El Canto Errante Obras Completas Vol. XVI
Part 2
¿Por qué en aquel espasmo las tenazas de mis dedos de bronce no apretaron el cuello de la blanca reina en broma? Eso fué todo.
Yo fuí llevado a Egipto. La cadena tuve al pescuezo. Fuí comido un día por los perros. Mi nombre, Rufo Galo. Eso fué todo.
1893.
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¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangra cálida, la perla de tus sueños es una histérica... ]
A COLÓN
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida.
Un desastroso espíritu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas.
Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza.
Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros Reyes fraternizan los Judas con los Caínes.
Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semi-española día a día cantamos la _Marsellesa_ para acabar danzando la _Carmañola_.
Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas: ¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques, a quienes las montañas daban las flechas!
Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas!
Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fué de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña.
¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas!
Libres como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca.
La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones.
Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras.
Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
1892.
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¡Oh Momotombo ronco y sonoro! ]
MOMOTOMBO
_O vieux momotombo, colosse chauve et nu..._
V. H.
El tren iba rodando sobre sus rieles. Era en los días de mi dorada primavera y era en mi Nicaragua natal. De pronto, entre las copas de los árboles, vi un cono gigantesco, «calvo y desnudo», y lleno de antiguo orgullo triunfal.
Ya había yo leído a Hugo y la leyenda que Squire le enseñó. Como una vasta tienda vi aquel coloso negro ante el sol, maravilloso de majestad. Padre viejo que se duplica en el armonioso espejo de un agua perla, esmeralda, col.
Agua de un vario verde y de un gris tan cambiante, que discernir no deja su ópalo y su diamante, a la vasta llama tropical. ¡Momotombo se alzaba lírico y soberano, yo tenía quince años: una estrella en la mano! Y era en mi Nicaragua natal.
Ya estaba yo nutrido de Oviedo y de Gomara, y mi alma florida soñaba historia rara, fábula, cuento, romance, amor de conquistas, victorias de caballeros bravos, incas y sacerdotes, prisioneros y esclavos, plumas y oro, audacia, esplendor.
Y llegué y vi en las nubes la prestigiosa testa de aquel cono de siglos, de aquel volcán de gesta, que era ante mí de revelación. Señor de las alturas, emperador del agua, a sus pies el divino lago de Managua, con islas todas luz y canción.
¡Momotombo!--exclamé--¡oh nombre de epopeya! Con razón Hugo el grande en tu onomatopeya ritmo escuchó que es de eternidad. Dijérase que fueses para las sombras dique, desde que oyera el blanco la lengua del cacique en sus discursos de libertad.
Padre de fuego y piedra, yo te pedí ese día tu secreto de llamas, tu arcano de armonía, la iniciación que podías dar; por ti pensé en lo inmenso de Osas y Peliones, en que arriba hay titanes en las constelaciones y abajo dentro la tierra y el mar.
¡Oh Momotombo ronco y sonoro! Te amo porque a tu evocación vienen a mí otra vez, obedeciendo a un íntimo reclamo perfumes de mi infancia, brisas de mi niñez.
¡Los estandartes de la tarde y de la aurora! Nunca los vi más bellos que alzados sobre ti, toda zafir la cúpula sonora sobre los triunfos de oro, de esmeralda y rubí.
Cuando las babilonias del Poniente en purpúreas catástrofes hacia la inmensidad rodaban tras la augusta soberbia de tu frente, eras tú como el símbolo de la Serenidad.
En tu incesante homalla vi la perpetua guerra, en tu roca unidades que nunca acabarán. Sentí en tus terremotos la brama de la tierra y la inmortalidad de Pan.
¡Con un alma volcánica entré en la dura vida, Aquilón y huracán sufrió mi corazón y de mi mente mueven la cimera encendida huracán y Aquilón!
Tu voz escuchó un día Cristóforo Colombo; Hugo cantó tu gesta legendaria. Los dos fueron, como tú, enormes, Momotombo, montañas habitadas por el fuego de Dios.
¡Hacia el misterio caen poetas y montañas; y romperáse el cielo de cristal cuando luchen sonando de Pan las siete cañas y la trompeta del Juicio final!
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...¿Cuándo de tu divina faz en la sangre pura resbalará el diamante? ]
ISRAEL
¡Israel! ¡Israel! ¿Cuándo de tu divina faz en la sangre pura resbalará el diamante? ¿Cuándo el viento del río hará que el arpa cante entre el concurso eterno de la brisa argentina?
¿Cuándo será la cabellera que se inclina agitada por un viento perseverante? ¿Cuándo el brazo de luz dará al Judío Errante el vaso en que se abreve del agua cristalina?
¡Israel! ¡Israel! Eso será en la hora en que cante a los cielos la alondra pecadora y en el profundo abismo se conmueva el grande ojo.
Y cuando levantados el santo y el aristo, ponga su blanca mano nuestro príncipe Cristo, ponga su blanca mano sobre el infierno rojo.
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Aguila que has llevado tu noble y magnífico símbolo desde el trono de Júpiter, hasta el gran continente del Norte. ]
SALUTACIÓN AL AGUILA
_...¡May this grand Union have no end!_
FONTOURA XAVIER
Bien vengas, mágica Aguila de alas enormes y fuertes a extender sobre el Sur tu gran sombra continental, a traer en tus garras, anillas de rojos brillantes, una palma de gloria, del color de la inmensa esperanza, y en tu pico la oliva de una vasta y fecunda paz.
Bien vengas, oh mágica Aguila, que amara tanto Walt Whitman, quien te hubiera cantado en esta olímpica jira, Aguila que has llevado tu noble y magnífico símbolo desde el trono de Júpiter, hasta el gran continente del Norte.
Ciertamente, has estado en las rudas conquistas del orbe. Ciertamente, has tenido que llevar los antiguos rayos. Si tus alas abiertas la visión de la paz perpetúan, en tu pico y tus uñas está la necesaria guerra.
¡Precisión de la fuerza! ¡Majestad adquirida del trueno! Necesidad de abrirle el gran vientre fecundo a la tierra para que en ella brote la concreción de oro de la espiga, y tenga el hombre el pan con que mueve su sangre.
No es humana la paz con que sueñan ilusos profetas, la actividad eterna hace precisa la lucha: y desde tu etérea altura, tú contemplas, divina Aguila, la agitación combativa de nuestro globo vibrante.
Es incidencia la historia. Nuestro destino supremo está más allá del rumbo que marcan fugaces las épocas. Y Palenque y la Atlántida no son más que momentos soberbios con que puntúa Dios los versos de su augusto Poema.
Muy bien llegada seas a la tierra pujante y ubérrima, sobre la cual la Cruz del Sur está, que miró Dante, cuando siendo Mesías, impulsó en su intuición sus bajeles, que antes que los del sumo Cristóbal supieron nuestro cielo.
_¡E pluribus unum!_ ¡Gloria, victoria, trabajo! Tráenos los secretos de las labores del Norte, y que los hijos nuestros dejen de ser los retores latinos, y aprendan de los yanquis la constancia, el vigor, el carácter.
¡Dinos, Aguila ilustre, la manera de hacer multitudes que hagan Romas y Grecias con el jugo del mundo presente, y que, potentes y sobrias, extiendan su luz y su imperio y que, teniendo el Aguila y el Bisonte y el Hierro y el Oro, tengan un áureo día para darle las gracias a Dios!
Aguila, existe el Cóndor. Es tu hermano en las grandes alturas. Los Andes le conocen y saben que, cual tú, mira al Sol. _¡May this grand Union have no end!_ dice el poeta. Puedan ambos juntarse, en plenitud, concordia y esfuerzo.
Aguila, que conoces desde Jove hasta Zarathustra y que tienes en los Estados Unidos tu asiento, que sea tu venida fecunda para estas naciones que el pabellón admiran constelado de bandas y estrellas.
¡Aguila que estuviste en las horas sublimes de Pathmos, Aguila prodigiosa, que te nutres de luz y de azul, como una Cruz viviente, vuela sobre estas naciones, y comunica al globo la victoria feliz del futuro!
Por algo eres la antigua mensajera jupiterina, por algo has presenciado cataclismos y luchas de razas, por algo estás presente en los sueños del Apocalipsis, por algo eres el ave que han buscado los fuertes imperios.
¡Salud, Aguila! Extensa virtud a tus inmensos revuelos, reina de los azures, ¡salud! ¡gloria! ¡victoria y encanto! ¡Que la Latina América reciba tu mágica influencia y que renazca nuevo Olimpo, lleno de dioses y héroes!
¡Adelante, siempre adelante! ¡Excelsior! ¡Vida! ¡Lumbre! Que se cumpla lo prometido en los destinos terrenos, y que vuestra obra inmensa las aprobaciones recoja del mirar de los astros, y de lo que Hay más Allá!
Río de Janeiro, 1906.
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_¡Tannhäuser!_ Resuena la marcha marcial y argentina, y vese a lo lejos la gloria de un casco imperial. ]
A FRANCIA
Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros, cara Lutecia! Bajo áurea rotonda reposa tu gran Paladín. Del cíclope al golpe ¿qué pueden las risas de Grecia? ¿Qué pueden las Gracias, si Herakles agita su crin?
En locas faunalias no sientes el viento que arrecia, el viento que arrecia del lado del férreo Berlín, y allí bajo el templo que tu alma pagana desprecia, tu vate hecho polvo no puede sonar su clarín.
Suspende, Bizancio, tu fiesta mortal y divina, ¡oh, Roma, suspende la fiesta divina y mortal! Hay algo que viene como una invasión aquilina
que aguarda temblando la curva del Arco Triunfal. _¡Tannhäuser!_ Resuena la marcha marcial y argentina, y vese a lo lejos la gloria de un casco imperial.
1893
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¡Vuestro sol! ]
DESDE LA PAMPA
¡Yo os saludo desde el fondo de la Pampa! Yo os saludo bajo el gran sol argentino que como un glorioso escudo cincelado en oro fino sobre el palio azul del viento, se destaca en el divino firmamento!
Os saludo desde el campo lleno de hojas y de luces cuya verde maravilla cruzan potros y avestruces, o la enorme vaca roja, o el rebaño gris, que a un tiempo luz y hoja busca y muerde, en el mágico ondular que simula el fresco y verde trebolar.
En la pampa solitaria todo es himno o es plegaria; escuchad cómo cielo y tierra se unen en un cántico infinito; todo vibra en este grito: ¡Libertad!
Junto al médano que finge Ya un enorme lomo equino, ya la testa de una esfinge, bajo un aire de cristal, pasa el gaucho, muge el toro, y entre fina flor de oro y entre el cardo episcopal, la calandria lanza el trino de tristeza o de amor; la calandria misteriosa, ese triste y campesino ruiseñor.
Yo os saludo en el ensueño de pasados epopeyas gloriosas; el caballo zahareño del vencedor; la bandera, los fusiles con sus truenos y la sangre con sus rosas; la aguerrida hueste fiera, la aguerrida hueste fiera que va a toque de clarín, el que guía, el Héroe, el Hombre; y en los labios de los bravos, este nombre: ¡San Martín!
De la Pampa en las augustas soledades, al clamor de las robustas cien bocinas del pampero, yo saludo a las ciudades de la mar, con sus costas erizadas de navíos, con sus ríos donde mil urnas colmadas su riqueza han de volcar.
¡Argentinos! ¡Dios os guarde! ven mis ojos cómo riega perla y rosa de la tarde el crepúsculo que llega, mientras la pampa ilumina rojo y puro, como el oro en el crisol, el diamante que prefiere la República Argentina: ¡Vuestro Sol!
Colonia la Merced, Villarino. Abril de 1898.
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...Y ví la singular doble serpiente que enroscada al celeste caduceo pasó sobre las alas de repente. ]
REVELACIÓN
En el acantilado de una roca que se alza sobre el mar, yo lancé un grito que de viento y de sal llenó mi boca:
A la visión azul de lo infinito, al poniente magnífico y sangriento, al rojo sol todo milagro y mito.
Y sentí que sorbía en sal y viento como una comunión de comuniones que en mí hería sentido y pensamiento.
Vidas de palpitantes corazones, luz que ciencia concreta en sus entrañas, y prodigios de las constelaciones.
Y oí la voz del dios de las montañas que anunciaba su vuelta en el concierto maravilloso de sus siete cañas.
Y clamé y dijo mi palabra: «¡Es cierto, el gran dios de la fuerza y de la vida, Pan, el gran Pan de lo inmortal, no ha muerto!»
Volví la vista a la montaña erguida como buscando la bicorne frente que pone sol en l’alma del panida.
Y vi la singular doble serpiente que enroscada al celeste caduceo pasó sobre las olas de repente
llevada por Mercurio. Y mi deseo tornó a Thalasa maternal la vista. Pues todo hallo en la mar cuando la veo.
Y vi azul y topacio y amatista, oro, perla y argento y violeta, y de la hija de Electra la conquista.
Y escuché el ronco ruido de trompeta que del tritón el caracol derrama, y a la sirena, amada del poeta.
Y con la voz de quien aspira y ama, clamé: «¿Dónde está el dios que hace del lodo con el hendido pie brotar el trigo,
que a la tribu ideal salva en su éxodo?» Y oí dentro de mí: «Yo estoy contigo, y estoy en ti y por ti: yo soy el todo».
EN ELOGIO DEL ILMO. SR. OBISPO DE CÓRDOBA, FR. MAMERTO ESQUIU, O. M,
Un báculo que era como un tallo de lirios, una vida en cilicios de adorables martirios, un blanco horror de Belcebú, un salterio celeste de vírgenes y santos, un cáliz de virtudes y una copa de cantos, tal era Fr. Mamerto Esquiú.
Con su mano sagrada fué a recoger estrellas. Antes cansó su planta, dejando augustas huellas, feliz Pastor de su país; ahora corta del Padre las sacras azucenas; sobre esta tierra amarga, cogía a manos llenas las florecillas del de Asís.
¡Oh luminosas Pascuas! ¡Oh Santa Epifanía! _¡Salvete flores martyrum!_ canta el clarín del día con voz de bronce y de cristal: Sobre la tierra grata brota el agua divina, la rosa de la gracia su púrpura culmina sobre el cayado pastoral.
Crisóstomo le anima, Jerónimo le doma; su espíritu era un águila con ojos de paloma; su verbo es una flor. Y aquel maravilloso poeta, San Francisco, las voces enseñóle con que encantó a su aprisco en las praderas del Señor.
Tal cual la Biblia dice, con címbalo sonoro, a Dios daba sus loas. Formó su santo coro de Fe, Esperanza y Caridad: Trompetas argentinas dicen sus ideales, y su órgano vibrante tenía dos pedales, y eran el Bien y la Verdad.
Trompetas argentinas claman su triunfo ahora, trompetas argentinas de heraldos de la aurora que anuncia el día del altar, cuando la hostia, esa virgen, y ese mártir, el cirio, ante su imagen digan el místico martirio, en que el Cordero ha de balar.
Llegaron a su mente hierosolimitana, la criselefantina divinidad pagana, las dulces musas de Helicón; y él se ajustó a los números severos y apostólicos, y en su sermón se escuchan los sones melancólicos de los salterios de Sión.
Yo, que la verleniana zampoña toco a veces, bajo los verdes mirtos o bajo los cipreses, canto hoy tan sacra luz; en el marmóreo plinto cincelo mi epigrama, y bajo el ala inmensa de la divina Fama, ¡grabo una rosa y una Cruz!
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Hierro y piedra primero y mármol pario luego, y arriba mágicos metales. Una escala subía hasta el santuario, ]
VISIÓN
Tras de la misteriosa selva extraña vi que se levantaba el firmamento horadada y labrada una montaña.
Que tenía en la sombra su cimiento. Y en aquella montaña estaba el nido del trueno, del relámpago y del viento.
Y tras sus arcos negros el rugido se oía del león. Y cual obscura catedral de algún dios desconocido,
aquella fabulosa arquitectura formada de prodigios y visiones, visión monumental me dió pavura.
A sus pies habitaban los leones; y las torres y flechas de oro fino se juntaban con las constelaciones.
Y había un vasto domo diamantino donde se alzaba un trono extraordinario sobre sereno fondo azul marino.
Hierro y piedra primero y mármol pario luego, y arriba mágicos metales. Una escala subía hasta el santuario,
de la divina sede. Los astrales esplendores las gradas repartidas de tres en tres bañaban. Colosales
aguilas con las alas extendidas se contemplan en el centro de una atmósfera de luces y de vidas.
Y en una palidez de oro de luna una paloma blanca se cernía, alada perla en mística laguna.
La montaña labrada parecía por un majestuoso Piraneso Babélico. En sus flancos se diría
que hubiese cincelado el bloque espeso el rayo; y en lo alto enorme friso de la luz recibía un áureo beso,
beso de luz de aurora y paraíso. Y yo grité en la sombra:--¿En qué lugares vaga hoy el ama mía?--De improviso
surgió ante mí, ceñida de azahares y de rosas blanquísimas, Estela, la que suele surgir en mis cantares.
Y díjome con voz de filomela: --No temas: es el reino de la Lira de Dante; y la paloma que revuela
en la luz es Beatrice. Aquí conspira todo al supremo amor y alto deseo. Aquí llega el que adora y el que admira.
--¿Y aquel trono, le dije, que allá veo? --Ese es el trono en que su gloria asienta ceñido el lauro el gibelino Orfeo.
Y abajo es donde duerme la tormenta. Y el lobo y el león entre lo obscuro encienden su pupila, cual violenta
brasa. Y el vasto y misterioso muro es piedra y hierro; luego las arcadas del medio son de mármol; de oro puro
la parte superior, donde en gloriosas albas eternas se abre al infinito la sacrosanta Rosa de las rosas.
--¡Oh bendito el Señor!--clamé--bendito, que permitió al arcángel de Florencia dejar tal mundo de misterio escrito
con lengua humana y sobrehumana ciencia, y crear este extraño imperio eterno y ese trono radiante en su eminencia, ante el cual abismado me prosterno. ¡Y feliz quien al Cielo se levanta por las gradas de hierro de su Infierno!
Y ella:--Que este prodigio diga y cante tu voz.--Y yo:--Por el amor humano he llegado al divino. ¡Gloria al Dante!
Ella, en acto de gracia, con la mano me mostró de las águilas los vuelos, y ascendió como un lirio, soberana
hacia Beatriz, paloma de los cielos. Y en el azul dejaba blancas huellas Que eran a mí delicias y consuelos.
Y vi que me miraban las estrellas!
IN MEMORIAM
BARTOLOMÉ MITRE
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Arbol feliz, el roble rey en su selva fragante y cuyas ramas altísimas respetó el rudo Bóreas;
áureas, líricas albas dan sus rayos al árbol ilustre, cuya sombra, benéfica tienda formara a las tribus.
Feliz aquel patriarca que, ceñida la frente de lauro, En la tarde apacible concertando los clásicos números,
mira alzarse las torres a que diera cimientos y bases y entre mirajes supremos la aurora futura.
Sabe el íntegro mármol cuáles varones encarna, a qué sér da habitáculo sabe la carne del bronce;
conocen el momento, las magníficas bocas del triunfo en que deben sonarse larga trompa y bocina de oro.
Súbita y mágica música óyese en férvidos ímpetus, y Jefe, o Padre, o Héroe, siente llegar a su oído,
entre los himnos sonoros, cual de la mar a la orilla, el murmullo profundo de un oleaje de almas.
Pase el iconoclasta quebrantando los ídolos falsos: el simulacro justo en la gloria del Sol, que perdure.
Que se melle en el tronco venerando la hoz saturnina, y las generaciones nuevas flores y frutos contemplen.
Espléndida pompa que brindó al sembrador la cosecha, panorama sublime, al ver de la vida en la cumbre,
o al descenso tranquilo que iluminan serenas las horas con astros por antorchas en la escala del regio crepúsculo.
Negros y rojos sueños en las noches postreras persiguen a pastores de gentes que fueron tigres o lobos; tarde de imperial púrpura al pastor verecundo y sin tacha cívico arco de triunfo y el laurel y la palma sonante.
Y a quien también adora la beldad de las musas divinas, visión de golfos de azur y los cines de Apolo.
Mira la augusta Patria de su vástago egregio la gloria; la hornalla há tiempo viva hace hervir los metales simbólicos. Yo, que de la argentina tierra siento el influjo en mi mente «llevo mi palma y canto a la fiesta del gran argentino.»
Recordando el hexámetro que vibraba en la lira de Horacio, y a Virgilio latino, guía excelso y amado del Dante.
ENSUEÑO
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Verlaine arde... ]
DREAM
Se desgrana un cristal fino sobre el sueño de una flor; trina el poeta divino... ¡Bien trinado, Ruiseñor!
Bottom oye ese cristal caer, y, bajo la brisa, se siente sentimental. Titania toda es sonrisa.
Shakespeare va por la floresta, Heine hace un «lied» de la tarde... Hugo acompasa la Fiesta «Chez Thérèse». Verlaine arde
en las llamas de las rosas alocado y sensitivo, y dice a las ninfas cosas entre un querubín y un chivo.
Aubrey Beardsley se desliza como un silfo zahareño. Con carbón, nieve y ceniza da carne y alma al ensueño.
Nerval suspira a la luna. Laforgue suspira de males de genio y fortuna. Va en silencio Mallarmé.
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Las hojas amarillas caen en la alameda, en donde vagan tantas parejas amorosas. ]
VERSOS DE OTOÑO
Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma; tu mirar es tan dulce, que se torna profundo. Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma, y en tus labios compendias la alegría del mundo.
El amor pasajero tiene el encanto breve, y ofrece un igual término para el gozo y la pena. Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve; hace un minuto dije mi amor sobre la arena.
Las hojas amarillas caen en la alameda, en donde vagan tantas parejas amorosas. Y en la copa de Otoño un vago vino queda en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.
SUM...