Mariucha

Chapter 5

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DON RAFAEL. ¡Pocho...! (_Con un castañeteo de lengua como el que se usa para echar a los perros, le despide señalándole la puerta._)

POCHO. Ya, ya... (_Por D. Pedro._) ¡Cristo con él, con su madre y con toda su casta! (_Vase rápidamente._) 135

ESCENA III

DON PEDRO, CORRAL, FILOMENA, DON RAFAEL. La Marquesa de Alto-Rey revela menos que el Marqués, en su traza y vestimenta, la decadencia social. Viste traje negro elegante; mantilla.

DON PEDRO. (_Inquieto._) ¿Y María?

DON RAFAEL. En la plaza quedó con las de González.

FILOMENA. Entretenidita, viendo esos tipos de los pueblos, los pintorescos trajes, la animación del mercado... 140

CORRAL. (_Saludándola._) Señora Marquesa, tengo el honor...

FILOMENA. Señor de Corral, mucho gusto... (_Se quita la mantilla._)

DON PEDRO. (_Afectuoso, cogiéndole la mano._) Querido 145 Corral, sea usted indulgente con mi desgracia, la cual no sólo me aflige a mí, sino a los amigos que vienen a verme, pues poco grato ha de serles oír mis lamentos, y ver espectáculos como estas embestidas del Pocho...

CORRAL. No se hable más de eso. 150

DON RAFAEL. Y sobre todo, no se exaspere, Marqués... Tómelo con calma... Ya vendrán días mejores...

DON PEDRO. Yo confío en que el Gobierno...

FILOMENA. Por la Virgen, no me hables de 155 Gobiernos...

DON PEDRO. En la Providencia, sí: a eso voy. Quiero decir que Dios inspirará al Gobierno para que...

DON RAFAEL. (_Aprobando._) ¡Mucho!

DON PEDRO. También espero auxilio de las personas 160 de nuestra clase. Imposible que permanezcan indiferentes...

FILOMENA. Bien podrán ser nuestros iguales o el Gobierno instrumentos de que Dios se valga para salvarnos. Pero en Dios está toda mi esperanza. 165

DON RAFAEL. Sí, sí: Dios...

DON PEDRO. (_Muy nervioso se levanta y se pasea por la escena._) ¿Pero a qué espera?

FILOMENA. Paciencia, Pedro. Para mirar por nosotros, allá quedó nuestro hijo Cesáreo... 170

DON PEDRO. (_Exasperado._) ¿Pero qué hace en Madrid Cesáreo, pregunto yo, si no revuelve el mundo por sacarnos de este pantano?

CORRAL. (_Recordando._) Tengo el gusto de anunciar a los señores Marqueses que su hijo D. Cesáreo llegará hoy. 175

DON PEDRO. (_Gozoso._) ¡Mi hijo... aquí!

FILOMENA. (_Gozosa._) ¡Cesáreo! ¿Cómo lo sabe usted?

CORRAL. Por un telegrama que recibió esta mañana el Alcalde. 180

DON PEDRO. Me sorprende mucho.

FILOMENA. A mí no, sabiendo que está aquí Teodolinda.

DON PEDRO. La ricachona americana, la super-mujer, poseedora, según dicen, de un capital de diez millones 185 de pesos... No creo en cuentos de hadas; no creo que existan diez millones de duros, ni que una viuda los posea.

DON RAFAEL. ¿Ni creerá usted que le ha dado la ventolera de adquirir las propiedades más valiosas de la 190 provincia?

DON PEDRO. (_Escéptico._) Tampoco... Ni creo que con esa señora, con ese mito, tenga relación el viaje de Cesáreo.

CORRAL. Que en Madrid fueron novios o cosa tal, 195 se ha dicho en Agramante.

FILOMENA. Es cierto: en Madrid, el invierno último.

DON PEDRO. Pero aquello pasó... pura _flirtation_, galanteo fugaz...

FILOMENA. ¡Ah!... no sabemos... 200

DON PEDRO. (_Malhumorado._) Digo que terminó.

FILOMENA. Muy pronto lo afirmas.

DON RAFAEL. (_Con cierto misterio._) Yo puedo asegurar que ayer, hablando con Teodolinda...

DON PEDRO. (_Con súbito interés._) ¿Qué...? 205

FILOMENA. (_Lo mismo._) ¿Qué...?

DON RAFAEL. Pues hablando ayer con ese Potosí en figura humana... fue a entregarme una cantidad, y no floja, para los pobres...

DON PEDRO. ¿Y qué dijo? 210

DON RAFAEL. No sé cómo ni por qué nombramos a los señores Marqueses de Alto-Rey... Se habló de...

CORRAL. Estaba yo presente. Se habló del desastre de esta noble familia...

DON RAFAEL. Hizo grandes elogios de Cesáreo, de su 215 inteligencia, de su gallardía...

CORRAL. Y al fin dijo que no pensaba volver a casarse.

DON RAFAEL. (_Con viveza y enojo._) No: no dijo eso, Corral.

CORRAL. Don Rafael, mire que estoy bien seguro... 220

DON RAFAEL. (_Con energía._) No dijo eso, sino todo lo contrario. Y yo me permití aconsejarle... vamos, le indiqué... cuán conveniente le será un sostén... un compañero de la vida que le ayude a llevar la carga de tan desmedidas riquezas. 225

DON PEDRO. (_Excitadísimo._) Mi querido Corral, usted, que es la gaceta de Agramante, hágame el favor de enterarse del telegrama recibido por el Alcalde... si es verdad que viene Cesáreo...

FILOMENA. Y a qué hora... 230

CORRAL. Voy al punto.

DON PEDRO. Infórmese también de si esa señora...

CORRAL. Ya saben que alquiló la finca de Lugones, con magnífico parque...

DON RAFAEL. Y esta noche da una fiesta... al aire 235 libre.

CORRAL. Lo que llamamos _garden party_, o _garden_ no sé qué, con baile, _buffet_, farolitos...

FILOMENA. Querido Corral, no se entretenga...

CORRAL. Vuelvo. (_Vase presuroso._) 240

ESCENA IV

DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL; después CIRILA.

FILOMENA. ¡Qué paso lleva el oficioso señor!

DON PEDRO. Muestrario de pedrería falsa...

DON RAFAEL. Falsa, no: todo lo que lleva al exterior es de ley. El corazón sí que es falso, y la voluntad puro vidrio. 245

DON PEDRO. ¿Tiene dinero este hombre?

DON RAFAEL. Don Faustino del Corral, o de los Corrales, no se dejará ahorcar por un milloncejo de pesetas.

FILOMENA. ¡Jesús me valga!

DON PEDRO. Hará préstamos en condiciones 250 ventajosas.

DON RAFAEL. Suele dar dinero al tres por ciento mensual, con garantía hipotecaria.

DON PEDRO. Y _a retro_ quizás. El hombre no quiere arriesgarse. 255

FILOMENA. ¿Y a los pobres no da?

DON RAFAEL. ¡Oh! sí: en la suscripción para la _Casa de Misericordia_ figura con una suma mensual.

FILOMENA. Será considerable.

DON RAFAEL. Noventa céntimos. 260

CIRILA. (_Entrando por el fondo con cartas y periódicos._) El correo. (_Dirígese a la mesa de la izquierda, a la que va también don Pedro._)

FILOMENA. (_A la derecha, con don Rafael._) La sordidez, ave rastrera, hace casi siempre sus nidos en las 265 arcas más llenas de caudales.

DON RAFAEL. Así como la caridad, ave del Cielo, suele acomodarse en las arcas vacías. ¡Triste humanidad!

FILOMENA. Por eso yo, en mis angustias actuales, 270 me acuerdo de los que aun son más pobres que yo...

DON RAFAEL. (_Elogiando._) ¡Mucho, mucho!

DON PEDRO. (_A Cirila._) Aguárdate, que algo hay que llevar al correo. (_En voz alta, mirando el sobre de una carta._) Filomena, carta de tu madre. (_La da a Cirila, 275 que la lleva a su señora._)

FILOMENA. ¿Han escrito los niños?

DON PEDRO. No; pero me escribe el Rector que están buenos y contentísimos... Perico muy aplicado, Ricardillo un poco travieso... 280

FILOMENA. Pero buenos y sanos, que es lo que importa. (_Abre la carta de su madre._)

DON PEDRO. (_A Cirila, quitándole una de las cartas que le ha dado._) ¡Qué cabeza! Ésta, para Cesáreo, no va... Aguarda, voy a concluir ésta. 285

FILOMENA. (_Aparte a don Rafael, gozosa, después de leer la carta._) Para que se vea si tengo razón en poner toda mi confianza en el auxilio celestial. Mi pobre madre, que hoy sufre también penuria, aunque no tanta como yo, me manda por segunda vez una corta cantidad. 290

DON RAFAEL. ¿También por conducto mío?

FILOMENA. Sí: usted recibirá el libramiento.

DON RAFAEL. Pues mañana mismo...

FILOMENA. No: no me lo traiga usted. Eso que Dios me envía, en su culto y en obras de piedad quiero 295 emplearlo.

DON RAFAEL. Fíjese usted, amiga mía, en sus necesidades. (_Siguen hablando en voz baja._)

DON PEDRO. (_Cerrada la carta que ha escrito, la da a Cirila._) Oye: si viene esa señora a invitarnos... 300

CIRILA. ¿Qué señora?

DON PEDRO. La super-mujer. ¿Podremos obsequiarla con un té? Dime, ¿queda algo de aquel Porto riquísimo que trajimos de Madrid?

CIRILA. Señor, lo poco que queda resérvelo... (_Sigue 305 diciéndole que la despensa está poco menos que vacía._)

FILOMENA. (_Aparte a don Rafael._) Dios cuida de nosotros. ¿Por qué conducto? Por éste, por otros que no podemos presumir. Entre tanto, reúna usted lo que 310 ahora manda Dios con lo que antes vino, y el total divídalo en tres partes: la una sea para sufragios por el alma de mi padre, por la de los hermanos míos y de mi esposo. La otra, la distribuye usted entre los pobres. Con la última parte quiero ofrecer a la Santísima Virgen 315 del Rosario un manto nuevo. (_Concluye don Pedro de hablar con Cirila y ésta se va._)

DON RAFAEL. Ya podrá pasarse por este año con el viejo. Nuestra Señora es modesta: no se paga de ostentaciones... 320

FILOMENA. Don Rafael, es mi gusto; es un anhelo ferviente.

DON RAFAEL. Bueno, bueno. No hablemos más. (_Don Pedro, en pie junto a la mesa, reconoce papeles con febril inquietud, irascible._) 325

DON PEDRO. Filomena, ¿dónde diablos me habéis puesto...?

FILOMENA. (_Acudiendo a su lado._) ¿Qué, hijo?

DON PEDRO. Es María la que sabe... (_Llamando._) ¡María, Mariucha! 330

FILOMENA. (_Mirando por el balcón._) ¡Esa hija...! En la plaza no la veo.

DON PEDRO. Pues que la busquen, que la traigan.

DON RAFAEL. (_Asomándose por el fondo._) ¡Si está aquí, en el patio! Habla con las vecinas que llenan sus 335 cántaros en la fuente... Hace fiestas a los chiquillos. (_La llama por señas._) Es la bondad misma.

FILOMENA. (_Con profunda tristeza._) ¡Pobre ángel caído en este pozo!

ESCENA V

Los mismos; MARÍA por el fondo. Viste con sencilla elegancia, sin que en su atavío se conozca la pobreza de la familia.

MARÍA. (_Serena, risueña._) Aquí estoy. 340

DON PEDRO. Pero, hija de mi alma, ¿qué hacías?

MARÍA. Me entretuve viendo y examinando nuestra vecindad. En el segundo patio he visto unas familias pobres muy simpáticas, unos chiquillos saladísimos. He hablado con cuantas mujeres vi, preguntándoles de qué 345 viven, cómo viven, qué comen... Y sus nombres, edad, familia, todito les pregunté... Tengo ese defecto: soy una fisgona insufrible...

FILOMENA. Eres una chiquilla.

MARÍA. Pues en este patio primero tenemos vecinos 350 de mucha importancia. A esta parte, al extremo de la galería de cristales por donde salimos al patio, tenemos de vecino a un carbonero.

DON RAFAEL. Almacén de carbones, sí. El dueño es un hombre excelente, muy trabajador... Le 355 conozco...

MARÍA. ¡Por cierto que pasé un susto...! Como me da por verlo todo, me planté en la puerta mirando aquella caverna tenebrosa. De pronto, salió de lo más hondo un hombre horrible, la cara negra, tiznada; los 360 ojos, como ascuas, relucían sobre la tez manchada de carbón... Después me eché a reír. El hombre me dijo: «Señorita, ¿en qué puedo servirle?» Y yo...

FILOMENA. (_Interrumpiéndola._) ¡Vaya que ponerte a hablar con un bruto semejante! 365

MARÍA. ¡Si es un hombre finísimo; si me quedé asombrada de oírle!

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! Ya les contaré algo de ese y otros vecinos.

MARÍA. Todos me han parecido la mejor gente del 370 mundo, incluso el negro. ¿Y qué me dices, papá, del espectáculo de esa plaza, hoy día de mercado? Tú no lo has visto; tú, mamá, tampoco.

FILOMENA. Ya nos fijamos al pasar...

MARÍA. Os aseguro que nunca vi cosa que más me 375 divirtiera. ¡Esos pobres campesinos que vienen de tan lejos con el fruto de su trabajo!... Venden lo que les sobra, compran lo que necesitan. Abrumados llegan, abrumados parten, con el peso de la vida que va y viene, sube y baja... Unos traen grano, otros panes, otros 380 hortalizas, cochinitos chicos tan monos... Aquéllos una carguita de leña: son los más pobres; éstos cargas de lana: son los más ricos... En todos los puestos, en todos los grupos me metía yo con Teresa y Ramona, y a todos preguntaba: ¿De dónde sois? ¿Cuánto os 385 valen las hogazas?... Por esa carga de leña, ¿qué os dan?... Con esos cinco reales, ¿qué compráis ahora? ¿A cómo dais la ristra de cebollas?... Y esas enjalmas rojas para los borricos, ¿cuánto valen?... ¿Habéis hecho buen negocio?... ¿Este trigo es toda vuestra 390 cosecha?... ¿Compraréis cochinito?... ¿Lo engordaréis hasta que le arrastre la barriga?... ¿Y vosotros nunca coméis estos pollos, estos patos?... ¿Qué coméis?... ¿Y vuestros nenes se han quedado allá solitos?... Cuando volvéis allá, ¿qué os dicen las pobres 395 criaturas?

FILOMENA. ¡Vaya, que eres de verdad reparona y entremetida!... un ángel a quien interesan las cosas de la tierra más que las del Cielo.

DON RAFAEL. (_Con calor._) Más, no, señora; lo 400 mismo.

MARÍA. Es que gozo lo indecible, me lo pueden creer, viendo este hormigueo de la vida de los pequeños: cómo viven, cómo luchan, cómo se defienden... Y no sé si reírme o llorar cuando pienso que no son ellos más pobres 405 que yo.

DON PEDRO. (_Melancólico._) Más ricos... No hay riqueza como la ignorancia.

FILOMENA. Riqueza y pobreza, por nuestros deseos se miden. 410

MARÍA. Ello es que los veo contentos, al menos tranquilos, y su contento y su tranquilidad se me comunican... Vedme alegre, confiada, con muchas ganas de infundiros a todos confianza y alegría.

DON PEDRO. (_Dirígese a la mesa._) Ven aquí, ven 415 aquí... Dime, ante todo, dónde metiste las esquelas de... (_Se sienta._)

MARÍA. (_Aparte, suspirando._) Corazón mío, poco te duró el contento. (_Abriendo un cajón de la mesa._) ¡Si están aquí! 420

DON PEDRO. ¡Ah! dame...

DON RAFAEL. Señor Marqués, con su permiso... ¿Tiene algo que mandarme?

DON PEDRO. (_Disponiéndose a escribir una carta._) Querido cura: que no nos olvide en sus oraciones. 425

DON RAFAEL. ¡Ah! por mí no ha de quedar. (_Viendo escribir a su padre, y sabiendo lo que escribe, María manifiesta gran aflicción._)

FILOMENA. (_Aparte a don Rafael al despedirle._) ¿Se ha fijado bien, don Rafael, en lo que le dije de la 430 distribución...?

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! Descuide: lo haré a toda conciencia, con plena conciencia de mi deber. (_Vase por el fondo._)

DON PEDRO. (_Sin dejar de escribir._) Filomena, que 435 me preparen el baño.

FILOMENA. Iré yo misma. No hay que agobiar a la pobre Cirila. (_Vase por la derecha._)

ESCENA VI

MARÍA, DON PEDRO.

DON PEDRO. (_Mostrando a su hija las cartas que ésta sacó._) Cuidarás de que hoy mismo lleguen a su destino. 440

MARÍA. (_Angustiada._) ¡Ay, papá mío! déjame que te diga... ¿No te sientes humillado, degradado, con pedir limosna de esta manera?

DON PEDRO. (_Irascible._) ¿Y qué he de hacer? ¿Estoy en el caso de solicitar un jornal del Ayuntamiento, 445 y ponerme a picar piedra en un camino, o a recoger las basuras de las calles?

MARÍA. Pues mira tú: yo preferiría eso.

DON PEDRO. ¿Preferirías verme...?

MARÍA. Lo haría yo si pudiera... romper piedras, 450 barrer las calles de Agramante.

DON PEDRO. Toma las cartas y mándalas esta tarde. He agregado una... para ese Corral...

MARÍA. (_Resistiéndose a tomar las cartas._) ¡Ay, Dios mío, Dios mío! (_Llorosa, permanece en resistencia_ 455 _pasiva._)

DON PEDRO. (_Con severidad._) Obedéceme... No me irrites...

MARÍA. Bueno, papá: haré todo lo que me mandes. (_Toma las cartas y las guarda en el bolsillo._) Es mi deber... 460 Pero di, ¿no hay otro medio? (_Recordando._) ¡Ah! me dijeron que viene Cesáreo. ¿Lo sabías?

DON PEDRO. Sí.

MARÍA. ¿Y no esperas que Cesáreo te traiga...? Aguardemos a que llegue... 465

DON PEDRO. Lo que traiga tu hermano, que no será mucho, lo necesitará para sí. Está obligado a conservar aquí cierto brillo y... No puedo explicártelo.

MARÍA. Sin tus explicaciones lo comprendo. ¿Crees que se me escapan las ideas tuyas, las ideas de toda la 470 familia? Mi hermano hizo la corte a esa viuda millonaria... Tal vez ahora...

DON PEDRO. No sé... Podría ser...

MARÍA. (_Con agudeza._) ¿Y no se te ha ocurrido que de estos petitorios podría la dama ricachona enterarse? 475 ¡Qué diría, qué pensaría de nosotros!

DON PEDRO. (_Confuso._) Sí; pero... Se haría cargo... No obstante, la idea de que la viuda se entere, me inquieta un poco.

MARÍA. Esta mañana, cuando salía yo de la iglesia 480 con Vicenta Pulido, vi a la millonaria. ¡Ay, qué facha, qué cargazón de sedas, de plumas, de encajes, de joyas! Cuentan por ahí que lleva las ligas recamadas de perlas, y que en su casa de Madrid hay más plata que en una catedral. 485

DON PEDRO. Lo creo...

MARÍA. Y que las mesas de noche son de marfil, y otras cosas... de lápiz-lázuli... Su aspecto es de una _rastaquouère_ tremenda y de una cursi estrepitosa.

DON PEDRO. Nunca la he visto. Dicen que es 490 hermosa.

MARÍA. Lo fue el año de la Revolución de Septiembre, cuando tú todavía no te habías casado.

ESCENA VII

Los mismos; FILOMENA, CIRILA.

FILOMENA. (_Por la derecha._) Ya tienes el baño pronto. 495

DON PEDRO. Voy... (_Al salir detiénese preocupado._) Si vuelve ese maldito Pocho... le decís... que mañana. (_Entra Cirila por el fondo y habla con María._)

FILOMENA. No prometas nunca para mañana... Tómate más tiempo. 500

DON PEDRO. Tienes razón... Mejor será el lunes... seguro, el lunes. (_Vase por la derecha._)

CIRILA. La he visto entrar en el patio.

FILOMENA. ¿Quién?

CIRILA. La señora Alcaldesa. Creo que viene acá. 505 (_Entra Vicenta por el fondo._)

MARÍA. Ya está aquí. (_Vase Cirila._)

ESCENA VIII

MARÍA, FILOMENA, VICENTA; después CIRILA.

VICENTA. Amigas muy queridas: un aviso, una petición, y me voy al instante.

FILOMENA. Ante todo, ¿sabe usted si viene Cesáreo? 510 Su marido de usted ha recibido un telegrama...

VICENTA. No sé nada. En casa estuve después de misa. Nicolás había salido.

MARÍA. ¿No se sienta? (_Se sientan las tres._)

VICENTA. Un momento... Lo primero, advertir a 515 ustedes que Teodolinda viene en persona a invitarlas.

FILOMENA. ¿Esta tarde?

VICENTA. No: antes de mediodía. ¿Irán ustedes a la fiesta veneciana?

FILOMENA. La verdad... no quisiéramos... 520

VICENTA. ¡Por Dios, Marquesa! Esta pobre niña debe distraerse, lucir su belleza...

FILOMENA. Sí, sí... María irá con usted...

VICENTA. Para mí no hay mayor honra... (_A María._) Y me enorgullece llevarla a usted conmigo, aunque a 525 su lado resultaré una facha.

MARÍA. ¡Por Dios, Vicenta!...

VICENTA. Usted ha traído todo su guardarropa, de última moda, elegantísimo, y yo...

MARÍA. ¿No me dijo usted que esperaba hoy el vestido 530 de _garden party_ que encargó a Madrid?

VICENTA. (_Desconsolada._) Pero no vendrá, ¡qué pena! (_Saca una carta._) Vean la carta de la modista, que ha sido como un rayo... (_Lee._) «Imposible remitir hoy...» Este contratiempo me anonada. 535

FILOMENA. Lo comprendo. ¡Contar con una cosa y...! Las modistas son tremendas.

VICENTA. Pues ahora viene la súplica. En este conflicto no veo más que una solución: arreglar un vestido que estrené año pasado, cuando vino el Ministro de 540 Fomento y se alojó en mi casa. Pero desconfío de que mi hermana y yo podamos arreglarlo con toda la elegancia que deseo. Ustedes me indicarán... Perdonen mi impertinencia. El puesto que ocupa Nicolás me obliga a ser la más elegante del pueblo. No quiero hacer mal 545 papel. Nicolás se disgustaría con esto más que si perdiera las elecciones.

FILOMENA. Enseñaré a ustedes un modelo que traje. (_Las interrumpe Cirila entrando presurosa por el fondo._)

CIRILA. Señora... ahí sube. 550

FILOMENA. ¿Quién?

CIRILA. Esa señora tan...

VICENTA. ¡Teodolinda!

MARÍA. ¡La _rastaquouère_...!

VICENTA. (_A Filomena._) ¡Verá usted qué lujo tan 555 desfachatado! (_Entra Teodolinda. Su figura y vestido son conformes a las descripciones que de ella se han hecho. Vase Cirila._)

ESCENA IX

FILOMENA, MARÍA, VICENTA, TEODOLINDA.

TEODOLINDA. Señora Marquesa, me perdonará usted que haya sido muy inconveniente en la elección de hora 560 para mi visita.

FILOMENA. ¡Oh! el honor que recibimos no sabe hacer distinción de horas. (_Se sientan: María al extremo izquierda._)

TEODOLINDA. Y hemos de convenir en que la vida de 565 campo forzosamente ha de relajar un poco la etiqueta social.

FILOMENA. Seguramente.

TEODOLINDA. Perdóneme la señora Alcaldesa si llamo campo a esta preciosa villa, tan culta, modelo de policía 570 y urbanización.

VICENTA. Campo es... con casas... ciudad... al aire libre.

TEODOLINDA. Y la más hospitalaria que cabe imaginar. Estoy contentísima. La casa que he tomado es una preciosidad... 575 aunque algo pequeña...

MARÍA. (_Aparte._) ¡Jesús! Pequeña dice. ¡Y la edificaron para convento! Pues que le traigan el Escorial.

TEODOLINDA. El parque muy frondoso. Sería incomparable si tuviera lago... 580

MARÍA. (_Aparte._) ¡Y mucha agua!

TEODOLINDA. Y una extensión de quinientas hectáreas.

FILOMENA. A propósito de extensiones de tierra, se dice que usted adquiere pertenencias mineras y bienes raíces en la provincia. 585

VICENTA. Y un monte grandísimo, y tres dehesas...

TEODOLINDA. Que me gustaría poder juntar en una sola, para formar una propiedad verdaderamente regia.

MARÍA. (_Aparte._) ¡Cuatro dehesas juntas! para que esta fiera tenga donde pasearse a sus anchas. 590

FILOMENA. Hará usted todo lo que se le antoje, y no habrá ilusión ni capricho que no pueda satisfacer.

TEODOLINDA. (_Con refinada amabilidad._) Por lo pronto, señora Marquesa, aquí me trae la ilusión de que usted y su linda hija honren esta noche mi casa. 595

FILOMENA. Mi esposo y yo agradecemos a usted en el alma su invitación. (_Suspirando._) Nos hallamos bajo el peso de tristezas y desazones que excluyen todo regocijo. Pero no privaremos a nuestra hija de esa magnífica fiesta. Cuente usted con María, que irá con la señora 600 Alcaldesa.

TEODOLINDA. Amiga mía, del mal el menos... Su preciosa hija será la flor más lucida de mi jardín, y la estrella más brillante de mi noche... quiero decir... de la noche de... (_Embarullándose, no puede acabar el 605 concepto._)

FILOMENA. (_Comprendiendo._) Sí, sí... ya...

MARÍA. (_Aparte._) ¡Ay, Dios mío, se le acabó la cuerda!