Adhesiones á la Venta de los Ferro-carriles de la Provincia
Part 3
Todos los señores Senadores conocen la obra de uno de los mas distinguidos escritores ingleses, Herbért Spencer: _La Ciencia Social_, que ha sido escrita expresamente para demostrar todos los inconvenientes que la administracion pública trae consigo y todas las ventajas que tiene la administracion cuando está entregada al interés privado.
Dice Herbért Spencer refiriéndose á los que pretenden que deben comprarse los ferro-carriles: «_El Estado deberia comprar los ferro-carriles_, dicen con toda seguridad las personas que leen todas las mañanas en su diario, que el caos reina en el almirantazgo y el desórden en nuestros arsenales, que nuestro ejército está mal organizado, que nuestros diplomáticos cometen inconveniencias comprometiendo la paz, ó que paralizamos la accion de la justicia por deficiencias de formas, por gastos y por dilaciones».
Y yo podria decir tambien: El Estado deberia comprar los ferro-carriles, dicen con toda seguridad las personas que ven todos los inconvenientes de los ferro-carriles, todos los inconvenientes que existen en nuestra marina y todos los inconvenientes que proclaman los diarios constantemente con relacion á las proveedurias y á todos los negocios en que interviene el Gobierno.
Este libro extensísimo, que me guardaré muy bien de leerlo á la Cámara, trae sin embargo datos que me es forzoso ponérselos á la vista.
Refiriéndose á los males que ha traido siempre el almirantazgo inglés y la intervencion del poder público en la administracion, despues de citar los casos de pérdida de muchos vapores del almirantazgo, por causas que jamás hubieran dado lugar á la destruccion de un solo buque de la marina mercante dice: «Se ha visto esto cuando el descubrimiento del estado de corrosion de las placas de Glatton ha venido á probar que el almirantazgo no habia adoptado para sus blindados el procedimiento de que los armadores se servian desde hace mucho tiempo con éxito.
«Se ha visto, despues de la pérdida de los marinos del «Ariadna», que ha venido á enseñar, por una parte, que una fragata de veintiseis cañones poseia ménos canoas de salvataje que las que el reglamento impone á las naves de cuatrocientas toneladas, destinadas á recibir pasajeros, y por otra parte, que al poner esas naves á la mar no tenian á bordo ni aparatos Kynaston ni el aparato Clifford, bien superiores y tantas veces puestos á prueba por la marina mercante.
«Se ha visto tambien por la no adopcion del regulador Silverg para las máquinas de buques á vapor. Hacia mucho tiempo que los buques que no pertenecian al Estado estaban provistos de ese regulador que previene los inconvenientes de las máquinas. La marina real acaba de emplearlo cuando ha visto que sus máquinas estaban destruidas. Esta incapacidad relativa de la administracion se hace mucho mas notable cuando se remonta muchos años atrás».
Herbért Spencer lo demuestra en muchos casos, y para no citarle á la Cámara mas que dos, voy á decirle cuales son:
«En 1593 se descubrió que el jugo de limon era conveniente para curar el escorbuto, es decir, esa enfermedad que tanto abunda entre los marinos. En ese año el señor Hawkins y varios otros curaron á las tripulaciones con el jugo de limon, y en todos los años subsiguientes el comodoro Lancaster y otras personas que aquí se citan, escribieron sobre este importante descubrimiento. El almirantazgo inglés jamás se habia preocupado de suministrar el jugo de limon para combatir esta enfermedad.
«En 1780 hubo dos mil cuatrocientos casos de escorbuto en la flota de la Mancha; en 1795 la epidemia fué tan violenta que comprometió la seguridad de la misma escuadra. Recien entónces el Gobierno inglés aplicó el jugo de limon al escorbuto en la escuadra, es decir, dos siglos despues, porque habiéndose inventado en 1593 recien se aplicó en 1795.
Esto mismo sucede con mil otros descubrimientos, como en el caso de la hipecacuana, descubierta en 1648, que recien hace dos ó tres años el Gobierno inglés ha mandado hacer cultivo de ella en la India.
Podria citar todos estos casos, porque este es un libro completo, que trata de la mala administracion del Gobierno. Y no solo sucede esto en Inglaterra, sinó en todas las partes del mundo sin excepcion.
Decir que el poder público es buen administrador es contrariar todos los hechos, todos los antecedentes históricos, toda la verdad y todos los ejemplos que vemos continuamente en todos los países del mundo. Esto puede servir para una moraleja, para un cuento de niños; pero lo que es á la razon severa del legislador no es posible traer este argumento sin demostrarlo plenamente con hechos y antecedentes.
Uno de los puntos, creo, en que mas se ha detenido el señor Senador Benitez, era el relativo á la Ley Orgánica de los Ferro-carriles del Estado. El nos decia que esa ley es mala, que es inconveniente.
Es muy fácil decirlo. Lo que es difícil y lo que no ha hecho el señor Senador es probarlo.
¿Dónde está su demostracion? Yo podría decirle lo que un geómetra célebre que asistia á la representacion de Phedra, esa obra del ingenio de Racine.
Mientras todos los concurrentes se lamentaban y lloraban en los pasages patéticos, él preguntaba:--Pero esto ¿qué demuestra? Esto no demuestra ninguna ecuacion; esto no demuestra ni siquiera que el cuadrado de la hipotenusa es igual á la suma del cuadrado de los catetos!
Y bien, yo podría decir despues del discurso del señor Senador:
--Muy poético! pero ¿qué es lo que ha demostrado?
Para demostrar la consistencia del argumento á que me referia hace un momento, me basta decir que el señor Senador era miembro de esta Cámara cuando se discutió la Ley Orgánica de los Ferro-carriles.
¿Por qué no sostuvo entónces estas ideas? ¿Por qué no las hizo triunfar en esta Cámara?
Yo lo creo muy capaz al señor Senador Benitez de hacer algo muy bueno, porque lo creo capaz de muchas cosas buenas. Pero lo que debo decir, lo que no debo ocultar es que es mucho mas difícil crear que criticar, y que para bien de la Provincia yo le cederia mi puesto pudiendo así hacer prácticas sus ideas y yo tomaria el puesto de censor, posicion mucho mas cómoda y en la que se conquista, parece, aplausos y simpatías de un eco unánime.
He leido, señor Presidente, y he releido todo el discurso del señor Senador, pronunciado en la última sesion, y debo declarar con toda franqueza, que apesar de toda la buena voluntad que he puesto para comprenderlo, he encontrado un vacío absoluto, algo de metafísico, mucho caudal de lectura que no hacia al caso; mucha retórica, sí mucha retórica: el ombú solitario, el triste gaucho con la guitarra al hombro, atravesando el desierto, y hasta el centauro aparece allí.
Apesar de esto no debo dejar pasar desapercibidas las frases que he deseado y deseo explicarme todavia porque no las comprendo.
Decia el señor Senador como epílogo de su discurso:
«No se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talisman de la época con el «ábrete sésamo» de nuestros dias; no se llega á todo al amparo único de las ideas que llevan como divisa los mercaderes, _iniciativas particulares eficaces_--_habilidades de sindicatos_--_prevision de accionistas_, etc. La Cámara de los pares de Buenos Aires no es una bolsa de comercio, no es una reunion de traficantes apurados á hacer oro de todo»
* * * * *
«El recinto de la Legislatura de Buenos Aires, tiene á su puerta «el ángel de la guarda de la pátria» dispuesto á sacrificar por la pátria toda idea tendente á sacrificar, por dinero, haciéndola materia de negocio, esa cosa sagrada que se llama los Ferro-carriles de Buenos Aires.... etc.»
Muy bien, señor Presidente; estas dos frases parecen á primera vista que encarnan un cargo directo al P. E. que ha presentado estas ideas á la consideracion de la Cámara; están en contradiccion con declaraciones hechas anteriormente por el señor Senador relativas á la intachable honradez, patriotismo reconocido del señor Gobernador de la Provincia.
No necesitaba el Gobernador este bautismo con que lo ha unjido el señor Senador.
Pero si esto importara un cargo, yo me encargaria de que no quedara en pié; porque representante del P. E. no puedo consentir al señor Senador ni á nadie que pretenda so pretexto de producir efecto en el auditorio, deprimir la alta autoridad del P. E.
Entónces he dicho, señor Presidente: ¿Qué significa esta frase: _mercaderes apurados, Cámara de pares convertida en bolsa de comercio_, etc? Y entónces veo que es una frase sin sentido que no tiene aplicacion alguna en este caso.
Se ha discutido en la Cámara de Diputados y vendrá pronto al Senado el asunto relativo á la conversion de la deuda, y entónces lo veremos al señor Senador Benitez en la oposicion cerrando su discurso con estas palabras:
«No se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talisman de la época, con el «ábrete sésamo» de nuestros dias, no se llega á todo al amparo único de las ideas que llevan como divisa los mercaderes: _iniciativas particulares eficaces, habilidades de sindicatos, prevision de accionistas y compensaciones de dividendos, etc._ La Cámara de los pares de Buenos Aires, no es una bolsa de comercio, no es una reunion de traficantes apurados, etc.,» porque tanta explicacion tiene esto ahora como despues.
Vendrán despues las leyes en que se pedirá autorizacion para vender la tierra pública, las tierras del puerto, para vender la escuela de Santa Catalina, la escuela de Artes y Oficios, para levantar los edificios suntuosos que se han de edificar en esta Capital; vendrá todo eso y las opiniones del señor Senador que declarará apesar de haber votado en oportunidad, porque debieran venderse los terrenos del Ferro-carril, que se vendieron al señor Bengolea por nueve mil pesos y que despues segun él mismo se revendieron en ciento cincuenta mil--porque el señor Senador parece que cree que el Estado no ha debido vender tierras desde Garay hasta la fecha, vendrá el señor Senador en medio de su oposicion y nos dirá: «no se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talisman de la época, con él «ábrete sésamo» de nuestros dias, no se llega á todo al amparo único de la idea que llevan como divisa los mercaderes; _iniciativas particulares eficaces_, _habilidades de sindicatos_, _precision de accionistas_, _compensacion de dividendos_, etcétera.
Yo bien sé, señor Presidente, que tengo que luchar con una preocupacion que ha invadido el espíritu de muchos, pero que vá cambiándose ante la demostracion incontestable: sin embargo, la preocupacion, es un arma terrible y muy difícil de vencer.
Y si en lugar de lanzarse en las suaves corrientes de la que hoy se dice que es la opinion pública, posicion sumamente cómoda para el que no tiene la responsabilidad directa y personal de la administracion, tiene el P. E. el coraje de detenerse y avanzar en contra de la corriente, para demostrar lo que él cree que es el bien de la Provincia, la verdad de las instituciones, no hace con esto ni ejercitará otra virtud que la entereza, el patriotismo en sus convicciones y la honradez de su procedimiento, siempre reconocida.
No quisiera, señor Presidente, extenderme mas; pero ántes de terminar séame permitido analizar lo que es la opinion pública tan mentada por todo el mundo y hasta por el mismo señor Senador Benitez, que nos decia que el pueblo hablaba por su boca, sin recordar que hay un artículo en la Constitucion que dice, que quien toma la representacion é invoca el derecho del pueblo, comete delito de sedicion.
Aquí no hay mas representante del pueblo que el Senado y la Cámara de Diputados.
¿Pero que es la opinion pública?
La opinion pública ¿es la opinión de mucha gente?
Y bien, la opinion pública está con el P. E., por que á recibido muchísimas manifestaciones de adhesion al pensamiento.
¿Es la opinion pública la Cámara de Senadores como debo suponerlo?
Pues bien, señor, la Cámara dará su fallo dentro de un momento.
¿Es la opinion pública los comicios del 5 de Diciembre de 1887?--Entónces el pueblo está con el Poder Ejecutivo.
¿Es la opinion pública la prensa? Aquí está la prensa señor Presidente, y no quiero combatir los argumentos del señor Senador sinó con argumentos del mismo señor Senador.
El señor Senador nos ha leido _La Nacion_ y yo tambien tengo que leerle la opinion de la prensa, empezando por _La Nacion_ misma.
Permítame la Cámara que distraiga tanto su atencion, pero necesito antes de terminar, agregar algunas consideraciones que no habia manifestado expresamente y que me las dá este diario, y que me han de servir de mucho para fundar el proyecto del P. E.
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Largas consideraciones siguen á este respecto que podria leer á la Honorable Cámara; pero hay unos puntos que son muy esenciales y que me he olvidado en el discurso, y que deseo que consten porque son oposiciones mias tambien.
(El Sr. Gonnet leyó algunos párrafos de _La Nacion_ del 26 de Enero de 1887 en que se manifiesta favorable á la venta de los Ferro-carriles).
«Anúnciase como cosa segura que el Gobernador electo de Buenos Aires Sr. Paz, se propone enagenar los Ferro-carriles de la Provincia, obedeciendo á ideas y principios fundamentales respecto al papel del Estado en el desenvolvimiento económico de las sociedades.
«El nuevo Gobernador tiene un propósito plausible, y si las condiciones en que despues se verifique la enagenacion son convenientes, habrá realizado una buena obra.
«La Provincia en el estado actual de desenvolvimiento á que ha llegado, no necesita de Ferro-carriles, construidos y explotados por su cuenta, sinó de los hechos y administrados por empresas particulares con sus propios capitales.
«La experiencia ha venido á demostrar de una manera indiscutible la verdad y á la vez la bondad de los principios que condenan el sistema que tiene por objeto la construccion y explotacion de los Ferro-carriles por el Estado.
«Así, el Gobierno de la Nacion ha procedido bien al vender el Andino, y el nuevo Gobernador piensa del mismo modo al proponerse enagenar los de la Provincia.
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«La Bélgica tiene 2,500 kilómetros de ferro-carril del Estado; Alemania 17,000; Austria Hungría 2,300--En Inglaterra y Estados Unidos no hay un metro de vara férrea que pertenezca al Estado.
«Es que la administracion de los Ferro-carriles del Estado, permite ménos facilidades al público, ménos seguridad, ménos comodidad que la explotacion privada.
Hay por esto una razon verdaderamente fundamental.
«El interés individual dá eficaz y poderoso impulso á las empresas privadas y falta á las del Estado.
«La industria particular busca naturalmente todas las combinaciones que puedan facilitar los transportes y aumentar el tráfico mientras que el agente del Estado no tiene ningun interés en el desarrollo del tráfico.
«La experiencia, además, ha demostrado que la administracion es rutinera y que no siempre le muestra buena voluntad al público, cualidad esencial tratándose de un servicio tan variado y tan complejo.
«Las empresas del Estado no tienen interés en multiplicar sus relaciones con el público ni en resolver las dificultades que se presentan.
«Háse hecho con este motivo una observacion llena de justicia y de verdad,» diciéndose que las direcciones del Estado se esforzaban por limitar la explotacion para sustraerse así á los trabajos que ella demandaba.
Por otra parte, las empresas del Estado ofrecen al público ménos seguridad que las otras.
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«Esto no sucede con los Ferro-carriles del Estado, pues los reclamos que se hacen son mal atendidos ó no escuchados, como estamos cansados de presenciar todos los dias.
«Háse dicho ya que la explotacion hecha por el Estado era mas costosa que la particular, y así es en efecto.
«Se contesta esto diciendo que no es necesario exijir de los ferro-carriles rentas, sinó servicios, y que constituyendo éstos sus funciones primordiales, su explotacion corresponderá al Estado y no á las empresas privadas, por mas cara que fuera aquella.
«La consideracion que se pretende hacer valer carece de fuerza. No es cuestion de renta ciertamente: pero la renta no riñe con el servicio. Los ferro-carriles particulares prestan tan buenos ó mejores servicios que los del Estado, y producen muy buena renta. Los Ferro-carriles del Estado sirven mal y no dán el interés comun del capital invertido, como lo demuestran los Ferro-carriles de la Provincia de Buenos Aires.
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«La administracion es indolente, descuidada, desinteresada, ignorante de las grandes cuestiones técnicas, estrecha de vistas y de ideas, lo que no sucede cuando ella es hecha por empresas particulares.
«¿Qué ha sucedido en Bélgica, una de las naciones que han adoptado la construccion de Ferro-carriles por el Estado?
«Segun todos los Ministros que se han sucedido en el poder, la explotacion de esos Ferro-carriles ha sido una causa permanente de ¡embarazos financieros! y el mismo Rey en uno de sus discursos ha dicho que la intervencion del Estado la volvia onerosa y gravitaba con exceso sobre las finanzas públicas»
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«En cuanto á Italia, bastará reproducir las palabras de uno de sus Ministros, consignadas en un documento oficial, referente á la explotacion de los Ferro-carriles por el Estado, para establecer que ella es bajo todo concepto inconveniente. Afírmase que «las dificultades comerciales, industriales, técnicas, financieras y políticas que ella entraña, hánse demostrado claramente en los pocos años transcurridos.»
«Bajo otro punto de vista, esa explotacion hace descender el nivel moral de los individuos é inaugura el régimen de los monopolios por el Estado, tanto mas peligrosos y funestos cuanto que se esconden tras el pretexto del bien público para extender su dominio y convertirse en instrumento de opresion y de explotacion vergonzosa.
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«La administracion del Ferro-carril Andino era deficiente, hoy que pertenece á una empresa particular, mejora sensiblemente.
«La de los Ferro-carriles de la Provincia lo es mas todavia; de modo que su venta cortaria los escándalos denunciados, los negocios ilícitos, el mal servicio y hasta el incendio de estaciones valiosas.»
Espero, señor Presidente, que el señor Senador Benitez me conteste estos argumentos, que tambien los hago valer en mi discurso.
Pero la prensa no es _La Nacion_, solamente _La Prensa_ misma ha publicado una série de artículos, _La Prensa_ que tiene entereza, que tiene carácter, que defiende la doctrina bajo una forma sólida, bajo una argumentacion indiscutible, ha publicado una série de artículos que escuso leer á la Cámara porque supongo que ella ya los habrá leido.
Ahora si es la opinion pública la opinion del partido dominante en la Provincia, ahí está _El Censor_ que representa la opinion del partido y que ha demostrado que la explotacion de los Ferro-carriles por el Estado es una iniquidad.
Los demás diarios, los demás periódicos de la Capital Federal independientes y de algún valer, no han manifestado opinion hasta este momento, esperando el debate de la Cámara para opinar en uno ú otro sentido.
¿Es la opinión pública la mayoria de los diarios de esta Capital?
Pues la mayoria de los diarios de esta Capital sostiene que el Estado no debe ser empresario de ferro-carriles.
¿Es la opinión pública los diarios de la campaña de Buenos Aires?
Ahí está _El Oeste_, que representa los intereses de esa zona de la Provincia, que sostiene con energía que el Estado no debe ser empresario; y si es en la zona Sud está _La Patria_ de Dolores, que representa tambien los intereses de esa parte de la Provincia.
¿Qué es la opinion pública, entónces?
He analizado lo que es la opinion pública y creo haber demostrado que ella está con el P. E. y no con los que gritan en contra de la enagenacion de los Ferro-carriles.
Pero voy á terminar, señor Presidente, porque estoy algo fatigado.
El señor Senador Benitez, nos decia en dos ocasiones de su discurso, que la doctrina, la historia y hasta las consideraciones de órden político estaban con él, en contra de la enagenacion de los Ferro-carriles.
Permítame que le diga que sin haber citado opinion ninguna, ejemplo ninguno de la historia y habiendo citado yo la opinion de los distinguidos escritores que me acompañan en este debate, y el ejemplo de todas las naciones civilizadas del mundo, permítame que le diga, y no lo tome á mal: el señor Senador ha calumniado á la historia, ha falseado la verdad de la doctrina, y hasta las consideraciones del órden político no le han detenido en este errado camino.
Permítame tambien que le felicite á mi vez porque apesar de todo esto ha encontrado su senda cubierta de flores y el tiempo le ha sido insuficiente para contestar las felicitaciones que ha recibido de los suyos y de los desconocidos.
Despues de esto podria decir al señor Senador como Pirro, despues de la batalla de Asculum: «con otra victoria como esta, está perdido el señor Senador.»
Toca ahora al Honorable Senado con su razon justiciera, con su criterio sereno, decidir sobre este punto tan esencial, sobre este punto que, como he dicho al principio, forma la base inquebrantable del Gobernador de la Provincia, cuya representacion tengo en este momento.
He dicho.
DISCURSO DEL MINISTRO DE OBRAS PÚBLICAS
Dr. Manuel B. Gonnet.
He aquí, señor Presidente, al fin, al debate de la Cámara de Diputados una cuestion que ha tenido preocupada la atencion pública durante mas de un año y que viene á vuestra decision, precedida por el dictámen del Honorable Senado en cuyo cuerpo este asunto ha tenido orígen por iniciativa del P. E. Es esta una de esas cuestiones que tiene la rara fortuna de impresionar al pueblo y al Gobierno, á sábios y á ignorantes, á estudiosos y á indiferentes; es uno de esos asuntos que hacen época en los anales parlamentarios de un país, que traen el sello de un principio ó de una doctrina, que en este caso es felizmente para nosotros la insignia del partido y del gobierno elegido por la voluntad soberana de la mayoría de la Provincia.
Por mi parte, vengo con el espíritu tranquilo, con la conviccion en el alma, no á librar una batalla ni á luchar contra enemigos, sinó á deliberar con vosotros y con vuestro alto criterio para resolver una cuestion de política trascendental del gobierno, colocándola mucho mas arriba de todas las preocupaciones sociales del momento.
Quisiera no hacer un discurso: estoy algo molesto, y quisiera mantenerme en la situacion en que nos ha colocado este debate despues de la sancion del Senado y del informe luminoso de los señores miembros de las Comisiones de Hacienda y Legislacion de esta Cámara, que han demostrado hasta la evidencia la verdad del principio en que reposa la no intervencion del Gobierno en la administracion de los Ferro-carriles: pero no puedo ménos de rectificar los errores establecidos por el miembro informante de la Comision en minoria y dejar sentados hechos y antecedentes de nuestra historia que abonan la doctrina liberal que sostiene el P. E. y la rectitud de sus procedimientos en la iniciativa que ha tomado el Gobierno que represento en este momento.
Señor Presidente: despues de la sangrienta tirania de Rosas, despejada la confederacion de la prepotencia de los primeros caudillos que durante ocho años asolaron á la República Argentina, el pueblo reasumió su soberania y dictó la Constitucion Nacional que hoy nos rige.
Un artículo que no está escrito en ninguna Constitucion del mundo, que no forma parte de Código alguno de leyes institucionales, pero que representa para nosotros veinte años de sufrimientos, de angustias y de ignominias, que forma parte de nuestra historia política, prescribió que serian considerados como traidores á la pátria los que formulasen, consintiesen ú otorgasen al P. E. Nacional ó Gobernador de Provincia, la suma del Poder Público.