Adriana Zumarán (novela)

Chapter 15

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Se llevó a cabo, tres días después, la ceremonia del casamiento religioso. Adriana dejó que su madre y su tío dispusieran todo lo que a la situación convenía. Hubo que buscar a otro sacerdote, porque se negó rotundamente a consagrar la unión el que la primera vez viniera en balde. Muñoz ni siquiera pidió cuenta a su mujer de la huida a casa de las Aliaga. Y comprendió, ahora, aquellas palabras de Julio que tanto le habían intrigado: "La parte de la tierra ha de corresponderte a ti".

Laura, trasladada a la estancia, comenzó a mejorar, excitada por el sol y el aire áspero del campo. Pero tuvo una recaída y murió. Acaso no vino a sostener sus débiles fuerzas una suficiente voluntad de vivir.

Las Aliaga volvieron a la ciudad y al cabo de un año Carmen aceptó a José Luis Aguirre, aun cuando la persona de éste no coincidía con su secreto ideal... Pero al fin, menos apasionada que la pobre Laura, más resignada a la realidad del mundo y enseñada, además, por la verdad que parecían realmente encerrar los extraños temores y presentimientos de Zoraida, había cesado de cifrar esperanzas en el peligroso amor. Fingió por eso la común alegría de las novias y se casó. Como luego, poco a poco, su imaginación cesó de volar a las nubes, y por otra parte José Luis, aunque siempre presumido, era un marido excelente, concluyó por hallar en el mundo la relativa felicidad.

Adriana y Julio no volvieron a encontrarse. Viajó él por Europa y al fin se estableció en España.

Un día Eduardo recibió de él una larga carta y se la leyó a Zoraida. Con relación a su amor con Adriana y a la muerte de Laura sólo contenía estas palabras: "No te asombre mi silencio sobre las tristes cosas pasadas. El alma humana tiene una capacidad limitada: durante aquellos días apuré todo mi poder de amar, de gozar y de sufrir. No me quedan más que sombras de sentimientos".

En el chalet rodeado de viejos árboles, sobre las hermosas barrancas de Belgrano, Adriana vive desde hace años retraída, encerrada, y contra todos los ruegos de Muñoz rehusa cualquier ocasión de mostrarse en sociedad. Ha esquivado relacionarse con las gentes que habitan los chalets vecinos. Como Julio, sólo tiene sombras de sentimientos.

El matrimonio equivale para ella a la paz de un retiro conventual.

FIN

End of Project Gutenberg's Adriana Zumarán, by Carlos Alberto Leumann