impasibilidad.--¡Nunca la había visto D. Jorge tan hermosa ni tan expresiva! ¡Entonces sí que parecía una reina!

--Angustias...--continuó diciendo, o más bien tartamudeando aquel héroe de cien combates, de quien tanto se prendó[316] la joven madrileña al verlo revolverse como un león entre cientos de balas.--¡Bajo una condición precisa, inmutable, cardinal, tengo el honor de pedirle su mano, para que nos casemos cuando usted diga; mañana..., hoy..., en cuanto arreglemos los papeles..., lo más pronto posible; pues yo no puedo vivir ya sin usted!...

La joven dulcificó su mirada, y comenzó a pagar a D. Jorge aquel verdadero heroísmo con una sonrisa tierna y deliciosa.

--¡Pero repito que es bajo una condición!...--se apresuró a añadir el pobre hombre, conociendo que la mirada y la sonrisa de Angustias empezaba a trastornarlo y derretirlo.

--¿Bajo qué condición?--preguntó la joven con hechicera calma, volviéndose del todo hacia él, y fascinándole con los torrentes de luz de sus negros ojos.

--¡Bajo la condición--balbuceó el catecúmeno--de que si tenemos hijos... los echaremos a la Inclusa! ¡Oh! ¡Lo que es en esto no cederé jamás! ¿Acepta usted?[317] ¡Dígame que sí, por María Santísima!

--Pues ¿no he de aceptar, señor _Capitán Veneno_?--respondió Angustias soltando la carcajada.--¡Usted mismo irá a echarlos!... ¿Qué digo?... ¡Iremos los dos juntos! ¡Y los echaremos sin besarlos ni nada! ¡Jorge!... ¿Crees tú que los echaremos?[318]

Tal dijo Angustias, mirando a D. Jorge de Córdoba con angelical arrobamiento.

El pobre Capitán se sintió morir de ventura;[319] un río de lágrimas brotó de sus ojos, y exclamó estrechando entre sus brazos a la gallarda huérfana:

--¡Conque estoy perdido!

--¡Completísimamente perdido, señor _Capitán Veneno_!--replicó Angustias.--Así, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser padrino de nuestra boda, cosa que el buen señor está deseando, en mi concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.

III

ETIAMSI OMNES[320]

Una mañana del mes de Mayo de 1852, es decir, cuatro años después de la escena que acabamos de reseñar, cierto amigo nuestro (el mismo que nos ha referido la presente historia) paró su caballo a la puerta de una antigua casa con honores de palacio, situada en la Carrera de San Francisco de la villa y corte; entregó las bridas al lacayo que lo acompañaba, y preguntó al levitón[321] animado que le salió al encuentro en el portal:

--¿Está en su oficina D. Jorge de Córdoba?

--El caballero--dijo en asturiano la interrogada pieza de paño--pregunta, a lo que imagino, por el excelentísimo señor Marqués de los Tomillares...

--¿Cómo así? ¿Mi querido Jorge es ya Marqués?--replicó el apeado jinete.--¿Murió al fin el bueno de don Álvaro? ¡No extrañe usted que lo ignorase, pues anoche llegué a Madrid, después de año y medio de ausencia!...

--El señor marqués don Álvaro--dijo solemnemente el servidor, quitándose[322] la galoneada tartera que llevaba por gorra--falleció hace ocho meses, dejando por único y universal heredero a su señor primo y antiguo Contador de esta casa, don Jorge de Córdoba, actual Marqués de los Tomillares...

--Pues bien: hágame usted el favor de avisar que le pasen recado de que aquí está su amigo T...

--Suba el caballero... En la biblioteca lo encontrará. Su Excelencia no gusta de que le anunciemos las visitas, sino de que dejemos entrar a todo el mundo como a Pedro[323] por su casa.

--Afortunadamente...--exclamó para sí el visitante, subiendo la escalera--yo me sé de memoria la casa, aunque no me llamo Pedro... ¡Conque en la biblioteca!..., ¿eh? ¡Quién había de decir que el _Capitán Veneno_[324] se metiese a sabio!

Recorrido que hubo aquella persona varias habitaciones, encontrando al paso a nuevos sirvientes que se limitaban a repetirle: _El señor está en la biblioteca..._, llegó al fin a la historiada puerta de tal aposento, la abrió de pronto, y quedó estupefacto al ver el grupo que se ofreció ante su vista.

En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra: encima de él estaba montado un niño como de tres años, espoleándole con los talones, y otro niño como de año y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un ronzal, diciéndole borrosamente:

--¡Arre, mula!

QUESTIONS FOR CONVERSATION

EXERCISE 1

=I. i. Un poco de historia política=

1. ¿Qué heridas son aquéllas?

2. ¿Cómo se leen los guarismos que están al principio?

3. ¿De quiénes habla primero nuestro autor?

4. ¿De cuántos reyes se trata en el primer párrafo?

=I. ii. Nuestra heroína=

5. ¿Dónde vivía la heroína?

6. ¿Qué familia o parentela parece que tenía?

7. ¿Quién tenía miedo?

8. ¿Qué dice el autor del miedo de la madre?

9. ¿Habla sin perjuicio en lo que hace a la criada?

10. ¿Qué quiere decir la frase: _había salido en todo a su padre_?

11. ¡Estudie usted las palabras _viuda_, _soltera_ y _guipuzcoana_ y fije la significación de cada una!

12. ¡Señáleme en la página algunas cosas festivas, por el estilo de los diarios!

13. ¿Qué puede usted contar del Preste Juan de las Indias? ¡Vaya de cuento!

14. ¿Cómo entender la frase: _pagada de sí misma_?

15. ¿Qué puede esperarse de una joven tan notable por su belleza?

EXERCISE 2

=I. iii. Nuestro héroe=

1. ¿Quiénes son los republicanos?

2. ¿A quién parece adicta la tropa?

3. ¿En este capítulo deja a salvo el autor a la pobre gallega?

4. ¿De dónde venían las balas que daban en la reja?

5. ¿Cuál de las tres mujeres sentía más terror?

6. ¿Cómo se llama el natural de Madrid? ¿de Galicia?

7. ¿Qué estaba haciendo la joven de vez en cuando?

8. ¿Al mismo tiempo, qué hacía la gallega?

9. ¿Cuáles eran los consejos y las órdenes de la madre?

10. ¿Por qué se escondieron las mujeres?

11. ¿Quién hace aquí el papel que hizo Rebecca en _Ivanhoe_?

12. ¿Dónde iba a parar la victoria?

13. Dígame cómo se vestía el que estaba a la cabeza de los soldados.

14. ¿Era más interesante el hombre o la causa?

15. ¿Qué aconteció mientras miraba la joven?

EXERCISE 3

=I. iv. El pellejo propio y el ajeno=

1. El capitán está sobre la cama de la viuda: ¿Cómo vino a estar allí?

2. ¿Sabemos ya los nombres de las cuatro personas?

3. ¿En qué estado se halla el herido?

4. ¿Cuántas son las heridas que tiene?

5. ¿Dónde dice la joven que vive el médico?

6. ¿Por qué no va la criada a llamarle?

7. ¡Dígame usted los argumentos de la madre!

8. ¿Qué piensa entre tanto la hija?

9. ¿Por qué no ha dejado de asomarse a la ventana?

10. Los tiros que se oían todavía, ¿de dónde venían?

11. ¿Cuál es más imperiosa, la señora o la hija?

12. ¿Nos estraña que vaya la joven? ¿Por qué?

13. ¿No puede desangrarse el capitán en la cama como en medio de la calle?

14. ¿Cedió al fin la madre rendida?

15. ¿Cómo podía decir la hija _no iré_ y al mismo tiempo irse?

EXERCISE 4

=I. v. Trabucazo=

1. ¿Es verdad que no había ya peligro al atravesar la calle?

2. ¿Por qué lanzó un grito la pobre viuda al asomarse a la reja?

3. ¡Comente usted la frase _no diéronle_!

4. ¿Qué vieron la viuda y su criada desde la reja?

5. Alzádose que hubo la señora, ¿qué hizo?

6. ¿Dónde se encontraron madre e hija?

7. ¿Quién iba siguiendo a la señorita?

8. Hay varias palabras en el español para _buhardilla_: ¿sabe usted otra?

9. Tentando la ropa de Angustias, ¿qué halló Rosa?

10. ¿Cuál es la exclamación de la gallega al mirar con cuidado las faldas de la joven?

11. ¡Explíquenos usted la palabra _ilesa_!

12. ¿Dónde estaba el médico?

13. ¿Cómo iba de salud la madre?

14. ¿Da muestras Rosa de sentir lo que se ha hecho?

15. Y el capitán tan malparado, ¿qué está haciendo?

EXERCISE 5

=I. vi. Diagnóstico y pronóstico=

1. ¿Qué es una _reputación envidiable_?

2. ¿Qué tendría que hacer primero aquel doctor?

3. Por los indicios, ¿qué puede predecirse?

4. _Ruptura_, _fractura_, _rotura_: ¿Por qué se sirve un escritor de tantas palabras idénticas?

5. Hamlet dice: "No existe en toda Dinamarca un infame que no sea un gran malvado."[325] Es una perogrullada. ¿Por qué?

6. ¿Cómo llama el facultativo aquel sueño pesado que está padeciendo el capitán?

7. ¿Qué encuentra ser la causa del estado del malparado?

8. ¿Cómo explica el sitio de la lesión?

9. Por lo que hace al morir o no morir el herido, ¿qué dice el doctor Sánchez?

10. ¡Hágase una oración que contenga la forma _moriría_!

11. ¡Hágase otra con _morirá_!

12. ¿Qué recomendó con pesadez?

13. "A fuer de buen cristiano": ¿Qué quiere decir?

14. ¿A qué hora se fue a casa el doctor?

15. ¿Han venido vecinos para ver al enfermo, o quedó la familia a solas?

EXERCISE 6

=I. viii. Inconvenientes de la "Guía de Forasteros"=

1. ¿A qué hora abrió los ojos el capitán?

2. Entonces, ¿cuánto tiempo había durado el amodorramiento?

3. ¿En qué cosa fija la mirada al volver en sí?

4. ¿Qué barruntamos por las primeras palabras?

5. ¿Por qué se enoja la viuda, según parece?

6. ¿Qué señal hace la joven?

7. ¿Por qué no conversaron más?

8. ¿Qué hizo luego el capitán?

9. "Por su alma," dice la madre: ¿Por el alma de quién reza la buena mujer?

10. ¿Cómo manifiesta tener buena memoria el capitán?

11. ¿Por cuáles dichos podemos prever el carácter de Angustias?

12. El capitán la miró fijamente: ¿Qué supone usted por eso?

13. ¿Por qué dice, "Yo no deliro nunca"?

14. ¿Cómo se manifiesta que está muy débil el herido?

15. Al fin se alarmó la viuda, y ¿por qué?

EXERCISE 7

=I. ix. Más inconvenientes de la "Guía de Forasteros"=

1. ¿De qué hablan madre e hija?

2. ¿No las oye el capitán?

3. ¿Cómo sabemos de los recursos de la familia?

4. ¿Cuál categoría es aquella?

5. ¿Qué valen, al parecer, las joyas que tienen?

6. ¿Con cuánto tiempo de enfermedad cuenta la madre?

7. ¿Qué indicios nos permiten vislumbrar por primera vez las esperanzas de la viuda?

8. Al incorporarse el capitán, ¿cómo habla?

9. ¡Explíquese por qué la viuda se irrita!

10. ¿Qué dice la joven para sosegar la cólera de los dos?

11. ¿Piensa en sus heridas y las siente el capitán?

12. ¿A quiénes llama "pícaros"?

13. Después de diez horas de amodorramiento, ¿tendrá fuerzas todavía el desgraciado?

14. ¿De cuántos juramentos se sirve _al hablar_ con la señora?

15. ¿Por qué no quiere quedarse en una casa ajena?

EXERCISE 8

=I. x. El capitán se define a sí propio=

1. ¿Cómo pretende mostrar el furioso que no tiene la cabeza débil?

2. ¿Habla mucho de sus heridas?

3. ¿Cree usted que la señora le perdonará nunca su rudeza?

4. Hablando de blandura, suavidades, zalamerías y melindres, ¿qué dice luego el capitán?

5. ¿Se podría llamarle amigo de paz al capitán?

6. ¿Con qué indicio nos da a entender su edad aproximadamente?