Adhesiones á la Venta de los Ferro-carriles de la Provincia

Part 2

Chapter 23,902 wordsPublic domain

En una fecha mas reciente, Harrison, representante del partido republicano que acaba de subir al poder, ha declarado que ese superavit alcanza hoy á trescientos millones y hacen sin embargo la misma manifestacion:--que no se atreve á emprender la construccion de obras de ferro-carriles ó de canales, que puedan de alguna manera hacer competencia al capital privado.

La Inglaterra, la ilustre Inglaterra, separada del continente, conservando su poder marítimo, no necesita de los ferro-carriles como elementos de guerra, y ha rechazado, por una inmensa mayoría, una proposicion presentada á la Cámara de los comunes, tendente á expropiar las líneas férreas pertenecientes á particulares.

Pero lo mas noble de esta decision, es que esta campaña gloriosa se la disputan conservadores y liberales, los _whigs_ y los _torys_, Gladstone y Salisbury, es decir, la vida y el pensamiento de la nacion inglesa.

Hay entre nosotros tambien un dato que ofrecer, dato que hace apenas media hora me acaba de comunicar un Diputado al Congreso de la Nacion y que voy á invocar, bajo la fé de su responsabilidad,--el Diputado Portela;--el Senado de la Nacion acaba de adoptar por unanimidad de votos, sin discrepancia, el informe presentado por el Dr. Zavalia referente á la cláusula que establece que á los 99 años pasará un ferro-carril á ser propiedad del Estado, conforme en el cual este orador decia: esa cláusula debe rechazarse porque ya es indiscutible en el mundo civilizado que el Estado no debe ser empresario de ferro-carriles.

Francia y España han seguido la misma teoría y solo en algunos estados europeos se acaparan las líneas férreas, sometiéndolas á la ley marcial, porque las necesitan como elementos de guerra para el transporte de sus divisiones en un momento dado. Es lo que sucede en Alemania, puesta bajo el pié de guerra. Los empleados de los ferro-carriles alemanes son jefes y oficiales del ejército que gozan del sueldo y de la categoría de tales jefes y oficiales.

¿Pero acaso nuestras instituciones son como las instituciones alemanas?

¿Acaso nuestra institucion requiere este aparato belicoso?

Segun las teorías alemanas, justo fuera, señor, que armáramos un ejército permanente y que distrajéramos todos nuestros recursos en el presupuesto de guerra.

Pero lo que en Alemania es aplicable por una situacion de actualidad política, anormal, entre nosotros es simplemente absurdo, como es absurdo en los Estados Unidos, en donde con una poblacion de mas de sesenta millones de habitantes no hay un solo kilómetro de vía férrea perteneciente al Estado,--y el ejército permanente apenas alcanza á 25,000 hombres.

Lo que en Alemania puede considerarse como política del canciller de hierro, que pretende encerrar el Estado en esa fórmula estrecha del predominio de sus emperadores en la Europa, entre nosotros es la libertad dentro de la democracia mas pura, abriéndoles horizontes á todos los que quieran contribuir de cualquier manera al desarrollo y engrandecimiento de la Provincia y de la Nacion.

Está, pues, el Senado, en presencia de dos doctrinas completamente opuestas, la una doctrina de absorcion, la otra doctrina de libertad, una que ha hecho gran camino en el mundo, otra que se ha reducido allí, á los límites de la Alemania.

La teoría alemana con sus tendencias absolutistas, pretende arrojar á los piés de la corona todo lo que importa la vida y el alma de la Nacion, fuerza, riqueza, poderío, industrias, todo, absolutamente todo está encarnado en la casa reinante, sin que se cite, sin que se mencione ni se tome en cuenta la libertad para nada.

Todo está militarizado; un soldado para cada ciudadano, una fortaleza para cada pueblo: las industrias oficializadas, un plan de estratégia y astúcia diplomática para el gabinete y otro plan de campaña para el dominio del continente.

La conquista es el fin--y los medios..... los medios allí se maquinan en el cerebro del canciller de hierro, que domina la Nacion alemana bajo la presion de sus dedos en el boton eléctrico del Ministerio del Estado.

Y en cuanto á la otra teoría, ha echado raíces profundas, ha desparramado los bienes á manos llenas: los Estados Unidos la consagraron, porque ellos fueron tambien los que consagraron la libertad moderna.

Allí el pueblo es todo: la riqueza es patrimonio á que pueden aspirar todos; la libertad es de todos y la gloria se comparte con igualdad.

En la República americana no se vé al gobernante, se vé al ciudadano: máximum de libertad, mínimum de gobierno. La fuerza es para defender las instituciones, para defender el equilibrio y la autonomía de América, de acuerdo á la teoría de Monroe, y la gloria americana es gloria universal porque se refiere á las creencias, á las artes, á las industrias y á la literatura.

En política se llama Washington, se llama Jefferson, Lincoln, etc., en la ciencia se llama Franklin ó Edison, y en la literatura Edgar Poe, Longfellow, Parker, Cooper y Emerson.

El trabajo libre, el capital libre, las industrias y el comercio libres, esto es lo que mantiene las instituciones y el poderío americano.

He aquí el secreto de lo que es la democracia triunfante, que con tanto caudal de datos nos ha explicado el eminente escritor inglés Carnegie.

¡A cuantas consideraciones no se presta esta teoría absorbente que se pretende establecer en la Provincia de Buenos Aires, para que el poder público sea el administrador de todas las actividades dejando á un lado la concurrencia del capital privado!

Y hoy es el Gobernador de la Provincia el que viene á deciros: «tengo en mis manos una rueda inútil en el mecanismo de la administracion pública. Este elemento de accion, puesto al servicio de propósitos bastardos, ha hecho peligrar muchas veces las libertades individuales.»

Es el gobernante honrado el que viene á declarar: «renuncio á esta suma de atribuciones y de poderes que se me dá y que en muchas ocasiones ha servido para sofocar las libres manifestaciones de la opinion pública.»

Eso lo conoceis vosotros, lo conoce el Gobernador de la Provincia, lo conoce todo el pueblo de Buenos Aires; no hay necesidad de repetirlo.

Los opositores al proyecto del P. E. apoyaron su opinion primeramente en la doctrina y en el ejemplo de las demás naciones civilizadas.

Se les demostró que la teoría y el ejemplo abonaban en favor de la enagenacion.

Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España, han hecho jurisprudencia sobre la materia.

Parapetados despues dentro de la teoría absurda de la Alemania, no consideran que eso responde á planes militares, y que lo que es aplicable en Alemania, es perfectamente exótico en todos los países libres de América.

Estrechando mas todavia la demostracion, pretenden rechazar la doctrina y el ejemplo de las demás naciones y sostienen que la Provincia de Buenos Aires no es Estado!

Esa herejía constitucional y jurídica está consignada ahí, en una circular presentada á la Cámara y leida en la sesion pasada, por los que sostienen el tanto por ciento de la diferencia de tarifas en contra de una cuestion que es de doctrina, de administracion, de principios y de libertad.

Decir que la Provincia de Buenos Aires no es Estado, es ignorar los rudimentos del derecho.

Recorra, el que eso ha escrito, las páginas del Código Civil, y encontrará en muchísimas ocasiones la denominacion que dé tanto á la Nación como á las Provincias.

¿Qué es lo que tratamos de enagenar?

Son los ferro-carriles del Estado.--Y ¿á qué Estado se refiere, sinó á la Provincia de Buenos Aires?

No necesito argumentar mas sobre este punto.

Pero los que pretenden que doctrinariamente el Estado debe explotar los ferro-carriles, deben empezar por presentar un proyecto estableciendo que todas las líneas pertenezcan al Estado.

Deberían decir que la línea del Sud, la de la Ensenada, la del Norte y todas las que cruzan el territorio pertenecieran tambien al Estado, y fueran administradas por él.

¿Qué criterio habría en este Senado, en la Cámara de Diputados, en la Legislatura y el P. E. que han acordado, durante este año y el pasado, mas de seis mil kilómetros de línea férrea á empresas particulares: es decir, mas de tres veces la extension de las líneas que actualmente existen en explotacion incluyendo las líneas férreas del Estado?

Y siguiendo este órden de consideraciones, porque debemos llevar hasta el extremo las consecuencias del argumento: ¿porqué no se establece tambien que las municipalidades expropien los tramways, pues que son elementos de transporte y están en las mismas condiciones con relacion á las municipalidades que los ferro-carriles con relacion al Estado de Buenos Aires? y siguiendo siempre en ese mismo órden de ideas llegariamos hasta este absurdo: que el Estado está en mejores condiciones de poder ofrecer á todos los ciudadanos de la Provincia, por iguales partes, la ropa, el alimento, etc., es decir la competencia en todas las industrias, en todos los ramos del comercio.

Yo siento tener que decirlo, señor Presidente, pero no puedo eximirme de ello; los directorios de los Ferro-carriles han sido una rémora completa para el desarrollo y para el progreso del país.

Bastaba que una línea fuera pedida en concurrencia con el capital de la empresa, de la que ellos llamaban Ferro-carril del Estado, para que se opusieran tenazmente, llevando su oposicion á tal extremo, que el Gabinete tenia que rechazarla en muchos casos y hasta la Cámara tambien, por no hacer competencias, deteniéndose con ésto los progresos y el desarrollo de una zona enorme de la Provincia.

Felizmente reaccionará con la política liberal del señor Gobernador de la Provincia apoyado por el Senado y Cámara de Diputados que ha de dar fecundos resultados para la Provincia.

Nada seria si una ejemplar administracion en los Ferro-carriles del Estado pudiera cubrir todos los inconvenientes que presenta la explotacion oficial.

Pero, es bien sabido que entre nosotros como en Inglaterra, como en todas partes del mundo, la administracion _industrial_ del Estado, es administracion mala, es administracion pésima, y para concretarme á lo que son los ferro-carriles, me basta deciros que desde hace treinta años no se ha levantado un plano siquiera entre nosotros que determine cuales son las propiedades del Ferro-carril, que el señor Director Arias, uno de los mas distinguidos colaboradores en la administracion de la Provincia, se ha empeñado sobre manera para obtener y terminar esta obra tan necesitada y que en dos años, no ha podido terminarla, porque no hay datos y porque no hay un rastro dejado por las administraciones anteriores.

Me bastaria deciros que no se conoce todavia cual es el capital móvil del Ferro-carril; me bastaria deciros que hay un número de empleados inútiles é inconvenientes y que esta falta no procede del Director, ni del directorio, sinó de todos nosotros, pues todos debemos asumir esa responsabilidad; ella viene desde el directorio, desde el P. E. y hasta desde las mismas Cámaras que han aumentado los sueldos en muchos casos.

Me bastaria decir al Senado que actualmente el Ferro-carril tiene un excedente enorme de material que está vendiéndolo y esto es debido á los directorios anteriores que lo han acumulado sin tener en cuenta cuales eran las necesidades del Ferro-carril.

Me bastaria decir al Senado que apesar de todo este excedente de material que tiene el Ferro-carril, recibo quejas á cada momento en el Ministerio, respecto al retardo no solo en la entrega de wagones sinó en la entrega de mercaderias, y muy apesar de lo que decia el señor Senador Benitez de que el pueblo paga y se calla: apesar de estos inconvenientes yo debo recordar al señor Senador Benitez que si bien él paga, no se calla nunca, porque él es el que mas se me ha quejado en materia de mala administracion de Ferro-carriles.

Me bastaria deciros que esta línea debe producir mas de un 30 por ciento sobre su capital medio explotado, en relacion al producido que dá el Ferro-carril del Sud, y en relacion á los transportes que tiene que hacer en la proporción de tres á uno, y solo produce el 3-1/2 por ciento apesar de lo que decia el señor Benitez que producia el 7 y pico por ciento.

Y para esto me fundo en que el señor Senador Benitez ha tomado como base el balance de los Ferro-carriles del Estado; no tomando en cuenta que ese balance viene equivocado desde treinta años atrás.

Esos 27 millones se han de convertir dentro de poco en mas de 60 millones, porque el capital del Ferro-carril excede de esa suma.

Tengo entre mis datos que antes del año 82 los Ferro-carriles de la Provincia tenian un capital real de 11 millones, y desde entónces hasta la fecha, se han hecho tres empréstitos que ascienden á 25 millones oro, lo que hace un total de 36 millones: sé por último, que el capital real del Ferro-carril pasa de 43 millones seiscientos mil pesos, sin contar los dos millones que vale el terreno donde está establecida la estacion de La Plata y que está calculado en el balance en mil pesos, sin contar el costo de los terrenos de Tolosa y sin contar con mas de tres millones de nacionales, valor de las tierras que está ocupando el Ferro-carril de propiedad de particulares y que tarde ó temprano tendrá que pagar; es decir, mas de 50 millones de nacionales.

Me bastaria deciros que para que el Ferro-carril cese de llamarse la montaña rusa, como lo ha calificado la opinion pública, en su trayecto desde Buenos Aires á Merlo, será preciso expropiar una faja de tierra al lado de la línea en quintas valiosísimas, pues que en las líneas actuales no es posible mejorarla, desde que los trenes la recorren cada cuarto de hora y el levantamiento de un solo riel importaria un entorpecimiento.

Haciéndose esta obra que es necesaria, los intereses que produciria el Ferro-carril alcanzarian á 1% escaso.

Podria deciros tal vez, si me animara á decirlo.... pero no me animo é ello porque creo no debo decirlo en el H. Senado en sesion pública. Lo he manifestado todo en el seno de las Comisiones de Hacienda y Legislacion y estoy dispuesto á manifestarlo aquí si el Senado entra en sesion secreta; pero creo que la prudencia y el patriotismo me aconsejan callar todo lo que se refiere á la parte financiera de los Ferro-carriles del Estado.

El señor Senador Benitez, miembro informante de la minoría de las Comisiones, empezaba su discurso con una referencia histórica de los Ferro-carriles de la Provincia.

Acepto sus datos pues son rigurosamente exactos, pero para deducir conclusiones completamente distintas de aquellas á que arribaba el señor Senador Benitez.

El, nos decia, invocando la autorizada opinion del Dr. Basavilbaso, hace quince años, que lo que convenia no era la enagenacion de los Ferro-carriles, sinó una buena administracion.

Aquel directorio á que aludia de distinguidísimas personas representantes del saber, como representantes del comercio, representantes de la alta banca, no han de ser ni mas honorables, ni mas patriotas que muchos de los directorios que les han sucedido, y sin embargo, ni entónces, ni despues, ni en la época presente, hemos llegado á esa fórmula que con tanto entusiasmo, que con tanta decision proclamaba de tan buena fé el ilustrado Dr. Basavilbaso.

Y no hemos llegado ni llegaremos mientras subsista el pecado original, es decir, el Ferro-carril en manos de los poderes públicos.

Pero me equivoco, hemos adelantado desde quince años á esta parte.

El mismo señor Senador Benitez se encargaba de revelarnos un secreto que de hoy en mas pasará á la historia de los Ferro-carriles de la Provincia.

Un señor don Pio Aguirre, si mal no recuerdo, se ha tomado la molestia de hacer competencia al Ferro-carril con sus carretas, desde el Pergamino á San Nicolás, y lo ha conseguido con ventaja, segun el señor Senador Benitez.

No necesitaba yo mas argumento: ni el defensor mas obstinado del proyecto del P. E. podia ofrecer un dato tan abrumador, que hiere de muerte á los opositores y que demuestra toda la mala administracion del Ferro-carril del Oeste.

Mientras en Francia, en Inglaterra, en Estados Unidos, en España, en todas partes del mundo civilizado se busca con ahinco la manera de viajar con mayor rapidez, con mayor seguridad y con mayor comodidad, en globo, si fuera posible conseguir la direccion, aquí un señor Pio Aguirre se halla en camino de introducir las tortugas para hacer competencia á nuestras ricas máquinas _Compound_ manejadas por las inespertas manos del Estado.

¡Qué cuadro de bellas perspectivas para la Provincia, de esperanzas que no estaban en mis datos ni en mis libros!

Esas carretas á que se refiere el señor Senador, bien pueden pasar á los escaparates del museo platense, tan rico en ejemplares de la época terciaria.

Pero yo le daré otros datos, y es que hace mas de once años, en 1877, otro señor, don Agustin Martinez, le hacia competencia á ese señor Aguirre: ese señor hacia competencia al Ferro-carril del Oeste, desde Buenos Aires á Mercedes.

_Sr. Benitez_--Si me permite.--No es don Pio Aguirre quien hace competencia al Ferro-carril, don Pio Aguirre, utiliza esa competencia que le hacen los cargadores en razon de estar momentáneamente mal administrado el Ferro-carril.

_Sr. Ministro_--No momentáneamente, no señor, porque acabo de decirle que hace once años, en 1877, habia otro señor que hacia lo mismo.

_Sr. Benitez_--Don Pio Aguirre no es empresario de transportes, con carretas; él solamente las utiliza.

_Sr. Ministro_--Perfectamente, cambio la forma de la frase; cambio el nombre del empresario y es lo mismo.

Terminado el informe que reasume toda su argumentacion, el Senador Benitez procede á una especie de diseccion anatómica del mensaje del P. E.

Tendió el cadáver en el anfiteatro. Abrió su cartera y hundió el escalpelo sin fijarse que el cadáver tenia aún vida suficiente para levantarse--y demostrar al habilísimo operador que habia errado el camino.

Tócame á mi el turno de empuñar el escalpelo aunque no con tanta habilidad como el señor Senador,--y si hago incisiones algo profundas es solo para demostrar que la enfermedad es crónica--y que al enfermo le esperan resultados funestos.

Nos decia el señor Senador que el Gobierno era propietario ó ejercia actos de propietario; fundado en las disposiciones del código civil y que todas las leyes de la Nacion y de la Provincia le amparaban en ese derecho.

Si efectivamente es cierto que el Gobierno hace actos de propietario al explotar los Ferro-carriles Provinciales, no es ménos cierto que ese derecho afecta los intereses generales y que está en pugna con los principios institucionales del Gobierno.

¿Qué es el derecho?

El derecho positivo, bien lo sabe el señor Benitez, es el que se deriva de la ley.

Pero es indiscutible que si la ley consagra la dictadura, la monarquia,--el dictador, el monarca, ejercerian el derecho, sin que de eso se diga que ese derecho está justificado ante los sanos principios que rigen la doctrina.

Lo que debatimos aquí no es un hecho; ya sabemos que el Ferro-carril pertenece al Estado.

Con eso el señor Senador no nos ha dicho una novedad.

Lo que debemos averiguar es si ese derecho es justo, si el Estado tiene derecho de intervenir en el campo de accion que corresponde á los particulares, si está en las conveniencias sociales que el Gobierno, apesar de todas las necesidades que vienen atrás: se mantenga ejerciendo la industria de empresario de transportes de toda la zona Oeste de la Provincia.

Creo señor, haberlo demostrado con las opiniones de todos los autores que he citado, con el ejemplo de todas las naciones del mundo que la han seguido.

Estas opiniones arraigadas en el P. E. que han dado motivo, de paso, á una crítica acerba de parte del señor Senador, las ha manifestado solo como demostracion de mayor estudio, porque pudiendo haber presentado este proyecto á la consideracion de la Legislatura el año pasado, ha preferido postergarlo á fin de que se haga la discusion ámplia en toda su extension.

De estas opiniones se deduce que hay rodajes inútiles en la administracion; y el señor Senador ha creido ver en estos rodajes inútiles, empleados, jefes de reparticion y hasta reparticiones obstruccionistas.

No es ese el pensamiento del P. E.

Pise mas alto el señor Senador.

Pise en el campo de la doctrina y verá que lo malo, que lo inútil, que lo inconveniente es el Ferro-carril en manos del Estado; el Ferro-carril que no avanza, que vá en contra de la doctrina y de los principios de libertad; porque es atentatorio á los derechos del ciudadano.

Sí señor Presidente, atentatorio, porque atenta contra la igualdad de los derechos de los ciudadanos, desde el momento que acuerda beneficios en las tarifas que no pueden compartir por igual todos los habitantes de la Provincia.

Y en esta balanza de la distribucion de los beneficios hace 30 años que el Estado hace pesar su poder y su influencia sobre la zona Oeste;--y hoy que el P. E. levanta la bandera simpática de la igualdad, que es la razon, la justicia de todas las democracias, se pretende impresionar á la Cámara so pretexto de un mal entendido patriotismo, de una preocupacion inconcebible!

Hace mucho tiempo que ha debido dictar la Legislatura la ley de uniformidad de tarifas para todos los ferro-carriles; y ese proyecto que está en la carpeta del Senado, si felizmente se convierte en ley, ha de terminar de una vez con todos los privilegios odiosos, con todos esos beneficios, en favor de algunos, en oposicion con la democracia que proclama la igualdad.

¿Qué derecho tienen los productores del Oeste sobre los del Sud para que el Estado les ofrezca disminucion de fletes y les ponga en mejores condiciones para competir en los mercados de consumo?

¿Y con qué derecho se acuerdan esos privilegios?

No se ha invocado razon alguna para esa excepcion.

El señor Senador Benitez hablaba tambien de la ley de centros agrícolas. Si el P. E. tiene alguna pasion, esa pasion es por el progreso, por el engrandecimiento, por el desarrollo de la Provincia de Buenos Aires.

De esa pasion ha nacido la ley de centros agrícolas, esa ley tan combatida al principio y que está dando y dará resultados tan fecundos, porque ha de contribuir á equilibrar en lo posible la importacion con la exportacion.

Y bien, el P. E. ha obtenido de todas las líneas férreas de empresas particulares que se han acogido á los beneficios de esa ley, la disminucion en los transportes de los productos que pertenecen á sus centros.

El señor Senador Benitez nos decia que esos beneficios habian sido acordados exclusivamente por los Ferro-carriles del Estado, y yo le digo que los Ferro-carriles del Estado han quedado atrás en relacion á los particulares, como voy á demostrarlo.

Casualmente ha caido en mis manos un aviso que voy á leer, que demuestra hasta donde puede ir la iniciativa privada en favor de los intereses generales.

«F. C. del Sud--Aviso: En vista de la concesion acordada á los agricultores á quienes alcanzan los beneficios de la ley de centros agrícolas, la empresa resuelve hacer la misma rebaja del 25% extensiva ó los cultivos agrícolas producidos en la zona servida por este Ferro-carril, por agricultores que no estén comprendidos en aquella ley».

Es decir, que mientras el Estado acuerda la rebaja de 25 por ciento para los centros agrícolas, las empresas particulares lo acuerdan para los centros agrícolas y para los que no son centros agrícolas tambien.

¿En qué queda entónces el argumento del señor Senador Benitez?

El señor Senador nos daba un consejo tambien, reprochando la actitud del P. E. que habia declarado en el mensaje que el Estado era mal administrador. Le agradezco, por mi parte el consejo; pero debo declarar que seguramente no lo he de aprovechar, porque tengo por costumbre, como la tiene el P. E., decir honradamente la verdad, y siempre la verdad en todas las ocasiones y circunstancias de la vida, sean cuales fueren los intereses que resulten heridos.

¡Cómo he de decir que el Estado es buen administrador!