Florante Versión castellana del poema tagalo con un ensayo crítico

Part 6

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La estructura del poema es una concesión a la moda de la época, pero reducidos los anacronismos a su mínima expresión. Florante hállase atado al tronco de una higuera de un bosque fantástico; en su imaginación se agolpan los sufrimientos de su patria, el cariño de su padre y su amor a Laura; dos leones llenos de saña se precipitan sobre él para devorarle, y Aladín, como un rayo, acuchilla y mata a las fieras. Florante y Aladín hacen muy buenas migas entonces, y se cuentas sus respectivas vidas, azarosa a cual más. Flérida, que busca a Aladín, sorprende a Adolfo, que trata de violar a Laura en el bosque, y le mata, indignada, de un saetazo. Florante y Aladín, atraídos por el rumor de las voces de Laura y Flérida, acuden prestos, y aquí de la agnición. Menandro, que acaba de restaurar el orden en Albania, insurreccionada por Adolfo para hacerse con la corona del rey Linceo, padre de Laura, y casarse con ésta, buscando a Adolfo, llega a recalar por ahí, y la alegría entonces no hay para qué decirla. Regresan, al fin, todos a Albania y los dos amantes, Florante y Laura, son proclamados soberanos del imperio y hacen feliz a su pueblo. Tal es el esqueleto del poema. Cómo el poeta lo revistió de carne y de formas hechiceras para que, desde su aparición, Balagtás fuera el poeta nacional, y proclamado así por los personajes del _Noli_ y, de manera indirecta, por la heroina de _Urbana y Felisa_, lo iremos diciendo.

El hecho es que los párrocos españoles, cuya enemiga a los corridos es bien conocida, hacían excepción del _Florante_. El descontentadizo filólogo Fr. Toribio Minguella también hacía excepción del poema y decía que "hay allí rotundidez, limpieza de frase". Y cómo el calor del entusiasmo se comunicó a los catedráticos españoles de literatura, Adriático lo cuenta así: "Un ilustre catedrático de literatura en la Universidad de esta capital varias veces encargó a los más aventajados de sus discípulos la versión en castellano de esa notabilísima obra tagala, porque muchos curas de pueblos tagalos le habían ponderado las grandes bellezas literarias de la obra; pero, a pesar de muchos esfuerzos, no se consiguió ninguna traducción aceptable; porque desaparecía casi por completo el mérito intrínseco de la obra".

Concierto y pío tan general obedece a que, en _Florante_, lo anacrónico se reduce a los nombres de personas, lugares, armadura del guerrero y leones, pero el contenido histórico es tan histórico como el del _Noli me tangere_, y con lo que Rizal requiere del género: "pintura de nuestras propias costumbres, para corregir nuestros vicios y defectos y ensalzar las buenas cualidades".

La erudición de Balagtás, especialmente su helenismo, es de lo que haría sonreir hoy a cualquier irreflexivo estudiante de literatura. Y lo más extraño es que el gran poeta no quiere que se den al raspadillo sus versos donde retozan los nombres mitológicos, e invita al lector a que lea sus glosas sobre los tales nombres. Balagtás, pues, no se ha librado del defecto común en los grandes poetas y escritores espontáneos, de tomar por óptimo aquello que más fatiga les costó y que en ellos solían ser sus alifafes eruditos.

Debe decirse en descargo de Balagtás que, dada la época y la falta de medios entonces, cuando los modelos socorridos eran Plauto y Terencio disfrazados, época en que toda tradición poética tenía que andar a greñas con la gerga escolástica de los ergotistas, o con la curialesca de los _plumarios_, su helenismo no es de los que se improvisan con el barato auxilio de los Manuales y de las Poéticas. Su tesoro, exiguo cual es, vendría a ser para él a manera del codiciado tael de oro, que representaba, para el primitivo minero filipino, angustioso desbastamiento, con las manos, de sendos bloques de cuarzo. No lo había recibido por vía de dádiva, sino recogiéndolo, como hacía Virgilio, del estercolero de los poetas contemporáneos. Por ésto, Balagtás suele cerrar sus glosas con la frase _según los poetas_. En su época la mayor suma de helenismo escrito en lengua tagala era la exposición y análisis de la teogonía griega en el _Barlaan y Josafat_, hecha por el falso profeta Nacor, para sacar a la vergüenza pública los crímenes de los doce dioses mayores del Olimpo, con el caritativo propósito de hacerlos odiosos y no amables, sin que escapen de la razzia fanática las castas musas.

Así el Menandro del poema no es el clásico Menandro, todavía más famoso que Aristófanes, ni siquiera el ateniense Menandro, de Moratín, sino el precursor de Elías; el Edipo del poema no es el de Sófocles, ni la versión castellana de Estala; ni siquiera la tragedia de Martínez de la Rosa, cuyas obras sólo se conocieron en Filipinas años después de dada a luz la primera edición del _Florante_. Cuando mucho, tendría noticia Balagtás del _Polinice o los Hijos de Edipo_ de D. Antonio Saviñón, pero ni ésto es cosa averiguada. Verdad es que la frase trágica _¡ay, ay infeliz de mí!_ es de gran efecto en el _Florante_ como en la tragedia de Sófocles, pero la tagala _¡sa aba co!_ (ay, infeliz de mí) es tan castiza en tagalo que es más bien idiotismo característico de la lengua que del poema. También la Laura del poema no es la de Petrarca, ni tampoco la de Martínez de la Rosa, sino, sencillamente, la precursora de María Clara.

Florante y Laura, Aladín y Flérida, Menandro, Antenor y el conde Adolfo, aunque el autor diga otra cosa, no son personajes deducidos de la historia, ni de crónica alguna. Cuando mucho, son como Brandabarbarán de Boliche, Micocolembo de Quirocia, Pentapolín y Alifanfarrón de la Trapobana en el _Quijote_, nombres graciosamente eufónicos, dice un crítico, sin realidad, ni consistencia histórica. Pero en Balagtás le sirvieron de pretexto magnífico y de tarasca para despistar a los ceñudos censores de su época. De otra suerte, la censura no hubiese autorizado la publicación del poema, ni consentido luego que se difundiese y fuese tan familiar en todo hogar tagalo. La magia del estilo era, ciertamente, para cegar a Aristarcos. Aconteció, pues, con el _Florante_ lo que con _D. Juan Tiñoso_, que, mientras el augusto padre de la princesa, niña de sus ojos, los puntillosos y currutacos príncipes pretendientes de la princesa y los bufones de la corte sólo veían en _D. Juan Tiñoso_ un vejestorio, su podredumbre y lacras postizas, la enamorada princesa era la única que veía la plata, el oro, las pedrerías y la extraordinaria hermosura de Tiñoso, porque sólo ella era la digna de verle en todo su esplendor, y en toda su gloria.

Es admirable el uso poético que Balagtás hace de los pegotes históricos, que consigue nacionalizar. Como que sus musas son las de Bay, y sus ninfas las que vagan por las riberas de Beata e Hilom, y las aguas que canta, las tributarias del mar de China, tan pronto dulces, tan pronto salobres. El bosque mismo, dantesco, y que aparece fantástico sin pormenores visibles de carácter local, parece comunicar la impresión de ciertos bosques filipinos y colinas, en los cuales los naturalistas viajeros se hacen lenguas de ciertas palmas tropicales, que yerguen sus troncos anillados, recubiertos de fajas circulares de espinas negras, coloreadas hacia el penacho de un espléndido pardo de calcinada siena; o de familias de barringtonias en flor, coquetamente ufanas de la hermosura de sus estambres rojos, de anteras amarillas y larguiruchas, trabando justa con las orquídeas y epifitas que cuelgan de sus ramas como arañas y flecos, pero cuyos frutos son, a la vez, flotadores de las redes, y activo veneno para los peces.

Añádanse maraña y espesura que vuelvan su interior inaccesible a los rayos solares, y tales apesaramientos, además, de ánimo que truequen las cosas más agradables en algo macabro o fúnebre, porque el amor y el dolor fueron siempre supersticiosos, y se tendrá la impresión del bosque del poema. Fuera de ésto, hecho adrede para parecer extraño y fantástico, en todo lo demás es el poema más nacional de Filipinas. Como que, si se extraen del _Florante_ todas las palabras netas de ultrapuertos, no harían siquiera 28 dodecasílabos. ¡Y el poema en conjunto, tiene 1708 dodecasílabos!

Así se comprende que los personajes y situaciones del poema hayan ido a encarnarse en los del _Noli me tangere_ y hasta en el espíritu mismo del Dr. Rizal.

El padre de Ibarra cría a su hijo como crió el duque Briseo a Florante. Para fortificar el corazón de Ibarra y que se decida a aprender la ciencia de la vida fuera de su país, lejos de la solicitud paternal, le aconseja que no sea "como la planta de que nos habla nuestro poeta Baltazar: crecida en el agua, se la marchitan las hojas a poco que no se la riegue; la seca un momento de calor". Cuando Ibarra cree en las disimulaciones del P. Salvi, el filósofo Tasio, para ponerle en guardia, le dice: "recuerde V. lo que dice Baltazar":

_Cong ang isalubong sa iyong pagdating Ay masayang muchat, may paquitang giliu, Lalong pag in~gatat, caauay na lihim....._

(Si a tu llegada te recibe con rostro alegre y muestras de aprecio, tu cautela sea mayor, y por taimado enemigo le tengas y con quien habrás de lidiar).

Y, para que Ibarra no se olvide de la cita, añade: _Baltazar era tan buen poeta como pensador_. Son los versos mismos que Antenor, maestro de Florante, dijo a éste antes de partir. Elías, hijo heroico del pueblo y muy fiel amigo, que salvó a Ibarra en dos ocasiones, y puso a buen recaudo, a costa de la propia, la vida de su amigo, es Menandro, camarada el más leal de Florante, que también le salvó la vida en dos ocasiones, y con el mayor desinterés proclamó reyes a Florante y Laura. Elías, además, hace gala de conocer el _Florante_. Así, dice: "Debemos entrar en el río Beata para simular que soy de Peña-Francia. Vereis el río que cantó Francisco Baltazar".

El P. Salvi, tartufo de la novela, que, humillado por Ibarra y luego perdidamente enamorado de María Clara, determinó asesinar a Ibarra por medio del hombre amarillo, armó una revolución e intento violar a María Clara en el monasterio de Sta. Clara, es el hipócrita conde Adolfo, que, humillado en la Escuela por Florante, también quiso asesinar a Florante, armó una revolución e intentó violar en el bosque a Laura. María Clara misma tiene algo de Laura, en su timidez y en sus prendas morales y físicas. Y, si Ibarra sintió fuertes celos de María Clara, lo mismo Florante de Laura. El ambiente mismo de la novela y el del poema guardan cierto aire de familia, hasta en ciertos detalles de la escena, por ejemplo, las aguas salobres del estero de Binondo y de la barra del Pásig, y las de los ríos Beata e Hilom.

_Na cong maliligo,i, sa tubig aagap, nang hindi abutin nang tabsing sa dagat._

(Cual madrugador bañista que se aprovecha del agua dulce antes de enturbiarla la salobre del mar).

Las situaciones del poema tanto se grabaron en el alma de Rizal que, cuando compuso en Alemania su _Arte métrica tagala_, la construyó casi toda por medio de los versos del _Florante_. "El verso tagalo, dice, considera como consonantes fuertes la _b, d, g, k, p, s_, y _t_, y como débiles: _l, m, n, ~g, y_, y _w_." Cabalmente los consonantes del poema, especialmente de las cuartetas segunda y primera del _Florante_.

Pone, por ejemplo, como rima vocal pesada en _a_ lo siguiente: _dalitâ, tuâ, nasà_. Y he aquí las rimas de vocal pesada del modelo:

_Anhin cong saysain ang tinamong tuâ Namatay si ina ¡ay, laquing dalitâ! Taroc mo ang lalim nang caniyang nasà_

Se dirá que no son versos de una misma cuarteta, pero contestaremos que Rizal tampoco trata precisamente del cuarteto, sino de la rima en general; y además, Rizal, a quien era tan familiar _Florante_, solía citar sus versos de memoria. De aquí que alguna vez la memoria fuérale infiel. Véase este verso que pone como ejemplo de la _elisión tagala_:

_Ang caloloua co,i, cusang lumiligao,_

cita errónea, por cierto, porque el del poema dice otra cosa:

_Ang caloloua co,i, cusang dumadalao._

Lo que hubo es que el Dr. Rizal, al hacer la cita de memoria, trocó la palabra final de un verso por otra final de otro verso del mismo cuarteto, o sea, los versos primero y cuarto del séptimo cuarteto (_A Celia_).

7.

_Ang caloloua co,i, cusang dumadalao sa lansan~ga,t, nayong iyong niyapacan sa ilog Beata,t, Hilom na mababao yaring aquing puso,i, laguing lumiligao._

Dejaba el poema a alguno de sus amigos, a Ventura, por ejemplo, y, al recogerlo, consignaba en su _Dietario_ el hecho como digno de memoria. Si no tenía a mano su ejemplar, y usaba el del Dr. Pardo de Tavera, devolvíalo, acentuadas, de su puño y letra, las palabras del poema. Era preocupación constante suya la tirada de un edición especial del _Florante_ con grabados, pero su muerte impidió la realización de tan filipinística obra.

En su viaje a América Rizal mismo cuenta esta anécdota de su vida: "En el vapor me encontré con una familia semifilipina, pues la señora y los hijos lo eran, hija de un inglés, Jackson. El hijo me preguntó si conocía a Richal, autor del 'Noli me tangere', _dije sonriendo que sí, como Aladín, de Florante_. Y como empezase a hablar bien de mí, me descubrí y dije que yo era el mismo, pues era imposible que no supieran mi nombre durante la travesía."

En España, teniendo a su lado a Pilar y otros compatriotas tagalos, dolíase de que sus compañeros le echasen a perder su tagalo, _at nasisira sa m~ga caauaauang pananalitâ nang manga casama_, y sentía nostalgia del tagalismo. Si tuviera, decía, su _Florante_, menos mal, pero "mi _Florante_ pude dejar en Barcelona". Sus diversiones en _Pansol_ son las mismas del _Florante_ en el brañal, pampa, y su bosque de paz, que constituye una de las mejores páginas del poema, digna de Teócrito. Quien haya sentido inefable bienestar con la lectura de los versos del poema y la infinita dulzura de que era capaz la lengua tagala en la ofrenda a Celia, seguramente sería también capaz de sentir la emoción tiernísima que despierta este pasaje del Dr. Rizal: _Magagandang ayos at pananamít na karaniwan niyang gamitin_ (habla de Loleng) _ay totoong nababagay sa kulay na azul na may guhit na gintô.... Niyaong unang panahón n~g tayo'y namamayati, naliligò sa Pansol, Prinsa, nagpapasial, náinom n~g tubâ, o namamaklad, o napapasa Mainit_.

Mas no sólo en las ya citadas obras del Dr. Rizal, sino en cada una de sus poesías nótanse reminiscencias, inconscientes por cierto, de los pasajes del poema, especialmente en _A las Flores de Heidelberg_, a las cuales confía su secreto de que

él también murmuraba cantos de amor en su natal idioma;

_Mi retiro_, donde viéndose

Lanzado a una peña de la patria que adoro

le entristecen recuerdos de la adolescencia y lamenta los males que turban la paz de su patria, y sobre todo la última poesía, el _Ultimo Adiós_, donde resume sus dolores y los de su patria, y, con todo, una tolerancia sin límites, un hálito de perdón, una infinita misericordia, se ciernen sobre todas las angustias, humedeciéndolas con lágrimas, que no sólo recuerdan la lengua en que se escribió el _Florante_ y traen reminiscencias de la bellísima ofrenda _A Celia_ y del sentidísimo soliloquio del hijo del duque Briseo, cuando se hallaba atado al tronco del árbol de marras, sino que, en cierto modo, _consagran todo el poema para siempre_.

Nada debe interpretarse en lo dicho como que sugiera atisbos de plagio en el Dr. Rizal. Nadie es menos capaz de tal calamidad literaria que el Dr. Rizal, la sinceridad por antonomasia. Todo es lógico, _necesario_, y, ¿por qué no decir _providencial_? Si el poema es la concreción del genio de la raza y maravilloso condensador de su modo de ser y de sus supremos anhelos, _natural es que el carácter, prototipo de la raza, reuna en sí, aparte sus ingénitas cualidades individuales, los rasgos más característicos de su noble estirpe, y que en la lucha haga bizarro alarde de los rasgos fisionómicos de su familia y de sus gloriosos timbres_.

El _Florante_ y el _Noli_ serán siempre las dos obras capitales de la raza; la primera, como obra serena en tiempos de paz, épica y filosófica a la vez, con relámpagos líricos y dramáticos y presagios de tempestad próxima; la segunda, como obra de transición y de batalla, y, por lo mismo, dramática por excelencia; la primera brillará siempre, tal vez, sin consideración al carácter del genio que la creó; pero la segunda, brillará y culminará precisamente por consideración al carácter puro y heroico de su autor; _Florante_ será siempre clásico por la lengua, y popular, y su espíritu, el genio tutelar del hogar; pero Rizal, en quien ese espíritu y los rasgos característicos de su raza se encarnaron, será todavía más: ídolo y compendio de los dolores y anhelos de la raza: _porque fortificó y consagró nuestra solidaridad nacional_. Así la cadena de amor y siemprevivas de la gratitud nacional, constantemente renovadas sobre su tumba, serán perennes como las rosas eternas de la leyenda sobre la tumba de Tristán e Iseo.

Poesía como la de Balagtás es intraducible a otro idioma. Y así, los que siguieron el ejemplo del Dr. Rizal, los llamados _precursores_, y, en parte, los políticos de la presente generación, que al mismo tiempo son literatos conocedores del tagalo, airearon sus citas en la propia lengua de Balagtás. Rizal en primer lugar, que sólo hace una excepción: en el padre de Ibarra. Y ésto por ser español D. Pedro Eibarramendia, y aconsejar en castellano a su hijo. Y como Rizal, Marcelo H. del Pilar y Emilio Jacinto. Los versos más citados por los políticos son naturalmente los que reflejan noble indignación por los males de la patria, execran a los tiranos y predican la tolerancia religiosa y política, la moderación y la templanza en los actos del hombre.

Marcelo H. del Pilar, para confirmar su aseveración de que la sinceridad para con el pueblo es siempre vilipendiada, y el halago hipócrita, sahumado, dice: _Talagang ganito ang nagtatapat sa bayan: siyang alimura_.

_at sa balang sucab na may asal hayop magan~gong incienso ang isinusuob_.

(y a cada tartufo de bestial carácter se sahuma con aromático pebete).

Versos que el traductor anónimo de _La Visión de Fr. Rodríguez_ también cita.

Emilio Jacinto, en el capítulo _El Pueblo y el Gobierno_ de su _Liwanag at Dilim_, cita>:

_caliluha't sama ang ulo,i, nan~gag tayo at ang cabaita,i, quimi,t, nacayuco_

(mientras los perversos y traidores yerguen la cabeza arrogantes, andan los buenos avergonzados y cabizbajos).

Y en el capítulo _El Trabajo_, de la misma obra

_ang laqui sa layao caraniua,i, hubad sa bait at muni,t, sa hatol ay salat_

(los que en las comodidades se crían desnudos de discurso andan, y de consejo horros)

Rafael Palma cita los versos de los cuartetos 6 y 9 de la ofrenda _A Celia_, y del poema, los cuartetos 203, y los que describen la hermosura de Laura: 275, 277 y 278; y T.M. Kalaw, los dos primeros versos del cuarteto 263.

Casi no hay escritor u orador que no cite líneas del poema para ornar con relicario de oro sus escritos y discursos. Y es que en el _Florante_, dice Macario Adriático, "llora un corazón noble con el profundo y delicado sentimentalismo de nuestra raza.... En él cada dolor tiene su rima; una estrofa cada gemido de un pueblo desventurado, una doctrina el padre y enseñanza el hijo de familia. Y, en estos aciagos días para la patria (1901), el _Florante_ nos ofrece una fiel descripción de los cuadros sociales y políticos, en tal forma que podremos decir que el autor había previsto desde hace medio siglo nuestra actual desventura.... Con un acento vigoroso y una dicción incomparable ya nos decía que en este pícaro mundo la iniquidad y la infamia llegan a sentarse en el trono de la injusticia para condenar a la virtud o ahogar el mérito, así como para ensalzar la traición y recompensar el crimen".

Mentamos la imposibilidad de una versión del poema en cualquier otra lengua. Y es que la mejor traducción, y más, en prosa, nunca reflejaría la hermosura real del original. La reducción, aun tratándose de un mismo idioma, a prosa, del dialecto poético, vuelve hiperbólico, manido y hasta grosero cuanto en verso es gracia, elegancia y originalidad. El traductor de buena fe hace a este propósito, inconscientemente lo que conscientemente hizo Voltaire a Corneille. "A cada momento, según Saint-Beuve, dice de Corneille que carece de gracia, elegancia, y claridad; mide, pluma en mano, la altura de las metáforas y, cuando las encuentra mayores que su medida, las llama gigantescas; pone en prosa las frases altivas y sonoras que tan bien parecen en los labios de los héroes y se pregunta si ésto es escribir y hablar francés". Llama groseramente _solecismo_ a lo que debe calificarse de _idiotismo_, a lo que falta tan completamente en la lengua estrecha, simétrica, _a la francesa_, del siglo XVIII. Recuérdense los magníficos versos de la _Epístola_ en que Corneille se glorifica después del triunfo del _Cid_. Voltaire ha osado decir de esta hermosa epístola: _Parece escrita enteramente en el estilo de Regnier, sin gracia, sin elegancia, sin imaginación; pero se ve en ella facilidad y candidez_. Comentario soberanamente injusto y revelador de una grande ignorancia de los verdaderos orígenes de la lengua francesa, dice el crítico citado, porque "el estilo de Corneille con todas sus negligencias es para nosotros el más hermoso estilo del siglo de Moliere y de Bossuet". Y ésto se dice de Voltaire, hombre de letras y poeta, al fin, de gusto refinadísimo, y "extraordinario hijo de las Delicias" según Diderot.

Los matices unidos a ciertos nombres, epítetos, giros idiomáticos y hasta a ciertas dicciones, según la colocación de las mismas en el discurso, desaparecen todas en una versión. Aquella hermosura secreta que Rizal sentía en la contemplación de nuestras cascadas y que no sentía con la vista del Niágara, ni de las alpinas, y que siente todo filipino en la lectura del _Florante_, es la que desaparece en la versión o desaparecerá, sea cual fuere, sin exceptuar la nuestra.

A sabiendas, pues, de la dificultad ya expuesta, hemos hecho la versión directa e íntegra del poema en prosa, únicamente para obedecer a un deber sagrado de información literaria, y para dar una ligerísima idea del contenido del poema a los desconocedores del tagalo, y provocar en ellos el estudio del mismo, para que puedan disfrutar directamente de las bellezas del poema, cual hicieron Rost, Kern, Meyer y Blumentritt, a instigaciones de Rizal, y los seglares y misioneros españoles, por propio o ajeno impulso.

Que sepamos, sólo existe una traducción completa inédita, hecha por Alejo Custodio a encargo de Barrantes; Rafael del Pan tradujo el poema en tercetos castellanos, y Rafael Palma en prosa, pero estas versiones rafaelinas se extraviaron. Traducciones parciales las hay en abundancia. Fr. Toribio Minguella tradujo, por vía de muestra, los cuatro primeros cuartetos del poema[42]; Rafael Palma, los cuartetos 15, 16, 17, 18, 148, 149 y 150[43]. T.M. Kalaw aprovecha y amplía los tres últimos cuartetos traducidos por Palma y traduce, además, los versos últimos del cuarteto 285[44]. Rizal, como se ha dicho por excepción, tradujo los tres versos del cuarteto 200[45], y finalmente el poeta Manuel Bernabé tradujo en verso toda la dedicatoria _A Celia_: 88 versos en conjunto[46].

Nuestra versión es casi literal, sin más libertad de nuestra parte que aquella necesaria para que la versión pueda leerse íntegra, con el menor número posible de hiperbatones, menores atragantamientos de sintaxis, giros idiomáticos y ayuntamientos impropios de palabras y frases. Enumeramos las estrofas y ajustamos la versión de manera que cada línea de prosa sea no más que la traducción del verso correspondiente, y donde fue posible, traduciendo palabra por palabra, epíteto por epíteto, teniendo por pauta conservar el sentido genuino del original.