Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 9
(38) Mas bolviendo a Don Duarte en llegando a Pombal, hechò ſus eſpias para ſaber el eſtado de la tierra; i conociendo, que el animo del Infante no era otro, que bolver por ſu credito en preſencia de ſu Rey, i que a eſſo ſe partia a Santaren: procurò eſtar a la mira ſoſſegando los animos de aquellos pueblos; los quales ſe alteravan ſegun los movimientos del Infante, governandoſe por ſus acciones; però como nunca deſdixo del camino de la fidelidad, más trabajo tuvo Don Duarte en quitar el temor del Rey, i de ſus familiares, que el deſaſſociego de los contrarios: porque ſiempre el miedo en eſtas coſas es peor, que el effecto. Sabida la muerte del Infante en Coimbra, ſe entregô aquella fortaleza, i a ſu exemplo las demàs de ſu eſtado, ſin haver quien oſaſſe, no ſolo a contradezirlo, perô ni aun a mentar un nombre tan odioſo, cuya acuſacion ſe acriminava en las plaças igualmente, que en los palacios; los ſoſpechoſos, con maior cautela, i vigilancia: porque el Rey andava notando en los ſemblantes la juſtificacion deſte caſo; como ſi la conſciencia ſe quietara con las demonſtraciones: mas baſtaron eſtas para olvidar en breve tiẽpo, lo q̃ ſe preparò en muchos años.
(39) Deſpues de algunos ſe moſtrô el Rey mejor informado de la innocencia del Infante; i reſtituyendo a ſu cuerpo (que andava vagando con la propria fortuna, que vivo) ſepultura Real en el Convento de la Batalla; paſſó editos, en que le declarò por fiel; con que deſautorisò no menos ſu credito, q̃ ſi le matara de nuevo: entendiendoſe, que el error de un Rey, nunca tiene enmiẽda; pues en las llagas, que una vez haze, laſtima tanto la cura, como los golpes. Eſta reſtitucion fue hecha à inſtancia de los Duques de Borgoña, Phelipe, i Iſabel, hermana, i cuñado del Infante; intercediendo juntamente la autoridad de Calixto tercero, que entonces regia la ſilla de S. Pedro: i el Rey humillandoſe a ſus ruegos, quiſo obligarle con eſta obediẽcia, a que le concedieſſe la Cruzada, para paſſar en perſona a Berberia; la qual tuvo el effecto, que veremos adelante.
(40) En la entrada del año de mil quatrocientos i cinquenta, ſe bolviò Don Duarte a la Corte, i deſde entonces haſta el de cinquenta i ocho no hallo ſuceſſo, en que entraſſe: porque la paz, q̃ gozava eſte Reyno era más llena de peſte, i otros caſtigos publicos, que denunciavan la ira de Dios, q̃ de glorias militares; pues haſta la conquiſta de Africa andava mui tibia con las diſſenciones domeſticas.
(41) Entre tanto, fue lo màs notable, q̃ paſsò en Portugal, el caſamiento de la Infante D. Leonor hermana del Rey, que ſe effectuò a nueve de Agoſto, de mil quatrocientos i cinquenta i uno, con Federico electo Rey de Romanos. Celebróſe con muchas fieſtas, por̃q el Rey tambien quiſo alegrar el pueblo, i divertirlo de las memorias del Infante D. Pedro, en cuya aficcion durava con notable triſteza: porque la peſte, que afligia a eſte Reyno, lo obligava a q̃ la tuvieſſe por caſtigo de aquella perſecucion injuſta: i renovòſe aun màs con la muerte de la Reyna D. Iſabel, que ſucedio en Deziembre de mil quatro ciẽtos i cinquenta i cinco: haviendo precedido el Março antes, el dichoſo nacimiento del Principe D. Iuan deſte nombre, el ſegundo, Principe digno de imortales alabanças. De cuya vida, i acciones, entre otros autores, que eſcrevieron de ſus hechos; deſcurri yo tambiẽ largamente con menos adulacion, i màs certeza: pareciendome, que la virtud de ocupacion tan honeſta, llegaſſe a deſpertar los ingenios Portugueſes, para que fueſſen agradecidos a la buena memoria de ſus Reyes; pues le devian amor, i tratamiẽto de padres: i con el comovimiento de las acciones valeroſas, i prudentes, que huvo en ſus tiempos, ſe procuraſſe en eſtos la emulaciõ dellas; de que parece ay màs olvido, de lo que conveniera.
(44) La muerte de la Reyna, quiſieron algunos, que fueſſe ordenada por los enemigos del Infante; i aſsi la lloraron los Portugueſes muchos dias; porque le ſaltô una Princeſa de grandes merecimientos. Però deſte mal nacieron otros bienes, que fue alçarſe el deſtierro a D. Pedro ſu hermano, que andava por Caſtilla pobre, i afligido. Bolviòle el Rey el maeſtrazgo de Avis, i otras rentas baſtantes para el ſuſtento de ſu grandeza.
ARGVMENTO DEL LIBRO QVARTO
_EL Rey D. Alfonſo paßa a Berberia: rinde Alcaçar el ceguer: buelveſe a Portugal, dexando encargado aquel preſidio a D. Duarte de Meneſes. Virtudes, en que mâs reſplãdecio en ſu govierno: entradas, que hizo, i eſcaramuças, que tuvo con los Moros, de que alcançò muchas victorias ſeñaladas. Aßedio primero, de que defendio eſta plaça contra el poder del Rey de Fez; ſuceſsos deſde el año de cinquenta i cinco haſta el de cinquenta i nueve._
VIDA DE DON DVARTE DE MENESES TERCERO CONDE de Viana.
LIBRO QVARTO.
(1) COn la perdida de Cõſtãtinopla, que ſucedió en el año de mil quatrocientos cinquenta i tres, Calixto tercero, que entonces preſidia en la Igleſia, con la vigilancia, i piedad de Paſtor univerſal della; perſuadiò cõ màs zelo, que fruto, por ſus delegados, a todos los Principes Chriſtianos a una liga, contra Turcos, que andavan muy ſuperiores en poder, i fortuna; concluyôſe en eſte de cinquenta i quatro: i tomaron la Cruzada, que era la inſignia, debaxo de la qual avian de militar en aquella empreſa. Fue el Rey Don Alfonſo de los primeros, que la aceptaron; i armò buen numero de velas; però deſpues de largas prevẽciones, por accidentes, i dudas, que huvo entre los coligados, ſe deshizo la union; pudiẽdo poco el ruego, i ſolicitud del Pontifice: mas el Rey viendoſe con las armas en la mano, las bolviò contra Berberia; aviſandole antes D. Sancho de Noroña (que eſtava por general en Ceuta) los rumores, que ſonavan, de que el Rey de Fez venia ſobre aquella ciudad, con poderoſo exercito: però eſta fama parò en amenazas ſolamente, por donde el Rey màs ambicioſo de gloria, que neceſsitado de otro motivo, con aquel apetito, que para los Principes moços es ley màs poderoſa, que la razon; ſe fue a Lagos con ſu hermano el Infante D. Fernando, i D. Pedro ſu cuñado (que ya por eſte tiempo eſtava reſtituido) el Marques de Villa Vicioſa, i otros ſeñores, i fidalgos del Reyno; donde con aſſiſtencia del Infante D. Henrique ſu tio juntó una grueſſa armada de duzientos i veynte vaſos, conforme quiere Ruy de Pina, aunque Damian de Goes, acreſcienta màs ſeſenta.
(2) Determinado, pues, en dar ſobre Alcaçar el ceguer; partiò de Lagos, i llegò a la playa de Tanjar a los veynte i ſeis dias de Octubre, de mil quatrocientos cinquenta i ocho: alli eſtuvo un dia aguardando, que llegaſſen algunos navios, que faltavan; i ſiendole el viẽto eſcaço, quiſo combatir aquella fortaleza: mas el Infante D. Henrique, ayudado de D. Duarte de Meneſes (que fue tambien deſte parecer) con los capitanes de maior nombre, i experiencia; lo contradixeron con muchas razones; i al fin perſuadido a eſto fue ſobre Alcaçar el ceguer. Es ciudad pueſta ribera del Oceano Herculeo, entre Ceuta, i Tanjar, quaſi en igual diſtancia, en lo màs angoſto del eſtrecho de Gibraltar; porque queda en el parage de Tarifa, donde no ay màs de traveſia, que cinco millas de la coſta de Africa a la de Eſpaña: junto quaſi a ſus murallas pierde ſu nombre, entrandoſe en la mar, el Balone, rio de menos aguas, que fama; cuya boca pone Ptolomeo en ſiete grados de longitud; i de latitud treynta i cinco, i cinquẽta minutos. Es lugar pequeño, i nuevo, porque le fundó Iacob Almançor, quarto Rey de los almohades, por facilitar el paſſo de Eſpaña, adonde paſſava todos los años cõ ſus exercitos, para hazer guerra a los Chriſtianos; hallando el camino, ̃q hazia para ir a Ceuta, fragoſo, i aſpero, i el puerto de Alcaçar razonable, i menos trabajoſo. Deſde alli apreſtava ſus armadas, i armava ſus baxeles, q̃ andavan en corſo, por todo el eſtrecho, teniẽdo mucha madera en las tierras al rededor de la ciudad, buena para eſte efeto: llamòla Alcaçar el ceguer, q̃ quiere dezir, palacio pequeño, a diferencia del de Alcaçar el quibir, o viejo, que es mâs sũptuoſo; i de otros q̃ tenia otras ciudades de maior mageſtad. La preſencia continua deſte Principe la enriqueciò deſpues de edificios, comercio, i nobleza; porque hizierõ trato de ſu inclinacion los ſubditos, de ſuerte ̃q creciendo ſiempre, por eſte tiempo, era una de las plaças importantes de Berberia.
(3) Llegado el Rey a Alcaçar, tratò luego de ſaltar en tierra. Pero el enemigo cõ haſta quinientos cavallos, i mucha infanteria, ſalio a defender el deſembarcadero; i huyendo con perdida, ſobreviniendo la noche, tuvo el Rey tiẽpo de aſſentar ſu real, ſin dificultad. Repartieronſe los quarteles de los Chriſtianos, i dada ſeñal, acometierõ las trincheras del enemigo: ganarõlas brevemẽte haſta meterlos en la ciudad; yẽdo en ſu ſeguimiẽto. Serrarõ los Moros las puertas, defendiẽdolas de manera que no las pudierõ los nueſtros derribar, ni quemar; por̃q eſtavan cubiertas de chapas de hierro, i deſde lo alto del muro con la artilleria, hachos de fuego, i otras armas, hizierõ mucho daño a los Portugueſes. Retirarõſe entõces, i el Rey provocado con la reſiſtencia, otro dia mandó arrimar las mantas para picar a prieſſa el muro; i al Infante Don Henrique con ſu gente puſieſſe las eſcalas por otra parte, procurando ſubir: deſta manera ſe començô un rezio aſſalto, andando el Rey con ſu guardia, animando la gente, i dando orden en todo lo que convenia para reforçar el combate; durô dudoſo haſta media noche. A eſte tiempo el Infante hizo aſſeſtar una pieſſa grueſſa de artilleria hàzia una parte del muro, que le parecio eſtar màs flaca, i como al primer tiro cayeſſe gran parte del; Los Moros, que vieron la entrada abierta, a la poſtre cayeron de aquella gallardia, i ſe offrecieron al Rey con ciertas condiciones honeſtas; aceptôlas el Infante en ſu nombre: i en cumplimiento dellas, deſampararon la ciudad, i la dexaron libre al vencedor. Entrò en ella el Rey a pie en proceſsion, fueſſe derecho a la Meſquita, i deſpues de hazerla conſagrar a la advocacion de nueſtra Señora de la Concepcion, i de dar gracias al Cielo, por la victoria recebida: tratò de eligir General para aquella plaça. Tuvo muchos oppoſitores el cargo; por̃q el ſer de tanto rieſgo, eran los gajes, q̃ más los convidava a pretendelle. Però el Rey advertiendo, que en las proviſiones de cargos publicos, han de ſer publicas las qualidades del que fuere proveido; porque a ſer de otra manera, es màs ſuerte, que eleccion; la hizo de D. Duarte, con penſamiento de ſoſſegar a los pretendientes; porque eſta es la ventura de acomodar los oficios en las perſonas màs dignas, que ſe grangean los quexoſos igualmente, que los provehidos; porque ſiempre los benemeritos ſon los ojos del pueblo; i las proviſiones, que haze la acclamacion publica tienen otros aciertos, que no ſe pueden conſiderar en las demàs.
(4) Deſta fueron publicos los agradecimientos, que ſe dieron al Rey, por el Infante Don Henrique; porque eſte Principe tenia tanto cuidado de la nobleza, que eſtimava como proprias, las mercedes, que recebia: ſiẽdo eſte zelo tan provechoſo a los Reyes, como a los ſubditos; pues entre las gracias, que ſe le dan de ſemejantes beneficios, ſe mezclan otras advertencias de grande eſtima, que ſiempre ſon mejor oydas por el camino de la adulacion, que de la libertad; quando las verdades dichas a ſecas a los Principes deſagradã màs de lo que perſuaden; por la coſtumbre quaſi comun de eſcuchar ſolamente con guſto lo màs agradable.
(5) Señalòſe D. Duarte en eſte cerco con grãdes ventajas, ſerviendo de avẽturero; porque los pueſtos principales de exercito, ocuparon el Rey, los Infantes, i el Marques de Villa Vicioſa; i no ſacó menos fama de obedecer, que de quando mandava: porque ſabia ſer ſoldado tambien como capitan, preciandoſe ſolo de cumplir enteramente con la obligacion de la honra, ſin dar lugar a la vanidad, ó a la ſobervia, antes moſtró con una ſingular modeſtia, que no rehuzava nada por temor, ni aſpirava por codicia. El Rey pues en el acto de encargar eſte oficio a D. Duarte, procedio con toda la beneuolencia de palabras, i favores publicos, con que los Principes ſaben obligar a los ſubditos, quando quierẽ; que por la maior parte es, en la ocaſion, en q̃ juzgan les ſon meneſter. Al darle las llaves de la fortaleza, i el baſton de General, diſcurrio largamente por ſus merecimientos, eſtãdo preſentes los Infantes, ſeñores, fidalgos, i capitanes del exercito; i deſpues màs en publico, i en voz alta, de manera que lo eſcuchaſſen todos, mirandole con alegre, i ſerena frente, le hablò deſta manera.
_No rehuzo el confeßaros (D. Duarte) por acreedor tan en publico, quando las deudas, en que me haveis pueſto, ni ſon ſecretas, ni de calidad, que olvidallas no ſea condenar yo miſmo mi reputacion. Siento los muchos, que os aventajan en los premios; no os igualando en los meritos: por ajuſtarme a ellos, os encargo deſta plaça; porque conoſco de vueſtro valor, que ſolo tendreis por merced la occaſion de exercitarle. Librome con eſto de una reſtituicion, en que os eſtava del govierno de Ceuta; pues ſe os quito ſin razon, haviendola vos ſuſtentado igualmente, que el Conde vuestro padre: pero ſiendo eſta la ſegunda fortaleza, que ganamos en Berberia, ſois vos el primero, con que podemos aßegurarla en eſtos principios; q̃ es quando las perdidas tienen la vehemencia de ſu dolor, i la vengança propria, maiores affectos: differentes alabanças merece, el que defiende una plaça recien rendida; de aquel que la conſerva, deſpues a largo tiempo de conquiſtada. Eſpero, que me ſirvais de ſuerte en eſta conquiſta, que os deva nueſtra Real corona mâs ciudades, que eſta, haziendola puerta, por donde entremos victorioſos a ſeñorear haſta Fez, a cuyo imperio puedo aſpirar ſeguramente, con vueſtro braço, i prudencia._
Callò, i D. Duarte pueſto de rodillas, reſpondiò en eſta forma.
_Sereniſsimo Senhor, ya no me queda lugar de ſolicitar otro galardon a mis ſervicios, quando V. A. me aventaja tãto en repetirlos; premiandome el zelo, cõ que los hize, que es ſolo el que merece tanta ſatisfacion: en eſta de aora hallo el cumplimiento de mi deſſeo; pues confieſſo a V. A. una ambicion, que me abrazô ſiempre, i fue de morir por el ſervicio de Dios, i vueſtro. Haſta aqui no os puedo negar, que vivia quexoſo, i aun quiçâ impaciente, quando haviendo enemigos deſta corona, eſtava ſin las armas en las manos. Que honrado ay, ſeñor, ̃q no tenga por afrenta el ocio? La fortaleza ſin exercicio, eſtá cerca de entorpecerſe: dizelo la experiencia, i la virtud lo acclama; ſin ella, que valen dichas? Podran enriquecer a uno, però no honrarlo. Verdad es, que eſte cargo me deviades de juſticia, aun no entra aqui gracia, porque la guardo para ſuplicaros empleeis muchas en ſu conſervacion. Eſta es ciudad mâs vueſtra, que todas; pues la ganaſtes por vueſtro braço. No olvideis eſta gloria, que aumentarâ, ſin duda, dignidad a vuestra grandeza, en el grado, que và de lo adquirido, a lo heredado. Serâ uno de vueſtros titulos Reales, que el tiempo, ni la embidia podran borrar jamâs. Añadio a vueſtro abuelo algo de ſus proezas, el ſer ſeñor de Ceuta; pareciendole, que en nada moſtrava mâs ſu mageſtad, que en publicar ſus brios: dellos ſe originaron los Reyes, i ſolo tuvieron de Principes, lo que tuvieron de fuertes; obligaciõ es de los nueſtros mâs preciſa, pues ſe hizieron por ſu valor ellos miſmos: quedando por herencia deſta corona, conquiſtar imperios, de quien los goza tan ſin derecho, i razon, como eſtos barbaros; ſi tras deſto conſiderais eſta fuerça, vereis el empeño, que os dexa para conſervarla. No la reguleis por el tamaño, ſino por la importancia: fue eſcogida por los Moros para paſſage, i eſcala de Eſpaña. Eſtà, como veis, en lo mâs angoſto deſte eſtrecho; cõ maiores comodidades de madera, i puerto para navios, cõ que los enemigos infeſtavã toda eſta costa. Deſtas utilidades, que ellos poſſehian, nacerâ, ſin duda, la prieſſa, con que bolveran a conquiſtarla; que a mi ver, no tardarâ mâs, que en quanto llegue la perdida a la noticia del Rey de Fez; de ſu poder ſoy yo teſtigo. No lo advierto, porque lo tema, ſino para que advierta V. A. las obligaciones, que lleva a los ſoldados, que dexa en eſte preſidio. Es el favor de la milicia, credito, i autoridad de los Reyes: noteſe en ſus aumentos, i ſe echarâ de ver facilmente. Eſta merced ſola os ſuplico, que auñq auſente, continueis en ver los peligros, i las dificultades, que allana vueſtro agradecimiento: ſingular grandeza de los Reyes, poder eſtar preſentes a los ſubditos en ſus hechos repreſentados en ſus capitanes, i mucho mâs en los beneficios, que les hazen. Frequentandolos, tẽdreis vaßallos valeroſos, imperios dilatados, enemigos ſiempre vencidos; i ſobre todo una fama glorioſa, que vencerâ tanto, como las armas; pues no la dâ menor cũplir con eſta obligacion._
Besòle tras eſto la mano, i con el todos los que ſe hallaron preſentes a eſte acto. Fue de increyble guſto; i los ſoldados viendoſe favorecidos dieron a vozes ſeñal de ſu alegria.
(6) Con la eleccion de D. Duarte ſe offrecieron de nuevo muchos cavalleros para quedar en Alcaçar; que eſto es otro bien, que alcança un Principe, quando acierta en lo q̃ elige; que grangea todos con la merced de uno. Compueſto al fin todo lo q̃ tocava a la defẽſa deſta frontera, deſpachó el Rey con la nueva, navios a Portugal, i cõ los màs del armada, ſe fue a Ceuta, donde llegò martes por la mañana veynte i quatro de Octubre. Alli acabò de concluyr otras coſas, i remunerô con muchas dadivas, i mercedes, a todos los q̃ le ſirvieron en eſta ocaſion, ſin haver otros memoriales, i conſultas, mâs que ſus ojos; que ſi ſer pudiera verlo todo, fueran fieles, i grandes ayudadores para el acertamiento de los Principes, haviendo aſsi muchos bien premiados, i muchos menos quexoſos; por la eſtrecheſa de algunos miniſtros, que la aconſejan a titulo de no cargar la hazienda Real; i quiçà ſolo para que aya màs para ſy, i ſus adherẽtes. Ruy de Pina, Gomez Eanes, i Damian de Goes, encarecẽ mucho los deſpachos generales, q̃ diò el Rey en aquella ciudad, ſin otra interceſsiõ, q̃ la de los merecimiẽtos, conociẽdo quan grande falta es en vn Principe, embiar un ſubdito de ſu preſencia, con el ſemblante, i coraçon triſte; porque no ay daño, q̃ llegue al de ſer Rey de vaſſallos mal contentos; por los grandes inconveniẽtes, que reſultã dello.
(7) Portòſe D. Duarte en el govierno deſta plaça, aunque pequeña, i limitada, de ſuerte que ſe echava bien de ver, el talento, que tenia para los maiores: i aſsi no moſtró menos lo que era en lo poco de un preſidio, que ſi governara una provincia entera; ſi biẽ con lo exterior de la perſona encubria eſta verdad, para cõ muchos, q̃ ſe muevẽ por apariẽcias a calificar los ingenios; porque hablava, comunmente poco, mas eſto con reſolucion, i modeſtia; de que naciò ſer juzgado por menos entendido de aquellos, que quieren con la lengua ſuplir la falta de la prudencia, i del animo.
(8) Naciale deſto, ſer tan prevenido, i maduro en ſus conſejos, que ya màs propuſo coſa, que no ſucedieſſe; con que adquirió gran reputacion mui util para la guerra, i tan importante, q̃ el enemigo lo confeſſava por adiuino de ſus penſamientos; aunque hazia deſto particular eſtudio deduziendo de los caſos, exemplos, i ſemejanças; i no ſe contentando con que las eſpias que de contino, embiava, inquirieſſen lo ſecreto de los deſignios, i ardides de los ſoldados; ſino tambiẽ el particular de los votos del pueblo, que las màs vezes deſcubre lo flaco, i fuerte de los eſtados.
(9) Sabia por eſta cauſa tanto de los enemigos, como de ſus ſoldados; entre los quales todo ſu cuidado empleò en reformar la diſciplina militar algo cahida, con los tiempos licencioſos, ya referidos; i para que eſta reformacion (que ſiempre ſuele ſer odioſa) tuvieſſe lugar, i buena diſpoſicion en los animos; començô a hazerſe primero amar, i luego a temer; de cuyos extremos formò un reſpeto agradable, para emendar los daños, que reſultan de la floxedad, i rebeldia, en obedecer la gente de guerra Portugueſa; porque en brios tan embotados poco obligava el amor, ſino ſe meſclara tambien la ſeveridad, que a ſolas cada coſa irrita màs de lo que aprovecha, i aſsi no le fue de pequeño trabajo, diſciplinarlos con clemencia, i caſtigarlos ſin ira.
(10) Para eſto fue grande expediente el modo, que tomó de vivir ſin diferenciarſe en nada de los demàs; antes haziendo documentos del exemplo, enſeñava con las obras, ſiendo el primero en el deſvelo, trabajo, i neceſsidad, con que remediava, i acudia a todos; tan incanſable, que en la ocaſion de los cercos (que veremos deſpues) no dava tres horas continuas al repoſo; alentando los cãſados, curando los enfermos, i rodeando los compañeros; llamando a todos por ſu nõbre, i cevandolos, con dadivas, ya de eſperanças, ya con honras publicas, i agradecimientos a la virtud militar, que en grado eminente luzia en eſte valeroſo capitan; acõpañavale una ſingular piedad, que lo hazia màs excelente; ſiendo ſu primera alabança el ſer tan religioſo en las coſtumbres, que ſiẽpre procurò, que ſus ſoldados no lo parecieſſen en las deſordenes; rehuſando admitir a los q̃ ſiguen eſte nõbre, por comodidad de ſus deleites. Deſta manera militava igualmẽte cõtra los vicios, q̃ contra los Moros; i andava tan cuidadoſo en quitar a ſu ſoldados occaſiones de offender a Dios, que más parecia Alcaçar el ceguer un monaſterio, que un preſidio.
(11) Si oya juramento, caſtigavale primero de palabra, i deſpues con alguna pena a los incorregibles. Quando permitia juegos, cõdenavalos en publico; porque deſta ſuerte los atajava con menos violencia, pues por darles guſto, no havia ſoldado, que vſaſſe de libertad, aunque fueſſe indifferente; que el deſſeo de imitarle, i complacerle, emẽdava la inclinacion, muchas vezes, quando el apetito la deſordenava por otra parte.
(12) Tenia gran cuenta en reſcatar los cautivos Chriſtianos, i para eſto vendia con gran liberalidad, haſta lo mas neceſſario de ſu caſa. Al igual deſta piedad, uſava otra, no menos digna de perpetuas alabanças; porque ya más ſe canſava en admitir, i favorecer Moros, que ſe reduzian a nueſtra ſagrada Religion; dandoles con el Baptiſmo (que era la libertad del alma) tambien la del cuerpo, i bienes, con que pudieſſen vivir modeſtamente; con que acariciò muchos por eſte modo; que deſpues de Chriſtianos fueron mui dañoſos al enemigo, por la conſtancia, i fidelidad, con que ſirvieron a D. Duarte en las entradas, ̃q continuamente hazia por ſus caſas, i poblaciones.
(13) Su liberalidad no exceptava perſonas, ni eſtados; porque en todos, con larga mano deſpendio ſiempre quanto pudo. En eſta virtud le encarece tanto Gomez Eanes, q̃ cuenta prodigalidades ſuyas, quaſi ſucedidas de ordinario. A Xeque Laros, Moro riquiſsimo, i el màs poderoſo de aquella ſierra (de que havemos de hazer mencion deſpues) alargò libremente el reſcate de un hijo ſuyo, a quien queria mucho, ſiendo gran cantidad de ducados, i otras muchas joyas de precio inextimable: i nota, que en menos de tres años diò màs de treciẽtos cavallos. De veſtidos, joyas, dineros, i otras coſas, es increyble lo que repartia por todos; pareciendo impoſible, que en hazienda tan limitada, como la ſuya, cupieſſe tanta largueza; porque es cierto, que ya màs ſalio de ſu preſencia ſoldado, ó perſona alguna afligida, ſin ſocorro, i conſuelo de ſu neceſsidad, ó diſguſto.
(14) Deſte animo tan generoſo en las dadivas, procedia el que moſtrava en las paſsiones, no ſiendo menos liberal en perdonar offenſas, quando no tocavan a la honra, de q̃ fue ſiẽpre mui eſcrupuloſo, auñq no tanto, q̃ llegaſſe a deſcõfiado; mas era ſingular el brio q̃ hazia, de no ſolo tomar vengãça de enemigos, però en ſu lugar les hazia todo el bien, q̃ podia; entendiendo, q̃ ſolo los hombres cobardes eran vengativos, pues de medroſos deſſean matar a ſus contrarios, por librarſe aun de la ſombra de temer.