Mariucha

Chapter 7

Chapter 73,475 wordsPublic domain

CIRILA. (_Interrumpiéndole._) Porque la señorita me dio la carta para el señor León, y apenas la puso en mis 35 manos, me la arrebató diciéndome: «No, no: nada de carta. Aunque es muy penosa esta declaración hablada, prefiero...» (_Sintiendo rumor en la escalera._) ¡Ah! ya viene. (_María desciende cautelosa, aplicando el oído, mirando a todos lados. Detiénese a cada peldaño, con temor 40 y ansiedad. Viene vestida para la fiesta nocturna, con traje de extraordinaria elegancia y riqueza. Sombrero; abrigo de verano. La luna llena ilumina la hermosa figura._)

ESCENA II

LEÓN, CIRILA, MARÍA.

MARÍA. Aquí está... Me espera. (_Parada en el primer peldaño, temerosa._) ¡Oh! no me atrevo... le diré 45 que se vaya, que me equivoqué... Es necedad, locura...

CIRILA. (_Se acerca a ella, secreteando._) Te aguarda... ¿Qué... temes?

MARÍA. (_Rehaciéndose._) ¡Ay, sí!... Pero más que mi miedo podrá el tesón del alma mía. Lo que resolví 50 después de mucho meditar, debe hacerse, se hará... Inspíreme Dios y fortalézcame. Cirila, tú te sientas aquí para avisarme si alguien de casa...

CIRILA. Sí, sí: yo estaré al cuidado... (_Se sienta en el primer peldaño._) 55

MARÍA. (_Aparte, avanzando._) Es bueno, es generoso... Nos atenderá... Con esta esperanza me aventuro...

LEÓN. (_Respetuoso._) Señorita... estoy a sus órdenes.

MARÍA. Gracias... Si me he permitido molestarle... (_Aparte._) No sé cómo empezar. Estudié un principio 60 muy oportuno... y ya se me ha ido de la memoria...

LEÓN. Para mí es grande honor...

MARÍA. (_Aparte recordando._) ¡Ah! ya... (_Alto._) Pues mi padre... (_Aparte._) No era esto... (_Alto._) Mi hermano... 65

LEÓN. Su hermano de usted hizo esta mañana un reconocimiento minucioso de mi fisonomía. Le estorbaba un poco la máscara de carbón que llevaba yo entonces...

MARÍA. Signo, emblema de un trabajo honrado. (_Aparte._) Me parece que voy bien. Debo ganarme su 70 voluntad. (_Alto._) Mi hermano creyó ver en su cara de usted cierto parecido con un muchacho de Madrid... un mala cabeza, que dio mil escándalos y cometió... no sé qué diabluras... Realmente no existe semejanza.

LEÓN. ¿Que no existe semejanza? ¿Y usted lo 75 afirma?

MARÍA. (_Principiando a sospechar, mirándole atenta._) Sí... yo... conocí al tal. Verdad que no recuerdo bien su fisonomía. Por eso dije luego: «No es aquél, Cesáreo; es otro.» 80

LEÓN. Su hermano de usted, creyendo ver en esta cara facciones conocidas, estaba en lo cierto. Soy Antonio Sanfelices.

MARÍA. (_Retrocediendo asustada._) ¡Oh, Dios mío! Usted... Perdóneme si he dicho... (_Aparte._) ¡Ay! 85 ahora la he hecho buena.

LEÓN. No tengo por qué perdonarla. Sosiéguese usted.

MARÍA. No haga usted caso... Juzgando por lo que oí, dije... 90

LEÓN. ¡Si ha estado usted excesivamente benigna en la calificación de mis actos! Diabluras ha dicho. Fue algo más... Si quiere usted atenuar mis faltas, diga: complicidad irreflexiva en delitos graves.

MARÍA. (_Asustada._)¡Ay, Dios mío! Yo no digo 95 nada, ni sé nada de eso... Y no tema que yo le delate, ni que descubra su verdadero nombre.

LEÓN. En realidad, no tengo ya por qué ocultarlo. León es mi segundo nombre de pila. Lo adopté como primero en los días más horrendos de mi vida, cuando, 100 abandonado por unos, de otros perseguido, me vi solo, encadenado a mi conciencia, frente al mundo inmenso, que me pareció el conjunto de todas las iras contra mí. Hoy conservo este nombre porque en él veo la forma bautismal de mi regeneración. Usted, con divina perspicacia, 105 acertaba cuando dijo: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»

MARÍA. (_Reflexiva._) Es usted otro.

LEÓN. El hombre lleva en sí todos los elementos del bien y del mal. Excelentes personas han caído en la 110 perdición; santos hay que fueron perversos.

MARÍA. Si es usted de estos últimos, déjeme que le admire.

LEÓN. Merezco quizás el respeto de usted; admiración, no. 115

MARÍA. La desgracia, tal vez la miseria, le han obligado a luchar; la lucha le ha redimido: ¿no es eso?

LEÓN. Criado fui en la holganza... Puedo decir que no tuve padres, porque murieron dejándome muy niño. Hombre ya, heredé una fortuna, que vino a mis manos 120 cuando la compañía de amigos, peores que yo, me había educado ya en los vicios de la disipación y el juego, en el menosprecio de toda rectitud... Corrí desvanecido por el mundo, ciego y desmandado. Este vértigo, este correr loco, forzosamente habían de precipitarme al 125 abismo. Mis amigos iban delante, más ciegos que yo. Si el dinero nos faltaba, ¡qué arbitrios, qué combinaciones depravadas para procurárnoslo! Por fin, la escasez nos arrastró a la desesperación, la desesperación a la ignominia, ésta al escándalo, y el escándalo nos estrelló 130 contra la justicia, y nuestros nombres fueron oprobio de familias respetables.

MARÍA. (_Con estupor candoroso._) ¡Jesús! ¿Y por qué, dígame, por qué fue usted tan malo?

LEÓN. Óigame, señorita, y vea toda mi maldad. Un 135 compañero mío de aquellas locuras discurrió... poner en un documento de crédito una firma que no era la suya. (_Movimiento de reprobación en María; protesta viva de León con mirada y gesto._) Yo no lo hice... me repugnaba. Mi complicidad consistió en que pude evitar el fraude, y 140 no lo evité... por el provecho momentáneo que de él tuve. Mi aturdimiento fue causa de que el menos culpable, yo, apareciese más recargado de responsabilidad y...

MARÍA. (_Vivamente._) De todo eso tengo yo una idea 145 vaga... En Madrid, por unos días, no se habló de otra cosa. Su tío de usted, el Marqués de Tarfe...

LEÓN. Mi tío, que hasta entonces no se había cuidado de mí, se mostró grande, generoso y justiciero ante la deshonra que yo arrojé sobre la familia. Con su dinero 150 fue cancelado el infamante documento; por gestión suya fue sobreseída la causa que se nos formó; y tratándome con severidad cruel, no tan cruel como yo merecía, me dio lo preciso para irme a Cádiz, donde un amigo suyo tenía el encargo de embarcarme para América. 155

MARÍA. Eso entendí... que se había ido usted a Montevideo, al Brasil, no sé... Siga.

LEÓN. Pero estoy importunando a usted con mi triste historia, impidiéndole...

MARÍA. (_Vivamente._) No: si eso me interesa más 160 que nada. Cuente... Se embarcó usted...

LEÓN. A embarcarme iba; pero en el camino caí enfermo, y en mi enfermedad y en mantenerme gasté el dinero que llevaba. Solo, vagabundo, sin más amparo que el Cielo arriba, mucha tierra por delante, entré en 165 relaciones con mi conciencia, y empecé a creer que un hombre nuevo alentaba en mí.

MARÍA. (_Con intensa curiosidad._) ¿Pero cómo vivía, cómo pudo arreglarse? Cuénteme esa parte de su historia... 170

LEÓN. ¿Le agrada a usted?

MARÍA. Es muy bonita... digo, es la más interesante...

LEÓN. Y la más terrible. No podrá usted, con todos los atrevimientos de su imaginación, reconstruir las torturas 175 mías, la fatiga inmensa, el angustioso _via crucis_ tras la caridad pública, la miseria, los ultrajes... Pero todo esto era necesario para que naciese el hombre nuevo, y allí nació, en aquel vivir doloroso...

MARÍA. Refiérame todo, sin omitir nada. (_Se sienta 180 en el banco de piedra, y escucha poniendo toda su alma en el relato._)

LEÓN. Pues mire usted, ni aun en los trances de mayor desesperación me decidí a quitarme la vida.

MARÍA. ¿No pensó usted en suicidarse? 185

LEÓN. Sí pensé alguna vez; pero en el momento de consumarlo, me detenía... Me daba lástima de matar al hombre nuevo... Me parecía que mataba a un niño.

MARÍA. (_Identificándose con la idea._) Sí, sí: lo comprendo, lo siento yo... Siga. 190

LEÓN. Sin norte ni rumbo, yo atravesaba sierras, valles, estepas... Caridad encontré en algunos lugares; en otros desprecio, palos, burlas...

MARÍA. (_Compadecida._) ¡Ay, qué hambres pasaría, pobrecito! 195

LEÓN. He recogido sobras de las cocinas más miserables; los pastores me han dado a rebañar sus sartenes.

MARÍA. Y andando, andando siempre, con su cruz a cuestas.

LEÓN. Con mi cruz... y con mi conciencia, que ya 200 no me ponía cara muy adusta.

MARÍA. Ya le sonreía, le alentaba... Y usted siempre adelante.

LEÓN. Hasta que llegué a las minas de Somonte. Allí pedí trabajo. Me lo prometieron... Entre tanto, 205 ayudaba a los carreteros a cargar carbón.

MARÍA. Y así vivía...

LEÓN. Allí tuve el primer dinero ganado por mí; ¡pero con qué trabajos!... Un día se murió de viejo un pobre borrico que trabajaba con un carro pequeño. 210 Yo lo sustituí.

MARÍA. ¡Jesús!

LEÓN. Y tirando de mi cargamento, aquí lo traje. Fue la primera vez que entré en Agramante... Volví a la mina. Un secreto instinto, algo como una naciente 215 vocación del hombre nuevo, movía mi voluntad, movía mis manos a una ocupación que era mi mayor gusto... Cuando los carros se ponían en camino, yo recogía los pedacitos de carbón que caían al suelo. Recogiendo y acopiando toda aquella miseria esparcida, llenaba yo 220 una cesta de carbón, que vendía luego en los pueblos próximos...

MARÍA. (_Maravillada._) ¡Oh, qué paciencia, Dios mío!

LEÓN. En mi afán de llenar la cesta, yo no me contentaba con recoger los pedacitos: quería recoger hasta 225 los átomos...

MARÍA. (_Identificándose con la idea._) ¡Los átomos! Es lo que yo digo: cuando pasa un átomo, cogerlo...

LEÓN. En esto, yo había escrito a mi tío explicándole mi deplorable situación: yo estaba descalzo, harapiento. 230 Por toda respuesta, me mandó a esta villa tres cajas en pequeña velocidad, porte pagado. En ellas venía toda mi ropa.

MARÍA. ¡Oh, qué bien! Por lo menos, se remedió usted de su mayor falta. ¿Y qué hizo entonces? ¿Se 235 puso usted su ropita y...?

LEÓN. No, señorita. ¿De qué me servía todo aquel matalotaje tan impropio de mi estado mísero? Salvo algunas prendas y el calzado más cómodo, vendí toda mi ropa. 240

MARÍA. ¡Oh, qué feliz idea!... La ropa elegante...

LEÓN. La vendí por lo que quisieron darme. ¿Y qué hice? Me fui a la mina y compré cuatro toneladas de carbón.

MARÍA. (_Animándose, se levanta_.) ¡Bravísimo, señor 245 hombre nuevo!

LEÓN. Pagué mi carbón a toca-teja: lo traje acá, parte en carro, parte en un borrico, y algo también a hombros, en una cesta...

MARÍA. Y lo vendió y ganó dinero. 250

LEÓN. Antes de veinte días pude comprar un carro.

MARÍA. (_Gozosa._) Ya veo, ya veo... Se le revelaba a usted un mundo.

LEÓN. Me sentía poseedor de cualidades nuevas, de ideas nuevas, de nuevas aptitudes... Buscaba en mí, 255 por curiosidad, al hombre antiguo, y no lo encontraba. Aquí de la expresión de usted, que me llega al alma: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»

MARÍA. Su historia, señor mío, me conmueve, me anonada. La veo no menos maravillosa que las vidas de 260 santos y que las empresas de los conquistadores más atrevidos. Lo demás...

LEÓN. Lo demás apenas necesita explicaciones: honradez intachable; trabajo continuo noche y día; diligencia, prontitud, buena fe; cumplimiento exacto, 265 infalible, de todo compromiso comercial... conciencia tranquila, robustez, salud...

MARÍA. (_Suspira hondamente._) ¡Cuántos bienes después de tanta adversidad!

LEÓN. Y ahora, señorita, desenmascarado absolutamente 270 el vecino negro, dígame usted en qué puedo servirla.

MARÍA. (_Aparte._) Después de oírle, siento más vergüenza que antes. (_Alto._) No soy digna de acercarme a usted con la pretensión de... No, no puedo decirlo... 275 Usted ha turbado mis ideas... Yo le creía un hombre inferior... y ahora es usted tan grande que casi no me atrevo a mirarle. (_Inquieta, recorre la escena._) ¡Oh! no, imposible. Debo retirarme. (_Llamando en voz baja._) Cirila. (_Acude ésta a su lado._) ¡No me atrevo; siento 280 una vergüenza...!

CIRILA. En casa no duermen. Tu papá se pasea de sala en sala. Debemos irnos.

MARÍA. (_Dudando._) No, no: aguarda... ¡Dios mío, qué ansiedad! 285

LEÓN. Estamos solos, señorita. Puede explicarme...

MARÍA. No, no, León: me falta valor. Soy una pobre señorita mal educada, incapaz de resolver cosa alguna... Lo que yo pretendía, lo que me impulsó a llamarle, es algo que a sus ojos me rebajaría, y yo no quiero rebajarme 290 a los ojos de usted, de quien ha sabido ser creador de sí mismo. Hágase usted cuenta de que no le llamé, de que no nos hemos visto, y retírese... Le suplico que se retire.

LEÓN. (_Con calma, que encubre una calculada expectación 295 y deseos de penetrar en las ideas de María._) Bien, señorita, en ese caso... (_Con gran lentitud._) Si es deseo de usted que me retire... poniéndome siempre a sus órdenes... (_Se va retirando muy despacio, parándose y volviendo la cabeza._) me retiraré. 300

MARÍA. (_Con súbito arranque._) León. (_Aparte a Cirila._) Sí, sí: lo diré... es preciso. Me volvería loca si no lo dijese. Ello es ridículo, humillante; ¿pero qué importa? (_Alto._) Usted comprenderá que no es por mí... que obligada me veo por... Hay duras necesidades... 305 que abruman...

CIRILA. (_Aparte a María._) Ángel, dilo pronto, en dos palabras, para que acabe tu agonía.

MARÍA. (_Con gran esfuerzo._) Mi padre, mi familia...

LEÓN. Yo haré menos violenta esa manifestación, 310 anticipándome...

MARÍA. Sí... hable usted por mí...

LEÓN. El Marqués se halla en situación precaria... Lo sé: he visto alguna carta dirigida por el señor Marqués a personas de la villa... 315

MARÍA. ¡Oh, qué vergüenza! (_Premiosa, trémula._) Mi padre me ordenó que escribiese a usted una de esas cartas... la escribí... Luego me pareció, viéndole a usted tan humilde, que de palabra... sería mejor... Perdone usted mi atrevimiento. Mi padre es bueno; 320 sólo que el pobrecito sueña con engrandecimientos y regeneraciones que no vienen, que no vendrán... Es bueno, y mi madre una excelente señora, y mis hermanitos... (_Sollozando_) son muy buenos también... están... en el colegio... Tenga compasión de nosotros... En mi 325 casa se ha llegado a una situación tan... no sé cómo decirlo... tal vez usted no lo crea. (_Más ahogado el sollozo._) Yo procuro ocultar a mi padre la terrible verdad de nuestra miseria. Yo sola la sé, yo y Cirila, que más que mi criada, es mi amiga. Los demás viven en 330 un mundo de ilusiones, de mentiras... Mi hermano los mantiene en el engaño... Nos hundimos; rodamos al precipicio, a la abyección... Esto lo veo yo... lo veo... pero no puedo remediarlo, no sé remediarlo... no sé, no sé... (_Rompe en llanto. Cirila llora también en 335 silencio._)

LEÓN. Es en usted mérito grande ver la situación en su realidad terrible, mirarla cara a cara...

MARÍA. (_Más serena._) Sí, señor... la miro... cara a cara. 340

LEÓN. Heroína es usted, y está llamada a entrar en batalla con las mayores desdichas... Pero usted tiene un corazón grande, un corazón valiente, ¿verdad?

MARÍA. Quiero tenerlo.

LEÓN. Usted no se acobarda ante ningún obstáculo. 345

MARÍA. No. (_Secándose las lágrimas, animosa._)

LEÓN. Y posee entereza bastante para permanecer serena ante un contratiempo, ante un golpe de adversidad... como el que yo voy a darle en este momento.

MARÍA. (_Aterrada._) ¡Usted... un golpe! 350

LEÓN. Diciéndole, como le digo, que no puedo socorrer a su familia. (_María permanece en muda expectación._) No podré esta noche, ni mañana... ni en algunos días podré.

MARÍA. (_Aparte consternada._) ¡Humillación, espantosa 355 ridiculez! (_Llévase las manos al rostro._)

LEÓN. ¡Cuánto me aflige mi negativa, sólo Dios lo sabe! (_Decidiéndose a presentar el asunto en su realidad descarnada._) Pero a una persona tan inteligente debo yo completa sinceridad... Suprimo las explicaciones sentimentales 360 de mi conducta, y daré a usted tan sólo las que deben hablar a su razón. (_María continúa expresando el trastorno de su desengaño._) Hace un mes, viendo claro un desarrollo grande de mi tráfico, hice a la mina un pedido de consideración. El nuevo ferrocarril me trajo 365 seis vagones, luego ocho, luego más. He colocado ya la mayor parte... Mañana, 10, es el día fatal, el vencimiento de las obligaciones que contraje. Gracias a mi puntualidad, tengo crédito en la Compañía Minera. La falta de pago me hundiría, me haría perder en un instante 370 la reputación mercantil adquirida con ímprobo trabajo y privaciones de que usted no puede tener idea.

MARÍA. (_Atónita, pero identificándose con las ideas de León._) Sí, sí: ya entiendo.

LEÓN. Allí (_Señalando a su casa._) tengo apilada, billete 375 sobre billete, duro sobre duro, la cantidad que he de pagar mañana. No me ha sobrado nada. ¿Quiere usted que le traiga la suma que allí espera... para el pago de una deuda sagrada y para la sanción de mi crédito? (_Pausa._) 380

MARÍA. (_Después de una vacilación momentánea, dice con voz firme:_) No.

LEÓN. Es usted fuerte, animosa. (_Gozoso._) Veo que si yo soy de hierro, usted también.

MARÍA. ¿Yo? (_Con grave acento y convicción._) Si 385 Dios me concede lo que le pido, el bronce será menos fuerte que yo, y el acero menos templado.

LEÓN. ¡Mujer grande!

MARÍA. Mujer... del tamaño de los acontecimientos, considero muy bien las razones que usted me da para... 390 En fin, que no desmerezca yo a sus ojos; que no me crea... no sé qué iba a decir... y procure usted olvidar esta entrevista...

LEÓN. Eso nunca. Espero que, en un día próximo, podré ser menos cruel que he sido esta noche. 395

MARÍA. (_Turbada._) Gracias, infinitas gracias. Retírese usted... Tiene ocupaciones... Yo también.

LEÓN. Sí... debo retirarme. (_Le hace reverencia. Aléjase lentamente; la contempla a distancia. Aparte._) ¡Dura lección es ésta!... ¡Terrible lección! Aprovéchala. 400 (_Continúa observándola. Acércase Cirila de nuevo a María, con ánimo de consolarla._) Desdichada víctima social, lucha, padece y vencerás. (_Entra en su casa._)

ESCENA III

MARÍA, CIRILA; después VICENTA.

CIRILA. Niña del alma, no te acobardes. Poco amable y nada generoso ha estado el vecino. Probaremos 405 con otros. (_Saca la carta._) Con variar el nombre...

MARÍA. (_Vivamente, mirando a la parte obscura de la escena por donde ha desaparecido León, arrebata a Cirila la carta y la estruja._) Acábese esta ignominia. (_Rompe la carta y arroja los pedazos. Aparece Vicenta por la 410 puerta del patio. Viste traje para la fiesta._) Su proceder duro, casi bárbaro, es para mí un aviso del Cielo. Admiro en ese hombre la severidad de un maestro inflexible.

VICENTA. (_Aparte._) ¡Aquí María!... ¡y qué elegante!... 415

CIRILA. La señora Alcaldesa.

MARÍA. (_Aparte a Cirila._) Apártate... Vigila en la escalera. (_Cirila se aleja por la derecha, cautelosa, y aguarda sentada en el primer peldaño._)

ESCENA IV

MARÍA, VICENTA.

VICENTA. ¡María... querida! Usted, impaciente por 420 mi tardanza, ha bajado a esperarme.

MARÍA. Sí: esperaba a usted...

VICENTA. Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tarde hemos estado mi hermana y yo con el dichoso arreglo. (_Mostrando su vestido._) Yo quería que lo viese su mamá. 425

MARÍA. Mamá se acuesta muy temprano.

VICENTA. (_Girando sobre sí._) ¿Qué tal estoy?...

MARÍA. (_Riendo._) ¡Horrible! No podía usted discurrir un arreglo más desatinado.

VICENTA. ¡Oh, qué pena me da usted!... Pero ya 430 no tiene remedio... Vámonos.

MARÍA. No: yo no voy. Después de vestida, decido no ir.

VICENTA. Entonces, ¿qué hacía usted aquí?

MARÍA. Salíamos... (_Sin saber qué decir._) Íbamos a 435 casa de usted para que me viese...

VICENTA. (_Deslumbrada por la elegancia y riqueza del atavío de María._) ¡Oh, suprema elegancia! Está usted divina, ideal.

MARÍA. Vea usted, Vicenta: con un traje como éste 440 debiera usted presentarse esta noche en los jardines de Teodolinda, iluminados _a giorno_. Una _toilette_ así es lo que a usted le corresponde, por su posición, por su natural elegancia y belleza... y no ese adefesio barato, que va pregonando las hechuras de casa y el aprovechamiento 445 de trapitos. (_Burlándose._) ¡Pobre amiga mía! No puede usted imaginar qué lástima le tengo.

VICENTA. (_Consternada._) No me lo diga usted más, porque hago lo que usted: no ir.

MARÍA. (_Vivamente._) No, no, Vicenta. Usted no 450 puede faltar. ¡Qué se diría! No, no... De ninguna manera...

VICENTA. ¡Vaya que es desdicha! No tan bueno como ése, pero elegantísimo también y de gran novedad, es el vestido que yo encargué. (_Furiosa._) ¡Ay, 455 qué bribona de modista; era cosa de arrastrarla!...

MARÍA. (_Imitando su furia._) De sacarle los ojos. Sí, porque con su informalidad la pone a usted en un ridículo espantoso. Yo lo siento tanto como usted, y estoy pensando que... (_Pausa._) 460

VICENTA. (_Con gran ansiedad, reparando en todas las partes del hermoso vestido._) ¿Qué, hija mía?

MARÍA. (_Gozando con la ansiedad de Vicenta._) Pienso... que con este traje estaría usted encantadora, Vicenta. 465

VICENTA. ¡Oh, sí...!

MARÍA. ¡Y qué golpe daría usted si con él se presentara en el baile! Usted imagínese la grandiosa decoración del parque y jardines... los focos eléctricos, que darán a las mujeres bien vestidas un aspecto ideal, fantástico... 470 y por fondo el follaje verde, salpicado de lucecitas...

VICENTA. (_Entusiasmada._) ¡Oh, incomparable! Creerían que es el vestido que encargué a Madrid... María, amiga del alma, ¿es cierto lo que sospecho? 475 Me dice el corazón que usted, con su generosidad sin ejemplo, se digna prestarme... (_María hace signos afirmativos, lentamente._) ¡Oh, qué alegría! ¿Con que...?

MARÍA. (_Empezando a ponerse grave._) Hay algún 480 inconveniente.

VICENTA. ¿Cuál?

MARÍA. Yo le prestaría a usted con mucho gusto mi traje... pero... si luego me lo ven a mí, ¡qué dirán!

VICENTA. (_Desconsolada._) ¡Ah, sí...! no había 485 caído...

MARÍA. No debo prestar a usted mi vestido, no... Pero... por otro medio podría lucirlo. (_Pausa, expectación de Vicenta._)

VICENTA. ¿Cómo? 490

MARÍA. Comprándolo.

VICENTA. (_Asustada, cruzando las manos._) ¡María!