El abuelo (Novela en cinco jornadas)

Part 17

Chapter 173,325 wordsPublic domain

EL CONDE. ~(Siente hondamente removida su alma. En ella entra una ola impetuosa. Es el convencimiento de que tiene entre sus manos las de la legítima sucesora de Laín y de Albrit.)~

Hija mía, tu presencia me causa tanto regocijo como orgullo. Te reconozco. Eres mi descendencia, la continuidad gloriosa de mi sangre. ¡Rama florida de Arista-Potestad, Dios te bendiga!

NELL, ~apenada, atribuyendo las palabras del anciano a desconcierto de su razón~.

Abuelo querido, ¿por qué has venido tan solo?

CONSUELITO, ~radiante de oficiosidad~.

¿Pero no hay en la Pardina quien le acompañe?

EL CONDE

Mejor estoy solo. Y tu hermana, ¿cómo no ha venido contigo?

NELL

Mamá me ha mandado a la iglesia, encargándome que rece por ella y por ti.

EL CONDE

Y harás bien en rezar... por ella más que por mí.

NELL

No ha querido que venga Dolly, porque está un poco mañosa.

CONSUELITO, ~que rabia por hablar~.

Como que fue preciso traerla a la fuerza de la Pardina.

NELL

La pobrecita quería estar más tiempo contigo. Mañana iremos las dos a verte.

EL CONDE, ~muy agitado~.

No vayáis, no vayáis, porque no me encontraréis.

NELL

¿Pues a dónde te vas?

EL CONDE, ~velada la voz por la emoción~.

Sucesora de Albrit, futura Marquesa de Breda... ya sé... ya lo sé... sigue tu camino lleno de luz, y déjame en el mío tenebroso.

NELL, ~confusa~.

Papaíto, ¿qué razón hay para tanta tristeza? ¡Si te queremos lo mismo! Yo te aseguro que vendremos a verte, y que nos enfadaremos con mamá si no nos trae.

EL CONDE

No os traerá... ¿Y para qué? ¿Qué soy yo? Un despojo miserable... El viejo tronco muere; pero quedas tú, gallardísimo árbol nuevo, que perpetuará mi nombre y mi raza.

NELL, ~con mayor ternura~.

Abuelo mío, si tanto me quieres, ¿por qué no haces lo que yo digo, lo que yo te mando? Eres un niño, y los que te aman deben... no digo mandarte... eso no... dirigirte. ¿Me permites que te dirija?

EL CONDE

Marquesa de Breda, tú mandas.

NELL, ~envaneciéndose~.

Pues si alguna autoridad tengo sobre ti, oye lo que te digo, y hazlo, hazlo por Dios... Acepta el recogimiento de Zaratán.

EL CONDE, ~lastimado en lo más vivo~.

Adiós, Nell... Vete con tu madre.

NELL

En Zaratán estarás muy bien.

CONSUELITO, ~metiendo su cucharada~.

Como un príncipe, como un emperador.

NELL

Vendremos a verte.

EL CONDE

Adiós, Nell... ~(Se retira tambaleándose.)~ ¿El Prior dónde está?

NELL, ~gozosa, creyendo que su abuelo busca al Prior para tratar con él de su retiro en Zaratán~.

En la sacristía... Por aquí.

CONSUELITO, ~cogiendo a Nell de la mano y llevándosela~.

Niña, vámonos... Ya le has dicho lo que debías decirle. ¡Pobre anciano! Es, en verdad, un niño... demente.

NELL

¡Qué pena, Dios mío!... ~(Llamándole.)~ ¡Abuelo, abuelo!...

CONSUELITO

Déjale ya... El león arrogante y fiero entra en la sacristía. No dudes que nuestro buen Prior le armará una bonita trampa... Verás, verás cómo cae... ~(Confundidas entre la multitud, se alejan de la parroquia.)~

EL CONDE, ~que, tentando la pared, logra coger la puerta, y se precipita en las salas que conducen a la sacristía.~

¡Horrible, horrible! Ni siquiera ha manifestado el deseo de vivir en mi compañía... Ni siquiera me ha dicho, como su madre: «Vente con nosotras.» Lo que quiere es encerrarme... Esto es dar con el pie al ser inútil, al ser caído, que estorba... La duda, oh Dios, me asalta otra vez; la duda sopla otra vez en mi alma como huracán, y de las pavesas que se iban apagando, levanta llamaradas... No, no es esta la legítima, no puede serlo. Todos me engañan... Nell no tiene corazón; su frialdad desdeñosa desmiente la noble sangre. No es, no es... ~(Gritando.)~ ¡Padre Maroto! ¡Prior de Zaratán! ~(Tropezando, se abre camino. Un monaguillo le conduce. El Prior sale a su encuentro. Cambian algunas palabras. Para hablar a solas, se encierran en el camarín de la Virgen.)~

~En la confusión del gentío que se retira, Senén busca al Conde dentro y fuera de la iglesia. Sospechando que estará en la Rectoral, corre hacia ella por un atajo. En la obscuridad se desvía; encuéntrase con un seto que le corta el camino; creyendo abreviar saltándolo, sube a unas piedras, pega un brinco, y cae en un montón de estiércol.~

ESCENA XV

~Calle del _Buen Conde_, que conduce de la iglesia a la subida del _Calvario_.~

~EL CONDE, que anda como un ebrio, tropezando en el desigual piso; UN HOMBRE DEL PUEBLO, LA MARQUEZA.~

EL CONDE, ~viendo venir un bulto~.

Buen hombre, ¿por dónde se va al infierno?

EL HOMBRE DEL PUEBLO, ~que no conoce al Conde~.

¿Tabernas? Por aquí no las hay. ~(Sigue su camino.)~

EL CONDE

¿No hay un rayo del cielo que me haga ceniza? Nell es la verdadera; la falsa es Dolly, Dolly, ¡la que me quiere más! ¡Vanidades del mundo, grandezas del honor, con qué mueca tan horrible me miráis! ~(Parándose ante un machón de pared que permanece vertical entre montones de ruinas.)~ ¿Quién va? ¿Eres tú, Senén? Lo que me dijiste es verdad. Tu revelación traidora resulta verdadera. Es verdad. Maroto no miente. ¿Ves qué burla?... Mis ideas me persiguen, no ya como águilas voraces, que quieren picotearme el cerebro, sino como cotorras charlatanas, que con su graznido, semejante al habla de hombres afeminados, se mofan de mí... ¡Maldito rufián, déjame! Eres una babosa perfumada... hueles horriblemente... y tu contacto da frío. No me toques.

~(Avanza; pasa junto al último farol de Jerusa por aquella parte: sube por el sendero que conduce al Calvario. En dirección contraria viene una mujer del pueblo, corpulenta y descarnada, que no es otra que la anciana Sibila a quien llaman la Marqueza. Lleva una cesta al brazo.)~

LA MARQUEZA, ~parándose y reconociéndole~.

¡Señor, mi Conde, por aquí solito a estas horas!

EL CONDE

¿Quién eres? Soy Albrit, el último Albrit de la línea masculina. ¿Tú, quién eres? ~(La anciana se nombra.)~ ¡Ah! la Marqueza... Sibila de Jerusa, aquí me tienes. Ya no dudo: luego no existo... Esto que ves en mí, no es la persona de Arista-Potestad: es su esqueleto. No te asustes: los esqueletos no hacen daño. Asustan por el chocar de huesos, por el mirar burlón de sus ojos vacíos... pero nada más.

LA MARQUEZA

Señor, ¿qué le pasa? ¿Qué disparates dice? Voy a la Pardina con esta cesta de caracoles que me ha encargado el Sr. Venancio. ¿Quiere algo para allá? ¿Por qué no se viene conmigo?

EL CONDE

¿Yo a la Pardina?... ¿Has visto a las niñas de Albrit? ¡Qué feas son!... repugnantes como gusanos venenosos. La legítima no me quiere: me manda al manicomio. Dolly, que me ama, no es mi nieta. Es hija de un pintor vicioso y grosero... linaje de contrabandistas en el Alto Aragón. ~(Riendo sarcásticamente.)~ Dime, Sibila, ¿dónde está el hoyo más hondo de basura y lodo para meterme, y hacer en él mi cama eterna? Como escarabajo, allí labraré la nueva casa de Albrit, toda inmundicia.

LA MARQUEZA

Buen señor, no piense cosas malas.

EL CONDE

Vete, déjame. Si ves a Venancio, le dices que me arrodillo ante su radiante imbecilidad... Adiós, Sibila, adiós.

~(Se aleja dando tumbos. La anciana sigue su camino.)~

ESCENA XVI

~Calvario de Santorojo. Tres cruces en un altozano.~

~EL CONDE, D. PÍO.~

D. PÍO, ~viéndole subir~.

Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de esperarte... digo, de esperar a usía.

EL CONDE

¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como barras de plomo.

D. PÍO, ~dándole el brazo~.

Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres cruces. ¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he traído estos pedazos de pan.

EL CONDE

Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco higiénica matarse con hambre.

D. PÍO

Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada, hora la más propicia...

EL CONDE

Te arrojo a ti, y después yo.

D. PÍO

No, usía no; no lo consiento. Me sublevo; no hay trato.

EL CONDE, ~comiendo pan~.

Bueno; pues juntos, en amor y compaña.

D. PÍO, ~muy apurado~.

Usía no. Mire que aviso, y vienen los celadores. Arrójeme a mí, según lo tratado, y váyase usía tranquilo a su casa.

EL CONDE

¿Sabes que es amargo tu pan?

D. PÍO, ~suspirando~.

Lo que amarga es la boca.

EL CONDE

Soy todo amargura, y más desgraciado que tú. ¿Sabes una cosa? Mis nietas, que yo adoraba, se diferencian poco de tus hijas. Con buenas palabras, Nell me ha arañado el rostro. Espinas de rosas rasguñan lo mismo que espinas de zarza... Y con todo, Nell es mi legítima descendencia: lo sé por testimonio irrecusable. Dolly, que me ama, no es mi descendencia; es una intrusa, la cría infame de la traición, que con fraude se introdujo en mi casa, y se escondió entre los brocados de Albrit.

D. PÍO, ~asustado~.

Señor, mire lo que habla.

EL CONDE

Y yo quiero que me digas... antes de caer al abismo, lanzado por mí... quiero que me digas, gran filósofo: ¿qué piensas tú del honor?

D. PÍO, ~lleno de confusiones~.

El honor... pues el honor... Yo entendía que el honor era... algo así como las condecoraciones... Se dice también _honores fúnebres, el honor nacional, el campo del honor_... En fin, no sé lo que es.

EL CONDE

Hablo del honor de las familias, la pureza de las razas, el lustre de los nombres... Yo he llegado a creer esta noche... y te lo digo con toda franqueza... que si del honor pudiéramos hacer cosa material, sería muy bueno para abonar las tierras.

D. PÍO

Y criar la hermosa lechuga y el rico tomate. Para semilleros, he oído que no hay nada como la gallinaza y palomina.

EL CONDE

Y para la hortaliza social, para este mundo de ahora, nacido sobre acarreos, la mejor substancia es la ignominia, la impureza y mezcolanza de sangres nobles y sangres viles... Quedamos en que tú no aciertas a decirme lo que es el honor, ni te has encontrado nunca esa alimaña en tus excursiones filosóficas.

~(Se sientan al pie de las cruces. La noche está plácida, y la luna, en creciente avanzado, platea el cielo y la mar, y baña en dulce claridad la tierra.)~

D. PÍO, ~aguzando el entendimiento~.

Pues el honor... Si no es la virtud, el amor al prójimo, y el no querer mal a nadie, ni a nuestros enemigos, juro por las barbas de Júpiter que no sé lo que es.

EL CONDE, ~con triste sonrisa~.

Ya sales con tu Mitología... Por cierto que en la fábula mitológica no figura para nada el honor: los dioses hacían el amor a las hijas del pueblo, así como las diosas se enamoriscaban de cualquier pastor de cabras.

D. PÍO

Como que no había más aristocracia que la hermosura.

EL CONDE

Pues mira, sería bueno que ahora, después de bien estrellados y deshechos contra las rocas, nos convirtiéramos tú y yo en dioses o semidioses mitológicos.

D. PÍO

Aunque fuera cuartos de dioses. Nos pondrían en el séquito de Neptuno. ~(Un escalofrío mortal atraviesa todo su cuerpo, y lo estremece desde la nuca al tobillo.)~ ¡Abuelo, qué fría estará la mar!...

EL CONDE

Mejor. Así, fresquitos y bien desmenuzados, seremos más del gusto de los peces.

D. PÍO, ~sintiendo un intenso pavor~.

Es horrible... ¿Y qué hace uno en el estómago del pez?

EL CONDE, ~con lúgubre humorismo~.

Lo que haría probablemente Jonás en el vientre de la ballena: aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni baraja para hacer solitarios.

D. PÍO, ~dando diente con diente~.

Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun en el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos a la madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta media noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos vea, y nos denuncie... ~(Descubriendo un bulto lejano.)~ ¡Ah! por allí viene alguien.

EL CONDE

Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras, como en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con las personas.

D. PÍO, ~observando atentamente~.

Es una mujer.

~(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena como vibración intensa de la atmósfera la voz de Dolly gritando: _¡Abuelo!_)~

ESCENA ÚLTIMA

~EL CONDE, D. PÍO, DOLLY~

EL CONDE, ~despavorido, agarrándose a D. Pío~.

¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué extraña sensación!

D. PÍO

Pues, sí, me parece que es Dolly. ~(Poniéndose en pie y llamando.)~ Niña, estamos aquí.

EL CONDE

¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga?

DOLLY, ~andando hacia las cruces, sin correr, porque cojea un poco, como si le doliera un pie~.

¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto subir hacia el Calvario. ~(Acercándose.)~ ¿Pero qué haces? ¿Vuelves la cara? ~(El Conde se agarra tan fuertemente a D. Pío, que parece querer estrujarle.)~

D. PÍO

Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste?

DOLLY

Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se le antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con él... ¡Ay, lo que he corrido!

EL CONDE, ~con estupor terrorífico~.

Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde el cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí?

DOLLY, ~acongojada~.

Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no quieres a tu Dolly?

EL CONDE, ~desconcertado~.

Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas?

DOLLY

¡Vaya una pregunta! ~(Acariciándole.)~ Ya te dije esta mañana en la Pardina que tu Dolly no se separará nunca de ti... A donde tú vayas, voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero compartir tu pobreza, cuidarte, ser la hijita de tu alma.

EL CONDE, ~con grandísima agitación~.

¡Oh, Dolly, Dolly!...

DOLLY

¿Qué tienes?...

EL CONDE

Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, y se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no cabe...

DOLLY

Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo. ~(Le abraza y le besa.)~

EL CONDE, ~alelado~.

Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero pisotea el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.

DOLLY

Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a donde quiera que vayas...

EL CONDE, ~vivamente~.

Si no te llevo, ¿qué?

DOLLY

Me moriré de pena.

EL CONDE, ~elevando hacia el cielo las palmas de sus manos~.

Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre debo dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... Del seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que de nada valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser humano. Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es lo que permanece... El ánima no se oxida.

D. PÍO, ~con hermosa ingenuidad~.

Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor? ¿En dónde está la verdad?

EL CONDE, ~abrazando a Dolly~.

Aquí... ~(Como quien vuelve de un desvanecimiento.)~ Dime, amigo Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud.

DOLLY, ~besándole~.

Albrit, ¿quién te quiere?

EL CONDE

Tú sola.

DOLLY

No te llamaré Albrit, sino _Abuelo_.

EL CONDE

Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el sentido que quieras.

D. PÍO, ~con unción~.

Dios es el abuelo de todas las criaturas.

EL CONDE

Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?

D. PÍO, ~sollozando~.

Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.

EL CONDE

¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... ~(Con resolución, incorporándose.)~ Vámonos.

D. PÍO

¿A dónde?

EL CONDE

A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres; pero a Dolly no le importa la pobreza.

DOLLY

Con mi cariño te haré yo rico.

EL CONDE, ~con ardiente júbilo~.

Coronado, ¿has oído esto?

D. PÍO

Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos. Ahora hablan.

EL CONDE

Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la amistad. Ven, síguenos.

D. PÍO. ~señalando el cantil~.

Pero...

EL CONDE

Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que me tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.

D. PÍO

Escondámonos en cualquier aldea.

EL CONDE

Dios nos protege. ~(A Dolly.)~ ¿Está cojito mi ángel? Ven a mis brazos. Pesas poco, y yo aún tengo vigor para cargarte. ~(La toma en brazos.)~ Vámonos primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.

~Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de los senderos y atajos, va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no cansar al abuelo, se desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen en las lomas que separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la aldea de este nombre y en una pobre casa de labor, les da generosa y cordial hospitalidad un matrimonio dedicado a la cría de carneros y vacas; gente sencilla; un par de viejos honradísimos y joviales, que allí habían nacido, y allí moraban desde tiempo inmemorial; restos nobilísimos, olvidados ya, del poderoso Estado de Laín. Amanece.~

~Al filo del mediodía, llega la pareja de la Guardia civil con una carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice así: «_Señor Conde, puesto que usted quiere a Dolly, y Dolly le quiere, doy mi consentimiento para que viva en su compañía, por sus días. Y que estos sean muchos desea ardientemente su hija_--LUCRECIA.»~

D. PÍO, ~entre helechos, filosofando~.

¿El mal... es el bien?

FIN DE LA NOVELA

Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de 1897.

ÍNDICE

Págs.

Prefacio V

Dramatis Personæ 2

JORNADA PRIMERA

Escena primera 3 Escena II 13 Escena III 29 Escena IV 40 Escena V 44 Escena VI 56 Escena VII 57 Escena VIII 59 Escena IX 64 Escena X 68 Escena XI 70 Escena XII 74

JORNADA SEGUNDA

Escena primera 81 Escena II 83 Escena III 90 Escena IV 95 Escena V 118 Escena VI 140

JORNADA TERCERA

Escena primera 145 Escena II 158 Escena III 163 Escena IV 169 Escena V 179 Escena VI 183 Escena VII 186 Escena VIII 192 Escena IX 215 Escena X 225 Escena XI 227 Escena XII 243 Escena XIII 247

JORNADA CUARTA

Escena primera 251 Escena II 254 Escena III 260 Escena IV 267 Escena V 270 Escena VI 275 Escena VII 280 Escena VIII 281 Escena IX 290 Escena X 294 Escena XI 299 Escena XII 302 Escena XIII 320 Escena XIV 325 Escena XV 332

JORNADA QUINTA

Escena primera 341 Escena II 347 Escena III 351 Escena IV 355 Escena V 365 Escena VI 370 Escena VII 374 Escena VIII 376 Escena IX 387 Escena X 389 Escena XI 394 Escena XII 397 Escena XIII 402 Escena XIV 405 Escena XV 410 Escena XVI 412 Escena última 417