Mariucha

Chapter 10

Chapter 103,492 wordsPublic domain

FILOMENA. Ahora, mi venerable amigo, me toca a mí 755 estar alegre, en premio de la alegría que di a los pobrecitos enfermos, a quienes usted socorrió con mis ahorrillos...

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!... Pues se pusieron contentísimos, y se arreglaron, vivieron...

FILOMENA. ¿Y eran enfermos graves...? 760

DON RAFAEL. Gravísimos, amiga mía... Socorrí a una familia en la cual estaban todos... o casi todos, locos perdidos.

FILOMENA. ¿Furiosos?

DON RAFAEL. Así, así... Eran más bien pacíficos. 765

FILOMENA. Pues ahora, en acción de gracias, el primer dinero que caiga en mis manos será para...

DON RAFAEL. (_Con gracejo irónico._) Otro mantito para la Virgen...

FILOMENA. Y que será espléndido. 770

DON RAFAEL. ¡Oh, sí: mucho, mucho! Manto bordado de perlas y esmeraldas con una orla en que se repita esta dulce leyenda: _Creo en María._ (_Filomena cruza las manos con emoción beatífica. Siguen hablando. Don Pedro continúa rodeado de todos en el otro grupo, 775 rebosando satisfacción._)

CORRAL. Ahora, señor Marqués, como si lo viera, me le hacen a usted Embajador.

DON PEDRO. (_Vanidoso, sin perder su dignidad._) No diré que no. Quizás lo aceptaría por complacer al Gobierno, 780 y porque me conviene tomar las aguas de Carlsbad. (_A María._) Y a ti te probarán muy bien las de Charlottenbrunn, en Silesia.

MARÍA. ¿A mí? ¡Si estoy reventando de salud! (_Apartada de todos los grupos, se sienta junto a una de 785 las rejas. Su actitud es de inquietud y melancolía._)

DON PEDRO. Y para ti, Filomena, están indicadas las de Teplitz, en Bohemia.

FILOMENA. No hagas proyectos, hijo, que ya es hora de sentar la cabeza. 790

DON RAFAEL. ¿Y qué falta le hacen a usted embajadas, don Pedro?

DON PEDRO. En todo caso, alguna de las que no dan quebraderos de cabeza y son puestos de pura etiqueta: por ejemplo, la de San Petersburgo. 795

CORRAL. Vale más que le hagan a usted embajador en Agramante.

ALCALDE. En este territorio, sí, donde ha de tener Cesáreo tanta propiedad...

DON PEDRO. Ya puede mi hijo ir pensando en mejorar 800 los cultivos. Yo tengo pasión por la agricultura. (_Jactancioso._)

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho! (_Explicando don Pedro sus planes agrícolas van pasando al centro. María y Corral quedan a la izquierda._) 805

CORRAL. (_Aparte a María._) Por última vez, Mariquita...

MARÍA. ¡Por última vez! Ya respiro.

CORRAL. Allá va mi... _ultimatum_...

MARÍA. (_Con fingida benevolencia._) ¡Ah! don Faustino. 810 Mis padres pican ahora muy alto. Y si va papá, como parece probable, a la embajada de San Petersburgo, de fijo querrán casarme con un príncipe ruso.

CORRAL. ¿Es burla?... ¡Ah, ingrata, ingrata!

DON PEDRO. María. (_Acude María al grupo del centro._) 815

CORRAL. (_Aparte, despechado._) ¡Bromitas a mí! Ya verá mi ángel las que yo gasto... (_Caviloso, pasa a la derecha._)

DON PEDRO. Ya podéis ir preparando la merienda...

FILOMENA. De eso me encargo yo. ¿Cuántos...? 820 (_Don Pedro, María, Filomena y el Alcalde quedan a la izquierda ocupándose de la merienda. Pasan a la derecha Corral, Bravo y don Rafael._)

BRAVO. (_A Corral._) Dése usted por muerto, Faustino.

DON RAFAEL. Tu papel ya no es cotizable. 825

BRAVO. (_Zumbón._) Han bajado horrorosamente los brillantes... Y yo pregunto: ¿continuará en alza el carbón?

DON RAFAEL. (_Indignado._) ¿Qué decís ahí, farsantes, envidiosos? (_Indignado, se retira._) 830

BRAVO. (_Solo con Corral._) Don Cesáreo se encargará de dar un corte a esta ignominia... Sólo que... me temo que llegue tarde.

CORRAL. Para que llegue a tiempo, estoy yo aquí, que madrugo... Ya estoy pensando el telegrama que 835 voy a poner... esta misma tarde.

DON PEDRO. (_Contestando a Filomena._) No, no... no me conformo con invitar a los presentes.

MARÍA. ¿Pues a quién...?

DON PEDRO. Convido a todo el Ayuntamiento, a los 840 Juzgados de primera instancia y municipal, a la oficialidad de la zona, a la Guardia civil, a los maestros de las escuelas públicas, al clero parroquial...

FILOMENA. ¡Hijo, por Dios...!

DON RAFAEL. Déjele usted. Dios a todo proveerá. 845 (_Óyese rumor lejano de alegría popular: voces, guitarras, panderetas._) Ya comienza el festejo.

DON PEDRO. Alegría del pueblo, eres mi alegría.

ESCENA XI

Los mismos; VICENTA, SEÑORA y SEÑORITAS DE GONZÁLEZ. Las cuatro con mantón de Manila y claveles en el pelo. Una de las señoritas trae un manojo de claveles, y Vicenta un mantón en caja o pañuelo.

VICENTA. A dar a todos mi enhorabuena y a llevarnos a María. 850

SEÑORA DE GONZÁLEZ. Señora Marquesa, reciba usted nuestros plácemes.

SEÑORITA 1ª. Señor Marqués, nos alegramos infinito.

DON PEDRO. Gracias, mil gracias, señora y señoritas... 855

VICENTA. (_Mostrando el mantón a María._) Para usted traigo éste, que será de su gusto.

MARÍA. ¡Oh, sí... está muy bien! (_Lo desdobla._)

SEÑORITA 2ª. A ver, a ver. (_Se lo pone._) ¡Oh, qué bien! 860

FILOMENA. ¡Admirable! (_Todos aprueban. Suenan más cerca los cantos y músicas populares._)

DON PEDRO. ¡Oh... todo es júbilo!

SEÑORITA 1ª. (_A María._) Ahora los claveles. (_Con ademán de ponérselos. María se sienta._) 865

MARÍA. (_Dejándose adornar._) Ponédmelos a vuestro gusto.

BRAVO. (_Aparte a Corral, señalándole a María._) ¡Vea usted qué preciosidad!

CORRAL. (_Torciendo el rostro._) No la miro; no quiero 870 mirarla. Se me va la vista; me da el vértigo. (_Pasan por el foro animados grupos de mozas del pueblo, con mantón de Manila, tocando panderetas; muchachos con guitarras y bandurrias. Marchan al son de un pasacalle._)

(_Para ver la muchedumbre alegre, acuden a las rejas 875 todos menos María, que permanece a la derecha en actitud silenciosa y triste. Don Rafael a ella se aproxima._)

DON RAFAEL. (_A María._) Hija mía, veo que no está usted alegre, y aquí vengo yo.

MARÍA. (_Consternada._) Lo que a mis buenos padres 880 tanto regocija, a mí me anonada.

DON RAFAEL. Pero usted es un corazón fuerte, y afrontará valerosa las desventuras que la esperan.

MARÍA. (_Muy afligida._) ¿Y cree usted que podré...?

DON RAFAEL. Lo veo muy difícil. A los fuertes se 885 debe la verdad. Lo creo imposible.

MARÍA. ¡Desdicha inmensa si usted me abandona!

DON RAFAEL. Yo, no. ¡Creo en Mariucha!

MARÍA. Pues prométame hacer lo que yo le diga... Usted me ha dado la mayor prueba de estimación y 890 confianza entregándome, para ayudarme a sostener a la familia, el dinero del Cielo.

DON RAFAEL. Era lo más cristiano.

MARÍA. Dígame: ¿pasado mañana habrá también fiesta? 895

DON RAFAEL. Ya lo creo: será el gran día. Tiene usted que venir con mis sobrinitas a la alborada, y después...

MARÍA. Pues pasado mañana...

DON RAFAEL. ¿Qué tengo que hacer? 900

MARÍA. Bien poca cosa: no separarse de mí, ir siempre a mi lado. (_Permanece meditabunda y llorosa._)

DON RAFAEL. ¿Y no es más que eso? Iré con usted, a donde quiera.

DON PEDRO. (_Que se aparta de la reja, con los demás, 905 visto ya el paso de la multitud alegre._) Mariucha, ¿pero no has visto...? (_La observa llorosa._) Hija mía, ¿lloras?

MARÍA. (_Secándose las lágrimas._) No, no, papaíto, es que...

DON RAFAEL. Lloraba de gozo. 910

DON PEDRO. Vamos, ven, y confundamos nuestro gozo con la alegría popular.

FILOMENA. Alegre está todo: el Cielo, la villa, el pueblo.

MARÍA. (_Rehaciéndose, con potente esfuerzo, hace rápida 915 transición de la tristeza al contento: su pecho se ensancha, sus ojos resplandecen._) Y yo, también. (_Con efusión de su alma cogiendo el brazo de don Rafael._) Yo también soy pueblo... porque soy pobre.

DON PEDRO. (_Un poco sorprendido de la frase._) ¿Qué, 920 qué?

MARÍA. Llevadme a la fiesta, al campo, al sol... al sol, que es la pompa de los humildes.

ACTO CUARTO

Explanada de la Ermita del Cristo, a la subida del monte.--Al fondo, entre follaje, la ermita. Junto a ella una escalerilla tallada en la roca, que da paso al monte, cuya espesura se extiende en plano ascendente por todo el foro.--A la izquierda, arbustos por entre los cuales se abre un sendero que conduce a la Villa. Ésta se supone que está muy cerca, y a un nivel más bajo que la escena.--A la derecha, muro ruinoso con portalada sin puerta. De aquí parte un sendero, que se supone conduce al ferial, al Santuario de las Mieses, a la Estación del ferrocarril y a puntos lejanos de la Villa.--En el centro, un castaño corpulento que cubre con sus ramas toda la escena. Junto al tronco, un banco de mampostería, musgoso. Es de día.

ESCENA PRIMERA

LEÓN, que entra por la izquierda.

LEÓN. Ermita del Cristo: es ésta... Árbol corpulento. (_Lo señala._) Y yo aquí. (_Dudando. Saca con febril presteza una carta._) Lo he leído cien veces, y aún me asaltan dudas. (_Lee._) «En la ermita... al pie del castaño...» Para mayor claridad añade: «entre el 5 hospital de la Misericordia...» allí está la Misericordia (_Señala un punto cercano y bajo._) «y San Pedro...» aquél es San Pedro. (_Lo señala._) Tampoco puede haber duda en la fecha. La carta dice: «mañana.» La escribió anoche. Luego mañana es hoy... Bien claro está: 10 aquí dará contestación a la carta que puse en su bendita mano... Aquí, antes de la procesión... Y vendrá con don Rafael... Un murmullo interior me dice que está próxima la ocasión culminante de mi existencia... María... No, no es loca jactancia creer que corresponde al 15 amor mío. Esto se conoce, esto se ve, se siente, se respira... Y ahora... (_Gran confusión._) aquí... al dar a mi carta respuesta verbal, me dirá... (_Mayor confusión._) Yo me vuelvo loco... ¿qué es esto? ¿Qué universo nuevo, con nueva luz, se descubre ante mí? (_Óyense toques de campana, 20 lejanos._) Ya están en misa mayor. (_Corre a la derecha._) Ya vienen. (_Vuelve al centro._) No me dice si debo hacerme el encontradizo o si... ¿Lo dirá la carta?... Ya no hay tiempo. (_Mirando._) Ya se acercan... Esperaré... y ella misma me indicará... (_Se oculta entre 25 los arbustos de la izquierda. Entran María y don Rafael por la derecha._)

ESCENA II

LEÓN, MARÍA, DON RAFAEL.

MARÍA. (_En la portalada dándole la mano._) Un pasito más y ya estamos. ¡Ay! no sé cómo pedirle que me perdone la molestia de esta caminata. (_Ve a León y con 30 un signo le manda esperar._)

DON RAFAEL. Por ser usted quien es, Mariquita, y por la fe que en su soberana virtud tiene este Cura, voy con usted al fin del mundo... Ea, ¿está contenta de mí? 35

MARÍA. Contenta y agradecida lo que no puede imaginarse. (_Le conduce al banco._)

DON RAFAEL. Bueno... Pues recapitulemos. Usted, al manifestarme la grave resolución de no seguir a sus padres a Madrid... 40

MARÍA. (_Interrumpiéndole._) Resolución fundada principalmente...

DON RAFAEL. Déjeme concluir... Para fundamentar su propósito de resistencia... alegaba usted, entre otras razones, un sentimiento que... 45

MARÍA. (_Vivamente._) Sentimiento que usted conocía ya...

LEÓN. (_Aparte._) ¡Oh, divina mujer!

DON RAFAEL. Lo conocía, y aconsejé a usted... En fin, admitamos el hecho con toda su fuerza. Ayer dije 50 a usted que para dar su verdadero valor a ese sentimiento, es menester conocerlo de un modo indudable en su re...

MARÍA. (_Impaciente, con gran viveza._) Claro, en uno y otro.

DON RAFAEL. (_La manda callar y sigue._)...ciprocidad, 55 en su reciprocidad. Total: que tengo que oír a los dos.

MARÍA. Justo.

DON RAFAEL. Pues ya estamos aquí. (_Contando._) Usted, uno; yo, dos. ¿Y el tercero? 60

MARÍA. ¡Si está aquí!

LEÓN. (_Avanzando, por indicación de María. Se descubre._) Aquí, don Rafael, con toda la verdad que llevo en mi alma.

DON RAFAEL. Pues vea yo esas conciencias... la de 65 usted, que la de Mariucha ya me la sé de memoria.

LEÓN. (_Señalando el árbol gigante._) Y que no es éste mal confesonario, ¿verdad, don Rafael?

DON RAFAEL. ¡Mucho!... Árbol secular, ¡cuántas declaraciones de enamorados, cuántos lamentos de 70 tristes, cuántos planes de ilusos y soñadores habrás oído! Oigamos ahora tú y yo, y Dios con nosotros, la historia de estos pobres corazones, que ciegos corren a una batalla imposible.

MARÍA. Por Dios, no sea tan pesimista. 75

DON RAFAEL. Ea... a nuestro asunto. Señor don León, declare usted. (_María se retira a una distancia en que puede escuchar._)

LEÓN. Declaro...

DON RAFAEL. ¿Cómo tuvo principio ese... esa 80 inclinación...?

LEÓN. Una noche, dos meses ha, fui llamado por María...

DON RAFAEL. Eso ya lo sé... cuando le pidió a usted un socorro para su familia, y usted no pudo dárselo. 85 (_Riendo._) ¡Graciosísimo! Ya me lo ha contado ella.

LEÓN. Aquella noche fue...

DON RAFAEL. Cuando le vendió el vestido a esa fantasiosa... ¡Buen golpe, de maestro!... Adelante.

LEÓN. Desde aquel punto y ocasión, señor Cura, se 90 encendió en mí un fuego de amor tan vivo...

DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!

LEÓN. María emprendió para el sostenimiento de su familia una serie de trabajos que hacen de ella una grande heroína. 95

DON RAFAEL. ¡Mucho! ¡Si no ha nacido otra que se le iguale! (_Risueño, con ingenua admiración._)

LEÓN. Yo la ayudaba en sus empresas mercantiles.

DON RAFAEL. También lo sé... Adelante.

LEÓN. Como la ayudó usted dándole el dinerito del 100 Cielo...

DON RAFAEL. Le habría dado el de la tierra si lo hubiera tenido. Le di el del Cielo porque no tenía otro... Bueno: con que la amó usted...

LEÓN. La amé por su abnegación, por su piedad filial, 105 por la valentía que desplegaba en aquella lucha... la amé también por su belleza... todo hay que decirlo...

DON RAFAEL. Naturalmente... Si fuera un coco de fea, todo eso de la abnegación y de la valentía habría sido música... 110

LEÓN. La amé por su talento incomparable, por esa dignidad, unida a la gracia...

DON RAFAEL. (_Moderando el entusiasmo descriptivo de León._) Bueno, bueno. Bien a la vista está su mérito... 115

LEÓN. Yo bien sé que no la merezco: ella es grande; yo, aunque también de padres ilustres, soy un infeliz hombre, atado a un bajo comercio. A la presente condición humilde he venido por mis errores de otros días, de días muy lejanos, don Rafael. (_Con viveza y calor._) 120 Aberraciones de las que ya estoy corregido, radicalmente corregido, bien lo sabe usted. Abierta está mi alma a los ojos de Dios. Los de usted también han entrado en ella...

MARÍA. (_Sin acercarse._) Créalo, don Rafael, si cree 125 en mí.

DON RAFAEL. Creo... Su enmienda y reforma no son nuevas para mí.

LEÓN. María conoce mi amor. Yo adivino el suyo. Si ella y Dios me deparan la dicha inefable de llamarla 130 mi esposa, creeré que esto no es la Tierra, sino el Cielo.

DON RAFAEL. Tierra es, y bien dura y triste... valle de lágrimas. (_Suspirando._) Bien. Ya puede usted acercarse, María, y decirme... (_María se acerca, los ojos bajos._) aunque casi no es preciso... 135

MARÍA. (_Con modestia._) Le quiero por su inteligencia, por sus desgracias, por el inmenso esfuerzo moral que significa su regeneración, consumada por él mismo, solo con su conciencia. Por esto, y por gratitud, le quiero, y decidida estoy... a... (_Vergonzosa, enmudece._) 140

DON RAFAEL. Acabe, hija... Ya, para lo que falta...

LEÓN. ¡Oh, júbilo inmenso! (_Con vivo entusiasmo, abrazando a don Rafael._) Déjeme usted que le abrace...

DON RAFAEL. Apriete, apriete. Ya puede estar orgulloso. (_Con pesimismo._) Pero... 145

MARÍA. ¿Pero qué...? (_Vivamente, atacándole por un lado._) Usted no nos abandona; usted hace suya nuestra causa.

LEÓN. (_Atacándole por el otro lado._) Usted sabe dar a Dios lo divino, lo humano a los hombres. 150

DON RAFAEL. (_Apartándoles._) Sí, sí: sé todo eso... pero sé también que contra ese afecto... todo lo santo y noble que se quiera... se alza un poder tiránico, incontrastable.

MARÍA. ¿Pero nada significa nuestra voluntad? 155

LEÓN. ¿Manifestada ante la religión, ante usted?

DON RAFAEL. ¡Dios Uno y Trino, que no pueda yo...! Si por la religión se resolviera... pronto os arreglaría yo... (_Con ademán de bendecir._) Pero el mundo ha venido a parar a un enredo, a una confusión tal de 160 todas las cosas, por el sin fin de leyes, preocupaciones, prácticas y corruptelas, que vuestra noble aspiración no podrá escapar, no, de la inmensa red... Sucumbiréis, sucumbiremos, hijos míos... Debo deciros todo lo que sé... que es muy grave. (_Ambos se aproximan, ansiosos._) 165

MARÍA. Sé que viene mi hermano en la disposición más hostil...

LEÓN. Los Marqueses sin duda se opondrán...

DON RAFAEL. No creo imposible reducir a los Marqueses... ¡Pero a don Cesáreo, que viene con la cabeza 170 llena de viento y la voluntad inflamada de insolentes resoluciones...! Oídme. Debéis saber toda la verdad, por triste que sea.

LOS DOS. (_Con gran ansiedad._) Sí, sí...

DON RAFAEL. ¿Sabéis por qué precipita su viaje don 175 Cesáreo?...

MARÍA. Llegará hoy.

DON RAFAEL. Viene hoy, porque debió de recibir un largo telegrama en que pérfidamente se le llama para que impida el oprobio de la familia... 180

MARÍA. ¡Estúpida maldad!

DON RAFAEL. Se le habla de María enloquecida, fascinada por un...

LEÓN. Imagino los horrores que dirán de mí.

MARÍA. ¿Quién puso ese telegrama? 185

LEÓN. ¿El Marqués?

MARÍA. ¿La Alcaldesa?

DON RAFAEL. Es cosa del tontaina de Corral, ayudado por Bravito, el juececillo.

MARÍA. ¡Infames! 190

DON RAFAEL. Pues con esa requisitoria indecente, y algo que días atrás escribieron otras personas, don Cesáreo, el hoy omnipotente don Cesáreo, viene dispuesto a que su hermana se someta; y para esto no ha de emplear contra ella medios violentos. No la cogerán 195 a usted ni la maniatarán para llevársela a viva fuerza. No harán nada de esto, porque no es preciso.

MARÍA. (_Con gran ansiedad._) ¿Pues qué harán?

DON RAFAEL. El feudalismo de nuestra edad revuelta no necesita apelar a esos medios. 200

LEÓN. Ya sé. Cesáreo está a punto de ser feudal tirano de este país.

DON RAFAEL. Hoy traen los periódicos, con la noticia de la boda, otra que viene a ser la confirmación de ese feudalismo. 205

LOS DOS. ¿Qué?

DON RAFAEL. El Gobierno, deseando recompensar... no sé qué es lo que recompensa, ni el mismo Gobierno lo sabe... concederá a Teodolinda y a Cesáreo el título de (_Con énfasis_) _Duques de Agramante_. 210

LEÓN. Muy lógico: en sus manos está toda la gran propiedad rústica y minera.

DON RAFAEL. Y con la propiedad, la influencia; y con la influencia, los resortes de toda autoridad.

MARÍA. De autoridades corrompidas... 215

DON RAFAEL. Putrefactas, sí; pero que echan la barredera, ¡y ay del que cogen!

MARÍA. ¿Pero todos...?

DON RAFAEL. Todos serán instrumentos de Cesáreo... lo son ya, porque la adulación madruga, hija mía; 220 no espera que venga el poder: corre a su encuentro.

MARÍA. ¿Y todos esos enemigos, jueces, alcaldes, vendrán contra nosotros?

LEÓN. (_Comprendiendo._) No: contra mí solo. Ya veo claro el ardid de guerra. Es en verdad diabólico y 225 terrible...

MARÍA. Ya entiendo. León...

LEÓN. Yo seré el perseguido.

DON RAFAEL. El vilipendiado, el encarcelado tal vez... (_Óyese repique de campanas, lejano, al cual se 230 unen pronto otros sonidos de campanas más próximas, de timbre diferente._)

MARÍA. ¿Por qué delito?

LEÓN. Por el viejo: por mis locuras de hace años en Madrid. 235

DON RAFAEL. Ayer estuvo Bravito en el Juzgado buscando un exhorto que, según él, debió venir hace dos años, y quedó sin cumplimiento.

LEÓN. No encontrarán exhorto. ¿Mas para qué lo necesitan? Harán lo que quieran. 240

DON RAFAEL. Asegura Bravo que el Duque de Agramante traerá de Madrid todo el artificio legal bien preparado.

MARÍA. Que traiga lo que quiera. (_Animosa._) Contra tales armas, levantaremos la verdad inexpugnable. 245

LEÓN. Y nuestras voluntades firmísimas: somos de hierro.

MARÍA. Somos de bronce. (_Con grave acento uno y otro, dando a sus declaraciones gran solemnidad._) Aquí, ante nuestro pastor de almas, hacemos juramento solemne 250 de ser el uno para el otro, por encima de toda tiranía, de todo poder, sea el que fuere. (_Se dan las manos. El son de campanas aumenta en intensidad por agregarse notas más cercanas, agudas y graves, que armonizan con las primeras._) 255

LEÓN. Nos juramos eterno amor, fidelidad constante...

MARÍA. Mutuo auxilio en las tribulaciones. Juramos hacer de nuestras existencias una sola. (_Continúa el crescendo de las campanas. Se agregan las notas graves 260 de la iglesia de la Misericordia y de San Pedro, próximas, y la del Cristo, que está en escena._)

LEÓN. Juramos morir antes que renunciar a nuestra unión santa.

MARÍA. Juramos, y así lo declaramos ante Dios y 265 ante su ministro. (_Llega al máximum de intensidad el concierto de campanas. Pausa de recogimiento religioso y solemne. Las voces de María y León expiran entre las vibraciones del metal... El campaneo se va extinguiendo gradualmente por el silencio de las más próximas, sonando 270 las más lejanas, hasta que sólo se oigan las lejanísimas._)

DON RAFAEL. (_Quedándose como en éxtasis, orando._) Hijos míos, dijérase que sobre vosotros ha descendido una suprema bendición...

LEÓN. Ya estamos unidos. 275

DON RAFAEL. (_Asustado._) No, no: todavía no.

LEÓN. (_Con gran entusiasmo y efusión._) En el Cielo ha sonado ese himno...

MARÍA. Trae a nuestras almas toda la alegría del Universo. 280

DON RAFAEL. (_Asustadizo._) No, no creáis eso: no os alucinéis. Es la procesión de la Virgen, que pasa por la calzada del Refugio... No estáis unidos, ni sé si llegaréis a estarlo en forma. (_Con viva emoción._) Hijos míos, el Cielo está con vosotros, la tierra no. 285

(_Aparecen por la derecha Corral y Bravo, observando burlones; prorrumpen en risas._)

ESCENA III

Los mismos; CORRAL, BRAVO.

LEÓN. ¿Quién va?

DON RAFAEL. ¿De qué se ríen? ¿Qué buscan aquí?