Ausías March y su época

Part 3

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[29] El Sr. Ferrer dice en su discurso que Pedro March otorgó su testamento en Játiva en 1413. Del documento señalado en los Apéndices con el n. 2, que por vez primera sale á luz pública en este trabajo, se desprende que debió morir quizás en dicho año ó á principios del siguiente en la ciudad de Balaguer, á cuyo sitio asistió sin duda como criado que era de la casa de Alfonso de Aragón, duque de Gandía, que estuvo al servicio de Fernando de Antequera en aquella jornada, de triste recordación para los catalanes.

Hé aquí la primera estancia de una de sus obras morales, que como para confirmar el dicho del mencionado Santillana, de que Pedro March «fizo asaz fermosas cosas», copia íntegra el señor Milá[30]:

Al punt c' om naix comence de morir E morint creix e creixent mor tot dia, E un pauch moment no cessa de far via, Ne per menjar ne jaser ne dormir, Tro per edat more descreix amassa (?) Tan qu' aysi vay al terme ordenat Ab dol, ab guaig, ab mal, ab sanitat, Mas pus avan del terme null hom passa.

[30] Op. cit. Vide además acerca de los dos March, Jaime y Pedro, á TORRES AMAT, _Dic. de AA. catalanes_, y á FERRER en el _Discurso_ citado.

COETÁNEOS DE AUSÍAS MARCH

En el transcurso de breves años, ó por ventura en los mismos días, lamentábase Ausías March de que era escaso el número de poetas:

En gran desfals es lo mon de poetes Per embellir los fets dels que be obren[31],

y declaraba Sors sentirse embarazado por tener que hablar ante la corte poética de Alfonso V,

Car veig m' entorn tan gentil trovador[32].

[31] _Obras morals; Stramps_, pág. 136, ed. de 1540.

[32] Citado por el Sr. Milá, pág. 156.

Si entendía el amante de Teresa hablar de la escasez de los que consagrasen especialmente su numen á divulgar y poner por encima de las nubes los hechos gloriosos de los hombres de su tiempo, por todo extremo justa, mal que nos pese confesarlo, era su queja. Si tan sólo pretendió afirmar que en comparación de otras épocas era la en que él floreció pobre en trovadores, en este caso, más que al dictamen suyo, por de peso que sea, nos inclinamos al del trovador de la corte del conquistador de Nápoles; y á su ejemplo y cual él nos sentimos embarazados, puestos en presencia de la muchedumbre de vates que por aquellos tiempos florecían, para escoger, ya que no sea posible ni necesario á nuestro propósito hablar de todos, los más granados de entre ellos y los que mejor caracterizan la escuela poético-catalana en el que es el segundo y, sin duda alguna, el más fecundo y brillante período de los tres en que dividíamos hace poco dicha escuela.

Y al llegar á este punto, y antes de hablar de dichos poetas y del que es sin disputa el primero y más original de los de la XV centuria, no ya únicamente en nuestro particular Parnaso, sinó hasta en el más fecundo y rico en ingenios de Castilla, parécenos oportuno y á nuestro propósito casi necesario, antes de ocuparnos en Ausías March, y de deducir del estudio y crítica de sus obras el carácter de la escuela á que pertenece y de la cual es la expresión más genuina y el más perfecto representante, según más arriba dejamos indicado, apuntar en breve resumen la naturaleza y principales rasgos de aquella escuela, más que en ninguno de sus períodos, visibles y hondamente marcados, en el que va por pocos momentos á ocuparnos. Y como con más acierto que pudiéramos nosotros lo ha hecho el que es consumado maestro en literarias disciplinas, y en lo que se refiere á las catalanas letras sobresaliente, nuestro estimado amigo el autor de la _Breve resenya_, tantas veces aludida, nos limitaremos á trasladar aquí, vertido al castellano, el pasaje de ésta que se refiere al sujeto que nos ocupa, seguros de que nos lo han de agradecer nuestros lectores y que ha de ganar no poco en ello esta parte de nuestro trabajo.

«Si hubiésemos de dar una respuesta meditada á quien nos preguntase qué opinamos de la naturaleza y mérito de dicha escuela poética, deberíamos en primer lugar advertir que no era aquella una poesía popular ó natural, sinó una poesía verdaderamente artística, es á saber, que atendía no poco á la habilidad ó maestría de los poetas, ó sea á los primores y á la dificultad en la ejecución y á evitar toda falta, fuese grave ó de escasa monta; por manera que los méritos de las composiciones han de buscarse principalmente en las bellezas de lenguaje y de versificación. Ni pretendemos decir con esto que el lenguaje poético de nuestros trovadores tenga aquella delicadeza del de los provenzales, que le daba muchas veces cierto aire de obra musical, ya que el de aquéllos era, si cabe decirlo así, más tirante (perdónesenos el vocablo) y dispuesto de una manera casi mecánica; pero también es verdad que estaba muy bien ordenado, sujeto á determinado compás y que sabía expresar lo que el poeta quería.»

«Nuestra poesía era más obra de estudio y de cabeza que de corazón y de fantasía; lo cual provenía de su propia naturaleza, de la atmósfera en que vivía, del genio pensativo y poco aficionado á flores de los hijos de este país. Han de exceptuarse, sin embargo, de esta regla general muchas composiciones, pues sucedía no pocas veces que la fuerza de los efectos rompía las trabas con que los sujetaban las prácticas de la escuela.»

«Y pasando á ocuparnos, continúa diciendo, en la materia ó argumento de las obras, échase de ver desde luégo, y así en la nuestra como en otras muchas escuelas, que no pocas veces (sobre todo en las amorosas) ocupa el lugar de los verdaderos afectos cierta gentileza cortesana. Y en este punto debemos advertir que si bien doctos escritores han creido, no sin razón, que era preferible aquella gentileza á la expresión de groseros apetitos, propia de los antiguos poetas paganos; y si bien es cierto que los nuestros muéstranse más limpios que los viejos trovadores provenzales, no hay que figurarse por eso que los usos cortesanos anduviesen siempre por el más recto camino, sinó que por el contrario, poco de lo que recogen los historiadores de nuestra literatura puede ofrecerse como modelo á los jóvenes que desean adelantar en el estudio de la gaya ciencia. Por lo que respecta á la parte literaria, no puede negarse que semejante gentileza produjo más abundancia de obras, y muchas asaz elegantes y primorosas; pero también es cierto que multiplicó las de escasa importancia, y los que la ciencia de los retóricos apellida _lugares comunes_.»

* * * * *

«Por lo que hasta aquí llevamos expuesto, termina diciendo después de haberse ocupado en las especies de poesías más usadas en aquellos tiempos, no es difícil conocer cuál es nuestra opinión acerca de sus méritos, y que ahora más paladinamente manifestaremos. Nuestra escuela tenía los defectos de todas las escuelas de trovadores, y esos defectos procedían del equivocado concepto que se habían formado de la poesía, cuyas fuentes buscaban más bien en una mal entendida ciencia, en ciertas ideas convencionales y en un arte material, que en el peculiar ingenio de cada poeta y en el amor de la natural belleza. Sin embargo, la misma escuela nos ofrece en abundante copia en muchas de sus obras toda clase de primores; juiciosas y graves sentencias; pensamientos con gran maestría expresados; arranques de vivo afecto, lenguaje gentil y elegante y bellezas de ejecución que nos traen á la memoria que era aquella la época del gótico más florido y del comienzo del renacimiento artístico. Y por más que con exceso abundasen ciertos géneros y determinadas materias, y que á causa de leerse juntas muchas obras del mismo tiempo se advierta á veces en algunas sobrada uniformidad, nótase en otras bastante variedad y riqueza. Así es que, tomadas en cuenta todas las circunstancias, no trocaríamos nuestra escuela por ninguna otra de trovadores; y si bien no podemos enorgullecernos de poseer ningún Dante, podemos proclamar algunos nombres, no tan sólo de diestros é ingeniosos versificadores, como Valmanya, Sors, Romeu Lull, Gazull y otros, sinó de verdaderos poetas, tales como Pedro March, maestro en poesía moral, Jordi, autor de algún canto de no escaso precio, Corella, que es quien más se aproxima al estilo de la moderna poesía, y sobre todo Ausías March y Jaime Roig, que nos exigen más detenido estudio[33].»

[33] Pág. 135 y siguientes.

Que además de los caracteres especiales y de los rasgos fisonómicos que dan determinada y propia vida á la poesía catalana en aquel su segundo período, se revela también en ella, al igual que en el período anterior, la influencia de extrañas literaturas, en especial de la italiana y de la clásica, una y otra más conocidas y estudiadas desde que, á consecuencia de la conquista del reino de Nápoles por Alfonso V, se hicieron más frecuentes las relaciones políticas y literarias entre las comarcas orientales del reino aragonés y la Italia, no hay necesidad de apuntarlo. Y si bien va disminuyendo la influencia de la literatura provenzal y no es tan visible cual en la anterior centuria la de la literatura francesa, en cambio adviértese, sobre todo después de la muerte de Ausías March, ó sea desde la segunda mitad de su siglo, la de la poesía castellana, resultado natural del advenimiento al trono de Aragón de la dinastía de Trastamara y del frecuente trato, en la corte de aquel soberano, de los trovadores de Castilla y catalanes, á quienes por igual prodigaba sus favores, y más adelante de la unión de las dos coronas, aragonesa y castellana, al heredar los estados de su padre D. Juan, Fernando II.

Indicábamos hace un momento lo embarazados que debíamos hallarnos para escoger entre la muchedumbre de poetas de aquel tiempo, de que se conservan obras en los antiguos cancioneros de Paris y Zaragoza, los más notables y que mejor y más claramente caracterizan nuestra escuela poética en el mencionado período. ¿Á quiénes, en efecto, conceder los primeros asientos alrededor de Ausías en el coro de poetas que éste preside y por encima de los cuales tan alto brilla, entre el fecundo Torrella, el grande admirador del amante de Teresa; Leonardo de Sors, en una de cuyas más importantes obras no puede menos de reconocerse la influencia del Dante; los dos Masdovellas; el laureado Antonio Valmanya, en alguna de cuyas rimas se revela no menos conocimiento de las producciones de los grandes maestros de las letras italianas, que de los más señalados poetas de la literatura latina; Johan Fogassot, apasionado admirador del desgraciado príncipe de Viana, en cuya muerte escribió una sentidísima elegía; Fr. Rocaberti, que fué de los poetas de su tiempo el que en su _Gloria de amor_ más de cerca siguió las huellas del autor de la _Divina Comedia_, imitándole, no ya tan sólo en el carácter alegórico que imprimió á aquella obra, sinó hasta en la forma de sus versos; el fecundísimo Romeu Lull, en quien se ve patente la influencia de Ausías March; Mossen Juan Roig de Corella; Mossen Bernardo Fenollar, Miguel Estela, y otros menos conocidos, y quizás más dignos de serlo, pero cuyas rimas dejaron perderse en el olvido la excesiva modestia de sus autores, ó la ninguna diligencia de sus contemporáneos en recogerlas y trasladarlas á la posteridad?

Aun á riesgo, sin embargo, de que desde el fondo de las ignoradas sepulturas donde yacen, al dispensar, sin quererlo, más honra á unos que á otros y á las obras de aquéllos mayor estima que á la de éstos, nos den voces los agraviados, protestando de la ligereza ó injusticia de nuestros fallos, hemos de hacer especial mención de los que, á nuestro juicio, sean dignos, no ya de compartir con Ausías su fama, ya que á este punto no llegó ninguno de ellos, sinó de que se les saque de la oscuridad ú olvido á que se les ha tenido por los extraños y hasta por los propios, vergüenza causa tener que confesarlo, condenados.

Y empezando por Romeu Lull, sin que se entienda que respecto de él y de los que vayamos sucesivamente citando nos propongamos someternos al orden cronológico, ni menos aún al de su respectivo mérito, imposible aquél hoy por la falta de datos biográficos, y éste, por lo poco que de sus obras sabemos, dificilísimo de fijar; y empezando, repetimos, por Romeu Lull, apenas conocido hasta que el Sr. Milá divulgó los títulos de sus composiciones en su _Resenya_ y que dió á la estampa el Sr. Briz algunas de ellas, religiosas y de amor[34], desde luégo podemos decir en su elogio, que le tenemos, á juzgar por las que de él nos quedan, por uno de los más abundantes poetas y diestros rimadores de su tiempo; y si bien en las poesías de aquel primer género nos parece que se le puede poner por debajo de Corella y de otros poetas de menos renombre, le tenemos por uno de los más afortunados y discretos imitadores de Ausías en las eróticas, y en especial en la que llora la muerte de su amada, á quien apellida alguna vez _Arxiu de seny_ y casi siempre _Par e sens par_, á la manera que aquél _Lir entre carts_ á la suya: en lo cual y en la afición que muestra á versificar en _estramps_ es imposible no ver claros indicios de haber tomado por modelo al trovador amante de Teresa. Hé aquí como muestra de ello la siguiente estancia:

Vingut es temps que 'n amor daré terme E mon parlar mudará novell lay Puys que l'a mort ab s' aspasa tan ferma Ha convertit tot mon delit en guay. Mon cant será per tot temps cridar ay Fins aurá fi ma dolorosa vida; Ja tarda molt la dolça departida Que desig tant que no-m par vinga may.

[34] Al publicar en 1868 en esta ciudad varios fragmentos de la ya citada ontología, hasta entonces de pocos leida, rotulada con el extraño título de _Jardinet d' Orats_.

Una composición suya en la cual, desmintiendo que hubiese hablado mal de su querida, pide que caigan sobre él, si no es verdad lo que dice, todo linaje de males, es, según el Sr. Milá, después de otras iguales ó parecidas de Bertran de Born, Petrarca y Mallol, la cuarta y última de su género. Véase su principio:

Si us he mal dit en pensar ni per obre No 'm do Deu be ni lo que li deman; Si us he mal dit la casa 'm caigue á sobre; Si us he mal dit muyra com á dampnat; Si us he mal dit veurem puga orat En l' ospital que ja mes lo seny cobre[35].

[35] _Jardinet d' Orats_, pág. 49.

Bien que separándose á veces del género y del estilo de las obras del príncipe de nuestros poetas, de quien debió ser, sin embargo, grande admirador, dado caso que tiene una llamada _Complanta de amor_ compuesta de trozos suyos, merece citarse entre los que más fama hubieron de lograr en su tiempo, no menos por sus versos que por ser de la servidumbre del príncipe de Viana, á Pedro Torroella, de quien existen varias composiciones en el _Cancionero_ de Paris y hasta veinte y dos en el de Zaragoza. Su obra más notable, y que no carece de importancia literaria, es su _Codolada_, según la llama Milá, que empieza:

Tant mon voler se 's dat (a) amors,

bastante parecida en su forma al _Conhort_ de F.R. Ferrer, y en la cual introduce como interlocutores hasta veinte y ocho poetas provenzales, castellanos y catalanes. Reservándonos para cuando hablemos de Jaime Roig ocuparnos en este linaje de composiciones, debidas á la influencia de la poesía occitánica, nos limitaremos á advertir aquí que por esta composición, bastante extensa[36], por la obra satírica que empieza:

Doleuvos enamorats E vestius tots vos de negre Car jo pens que us pendra febre Escoltant mes veritats, etc.

y por su poesía castellana, titulada _Condició de las donas_:

Quien bien amando persigue Dueny así mesmo destruye, etc.,

es por lo que dejamos de colocarle entre los poetas de la escuela de Ausías, aunque le tengamos por uno de los más notables de su época.

[36] Lo publicó por vez primera, que sepamos, copiado del _Cancionero_ de Zaragoza, el Sr. Balaguer en su _Historia de Cataluña_, tomo III, pág. 722 y siguientes.

Entre los que de más alto renombre en ella disfrutaron, y á quien uno de sus contemporáneos se adelantó á comparar no menos que á Virgilio, ocupa por ventura el primer lugar el valenciano Mossen Juan Roig de Corella. Si es cierto, como afirma el Sr. Ferrer y Bigué, que sostuvo amistosa correspondencia con el desafortunado príncipe de Viana, quien sobrevivió dos años al que lo fué de nuestros trovadores, bien puede colocársele entre los contemporáneos de éste, por más que alcanzase á ver los albores de la XVI centuria. Maestro en sagrada teología, aunque se revela su afición á las letras clásicas en las obras en prosa, por demás culta y limada, en que trató asuntos mitológicos[37], y que alguna vez como poeta empleara su lira en sujetos profanos, como lo prueban, entre otros, los versos en _estramps_ con que termina la llamada _Tragedia de Caldesa_[38], no indignos algunos de ellos de figurar al lado de los mejores de Ausías March, fué sin embargo la poesía religiosa la de su especial predilección y en la que dejó la mejor muestra de su ingenio, al par que la más acabada y tierna composición que en dicho género nos ha legado la escuela poética catalana del siglo XV. Nos referimos á la intitulada: _Oració á la Senyora Nostra tenint son fill Jesus á la falda devallat de la creu_, y de la cual ponemos como muestra su primera estancia:

Ab dolor gran que nostres pits abeura, E greu dolor qu' el nostre cor esquinsa Venim á Vos, filla de Deu é mare, Que nostra carn dels ossos se arranca, Hi 'l sperit desija l' esser perdre, Pensant que, mort per nostres grans delictes, Ver Deu é hom lo fill de Deu é vostre, Jau tot estés en vostres castes faldes.

[37] Tales como las producciones tituladas: _Lo Rahonament de Telamó é de Ulises sobre las armes de Achiles; Lo plant dolorós de la reine Hecuba sobre la mort de Priam; La Istoria de Leander; La lamentació de Mirra filia de Sinara_, etc.—_Jardinet d' Orats_, pág. 93 y siguientes.

[38] Mourás corrent la tremuntana ferma E tots ensemp los cels caurán en trossos[C], etc.

[C] Jardinet d' Orats, pág. 119 y 120.

No conocemos, fuera de los versos ya citados, ni los demás de que hace mención en su artículo sobre este poeta el señor Ferrer, ni la traducción de la _Vida de Jesús_, escrita por el Cartujano, ni la de los Salmos, titulada _Epsalteri trelladat del llatí en romanç_, de que hace mención dicho crítico. Sin embargo, aunque no hubiese escrito más que aquella tan tierna como inspirada oración, que está muy por encima de las muchas poesías que de asunto religioso se escribieron en aquel siglo, nos asociaríamos al parecer de aquel escritor de que «no debe confundirse á Corella con la generalidad de los versificadores, sinó que merece especial mención entre los poetas del siglo de oro de la literatura valenciana.»

Otros varios poetas pudiéramos citar, como Fogassot, Valmanya, que siguieron con más ó menos fortuna el camino trazado por Ausías March, en particular en sus poesías amorosas,—no en su espíritu, que en esto no tuvo quien se le pareciese—sinó en la forma y giro especiales que dió á sus _esparsas_, y que por lo tanto contribuyeron con su ingenio algunos de ellos, con su numen todos, á dar esplendor y más marcada fisonomía á la escuela poética catalana. Sin embargo, como ni ésta se ofrece bajo un solo aspecto, ni es únicamente la influencia de March la que en ella domina, ya que, según dejamos indicado, muéstrase en la misma la de otras literaturas y la de otros géneros, dejaríamos sin terminar y sólo en una de sus partes bosquejado el cuadro que de aquel período literario estamos con mejor buen deseo que fortuna reseñando, si en otros de sus especiales y también característicos aspectos no nos ocupáramos. Pero como los poetas que más contribuyeron con sus producciones á imprimírselo ó que son la más genuina representación de los mismos, tales como Gazull, Fenollar, y sobre todo Jaime Roig, aunque alcanzaron los tiempos de Ausías, escribieron casi todos en la segunda mitad del siglo XV, y por consiguiente después de la muerte de aquel poeta, hemos creido deber interrumpir aquí por algunos momentos nuestra tarea, para proseguirla en ocasión que consideraremos más oportuna, á fin de ocuparnos ya en la vida y en las obras del inmortal amante y cantor de Teresa.

VIDA Y OBRAS DE AUSÍAS MARCH Y JUICIO DE ÉSTAS

De pocos ingenios que hayan alcanzado viviendo aún, el renombre del que es objeto de este nuestro estudio, habrá que lamentar más escasez de datos biográficos. Ni los contemporáneos suyos, que le tomaron por guía y modelo como poeta; ni los que después de su muerte le admiraron y reconocieron como maestro; ni los que más tarde, pero en tiempos en que vivían todavía en la memoria de las gentes los recuerdos de los sucesos de su vida, le tradujeron ó le comentaron, nos han dejado más que escasísimos datos acerca de su persona y de sus actos; ni él mismo, cual si creyese que, bastando para inmortalizarle sus poesías, no tenía necesidad para pasar á la posteridad más que de revelar su nombre,

Yo som aquell que 'm dich Ausías March,

se dignó hablar de su persona ni de los hechos de su vida, muy al contrario de lo que acostumbran hacer en nuestros tiempos muchos de los que se dan á sí mismos el nombre de poetas, quienes, atentos en demasía á que las generaciones venideras no ignoren las más insignificantes circunstancias de su existencia, revelan hasta aquellas cosas que, que para honra suya y respeto á la moral, hubieran debido permanecer ocultas. Lo único que en limpio sacamos de la lectura de las melancólicas estancias de Ausías es que, combatido su corazón por dos afectos, como el mar por dos encontrados vientos, acabó por elegir

..... per haber d' amor vida,

aquella en quien cifró todos sus deseos:

Si com la mar se plany greument è crida Com dos forts vents la baten egualment Hu de levant é l' altre de ponent E dura tants fins l' un vent l' ha jaquida Sa forsa grant per lo mes poderos; Dos grans desitjs han combatut ma pensa, Mas lo voler vers un seguir dispensa, Y yo 'l vos publich amar dretament vos;

(_Canto II de amor._—Aixi com cell.)

aquella que, siendo para él cual lirio entre cardos, fué por él amada como no lo ha sido mujer ninguna por otro hombre, y que habiéndole sido arrebatada por la muerte, la lloró con lágrimas cuya amargura templaba á veces la esperanza, no exenta sin embargo de duda, de que en el cielo, donde esperaba reunirse de nuevo con ella, gozaba más puros y duraderos amores.

Omitimos por impertinente y ya gastada la cuestión del origen, de la familia y de la patria de nuestro poeta. Tenemos al abolengo de los Marchs por de origen catalán; pero opinamos que se estableció, aunque por ventura no en todas sus ramas, en Valencia, donde logró heredamientos que le otorgaron don Jaime en tiempo de la conquista, y más tarde y por especial favor otros condes-reyes de Aragón; y por natural de aquel reino, por más que no podamos fijar el lugar de su nacimiento, á Ausías. ¿Cabe, en efecto, disputar la patria que le vió nacer, á quien por tan evidente manera la revela él mismo en sus obras?

La velletat en valencians mal proba, E no sé com yo fassa obra nova.

(_Canto VIII de muerte._—Obrir no puch.)

y si hubiese todavía algún catalán que, por exagerado y mal entendido amor patrio, se empeñara en sostener que lo es de aquel poeta Cataluña, le recordaríamos que Serra y Postius (1671-1748), á quien pocos de los que hoy viven podrán igualar en el amor y entusiasmo por las cosas de su tierra, escribió una disertacioncita encaminada á probar que Ausías no fué hijo de Cervera, ni de Barcelona, sinó que era, aunque de abolengo catalán, valenciano de nacimiento.