Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 6
_Don Duarte, mucho pueden vueſtros meritos, pues llegan a obligar a un Rey, a que ſe mueſtre culpado, i arrepentido; ſiendo la coſa mâs indigna de la mageſtad, por lo que arguye de haverſe governado ſin conſejo, i con paſsion; teſtigo es Dios, que no la tuve quando os quité la ſuceſsion de Ceuta, pues ni por darla a un hijo mio lo hiziera; perô llevome a eſte yerro alguna informaciõ menos cierta, que la que es justo ſuene a los oydos reales. En eſto os confieſſo mi culpa, i la condeno, pues di maior credito a una embidia, que a la fama, que me aſſegurava de vos lo que aora veo. El daño es mio ſolamente, pues me quito vueſtra perſona del pueſto, que mâs le ajuſtava: pero mientras no ocupais los muchos, en que eſpero poneros, para ſatisfazerme deſta offenſa, quiero, que aſsiſtais a mi lado, dõde con vueſtro conſejo, i virtud me ſereis de igual utilidad, que en Ceuta. Sus peligros tiene el aconſejar los Principes: no os doi deſcanſo, ſino trabajo, ni premio, ſino merecimiẽto. Los q̃ grangeò vueſtro valor en la guerra cõtinuarâ en la paz vueſtra prudencia: uno i otro conſidero igualmẽte en vueſtro animo, con q̃ me obligais a no reparar en edad tan deſigual para eßo, preciandome de elegiros por conſejero, quando a penas llegais a veynte i quatro años._
Callô, i D. Duarte ſin alterarſe, ni enſoberbecerſe (ſiẽdo los favores de los Principes poderoſos a deſcomponer la modeſtia del eſpiritu màs hõrado) reſpõdio humilde, i agradable.
(21) Iurô con eſto de conſejero, oficio ſiẽpre de grande eſtima, i ſolo de rieſgo en tiẽpo de un mal Principe; poco deſpues le hizo Alferez maior, q̃ vacò por muerte de ſu padre, i le diò en propriedad la tenencia del caſtillo de Beja, ciudad de la provincia de Alentejo, una de las tres chancellerias, que los Romanos tuvieron en la Luſitania, conocida por el nombre de Pax Iulia. A eſtos cargos añadiò algunas rentas, i luego la muger; porque lo caſó con Doña Iſabel de Melo, hija de Martin Alonſo de Melo cavallero mui conocido en las hiſtorias Portugueſas, por ſu esfuerço, i calidad; viuda ya de Iuan Rodrigues Coutiño; el qual no dexando herederos, lo fue D. Iſabel de los bienes libres del primer marido, con que llevò gran dote al ſegundo.
(22) Eſtas, i otras mercedes tuvieron termino con la muerte delRey, que ſucediò a breves dias deſpues, porque ſe cansò la fortuna de ver premiar a un hombre, que lo merecia. Bolviò a picar la peſte en Avis, i elRey huyẽdo della, como de daño irreparable, ſe paſſó a Thomar; conociendo, que aquellas aflicciones eran pregoneros de Dios. Alli enfermò herido deſte mal (a lo que algunos dizen) ſi bien otros le dan por motivo el gran diſguſto, que le cauſó la perdida de Tanjar, i ſaber los malos tratamientos, que padecia el ſanto Infante D. Fernando en ſu cautiverio; por̃q viendo el de Fez, que ſe dilatava la entrega de Ceuta, i que los Chriſtianos no paravan en ſus correrias penſó reduzirlos con el mal trato, que hazia al Infante, de cuyo fin, i virtudes diremos algo adelante.
(22) ElRey acabo de treze dias de ſu enfermedad, muriò a los nueve de Septiembre, de mil quatrocientos i treynta i ocho, a los quarenta i ſiete de ſu edad: perdida tan general creyeron pronoſticava el cielo eſpantoſo, el año antes, con ſeñales. Vieronſe cometas de exceſsiva grandeza, en diverſas partes. Padeciò el Sol eclypſe el miſmo dia de ſu muerte: en la de ſu coronacion, le avisô un Aſtrologo gran judiciario, i medico, por nombre Guedeja, reynaria poco, i ſiempre infelicemente: fue tan verdadero, q̃ no durò ſu govierno màs que cinco años; ſiẽpre con muertes, i entierros continuos. Los Portugueſes fatigados con tantos accidentes hizieron grandes demõſtraciones en ſu muerte; por̃q lo contavan entre los mejores Reyes que tuvieron; ſiendo tan ſabio, i virtuoſo, como deſdichado: i quanto es dificil hallarſe un Rey tan bueno, i querido, como el lo fue de ſus ſubditos, tanto màs lamentavan eſta falta, perſuadidos, a que como es merced rara del cielo, un Principe tal, raramente ſe alcançan otros ſemejantes. Dexô de la Reyna Doña Leonor, hija delRey D. Fernando el primero de Aragon, i Cicilia, cinco hijos: el Principe D. Alonſo, que ſucedio en el Reyno, quinto deſte nombre, i el primero, que tomò aquel titulo, en vida del padre; los Infantes D. Fernando padre, que fue delRey D. Manuel: Doña Leonor, muger del Emperador Federico tercero: D. Catalina, que ſiendo deſpoſada con el Rey de Inglaterra, muriò ſin concluyrſe el caſamiento: D. Iuana ſegunda muger del Rey D. Henrique el quarto de Caſtilla. Con tan luzida poſteridad, parece, que el cielo quiſo reſtituir deſpues de muerto, al Rey, las fortunas, que merecia, ſiendo vivo.
(23) Al ſegundo dia de ſu muerte aclamarõ por Rey D. Alfonſo niño de ſeis años en la plaça de Thomar, i luego juraron por Principe heredero, en falta de que no tuvieſſe hijos, a ſu hermano el Infante D. Fernando. Eſta diligencia diſpuſo la fidelidad, i valor del Infante D. Pedro tio de ambos; porque notava como prudente inconvenientes, que ſe atajavan por eſta via, aſſegurando la ſuceſsiò de ſus ſobrinos, quando eſte Reyno eſtava lleno de tantos ſujetos Reales; que facilmente podian aſpirar al ſupremo imperio, guiados de alguna ambicion, i de otras novedades, q̃ por la maior parte ſe ocaſionan en los reynados de Principes moços: tãbien ſe puede preſumir, q̃ la preuencion del Infante, fue neceſſaria para grangear al pueblo, por el amor que moſtrava a los niños; como prendas del Rey D. Duarte, cuya memoria no ceſſavan de llorar affectuoſamente con el dolor reciente de ſu perdida.
(24) Aſsiſtiò D. Duarte en aquel acto, haziẽdolo, ſegũ la coſtũbre de Portugal, cõ grãdes ceremonias; andãdo por las calles la nobleza, i los eſtados: en los lugares màs publicos; rõpẽ el dia antes los eſcudos de las armas reales, por el Principe muerto, cõ grãdes lutos, i lagrimas: i luego al otro dia, veſtidos de gala, i alegria, diziẽdo a vozes: Real real por el Rey de Portugal, ſe apellidã por todo el pueblo; ſiendo en todo Reyno cõ real põpa; en la corte lleva el Alferez maior, el eſtandarte arbolado el dia del alevantamiento. Cumpliò D. Duarte con ſu oficio mui enteramente; i el Infante D. Pedro deſpues q̃ concluyò todo lo q̃ tocava a eſte acto, convocò a cortes para aquel proprio lugar; accion, q̃ acoſtũbran hazer todos los Principes en la entrada de ſu govierno, para acariciar los animos, i conocer el que tienẽ los ſubditos en ſu obediencia: auñq el Infante lo reſolviò con maior neceſsidad por dar cũplimiento al teſtamẽto del Rey, en el qual, entre otras diſpoſiciones ſobre la educaciõ de ſus hijos, dexava a la Reyna ſu muger por tutora, i curadora de ellos, i governadora del Reyno, mientras duraſſe el impedimiento de la edad del Rey.
(25) Causò deſabrimiento eſta reſolucion al pueblo, diziendo, como ſe havia de ſufrir, q̃ haviendo en el Reyno los Infantes D. Pedro, D. Iuan, i D. Henrique; Principes naturales, i cada uno capaz de qualquier gran govierno, ſe le antepuſieſſe la Reyna eſtrangera; que de fuerça no havia de ſaber los eſtilos, coſtumbres, i fueros Portugueſes, ni librarſe de las imperfeciones, a q̃ el ſexo feminil eſtá ſujeto.
(26) Son tan varios los deſſeos, i diferẽtes los pareceres de los hõbres, q̃ no ſe puedẽ hazer obras, ni dezir palabras, con aplauſo general. Eſtas del pueblo tuvieron ſus contradiciones en la nobleza; i aunque al principio no pareció màs que un juyzio ſuelto, i a penas con fundamento; llegò poco a poco a hazerſe ſedicion popular, començando por los inquietos, en corrillos, i lugares ſolos, haſta que penetrò a los más apartados en las plaças publicas. Eligieron cabeça a propoſito, i con motin ya declarado, con la ordinaria confuſion, con que ſuele el pueblo deſsear las coſas; pidierõ al Infante D. Pedro por governador; i entendiaſe, que en nada deſto era culpado el Infante, por ſu poca codicia, i mucha modeſtia. Irritòſe la Reyna con la propueſta, i como muger, que con facilidad ſe mueven a iras, i dificultoſamente las diſsimulan; no ſe contentò con moſtrar ſu enojo, i publicarlo con palabras aſperas contra el cuñado; perô notando, que ſu remedio conſiſtia en haver ſeparacion entre los Infantes, por deſunirlos, i grangear alguno, que ſe oppuſieſſe a la autoridad de D. Pedro; tẽtò traher a ſy a D. Iuan; eſto por medio de ſus acreſcentamientos, que ſon los que violentan, i deshazen la conformidad màs compueſta.
(27) Ordenava el Rey D. Duarte caſaſse el hijo con Doña Iſabel hija del Infante D. Pedro; i eſtava eſte matrimonio tratado con cedulas ya paſſadas, i aprovacion de los eſtados. Quiſo la Reyna trocarlo para una hija de D. Iuan del miſmo nombre, que fue los tiempos adelante Reyna de Caſtila, i madre de la catholica; peró el Infante rehuzando haſta la pratica, ſe moſtró tan deſentereſſado en eſte particular, i amigo del hermano, que en quanto viviò, jamàs ſe apartò de ſu amiſtad, ofendido de la propueſta tanto, como deſpreciador de iguales offrecimientos. La Reyna entonces halló acogida en el Conde de Barcelos D. Alfonſo, el qual por ſer caſado con hija del Conde de Gijon, tia de la Reyna, meſclando con el parenteſco conveniencias particulares; admitiô de buena gana amparar ſu cauſa. Muchos otros cavalleros ſiguieron tambien ſus parcialidad, llevados de ſus intentos, cuyas acciones, ni apruevo, ni cõdeno; peró entre todos D. Duarte no deſdeñò el ſervirla; antes aſsiſtiendola con la miſma fidelidad, que ſi fuera vivo el Rey ſu marido, cumpliò con el agradecimiento, q̃ devia a ſu memoria; de màs que a voto de los prudentes, ſu partido tenia entonces la maior parte de fidelidad; porque el Rey niño eſtava debaxo de la tutela de la madre: aſsi q̃ el tomar ſu voz, era acudir a la razon de ſubdito, a quien no toca mudar goviernos, ſino obedecerles, i ſeguir la perſona de ſu Rey dõde quiera que eſtè. D. Duarte advertido deſta obligacion, no quiſo deſdezir de las que tenia por tantas cauſas.
(28) Mucho daño hizieron eſtas ſediciones a Portugal, por ſer ſu medio, el que màs arraiga la quietud, i bien publico; aſsas examinado en lo preſente; pues los accidentes, q̃ ſe originaron dellas, le derribaron, i reduxeron a eſtado; que antes de repararſe bien, no huvo aflicion, que no padecieſſen; i dolor, q̃ no le laſtimaſſe; ſiendo los medicamentos, que le aplicaron para ſanar, medicos poco zeloſos del bien publico, por ſangrientos, i entempeſtivos, los que le cauſaron maior daño.
ARGVMENTO DEL LIBRO TERCERO
_GOvierno; inconvenientes, que reſultaron de la ambiciõ de la Reyna D. Leonor. Oppoſicion, que hizo al Infante D. Pedro ſu cuñado. Como ſe apartô D. Duarte de Meneſes de ſu bando, i el Infante quedò en cortes con titulo de regente abſoluto. Diſcordias de Caſtilla, i ſocorros, que le dio Portugal a cargo de D. Duarte. Renunciaciõ del govierno por el Infante, en manos del Rey D. Alfonſo ſu ſobrino, yerno i pupilo. Enemiſtad, i odios, con que le perſiguieron ſus emulos. Quienes eran, i que cauſas tuvieron para eſte deſacierto: el q̃ moſtro el Rey en armar contra el Infante. Su muerte, virtudes, i deſcendencia, i otras coſas, que acontecieron deſde el año de treynta i nueve, haſta el de cincoenta, i cinco._
VIDA DE DON DVARTE DE MENESES TERCERO CONDE de Viana.
LIBRO TERCERO.
(1) GOvernó la Reyna un año, q̃ fue el de mil quatrocientos i treynta i nueve, con mando abſoluto, en virtud del nombramiento del Rey ſu marido: peró fueron tantas las contradiciones del pueblo, que interpueſtos los cuñados por bien de paz, ſe conformaron en dexar a la Reyna la educacion de ſus hijos; proviſion de oficios, i mercedes. Al Infante D. Pedro, las armas, i defenſa del Reyno; al Cõde de Arrayolos, la adminiſtracion de la juſticia: era hijo ſegundo del de Barcelos, de gran ſujeto, i valor, i tan apartado de las paſſiones del padre, que no le ſeguia, en lo que no mirava a la utilidad publica, que era ſolo ſu animo. Apaſiguaronſe con eſte triunvirato los exteriores del pueblo; mas fue por tan corto tiempo, que llegò arrebantar deſpues con maior violencia, como mina encubierta; porque el remedio, que ſe tomò en eſtas recõciliaciones, dividiò de nuevo los animos entereſſados, no quedando alguno de los tres abſoluto para ſus conveniencias, que era lo que cada uno deſſeava, i juntos todos aborrecian. Dizian, que haviendo tantas cabeças vivian ſin una, que los governaſſe triſtes, i afligidos: que de la miſma manera que la Religion no permitia muchas deidades, ni el cielo dos ſoles: tal eran los Reynos, porque ſiendo uno ſolo ſu cuerpo, ſe avia de regir por la prudencia de uno; que hazer lo cõtrario ſeria confundir las coſas, i dar motivo, a que con la diſſenſion de los que governavã, ſiendo muchos, ſe hizieſſen parciales los ſubditos, llevados de ſus particulares; que era facil de anegar la nave, donde los marineros no eran conformes; que las màs vezes por odio, ó por ambicion, ſe opponian a los pareceres unos de otros, con que alteravan los acuerdos neceſſarios a los peligros, i la execucion, ò ſe ſuſpendia, ò ſe negava: que ſiendo eſto caſi proprio a todos los Reynos: en el de Portugal, aun militavan otros fundamentos màs apretados; pues los Portugueſes de puro brioſos, i altivos, llevavan mal cortejar, i aſsiſtir a tantos; i de no hazerlo, ó perdian ſu autoridad los que governavan; ò los pretendientes ſu negocio, ſin eſta ordinaria adulacion: que los buenos por la maior parte encogidos, ſe encerravan en los limites de ſu bondad, i no andavan de ordinario en la plaça, i a los ojos de los governadores; dõde los malos, como gente más eſparſida, i aſiſtente, disfrutavan el premio de ſus merecimientos: que no havia duda, que governando uno, ſe cercenavan reſpetos de ſangre, i familiaridades; coſas que fatigan de ſuerte a una Republica, que no ay aflicion, que ſe le aventaje: porque la opreſsion de haver muchos previligiados, es tan dañoſa, como la de los enemigos; que no lo ſon menos los reſpetos, pues alcança generalmente a todos, que no exceptua perſonas, llegando a obrarſe coſas injuſtas ſin culpa de los que goviernan, porque los inferiores miden ſus utilidades ſiempre por razones extrinſecas, como ſon el deudo, ò la amiſtad.
(2) Eſtas, i otras razones, andavan en boca, no ſolo de los prudentes, i zeloſos, que llorã de cõtino las afliciones publicas; pero tambiẽ en la de todo el pueblo; el qual como ſi fuera obligacion ſuya mudar el govierno, lo emprendiò hazer; primero con quexas en ſecreto, i luego conjuntas, i ſediciones, como la vez paſſada, en otro levantamiento màs peligroſo: porque no quedô de la gente popular, i ordinaria, oficial alguno mecanico, que no tomaſſe las armas, i corrieſſe a palacio atrevidamente. Es el impetu, i furia de un pueblo, de manera que por falta de conſideracion no echa de ver los peligros, que le eſtà amenazando, aunque aya llegado al punto de caerſe en ellos, i naturalmẽte ſe inclina ſiẽpre al peor conſejo, ſin que baſte a perſuadirle el ſaber, ni la prudẽcia de los hombres graves, i bien experimentados; i con eſta ſu condicion cae en el atoladero de ſu daño, i ſe llega a rendirſe, es con el cuchillo en la gargãta. Para ſoſſegar eſta muchedumbre ſalierõ D. Duarte, i otros muchos cavalleros de los màs principales, i bien quiſtos del pueblo, cuya preſencia ſuele ſerenar maiores tormẽtas: peró en eſta tenian por ſoſpechoſa a la nobleza; i como era fundada tambien en la aficion, que moſtravan al infante D. Pedro, a quien pidian por governador ſolamente, ſin compañeros; fue neceſſario, que el miſmo, como a quien màs tocava la quietud de tal deſconcierto, hablaſſe a los principales fautores. Iuntólos en la Igleſia de los Carmelitas, i eſtrañòles el modo, diziendo; que no era de la lealtad de los Portugueſes tales demonſtraciones con ſus Principes: intentavã en la paz, lo que ni aun los enemigos ſe atrevieran en la guerra; que las ſediciones civiles diſponian los Reynos a ruinas ciertas; i con la fuerça offendian la mageſtad, i deſluſtravan la antigua fama de ſus maiores: eligieſſen procuradores, a quien dieſſen inſtruccion de lo que pretendian pedir en Cortes. Es razon amigos (continuó el Infante) q̃ vueſtro zelo, i moderado, ſea la mancha de mi reputacion: que diran mis enemigos? que los mal intencionados? ſino que os incito, i ſin ambicion lo cauſa, i os dà las ordenes de lo que intentais; ſabeis la verdad, i a ella ſolo apelarè deſte agravio: ah no esforceis ſu malicia! Siempre los motines fueron deſagradables al Principe, de igual peligro a quiẽ los mueve: vueſtro buen animo ya le conoſco, i agradeſco: no deis lugar a la ira, miniſtra ſiẽpre de deſaciertos, i conſejera de deſordenes. En un punto quereis perder la fama, que en tantos ſiglos alcançaſtes, de leales. Ah Portugueſes, que diran las naciones eſtrangeras? Como, i havra quien os aventaje en obediencia; ſiendo tan ſeñalados en valor. Encareciôles con eſto el de los Infantes ſus hermanos; a quien devian reſpeto, i amor. El que les tenia la Reyna; ſu virtuoſo proceder, i ſingulares meritos. Oyeron eſto poſtrero deſapaſiblemente, i tanto que moſtraron no admitir quietud, menos que con dexar la Reyna el govierno: porque las perſonas, que cõ maior atencion notavan eſta muchedumbre; cõsideravan los animos de un pueblo, que no hazia nada dividido; ni por parecer de pocos, ſinó que todos juntos ſe entendiã a una voz, i juntos callavan con la igualdad, i firmeza, que ſe pudiera creer, que tenian, quiẽ los governaſſe. La Reyna, como muger facil a enojos, i poco aſtuta en ocultar ſentimientos; de todo el que moſtrava, hazia culpado al Infante D. Pedro, publicandolo por autor deſta rebelion: mas lo cierto era, que manifeſtava aora, con màs claridad, el odio heredado, que por diſcurſo de años tuvo encerrado en el coraçon, ſegun ſe entendiò ya en vida del Rey ſu marido. Para eſte aborrecimiento ſeñalavan como cauſa principal, las diſſenſiones, que huvo entre el Rey D. Fernãdo de Aragon, padre de la Reyna, i el Conde de Vrgel ſuegro del Infante; ſobre la ſuceſsiõ de aquella corona; en que por el derecho de ſu muger, moſtrava el Infante ſer heredero forçoſo della; i conſideravaſe, la Reyna temia, que el Infante, una vez apoderado del govierno abſoluto de Portugal, quedaria con fuerças, i poder para alentar eſta pretenſion; porque eſtava el derecho en las armas del màs poderoſo, que con eſte titulo lo poſſehia el Rey D. Fernando de Aragon.
(3) Andava Caſtilla igualmente por eſte tiẽpo, tan trabajada, como Portugal; i aunque ſea con brevedad, que profeſſo; darè noticia de las cauſas, por lo mucho que ſe mezclarõ con las nueſtras, i parte, que le alcançò a Don Duarte. Reynava en aquel Reyno D. Iuan el ſegundo; Principe menos cuidadoſo, que otros de ſu autoridad: porque la mucha aſtucia del Condeſtable D. Alvaro de Luna, le havia reduzido de manera a ſu voluntad, q̃ parece no tenian ambos coraçones, màs que un movimiento. Deſta privança tan prodigioſa, ſe ofendieron gravemente los grandes, i ſeñores de Caſtilla: creyẽdo, que la inclinacion facil del Rey llegava a hazer dueño al Condeſtable de ſus vidas, honras, i haziẽdas; i como aun entonces durava en ellos el deſſear parecerlo en las acciones, i brios: moſtraron a ſu Rey el daño, que reſultava a ſu corona de tener un valido tan codicioſo, como dizian era D. Alvaro; el qual abusò de manera de ſu fortuna, que vino los tiẽpos adelãte a ſer el monſtruo, i exemplar más vivo de ſus mudanças, i deſconciertos; determinaron cõ eſto deshazer el pezo del privado, reſervando el de la fidelidad; perô en union tan apretada fue impoſsible diſguſtar al valido, i agradar al Rey: i aſsi atropellando todo rompieron el ñudo de la obediencia, con que quiſieron ſer desleales, por parecer zeloſos. Haviã entrado en Caſtilla entonces los Infantes de Aragon D. Pedro, i D. Henrique, cuñados del Rey; i ſiendo por naturaleza inquietos, i ambicioſos, ſufrian tambien mal a D. Alvaro; por̃q no lo hallavan propicio a ſus aumẽtos; i los aborrecia ſumamente conociẽdolos por enemigos, ſiẽdolo el tan declarado ſuyo, que determinó echallos de Caſtilla, por aſſegurarſe en la valia; repreſentando maior peligro en la oppoſicion de los Infantes, que en el deſabrimiento de los grandes; haſta que juntandoſe todos, experimentò, que el privado no tiene mayor adverſario, que ser aborrecido de muchos: concluyeron pues todos en procurar su ruina; por̃q el favor, que el Rei le hazia, como mal repartido, cauſava zelos a los grandes, a los iguales embidia, i a los pequeños odio; viendo tambien, que el Reyno ſe yva empobreciendo con las riquezas del valido; i las ordenes de los negocios ſe pervertian; i el enteres particular ahogava el publico: començaron a desacreditar al Rey, cõ que ſolo lo era en el nombre, i luego menospreciandole con engañoſo pretexto, acudieron a las armas con voz de bien publico, que es ſiempre la cubierta deſtas maldades: el Rey con eſta demonſtracion andava combatido por todas partes ſin ſaber reſoluerſe, porque la afficion del Condeſtable le obligaua a no reparar en el peligro, i cõ eſte deſcuido fue creciendo de manera, que los Infantes excluyeron al Condeſtable del govierno, i ſe apoderaron de la perſona del Rey: matandole la luz màs biva que tiene la Mageſtad Real, i haziendo ſu authoridad imaginada: pues dura es la condicion de un Principe, que no puede en tanto numero de criados eſcoger alguno màs digno de confiança, por dicha de eleccion, ó fuerça de merecimiento: quando a los vaſſallos puede eſtar bien, q̃ la dignidad reconoſca el merito, i la afficion ſuſtente el ſeruicio.
(4) Destas diſcordias de Caſtilla, ſe alentaron de nueuo las de Portugal, porque el Infante Don Pedro aviendo llamado a Cortes quietò al pueblo: i la nobleza deſeando la compoſicion deſtos Principes, offrecio a la Reyna tratar de concordias; però ella induzida de la proſperidad que los hermanos trahian en Caſtilla, communicandolos muy a menudo; i alentando ſus eſperanças con las promeſſas que les hazian: cerró los oydos al trato, eſcuchando ſolamente aquellos que le aconſejauan; procuraſſe la Ruina del Infante, por qualquier medio que fueſſe, ſin deſiſtir del gouierno, ò largar de ſu mano la perſona del Rey ſu hijo; que mientras lo tenia en ſu poder tendria las coſas a ſu guſto; que los ſocorros de Caſtilla eran ciertos, i aſsi no le quedava que temer ruin ſucceſſo a ſus deſeos: Contrarios eran a eſto los diſcurſos de Don Duarte, i a ſi màs conuenientes al bien de la Reyna i Reyno; notaua en q̃ de las diſcordias ciuiles ſuele ordinariamẽte nacer la perdicion de los eſtados, con que ſe cõſumen, i deshazẽ unos a otros, i tal vez quãdo ſe entremeten fuerças eſtrangeras ſe leuantã con todo, ò lo deſtruyen haſta el fundamento. Hablò a la Reyna con eſta reſolucion, y dixo.