Part 3
Queda probado que el médico sevillano no venía de escribano y notario, sino simplemente de FÍSICO. Y que utilizaba sus amistades con el Descubridor, á ver si SS. AA. le aumentaban el sueldo, por haberse llevado una desilusión con la venida á las Indias, donde la incipiente Colonia le dejaba menos dineros, que la clientela que tenía en la Corte. El Escribano de Cámara del Rey é la Reina, Diego de Peñalosa, fué el que vino á desempeñar á la ciudad de Isabela su elevado ministerio. Y lo probamos perfectamente con el encabezamiento del documento que entregó el Virrey á Alonso de Ojeda, capitaneando cuatrocientos hombres de á pié y diez y seis de á caballo, para llevarlos al fuerte de Santo Tomás y ponerlos á las órdenes de Mosén Pedro de Margarit; cuyo documento oficial termina así:
“Fecha en la cibdad Isabela, que es en la Isla Española, en las Indias, á nueve días del mes de Abril, año del Nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil quatrocientos noventa y cuatro años.—El Almirante.—Por su mandado la fice escribir.—Diego de Peñalosa.—Testigos que fueron presentes á ver leer é concertar este dicho traslado de la dicha Carta original de Instrucción: Francisco Madrid, vecino dende: é Francisco de San Miguel, vecino de Ledesma, vecino dende.—E yo Diego de Peñalosa, Escribano de Cámara del Rey é de la Reina, nuestros Señores, á mandamiento del Señor Almirante, la fice escribir é concerté, é por ende fice aquí este mi signo.—En testimonio de verdad.—Diego de Peñalosa.”
No cabe duda, pues, que Alvarez Chanca vino encargado únicamente de la Sanidad, y Diego de Peñalosa de la fe notarial. En la ciudad de Isabela hubo escribanos de número, que desempeñaron comisiones secundarias á la del Escribano de Cámara. El mismo Virrey cuando enviaba una carabela á una exploración designaba á uno de estos escribanos para que dieran fe de los sucesos; pero el que vino en la Armada colonizadora desempeñando el cargo notarial fué Pedro de Peñalosa, Escribano de Cámara del Rey é la Reina. Y para mayor confirmación vamos á transcribir el final de la copia, que hizo sacar el Almirante, de la Información verificada por él—12 de junio de 1494—cuando exploraba á Cuba, y creyó que era Tierra-firma y no isla, poniendo por testigos las tripulaciones de la NIÑA, la SAN JUAN y la CARDERA; cuyo final dice así:
“En la cibdad de Isabela, Miércoles catorce dias del mes de Enero, año del Nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil quatrocientos noventa y cinco años, el dicho Señor Almirante mandó á mí Diego de Peñalosa, Escribano de Cámara del Rey é la Reina, nuestros Señores, _é su Notario público en la su Corte é en todos los sus Reinos é Señoríos_, que catase los registros y protocolos de Fernand Perez de Luna, Escribano público del número de dicha cibdad, defunto que Dios haya, etc.”
Y conste, que cuando en 9 de abril de 1494 redactaba Peñalosa su primer documento público en la Isabela, aún no había llegado á la Española el Adelantado don Bartolomé Colón, trayendo refuerzos y provisiones,—septiembre de 1494—por lo que el Escribano de Cámara del Rey é la Reina, Diego de Peñalosa, fué el que venía junto al Almirante en la capitana nao, desempeñando su alto ministerio notarial y Diego Alvarez Chanca ÚNICAMENTE como físico.
Por real despacho de 23 de mayo de 1493 se mandó, que Chanca fuese de físico en la Armada de don Cristóbal Colón; previniéndose en 24 á los contadores mayores le diesen el salario y ración, porque había de estar de escribano en las Indias[71]. Es decir, que se le daría en Indias una de las tantas escribanías, que indudablemente habrían de crearse, ó se le pagaban sus honorarios de FÍSICO con sueldo de escribano. De ésto á venir desempeñando cargo de tal, hay mucha diferencia, y es lo que ha inducido á error al presbítero Nazario. Cuando el Almirante escribía á los Monarcas en favor de Chanca aún no le habían adjudicado ninguna escribanía.—Después se marchó el doctor Diego Alvarez en una de las expediciones que fueron á explorar el continente.
No falta quien haya dicho que la epístola del sevillano médico iba dirigida á los Monarcas. Esta carta era para el presidente y señores del Cabildo de Sevilla. Y basta el cotejo del final de la epístola, para cerciorarse que no era un documento notarial, aunque iba dirigida á un Cuerpo oficial.—Don Cristóbal Colón fué el que dió cuenta detallada á SS. AA. del segundo viaje, como lo hizo del primero cuando les entregó su precioso Memorial en la ciudad de los Condes. La relación y carta enviada por el Visorrey, referentes á su segunda épica empresa, se han perdido, salvándose un memorial de los llevados por Antonio de Torres; pero poseemos, para justificar nuestro aserto, las respuestas de los Reyes Católicos al Almirante, y de ellas se desprende, cual luz meridiana, la verdad que afirmamos. He aquí las Cartas de los Monarcas dirigidas al Virrey, desde Medina del Campo á 13 de abril de 1494, y desde Segovia á 16 de agosto del mismo año.
“El Rey é la Reina: Don Cristóbal Colón, nuestro Almirante del mar Océano, y nuestro Visorrey é Gobernador de las islas nuevamente falladas en la parte de las Indias: _Vimos las cartas que nos enviastes con Antonio de Torres_, con las cuales habimos mucho placer, y damos muchas gracias á Nuestro Señor Dios que tan bien lo ha fecho, é en haberos en todo tan bien guiado. En mucho cargo é servicio vos tenemos lo que allá habéis fecho é trabajado con tanta buena orden y proveimiento que non puede ser mejor, é asimismo oimos al dicho Antonio de Torres, é recibimos todo lo que con él nos enviastes, é no se esperaba menos de vos segun la mucha voluntad é afección que de vos se ha conocido é conoce en las cosas de nuestro servicio. Sed cierto que nos tenemos de vos por muchos servidos é encargados en ello para vos facer merced é honra é acrecentamientos como vuestros grandes servicios lo requieren é adeudan: é porque el dicho Antonio de Torres tardó en venir aquí fasta agora é non habíamos visto _vuestras cartas_ las cuales non nos había traido por las traer él á mejor recaudo é por la priesa de la partida destos navíos que agora van, los cuales á hora que lo aquí supimos los mandamos despachar con todo recaudo de las cosas que de allá enviastes por memorial, é cuanto más cumplidamente se pudiese facer sin detenerlos, é así se fará é cumplirá en todo lo otro quel trajo á cargo al tiempo é como él lo dijere; no ha lugar de vos responder como quisiéramos, pero cuando él vaya, placiendo á Dios, vos responderemos é mandaremos proveer en todo ello como cumple. Nos habemos habido enojo de las cosas que allá se han fecho fuera de vuestra voluntad, las cuales mandaremos bien remediar é castigar. En el primer viaje que para acá se ficiere enviad á Bernal de Pisa, al cual Nos enviamos mandar que ponga en obra su venida, é en el cargo que llevó entienda en ello la persona que á vos é al Padre Fray Boil pareciere en tanto que de acá se provee, que por la priesa de la partida de los dichos navíos non se pudo agora proveer en ello, pero en el primer viaje, si place á Dios, se proveerá de tal persona cual conviniese para el dicho cargo. De Medina del Campo á trece de Abril de noventa y cuatro.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Por mandado del Rey é de la Reina.—Juan de la Parra.”
Bastaría esta sola carta de les Reyes para comprobar la acusación de recibo de las cartas del Virrey; pero como la fechada en Segovia tiene relación íntima con este segundo viaje del Almirante, del cual nos venimos ocupando, extractaremos la parte que nos interesa:
“El Rey é la Reina: Don Cristóbal Colón, Almirante etc.: _Vimos vuestras letras é memoriales que nos enviastes con Torres_, y habemos habido mucho placer de saber todo lo que por ellas nos escribistes, y damos muchas gracias á nuestro Señor por todo ello, porque esperamos que con su ayuda este negocio vuestro será causa que nuestra Santa Fé Católica será mucho más acrecentada:... y visto todo lo que nos escribistes como quiera _que asaz largamente decís todas las cosas_ de que es mucho gozo y alegría leerlas.”
Queda suficientemente probado que el papel que desempeñaba el doctor Diego Alvarez Chanca en esta expedición fué el de FÍSICO de la Armada, y encargado de la Sanidad de la incipiente Colonia.—Esto, para nosotros, no aminora sus relevantes prendas de cronista; pero sin el carácter de notario, que pretende asignarle el padre Nazario[72], y que corresponde de lleno á Diego de Peñalosa.
Carta del doctor Chanca.
Publicamos íntegro este documento histórico[73], porque los autores, que se han ocupado de él, no están contestes en algunas de sus notas, principalmente Navarrete y Las Casas. Los escritores puertorriqueños, para dilucidar el punto electo por el Almirante en su arribada á BORIQUÉN, han acudido á esta fuente histórica, y también están en desacuerdo, habiendo sacado, á veces, de una misma frase deducciones muy opuestas. El agua, por decirlo así, se ha revuelto tanto, que se necesita un filtro de Pasteur para descubrir las cristalinas linfas; por lo que preferimos publicar toda la epístola de Chanca con las anotaciones de don Martín Fernández Navarrete[74] y las del obispo de Chiapa Fray Bartolomé de las Casas[75], á entresacar frases en pro de nuestras opiniones. Además ponemos al lado de las notas de Navarrete y Las Casas, nuestra pobre opinión, de manera que el lector puede formar, perfectamente, criterio propio sobre los puntos que se debaten; máxime si se auxilia, en la cuestión del bojeo seguido por el crucero en el segundo viaje de Colón, de un mapa de las Antillas.
Combatimos el parecer del señor Navarrete, en algunas de sus notas, descansando siempre en pruebas fehacientes. Y no es de extrañar, que el ilustre académico sufriera equivocaciones en la magna obra, que se propuso llevar á cabo. Hoy mismo vemos al catedrático de Historia de la Universidad Central, don Emilio Castelar[76], suponer la agradable impresión que causaría á Colón y á sus compañeros, al llegar Cuba, el cocotero[77] y el plátano[78], cuando está probado hasta la saciedad ser plantas exóticas en las Antillas. El doctor don Joaquín Torres de Asensio, prelado doméstico de Su Santidad, al traducir del latín el pasaje de Mártir de Anglería, en que describe el HIGÜERO, cuyas calabazas usan los indígenas para guardar bebidas, incurre también en el error de creer se tratase del COCOTERO. La frase de Mártir en que considera el meollo de esa calabaza más amargo que la hiel, lo cree el señor Asensio debido á que los viajeros probaron el coco fuera de sazón, cuando sabemos que en los cocos, no maduros, y llamados vulgarmente COCOS DE AGUA, la comida interior es una tela blanca, semi-transparente y muy sabrosa al paladar. Y don Nicolás Estévanez, antiguo profesor del Ateneo militar de Madrid, asegura[79] que el pequeño grupo de islas de Barlovento llamado SANTOS, debe su nombre á la circunstancia de haber sido descubierto por Colón el día de Todos los santos, cuando sabemos positivamente, que el 3 de noviembre, al amanecer, divisó por vez primera á DOMÍNICA, y que el primero de noviembre, día conmemorativo de Todos los Santos estaba aún el crucero sin divisar tierra alguna; viniendo á sospecharla el Almirante el 2 por la tarde. Y por este estilo muchos errores relativos á América.
No es tan sólo respecto á Puerto-Rico, que ha sufrido don Martín Fernández Navarrete algunos errores. La ímproba tarea de recopilar y anotar los viajes verificados por los españoles en dos siglos, era empresa árdua, y aparejaba tropiezos y dificultades. Por eso vemos al señor Navarrete claudicar á veces. Al decidirse por cuál fuera la verdadera GUANAHANÍ, escoge á GRAN TURK, ligereza imperdonable, como dice Montojo, en un hombre tan eminente como el sabio marino[80]. Y al fijar el punto de Cuba donde arribara el Almirante, en su primer viaje, significa el puerto de NIPE; y el fluvial al cual bautizara Colón _rio de la Luna_, al puerto de BANES. Equivocaciones de bulto; pues el puerto de Cuba, al cual puso Colón el nombre de SAN SALVADOR, y donde fondearon las carabelas en su primera exploradora empresa, fué en el de GIBARA; y el _rio de la Luna_ fué el actual puerto de MANATÍ. Hechos comprobados sin dudas ni vacilaciones algunas por Varnhagen[81], Leyva[82] y Montojo[83].
He aquí la Carta interesantísima del físico de la Armada, Diego Alvarez Chanca, dirigida desde la Isabela, al Cabildo de Sevilla: