Cabos sueltos: Literatura y lingüística
Part 14
Regla 5.ª. «Toda vocal débil forma azeuxis con la vocal tónica siguiente, cuando cada una pertenece á distinto elemento componente». Pero el pueblo en España diptonga siempre estas combinaciones: _cariharto_, _diez y ocho_; los ejemplos aducidos sólo prueban que los poetas hacían también mangas y capirotes de la pronunciación vulgar.
Regla 6.ª. «_Uá_, _uó_ son siempre azeuxis, si no van detrás de consonante gutural». Esta regla va también contra la tendencia castellana vulgar, que diptonga siempre estas combinaciones, hasta el punto de haber perdido la _u_ los vocablos latinos que pasaron al castellano vulgar. La estadística que trae el autor no decide nada más, sino que nuestros poetas emplearon preferentemente la diéresis en _suave_, _suntuoso_, _virtuoso_, etcétera, por seguir la tendencia latina, creyendo así pronunciar fino, como algunos pedantes hoy día.
Regla 7.ª. «_Iá_, _ió_ derivadas de _ía_, _ío_, ó adyacentes á la primera consonante (ó combinación primera de consonantes) del vocablo, son también azeuxis». De esta regla digo lo mismo que de la anterior.
Regla 8.ª. «_Iá_, _ió_, fuera de los casos dichos, y las combinaciones _ié_, _ué_ no derivadas de azeuxis, son generalmente diptongos». Es conforme á la tendencia castellana de que las débiles con gruesas acentuadas formen diptongo.
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Los principios de la combinación castellana del habla vulgar, tales como se desprenden del estudio fonético (_La Lengua de Cervantes_), se reducen á estos:
1.º. Toda agrupación de vocales, sin acento, forma diptongo. Tal es la 1.ª regla del autor, seguida también por los poetas, aunque con excepciones.
2.º. Toda agrupación de vocales, forma diptongo, si el acento va sobre la gruesa; y no lo forma, si va sobre la débil.
Tal es la razón de la 2.ª y 3.ª reglas, con excepciones entre los poetas.
3.º. Los grupos _uí_, _iú_ forman diptongo vulgarmente; en los poetas hay variedad.
4.º. Los grupos _uá_, _uó_, _ué_; _iá_, _ió_, _ié_ son diptongos vulgarmente, como que entran en el principio 2.º. Los poetas tendieron algo á la diéresis del latín literario en ciertos casos.
5.º. En castellano vulgar las combinaciones de vocales son las gruesas _a_, _o_, _e_ con las débiles _u_, _i_, ó estas dos entre sí, considerándose _u_ como gruesa, _i_ como débil; cuando por _u_, _i_ había _o_, _e_, se convirtieron en _u_, _i_. Los poetas admiten vocablos con cualesquiera combinaciones de vocales, porque son vocablos extranjeros que emplean sin pasarlos por la hilera fonética del castellano.
¿Qué deducir, pues, del estudio del Sr. Robles? Que el método es excelente, puesto que ha formado una trabajosísima estadística con los datos de la Biblioteca de Rivadeneira, la cual, sea dicho de paso, no siempre es exacta en sus textos. Que de esta labor ha sacado las tendencias de nuestros poetas clásicos, en parte conformes al ingenio del castellano, en parte conforme al ingenio del latín literario y contra el castellano.
Pero hoy día la tendencia es á seguir el ingenio del castellano, expuesto en los principios precedentes, y á considerar como licencias poéticas los casos en que se va contra él. Lo cual es muy de alabar, no cabe duda. No son, pues, nuestros clásicos los que tuvieron en esta parte más cuenta con la sonoridad de nuestro idioma, como declara el autor, ni han de ser en ello imitados: la sonoridad del castellano pende precisamente de sus propios principios fonéticos, no de los del latín, que en este punto son menos perfectos y naturales, como puede verse por lo expuesto en _La Lengua de Cervantes_.
Al fin y al cabo, pedantismo fué anticastellano en nuestros poetas el sacar de quicio el silabismo castellano, por acercarlo al latino. Sólo pueden alabar el hecho los que piensan que la perfección de nuestro romance está en llevarlo por esa orientación, en latinizarlo. Para los lingüistas, que saben apreciar los idiomas como organismos que se desenvuelven conforme á principios propios, todo eso no es más que pedantería, artificio, hibridez, confusión y degeneración.
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SIR WILLIAM JONES Y LORENZO HERVÁS Y PANDURO
Al rayar los primeros albores de la lingüística moderna, en la segunda mitad del siglo XVIII, una misma generación produjo en Inglaterra y España estos dos insignes varones, predestinados por el mismo sino á correr parecida fortuna y llegar á la misma meta. Los cuarenta y ocho años de la vida de Jones y los setenta y cuatro de la de Hervás forman dos círculos concéntricos, paralelos, con la distancia de una docena de años. Nació primero Hervás, el 1735 en Cuenca, y murió lejos de su patria, en Italia, el 1809: más joven de once años, Jones vió la luz en Londres el 1746, y falleció en la India el 1794, quince años antes que Hervás. Larga educación lingüística ocupó los primeros años de entrambos, á entrambos una fortuita casualidad los llevó á tierras lejanas y los puso en circunstancias las más propicias para que la misma afición al estudio de las lenguas que los alentaba diesen rico y sazonado fruto. Inclinado el inglés, como hijo de su raza, á estudiar el lenguaje en sus manifestaciones concretas, en los idiomas y literaturas orientales, el español, como hijo de la suya, se dió á filosofar sobre ellos con miras más generales y levantadas: así naciones de tan encontradas tendencias produjeron ingenios, desemejantes en los derroteros y maneras de mirar el mismo objeto, pero tan parecidos en las aficiones y en la vasta erudición, como en el término final adonde llegaron.
Á poco de emprender sus primeros estudios en Harrow, mal avenido Jones con las tradicionales rutinas de escuela, dedícase en particular al árabe y al hebreo, y aprovecha las vacaciones para aprender el francés y el italiano. Pasa en 1764 al University College de Oxford, y á la par de los estudios clásicos añade él por su cuenta los del árabe, del persa valiéndose del sirio Mirza, del italiano, del castellano, del portugués, y luego del alemán y del chino. Á los treinta y dos años de edad era un orientalista de general nombradía. En 1770 publica la traducción francesa en dos volúmenes (nuev. edic. 1790) de la vida de Nadir Chah, escrita en persano; luego un tratado en francés de poesía oriental y la versión en verso de las odas de Hafiz. Habiéndola emprendido contra la Universidad de Oxford Anquetil Du Perron en la Introducción de su traslado del Zend Avesta, salió en su defensa Jones con una carta anónima en tan elegante francés, que la atribuyeron á algún _bel esprit_ de París. Publicó el mismo año la _Gramática persa_, en 1772 poesías vertidas de varias lenguas orientales, en 1774 los _Poeseos Asiaticae commentariorum libri sex_, y de 1780 á 1781, mientras ejercía la magistratura, tradujo el _Moallakât_. Obtenida la administración de Shelburne, llega á Calcuta, donde funda en 1784 la _Asiatic Society_, de la cual fué presidente hasta que murió. Celebérrima ha sido en los fastos de la filología y lingüística esta Sociedad, fecundo plantel de egregios indianistas, fuente de la cual se derivaron y llegaron á Europa los tesoros literarios del Oriente. Con el intento de consultar el texto original de las leyes de aquella tierra estudió Jones el sanskrit, lengua clásica y religiosa de los Brahmanes. En 1788 empezó la colección de leyes indianas y mahometanas, que Colebrooke terminó en 1800 con el título de _Digest of Hindu Laws_. En 1787 publicó el primer tomo de las _Asiatic Researches_, la versión del drama Sakuntalâ, la joya del dramaturgo Kâlidâsa, del Hitopadeça de Gitagovinda, del poema herótico de Jayadeva, de parte del Veda y del Ritusamhâra, poemita de Kâlidâsa; y en 1794 la versión de las Leyes ó _Institutes of Manu_. Las obras completas de Jones se publicaron en seis tomos en cuarto el 1799, y en 13 volúmenes en octavo el 1807.
La ciencia del lenguaje será deudora eterna al lingüista inglés por dos cosas de trascendencia suma: por haber sido el primero que de una manera manifiesta, competente y oficial declaró en 1786 el íntimo parentesco entre el sanskrit y las lenguas de Europa, dando á entender cuanto podía prometerse la lingüística del estudio comparativo de todas estas lenguas; en segundo lugar, por haber fundado la Sociedad Asiática de Calcuta, donde se formaron los grandes maestros de los estudios indianos, y de donde salieron los libros, ya originales, ya traducidos, que sirvieron de materiales para los estudios de la Gramática comparada indo-europea. Ésta segunda es la gran obra de Jones, puesto que el parentesco del sanskrit con nuestras lenguas era tan manifiesto que lo vieron ya los primeros europeos que llegaron á conocer la lengua de los brahmanes; Roberto de Nobili, que fué allá en 1606; Heinrich Roth, que volvió á Roma en 1666 y enseñó al P. Kircher el alfabeto sánskrito, incluído en su _China Illustrata_ (1667); los misioneros enviados en 1697 por Luis XIV, sobre todo el P. Coeurdoux, como se ve por las respuestas que desde el 1767 daba á las preguntas que le hacían el Abbé Barthélemy y Anquetil Du Perron; en fin, Paulino á Santo Bartholomaeo, carmelita alemán, que imprimió en Roma el 1790 la primera Gramática sánsckrita. Más tarde, el 1808, en _El lenguaje y sabiduría de los Indios_, llamó Federico Schlegel lenguas _Indo-germánicas_ á las de la India y Europa, y avivó más y más la afición por estos estudios. Finalmente Francisco Bopp, aprovechándose de las obras de Jones, Wilkins, Carey, Forster, Colebrooke, maestros todos de la Sociedad Asiática de Calcuta, compuso su famosa _Gramática comparada_ desde el 1833 al 1852, con la cual quedó fundada la lingüística moderna.
Más escondida fué la vida de Hervás en la Compañía de Jesús, siguiendo los estudios de su Orden y trabajando como misionero en América, hasta que llegado á Italia con los demás jesuítas expulsados por Carlos III, logró la rara ocasión de verse entre compañeros, que se habían allí reunido de todas las partes del mundo, entre ellos misioneros que conocían toda suerte de lenguas, que habían compuesto Gramáticas y Diccionarios, que hablaban y se habían ejercitado por muchos años en los más peregrinos idiomas de América, África, Asia y Oceanía. Allí sus aficiones lingüísticas, sus ansias de allegar todo género de erudición, su ingenio investigador, comparador, sintetizador, hallaron largo pasto y satisfacción cumplida.
Desde 1784 á 1787 fué publicando en Cesena sus obras, que después tradujo, mejorándolas, al castellano. El _Catálogo delle lingue conosciute e notizia della loro affinitá e diversitá_ en 1784, cuya edición castellana de 1800-1805 puede considerarse, por sus aumentos, como obra distinta; el _Origine, formazione, mecanismo ed armonia degl’idiomi_, 1785; el _Vocabulario poliglotto con prolegomeni sopra più di 150 lingue_, 1787; el _Saggio prattico delle lingue_, 1787. Pero todas estas obras son parte de una á manera de enciclopedia filosófica, intitulada _Idea dell’Universo_, en 22 tomos, entre los cuales están la _Storia della vita dell’uomo_, _Elementi cosmografici_, _Viaggio statico al mondo planetario_, _Storia della terra_. Desde el tomo XVIII comienzan las de filología, entre las cuales la _Aritmetica delle nazioni e divisione del tempo fra gli Orientali_. El _Catálogo de las lenguas_ comprende en la edición castellana 6 volúmenes y quedó sin terminar.
Hervás tenía ingenio filosófico, y aunque sus particulares aficiones le llevasen al estudio de las razas y pueblos, es decir, de lo que se llamó filología, y en particular de sus lenguas, que es la lingüística propiamente dicha, abarcó campos tan inmensos y con ojeadas tan generales, que no pudo profundizar por el análisis, como después lo hizo Bopp, en las leyes fonéticas que rigen la evolución de los idiomas y es la única clave segura para ver sus derivaciones, afinidades y entronques. Con todo, su erudición inmensa, que abrazaba á más de 300 lenguas, su rara penetración, su mismo talento generalizador y filosófico le llevaron á descubrir el parentesco de la familia semítica, el de la turania, el de la malayo-polinesia y el de las indo-europeas. No menos que Jones, proclamó «la importancia de las lenguas y mitología del Indostán para entender la de los persas y griegos». Desterró para siempre la comparación léxica por la cual tanto se había desbarrado hasta entonces al emparentar las lenguas, é introdujo el principio de la comparación gramatical ó morfológica. No es necesario repetir los elogios que de él hacen Wiseman, Volney, Pott, Max Müller y otros; pero tampoco se le ha de llamar á boca llena el padre de la lingüística.
Ni Hervás ni Jones fueron unos genios. Ambos derramaron demasiado su atención y esfuerzos para poder penetrar un solo asunto y desentrañarlo, como sin duda lo hubieran hecho á limitar más el campo de sus observaciones. Hervás era demasiado filósofo, Jones demasiado filólogo: la pura lingüística hubo de resentirse. Jones conoció bien 30 lenguas, tuvo no vulgares nociones de otras 28, poseyó una erudición en las literaturas orientales asombrosa y una gran potencia para asimilarse y reproducir toda suerte de noticias; pero ninguna originalidad ni en descubrir verdades nuevas, ni en exponer mejor las ya sabidas. Observador positivista de los hechos, como buen inglés, aunque con la desventaja de no haber concentrado sus fuerzas y trabajos en un solo punto. Hervás los desparramó todavía más comparando infinidad de lenguas y filosofando sobre otros puntos de antropología, de etnografía y hasta de fisiología é historia natural. Como buen español, se levantó harto sobre los fenómenos, fué más filósofo que mero observador. Resumamos.
Franz Bopp es el verdadero padre de la ciencia del lenguaje, como inventor del severo análisis lingüístico y como fundador que aplicándolo echó los cimientos y levantó las paredes maestras del edificio: Sir William Jones y Lorenzo Hervás y Panduro podemos decir que fueron sus más inmediatos precursores. El lingüista inglés señaló el terreno y emplazamiento de la obra con el descubrimiento de lo que el estudio del sanskrit podía dar de sí, comparándolo con las lenguas europeas, y fundó la Asiatic Society de Calcuta, seminario de obreros aparejadores que suministraron á los lingüistas europeos y en particular al mismo Bopp los materiales brahmánicos de los cuales se habían de servir. El lingüista español levantó el andamiaje reuniendo las infinitas lenguas del globo, clasificándolas, distinguiendo sus familias y entronque, y orientó las obras de fábrica fijando de una vez para siempre la dirección del estudio comparativo de los idiomas en el elemento morfológico ó gramatical, en vez del lexicológico, en el cual se había estudiado hasta entonces.
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EL PRIMER CONGRESO DE LA LENGUA CATALANA
Ó que el desinterés y frialdad con que estos estudios se miran por el común de los lectores, ó que cierta suspicacia harto de lamentar y algún resquemor en parte pueril é infundado, ello es que quizá uno y otro, y esto y lo de más allá, me sospecho que han atajado las plumas de los periodistas para no alargarse, cual la cosa lo merecía, en lo tocante al Congreso de la Lengua Catalana, habido los días 13, 14, 15, 16, 17 y 18 del pasado Octubre en Barcelona. Tiempo ha que cuanto nos viene de allá trae consigo un cierto olorcillo á enemiga por Madrid y el resto de España, ribeteada, ó si se quiere, estofada, con dejos de separatismo, que, á la verdad, á los españoles de corazón nos atufa y nos apesta: los buenos españoles de Cataluña, si serenamente lo miran y meten la mano en el pecho, convendrán en que hay alguna razón para ello y me la darán, aunque no sea más que á boca cerrada. Á boca llena con todo eso, Dios loado, podemos, al menos por esta vez, congratularnos todos, ellos y nosotros, y discurrir reposadamente sobre lo que este Congreso nos dice y enseña para la cultura española. Acontecimiento literario y filológico, que ha sobrepujado las esperanzas de los que lo organizaron, ajeno y desnudo de todo color político ó de otros bastardos intereses. El alma catalana, que alienta en diversas provincias y territorios de distinta nacionalidad, ha vibrado aquí al unísono, se ha recogido y doblado sobre sí misma, y contenta y muy pagada de lo conseguido desde el reciente renacimiento literario, ha tomado nuevas alas y bríos para lo venidero. Abierto por el Alcalde de Barcelona, cerrado por el Presidente de la Diputación, coronado por el descubrimiento de una lápida al soberano vate Verdaguer, orlado por la rica exposición bibliográfica, regocijado y festejado por el Orfeón catalán y las populares sardanas, el _Garden-party_ en el Parque de Güel y la función histórica del Teatro Catalán, el Congreso ha resultado brillante y serio á la vez, ha sido al par que una reunión de toda la familia catalana y de sus mejores amigos, un consejo de sabios y eruditos.
El Congreso no se propuso definir ni acotar, decretar ni determinar nada en particular: todo eso es contrario al espíritu democrático catalán, y probablemente inútil en actos de este género, cuyo fruto natural y espontáneo no está en las cacareadas decisiones prácticas que no suelen llevarse á ejecución, sino en ese encendido anhelo y aliento divino que brota en el pecho de cuantos se reúnen con algún propósito levantado y nacido de las aspiraciones de todos, aliento que se comunica entre ellos y hierve y rebulle y arrebata á no esperadas empresas. Estos Congresos, como las Exposiciones industriales, son unos como balances científicos que ponen de manifiesto el estado presente de los estudios en aquella rama del saber de que se trata, y un programa para orientarlos en adelante. Con razón pueden enorgullecerse los catalanes de lo uno y alentarse con las esperanzas de lo otro. La literatura y el estudio de la lengua catalana han ganado tanto en poco tiempo, son tan sobresalientes sus obras literarias y lingüísticas desde mediado el siglo XIX, en que hay que poner el renacimiento de las lenguas literarias de estirpe provenzal, comenzado por los _Felibres_, con su famosa Sociedad lingüístico-literaria, fundada en 1854, que ni hay para qué detenerse en ello, ni habría vagar para hacerlo, aunque fuera en cifra y sucintamente, en un solo artículo.
¿Quién no ha oído celebrar á sus principales campeones, Rubio y Ors, el Gayter del Llobregat; Milá y Fontanals, el maestro más enterado de los trovadores provenzales; Verdaguer, la flor más delicada de la poesía mística moderna; Víctor Balaguer, sus fundaciones y obras, y sobre todo el apóstol más entusiasta del catalán, el que recorría las aldeas y ciudades, los montes y los llanos, en rebusca de vocablos populares, Mariano Aguiló, gloria de la Biblioteca provincial y de la Universidad barcelonesa? Tras éstos, que pasaron, no hay persona culta en Cataluña que no haya saboreado los elegantes escritos de los dos mejores prosistas, Ruyra y la escritora de Escala en Gerona, que se ocultó tanto tiempo bajo la firma de Víctor Catalá. No son menos conocidos como lingüistas Nonell, Fabra, Grandia y Alcover, alma este último del Congreso y su primer iniciador, y á cuya laboriosidad deberemos, si Dios le conserva los años y fuerzas que tamaña empresa requiere, el grande y universal Diccionario de la lengua catalana y de todos sus dialectos, literarios y vulgares, antiguos y modernos.
Pero en el Congreso se han dado á conocer como verdaderos lingüistas otros nombres que no sonaban. No quisiera ofender á los que callo, pero no puedo menos de recordar los del farmacéutico de Tarrasa, Sallent; de los dos presbíteros del Rosellón, Casaponsa y Blazy; del jesuíta Casanovas; del franciscano Fullana, Provincial de su Orden en Valencia, y del archivero de Perpiñán, Pedro Vidal.
De todas partes han concurrido personas estudiosas y amantes de la lengua catalana. Alguer de Cerdeña estuvo representado por el poeta Ciuffo, el gramático Palomba y el lingüista Dr. Guarnerio, profesor en la Universidad de Pavía; el Rosellón por tres sacerdotes y varios seglares, todos competentes, sobresaliendo los sencillos y simpáticos mosén Casaponsa y D. Pere Vidal; Mallorca por D. Antonio María Alcover, mosén Miguel Costa, maestro en Gay Saber, el Sr. Obradors, etc., etc.; Ibiza por don Vicente Serra, Canónigo y Rector del Seminario; Valencia por el laureado poeta don Teodoro Llorente, el Dr. Manxo de aquella Universidad, el P. Fullana, etc.
El amor á Cataluña, á su lengua y literatura, en el resto de España, en Francia, Bélgica, Portugal, Italia, ha llevado al Congreso á no pocos eminentes romanistas y filólogos. Baste citar á Foulché del Bosch, Calmette, Counzon, Lima Duque, Saroïhandy y Bonilla. Memorias y sobre todo adhesiones llegaron hasta de Roma y San Petersburgo. El Congreso ha sido, por lo mismo, internacional, no sólo por haber tomado en él parte el Rosellón de Francia y Alguer de Italia, sino porque han acudido sabios de distintas nacionalidades; ha sido numeroso, llegando á 3.000 los admitidos, y no más por no tener mayor cabida el teatro.
Lo bueno siempre es digno de imitarse. ¡Qué bien vendría en Madrid un Congreso de filología y lingüística castellana! El terreno quizá no está aquí tan en sazón como debiera; pero en cambio los hispanistas de fuera de España son tantos y tan eminentes, que pudieran venir con esa coyuntura á levantar nuestros ánimos decaídos. Triste muestra de descaecimiento, en verdad, que el ambiente sobrepuje al organismo, y que de fuera hayan de traerse los remedios que infundan vigor y vida en el cuerpo enfermo, cuando la vida y el vigor de todo organismo sano y robusto ha de salir del centro irradiando hacia la periferia. Por allá, por Cataluña, es por donde más se oye aquello de que en Madrid no se hace más que política, mientras que en las provincias costaneras se hace hierro y tejidos. Algo de eso pudiera haber. La primera Exposición industrial habida en España fué barcelonesa; los bilbaínos tendrán tal vez la segunda. Lo que no nos podíamos prometer era que el catalán, para quien _la cuestión son cuartos_, tuviera también tiempo y humor para un Congreso científico, y menos filológico-lingüístico. ¿Qué cuartos, ni qué niño muerto, puede dar eso de sí? Pero la vida se manifiesta en todos los órdenes de cosas. La espada, que á las veces echó las zanjas de la grandeza de las naciones, afiló las plumas y despertó los ingenios; la riqueza, tal vez debida al natural ahorrativo y aun tacaño, pudo ser base de una brillante cultura. El pueblo de la meseta castellana no tiene otra riqueza que la envuelta en los pergaminos de su hidalguía trasañeja, ni siquiera otras aficiones mercantiles ni industriales que las del Caballero de la Tenaza y del dómine Cabra, ó las del Buscón y de Guzmanillo. Es, en punto á alientos, la marmórea estatua yacente, que en su magnífica soledad y en su secular silencio aguarda sosegada y señorilmente á que los curiosos y turistas vengan á quitársele la gorra, á deshacerse en encomios y á dejar algunas monedas en el cepillo para su entretenimiento y conservación. Sería una insulsez abogar en Madrid por un Congreso de lengua castellana, si de los de casa hubiéramos de prometernos la menor cosa.