Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 1]
Part 13
¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el juéves irás á San Pedro, ó no me volverás á mirar la cara. No me supliques ni me digas una palabra más. El pulso me tiembla. Esposa mia, yo siempre creí que era poca bendicion de Dios el tener una hija sola, pero ahora veo que es una maldicion, y que áun ésta sobra.
AMA.
¡Dios sea con ella! No la maltrateis, señor.
CAPULETO.
¿Y por qué no, entremetida vieja? Cállate, y habla con tus iguales.
AMA.
A nadie ofendo... No puede una hablar.
CAPULETO.
Calla, cigarron, y véte á hablar con tus comadres, que aquí no metes baza.
SEÑORA DE CAPULETO.
Loco estás.
CAPULETO.
Loco sí. De noche, de dia, de mañana, de tarde, durmiendo, velando, solo y acompañado, en casa y en la calle, siempre fué mi empeño el casarla, y ahora que la encuentro un jóven de gran familia, rico, gallardo, discreto, lleno de perfecciones, segun dicen, contesta esta mocosa que no quiere casarse, que no puede amar, que es muy jóven. Pues bien, te perdonaré, si no te casas, pero no vivirás un momento aquí. Poco falta para el juéves. Piénsalo bien. Si consientes, te casarás con mi amigo. Si no, te ahorcarás, ó irás pidiendo limosna, y te morirás de hambre por esas calles, sin que ninguno de los mios te socorra. Piénsalo bien, que yo cumplo siempre mis juramentos.
(_Vase._)
JULIETA.
¿Y no hay justicia en el cielo que conozca todo el abismo de mis males? No me dejes, madre. Dilatad un mes, una semana el casamiento, ó si no, mi lecho nupcial será el sepulcro de Teobaldo.
SEÑORA DE CAPULETO.
Nada me digas, porque no he de responderte. Decídete como quieras.
(_Se va._)
JULIETA.
¡Válgame Dios! Ama mia, ¿qué haré? Mi esposo está en la tierra, mi fe en el cielo. ¿Y cómo ha de volver á la tierra mi fe, si mi esposo no la envia desde el cielo? Aconséjame, consuélame. ¡Infeliz de mí! ¿Por qué el cielo ha de emplear todos sus recursos contra un sér tan débil como yo? ¿Qué me dices? ¿Ni una palabra que me consuele?
AMA.
Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble contra sencillo á que no vuelve á verte, ó vuelve ocultamente, en caso de volver. Lo mejor seria, pues, á mi juicio, que te casaras con el Conde, que es mucho más gentil y discreto caballero que Romeo. Ni un águila tiene tan verdes y vivaces ojos como Páris. Este segundo esposo te conviene más que el primero. Y ademas, al primero puedes darle por muerto. Para tí como si lo estuviera.
JULIETA.
¿Hablas con el alma?
AMA.
Con el alma, ó maldita sea yo.
JULIETA.
Así sea.
AMA.
¿Por qué?
JULIETA.
Por nada. Buen consuelo me has dado. Véte, dí á mi madre que he salido. Voy á confesarme con Fray Lorenzo, por el enojo que he dado á mi padre.
AMA.
Obras con buen seso.
(_Vase._)
JULIETA.
¡Infame vieja! ¡Aborto de los infiernos! ¿Cuál es mayor pecado en tí: querer hacerme perjura, ó mancillar con tu lengua al mismo á quien tantas veces pusiste por las nubes? Maldita sea yo si vuelvo á aconsejarme de tí. Sólo mi confesor me dará amparo y consuelo, ó á lo menos fuerzas para morir.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO IV.
ESCENA PRIMERA.
=Celda de Fray Lorenzo.=
FRAY LORENZO y PÁRIS.
FRAY LORENZO.
¿El juéves dices? Pronto es.
PÁRIS.
Así lo quiere Capuleto, y yo lo deseo tambien.
FRAY LORENZO.
¿Y todavía no sabeis si la novia os quiere? Mala manera es esa de hacer las cosas, á mi juicio.
PÁRIS.
Ella no hace más que llorar por Teobaldo y no tiene tiempo para pensar en amores, porque el amor huye de los duelos. A su padre le acongoja el que ella se angustie tanto, y por eso quiere hacer la boda cuanto antes, para atajar ese diluvio de lágrimas, que pudiera parecer mal á las gentes. Esa es la razon de que nos apresuremos.
FRAY LORENZO.
(_Aparte._) ¡Ojalá no supiera yo las verdaderas causas de la tardanza! Conde Páris, hé aquí la dama que viene á mi celda.
PÁRIS.
Bien hallada, señora y esposa mia.
JULIETA.
Lo seré cuando me case.
PÁRIS.
Eso será muy pronto: el juéves.
JULIETA.
Será lo que sea.
PÁRIS.
Claro es. ¿Venis á confesaros con el padre?
JULIETA.
Con vos me confesaria, si os respondiera.
PÁRIS.
No me negueis que me amais.
JULIETA.
No os negaré que quiero al padre.
PÁRIS.
Y le confesareis que me teneis cariño.
JULIETA.
Más valdria tal confesion á espaldas vuestras, que cara á cara.
PÁRIS.
Las lágrimas marchitan vuestro rostro.
JULIETA.
Poco hacen mis lágrimas: no valía mucho mi rostro, antes que ellas le ajasen.
PÁRIS.
Más la ofenden esas palabras que vuestro llanto.
JULIETA.
Señor, en la verdad no hay injuria, y más si se dice frente á frente.
PÁRIS.
Mio es ese rostro del cual decis mal.
JULIETA.
Vuestro será quizá, puesto que ya no es mio. Padre, ¿podeis oirme en confesion, ó volveré al Ave-María?
FRAY LORENZO.
Pobre niña, dispuesto estoy á oirte ahora. Dejadnos solos, Conde.
PÁRIS.
No seré yo quien ponga obstáculos á tal devocion. Julieta, adios. El juéves muy temprano te despertaré.
(_Vase._)
JULIETA.
Cerrad la puerta, padre, y venid á llorar conmigo: ya no hay esperanza ni remedio.
FRAY LORENZO.
Julieta, ya sé cuál es tu angustia, y tambien ella me tiene sin alma. Sé que el juéves quieren casarte con el Conde.
JULIETA.
Padre, no me digais que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no discurris, en vuestra sabiduría y prudencia, algun modo de evitarlo. Y si vos no me consolais, yo con un puñal sabré remediarme. Vos, en nombre del Señor, juntasteis mi mano con la de Romeo, y antes que esta mano, donde fué por vos estampado su sello, consienta en otra union, ó yo amancille su fe, matarános este hierro. Aconsejadme bien, ó el hierro sentenciará el pleito que ni vuestras canas ni vuestra ciencia saben resolver. No os detengais: respondedme ó muero.
FRAY LORENZO.
Hija mia, detente. Aún veo una esperanza, pero tan remota y tan violenta, como es violenta tu situacion actual. Pero ya que prefieres la muerte á la boda con Páris, pasarás por algo que se parezca á la muerte. Si te atreves á hacerlo, yo te daré el remedio.
JULIETA.
Padre, á trueque de no casarme con Páris, mandadme que me arroje de lo alto de una torre, que recorra un camino infestado por bandoleros, que habite y duerma entre sierpes y osos, ó en un cementerio, entre huesos humanos, que crujan por la noche, y amarillas calaveras, ó enterradme con un cadáver reciente. Todo lo haré, por terrible que sea, antes que ser infiel al juramento que hice á Romeo.
FRAY LORENZO.
Bien: véte á tu casa, fíngete alegre: dí que te casarás con Páris. Mañana es miércoles: por la noche quédate sola, sin que te acompañe ni siquiera tu ama, y cuando estés acostada, bebe el licor que te doy en esta ampolleta. Un sueño frio embargará tus miembros. No pulsarás ni alentarás, ni darás señal alguna de vida. Huirá el color de tus rosados labios y mejillas, y le sucederá una palidez térrea. Tus párpados se cerrarán como puertas de la muerte que excluyen la luz del dia, y tu cuerpo quedará rígido, inmóvil, frio como el mármol de un sepulcro. Así permanecerás 42 horas justas, y entonces despertarás como de un apacible sueño. A la mañana anterior habrá venido el novio á despertarte, te habrá creido muerta, y ataviándote, segun es uso, con las mejores galas, te habrán llevado en ataud abierto al sepulcro de los Capuletos. Durante tu sueño, yo avisaré por carta á Romeo; él vendrá en seguida, y velaremos juntos hasta que despiertes. Esa misma noche Romeo volverá contigo á Mántua. Es el único modo de salvarte del peligro actual, si un vano y mujeril temor no te detiene.
[Ilustración]
JULIETA.
Dame la ampolleta, y no hablemos de temores.
FRAY LORENZO.
Tómala. Valor y fortuna. Voy á enviar á un lego con una carta á Mántua.
JULIETA.
Dios me dé valor, aunque ya le siento en mí. Adios, padre mio.
ESCENA II.
=Casa de Capuleto.=
CAPULETO, su MUJER, el AMA y CRIADOS.
CAPULETO.
(_A un criado._) Convidarás á todos los que van en esta lista. Y tú buscarás veinte cocineros.
CRIADO 1.º
Los buscaré tales que se chupen el dedo.
CAPULETO.
¡Rara cualidad!
CRIADO 2.º
Nunca es bueno el cocinero que no sabe chuparse los dedos, ni traeré á nadie que no sepa.
CAPULETO.
Véte, que el tiempo apremia, y nada tenemos dispuesto. ¿Fué la niña á confesarse con Fray Lorenzo?
AMA.
Sí.
CAPULETO.
Me alegro: quizá él pueda rendir el ánimo de esa niña mal criada.
AMA.
Vedla, qué alegre viene del convento.
CAPULETO.
(_A Julieta._) ¿Dónde has estado, terca?
JULIETA.
En la confesion, donde me arrepentí de haberos desobedecido. Fray Lorenzo me manda que os pida perdon, postrada á vuestros piés. Así lo hago, y desde ahora prometo obedecer cuanto me mandáreis.
CAPULETO.
Id en busca de Páris, y que lo prevenga todo para la comida que ha de celebrarse mañana.
JULIETA.
Ví á ese caballero en la celda de Fray Lorenzo, y le concedí cuanto podia concederle mi amor, sin agravio del decoro.
CAPULETO.
¡Cuánto me alegro! Levántate: has hecho bien en todo. Quiero hablar con el Conde. (_A un criado._) Dile que venga. ¡Cuánto bien hace este fraile en la ciudad!
JULIETA.
Ama, ven á mi cuarto, para que dispongamos juntas las galas de desposada.
SEÑORA DE CAPULETO.
No: eso debe hacerse el juéves: todavía hay tiempo.
CAPULETO.
No: ahora, ahora: mañana temprano á la iglesia.
(_Se van Julieta y el Ama._)
SEÑORA DE CAPULETO.
Apenas nos queda tiempo. Es de noche.
CAPULETO.
Todo se hará, esposa mia. Ayuda á Julieta á vestirse. Yo no me acostaré, y por esta vez seré guardian de la casa. ¿Qué es eso? ¿Todos los criados han salido? Voy yo mismo en busca de Páris, para avisarle que mañana es la boda. Este cambio de voluntad me da fuerzas y mocedad nueva.
ESCENA III.
=Habitacion de Julieta.=
JULIETA y su MADRE.
JULIETA.
Sí, ama, sí: este traje está mejor, pero yo quisiera quedarme sola esta noche, para pedir á Dios en devotas oraciones que me ilumine y guie en estado tan lleno de peligros.
(_Entra la señora de Capuleto._)
SEÑORA DE CAPULETO.
Bien trabajais. ¿Quereis que os ayude?
JULIETA.
No, madre. Ya estarán escogidas las galas que he de vestirme mañana. Ahora quisiera que me dejaseis sola, y que el ama velase en vuestra compañía, porque es poco el tiempo, y falta mucho que disponer.
SEÑORA DE CAPULETO.
Buenas noches, hija. Véte á descansar, que falta te hace.
(_Vase._)
JULIETA.
¡Adios! ¡Quién sabe si volveremos á vernos! Un miedo helado corre por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital. ¿Les diré que vuelvan? Ama... Pero ¿á qué es llamarla? Yo sola debo representar esta tragedia. Ven á mis manos, ampolla. Y si este licor no produjese su efecto, ¿tendria yo que ser esposa del Conde? No, no, jamas: tú sabrás impedirlo. Aquí, aquí le tengo guardado. (_Señalando el puñal._) ¿Y si este licor fuera un veneno preparado por el fraile para matarme y eludir su responsabilidad por haberme casado con Romeo? Pero mi temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mí tan ruines pensamientos! ¿Y si me despierto encerrada en el ataud, antes que vuelva Romeo? ¡Qué horror! En aquel estrecho recinto, sin luz, sin aire... me voy á ahogar antes que él llegue. Y la espantosa imágen de la muerte... y la noche... y el horror del sitio... la tumba de mis mayores... aquellos huesos amontonados por tantos siglos... el cuerpo de Teobaldo que está en putrefaccion muy cerca de allí... los espíritus que, segun dicen, interrumpen... de noche, el silencio de aquella soledad... ¡Ay, Dios mio! ¿no será fácil que al despertarme, respirando aquellos miasmas, oyendo aquellos lúgubres gemidos que suelen entorpecer á los mortales, aquellos gritos semejantes á las quejas de la mandrágora cuando se la arranca del suelo... no es fácil que yo pierda la razon, y empiece á jugar en mi locura con los huesos de mis antepasados, ó á despojar de su velo funeral el cadáver de Teobaldo, ó á machacarme el cráneo con los pedazos del esqueleto de alguno de mis ilustres mayores? Ved... Es la sombra de mi primo, que viene con el acero desnudo, buscando á su matador Romeo. ¡Detente, Teobaldo! ¡A la salud de Romeo! (_Bebe._)
ESCENA IV.
=Casa de Capuleto.=
La SEÑORA y el AMA.
SEÑORA DE CAPULETO.
Toma las llaves: tráeme más especias.
AMA.
Ahora piden clavos y dátiles.
CAPULETO.
(_Que entra._) Vamos, no os detengais, que ya ha sonado por segunda vez el canto del gallo. Ya tocan á maitines. Son las tres. Tú, Ángela, cuida de los pasteles, y no repareis en el gasto.
AMA.
Idos á dormir, señor impertinente. De seguro que por pasar la noche en vela, amaneceis enfermo mañana.
CAPULETO.
¡Qué bobería! Muchas noches he pasado en vela sin tanto motivo, y nunca he enfermado.
SEÑORA DE CAPULETO.
Sí: buen raton fuiste en otros tiempos. Ahora ya velo yo, para evitar tus veladas.
CAPULETO.
¡Ahora celos! ¿Qué traes, muchacho?
CRIADO 1.º
El cocinero lo pide. No sé lo que es.
CAPULETO.
Véte corriendo: busca leña seca. Pedro te dirá dónde puedes encontrarla.
CRIADO 1.º
Yo la encontraré: no necesito molestar á Pedro.
(_Se van._)
CAPULETO.
Dice bien, á fe mia. ¡Es gracioso ese galopin! Por vida mia. Ya amanece. Pronto llegará Páris con música, segun anunció. ¡Ahí está! ¡Ama, mujer mia, venid aprisa! (_Suena música._) (_Al Ama._) Véte, despierta y viste á Julieta, mientras yo hablo con Páris. Y no te detengas mucho, que el novio llega. No te detengas.
ESCENA V.
=Aposento de Julieta. Está en el lecho.=
EL AMA y la SEÑORA.
AMA.
¡Señorita, señorita! ¡Cómo duerme! ¡Señorita, novia, cordero mio! ¿No despiertas? Haces bien: duerme para ocho dias, que mañana ya se encargará Páris de no dejarte dormir. ¡Válgame Dios, y cómo duerme! Pero es necesario despertarla. ¡Señorita, señorita! No falta más sino que venga el Conde y te halle en la cama. Bien te asustarias. Dime, ¿no es verdad? ¿Vestida estás, y te volviste á acostar? ¿Cómo es esto? ¡Señorita, señorita!... ¡Válgame Dios! Socorro, que mi ama se ha muerto. ¿Por qué he vivido yo para ver esto? Maldita sea la hora en que nací, ¡Esencias, pronto! ¡Señor, señora, acudid!
SEÑORA DE CAPULETO.
(_Entrando._) ¿Por qué tal alboroto?
AMA.
¡Dia aciago!
SEÑORA DE CAPULETO.
¿Qué sucede?
AMA.
Ved, ved. ¡Aciago dia!
SEÑORA DE CAPULETO.
¡Dios mio, Dios mio! ¡Pobre niña! ¡Vida mia! Abre los ojos, ó dejáme morir contigo. ¡Favor, favor!
(_Entra Capuleto._)
CAPULETO.
¿No os da vergüenza? Ya debia de haber salido Julieta. Su novio la está esperando.
AMA.
¡Si está muerta! ¡Aciago dia!
SEÑORA DE CAPULETO.
¡Aciago dia! ¡Muerta, muerta!
CAPULETO.
¡Dejádmela ver! ¡Oh, Dios! qué espanto. ¡Helada su sangre, rígidos sus miembros! Huyó la rosa de sus labios. ¡Yace tronchada como la flor por prematura y repentina escarcha! ¡Hora infeliz!
AMA.
¡Dia maldito!
SEÑORA DE CAPULETO.
¡Aciago dia!
CAPULETO.
La muerte que fiera la arrebató, traba mi lengua é impide mis palabras.
(_Entran Fray Lorenzo, Páris y músicos._)
FRAY LORENZO.
¿Cuándo puede ir la novia á la iglesia?
[Ilustración]
CAPULETO.
Sí irá, pero para quedarse allí. En vísperas de boda, hijo mio, vino la muerte á llevarse á tu esposa, flor que deshojó inclemente la Parca. Mi yerno y mi heredero es el sepulcro: él se ha desposado con mi hija. Yo moriré tambien, y él heredará todo lo que poseo.
PÁRIS.
¡Yo que tanto deseaba ver este dia, y ahora es tal vista la que me ofrece!
SEÑORA DE CAPULETO.
¡Infeliz, maldito, aciago dia! ¡Hora la más terrible que en su dura peregrinacion ha visto el tiempo! ¡Una hija sola! ¡Una hija sola, y la muerte me la lleva! ¡Mi esperanza, mi consuelo, mi ventura!...
AMA.
¡Dia aciago y horroroso, el más negro que he visto nunca! ¡El más horrendo que ha visto el mundo! ¡Aciago dia!
PÁRIS.
¡Y yo burlado, herido, descasado, atormentado! ¡Cómo te mofas de mí, cómo me conculcas á tus plantas, fiera muerte! ¡Ella, mi amor, mi vida, muerta ya!
CAPULETO.
¡Y yo despreciado, abatido, muerto! Tiempo cruel, ¿por qué viniste con pasos tan callados á turbar la alegría de nuestra fiesta? ¡Hija mia, que más que mi hija era mi alma! ¡Muerta, muerta, mi encanto, mi tesoro!
FRAY LORENZO.
Callad, que no es la queja remedio del dolor. Antes vos y el cielo poseiais á esa doncella: ahora el cielo solo la posee, y en ello gana la doncella. No pudisteis arrancar vuestra parte á la muerte. El cielo guarda para siempre la suya. ¿No queriais verla honrada y ensalzada? ¿Pues á qué vuestro llanto, cuando Dios la ensalza y encumbra más allá del firmamento? No amais á vuestra hija tanto como la ama Dios. La mejor esposa no es la que más vive en el mundo, sino la que muere jóven y recien casada. Detened vuestras lágrimas. Cubrid su cadáver de romero, y llevadla á la iglesia segun costumbre, ataviada con sus mejores galas. La naturaleza nos obliga al dolor, pero la razon se rie.
CAPULETO.
Los preparativos de una fiesta se convierten en los de un entierro: nuestras alegres músicas en solemne doblar de campanas: el festin en comida funeral: los himnos en trenos: las flores en adornos de ataud... todo en su contrario.
FRAY LORENZO.
Retiraos, señor, y vos, señora, y vos, conde Páris. Prepárense todos á enterrar este cadáver. Sin duda el cielo está enojado con vosotros. Ved si con paciencia y mansedumbre lograis desarmar su cólera.
(_Vanse._)
MÚSICO 1.º
Recojamos los instrumentos, y vámonos.
AMA.
Recogedlos sí, buena gente. Ya veis que el caso no es para música.
MÚSICO 1.º
Más alegre podia ser.
(_Entra Pedro._)
PEDRO.
¡Oh, músicos, músicos! «La paz del corazon.» «La paz del corazon.» Tocad por vida mia «la paz del corazon.»
MÚSICO 1.º
¿Y por qué «la paz del corazon»?
PEDRO.
¡Oh, músicos! porque mi corazon está tañendo siempre «mi dolorido corazon». Cantad una cancion alegre, para que yo me distraiga.
MÚSICO 1.º
No es esta ocasion de canciones.
PEDRO.
¿Y por qué no?
MÚSICO 1.º
Claro que no.
PEDRO.
Pues entonces yo os voy á dar de veras.
MÚSICO 1.º
¿Qué nos darás?
PEDRO.
No dinero ciertamente, pues soy un pobre lacayo, pero os daré que sentir.
MÚSICO 1.º
¡Vaya con el lacayo!
PEDRO.
Pues el cuchillo del lacayo os marcará cuatro puntos en la cara. ¿Venirme á mí con corchetes y bemoles? Yo os enseñaré la solfa.
MÚSICO 1.º
Y vos la notareis, si quereis enseñárnosla.
MÚSICO 2.º
Envainad la daga, y sacad á plaza vuestro ingenio.
PEDRO.
Con mi ingenio más agudo que un puñal os traspasaré, y por ahora envaino la daga. Respondedme finalmente: «_La música argentina_», ¿y qué quiere decir «la música argentina?» ¿Por qué ha de ser _argentina_ la música? ¿Qué dices á esto, Simon Bordon?
MÚSICO 1.º
¡Toma! Porque el sonido de la plata es dulce.
PEDRO.
Está bien, ¿y vos, Hugo Rabel, qué decis á esto?
MÚSICO 2.º
Yo digo «música argentina», porque el son de la plata hace tañer á los músicos.
PEDRO.
Tampoco está mal. ¿Y qué dices tú, Jaime Clavija?
MÚSICO 3.º
Ciertamente que no sé qué decir.
PEDRO.
Os pido que me perdoneis la pregunta. Verdad es que sois el cantor. Se dice «música argentina» porque á músicos de vuestra calaña nadie los paga con oro, cuando tocan.
MÚSICO 1.º
Este hombre es un pícaro.
MÚSICO 2.º
Así sea su fin. Vamos allá á aguardar la comitiva fúnebre, y luego á comer.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO V.
ESCENA PRIMERA.
=Calle de Mántua.=
ROMEO y BALTASAR.
ROMEO.
Si hemos de confiar en un dulce y agradable sueño, alguna gran felicidad me espera. Desde la aurora pensamientos de dicha agitan mi corazon, rey de mi pecho, y como que me dan alas para huir de la tierra. Soñé con mi esposa y que me encontraba muerto. ¡Raro fenómeno: que piense un cadáver! Pero con sus besos me dió tal vida que, al despertar, no me hubiera trocado por un emperador. ¡Oh, cuán dulces serán las realidades del amor, cuando tanto lo son las sombras! (_Entra Baltasar._) ¿Traes alguna nueva de Verona? ¿Te ha dado Fray Lorenzo alguna carta para mí? ¿Cómo está mi padre? ¿Y Julieta? Nada malo puede sucederme si ella está buena.
BALTASAR.
Pues ya nada malo puede sucederte, porque su cuerpo reposa en el sepulcro, y su alma está con los ángeles. Yace en el panteon de su familia. Y perdonadme que tan pronto haya venido á traeros tan mala noticia, pero vos mismo, señor, me encargasteis que os avisara de todo.
ROMEO.
¿Será verdad? ¡Cielo cruel, yo desafio tu poder! Dadme papel y plumas. Busca esta tarde caballos, y vámonos á Verona esta noche.
BALTASAR.
Señor, dejadme acompañaros, porque vuestra horrible palidez me anuncia algun mal suceso.
ROMEO.
Nada de eso. Déjame en paz y obedece. ¿No traes para mí carta de Fray Lorenzo?
BALTASAR.
Ninguna.
ROMEO.
Lo mismo da. Busca en seguida caballos, y en marcha.
(_Se va Baltasar._)
Sí, Julieta, esta noche descansaremos juntos. ¿Pero cómo? ¡Ah, infierno, cuán presto vienes en ayuda de un ánimo desesperado! Ahora me acuerdo que cerca de aquí vive un boticario de torvo ceño y mala catadura, gran herbolario de yerbas medicinales. El hambre le ha convertido en esqueleto. Del techo de su lóbrega covacha tiene colgados una tortuga, un cocodrilo, y varias pieles de fornidos peces; y en cajas amontonadas, frascos vacíos y verdosos, viejas semillas, cuerdas de bramante, todo muy separado para aparentar más. Yo, al ver tal miseria, he pensado que aunque está prohibido so pena de muerte, el despachar veneno, quizá este infeliz, si se lo pagaran, lo venderia. Bien lo pensé, y ahora voy á ejecutarlo. Cerrada tiene la botica. ¡Hola, eh!
(_Sale el Boticario._)
BOTICARIO.
¿Quién grita?
ROMEO.
Oye. Tu pobreza es manifiesta. Cuarenta ducados te daré por una dósis de veneno tan activo que, apenas circule por las venas, extinga el aliento vital tan rápidamente como una bala de cañon.
BOTICARIO.
Tengo esos venenos, pero las leyes de Mántua condenan á muerte al que los venda.
ROMEO.
Y en tu pobreza extrema ¿qué te importa la muerte? Bien clara se ve el hambre en tu rostro, y la tristeza y la desesperacion. ¿Tiene el mundo alguna ley, para hacerte rico? Si quieres salir de pobreza, rompe la ley y recibe mi dinero.
BOTICARIO.
Mi pobreza lo recibe, no mi voluntad.
ROMEO.
Yo no pago tu voluntad, sino tu pobreza.
BOTICARIO.
Este es el ingrediente: desleidlo en agua ó en un licor cualquiera, bebedlo, y caereis muerto en seguida, aunque tengais la fuerza de veinte hombres.
ROMEO.
Recibe tú el dinero. Él es la verdadera ponzoña, engendradora de más asesinatos que todos los venenos que no debes vender. La venta la he hecho yo, no tú. Adios: compra pan, y cúbrete. No un veneno, sino una bebida consoladora llevo conmigo al sepulcro de Julieta.
ESCENA II.
=Celda de Fray Lorenzo.=
FRAY JUAN y FRAY LORENZO.
FRAY JUAN.
¡Hermano mio, santo varon!
FRAY LORENZO.
Sin duda es Fray Juan el que me llama. Bien venido seais de Mántua; ¿qué dice Romeo? Dadme su carta, si es que traeis alguna.
FRAY JUAN.
Busqué á un fraile descalzo de nuestra órden, para que me acompañara. Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de una casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos dejaron salir. Por eso se desbarató el viaje á Mántua.
FRAY LORENZO.
¿Y quién llevó la carta á Romeo?
FRAY JUAN.
Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quién os la devolviese. Tal miedo tenian todos á la peste.
FRAY LORENZO.
¡Qué desgracia! ¡Por vida de mi padre san Francisco! Y no era carta inútil, sino con nuevas de grande importancia. Puede ser muy funesto el retardo. Fray Juan, búscame en seguida un azadon y llévale á mi celda.
FRAY JUAN.
En seguida, hermano.
(_Vase._)
FRAY LORENZO.
Sólo tengo que ir al cementerio, porque dentro de tres horas ha de despertar la hermosa Julieta de su desmayo. Mucho se enojará conmigo porque no dí oportunamente aviso á Romeo. Volveré á escribir á Mántua, y entre tanto la tendré en mi celda esperando á Romeo. ¡Pobre cadáver vivo encerrado en la cárcel de un muerto!
ESCENA III.
=Cementerio, con el panteon de los Capuletos.=
PÁRIS y un PAJE con flores y antorchas.
PÁRIS.