Part 2
Exmo. Sr.: Creo muy preciso, muy justo, muy debido y muy conveniente, que V. E haga tributar en esa Santa Iglesia Catedral, públicas y solemnes gracias al Altísimo por su visible protección á la justa causa; pues sin ella era imposible se hubiese deshecho tan pronto una tempestad tan formidable, tan meditada, y con tanto tiempo dispuesta. El talento del hombre es limitado, y si el mio en medio de mi impotencia, ha alcanzado á deshacer en un momento semejantes planes y á conocerlo sin el más leve aviso (pues el primero que tuve fué por el Comandante Rosi, muy confuso, pues sólo me lo dió de que había novedad, el viernes 21 de enero), no ha podido ser sino una protección del Cielo, admirablemente visible y que me colma de gloria al considerarme objeto ó instrumento de sus misericordias. Creo y lo creen todos los calculadores Políticos, que la pérdida de esta ciudad habría arrancado el de la Provincia; y V.E. juzgaría por el resto del Reino; y ahora juzgo que el presente feliz suceso afianza para siempre esta ciudad y Provincia. Por ello doy á V. E. mil enhorabuenas, rogando que en cuanto se concluya y termine este negocio y sus incidentes, se sirva sacarme de esta Provincia ahora sea con ascenso, ó con retiro, pues el trabajo es mucho, los auxilios ningunos, y los peligros de la vida, que he corrido en 26 meses, muchos, muy grandes y muy repetidos.
Oportunamente di parte à V. E. de la proximidad de este suceso, y dije lo que consideraba necesario. Entonces trataba de la causa pública, y por eso me expliqué: habiendo guardado el mayor silencio enando sólo se ha tratado de mi peligro, sin embargo que este envuelve el de la causa pública; mas ahora faltaría á mi obligación si dejase de manifestar á V. E. cuanto creo conducente y el tiempo me permite, pues sin más de un escribiente, en circunstancias como éstas, no sé cómo pueda cumplir con mi obligación, ni tampoco entiendo cómo puedan estimarse ahorros de la Hacienda Pública, los gastos de grandes sumas, por ahorrar el gasto oportuno de algunos maravedis. Yo los pondría, pero no los tengo, y ni aún puedo sufragar el déficit de mi miserable suelo.
La Provincia de San Salvador, por su población por la clase de ella, por su localidad y por el vicio adquirido en sus ideas, será siempre la que dé el tono en este Reino. En este concepto se necesita situar en ella una fuerza extraña y con que se pueda contar con confianza para superarla. Pensar en castigar y contener al hermano con el hermano, al padre con el hijo, al cuñado con el cuñado, al yerno con suegro, al deudor con el acreedor y al padrino con el ahijado, bien podría ser; pero á más de que la politica no lo aconseja, el gobierno en este caso se dirige por reglas opuestas á la naturaleza. Tales reflecciones y conocimientos obligarán siempre á un jefe á proceder con suma lentitud y á tolerancias y disimulos perjudiciales. Ocho días ha que no cesa, de llorar un voluntario por la prisión de su padre. ¿Qué confianza podré tener yo en éste? Dejo mucho que no puedo decir confiado á la sabia penetración de V. E.
Es también indispensable que este Gobierno, interin las circunstancias, sea militar, esto es, que la persona dotada de las cualidades convenientes para gobernar, reuna igualmente la autoridad militar. Suplico á V. E. no crea que la deseo, ni pido para mí. Yo estoy informando á V. E. de lo que creo necesario en San Salvador, como si fuese habitante del Japón.
El Jefe necesita indispensablemente una secretaría bien dotada. Sin esto, aunque trabaje tanto como yo (que suplico á V. E. me permita decirle que habría pocos que lo puedan hacer) y aunque tenga tanta facilidad como yo tengo, y un Secretario como el que yo tengo, no podrán dar el lleno á su obligación.
Todo esto creo indispensable, y no sólo indispensable, sino urgente, esto es, que debe establecerse pronto. Yo no embarazo para ello, pues tratándose de la causa pública, subordino gustoso cualquier interés que pudiera tener en mi permanencia en ésta, á la salud de la patria, que es la pri mera ley de las sociedades y la que gobierna mis acciones.
Di cuenta á V. E. que tenía acuartelados los cuerpos de voluntarios y dragones, y como V, E. en su superior oficio de 31 del pasado, nada me dice sobre este particular, quise inmediatamente que lo recibí, descuartelar la tropa; pero las representaciones y temores, ante de los mismos acuartelados, fueron tantos, que me vi precisado á dejar dos destacamentos de á 120 hombres cada uno,con lo que apenas se cubre el servicio indispensable, como se servirá ver V. E. en el adjunto Reglamento del Cuerpo de Voluntarios; y unos y otros se desacuartelarán cuando V. E. tenga á bien mandarlo, pues mientras haya presos, causas y prisiones, es indispensable tener las armas en la mano: sirviéndose V. E. creer que no sólo no es la mayor parte del vecindario, pero ni la mínima de la mínima, y apenas será el séptimo con los que se pueda contar en este caso con absoluta confianza. No podía lisonjearme de tenerla en los que aquella noche, me asociaban; pues parte de ellos en la conmoción pasada, obraron á cara descubierta, y ahora acaso sólo la subordinación oportunamente impuesta aquella noche, les conserva en su deber. Nada importa que después del suceso todos se me presentasen, y me colmasen de elogios y protestas. V. E. sabe bien que el miedo hace devotos.
Cuando escribí á V. E. el día 25, digo que actualmente se estaba tratando de coger la reunión de la Parroquia; pero ésta, momentos antes de que se ejecutase, se había disipado y los Alcaldes salido de allí el 19 desde prima noche, y el 20 á las doce de ella para San Francisco; y esta es la razón porque no tuvo efecto su pronta prisión, el 25; pues cuando escribí á V. E. se estaba procediendo al desalojamiento de las gentes, y al mismo tiempo á la prisión de los que se podían coger, y sus resultados sólo pude saberlos hasta que volvió el Comandante Rosi, que fué como á las nueve del día.
Este oficio tiene con hoy ocho días. Son tantos los pormenores de que tengo que imponer á V. E., que ellos mismos me embarazan para su colocación. Es tan estrecho el tiempo y tantísimas las cosas sobre que tengo que atender y á que me llaman, que no será extraño falte el parte de algunos puntos de los que debe trasladar á V. E. ó repita otros, porque con tantas suspenciones, se me puede olvidar dar los que están puestos, y si en cada uno hubiese de recorrerlos, no podría concluir. Suplico á V. E. que si incurriere en estos defectos, me los dispense.
Incluyo á V. E. la declaración del Cabo de Dragones Pedro Pablo Colorado, Regidor del Barrio de la Vega, que el 21 avisó á su Comandante las disposiciones que había, y que de su orden y por disposición mía, ofreciéndole competente gratificación, continuó funcionando con los insurgentes, aunque sólo una vez dió posterior al 21, como verá V. E. pero ella aclara todo el plan, que ya resulta de otras declaraciones.
Como verá por todos los documentos que le incluyo, era uno de los medios esenciales de la insurrección, la ocupación de las armas, las que no tomaron únicamente porque Dios no les dió licencia para ello, pues éstas se mantenian en la Tesorería sin resguardo alguno. En esta virtud, las he hecho pasar á mi casa, donde ocupan una pieza y otra el archivo, y para la custodia de uno y otro y la de mi persona, he hecho se ponga una guardia de la Bandera, compuesta de cuatro soldados y un cabo, que todo espero se sirva V. E. aprobarlo.
Anoche se me dió denuncia de que un tal Apolinario Fuentes, viandante que puede hallarse en Santa Ana, se le ofrecieron, según él contó ahora meses, 150 pesos, porque llevase una carta al Padre Morelos. Yo escribí á Santa Ana solicitándolo.
En los días de esta revolución se empezó á decir que había un comisario del P. Morelos en ésta, y con efecto lo ha habido, sin que haya podido descubrir su paradero, y sí sólo su colusión con Castillo; pues en una petaca que él depositó á cierto Religioso, y éste, me la entregó, y contiene. ropa y 81 pesos en dinero, barajas y dados, se han hallado los papeles que incluyo á V. E. y de que no puedo hacer ahora el análisis. La baraja estaba envuelta en una esquela de Acóla, cuya postdata dice: "por acá no hay novedad, pero en San Bartolomé la hay". El tal mexicano ó campechano, se llama D. Manuel Vera y Rosas; pero ya por Cuilco y Güegüetenango se llamaba D. Manuel Huertas. Aunque van todos sus papeles por lo que conduzca á la averiguación de este hombre, van apartados en un sobreescrito, los que me parece llamarán más la atención de V. E., y marcados con un número 5. Los demás asuntos voy á expresarlos á V. E. en oficios separados; y ya tengo puestos oficios al Gobernador de León y Alcalde Mayor de Sonsonate para que se tenga cuidado con los advenedizos, como verá V. E. en la copia número 6.
Nuestro Sr. guíe á V. E. m. a.
San Salvador, Febrero 9 de 1814.
Afmo. Servidor,
José Maria Peinado.