Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 8
(20) Supo el Condeſtable en ciudad Rodrigo, que el Rey de Caſtilla, con las anſias que tenia de deſtruir los cuñados, los cercò en la villa de Olmedo, ſin eſperar por el ſocorro Portuguez; i los Infantes temeroſos, de que las fuerças de los contrarios ſe reforçaſſen con la llegada de Don Pedro; quizieron antes provar ſu fortuna; i ſaliendo de la villa, dieron batalla al Rey en campaña de poder a poder, haziendo todo lo que devian a mui valientes cavalleros; quedaron al fin vencidos muerto Don Henrique, i herido el de Nauarra. Sin embargo deſta nueua obligò Don Duarte al Condeſtable a que marchaſſe adelante con ſu campo, porque no eſtavan ſeguros aun del ſucceſſo que reſultò de la victoria; i como los grandes de Caſtilla andavã tan rebueltos, tanto tiempo avia, no ſe imaginava, que ſe podian ſoſſegar en breve.
(21) El Rey de Caſtilla luego que tubo noticia, de q̃ el Condeſtable no parava con ſu exercito, lo embiò recibir con Don Aluaro de Luna, i otros muchos cavalleros, por la poſta haſta donde pudieſſen; i el ſe fue a eſperarlo a Mayorga con toda ſu Corte; donde llegado le hizo notables fieſtas, i agaſajos; moſtrãdoſe mui liberal, i cortès con los Portugueſes; aunque Don Pedro no le quedô inferior en las dadiuas, porque fueron muchas las q̃ repartiò por los cavalleros Caſtellanos. Todos eſtos aciertos ſe deven a Don Duarte, porque no diſponia menos biẽ las acciones de la paz, que los peligros de la guerra.
(22) Concluyoſe con eſto la de Caſtilla, i las coſas de Don Alvaro ſe mejoraron grandemente; ſi bien deſpues ſe canſô la fortuna en fauorecerle, i con el exceſſo con que le ſubiò con otro mayor le deshizo: cauſando tanto miedo, i eſpanto ſu caida; como admiracion ſu proſperidad; porque ya mas antes del ubo en aquella corona quien alcançaſſe mayores honras mas generales, i menos eſperadas; poſſeyendo largo tiempo ſu govierno heredado por el Rey Don Iuan el Segundo de Caſtilla, adminiſtrado, i repartido por el. Honró mucho el Rey a Don Duarte, en eſte viage; que fue la primera vez que le conociò de viſta, porque ſu fama a todo alcançaua. Communicolo, i tratôlo entonces familiarmente, haziendolo de ſu conſejo, coſa que los Portugueſes eſtrañaron, por la facilidad con que murmuran de ſus naturales. Deſta merced tomò motiuo ſin duda de no bolverſe a Portugal con Don Pedro, porque no le conſentia ſu animo vivir ocioſo, i como la conquiſta del Reyno de Granada prolijamente durava; alcançò del Rey Don Iuan grandes fauores, para ſervirle en ella.
(23) Inclinòſe a eſto entre otras cauſas, pareciẽdole cordura huir las diſſenciones, i trabajos ciuiles, que ya amenazauan a Portugal, i que luego ſuccedieron, i quaſi los prophetizò, conſiderando prudentemente, que de quan cargado eſtava de enfermedades el Reyno, no avia coſa que prometieſſe buena eſperança de ſu mejoria, no la aplicando Dios poderoſamente per medios no alcançados de los hombres.
(24) Avia ocho años, que el Infante Don Pedro governaua a Portugal ſingularmente, quando los odios de ſus enemigos començaron a recoger el fructo de ſus ſiſañas: cumplio el Rey quatorze por Henero de mil quatrocientos quarenta i ſeis, i el Infante en Cortes, que llamô a Lisboa para eſte effecto; toda la ſolemnidad hizo en ſus manos reales dexacion del govierno. Fue buen dia para ſus contrarios: però el Rey mejor aconſejado, rehuzo aceptarlo, i ſe lo bolviô a encargar con nuevas demonſtraciones de amor, i agradecimiento: el Infante entonces engañoſe cõ la accion pareciẽdole natural, i no preſtada como era, i al fin cõtinuò en ſu officio, haſta q̃ los emulos incitados cõ aquellas mueſtras ſe dierõ tales traças, q̃ metierõ al Rey en zelos del suegro, entẽdiendo q̃ aquel camino era màs ſeguro para ſus pẽſamientos, por la facilidad cõ q̃ los Principes oyen ſemejantes praticas; de q̃ no ay edad libre, ni valor ezento; deziã, q̃ el Infante ya no tratava de governar, ſino de reynar; grãgeando los ſubditos, i repartiẽdo por ellos mercedes, i privilegios, eximiendolos de tributos, con q̃ los enriquecia, procurando enflaquecer el patrimonio real, ſolo a fin de fortalecer ſu partido; que para eſte effecto los iva atrahiendo, de manera q̃ no ſolo era querido, però adorado del pueblo; que llegava a dedicarle eſtatuas publicas llamandole Padre de la patria, como ſi no tubieron Rey, i ſeñor natural; que el Infante, no ſin grande induſtria, i cuidados ſuperiores ſe avia confederado en Caſtilla con el Condeſtable Don Alvaro de Luna; q̃ ſin duda fueron entrambos los inſtrumentos de la muerte de la Reyna ſu madre, i del Infante Dõ Iuan ſu tio, ſolo por quitar de en medio las perſonas que podian opponerſe a ſus pretenſiones; que atendiendo a encaminarlos dividia los officios publicos, i fortalezas conſiderables por ſus màs familiares; que ſin duda eſto no mirava a vivir como particular, ni a contentarſe con ſer ſubdito. Hallaron para approuar eſtas maldades muchos teſtigos induzidos falſamente, que deponian con la capa de zeloſos, i ſin deſcubrir paſsion, ó enemiſtad declarada.
(25) Es eſta la gente màs pernicioſa de una Republica, porque engañan con la verdad apparente, ſiendo la mentira, el aſpid que ſe oculta entre las flores del zelo, i de la razon. Tubola el Rey de enojarſe, aunque poca de eſcucharlos, i menos en creerlos; peró teniẽdo reſolucion de moço, ſobre appetitos de Principe, baſtò eſte engaño para hazer ſoſpechoſo al tio; i deſpues començando a temelle, deſeo deſtruille. El Infante quiſo acudir a ſu honor, mas era ya tarde; porque los Principes cierran los oydos a la diſculpa, quando entrã el miedo en el coraçon: era tambien el Rey muy moço para ſaber pezar las coſas, i los ojos a penas abiertos no veian más que los colores que le querian moſtrar los que le aſsiſtian, hallãdoſe mâs poderoſos entonces; porque el Infante no ſolo dexò el govierno, pero tambiẽ la Corte; retiroſe a Coimbra, ciudad cabeça de ſu eſtado, riberas del mondego, i treinta i quatro leguas de Lisboa: creciò la acuſacion con la auzencia, i ſus enemigos, ya negociavan, no como de antes en ſecreto, però mui en publico, infamando ſu lealtad, i virtudes; quien más apretava en las diligencias era el Conde de Ouren, ayudado del Arçobiſpo de Lisboa, i Don Sancho de Noroña ſu hermano; porque el de Bragança eſtava en la Beira, mas de allà buſcava ſus inteligencias para inquietar al hermano. Emplearon en eſto un fulano de Berredo protonothario, hombre aſtuto, i eloquente, i que en Roma donde eſtuvo años, avia cobrado opinion de entendido, i Curial. Con eſte pretexto para acudir mejor al engaño, ſe hizo mui familiar con el Infante, i tanto, que ſe puede dezir, q̃ en ſu proprio pecho, i apoſento ordenava los enredos con que provocava al Rey cõtra el deſcuidado Infante, porque ſo color de avizos le revelava mentiras: deſte hombre, i aquellos ſeñores, ſalio la conjuracion de tan terrible hecho, i como le concibieron, aſsi lo executaron.
(26) Contra eſta violencia no le aprovechò al Infante el apartamiento que hizo para Coimbra, porque allâ tenian ſus enemigos, quien le notaſſe haſta el menor deſcuido, q̃ ſin parar iva al Rey hecho ya culpa. En eſto llegò el Infante Don Henrique a la Corte, i publicoſe que era a defender la causa del hermano, i el pueblo contentiſsimo, andava deſenfrenado por las calles, dandoſe los parabienes deſta nueva. Trocaronla luego, en q̃ ò no quizo, ò no pudo. Algunos le culpan, otros le abſueluen; perô nadie hallo que dexaſſe de confeſſar, que no avia en Portugal perſona, que pudieſſe atajar eſtos inconvenientes, ſino Don Henrique por ſu autoridad, i reſpecto. El Rey moço; el Infante D. Iuan muerto; la Reyna muger, i entereſſada el Duque Don Alfonſo autor; ſu hijo maior complice: el Infante Don Pedro Reo; Don Pedro de Noroña enemigo: los demàs parciales: al fin ſolo el, quedava libre, para la compoſicion deſtos odios: maiores alabanças merece el Conde de Arrayolos, hijo segundo del de Bragança: el qual eſtando en Ceuta por general, por muerte de D. Fernando de Noroña, tuvo noticia de lo ̃q paſſava, i luego ſe vino a Santaren, donde ſe havia mudado el Rey con la corte, para ver ſe podia componer eſtos deſabrimientos; amava al Infante D. Pedro ſumamente; i como hermano del Conde, i hijo del de Bragança, procuró impedir ſu determinacion; però ellos deſpues que no pudieron perſuadirlo a ſu vãdo, ſe valieron de maña, i echarõ en la corte una voz fingida, con cartas ſupueſtas, de q̃ el Rey de Fez venia ſobre Ceuta con gran poder. Obligò al Conde la honra a bolver a ſu plaça, i no ſe apartò della, haſta q̃ las coſas tuvieron el deſaſtrado fin que veremos.
(27) Antes del Conde, havia venido tambien de Ceuta, donde eſtava por frontero, Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches gran ſervidor del Infante, i enemigo del de Ouren, eſtimado por ſu valor, qualidad, i ſervicios del Rey, i de aquellos Principes: en ſu preſencia llegò a deſafiar con palabras aſperas a todos los que calumniavan de deslealtad al Infante; reptandolos de aleves, i diziendo, que en el campo defenderia eſta cauſa el ſolo a tres juntos. La maldad ſiempre fue cobarde, porque toda ſu induſtria pone en la vengança. Callôſe la demanda, i el de Abranches ſe fue a Coimbra, ſiendo el que ſeguiô la fortuna del Infante, haſta lo ultimo de la vida, dando un ſingular exemplo de amiſtad, i esfuerço, igual a los que màs celebra la antiguedad.
(28) Dos años paſſaron en eſtas diſcordias con varios debates, i ſucceſſos, todos encaminados a deſtruir al Infante, porque ſus enemigos no paravan en eſte intento, ni el Rey en darles credito, con el miedo q̃ ſiẽpre cree, quanto más imagina. Coſa es eſtraña, q̃ los mâs principales eran miniſtros de ſu paſsiõ, i otros como alanos, que ſe criavan de ſangre humana, andavan ladrando tras la del Infante, criminandole aora de nuevo la muerte de la Reyna Doña Leonor; i para encẽder màs la ira del Rey en eſta vẽgança perſuadiã a los Infantes niños, a q̃ la clamaſſẽ como hijos, i partes màs offendidas. Cõ tãtas culpas ſupueſtas, repetidas ſiẽpre por todos lados; vino el Rey a reſolverſe a armar contra el Infante en ſon de caſtigarle como culpado en el crimẽ de leſa Mageſtad; i auñq al principio eſte conſejo fue diſpueſto lẽtamente cõtra el q̃ dan los ſabios, q̃ quieren q̃ las coſas grãdes eſten hechas, antes q̃ conſultadas; cõ todo eſſo deſpues ſe dierõ prieſſa a executar la maldad, por̃q no ſe aſſeguravan del Rey por moço, i por la afficion q̃ moſtrava a ſu muger (Princeſa digna de grandes loores) por la paciencia cõ que ſe portò en eſte caſo, ſiendo tã entereſſada en el, q̃ de una parte andava la quietud, i credito de ſu marido, i de la otra la vida, i hõra de ſu padre. Trabajô (mas ſiẽpre en vano) por cõponerlos, cõ lagrimas, ruegos, i encarecimiẽtos: entretãto padecer cõ el ſpiritu, no quedò libre la reputaciõ de la pena; por̃q le imputarõ en aquellos dias, q̃ D. Alvaro de Caſtro camarero maior del Rey, i q̃ los años ſeguiẽtes fue Conde de Monſanto; cavallero cõfidente, i brioſo; le hablava amores; el Rey cõ aquel impetu primero lo mãdo prẽder; mas ſoltarõle luego, por̃q ſe aueriguo la verdad; i el autor de la mẽtira quedò ſin caſtigo; q̃ eſſo fue el exceſſo maior, q̃ ſe puede dezir deſtos tiẽpos, en q̃ andavan las maldades favorecidas, i las innocencias caſtigadas.
(29) Mientras ſe infamava la opinion del Infante con editos, ſe aparcebieron tambien las armas, convocando gente, i haziendo levas por todo el Reyno. Avisò los pueblos, i la nobleza del caſo; i como tocava en poca fidelidad contra el Principe, no huvo cavallero, que dexaſe de venir a Santaren donde el Rey eſtava acudiendo con prieſſa, i cuidado a moſtrar ſu obediencia, i lealtad; porque en eſtas materias mucho maior peligro ſe corre por las demonſtraciones; que por el effecto, i la tardança ſe acuſa por delito, como la brevedad ſe encarece por fineza.
(30) Preſumo, auñq no ſolo he podido apurar con mâs que una probabilidad, que Don Duarte de Meneſes ſe vino en eſta ocaſion de Caſtilla a Portugal; porque los dos años antes, i parte deſte tercero, que era el de mil quatrocientos i quarenta i nueve, eſtuvo ſerviendo de frontero en Granada: deſpues ò fueſſe con expreſſo mandato del Rey, ò por otro aviſo que tuvieſſe de que armava con aquella fama de caſtigar rebeldes, pareciendole obligacion preciſa de ſubdito; a quiẽ no toca eſcudriñar los ſecretos del Principe; ſino obedecer ſus mandamientos: Acudiò a la corte; quando appareció en ella, fue a tiempo, en que con la final determinacion aſſentó el Rey en el Conſejo; priſiõ perpetua; deſtierro; ó muerte del Infante. Admira cierto, q̃ haviendo hecho tantas amiſtades, tubieſſe tanta falta de amigos en eſta ocaſion, i que entre tantos votos no ſe hallaſſe uno de vida, que hablaſſe libremente, i cõ verdad al Rey. Mas eſta es la comun deſdicha de grãdes, q̃ todo lo q̃ ſe les habla, ha de ſer agradable a ſus oydos. La Reyna ſolamẽte cõ el amor de hija le eſcreviò la ſentẽcia difinitiva: dizẽ, que al leer la carta ſin alterarſe, ni dar otra ſeñal de triſteza, eſtuvo un gran rato perguntando al menſagero por la ſalud, i entretenimientos del Rey: i que deſpues comiò a las horas ordinarias mui ſeguramente; i la noche gaſtò con gran quietud, i repoſo, en lo que ſiempre acoſtumbrava. Enfurecierõſe ſus enemigos con eſta conſtancia, porque luego la ſupieron: i como al otro dia por parecer del Conde de Abranches ſe reſolviò el Infante a venirſe a Santaren a defender en campo ſu honra, i lealtad: ſiendo eſta reſolucion tan peligroſa como honrada; porque quando los juſtos reſpectos no hallan buena acogida, toqueſe el pulſo a las fuerças, i ſino ſon poderoſas valganſe del ſofrimiẽto, cuerdamente eſperando el beneficio del tiempo: Eſte penſamiento ſe trocò al Rey, porque le dixeron, que con exercito poderoſo ſe venia a entrar en Lisboa: entonces mandò a Don Duarte a que ſe metieſſe en Pombal, cinco legoas de Coimbra (plaça importante) por̃q era paſſo de Lisboa, villa de haſta quiniẽtos vezinos, con un Caſtillo baſtantemente fuerte; pueſta en la ribera del Arunca, rio pequeño, que algo antes nace de unas ſierras vezinas, i a breve eſpacio muere, en el Mondego; celebre no tanto por ſu nombre, quanto por̃q la fama approvada de muchos, le haze ſegunda patria, en el retiramiento, i ſepultura de nueſtro Liuio Portuguez, el inſigne Iuan de Barros. Euripides imaginò, que importava para la fortuna de un hombre nacer en lugar noble: però más glorioſo es, que aya hecho famoſo al Pombal eſte varon ſingular como otro Homero (a Eſmirna ciudad de Aſsia la menor en la Ionia) que ſi le diera nombre la grandeza de ſu tierra.
(31) Como el Infante entendiò la venida de Don Duarte, torcio el camino por la ſierra, que dizen de Anſion; i ſe fue derecho al convento de la Batalla, dividida ſu gente en tropas; porque parecieſſe màs acompañamiento, que exercito; llevava ſus banderas tendidas, i eſcrito en ellas, Lealtad, Iuſticia, i Vengança: i toda la ordenança que ſe guarda en la guerra. En el numero ſe difiere; los màs dizen que no paſſava de mil cavallos, i ſinco mil Infantes; pocos para campo, y muchos para acompañamiento: en eſta reſolucion peccó de arrojado el Infante, porque el Rey aunque ſe hallava con treinta mil hõbres; la proviſion, i baſtimentos eran tan limitados por la eſterilidad del año, i poco aparejo de carruaje, i artilleria, que la miſma muchedũbre difficultava el deſeo del Rey; i ſi el Infante tuviera mayor ſufrimiento, ô diferente conſejo, no ay duda, que ó ſus coſas ſe mejoraran, ò ſu muerte no fuera tan apreſurada; perô affrentas deſta qualidad pueden mucho en pechos honrados, quando en ellos ſe antepone ſiempre la honra a la vida; porque la fama es el bien mayor de los buenos, i el theſoro donde fundan ſus felicidades.
(32) Llegò el Infante por jornadas largas a tres leguas de Lisboa; i ſus enemigos, que a cada paſſo ſuyo, ivan abreviando los de ſu deſtruicion; apretaron entonces al Rey con la amenaça del cercano peligro; que le perſuadio màs reziamente, temiendo que ſi ſe entraſſe en Lisboa, ſe apoderaſſe della, como ciudad metropoli del Reyno, i donde ſiẽpre hallò fauores publicos del pueblo; el qual como beſtia de muchas cabeças de contino ſe govierna por extremos de amor, i aborrecimiento. Con eſto ſacò el Rey ſus hueſtes de Santaren, i diôſe tanta prieſſa a ſeguir al Infante que lo alcançò junto a la villa de Alverca en el ſitio, que llaman la Alfarrobeira, que deſpues dio nombre a eſta rota; era por Mayo, i el calor grãde del dia, le obligô al Infãte a hazer alto, por dar un poco de deſcanço a ſu gente, que del camino, i la incomodidad venia deſanimada. Los corredores del campo Real, ò fueſſe de induſtria, ó a caſo; ſe encontraron con los del Infante, i meſclandoſe otros ſoldados, que por adelantarſe en la adulacion, procuravan hazer merecimiento deſte zelo demaſiado, començaron en bozes, i denueſtos infames provocar a la perſona del Infante, tratandole de traydor, i que ſe queria alçar con el Reyno, i otras coſas ſemejãtes. Todas eſtas diligencias fueron neceſſarias para deſcomponer una modeſtia tan leal, como la del Infante; el qual con el dolor deſta ofenſa impaciente de oyr ſemejantes palabras; mandò a un artillero, que diſparaſſe una pieſſa por amedrentar a aquella gente vil, induzida (ſegun ſe entendio) de los enemigos del Infante: ſuccediò q̃ eſte tiro fue tan dieſtramente hecho, que paſso haſta la tienda del Rey; i ſiẽdo el miedo mayor que el peligro, ſe alborotaron los Reales de manera, que ſin guardar pueſto, ni orden, i obediencia alguna; ſe embiſtieron màs, en forma de pendencia particular, que de batalla, conforme el uzo de la milicia. Peleoſe de ambas partes con un odio, i porfia, como ſi fuera contra los enemigos de la Fè. Veianſe padres contra hijos, i hermanos contra hermanos, governando ſolo la afficion las lealtades de cadauno. Finalmẽte el Infante quedo desbaratado, i ſin vida, i de los ſuyos no eſcapò nadie de muerto, ó preſo.
(33) Es digno de referirſe lo que ſe cuenta del Conde de Abranches; entre eſte cavallero, i el Infante havia muchas prendas de cõfiança, i amor; i fue de manera, que hizieron los dos un contrato firmado con juramentos, i otros vinculos de amiſtad, antes algunos dias de partir de Coimbra; de que en aquella jornada ſeguirian una fortuna, cõ la eſtrecheza, que ſi las vidas de ambos fuerã una ſola; i aſsi lo parecio, porque ſe puede dezir, que ſolo vn golpe los matò a entrãbos. Pudo ſalvarſe el Conde, pero luego que ſupo en el real la muerte del Infante, retirandoſe a ſu tienda a deſcançar un poco, comiò ſoſſegadamente; i deſpues entrandoſe en la fuerça de la pelea, haviendo recibido muchas heridas, i muerto muchos contrarios, ſe dexò caer en medio dellos desfalecido con la falta de la ſangre, i diziendo eſtas ultimas palabras. _Hartaos rapazes._ Murió màs valiente que devotamente; aunque es de creer, que en aquel punto ſocorreria Dios a una alma que ſupo tambien cumplir con las obligaciones de la honra, i amiſtad, con tanto esfuerço. Mayormente quando perdiò la vida por defender una innocencia.
(34) La ceguedad, i odio con que el Rey mirava las coſas del Infante, le hizo juzgar eſtas muertes por grande proſperidad, igualando eſta victoria a las primeras que ſus mayores alcançaron contra Moros. Començò a celebrarla con fieſtas, recibiendo los parabienes della, con aquella adulacion que los animos apaſsionados inventaron para entretener ſu brio; porque ſiendo governado con poca prudencia, i menos conſejo, como era aquel encuentro el primero en que viò las armas deſnudas, no hazia differencia de amigos, i enemigos. Tres dias ſe detuvo en el campo por ſuſtentar la victoria, conforme el uſo de aquella edad; i no le quedò por hazer alguna demonſtracion publica, con intento de juſtificar eſta guerra, porque la licencia de los tiempos dava lugar para todo; i los emulos del Infante no ſe contentavan con acabarle la vida, ſino mancharle la honra, que era lo que procuraron tantos años; aconſejarõ al Rey, que hizieſſe entrada publica en Lisboa a manera de triunfo, llevando delante de ſi, los deſpojos de la que acclamavã por victoria, en que ſe notavan màs los de ſu deſacierto; pues no havia coſa dellos, que no manifeſtaſſe la innocencia del Infante, el arrojamiento del Rey, i la malicia de los conjurados.
(35) En Lisboa derramô por la Chriſtiandad relaciones del caſo, hechas con aquella verdad con que hizieron las demàs coſas; peró no baſtarõ eſta, i las demàs diligencias para q̃ generalmente no fueſſe manifieſta la juſtificacion del Infante: porque la ſingularidad, i excelencia de ſus virtudes, le diò en la fama la ſatisfacion, que el Rey ſu ſobrino, yerno, i pupilo por tantos caminos le devia; midiendo eſta paga, por las q̃ ſuelẽ dar los Principes quando màs obligados.
(36) La muerte del Infante executada con tanto rigor, i violencia, eſpantó, no ſolo como trueno; però paſſando adelante, hiriò tambien como rayo, a los que ſe hallaron cerca del peligro; però con eſto no ſe puede negar, que vino a perderſe tanto por ſus virtudes, quanto por los vicios agenos, i para maior gloria ſuya; pues entonces ſe calificaron ſus merecimientos, quando no havia ya que temer dellos. Con todo ſucediò en eſte caſo, lo que en pocos ſuele acaecer: i es, que reſultò una paz univerſal de una maldad tan conocida; ſiendo las màs vezes eſtos, los motivos de muchas diſcordias, quedando ſiempre de tan grandes incendios, alguna centella, que baſta a reſuſcitar llamas, que abrazan regiones, i monarchias enteras. Muriò con el Infante la vengança tambien de ſu muerte: aunque Ruy de Pina, Ieronymo de Çurita, Philipo de Cuminis, cõ otros muchos hiſtoriadores Portuguezes notaron advertidamente; que de los graves odios que en eſta ocaſion ſe ſembraron, vinieron deſpues los deſcendientes deſtos Principes acoger en ſi el fructo amargo dellos, con tan encontrados ſucceſſos, que el Rey Don Iuan el Segundo, hijo del Rey Don Alfonſo, i nieto por ſu madre Doña Iſabel, del Infante Don Pedro; por ſola eſta cauſa, aunque con otro pretexto llegô a matar por juſticia a D. Fernando, tercer Duque de Bragança, que era nieto tambien del Duque Don Alfonſo, Autor deſtas diſcordias del Infante: aſsi que en la innocẽcia del nieto, ſe caſtigò la culpa del aguelo; ſiendo entonces eſtrañada communmente en las cauſas que ſe buſcaron para manchar tambien la fama, i lealtad del Duque D. Fernando, q̃ pareciò coſa prevenida, por igualar ſu muerte a la del Infante D. Pedro, pues quando murian ambos innocẽtes, murieſſen tambien ambos infamados.
(37) Eſta deſgracia, como ſi fuera original, ſe eſtendiò a toda ſu familia de manera, que de ſu muger, i hijos no quedó alguno, que no perdieſſe con la patria el ſociego, i la hazienda. Deſterraronſe para diverſas partes; mas los tiempos ſiguientes diô buelta la fortuna; favoreciẽdolos con tanta felicidad, q̃ en breves años de tres hijos que le quedaron; fue el mayor D. Pedro, Rey jurado de Cataluña; el ſegundo Don Iaime, Cardenal, i Arçobiſpo de Lisboa; Don Iuan q̃ ſiendo caſado con Carlota ſucceſſora de Iuã, Rey de Chipre; muriò intitulado Rey de aquella Isla. De las hijas que fueron otras tres, fue la mayor la Reyna Doña Iſabel, de Portugal; la ſegunda Duqueza de Cleves, i ſe llamò Doña Beatris; la ultima Doña Phelipa, que vivió recogida ſin eſtado, en el Monaſterio de Odivelas, de San Bernardo, i alli jaze ſepultada. Entre tales ſucceſſos el cielo màs ayrado que benigno con eſtos Principes, por ſecretos Iuizios ſuyos, nunca entendidos de los mortales, hallaron mayor deſdicha en las proſperidades, que en los infortunios; porque ni tuvieron vida para gozarlas, ni muertes que no fueſſen violentas: moſtrando que no ſolo fueron herederos de las virtudes del padre, però tambien del modo, i deſgracia de ſu muerte.