Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 3
_Aunque procedes de manera, que de ninguna coſa neceſsitas menos, que de mis advertencias, con todo ſoy padre cuidadoſo, i como tal, he de amoneſtar una, i muchas vezes; ya que tu aumento, i mi aficion, me llevan a Portugal: Dexote en mi lugar, porque quiero, que participe tu nombre de la gloria, que mereces. Haſta aqui ſe me davan a mi las gracias de las victorias: començaràs aora a lograr dellas, i a poner en olvido, las que debaxo de mi nombre alcançaſte, con que de nuevo me darâs embidia, i triũpho. Trabaja, pues, como eſpero, por acreditar mi auſencia; que pues fio de tus pocos años mi reputaciõ, deßeo, ̃q todos lo juzguẽ por acierto, i q̃ ſolos nueſtros enemigos lloren eſta elecciõ. Sean Dios, i la hõra, tu guia, i luego el conſejo; ſin el qual, te mãdo, no camines en nada. Luze en la milicia, cõ maiores vẽtajas de los moços, el voto, i experiẽcia de los viejos: tẽplaran tus brios, i governarã tus deſſeos. Conoſco, q̃ los tienes, de ſer honrado, mas no ay coſa, que no ſe facilite a la mocedad, i ſe dificulte a la prudencia. Eſcucha a todos, i aprende de todos; que no ay frontero en eſta plaça, que no te pueda ſer maeſtro. Haſta los yerros ſe diſculpan con la imitacion; quando ſe ſigue la opinion de los buenos. Todos los ſoldados, que te quedan, te criaron: i aßi tienes de oyr a cada uno, como a padre; obligandolos primero con el agrado, a que te digan libremente ſu parecer; porque en el amor no ay adulacion, ni verdad en los reſpetos. Bien veo, que entre tantos, no ha de faltar alguno, que ſe quexe de tu precedencia, i que condene mi reſoluciõ, por más que la tengan aprovado. Perô tu templança ha de moderar eſte ſentimiẽto. Y con eſto te encomiendo, que el trato de los cavalleros ſea igual, i facil: de manera, que te juzguen por compañero, i no por capitan. Conſiſte en eſta conformidad, nueſtra dicha, ſiempre ſuſtento eſta frontera, la igualdad de los animos; porque con la diuiſion, nada ſe conſerva. De tus aciertos no procures otro teſtigo mejor, que eßos; barbaros, que ves a nueſtros ojos, velando ſiempre ſobre nueſtras acciones; ellos baſtan para publicarlas. Y aſsi con los tuyos, no ſolo has de repartir los bienes, ſino la fama, attribuyendo tus hechos a ſu valor, para obligarlos deßa ſuerte, a que hablen de ti, como entereſſados, i no como embidioſos. Acabo con advertirte, que tus coſas ſon las que me llevan al Rey mi ſeñor, a pedirle la ſuceſsion deſta plaça para ti: pienſo obligarle con ſu neceſsidad; porque eſta es la que fuerça a los Principes, a nueſtras conveniencias. Seran tus obras la maior valia: i quando no baſten, entonces me valdre de mis ſervicios; de que deſſeo logres el premio, ya que mi caſa paße a otro dueño; i que no ſeas tu, hijo mio, en quien ſuſtẽte mi nombre, i calidad. Mas Dios, que lo permite, tambien ſerâ ſeruido, aventajarte en los premios, como haze en los merecimientos._
A eſto D. Duarte prometiendo de ſi modeſtamente, offreciô cuidado, i obediencia: i el padre dandole otras inſtrucciones màs ſecretas ſe paſsò a Portugal.
(22) Fue recebido en Lisboa, con grande applauſo. Ruy de Pina, dize, que el Regimiento, i Conſejos, le ſalieron a encontrar en la playa, i de alli le llevaron, a manera de triumpho, a la Igleſia maior, donde en un Panegyrico, ſe refirieron ſus hechos, i hazañas, al pueblo. Eſte modo de agradecimiento publico, pareciò novedad en eſte Reyno, por la cortedad, con que ſe uſa en el, de engrandecer las coſas de ſus naturales. Però bien merecen ſus alabanças tan grandioſas demonſtraciones: por lo mucho, que con ſu exemplo, deſpiertã, i obligã los animos. Hallò el Conde al Rey en Santaren. Paſsô a beſarle la mano, i a dos leguas, le eſperò el Iffante D. Duarte, primogenito (aun entonces, no ſe llamavan Principes) i a dos pieças, el Rey en palacio. Hõrólo deſpues, con extraordinarios favores: dandole ſu meſa, lado, i amiſtad publicamente.
(23) Mientras eſto paſſava en Portugal, Don Duarte en Ceuta, adminiſtrava ſu cargo con templança, i prudencia; procurando conocer las coſas, i ſer conocido de todos; que es de grandiſsima importancia a los principios. Però los Moros como vieron auſente al Cõde, convertieron ſu temor en eſperança; haviẽdo reconocido la ciudad, por un Alfaqueque, por nombre Cidemus, q̃ con ocaſion de reſcatar eſclavos (ſon los mercaderes, que tratan en eſto) entrava con familiaridad en Ceuta. Notô el eſtado, en que eſtavan los Portugueſes; con los ſemblantes triſtes, por la auſencia del Conde: i juzgò eſta triſteza, a que procedia de miedo de ſu falta, i no de aficiõ, que le tenian; pues era capitan, q̃ a los moços havia criado i a los viejos honrado, i engrãdecido a todos. Eſte engaño de Cidemus, hizo juntar los Xeques de aquella ſierra, i deſpues que hablaron en ſecreto, començaron a diſcurrir entre ſi de los males, i daños, que ſufrian; i a repreſentar las injurias, i exagerarlas, diziendo; que la ocaſion los eſtava llamando, para que reſtauraſſen ſus vidas, honras, i caſas; que ſu gran Propheta ſe enojaria de que dilataſſen en acabar con tan vil gente como eran los Portugueſes; la qual ſin razon, ni juſticia, de puros codicioſos, aſpiravã a introduzirſe en imperios agenos: ̃q ſegun andavan ſeñores, i arbitros de ſu tierra parecia, que no deſcanſarian, haſta ponerla toda debaxo de ſu yugo; que era afrentoſa coſa, imaginarlo; i mucho màs la aflicion, en q̃ andavan, ſin lograr los frutos de ſus coſechas; que de ſus ganados, i ſementeras, quien ſino los Chriſtianos cogian el provecho? q̃ Dios ſe movia, ſin duda, a eſta vengança, pues tenia auſente el capitan, que los amedrentava, ô por mejor dezir, huydo, por no ver la deſtruycion de los ſuyos; ̃q dexava en ſu lugar un moço, q̃ a penas tenia edad para ceñir eſpada, quãto mâs para defender fortalezas; q̃ con eſto juzgava por gloria poca, el vencer aquella gente medroſa, i ſin cabeça: q̃ otra coſa no era ſu triſteza, ſino adivinar ſu ruina; que era tiempo ya, que bolvieſſen a cobrar reputacion, i vengaſſen ſus injurias. Provocados con eſtas, i ſemejantes razones, tomaron las armas, debaxo del govierno de Marzoco Xeque, principal, valiente, i determinado, jurando primero morir, ò vencer. Convocò luego gran multitud de gente, de que formò un numeroſo exercito, repartido en dos tropas. Y el dia ſeñalado, apartando la una, para correr la ciudad, ſe emboſcò con la otra en los molinos de los cañaverales; ſitio a propoſito para el engaño, por ſer boſque mui ſerrado, i poco deſviado de Ceuta; a penas media legua. Don Duarte ſabia mui enteramẽte, por ſus atalayas, lo que paſſava. Y aſsi jũtando a conſejo a los Fidalgos, i fronteros de maior cuenta; deſpues de darſela de todo, les hablo deſta manera.
_Grande immodeſtia fuera la mia, ſi os juntara (ſeñores) con el intento, que acoſtumbran, en eſtas ocaſiones, los demás capitanes; para repreſentar peligros, i exortar a la virtud. Pues una, i otra coſa, ſe eſcuſa, con ſaber las razones, que os obligan a ello, i me iſentan de ſemejantes raſonamientos: maiormẽte, quando reconoſco, lo que el Conde mi ſeñor me encareciô el obedeceros. Oy comienço a militar debaxo de vueſtra bãdera, con maior guſto, pues veo, que ſois tales, que me acredita igualmente, el ſer vuestro ſoldado, que vueſtro capitan. Conſentidme eſte nombre, ya que es vueſtro el govierno; pues de honrarme con el, os ſigue maior gloria. Eſta ha de ſer vueſtra, como tambien la culpa, en todo lo que nos fuere ſucediendo. Por̃q no ignora el mundo, que mis pocos años obedecen a vueſtra experiencia; i que a ella principalmente dexo encargado el Conde mi padre ſu reputacion. Bolved por ella, pues deveis a eſta confiança, morir por ſu defenſa. Vueſtras canas, i conſejo, me forman otro del que ſoy; i eſto es lo que me haze no correr en vueſtra preſencia: porque conoſco, que no paßo de executor de vueſtras ordenes. Las ̃q me dieredes puntualmente vereis obſervadas; i eſpero gloriarme tanto de vueſtra obediencia, como de la victoria. Compañeros ſois todos, en las que mi padre tiene alcançado en eſta plaça: aſsi que ſu auſencia, no puede cauſarme deſconfiãça, ni a nueſtro enemigo ſoberbia: pues en vueſtro valor tenemos el Conde presẽte._
Añadió a eſto otras palabras, i cumplimiẽtos. Habló a cada uno de por ſi, cõ particular eſtimacion; votòſe deſpues diverſamẽte: por que las atalayas no conformaron en el aviſo de las eſpias; i hizieron ſeñal, ſolamente, de una tropa, que vieron. D. Duarte ſaliò, con todo, aunque recatado: puſo ſu gente en un tieſſo, de manera q̃ eſperò a ver lo ̃q hazia el enemigo, q̃ deſcubierto, cargò cõ grãde impetu a los almocadenes del cãpo (ſon atajadores.) D. Duarte, entõces, recibiò al enemigo, haziendole roſtro por algun eſpacio, i luego tentò ſacarlo a un llano; por̃q la aſpereza de la tierra, impedia ſu cavalleria, a que no ſe meneaſſe tan ſueltamẽte, como la contraria. Cõ eſto D. Duarte fingiò retirarſe; i los Moros cevados en eſte miedo, ſe hallaron fuera de la ſierra. Alli bolviò ſobre ellos D. Duarte con tanta gallardia, i pujança, que a penas tuvieron animo para huyr deſcompueſtamente. Marſoco, que andava ſuſtentando la eſcaramuça en lo màs peligroſo, haziendo todo lo que devia a un valiẽte capitan, poniẽdoſe delante de los medroſos, cõ vozes, i lagrimas procurô detenerlos. Nunca tuvo ley, ni razõ el miedo, apoderado una vez del animo, mal ſe reſiſte. Nada aprovechò a Marſoco: por̃q los ſuyos, aũ̃q cobrarõ brios con ſus palabras, bolvieron tan floxamente a la eſcaramuça, q̃ los Chriſtianos los tornaron a desbaratar cõ facilidad. Marſoco deſeſperado de la reſiſtencia, ſe llevô tambien de la dulçura del vivir, con menos animo del que moſtrò al principio. Eſcapò en la ſierra, i con el poco màs de ciento de los ſuyos; por̃q los demàs quedaron, ô muertos, ò captivos. Reconocia deſpues eſte Moro a los Portugueſes por invencibles, en quienes ſin duda, havia valor màs q̃ humano: alabança digna de referirſe, por ſer hallada en boca del enemigo, que la haze menos ſoſpechoſa.
(24) Fue de grande importancia eſta victoria a Don Duarte: porque tomò motivo de ella, para ſolicitar otras con más brio, i reputacion, obrando en el quaſi, como en ſu padre: porque los Moros juzgãdo ambos por una miſma coſa temian al mãcebo igualmẽte, que al viejo. Recogido a la Ciudad, determinò de valerſe de aquella felicidad, que ſiempre allana impoſsibles, i dar ſobre algunos aduares de la ſierra de Mexequiſe, por ver ſi podia enflaquecerlos, de ſuerte que llegaſſe a conſumir la inteligencia, que trahian de contino en nueſtro daño. Eſtos aduares ſon unas poblaciones de ciento, ó dozientas tiendas pueſtas en rueda, que hazen un ambito redondo, donde los Alarabes meten ſus ganados de noche. Son de color de burel negro, hecho de lana de pelos de cabras, i de telas de palma, todo rebuelto, i texido, que haze un paño grueſſo, i mui tiezo, para reſiſtir la furia del Sol, i del agua; eſtan aſſentadas unas con otras tan juntas, que forman un muro al rededor, i no ſe puede entrar en el, ſino por dos puertas, i eſtas las ſierran de noche con eſpinos, porque los leones no entren a hazer daño. En Arabigo quierẽ dezir, circulo redondo: uzavãlos antiguamẽte de la miſma manera, que aora los barbaros Africanos. Ay autor, que afirma, ̃q deſta forma eran los tabernaculos, i tiendas de los Iſmaelitas Cedarenos, negros aburelados, conformandoſe al uzo de Arabia, del miſmo color, i modo, mui conforme al nombre de Cedar, que es obſcuridad, i tenieblas. Con la invaſion de los Arabes, ſe introduxeron en Africa; por donde a los q̃ los poblaron, llamaron deſpues Alarabes. Viuẽ en los cãpos, i ſierras, ſiguiẽdo los paſtos mejores para ſus ganados, que es lo de que viven, i ſe ſuſtentan. Era Benaiame, el aduar principal, i cabeça de los demàs. Diò ſobre el Don Duarte, con poca gente, perô con ſecreto, i lo quemó antes que fueſſe ſentido: con tãta preſteza executava ſus deſignios, q̃ ſe puede contar por maravilloſa entre ſus excelencias, por ſer parte de grãdes fortunas entre los ſoldados. A la buelta, arrazò de camino, Abodmi, i Beluaſen, aduares de menos cuẽta en la miſma ſierra, i degollô en ellos ciẽto i treinta Moros, ſin los que traxo cautivos, q̃ fuerõ en maior copia. Entre ellos muriò un hijo de Dabu, de quien ya hezimos mencion, moço de haſta quinze años, que, por los brios, q̃ ya moſtrava, era la eſperança, en ̃q toda aquella ſierra fundava ſu libertad. Otro moço cautivaron de riqueza ineſtimable, llamado Lagamuci, de manera que fue eſte ſuceſſo mui conſiderable por el deſpojo, i la opinion, que alcançò D. Duarte.
(25) Entre tanto, el Conde D. Pedro, hecho ya Conde de Villa Real, i Alferez maior deſte Reyno, tratò de pedir al Rey D. Iuan la ſuceſsiõ de Ceuta, i del titulo, para D. Duarte: però no tuvo efeto eſta pretenſion, por̃q la contradixo, ſolicitandola para ſi ſecretamẽte D. Beatriz ſu hija maior, heredera legitima de ſu caſa, intercediẽdo en eſto la Inffante Doña Leonor, que era ſobrina de D. Fernando de Noroña ſu marido, nieto del Rey D. Iuan el primero de Caſtilla, yerno del Cõde de Gijon, padre de D. Fernando. Quedò al fin indeciſo el negocio, por̃q tambien el Cõde D. Pedro, auñq amava al hijo con exceſſo, i deſſeava ſus aumentos; era facil a mudar de voluntad, i quizo complazer la hija, i no deſagradar al yerno. Valiòſe el Rey deſtos embaraços, para ſuſpender el deſpacho, cevando a todos de eſperanças: conſiderando, que no ay Principe bien ſervido ſin ellas; i eſte principalmẽte, ̃q ſupo praticar eſta lecion, entendiendo ſu conveniencia mejor q̃ todos: ſiẽdo grande maeſtro de prometer aun antes del Rey; i es cierto, que diſponiendo de lo q̃ no era ſuyo, alcançó la corona; teniendo pretendientes, mas juridicos, aunque de menos poder, i maña, que fue la juſticia, que tuvo en ſu favor. Verdad ſea, que en eſta ocaſion, fueron baſtantes las honras, que hizo al Conde, publicas, para remuneracion de ſus ſervicios; porque el Rey conociendo la ambicion de ſus vaſsallos, i quanto ſe llevavan de exteriores preeminencias, no rehuzava eſte genero de premiar; juzgandolo por màs acertado, i màs conveniente para un Principe, q̃ el de apurar los patrimonios, i erarios, que sõ los nervios de la Republica. Eſte fue el camino, con que los Romanos entendian perpetuar la ſuya: i es grande ignorancia, ò mucha embidia, la de aquellos, que aconſejan a ſus Reyes lo contrario; porque un Principe miſerable de honras, i favores, adquiere aborrecimiento con los ſubditos, de manera que deſdeñan el ſervirle, facilmente; quando no ay honrado, que no anteponga la autoridad, al interes.
(26) Eſta fue la primera dignidad, que la perſona del Conde, alcançô en Portugal, por que haſta entonces, aunque lo llamen las hiſtorias Conde, lo era ſolamente de Ayllon, ò Aguilar, en Caſtilla: paſsòſſe a aquel Reyno, muerto ſu padre, q̃ fue el primero de Viana, el qual ſiguiendo la voz, i fortuna de la Reyna Doña Beatriz ſu ſobrina, hija del Rey D. Fernando, i de Doña Leonor Telles, ſu prima hermana; le matarõ en Penela, ſus vaſſallos proprios, indignados, de que ſe moſtraſſe contra el Maeſtro de Auis, a quien el pueblo acclamava por Rey. Mas deſpues entrando el de Caſtilla en portugal, a lo de la ſuceſsion deſte Reyno, de que moſtrava ſer heredero, por morir ſu ſuegro con ſola eſta hija; con la rota, que tuvo, no pudo continuar ſu derecho; i el Maeſtro de Auis, fundado en el de la guerra, màs que en otro alguno, començò a aſpirar al Reyno, con notable felicidad. Firmòla en todo el caſamiẽto, que hizo en Inglaterra, con Doña Felippa hija del Duque de Lencaſtre, caſando otra cõ el Rey de Caſtilla, que ſe acomodò tambien con los tiempos, conſiderando, que los titulos, con que reynava en Caſtilla, padecian las miſmas dudas, que los de Portugal, por haver ſido el Rey D. Henrique ſu padre baſtardo, del Rey D. Alfonſo el undecimo, i hazerſe Rey por odio de ſu hermano D. Pedro, que fuerõ las cauſas del de Portugal. Concluyeronſe entonces las pazes deſtas coronas, contentandoſe cada uno deſtos dos Principes, con lo que ya havian hecho ſuyo; ſabiẽdo, que facilmente pierde todo, quiẽ codicia todo; maiormente, quando la juſticia, de lo que ſe adquiere, ſe eſtablece con las armas, que la fortuna govierna a ſu arbitrio. Quieto, pues, el Rey D. Iuan, entendiò, que pueſto que la plebe havia ſido la cauſa principal de cõſeguir el Reyno; todavia para ſuſtentarſe tenia neceſsidad de la nobleza, i aſsi procuró conduzir a ſu amiſtad los nobles auſentes, que eran ſus maiores enemigos. Andavan los Reyes en aquel tiempo mui depẽdientes de los ſubditos, i trabajavan por obligarlos tanto, como por ſer obligados. Entrò en eſte numero el Conde Don Pedro con la Condeſſa Doña Mayor Puerto Carrero ſu madre, los quales duraron en Caſtilla valídos, i venerados, mientras reynò la Reyna Doña Beatriz ſu ſobrina: però con ſu muerte ſe acabò la valia, como ſucede de ordinario en las coſas, que ſe ſuſtentan de favores agenos. Vinieron a eſte Reyno, adonde el Rey le reſtituyò, ſin el titulo, i juriſdicion, todas las rentas, que havian poſſeydo ſus aſcendientes. Añadiò el Conde a las de ſu caſa muchas, con el primer caſamiẽto, que hizo, i aora con eſte ultimo, con la hija heredera de Miſer Paſaña, Almirante de Portugal, con que alcançò en dote eſte oficio.
(27) D. Duarte con eſtas nuevas, ni ſe ofendió, ni hablò palabra de quexa alguna, antes moſtrò en las gracias, que dió al padre por ſus cartas continuas, que de nada ſe acordava menos, que del complimiento de ſus promeſſas; porque no paſſavan ſus deſſeos a más que verle con vida, i grandeza. El viejo obligavaſe deſta conſtãcia, però no oſava renovar las coſas ya cõpueſtas; pareciendole, q̃ ſe guardarian para mejor tiẽpo, auñq tãbiẽ ſe puede imaginar, q̃ no andava deſeſperado de tener hijos legitimos deſte quarto matrimonio, por eſta cauſa parava en lo primero.
(28) En medio deſtos ſuceſſos adoleſció gravemẽte el Rey D. Iuan en Alcochete, Riberas del Tajo, i de alli esforçandole la enfermedad, ſe paſſó a Lisboa, donde muriò, en quatorze de Agoſto, de mil quatrocientos i treinta i tres, en el de ſu edad, de ſeſenta i cinco. Lloraron ſu muerte los Portugueſes con grãdes encarecimientos, notando que perdiã Rey, a quien el ſceptro mejoró de virtudes: coſa bien nueva en los Principes, por ſer el eſtado donde algunos empeoran; mas el ſe hizo digno del imperio, que tuvo, mucho màs deſpues que reynò. Sucediòle D. Duarte ſu hijo maior, i primero deſte nombre. Y luego el miſmo dia fue levantado, i jurado por Rey, aſsiſtiendole el Conde en eſte acto, como Alferez maior, que fue la primera vez, en que exercitò eſte oficio. Eſto acabado, i compueſtas ſus coſas, ſe fue para Ceuta, llevãdo conſigo algunos cavalleros deudos ſuyos, como fueron Ruy Dias de Soſa, hijo de D. Lope Dias de Soſa, Maeſtro de Chriſto, i Gõçalo Rodrigues de Soſa ſu ſobrino; porque deſſeavan aſsiſtir en aquella plaça, como frõteros. Y en llegando el Conde, al punto D. Duarte ſu hijo, deſpues de bezarle la mano, le reſtituyò el govierno, ſin alterarſe en el ſemblante, ni en las palabras, antes humillandoſe a ſus braços, le moſtrô con igual animo, que no rehuſava nada por miedo, ni pretendia por ambicion.
ARGVMENTO DEL LIBRO SEGVNDO.
_PRudencia, con que D. Duarte governava Ceuta por orden del Conde ſu padre, deſſeãdo introduzirle en el cargo: Embidias, que reſolultaron deſte intẽto entre algunos fronteros calificados. Entradas, que hizo la tierra dentro del enemigo. Lugares, que arrazô con notable fortuna: Emulacion de Don Sancho de Noroña: traças, que uzó D. Leonor hermana de D. Duarte, para haver del Rey la ſuceſsion de Ceuta, para ſu dote: Fin, que tuvo eſta pretenſion: Iornada infelice, que los Inffantes de Portugal hizieron contra Tanjar: Muerte del Conde D. Pedro de Meneſes, ſucediendole ſu yerno Don Fernando de Noroña: Venida de Don Duarte a Portugal: Grandes honras, i mercedes, que le hizo el Rey: Muerte deſte Principe, i lo ſucedido deſpues della, haſta entrar en el govierno deſte Reyno el Infante D. Pedro, ſiendo el Rey D. Alfonſo de ſeis años. Con lo demâs ſucedido haſta el de mil quatrocientos i treynta i nueve._
VIDA DE DON DVARTE DE MENESES TERCERO CONDE de Viana.
LIBRO SEGVNDO.
(1) HAlló el Conde en Ceuta en boca de todos, alabãças del ſezo, i valor, con q̃ D. Duarte governô en ſu auſencia; i eſtẽdiaſe la fama a los enemigos; los quales fatigados de miedo, por las rotas conſiderables, que havemos contado, no oſavan a deſmandarſe ni ſalir un paſſo, de lo màs aſpero, i oculto de las ſierras; de manera que con eſto Ceuta mâs parecia lugar metido en Heſpaña, q̃ frõtera de Berberia; por̃q a eſta paz ſe acrecẽtava grã copia de baſtimẽtos, con que D. Duarte procuroprocuró ſiẽpre tener contenta, i mantenida la ciudad; i como era hombre recto, i no eſtava odiado por algun vicio; ſupo ganar la voluntad de todos; conciliando los extremos, de facil, i autorizado, en un medio agradable, que adquiria los animos màs rebeldes. Eſto obligò al Conde, a dexarle la deſpoſicion de todas las coſas; reſervandoſe ſolamente el conſejo, i ſuperioridad del oficio, en lo màs preciſo, i neceſſario de ſu perſona. Bien entendian los prudentes, que el hazer eſto ſin limitacion alguna, i en ſu preſencia, era introduzirle en la ſuceſsion de aquel cargo: i auñq lo aprovavã muchos, q̃ no attendian a odios, ó enojos particulares, i miravan la utilidad publicas; Cõ todo havia otros, que de pura embidia lo murmuravan, ſeñalando algunas conveniencias; que conſideradas, más deſcobrian ſu paſſion, que fundamento de algun bien comun. Y como no ay maldad, que no tenga valedores, ô ſombra de algun bien, con que los malos ſiempre disfraçan ſus pretenſiones. Baſtaron eſtas para deſcomponer a D. Duarte, de ſuerte que pudo quitarle la embidia, lo que tan liberalmente le concedia la virtud. Diremos las cauſas, ſin las quales mal ſe conocẽ los effectos, ſiendo uno, i otro neceſſario para la inteljgencia de la hiſtoria.
(2) Deſpues, que los Portugueſes entendieron los bienes, que le reſultavan de la conquiſta de Berberia, una vez empeñados en ella con la ſuſtentacion de Ceuta, tomarõ eſta frontera para eſcuela adonde criaſſen ſus hijos, i aprendieſſen las primeras letras de la honra, deſdeñando el ocio de la patria, que entonces con la paz uniuerſal, que gozaua, iva debilitando los animos poco a poco. Guiados deſta conſideracion, entrò en Ceuta deſpues de aquellos cavalleros Soſas ya referidos, D. Sancho de Noroña, hijo tercero de los Condes de Gijon, i hermano de Don Fernando, yerno del Conde. Era eſto en los principios del año de mil quatrocientos, i treynta, i cinco. Y D. Sancho ſiendo uno de los maiores caualleros en ſangre, i virtudes deſte Reyno, llevó conſigo otros muchos, cõvidados de ſu liberalidad, diſcrecion, i agrado (calidades todas, que conſtituyen un buẽ corteſano, i hazen un ſeñor bien quiſto, i amable) ò inſtados tambien de ſu exemplo, que es el general provecho, que produzẽ las reſoluciones acertadas de los mayores. Con ſu gallardia reforçò el Conde el preſidio, porque (ſegun Gomez Eanes notò) paſſarõ de cincuenta cavalleros los que acompañarõ a Don Sancho, a ſu costa.
(3) Tentò el Conde feſtejar la entrada deſte hueſped, con diſponer alguna la tierra dentro del enemigo; porque D. Sancho no deſſeava otra coſa, ni el Conde le podia regozijar, como queria, con fieſta, q̃ màs le agradaſſe; q̃ ſolo eſtas ſe acoſtumbravan en aquellos lugares. Communicó eſte penſamiento con ſu hijo, i aſſentarõ ambos dar en Cencẽ, lugar de duzientas caſas, cinco leguas de Ceuta en la ſierra de Mexequiſe: i luego ſobre Tetuan. Eſta empreſa ultima no ſe declarò; porque tenia mucha dificultad, i el Conde temia hallar reſiſtencia en los fronteros, i quiſo cevarlos en la jornada primera, para facilitar la ſegunda. Apartò Don Duarte cinquenta cavallos, con la preſteza, i valor, que acoſtumbrava, i arrazò a Cencen, ſin dexarle piedra ſobre piedra. Importò la preſa un gran deſpojo de ganado, i otras preſeas de eſtima; porque era el pueblo rico, i los moradores con la diſtancia, i aſpereza del ſitio vivian deſcuidados deſte acometimiento.