Mariucha

Chapter 8

Chapter 83,434 wordsPublic domain

MARÍA. Vendo esta ropa, que es absurda, irrisoria, en la humilde situación a que ha llegado mi familia. Mi padre es pobre, tan pobre que no lo son más los que 495 mendigan en las calles. Ya no hay forma de disimular ni encubrir nuestra descarnada miseria...

VICENTA. (_Compadecida._) ¡Pobre amiga de mi alma! ¡Qué pena!... Sí: compro el vestido... compro todo: traje, sombrero, abrigo... Pero ello ha de ser para 500 ponérmelo y lucirlo esta noche.

MARÍA. Tiene usted tiempo.

VICENTA. (_Con gran impaciencia._) Pero no podemos descuidarnos.

MARÍA. Espérese un poco. Aún tenemos que 505 estipular...

VICENTA. Naturalmente, el precio.

MARÍA. Que no puede ser corto. Usted, señora rica y de buen gusto, puede apreciar... Fíjese bien: este traje es de Redfern, el primer modisto de París... 510

VICENTA. Ya se conoce.

MARÍA. _Rue de Rivoli_, 242. Viste a la Emperatriz de Rusia y a la Reina de Inglaterra.

VICENTA. Y será carísimo.

MARÍA. Usted figúrese... Mis padres encargaron y 515 pagaron estos lujosos trapos dos meses ha, cuando ya eran pobres, casi miserables. Lo que ellos dieron entonces a la vanidad, justo es que la vanidad se lo devuelva.

VICENTA. Amiga mía, me hago cargo de las circunstancias, y sé que me obligan a ser generosa. Fije usted 520 un valor razonable, teniendo en cuenta que es prenda usada, y no regatearemos. (_Impaciente porque María se quite el vestido._) Y ahora... Porque los instantes vuelan, María. El precio y pago lo arreglaremos mañana.

MARÍA. Perdone usted, Vicenta. Los malditos _mañanas_, 525 causa de tantos desórdenes, están abolidos...

VICENTA. ¿Por quién?

MARÍA. Por mí. Me propongo cambiar radicalmente mi modo de ser. Ya no soy aquélla, soy otra. La gravedad, la urgencia del caso exigen que esta noche quede 530 todo resuelto y concluido: la entrega de la ropa, el pago, etc... No he de ser exigente. De lo que costaron a mi padre este rico traje y sus accesorios... ya usted ve: todo nuevecito... sólo una vez me lo puse en Madrid,... rebajo la mitad. 535

VICENTA. Bien.

MARÍA. Si usted quiere lucirlo esta noche haciéndolo pasar por el que encargó a Madrid, tiene que darme...

VICENTA. ¿Cuánto? 540

MARÍA. (_Con energía._) No mañana, mañana no, esta noche misma, ahora, corra usted a su casa, que está bien cerca, dos pasos, y tráigame... cuatrocientos duros.

VICENTA. (_Confusa, sin saber qué hacer._) Pero... verá usted... el caso es que esta noche... Naturalmente, 545 no voy a decirle a Nicolás... Quizás se opondría.

MARÍA. Pues entonces, no hay trato.

VICENTA. Mañana, amiga mía... ma...

MARÍA. (_Cortándole el concepto._) No hay amiguitas, ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso. ¿No sabe 550 usted que soy de bronce?

VICENTA. Ya lo veo, ya... Pero... No sé cómo arreglarlo... (_Con una idea salvadora._) ¡Ah! Si usted se aviene a recibir esta noche la mitad, un poquito menos... Sin enterar a Nicolás ni a nadie, puedo disponer ahora 555 mismo de unas novecientas pesetas.

MARÍA. Acepto, siempre que usted me dé formal promesa de entregarme el resto antes de las veinticuatro horas... mil cien pesetas.

VICENTA. Justas y cabales. Pero no perdamos tiempo... 560 Corro a casa... Nicolás, a quien dije que iríamos juntas, ya está allá. Luego le diré: «¿no sabes? llegó el vestido...» Y mañana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... tardaré tres minutos... Que cuando yo venga, esté usted despojada... ¿Subiré a su casa? 565

MARÍA. No: espéreme aquí. (_Se quita el abrigo y sombrero._)

VICENTA. A prisita, a prisita, para que yo tenga tiempo... (_Vase corriendo por el patio._)

ESCENA V

MARÍA, CIRILA; después DON PEDRO, dentro.

CIRILA. (_Deteniendo a María que se dirige a la escalera, 570 llevando en la mano sombrero y abrigo._) No subas: tu papá, inquieto y desvelado, con el torbellino de sus ilusiones, no hace más que pasear por toda la casa, y a ratos sale a la galería alta.

MARÍA. (_Indicando la glorieta, junto a la escalera._) 575 Pues aquí mismo. (_Entrega a Cirila el abrigo, el sombrero._) Sube corriendo y traeme un _peignoir_. Si te preguntan... di... cualquier cosa, que lo piden la Alcaldesa y su hermana para modelo.

CIRILA. Voy. (_Presurosa sube a la casa._) 580

MARÍA. (_Sola desabrochándose._) ¡Qué agradecida estoy a ese hombre! Su negativa me ha puesto en el verdadero camino. (_Óyese la voz de Don Pedro, que en la galería alta llama._)

DON PEDRO. ¡Cirila, Cirila! 585

MARÍA. (_Con voz muy queda, gozosa._) Señor Marqués, señor papaíto, ya tenemos dinero.

DON PEDRO. ¿Pero dónde se mete esa...?

MARÍA. Y sin pedir nada a nadie.

CIRILA. (_Baja rápidamente con la prenda pedida._) 590 Aquí está. (_Señalando la galería alta hacia el fondo._) Ya se ha cansado de llamar; ya se va.

MARÍA. (_Cogiendo el peignoir._) Dáme. _(A Cirila que fija la vista en la reja y puerta de la casa de León._) ¿Qué miras? 595

CIRILA. Parecióme ver los ojos del hombre negro acechando tras de la reja.

MARÍA. Ilusión tuya. (_Entra en la glorieta. Cirila le desabrocha el vestido._) Nadie más que tú verá el nacimiento de la mujer nueva. (_Gozosa._) Cirila, abrázame. 600

CIRILA. ¿Estás contenta?

MARÍA. ¿No lo ves?... ¿No notas tú que el mundo todo se ha transformado? No, tú no lo notarás.

CIRILA. Es tu alegría.

MARÍA. No: es el mundo que me sonríe y me dice: 605 «Soy muy grande. Estoy lleno de tesoros... Ven, toma para ti lo que encuentres, que no sea de los demás. Recoge todo, recoge los átomos...»

CIRILA. Vaya, no delires tú ahora. (_Ayudándola a cambiar de ropa._) 610

MARÍA. (_En la glorieta habrá un trozo de follaje, tras el cual se oculta María al desprenderse de la falda y cuerpo._) Es la sociedad que me dice: «Mírame: no soy toda egoísmo, no soy toda vanidad y mentiras. Estoy llena de virtudes: búscalas, y en ellas encontrarás la vida.» 615

CIRILA. Es tu ilusión de sustentar a la familia.

MARÍA. Es Dios que me dice: «Soy la voluntad que hizo el mundo. A ti te di la existencia, y por redimirte sufrí martirio. Adórame Redentor y mártir... Adórame también Creador.» (_Vuelve Vicenta presurosa por el 620 fondo. Busca a María en el sitio donde la dejó. De la glorieta sale María completamente transformada._)

ESCENA VI

MARÍA, VICENTA, CIRILA.

CIRILA. Aquí, señora.

VICENTA. (_Llega junto a María y le entrega los billetes._) Aquí está. Cuéntelo... 625

MARÍA. (_Toma los billetes sin mirarlos._) Gracias, amiga mía.

VICENTA. ¿Y cómo no ha subido usted?...

MARÍA. No conviene que se enteren. No pierda usted tiempo, Vicenta. 630

VICENTA. (_Muy impaciente._) Sí: me vestiré al instante. (_Recoge la ropa._)

MARÍA. (_Coge la mano de Vicenta y la retiene entre las suyas._) Ahora, júreme por la salud de sus hijos que me dará lo restante... 635

VICENTA. Antes de las veinticuatro horas.

MARÍA. Júreme también que me guardará el secreto.

VICENTA. Mi marido y mi hermana tienen que saberlo.

MARÍA. Pero nadie más... Júremelo.

VICENTA. Nadie más. Por la salud de mis hijos. 640

MARÍA. Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo?

CIRILA. Cuerpo, falda... (_Le va entregando todo._)

MARÍA. Sombrero, abrigo...

VICENTA. (_Recogiendo todo cuidadosamente._) Está bien. 645

MARÍA. Estará usted...

VICENTA. (_Con entusiasmo._) ¡Oh, elegantísima! Adiós. Hasta mañana. (_Vase corriendo._)

CIRILA. (_Después de mirar por la escalera._) Podemos subir. Tu papá se ha retirado. Nos meteremos en mi 650 cuarto.

MARÍA. Sí. (_Contemplando los billetes._) Dinero de mi pobreza, ya estamos aquí frente a frente tú y yo... ¿Qué quieres decirme al venir a mí? Que desde que te inventaron los hombres eres muy malo, y que por malo 655 te han puesto innumerables motes injuriosos... que revuelves todo el mundo y originas infinitos desastres... ¡Ah! ya veremos eso... Conmigo no juegas. ¡No sabes tú en qué manos has venido a parar!... ¿Serás bueno, eh?... Seremos amigos. (_Los besa y los guarda en el 660 seno._)

CIRILA. Vámonos ya.

MARÍA. Un momento. (_En el centro de la escena, vuelta hacia la casa de León._) ¡Maestro...!

CIRILA. No responde... No hay nadie. 665

MARÍA. Hablo con su espíritu, mujer. (_Alzando más la voz y mirando siempre a la izquierda._) Ya no soy aquélla... soy otra.

CIRILA. (_Asustada._) Cállate, niña mía...

MARÍA. No puedo. Déjame expresar mi alegría, mi 670 gratitud... Maestro, buenas noches. (_Dirígese a la escalera con paso ligero._)

ACTO TERCERO

Sala baja en el palacio de Alto-Rey. En el fondo dos grandes rejas por las cuales se ve un patio con árboles separado de la calle por un muro bajo o empalizada. A la izquierda, puerta por donde entran los que vienen de la calle. A la derecha, puerta grande que comunica con el interior.--Mesa grande a la derecha, con cajón practicable; a la izquierda otra mesa sobre la cual hay piezas de puntilla y cajas de flores artificiales, pasamanería. Parte de estos objetos están a la vista, fuera de las cajas. Debajo de la mesa, más cajas. En el fondo grandes armarios antiguos, con puertas de nogal. En el ángulo de la derecha un perchero con ropa de María. Ésta, junto a la mesa de la derecha, de perfil al público, toma nota de existencias. Viste con elegante sencillez; se cubre con un largo delantal. Cirila está mirando a la calle por la reja. Óyese lejano rumor de panderetas y cantos populares.

ESCENA PRIMERA

MARÍA, CIRILA.

MARÍA. ¿Pero qué bulla es esa?

CIRILA. Primer día de ferias. El pueblo quiere divertirse. (_Dirígese a la mesa de la izquierda._)

MARÍA. Sigamos. De puntillas quedan... dos cajas...

CIRILA. (_Contando piezas de puntilla._) Dos, y estas 5 cuatro piezas.

MARÍA. Lástima no haber traído más.

CIRILA. Inspirada fue tu invención de esta granjería. Los tenderos de aquí traían un género anticuado, carísimo, y más falso que Judas... y tú, pidiéndolo directamente a 10 la fábrica y contentándote con una ganancia corta...

MARÍA. (_Atenta a sus notas._) Doscientas doce. (_Hace su apuntación en pie._)

CIRILA. (_Suspendiendo el trabajo._) ¿Sabes, mi ángel, que es una maravilla lo que has hecho? En poco más 15 de dos meses...

MARÍA. Dos meses y algunos días desde aquella noche... Parece que fue ayer...

CIRILA. Cuando le vendiste a doña Vicenta tu ropa... ¡Ay, de rodillas debiera adorarte la familia! Mira que... 20 Imposible parece...

MARÍA. Vamos, Cirila, no te entretengas. Si no me ayudas, tendré que volver a ponerte en la cocina. (_Pasa a la mesa de la derecha._)

CIRILA. ¡Ay! no, no: déjame aquí. (_Vuelve a su 25 trabajo._) Por cierto que con la nueva cocinera están muy contentos los señores. Tu papá la llama _el jefe_. Esta mañana, a más del _rosbif_, ha traído Bernarda unas aves riquísimas, pavipollos que parecen bolas de manteca... un jamón de York... pasas de Corinto para hacer _plum 30 pudding_... té superior... _foie-gras_... y vino blanco, de ese que llaman _Chablis_... (_Pasa a la derecha._) ¿Pero no sabes, bobita? (_Con misterio._) Quieren convidar a comer al señor de Corral.

MARÍA. (_Vivamente._) ¡A ese gaznápiro insufrible! 35 ¡Vaya que es gana de contrariarme! Sabiendo mi antipatía, mi repugnancia.

ESCENA II

Las mismas; MENGA. Mozuela del pueblo, vendedora en la plaza. Viste pobremente; trae al brazo un gran cesto con sus variadas mercancías; en la mano un palo tarja. Su hablar es áspero y descarado.

MENGA. (_Por la izquierda._) ¿Ha lugar, muesama?

MARÍA. Adelante, Menga.

MENGA. Si quié que ajustemos la cuenta... (_Saca 40 un bolsón mugriento._)

MARÍA. Vamos allá. (_Se sienta. Saca del cajón de la mesa una cestilla con dinero y un papel._)

MENGA. Léame la apuntación, a ver si hay conformidá. 45

MARÍA. Tienes que darme: pesetas...

MENGA. (_Vivamente._) ¡Noramala con las pesetas! ¡Cuénteme por benditos riales!

MARÍA. Pues cuatrocientos ochenta reales. Bien clarito está. 50

MENGA. No, muesama.

MARÍA. ¿Que no? Pues haz tú la cuenta.

MENGA. Cuenta clara. (_Mirando el palo en que tiene hecha la cuenta por cortaduras a navaja._) Sesenta piezas. 55

MARÍA. Sesenta piezas.

MENGA. A siete y medio. Pus son: cuarenta dieces, más cuatro cincos, que hacen veinte, más sesenta medios riales. Esto sí que es claro.

MARÍA. A ver. (_Mirando la tarja._) Ya... es que 60 tú te descuentas tu corretaje...

MENGA. ¡Pus no!

MARÍA. ¡Pero si del corretaje te llevo yo cuenta aparte! (_Saca otro papel._) Toma: treinta reales. (_Se los da._) 65

MENGA. (_Coge su dinero. Saca del bolsón billetes y plata._) Cuentas claras: cuarenta y cinco dieces, más seis cincos... Ahí tiene... Ahora déme (_Sacando cuenta mental, ayudada de los dedos._) veinte piezas, y otras veinte, y cinco más. 70

CIRILA. Cuarenta y cinco. Toma. (_Se las va contando._)

MENGA. Las aldeanas no quién otra cosa. Yo les digo que to l' señorío de Madril lo gasta, la Reina mesmamente en sus camisolines... y que lo train de unas 75 fráicas nuevas de las Alemañas, o del quinto infierno.

MARÍA. No te quejarás, Menga: bien te doy a ganar.

MENGA. No hay queja, muesama. Pero vea: siete bocas tengo que tapar: mi madre, mi güela de padre, mi güelo de madre, y cuatro sobrinos mocosos, tamaños 80 así.

MARÍA. Pero tú ganas mucho. Eres gran comercianta.

CIRILA. Pues no llevas aquí poco material. (_Mirando el contenido del cesto._)

MARÍA. ¿Qué vendes, a más de la puntilla? 85

MENGA. (_Mostrando sus mercancías._) Poca cosa: vendo cangrejos, peines, cuerdas de guitarra, aleluyas para los chicos, y velas para los difuntos.

CIRILA. ¡Ay, qué allegadora!

MARÍA. Dios la protegerá. (_Entra Vicenta por la 90 izquierda._)

ESCENA III

Las mismas, VICENTA.

VICENTA. ¡Queridísima...!

MARÍA. ¡Oh, Vicenta...! (_Se levanta. Alegre va a su encuentro._) ¿Qué hay, qué noticias me trae?

VICENTA. (_Con entusiasmo._) Hija, las flores y pájaros 95 para adorno de sombreros han tenido una aceptación colosal. ¡Qué feliz idea! No llegaban acá más que porquerías anticuadas... Me ha dicho Josefita que se queda con todo, y que le mande usted la factura.

MARÍA. Bien. (_Destapa cajas y le muestra más flores 100 y otros objetos._) Tengo más, mucho más... Mire, mire: aquí más flores... pájaros lindísimos... Aquí cascos de paja... ¡Vea usted qué cosa más elegante!

VICENTA. (_Con grande admiración._) ¡Oh, qué maravilla! 105

MARÍA. (_Sigue mostrando._) Vea la encajería para adorno de vestidos.

MENGA. (_Acercándose con Cirila y admirando aquellos primores._) Miá, miá, lo que trujo pa las señoras de acá... ¡Hale con ellas, muesama, y engáñelas y sáqueles la 110 enjundia, que son bien ricachonas!

VICENTA. Ha tenido el talento de adivinar los adelantos de esta villa...

MENGA. ¡Qué no discurrirá ésta, si tié los dimonios en el cuerpo! 115

CIRILA. Los ángeles tiene, que no demonios, bruta.

MENGA. Lo mesmo da... que hay dimonios del Cielo.

CIRILA. ¡Jesús, qué blasfemia!

MENGA. O angelicos de los infiernos... Dígolo porque 120 ésta paiz un dimonio, y es, como quien dice, santa... Ea, dame lo mío.

CIRILA. (_La va cargando de piezas._) Santa es: no lo sabes tú bien.

MENGA. (_Acomodando su carga en el cesto y en la 125 cabeza._) Echa más... ¡Arre ahora!

MARÍA. ¡Adiós Menga, ricachona!

MENGA. (_Abrumada con su carga._) Adiós, Santa Mariucha. (_Vase por la izquierda._)

MARÍA. (_A Cirila._) No te necesito por ahora. Acompaña 130 un ratito a mamá. (_Vase Cirila por la derecha._)

ESCENA IV

MARÍA, VICENTA.

VICENTA. Josefita colocará desde luego parte de estos primores. Ha estado usted felicísima. Agramante será dentro de poco un pequeño Madrid. Como dice Nicolás, la ola del lujo avanza, avanza... 135

MARÍA. Tendrá Josefita muchos encargos.

VICENTA. Como que se verá muy mal para poder cumplir. Ya sabe usted que para la inauguración del nuevo teatro tendremos aquí la compañía del Español. Nos abonaremos... todo el señorío. 140

MARÍA. Y venga lujo, vengan flores y encajes... y sombreros grandísimos, que son lo más propio para teatro.

VICENTA. Lo más elegante.

MARÍA. Así da gusto ver las butacas, hechas un bosque 145 de plumas.

VICENTA. En nuestro lindo coliseo, desplegará la aristocracia agramantina un lujo... (_Sin recordar el adjetivo._) ¿Cómo se llama al lujo?... ¡Ah! inusitado. 150

MARÍA. ¡Bien por Agramante!

VICENTA. Y ahora, otra cosa. (_Se sienta frente a ella._) Y esto que voy a decirle, querida mía, es un tantico desagradable...

MARÍA. (_Alarmada._) ¿Qué, Vicenta? 155

VICENTA. No, María, no es para asustarse... Soy su mejor amiga; me intereso mucho por usted, y quiero prevenirla de ciertos rumores...

MARÍA. (_Serena._) ¿A ver, a ver?... ¿Qué dicen de mí? 160

VICENTA. Naturalmente, todo el mundo encuentra muy extraordinario, encuentra inverosímil que una mujer sola pueda...

MARÍA. ¿Levantar del suelo a una familia, sostenerla en una pobreza decorosa?... ¡Vaya con el milagro! 165 ¿Y de esto se asombran?

VICENTA. Se asustan, se escandalizan. Este compra-y-vende de una señorita noble, hija de Marqueses, no está en nuestras costumbres.

MARÍA. Ni ello les cabe en la cabeza a estas mujercitas 170 encogidas y para poco... Como si lo estuviera oyendo, Vicenta... dirán que una mujer no puede ganar dinero...

VICENTA. Honradamente. Se lo digo a usted con toda esa crudeza, para, que se indigne. 175

MARÍA. No, amiga mía: si no me indigno.

VICENTA. ¡Y se queda tan fresca!

MARÍA. Cuando me determiné a sacar a mis padres de la miseria, por los medios que usted conoce, ya conté con que me habían de tomar por loca, o por otra cosa 180 peor... y fortifiqué mi alma contra esos ataques... que no podían faltar.

VICENTA. ¿De modo que usted no teme...?

MARÍA. ¿A lo que llaman la opinión, a la falsa crítica, a la mentira maliciosa? No la temo. Todo es pura 185 espuma, y yo soy roca.

VICENTA. Dios la conserve a usted en esa fortaleza y serenidad.

MARÍA. Con ellas me va muy bien: nadie viene a turbarme... 190

VICENTA. ¿Nadie? (_Picaresca._) Eso no es verdad; que por ser usted mujer de tanto mérito, no le falta el asedio de pretendientes, alguno tan enfadoso como el pobre Corral...

MARÍA. ¡Mentecato como ése! 195

VICENTA. Loco está por usted, y a los desdenes responde con mayor exaltación... La verdad: yo, en el caso y en las circunstancias de usted...

MARÍA. (_Imponiéndole silencio._) No siga, Vicenta, se lo suplico... y hablemos de otra cosa. (_Transición 200 rápida a las ideas alegres._) Hablemos de esto, de mi lindo comercio. ¿Sabe usted que tengo que ver a Josefita y acordar con ella plazos, precios...?

VICENTA. Iremos juntas. Yo también tengo que verla. ¿Vámonos ahora? 205

MARÍA. Dentro de un rato, si le parece bien.

VICENTA. (_En actitud de despedirse._) Viene usted a mi casa, o llama desde el balcón... (_Recordando._) ¡Ah!... Otra cosa: ya decía yo que se me olvidaba lo más importante... Esta tarde empiezan las fiestas de 210 la Virgen de las Mieses... Es la locura de Agramante. Mañana y pasado, gran baile popular en el campo que rodea el Santuario, al pie del monte. Es costumbre de las señoras principales, en días tan alegres, sacar de las arcas los mantones de Manila. 215

MARÍA. ¿Y bailan?

VICENTA. Baila sólo el pueblo. Nosotras organizamos meriendas, paseamos en el bosque, nos reunimos las amigas, formamos corros...

MARÍA. ¡Oh, sí!... Un rato de expansión, al aire 220 libre, entre personas amables, me agradará mucho...

VICENTA. Pues allá nos vamos. Yo tengo mantones...

ESCENA V

MARÍA, VICENTA; LEÓN, por la izquierda.

LEÓN. (_En la puerta, gozoso, gallardo, descubriéndose._) Saludo a María, estrella de la mañana, torre de marfil, asiento de la sabiduría. 225

MARÍA. _Ora pro nobis._ (_Riendo._) ¡Cómo viene hoy! (_Ocupa su sitio en la mesa._)

VICENTA. (_Aparte._) ¡Jesús, qué saludos tan poéticos usa este hombre carbonífero!

LEÓN. Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (_A María._) 230 Hoy, más que ningún día, anhelaba yo venir a tomar sus órdenes.

VICENTA. (_Aparte._) ¡Y entra aquí como en su casa! Pues yo no me voy sin enterarme... (_Retirándose a la izquierda._) 235

MARÍA. No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que hablemos León y yo puede usted oírlo.

LEÓN. Tratamos de negocios. (_Saca una voluminosa cartera y la pone en la mesa._) Señora Alcaldesa, acérquese usted. Aquí no hay secreto, porque los arrebatos 240 de mi admiración por esta señorita sin par, de nadie los recato... quiero que sean públicos.

VICENTA. Y lo serán... Ya empiezan a serlo.

MARÍA. Vaya, vaya, tenga juicio.

VICENTA. (_Maliciosa._) Creo haber oído... que 245 María debe a usted sus conocimientos mercantiles.

LEÓN. No merezco el honor de llamarme su maestro. Si esto se dice, será porque algún ejemplo de mi azarosa vida le sirvió de lección saludable. De aquellos ejemplos ha sacado su ciencia; de su ciencia, sus triunfos y la 250 reparación de su casa y familia.

VICENTA. ¿Es cierto, amiga mía?

MARÍA. Cierto será cuando él lo dice, Vicenta.

VICENTA. Bien. (_A León con picardía._) Sabe mucho su alumna. 255

LEÓN. ¡Que si sabe! (_Observando a María, que sonríe._) Vea usted esos ojos, que penetran en toda la realidad humana.

VICENTA. ¡Los ojos!... Ésa es la ciencia que a usted le fascina, señor mío. 260

MARÍA. No le haga usted caso, Vicenta. Hoy le desconozco: el hombre más aplomado y más sereno del mundo, se nos presenta como un cadete sin juicio... ¿Qué le pasa a usted hoy?

LEÓN. Me pasa... Pues verá usted: hoy he despertado 265 con una idea luminosa, que repentinamente brotó en mí como una inspiración. Pensé...

MARÍA. (_Con gran interés, levantándose y pasando al centro._) ¿A ver, qué ha pensado el hombre?