Florante Versión castellana del poema tagalo con un ensayo crítico
Part 5
Pero el mayor siglo de la literatura fue el siglo XIX. Apenas habrá provincia que no haya registrado su obra maestra durante los tres primeros cuartos de siglo. A Manila y sus arrabales pertenecen: la _Pasión_, llamada vulgarmente de Pilápil, que es la más popular, y data de 1814, pero en realidad es obra de un devoto, revisada por el Dr. Pilápil y el P. Manuel Grijalvo; varios opúsculos religiosos del Dr. Pilápil, reimpresos en 1830-35, entre ellos _Maicling Casaysayan ..._ y _Pagsisiam_; las celebérrimas _Pláticas_ del P. Modesto de Castro (1855), la mejor colección de oratoria sagrada; _M~ga Sariling Uicang Magisa ..._ (1856) del P. Florentino Ramírez, quizás la mejor glosa de ascética filipina; _Guía de Pecadores_ en tagalo (1856) de un autor anónimo; la serie de trabajos llenos de unción religiosa de J. Tuason, entre ellos: _Tobías_ y _Matuid na Landas ..._; _Sa Martir n~g Golgota_ (1886) de D. Juan Evangelista, novela encantadora de una vaguedad romántica, alada y sutil y, finalmente, el _Arte Musical ..._ (1884-87) del P. José M. Zamora.
A Bulacán, si no le perteneciera más que el _Florante_ (1838), esta obra bastaría por sí sola para dar gloria no sólo a la provincia sino a todo Filipinas; pero le pertenecen, además, el _awit_ de _San Alejo_ (1858) de Alejo del Pilar, tío de Marcelo H. del Pilar; el _awit_ de _San Raymundo_ (1876) de Mariano Serapio; la _Pasión_ (1852) del P. Aniceto de la Merced, la más literaria de las _Pasiones_, y _M~ga Puná_ del mismo autor, obra de controversia y de crítica teológica, única en su género, escrita toda en adustos y truculentos dodecasílabos, y, finalmente, la popularísima _Urbana y Felisa_ (1877) de Modesto de Castro, obra la más clásica de prosa tagala.
A Laguna pertenece la _Aritmética ..._ (1868) de D. Rufino Baltazar Hernández, libro que era una de las delicias en Europa del Dr. Rizal, y perla literaria que, a despecho de sus castellanismos, a una energía insólita junta una frescura primaveral de sementera o de rodal de cocoteros a los primeros aguaceros de Mayo, y a Batangas: los opúsculos y libros del Dr. Vicente García, entre ellos _Casaysayan n~g m~ga Cababalaghan_ (1856), donde ya sonríe y juguetea aquella lengua tan sencilla, tan ingenua, tan sabia, tan austera y tan dulcemente mística que alcanzó su plenitud en el _Kempis_ (1880), acaso _la mejor versión directa del latín en lengua alguna_.
Se diría que, sin distinción de casta, los autores citados, españoles y filipinos, eran en su mayoría teólogos; cierto, pero teólogos hijos del Renacimiento, que participaban ampliamente del espíritu de generosa y libre indagación que el Renacimiento trajo consigo, según un gran maestro; atentos a todo rumor de la vida y a las nuevas e inmediatas aplicaciones de la ciencia divina, a la que hacían descender de los cielos para tomar parte en las contiendas de la tierra, y controversistas hechos a aquel movimiento de las escuelas teológicas del siglo XVI, tan vivo, tan animado, tan pintoresco y hasta dramático en ocasiones.
Por eso en sus momentos de oración y de reposo, solían elevar el alma a Dios y derramar en sus escritos un misticismo no egoista, y una filosofía _la más alta y más generosa_. A su misticismo vienen de perlas estas hermosísimas palabras de un crítico, dichas a propósito del de Santa Teresa de Jesús: "No es misticismo inerte, egoista y solitario el suyo, sino que desde el centro del alma, la cual no se pierde y aniquila abrazada con lo infinito, sino que cobra mayor aliento y poder en aquel abrazo; desde el éxtasis y el arrobo; desde la cámara del vino, donde ha estado ella regalándose con el Esposo, sale, porque Él le _ordena la caridad_, y es Marta y María juntamente; y, embriagada con el vino suavísimo del amor de Dios, arde en amor del prójimo y se afana por su bien, y ya no _muere porque no muere_, sino que anhela vivir para serle útil, y padecer por él, y consagrarle toda la actividad de su briosa y rica existencia".
El disfavor para con estos libros se cifra en sus tejuelos y títulos, y la preocupación, nada más que preocupación, de que los tales libros no contienen nada útil para nosotros. Sin embargo, el más recalcitrante filipinista encontrará en ellos cuanto acaso podría legitimarle como tal filipinista. En sus páginas se encierran, quizás, las únicas noticias folklóricas; ingerido en las lecciones, va, a veces, todo un costumbrero con datos preciosos sobre usos y costumbres filipinos, y hasta aplicaciones de las leyes consuetudinaria y escrita, porque en ellas se exponen, precisamente, para reformarlos o anatematizarlos, y están como vistos con ojos de adversario, y, por lo mismo, los defectos acusados tienen rigurosa exactitud: corregibles.
A partir de 1882, desde la publicación de _Diariong Tagalog_, inicióse nuevo rumbo en la literatura tagala, rumbo firmemente trazado y ejecutado por los _precursores_, pero fuera de lugar aquí; no son frutos tardíos como los ya citados de la espléndida estación balagtasiana.
Importantísimo como es lo catalogado, es todavía mayor la importancia de los manuscritos de la época. Es averiguado que los manuscritos de la mayoría de los impresos circularon dos o tres años antes de su impresión. La escasez de impresos, y la ansiedad de lectura por parte de los naturales hacía que cada cual se procurase copia manuscrita del impreso de su particular devoción. A esta circunstancia debimos una copia de la edición de 1853 del _Florante_.
Géneros enteros de literatura de autores anónimos, corrieron manuscritos de mano en mano, sin imprimirse nunca. Así que el Dr. Pilápil sugirió la recogida de todos los manuscritos de la _Pasión_ al autorizar la revisada por él en 1814; así el Dr. Vicente García tradujo directamente del latín su _Kempis_, por la multitud de _Kempis_ manuscritos adulterados, que circulaban con daño de la Religión. De las comedias que, según Fr. José María Ruiz, estaban "escritas en lenguaje correcto, pero sublime y levantado, más aún que los corridos", sólo fueron impresas una docena de las mil y tantas que solazaban a los pueblos y barrios de las provincias tagalas. Apenas habrá barrio que no cuente con dos o más _originales_ que, con actores improvisados del mismo barrio, se sacaban a relucir al aire libre, en sus fiestas de guardar. Sábese de _Joseng-Sisiw_ que sólo él tenía escritas cosa de un centenar. Y Balagtás mismo, otro tanto, y, a no ser por el celo de su biógrafo, no conoceríamos hoy extractos de más de diez comedias de Balagtás. Ni siquiera _La Elección del Gobernadorcillo_, comedia en prosa en cinco actos, ni la intitulada _Mariang Makiling_, en nueve actos, con que un personaje del _Noli me tangere_ quería sustituir las comedias con "reyes de Bohemia y Granada", fueron impresas.
De los _awits_ y _corridos_, Barrantes sólo pudo coleccionar unos 60, y estas composiciones tagalas son aún más corrientes y populares que las comedias. Tampoco se han impreso, a excepción de _La India Elegante y el Negrito Amante_ de Balagtás, los sainetes o entremeses que, según el P. Ruiz mencionado, "merecen estudiarse y traducirse al castellano, y son de tanto interés para la Historia como los mismos corridos", porque versan sobre costumbres del País, y en ellos los caracteres están perfectamente descritos; ni tampoco ciertas piezas características como _duplos, karagatan_, arreglos dramáticos de la _Pasión_ y las líricas, más o menos extensas, de que ya habíamos hablado en otros trabajos, y que, por no pecar de prolijos, nos limitamos a indicar.
Esta ligera reseña de los monumentos literarios prueba que la evolución de la lengua tagala había sido constante y paralelamente sostenida, con hermanable alianza lingüística, por españoles y filipinos, y que, cuando se dio a la luz el _Florante_, la lengua estaba, como dijo el Dr. Rizal, en _todo su apogeo y magnificencia_.
RASGOS BIOGRÁFICOS
Nació Francisco Balagtás en el barrio de Pan~ginay, del Municipio de Bigaa, Provincia de Bulacán, el día 2 de Abril de 1788. Sus padres fueron Juan Balagtás y Juana de la Cruz, naturales del mismo barrio. Su padre era de oficio herrero, y tuvo por hijos a Felipe, Concha, Nicolasa y Francisco. A los 11 años de edad, 1799, pasó al servicio de un acaudalado por nombre Trinidad, en Tondo, Manila, para que, a cambio de ciertas prestaciones personales domésticas, el amo se encargase de instruirle y darle educación, como era de costumbre. Consta en los archivos del Colegio de San José que cursó en 1812, a los 24 años de edad, _Cánones_; lo que hace suponer que sabría algo de Humanidades, Teología y Filosofía. Era la época de los grandes ergotistas.
No se saben a punto fijo sus otros estudios académicos. Pero es averiguado que, todavía en los escaños de San Juan de Letrán, era ya persona necesaria para sus camaradas y para la sociedad de Tondo, por su habilidad métrica. Para las cartas amorosas, billetes de invitación de todo género, los renglones cortos y muy historiados eran como las palomas mensajeras del _lacrimae rerum_ de la época. Era, pues, todo un _ladino_ a quien daban cierto prestigio sus rudimentos de Derecho Romano y cierta práctica que había adquirido en los tribunales de justicia. Aunque no anduviese sobrado de dineros, viviría entonces con cierto ensanche y desahogo.
Tuvo por profesor al célebre Dr. Mariano Pilápil, que a su fama de brillante latinista unía el de ser autor de varios opúsculos religiosos en tagalo: era el censor eclesiástico que autorizó la publicación de la popular _Pasión_ en 1814. Enamoróse primeramente de una llamada Lucena, preciosilla muchacha del distrito de Gagalan~gín, Tondo; y luego, de otra apodada _Bianang_, no menos preciosilla, según fama, del barrio de su residencia, en Tondo.
Hacía sombra, sin embargo, el que pasaba por rey de los poetas entonces, _Joseng-Sisiw_ (José, el del Pollo), porque, si no era como el enfermo de Rute que se comía los pollos piando, tenía la maldita costumbre de hacerse pagar con sendos pollos sus correcciones rítmicas, y Balagtás, manso y dilecto discípulo suyo y hermano en las musas, se las tuvo tiesas con él cierta vez, negándose a dar la subvención de costumbre, y, ¡claro!, rompieron, con dichoso rompimiento, porque desde entonces Balagtás quiso correrlas poéticamente por riesgo y cuenta propia.
En 1835-36 pasó a vivir en Pandacan, en la residencia de Pedro Sulit, que distaba solamente como una cuerda de caza del embarcadero de Pandacan. Pandacan fue siempre pueblo de artistas, especialmente de músicos. Vestía Balagtás a la moda de entonces; camisa de cantón crudo o piña calada de Hagonoy, y pantalón de seda tejida en Balíuag, de la clase "tatapisin". A juzgar por la ofrenda _A Celia_, una dulceneilla, que responde a las iniciales M.A.R., hirió con mal de amores a Balagtás. Estas iniciales eran, sin embargo, equívocos de los de María Asunción Rivera, hija de Pandacan, y de los de Magdalena Ana Ramos, de Laguna; pero la tradición de los hijos resuelve el equívoco a favor de María Asunción Rivera, porque _Celia_, decían, era precisamente el apodo de María.
Su mala estrella quiso que tuviese por rival a un cacique del lugar, que le hizo prender y asegurar en la cárcel de Pandacan. No se sabe cuánto tiempo estuvo en esta cárcel, pero en 1838 partió de Pandacan, y pasó a vivir en Manila, donde, en el mismo año, sacó a luz la primera edición de su _Florante_. Las alusiones del poema demuestran que la deidad a quien consagró su poema era Celia, pero no se sabe cuándo escribió el poema, ni en dónde; si en la cárcel, o fuera de ella.
Lo acabado de su factura, sin embargo, y el aviso al lector de no tocar verso alguno de su poema, cosa que no hizo por ninguna otra poesía suya, hace creer que tuvo por pretexto únicamente las jornadas más o menos angustiosas de su vida, pero que su mal de amores no fue de los únicos, ni de los que calan huesos. Tal vez el amor propio que, a fuer de egregio poeta, teníalo grandísimo; tal vez los malditos celos y el cebo de toda fruta del cercado ajeno, pues Celia casóse con Mariano Capuli, fueran los impulsos iniciadores. Como que el poema es de una serenidad ática, tan finamente cincelado, tan bien pensado, y conciertan en él de una manera tan singular el genio y el talento que no pierde detalle el más nimio de la vida humana, obra, en fin, de la madurez de un poeta a la edad de 50 años, circunstancias todas que no dicen bien con los tumultos de una pasión borrascosa. Si sintió alguna pasión, con la publicación de su poema se habría curado enteramente como Goethe.
En 1840, pasó a Bataan como auxiliar de un Juez de residencia. Quedóse allá, y fue a su vez auxiliar del escribano, D. Víctor Figueroa, posición que le daba vagar bastante para ir visitando los pueblos de la provincia. En una de sus visitas a Orión, trabó conocimiento con Juana Tiambeng, mujer de calidad y hermosa, y con quien casó el 22 de Julio de 1842. Ya era entonces Balagtás huérfano de padre y madre. En Orión llegó a desempeñar los cargos de _teniente primero_ y _juez de sementeras_.
En 1856, o 57, fue sometido a un proceso, por mandar rapar la cabeza de una criada de un rico de Orión, llamado _Alférez Lucas_, y, de sus resultas, condenado a cuatro años de prisión, de la que seis meses extinguió en la cárcel de Balanga, y el resto, en Bilíbid. Salió de Bilíbid en 1860. Sus numerosos amigos y padrinos dulcificaron un tanto su desgracia y consiguieron minorar las incomodidades de una cárcel como Bilíbid. Proceso y prisión consumieron el saneado caudal de su mujer; así que hubo de recurrir nuevamente a su pluma para vivir.
Hubo de su mujer, en 20 años próximamente de matrimonio, 11 hijos: siete murieron antes de 1906: tres varones y cuatro mujeres: a saber, Marcelo, Juan, Miguel, Josefa, María, Marcelina y Julia; y vivían cuatro: Ceferino, Víctor, Isabel y Silveria.
Francisco Balagtás murió el 20 de Febrero de 1862, a los 74 años de edad. Su viuda casó en segundas nupcias con otro viudo, pero pronto volvió a enviudar. Murió el día 2 de Diciembre de 1899.
De sus hijos, Ceferino es algo poeta; y los otros, como buenos tagalos, son aficionados a la poesía, y guardan en la memoria estancias enteras de su padre. Víctor fue el autor de las correcciones del ejemplar que editó en 1906 el Sr. Cruz, a cuyo celo débense estos datos biográficos. De los parientes de Balagtás en Bigaa, Macario Adriático da testimonio de que un primo de Balagtás, José, sin saber escribir, es autor de _Buhay ni Magdalena, Buhay ni Adan at Eva, ¡Magdarayang Bayan!_ y de una porción de versos de ocasión, y que improvisó en su presencia unos cuartetos parecidos a los de príncipe de los ingenios filipinos, y sobre un tema imaginado por el mismo académico.
Además del _Florante_, Balagtás escribió numerosísimas comedias, _kumintangs, kundimans_ y mil poesías de circunstancias, pero ninguna, excepto _Florante_, publicó en vida. Algunas se conocen hoy, merced al celo del Sr. Cruz que publicó extractos. Hé aquí algunas de ellas:
_Mahomet at Costanza_. _Almanzor y Rosalina_ (dícese que su representación duró 12 días en 1841). _Abdal y Miserena_, representada en Abucay en 1859. _Orosman at Zafira_. _Don Nuño y Zelinda_, o la desgracia del amor en la inocencia. _Auredato y Astrone_, o la fidelidad de una mujer. _Clara Balmori_, o el sitio de Rochela. _Bayaceto y Dorlisca_. _Nudo Gordiano_. _Rodolfo y Rosamunda_. _La India Elegante y el Negrito Amante_ (sainete casi bilingüe).
Si descartamos de estas piezas los nombres extraños de los personajes, alguno que otro alarde de ufanía versificadora y ciertas sutilezas de amor un tanto metafísicas como en _Abdal y Miserena_, dichas piezas son dramas en donde los caracteres se levantan con relieve fascinador. Los caracteres femeninos, el de Dorlisca, por ejemplo, son de las hijas de Filipinas: unas morenas de esas que a lo mejor pasman al perdidizo viajero por esos barrios tagalos, que naturalmente se visten con elegancia, hablan con discreción, ingenuas, llenas de gracia, de pudor y con aquella vergüenza filipina que tanto llamó la atención del poeta Salvador Rueda, guapas de todas veras, y, sin embargo, con un alma capaz del mayor sacrificio, porque tienen la robustez moral de las heroinas, y que, una vez vistas, ya no se olvidan jamás.
En el sainete _La India Elegante ..._, cuantos intervienen son filipinos de carne y hueso, tipos de una especie de rastacuerismo cospomolita y lugareño, de color local y palpitante de vida. La malicia socarrona y el humorismo francote, tal vez, algo plebeyo, propio de monteses y de los de la hez urbana, regateadores y cicateros, están sacados de la realidad, y sólo podría reproducirlos quien, como Balagtás, tenía los ojos muy abiertos al espectáculo de los mercados, y era zahorí para ir y venir con desembarazo por las encrucijadas bituminosas del alma. ¡Cómo siente aquel infeliz aeta de _Capitang Toming_! ¡Cuánta poesía realista!
Si Balagtás no hubiese escrito el _Florante_ bastarían estas piezas para ponerle a la cabeza de los dramaturgos filipinos. Prueban la fecundidad de su numen poético. Ningún personaje viene repetido en ellas. Se ha dicho que la fecundidad cual la de la naturaleza, y el despego a las propias obras, sin más lote de vida que el ir creando, y creando sin agotarse, son signos distintivos del genio. Si es así, Balagtás tiene tales señales.
Ciertamente escribió más de un centenar de dramas que se representaron en todas las provincias talagas, en la mayoría de los casos, adulterados y no como salieron de las manos de su artífice; sin nombre de autor y por actores cogidos a lazo en el lugar mismo de cada representación al aire libre; sin intromisiones de los del oficio que conspiraran e intrigaran para sacar a flote sus piezas, y, sin embargo, el pueblo acudía a presenciarlos en masa, (ese pueblo que no entiende de géneros, de disputas e imposiciones de taller, ni de celos de autores) y aplaudía, porque autor, actores y pueblo se sentían unos, y como si fueran los mismos protagonistas del drama. Algo, pues, debían de tener estos dramas de un interés profundamente humano, o de sentimientos y modos de ser del pueblo, para quien se escribieron, puestos de resalto por el dramaturgo, para que tal pueblo, no una vez, sino todas las veces, se reconociese en el espejo y se complaciese. Y repetimos, ninguno de esos dramas imprimió Balagtás.
Tal es la experiencia escénica de Balagtás, tal su fecundidad en la creación de caracteres y tal su facilidad en versificar que Ponce, en _Efemérides Filipinas_, cuenta la siguiente anécdota: "El poeta reunió a los actores; les explicó el argumento que se le ocurrió en aquel momento, y en seguida ordenó que empezase la función; desde la concha del apuntador indicaba qué personaje o personajes debían salir, a los que apuntaba sus papeles respectivos, consiguiendo así sacar en conjunto una pieza completa, en que no faltaba ni el _bubo_ o bufón que hacía desternillar de risa. Conseguía, de ese modo, producir ya escenas tan interesantes y tan llenas de vida y de realidad que dejaban al espectador hondamente conmovido; ya situaciones cómicas llenas de malicia y de intención". Añádese a esto la comedia _Almanzor y Rosalina_, cuya representación duró doce días mortales, y se tendrá una idea de la fecundidad y facilidad del poeta. No gustan menos sus elegías amatorias (_kundiman_); ni sus cartas, o lecciones morales en verso, ni su oda bizarra, pindárica, con _os magna sonaturum_, una garrida criolla poética, dedicada a Isabel II.
Era un rápsoda que se movía incansable de una provincia a otra, viéndose en sus recaladas siempre sitiado por los poetas, y derramando a manos llenas humorismo picante y la sal de sus ocurrencias. En Bulacán tuvo por amigos a grandes tagalistas de la provincia, centro del tagalismo entonces y academia viviente refrenadora de los ímpetus y demasías de los poetas salidos de seso. En los anatemas contra el hiperbolismo y escasa propiedad de los poetas de entonces, no era Balagtás de los que se mordían la lengua, y se desataba humorísticamente, con gracia tagala, contra los malos poetas: "_Hindî lan~git ang catapat n~g pusalì cundî batalan_", aguda sátira que más de una vez solía aplicar a aquellos poetas tagalos que hacían pasar por proverbio _ang catapat n~g pusalì ay lan~git_, con que indicaban que un poeta, sin ser un Paris, sino un adefesio y hasta carituerto, podía hacer _pendant_, y casarse con la mayor naturalidad del mundo, con una Helena o con la misma Dulcinea del Toboso, real y practicable.
He aquí otra anécdota que retrata gráficamente a nuestro poeta en lo más fulminante de sus improvisaciones: "El bueno de Quicong Balagtás (decíanos un día el más grave y docto de nuestros jurisconsultos, que conoció al poeta en Trozo, Tondo), vestía a la usanza de la tierra: camisa chinesca; del cuello de la camisa pendía un cordoncillo que lucía por dije un palito hecho de cuerno de caraballa. Era mascador aguerrido del aromático betel. Tenía los dientes grandes y ralos, y, mientras ruidosamente improvisaba estancias, esgrimía su estoque de cuerno, dándose bruscas lanzadas en las rendijillas de los dientes, y, a la par que las divinas estrofas, sus labios, como Taal en erupción, iban lanzando al espacio granos de bonga embermellenados con betel y cal".
Del carácter íntimo del hombre nada se sabe: parece optimista por las pruebas exteriores. Sus héroes, en el último trance, suelen parar en bien. Pero en la soledad, y cuando su ingenio no era provocado, ¿sería también el mismo hombre humorista, o un contemplativo profundamente serio y sincero, en diálogo continuo consigo mismo y con los seres que le bullían en la imaginación y esperaban que él les infundiera el soplo de vida?
Hombres como Balagtás no son de los clasificables en ningún servicio civil. Tienen dentro un fuego devorador que les mata, pero que carece de humo y aparato de alarma. Ciertos sucesos de la vida del poeta, como sus dos encarcelamientos; su exhibicionista carrera aparentemente triunfal por las tablas y su posición social misma, inferior a su talento, con las humillaciones inherentes, debieron dar rudos golpes a su orgullo, y mortificarle con una intensidad digna de él, que conocía como nadie el ridículo y la ironía en las cosas. ¿Para qué entonces sería el genio si valiera más no tenerlo? Acaso por consideraciones semejantes es porque, a las puertas de la muerte, confió a su mujer este desahogo de su corazón lacerado: "no permitas que nuestros hijos escriban nunca versos; córtales las manos si llegan a seguir mi ejemplo".
¡Míseros genios! No saben que su don es gratuito como la gracia divina, y que no depende ni de su voluntad ni de su carácter: tan preciosa dádiva tiene una misión que cumplir en la tierra, y la cumplirá fatalmente: es como el Samuel Beli-Beth de la Pasión Tagala y del _Sa Martir n~g Golgota_: inmortal en esta vida, pero condenado a errar por el mundo, y a llorar la destrucción de Jerusalén.
FLORANTE, NOLI, PRECURSORES Y TRADUCTORES