# Ang Mahusay na Paraan nang Pag-Gamot sa manga Maysaquit

## Part 1

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[Transcriber's note: Tilde g in old Tagalog which is no longer used is marked as ~g.]

[Paalala ng nagsalin: May kilay ang mga salitang "ng, mga," at iba pa upang ipakita ang dating estilo sa pag-sulat ng Tagalog na sa ngayon ay hindi na ginagamit.]

AKLAT

NA

PAGAMUTAN

NI

DR. TISSOT

=ANG MAHUSAY NA PARAAN=

nang pag gamot

=SA MAN~GA MAYSAQUIT=

ayon sa aral

NI TISSOT.

TINAGALOG,

hinusaý at dinagdagan n~g M.R.P. Fr. =Manuel Blanco,= Exprovincial sa órden ni San Agustín; at n~gayo,i, ipinalimbag na panibago nang _M.R.P. Fr. Felipe Bravo_, casalucuyang Provincial, sa naturang órden.

2.ª EDICIÓN

=MANILA, 1916.=

LIBRERIA Y PAPELERIA

--:DE:--

=J. MARTINEZ=

Moraga 34-36, Calderón 108 y Real 153-155, Intra.

=Imp. de J. Martinez, 7 Estraude.--Binondo.=

=PRÓLOGO.=

Mi objeto en escribir en idioma tagalog este tratado, traducido casi todo del _Aviso al pueblo_ del célebre Tissot, no ha sido otro que aliviar á los indios enfermos, cuyo desamparo, que he presenciado no pocas veces por razon de mi oficio, me ha conmovido hasta lo sumo.

Entregados en manos de unos Curanderos ignorantísimos, embusteros y estafadores, se ven precisados á permanecer en una cama por muchos meses, á abandonar todos sus quehaceres, y á gastar lo poco que tienen y repartirlo con los que han hecho trato de curarlos, y todo esto á veces en enfermedades que con suma facilidad puede curar cualquiera que tenga, alguna tintura de la Medicina.

A mi llegada á cierto pueblo fuí testigo de una peste de calenturas intermitentes que apenas dejaban casa libre; y sin embargo de que eran muy fáciles de curar, no observé que los indios Curanderos las tratasen de modo que se conociese que ellos entendian lo que era aquello. Á una semejante conducta eran consiguientes los estragos que me sorprendieron entonces. Cabalmente por aquel tiempo llegó á mis manos la apreciable obra del _Aviso al Público_ del incomparable Tissot; la que inmediatamente empecé á traducir al tagalog, ansioso de comunicar á estos pobres indios un tesoro tan rico.

Por lo que hace el lenguaje, como nadie tenga obligación de escribir en el mejor estilo posible, y siéndome esto por otra parte muy penoso, lo he hecho del mismo modo que hablo ordinariamente con el indio, esto es, en estilo llano. Yo estoy ciertísimo de que los indios me entienden bien, y que perciben claramente lo que quiero decirles: pues por espacio de muchos años en que me he ocupado en hablar con ellos sobre mil materias y asuntos diferentes, he tenido sobrado tiempo para hacer esa experiencia: por consiguiente no tengo recelo de que queden sin entender este tratado aquellos indios para quienes se destina. Por otra parte, algunos ejemplares de él trasladados de mano, y que corren hoy dia entre ellos, me convencen de lo mismo. He visto con admiración que ya saben distinguir unas calenturas de otras, y que ya las dan el mismo nombre que va puesto en este libro: que las tratan del mismo modo que en él se ordena, y que logran el efecto deseado: todo lo cual me ha causado un placer indecible.

De todo esto infiero, que para el objeto que me he propuesto, y escribiendo para indios, para nada es necesaria la elegancia del estilo. En el idioma mismo castellano corren innumerables obras, de las cuales muchas de ellas carecen enteramente de elegancia, y otras aun de propiedad, y lo que es peor (y seria fácil demostrarlo con una obra bien conocida y aplaudida hoy dia) están llenas de defectos no pequeños, sino muy graves en el lenguaje. Sin embargo, ellas andan en manos de todos, y son buscadas con ansia, y leidas con gusto y provecho por razón del mérito que verdaderamente tienen. Las composiciones escritas con elegancia en lengua tagala, se disputa si las entiende el común de los indios. Yo creo firmemente que ellos no han de ser de mejor condición que los españoles y demás europeos, los cuales más fácilmente comprenden una oración ó un período escrito en estilo llano, que en estilo difícil y adornado. Tengo muchas pruebas que me inducen á creerlo así. Bajo de este supuesto, muchas cosas podía haber escrito yo mismo con elegancia, y no lo he hecho de intento, temeroso de que no me entiendan bien, y fundado en que más vale que lo pague el estilo, que el que sufra el enfermo. De aquí es que, por el conocimiento y largo estudio que he hecho de los alcances del indio, he evitado todo lo posible el hacer períodos largos, y oraciones muy compuestas: y asi yo no me he ceñido á la letra ni aun al método de los Autores, de donde he trasladado las materias, sino que he procurado hablar siempre muy poco y lo preciso, trasladando únicamente la sustancia, y acomodándolo al mismo tiempo al genio y modo familiar de hablar que veo usan entre sí estos naturales.

Si aun de este modo no se logra que los indios Curanderos aprendan á tratar metódicamente las enfermedades seguramente menos se logrará con los medios puestos en práctica hasta ahora, esto es, con los libros escritos en lengua española, que andan en sus manos, y de los cuales generalmente nada entienden, á lo menos los que viven en las provincias distantes de Manila: y aunque los entiendan, poco ó ningún fruto sacarán, como en efecto no lo sacan de su lectura. Dos son los libros conocidos entre ellos, el _tratado del P. Clain,_ y el del _P. Santa María_. Este último á excepción de la breve y curiosa exposicion que hace de las virtudes de las plantas de Filipinas, en lo perteneciente al modo de curar las enfermedades de nada sirve, y aun en ciertos casos pueden ser muy perniciosas las curaciones empíricas que propone. El tratado del P. Clain, aunque escrito con algun cuidado, tiene defectos irreparables. En primer lugar, en infinitos casos no ha hecho más que amontonar sin exámen varias especies de plantas, como propias para la curación de algún mal, y suponiéndolas de iguales virtudes, en fuerza de los informes seguramente tomados de los mismos indios; siendo así que las virtudes de muchas de ellas son enteramente opuestas á las de las otras, y algunas plantas son de uso peligroso. En segundo lugar, las curas que propone en varias enfermedades son meramente empíricas, y así como pueden sanar, pueden también hacer mucho daño. En tercero y último lugar, dicho Autor trata tan superficialmente, y con estilo y método tan confusos, la importantísima y delicada materia de las calenturas, que, además de no ser de mérito alguno cuanto allí enseña, es necesario saber bien el español para entenderle; y estoy muy cierto de que muchos españoles no comprenderán aquel artículo; no sabrán hacer la debida distinción entre calenturas y calenturas. En otros artículos de menos importancia está tolerable, y es digno de aprecio el apéndice de las plantas que trae al fin, y del que me he servido en muchas ocasiones.

Con lo que llevo dicho no pretendo persuadirme á que todos los indios indiferentemente han de entender este mi tratado. El mismo Tissot, escribiendo para europeos de la clase del pueblo, se hace cargo de lo mismo, y confiesa que serán muy pocos los que entenderán su obra. Pero advierto y digo, que con tal que haya una sola persona que le entienda en un pueblo, ella sola puede hacer bienes incalculables á los enfermos. En Filipinas se debe esperar tambien mucho de los Padres Curas, de los Maestros de escuela, de los españoles nacidos en el país, y de otras personas que, por razón de su trato con europeos, tienen más penetración y luces que los pobres indios de las sementeras.

En cuanto á los equivalentes ó sucedáneos de los simples que trae Tissot, en su obra, pondré en seguida una tabla en donde verá claramente el lector, que nada he hecho de nuevo, que no se halle fundado ó bien en el apéndice de los sucedáneos que se halla al fin de la dicha obra de Tissot, ó bien en los libros impresos en el país, y que andan en manos de todos, ó ya tambien en la autoridad de algunos Botánicos célebres, como Linneo, etc. Hecha esta diligencia, ninguno tendrá que decir nada de mis sucedáneos. Veo á muchos, aun españoles, muy tímidos en el uso de las medicinas ó simples, que no son del uso de los europeos; y apenas quieren persuadirse á que en estas islas se halla, como en los paises más privilegiados, una multitud inmensa de vetables de virtudes maravillosas. Yo no he formado nunca un concepto tan mezquino de las riquezas y providencia paternal de nuestro Dios; antes creo que en todos los paises ha criado cuanto puede necesitar el hombre en salud y en enfermedad. Jamás he pensado que un pobre indio, para curarse unas tercianas, tenga precisión de hacer un viage al Perú para comprar dos reales de Quina ni que para vomitar, tenga que ir hasta el Brasil para comprar la Hipecacuana. Antes por lo contrario, á mi me basta saber que una planta no nace naturalmente en el país, para persuadirme desde luego á que para nada es allí necesaria. El Abate Herbás y Panduro en su _Historia del hombre_ (creo que en el tomo 7.º) sostiene y amplifica este mismo pensamiento con la erudición y fuerza que acostumbra. El autor de la Flora medical de las Antillas, en la primera página del prólogo de su sabia obra, cita la autoridad de las memorias de Trevoux, en donde se afirma resueltamente lo mismo que yo dije arriba, y se añade: que basta el observar las plantas que nacen en un país, para inferir desde luego las enfermedades que en él son mas comunes. Pero yo no debo detenerme más en esto, pues cualquiera que haya meditado algo detenidamente sobre el orden admirable que el Criador del universo ha establecido en todas las cosas, aún las más mínimas, fácilmente convendrá en ella. Estoy muy cierto, pues, de que en las islas tenemos mucho más de lo que podemos desear para el caso, y que el indio se curará con los simples del país con tanta seguridad como los españoles que tanto confian en las medicinas de Europa. Finalmente los equivalentes de primera necesidad, en varias enfermedades que no admiten treguas, en casos en que no es fácil el recurso á Manila, como la _Dita_ y el _Iguio_, han sido experimentados centenares de veces en toda clase de personas de todos sexos y edades, con un efecto felicísimo y sin sombra de peligro: compruébelo el que quiera, y cuando quede sorprendido de los buenos efectos, entonces conocerá, que nada he ponderado. Estando, pues, los resultados por la inocencia de dichos simples, y siendo estos bien comunes y conocidos, nada se puede oponer contra su uso, por que contra la experiencia no hay respuesta.

En esto que he dicho ahora nada afirmo que no sea común con el modo de pensar de los hombres mas hábiles de Europa, cuyos esfuerzos hace medio siglo se dirijen con feliz éxito (observando las virtudes de las plantas indígenas) á libertar á aquellos hermosos paises de la servidumbre de tener que llevar de las dos Indias una gran multitud de simples á costa de mucha plata. Lea el que quiera el prefacio á las Disertaciones Botánicas de Linneo, escrito por el Editor, y alli se encontrará con mucho más de lo que llevo dicho, y se asombrará de la bondad y portentos del Altísimo, que con tanta largueza ha proveido á las necesidades del hombre en todos los paises del Universo.

Por conclusión advierto que en este mi trabajo, que no ha sido pequeño, me he servido de la Obra de Buchan, de la del Doctor Martin Martinez, del Rozier y de Linneo en aquellos casos en que Tissot omite el tratar de algunos males ó enfermedades: todo en obsequio y beneficio de los pobres indios que viven lejos de la Capital, y aun de los españoles enfermos que, á falta de Facultativos europeos, se ven no pocas veces precisados á ponerse en manos de los Curanderos del país. _Vale_.

_Nota. En este tratado no hablo por varios motivos de las enfermedades venéreas; como tampoco de la que llama el indio mal viento, por ser muy confusas las explicaciones que me han dado de ella, y por tanto no puedo asegurar á qué enfermedad equivale._

=TABLA.=

_De las sucedáneos ó equivalentes puestos en este Tratado en lugar de los que trae Tissot en su Obra_.

_Asclepias_. En Filipinas he visto muchas especies de Asclepias, pero no me he atrevido á proponer ninguna de ellas por las razones que se pueden ver en Rozier. En su lugar he puesto la Aristoloquia que supone Tissot ser sucedáneo.

_Borraja=(Sigang dagat)_. Esta planta, nombrada así por el indio, es borraja verdadera; pero no la de España. Es muy pelosa y de mucho jugo; las hojas muy tiernas se pueden comer cocidas. Es la llamada _Borago indica_ por Linneo.

_Cálamo aromático=(Tagbac)_. Esta planta es bien conocida de los naturales. En los libros del país pasa por _cálamo aromático_; pero no lo es sino la _Renealmia_ de Linneo. Aunque no es el _cálamo_, no puede ser dañoso su uso, como lo está indicando su olor, y por ocupar en la naturaleza un lugar entre el _jengibre_ y otras plantas semejantes; y aún puede ser mejor que el mismo cálamo.

_Cebada_=(Arroz en cáscara). Así lo previene Clain y Tissot; y una esperiencia continua me ha enseñado ser un equivalente excelente, á lo menos para los indios.

_Cerrajas=(Tagolinao)_. Así se halla escrito en los libros del país; pero el _tagolinao_ no es especie de _Sonchus_, sino otra cosa distinta. Sin embargo sin el más mínimo recelo puede tomarse interiormente, como lo acredita la misma experiencia.

_Chicoria=(Dilang usa)_. Los indios, llaman _dilang usa, sigang dagat_ y _tabacotabacohan_ una planta cuyas hojas están pegadas á la tierra, pero la caña de las flores sube derecha. Otros llaman _sigang dagat_ á una especie de borraja, y así se ha de entender en este libro. _Dilang usa_ no es chicoria; pero se puede tomar interiormente sin riesgo alguno; sus hojas se comen cocidas. (Clain no llama _dilang usa_ á la chicoria, sino _sigang dagat_, y así debe enmendarse lo dicho en la primera impresión).

_Quina=(Obat_ ó _Macabuhay)_. La quina es una especie de _Smilax_, y también lo es el _obat_: el _macabuhay_ es una especie de Menispermo; pero por ser ya usadas con suceso en Medicina y conocidas en las islas estas dos plantas, las he puesto en lugar de la quina, que es difícil adquirir lejos de Manila.

_Cicuta=(Talamponay)_. En Filipinas yo no sé que es la Cicuta; á lo menos yo no la he podido encontrar. En este supuesto y siendo indispensable poner un equivalente de ella en este tratado para la curación del Cancro, observé que en la disertación de Linneo intitulada _Medicamenta Graveolentia_, se propone para aquel caso la _Datura_ de la cual es una especie la que los indios llaman _talamponay_. No era suficiente el que yo la propusiese; era demás necesario señalar la dósis. Para esto empezé á experimentarla en mi mismo, empezando por cantidades muy pequeñas. De este modo he llegedo á tomar en un dia y de una vez sola el peso de una dracma ó de un real de las hojas: y si alguno acostumbrado ya á su uso, quiere tomarla dos veces al dia, mucho más habiendo motivo grande para hacerlo, no dudo que podrá tomar más del peso de un real. Lo que he experimentado, pues, en mi mismo es lo siguiente: 1.º Se ha de usar del _talamponay_ verde, que nace de suyo en cualquiera parte, y cuya flor es blanca, y no del morado que suelen plantar los indios en sus casas, pues usan exteriormente de sus hojas, aplicándolas á los abscesos ó apostemas en el principio para repeler, cuya virtud tienen efectivamente. 2.º La hoja verde (después de pesada la cantidad) se muele simplemente en una taza de loza con un palito pequeño, y se hace píldoras, como guisantes de grandes de modo que se puedan tragar fácilmente enteras, echando cada una en media cucharada de agua fria. 3.º Es malo masticar la hoja; pues de este modo, aun una cantidad de ocho granos de trigo causará vahidos de cabeza: es, pues, necesario hacerla píldoras ó pelotillas como he dicho, y tragarlas enteras; de este modo nada malo absolutamente se advierte ni se siente, y se puede tomar una cantidad grande; pero siempre es preciso que el enfermo empieze por poco, y que aumente todos los dias la dosis, mientras no sienta alguna novedad. 4.º En algunas indisposiciones del estómago es un remedio eficaz y pronto, y establece un órden admirable en las funciones de aquella víscera y de los intestinos, abre el apetito, provoca una traspiración muy suave, proporciona un sueño regular y tranquilo, y me parece también (aunque no lo puedo asegurar todavía de cierto) que calma al momento los dolores reumáticos. 5.º Algunos indios, y aún algunas mugeres, lo han tomado del mismo modo, y han sentido sus buenos efectos. 6.º Los dolores del cancro los calma seguramente, aunque ignoro si el largo uso de las píldoras podrán causar la curación entera de este mal, pues mis observaciones no llegan más que hasta este punto. Despues de la impresión primera de este libro he logrado ver un ejemplo pasmoso de la vida de esta planta. Una muger casada del pueblo de Bauang habia perdido las partes interiores de la nariz con una llaga pésima, que se iba extendiendo. Por de fuera no se notaba sino que la nariz se iba hundiendo hacia abajo. La enferma no podía andar sin mucho trabajo, por que con el movimiento se estremecia la llaga, y le causaba mucho tormento. En este estado tomó el _talamponay_, en píldoras; y aunque en las dos primeras semanas apenas sintió alivio, despues de unos cuatro meses le consiguió tan grande que se curó perfectamente, y vive hoy dia con mucha salud. Fuese cancro ú otra cosa su enfermedad, ello es que sanó del todo. 7.º A falta del Opio y del Laúdano pueden servir dichas píldoras de equivalente muy bueno.

Concluyo que para proponer esta planta no he procedido de ligero, sino fundado en la autoridad de un hombre tan grande como Linneo y en la experiencia. Por tanto en lugar de encargar con Rozier que se procure extirpar esta planta perjudicial, aconsejaré que procure cada uno tener un pié en un rincon de su huerto. Todos saben lo que es el opio, el láudano, la belladona, la cicuta; y sin embargo de llamarse tósigos, son unos medicamentos heróicos tomados en la dosis conveniente: luego la dosis, y no las plantas, es lo que puede hacer daño. Uno que comiese una cantidad excesiva de alimento, tal vez moriria. _Vidit Deus cuncta quae fecerat, et erant valde bona._

El _Talamponay_ es especie de Datura, y se acerca mucho á la llamada _Metal_ por los Botánicos. Las ramas de la planta son dicotomas ó ahorquilladas. La flor es de una pieza muy grande, y se abre por la noche. El fruto está erizado de puntas é inclinado hacia la tierra. Las hojas son lampiñas, de un verde pálido, y con ángulos en las orillas. Sus propiedades son muy raras, y por eso la manda extirpar Rozier.

Por ningun caso deben tomarse sus semillas interiormente para dormir, pues su uso es muy peligroso. Á excepción de las ovejas, que he visto con admiración comen con ansia el fruto, ningun animal toca á esta planta.

_Coclearia=(Taquip suso, ó taquip cohol)_. Esta planta, se ha escrito en el país, que son _berros_, y en efecto tiene su sabor, pero en realidad el _taquip suso_ no es sino una especie de _Hidrocotile_.

_Contrayerba=(Dusay ó Guisol)_. Esta planta, tomada interiormente, no puede ser dañosa, sin embargo de que no es la contrayerba como han escrito algunos en Filipinas; pues habiendo yo logrado ver unas flores de ella, he observado que es una especie de Kaempferia.

_Escila=(Bacong)_. Así Clain en el lugar citado, en donde trae el modo de preparar la raiz. Dos plantas conocen los indios con el nombre de _Bacong_: la una es en efecto la _Escila_, y ésta es la que se debe usar. Su raiz tiene cascos como la cebolla. La otra planta no es _Escila_, sino especie de _Hypoxis_. Su raiz no tiene cascos, y no se debe usar de ella. Por esta semejanza en los nombres se dijo en la primera impresión que el _bacong_ no era _Escila_. También creo que, además de las dos plantas dichas, hay otra ú otras que el Indio llama _bacong_.

_Espíritu de azufre=(El zumo de limon con miel ó con jarabe de verdolagas)_. Así se previene en el apéndice de los sucedáneos en la Obra dicha de Tissot: y debo advertir que es un equivalente admirable y digno de usarse.

_Hipecacuanha=(Iguío ó Aguío)_. Entre una gran multitud de plantas que trae Clain en su tratado para vomitar, he escogido el _iguío_ ó _aguío_, únicamente por requerirse poca dosis. El _iguío_, árbol que jamás apreciaremos dignamente, y más conocido en lo antiguo que lo que es en el dia, por lo que me ha enseñando una larga experiencia, es un vomitivo admirable, y en mi concepto específico seguro en las calenturas pútridas. Es una especie de _Turroea_. De él hace mil elogios el P. Fr. Ignacio de Mercado, religioso agustino, en un manuscrito suyo. La corteza que es la que se usa, es un poco amarga, y su olor algo desagradable. En Filipinas tenemos la verdadera Hipecacuanha, que es la _Psychotria pubescens_ de Linneo, pero como por desgracia no es conocida, ¿qué adelantaba yo con proponerla?

_Hojas de Sen=(Acapulco_ ó _Sontíng_ ó _Catanda)_. Las hojas de Sen son una especie de _Cassia_, de las cuales he visto varias en Filipinas. Exceptuando la Cañafístula, que es una de ellas, las demás purgan poco. El motivo que he tenido para proponer el _Acapulco_, que es la especie _Alata_ de Linneo, es por ser planta común y conocida, y por que su virtud purgativa es más notable que en las otras especies, aunque tampoco muy grande.

_Jalapa_. La _Jalapa_, las _hojas de Sen_ y el _Cremor_, que señala Tissot en su excelente purga del número 21, son ingredientes que solamente en Manila podrá encontrar el indio: y así los que viven lejos de la capital, tienen que contentarse con los vegetales purgantes ya conocidos y usados en el país, que son los mismos que se proponen en aquel número como suplentes. Se toman solos, y tambien combinados de diversos modos. Otros infinitos purgantes indígenos con muy varias preparaciones hay propuestos en los libros del país; y ojalá nuestros sabios Facultativos se tomasen el trabajo de analizarlos, y de instruirnos de su uso más ventajoso, en lo que harian una obra muy grata á los ojos de Dios, y de infinito bien para los pobres indios, y aun para todos los que vivimos en las Islas; pues yo estoy íntimamente persuadido á que un suceso feliz coronaria sus esfuerzos.

_Malvas=(Colotan)_. La planta llamada por los naturales _colotan ó colotcolotan_ no es malva, sino una especie de _urena_, que tiene una glándula pequeña en la vena del medio en la página inferior de hoja, y es la que Linneo llama _urena multifida_. No obstante esto, como pertenece á la familia de las plantas malvaceas, puede muy bien usarse. Además de esto, hay una especie de malva verdadera; pero como el indio no la conoce ni la da nombre, no la he propuesto. También debo advertir que muchas veces toman los naturales por equivocación en lugar del _colotan_ una especie de _Triumffela_; pero por la _glándula_ de la parte inferior de la hoja de que hablé arriba se conoce el yerro. Tampoco están hendidas las hojas de esta otra planta.

