Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 2
(14) Es la provincia del Habat, parte de lo que antiguamente ſe llamò Mauritania Tingitania, i deſpues Berberia, una de las mâs nobles de Africa; i adonde ſe conservã (aunque en pedaços) las memorias de muchas ciudades edificadas por los Romanos, i Godos; que tantos tiempos la ſujetaron. Perdiò ultimamente ſu eſtimacion, con la ereccion del Imperio de Fez, i aumento de aquella ciudad: a fuer de los edificios grandes, de cuyas ruinas nacen las màs vezes, veneracion, i eſtima a nuevos palacios. Dividiòſe eſte Reyno en ſiete provincias, i fue la quarta la del Habat; nombre impueſto por los Sarracenos, q̃ hizieron eſta particiõ, i los ultimos, q̃ la invadierõ, i dominaron. Dieronle principio, al Poniẽte, deſde las lagunas de la provincia de Aſgar; i de alli corriendo al Levante, comprehẽde las ſierras, que caen ſobre el eſtrecho de Gibraltar, terminandoſe con ellas en la Gomera. Rodeala el Oceano Herculeo por la parte del cierço: al medio dia, las aguas del Erguila, dilatandoſe haſta Oriẽte ſiete leguas de Poniente a Levãte, i màs de treynta i cinco de Tramontana al medio dia. Tierra llana, fertil, i regada de muchos rios caudaloſos; q̃ baxan de algunas ſierras, que la ciñen. Son las màs notables ocho; donde los Portugueſes, con increyble virtud, acometieron hechos glorioſos, como veremos en muchos caſos eſparſidos por eſta historia. Conviene repetirlas por eſta cauſa: i con màs cuidado, por deſcubrir las fuerças, i engenio del enemigo; i para dar conocimiento de la tierra. Algunos preſumen, que eſtas ſierras ſon los ſiete mõtes, que Plinio llamò hermanos, por la ſemejãça, i Ptolomeo, Hepta, Adelphi: i el octavo Abila, de que diremos luego: porque quedan a las eſpaldas de Ceuta, a quien dieron nombre. En los que le ſeñalan, varían Iuan Leõ, i Luis del Marmol; convienẽ, en que corren deſde antes de Ceuta, por toda la marina, haſta llegar quaſi a Melilla, q̃ ay treynta leguas; con que acaba la Mauritania Tingitania. Suelen ver mucha parte dellas deſde la ciudad de Malaga, que queda en el paraje del Peñõ. La primera eſtà jũto a la ciudad de Ezaguẽ, i ſe eſtiende diez leguas de largo al Leuante, i quatro en ancho. Sigueſe la de Benizequer, màs rica, i mejor poblada. Tiene ocho de Poniente a Levante; confina con la de Beniharos. Y eſta, quiere Marmol, que incluya todos los ſiete hermanos: comiença de Alcaçar el Quibir, i diſcurre ſiete leguas, por el miſmo curſo. Vezina a ella apparece la Benîtelit ocho leguas de Tanjar, la tierra a dentro al medio dia. Peró la que campea ſuperior a todas, ſiendo la màs aſpera, i de quaſi impoſsibles entradas; es la de Benihazen. En igual continuacion a la paſſada; i más diſtante un poco, la de Amegara, en eſpacio de tres leguas de largo, i una de ancho; quedandole a dos i media, házia el medio dia Alcaçar el Ceguer: i a un lado, en medio de Ceuta, i Tanjar, la ſierra de Huat Idris, Vaterer, i Quadrès; que todos eſtos nõbres le dan ſus naturales. Es iluſtre entre los Moros, por la fortaleza, i valor de ſus moradores, i no menos, por ſer patria, i naturaleza de aquel famoſo Helul, cuyas hazañas, i proezas (como a Orlando los Franceſes) celebrã los Africanos en muchas obras de proza, i verſo. Muriô en la gran batalla de las navas de Toloſa, ſiẽdo capitan general del Rey de Marruecos, en el año, q̃ apuntó Marmol acertadamẽte, de mil duzientos i doze, mejor q̃ Iuan Leõ, q̃ se engañò en el ̃q ſeñala. Es la ultima ſierra la de Beni Huet Fileh: la qual comiença en el mediterraneo; i para en Tetuan ſiete leguas de Ceuta. Sin eſtas ocho, legua i media della, quaſi en frente eſtá la Ximera, que los naturales llaman Alcudi, i los antiguos Abila. Philoſtrato, Euſtachio, i Paulo Oroſio, la dixerõ Abinna, i Abenna; ſi bien el nombre Latino en Punico quiere dezir, monte alto (como enſeñò Avieno) i parece màs ajuſtado, q̃ el Griego, que le nombrò, Aliba; attendiendo, quiçà, a unas ſeñales, que ſe ven en eſte ſitio, auñq no muy deſcubiertas, de una fuente deſte nombre. Es una de las dos colunas de Hercules, de cuya grandeza, i ſecretos, ſe originaron muchas fabulas, que los Autores Griegos, i Latinos, celebraron; con menos noticia, i conocimiento de ſus coſas, que admiracion; ſerviendole de portento aquel celebre monte, tan fabuloſo, como mal conocido de los Romanos, i ſujeto tarde a ſu imperio.
(15) Entre eſtas ſierras ay gran numero de poblaciones, caſerias, i aduares. Tienen ſu ſeñorio los Gomeres, nacion antigua, i noble: i tãto que generalmente ſe reputa por la mejor de Africa; porque decienden de los Arabes, i conſervan eſta nobleza, ſin mezcla de otras naciones, aſsi en los dialectos de la lengua, como en las coſtumbres; imitando a ſus maiores con tanta ambicion, i conſtancia, q̃ deſprecian el vivir en las ciudades, por que en los campos ſe aparientan ſolamente unos con otros. Deſte principio naciò llamarenſe vulgarmente Alarabes con dos letras añadidas, a ſu origen primitiva. De ſus vicios, valor, i reputacion, cuentan mucho Luis del Marmol, i Iuan Leon: donde ſe puede entender las cauſas porque vinieron a eſtas ſierras. Su modo de vivir es apacentando ſus ganados; que es la hazienda, de que ſe ſuſtentan, recogiendoſe de noche en ſus aduares (ſon unas tiendas de madera, como diremos adelante.) Eran tan eſtimados por ſu esfuerço, que los Reyes de Granada los eſcogian para ſu guardia: i de contino trahian quinientos en ella, i aun deſte tiempo dexaron en aquella Ciudad, vna calle de ſu nombre, que eſtâ, ſubiendoſe de la plaça nueva, a la Alhambra. Ganavan tambien ſueldo en todas las guerras, que havia contra los Chriſtianos, de quienes eran grandes enemigos. Solo en la religion degeneraron de ſus aſcendientes; por̃q ſiguieron la Mahometana, que como pèſte del Cielo penetrô, con maior exceſſo, lo mâs oculto deſta tercera parte del mundo. Goviernanſe por Xeques, ò Philarcos (aſsi los llama Tacito) que ſon como Principes; nombre, i autoridad dirivada de los primeros, que poſſeyeron aquellas ſierras. Ay gran cantidad en ellas de gente ruſtica; auñq otra mui valiente, i politica, i es tanta la muchedũbre, que conforme a la cuenta de Marmol, ſe pueden juntar màs de ciento i ſetenta mil hombres de pelea, doblando, por lo menos, eſte numero, los viejos, i impedidos con mugeres, i muchachos. Y dexando a parte los montes: por toda eſta provincia del Habat, eſtan derramadas onze ciudades, i villas de conſideracion, ſiendo la principal, como cabeça, i corte, Ceuta. De ſu antiguedad dudaron algunos eſcriptores, haziendola fundacion de los Romanos; però los Africanos lo contradizen, queriendo, que ſe deva a un hijo de Noè, duzientos i treynta años deſpues del diluvio univerſal. Su primer nombre fue Esliſa: perdido eſte por algun accidente del tiempo, que baſta aborrarlo todo, tomò el de Ceuta de los ſiete montes, que hemos referido. Fue ſiempre de grande eſtima, trato, i nobleza: por la ſalud, llaneza del ſitio, i comodidad de ſu puerto, para el paſſage de Eſpaña, de quien queda en traveſia de cinco leguas, por lo más largo. Iaze a la boca del eſtrecho de Gibraltar, en el parage de Algezira. Los Romanos la enoblecieron, i preſidiaron, por eſta cauſa. Iuan Leon, por el Marmol, quieren erradamente, que ellos la llamaſsen, _Ciuitas_, i la conſtituyen con el mismo engaño, por cabeça de la Mauritania Tingitania. Siendo pueſta en la diviſion, que hizieron los Romanos de aquellas provincias, en la Ceſarienſe; aſsi lo trahen Sexto Rufo en ſu Epitome Paulo Oroſio, San Iſidro, i otros muchos, contando la Tingitania (conforme la particion, que comẽçaron los Emperadores, Auguſto, i Othon; i concluyeron los hijos del gran Coſtantino) por provincia de Heſpaña Transfretana; ſeñalandole los ſiete montes, hermanos, por linderos, i confines. En la proſperidad, en q̃ la tenian los Romanos, ſe la ganaron los Godos, con igual reputacion, governandola debaxo de titulo de Conde; ſiendo eſta dignidad, no eſpecial en la manera, q̃ oy ſe uſa, ſino general a todos los q̃ governavan alguna provincia. Deſta manera lo fue el Conde, i traydor D. Iulian, que la entregô a los Arabes victorioſos, en cuyo dominio durò, aunque con diverſas fortunas, i ſeñores, haſta que nueſtro Rey Don Iuan la reduxo a ſu Real corona, como hè eſcrito. Señoreavala entõces Zaide Rey de Fez, del linage de los Benemerines, teniendo en ella un Alcayde de valor, llamado Calabençala; Gomez Eanes le haze ſeñor della, i otras ciudades de aquella coſta, no ſe con que fundamento.
(16) Echado eſte Moro de Ceuta, la defendió valeroſamente, el Conde, de dos peligroſos cercos del Rey de Fez: i de inumerables correrias, con que los enemigos la moleſtavã, havia quatorze años, con feliciſsimos ſucceſſos, no paſſando dia alguno ſin rebato; ſiendo el tiempo de maior peligro: porque era a los principios, en que los Moros ſentian eſta perdida, con las veras, q̃ duele màs una afrẽte reciente, que olvidada. Viendo, pues, los brios, i partes del hijo, aficionado ſummamẽte a ellos, i reconociendo en el, quanto trabajaua por imitarlo, quizo tomarlo por compañero deſta gloria: deſſeando en eſtremo, ̃q participaſse de la fama, para diſponerlo aſsi, a que heredaſse ſus virtudes, i nombre, ya q̃ le faltava la caſa. Por eſto lo encargò en aquella edad, de algunas entradas menos conſiderables. Y moſtrando alli la fortuna, los favores, que le havia de hazer en otras emprezas, no rehuzò fiarle las maiores.
(17) La primera, que Gomez Eanes cuenta, i que ſe deve quaſi todo el buen ſucceſſo a ſu valor, fue una, por Henero de mil quatrocientos veynte i ſiete, en viſpera de los Reyes i paſsò deſta ſuerte. Tenia el Conde en Ceuta, entre otros cavalleros, a Martin Alfonſo de Miranda ſu cuñado, hermano de ſu primera muger. Y cõ el valor heredado de ſus abuelos, era reputado por uno de los mejores ſoldados, i màs valiẽtes de aquella plaça. Eſte, pues, deſſeando avantejarſe a los cõpañeros en peligros, ya que no podia en la fama; ſaliò eſte dia por orden del Conde a dar campo largo de leña, i heno (aſsi dizen los fronteros de Berberia al foragear) llevando para eſcolta, quarenta cavallos. Los atajadores engañados con una niebla eſpeſſa, aſſeguraron el campo, ſin tener viſta del enemigo; el qual ſabiendo deſta ſalida, con quatro mil cavallos ſe fue a correr la ciudad. Tomole de improviſo eſte rebato, i Martin Alfõſo, aunque tuvo contradiciones, los embiſtiò tã deſordenadamente, que la temeridad por poco le coſtara la vida, ſi D. Duarte, que eſtava de guardia, con otros cavalleros, no llegara a ſocorrerle. Sacòle del peligro, desbaratãdo al enemigo: ſeñalandoſe entre todos de manera, que parece, que la naturaleza ſe anticipava a darle brios; i el cielo le animava a deſpreciar los miedos comunes a aquella edad; que no llenava treze años, en preſagio de las hazañas futuras. De donde colijo, que es de tanta fuerça la virtud heroica, que viene a imprimir en el animo humano vn cierto ſemblante de divinidad, que produze acciones, que ſiendo naturales, ſon ſemejantes a milagroſas; pues no ay duda, que valor tan adelantado, como el que moſtrò D. Duarte en eſta ocaſion, ſe puede contar entre los prodigios, que tan celebre hizo la antiguedad, con los Heroes, i ſemidioſes, que introduxo en la veneracion, i memoria de los virtuoſos: los quales fueron los primeros ſiempre, que començaron a imortalizar la virtud, con la fama; deſpues que la vieron menoſpreciada; porque convidados deſte premio, la ſiguieſsẽ los ambicioſos, igualmente, que los buenos. Era entre ellos el primer acto de honra, la cavalleria; accion generoſa, i que inventó el valor, para fortalecerſe; mas abatida deſpues del vzo demaſiado; porque entró el reſpeto a repartirla. Y con eſto degenerò de ſus principios, fundando en la neceſsidad, lo que era merecimiento. Examinavãſe mejor en aquellos tiẽpos, i por lo menos, durava en los cavalleros, el deſſeo de parecerlo, i de conſervar la nobleza, con las obras, con q̃ la adquirieron ſus maiores; i aſsi por acclamaciõ publica de los fronteros, armò, entonces, el Cõde, cavallero a D. Duarte, en campaña, à viſta del enemigo; que cõ muchas algazaras ſolenizava eſte acto, glorioſo para el mancebo; no le cauſando toda eſta gloria, vanidad, ò ſoberbia, como de ordinario ſuccede a los moços: antes oyendo ſus alabanças, con modeſtia, le ſervieron de eſpuela, para merecer otras: procurando no baxar de la primera opinion, que es la fortuna mayor de todas.
(18) Pocos dias deſpues deſte ſucceſſo, caſó el Conde, a D. Beatriz ſu hija maior, con D. Fernando de Noroña, hijo del Conde de Gigon, i Norueña, nieto por ambos padres de los Reyes D. Fernãdo de Portugal, i D. Hẽrique de Caſtilla: i ennoblecieron mucho eſte caſamiento, las virtudes del novio, que no erã deſiguales a ſu calidad. Andan comentarios de ſus hechos, vulgarmente repetidos en lugares màs ſuyos, que eſte; i por eſſo no los referimos. Perô en nueſtra Africa conquiſtada por los Portugueſes (ſiendo Dios ſeruido) tẽdran el lugar, que merecen.
(19) Haſta Septiembre del año ſiguiente de mil quatrocientos i veynte ocho: no hallo màs que correrias ordinarias, en que D. Duarte ſiempre fue el primero. Peró en eſte mes, viſpera de la natividad de nueſtra ſeñora, ſe le offreciò igual gloria, que la paſſada. Tenian los Moros en la ſierra Ximera, un Xeque, por caudillo llamado Cidetalpa, de grãde reputacion, i esfuerço. Eſte trahia penſamiento de ſuceder en la fama a otro mui valiente, por nombre Dabu: el qual havia ſuſtẽtado aquella guerra, deſde la toma de Ceuta, ſiendo frontero, uniuerſalmente reſpetado por toda aquella provincia, i por otros Xeques, i ſeñores della, como defenſor, i amparo de ſus vidas, i haziẽdas. Quedaron con ſu muerte temeroſos de ſu ruina: però Cidetalpa herido màs deſte miedo, con la emulaciõ, ô embidia de ſus hechos, comẽçò ablazonar contra los ſuyos, que a penas lo eſcuchavan, quando determinò de hazer vna entrada luzida, con intento, que ſegun le ſucedieſſe, diſpornia el empeñar ſu credito, en otra guerra, ô dexarla; viendo, que por ſu parte andava tan deſmayada, que como gente attonita, i vagabunda, viviã màs como conquiſtados, que como enemigos. Iuntò un grueſſo exercito de gente eſcogida, i diſpueſta para qualquier peligro. El Conde entretanto diò licẽcia a muchos fronteros, para que ſe vinieſsẽ para el Reyno a ſus pretenſiones, pareciendole juſto procurar el galardon de ſus trabajos; i que no havia ſatisfacion, que no merecieſſe un ſoldado, quando en ſu mano eſtà la paz de la Republica: la qual no ſe alcança, ſi no por la guerra; ni la guerra ſe conſerva, ſino con ſoldados; ni los ſoldados ſe grangean, ſino con premios. Cidetalpa no ignorava el eſtado de Ceuta; i que ſu preſidio no paſſava de ochenta cavallos, i duzientos inffantes. Tẽtò entrarla de noche; i en lo màs ſerrado della, con todo el ſilencio, que pudo, i buena ordenança ſe fue arrimando al muro, con quatrocientos cavallos. La vigilancia del Cõde era la guarnicion más importante, q̃ defendia a Ceuta. El dia antes tenia mandado Alvaro Gil, criado ſuyo, de quien fiava eſte ſecreto (perſona a propoſito) la tierra a dentro del enemigo, a reconocerle, por ſaber la cauſa, porque no corria, havia tantos meſes. Sintió la gente de guerra, que trahia Cidetalpa, con los de la ſierra, i luego las armas; i retiròſe a Ceuta, ya con dificultad. Dieron jũtamente ſeñal las atalayas, de haver Moros en el campo, i ellos deſcubriendoſe con vozes, i gaitas, a ſu modo (que es, el que tienen de pelear) eſcaramuçando a una, i a otra parte de la ciudad, deſafiaron a los Chriſtianos. El Conde, entõces, reparando en la muchedumbre, i que era de noche, procurò templar el impeto de ſus ſoldados; porque incitados de lo que oyan, querian ſalir, màs a caſtigar los Moros, como dezian, que a vencerlos. En eſto, Iuan Perera, Auguſtin de Acuña, cavallero brioſo, i mancebo, con otros tres, pidierõ al Conde licencia, para ſalir a mezclarſe con el contrario, i reconocer la fuerça, que trahia: deſſeavalo el Conde, però la obſcuridad de la noche, le dificultava eſte deſſeo: vino al fin a conſentirlo; mas con precepto de no embiſtir, por no empeñarſe, haſta q̃ llegaſſe la mañana. Son los Portugueſes demaſiadamente eſcrupuloſos en la hõra, i aũ̃q es falta, q̃ ſe origina de ſu nativa deſcõfiança: con todo muchas vezes tiene ſus aſomos de virtud; i fuera cordura, ſi la governara la tẽplãça; mas todas las demaſias son dañoſas, principalmente en los exercitos, donde ſe corre rieſgo, ſiẽpre, los extremos. El q̃ tuvierõ eſtos quatro cavalleros, ſe diſculpa en el menoſprecio, con q̃ tratavan los Moros, venciẽdo millares cada dia; i por eſſo Iuan Perera mal ſofrido, i deſconfiado, propuſo a ſus cõpañeros, q̃ ya que ſalian, hizieſſen una gallardia; que parò en acometer una ala de cavallos, que ſe moſtravan màs inſolentes. El Cõde receloſo deſta temeridad, mandó a Don Duarte, i a D. Fernãdo, de Noroña (̃q en aquella ſazõ, ſe hallò en Ceuta) no les acudieſſen; por̃q ſe ofendiò de ſu inobediẽcia, î desordẽ: i queria con eſte exẽplo advertir a los demàs. Cõ todo, deſpues q̃ viô muerto el uno dellos, que ſe llamava Ruy Mendes, con aquel enojo, dixo al hijo, i al yerno, que ſalieſsen a ſocorrerlos con cavalleria, i algunos infantes. No pudo el enemigo reſiſtirles, porque D. Duarte, peleãdo cuerpo a cuerpo cõ Cidetalpa, le matò por ſu mano: haziẽdo tales proezas, q̃ bastarã a vẽcer fuerças mayores. D. Fernando, con eſta gloria fue ſiguiẽdo al enemigo ya desbaratado; el qual por ſalvarſe, deſordenadamẽte, ſe metiò en la ſierra. Era inpenetrable por aquella parte, para los nueſtros, por̃q no la ſabian; i dificultoſas las entradas: i aſsi les fue facil a muchos, ſalvar las vidas, entre aquellas maleſas. Peligró deſpues la de D. Fernando en eſte alcance; por̃q dexandoſe llevar de ſu animo, ſe entró en el mõte, adõde ſe hallò cercado de una tropa de Moros: inveſtierõle por todas partes, matãdole primero el cavallo; mas el, con la deſeſperacion de vengar la vida, mâs ̃q con la eſperança de ſalvarla; peleò a pie conſtantemente, haſta ̃q D. Duarte ſu cuñado, rompiendo por todos cõ ſingular esfuerço, le hizo lugar; para que tomaſſe otro cavallo; i deſpues, auñq trabajoſamẽte ſe dierõ entre los dos, tan buena maña, que cõ muerte de algunos bolvierõ a poner en huyda, a los q̃ quedavan. Recogiòſe D. Duarte, con doblado triũpho; por̃q el librar ſu cuñado de aquel aprieto, le añadio grãde gloria al vencimiento: i el padre recebiendolo en los braços, le dió con ellos la corona, con que los antiguos premiavan ſemejantes hechos, dignos de imitacion, i alabanças, por la fuerça, con que excita el valor, la honra, q̃ ſe consigue, immediata a las hazañas; premio de maior eſtimacion, que los que en otras ocaſiones repartẽ grandes Principes, por mueſtra de ſu liberalidad, muchas vezes intempeſtiva. Murieron de los enemigos, más de dos mil; i de los nueſtros, ſolo el cavallero referido, a quiẽ Gomez Eanes no dà apellido. Eſta tan gran deſigualdad de muchedũbre de Moros, a los pocos Chriſtianos, q̃ se hallarõ, hizo reputar eſta victoria por milagroſa; i más con lo ̃q los Moros teſtificarõ, q̃ al enveſtir los Portugueſes, apellidando Santiago, vieron, q̃ los ayudava otra gente mui màs blãca, que ellos de otro trage, i ſemblante. Refiero eſta tradiciõ, por̃q la hallo eſcrita en los autores de aquel tiẽpo, como indubitable; para q̃ ſe note quales eran los Portugueſes entõces, q̃ alcançavan eſtos favores del cielo; por el valor, i zelo, con q̃ defendiã ſu cauſa, ſin mirar otros provechos particulares ſuyos, cuya codicia ha reduzido a terminos miſerables, las conquiſtas, que nueſtros aſcendientes començaron, ſolo con la mira del ſervicio de Dios (̃q es el autor de las victorias) i el bien publico de ſu patria, i ſu Rey, contentandoſe con la buena fama; quiçà oy no tan eſtimada, como ſeria razon: i es la cauſa, de donde ſe originan las perdidas, i caſtigos, que encadenados unos en otros, amenazan cierta ruyna: deviendoſe temer, ſi con los exemplos paſſados, no bolvemos a renovar las virtudes, que dieron a Portugal reputacion, i imperio. Pareciome admirable la confiança de un caſo, que en eſta ocaſion ſucedió a un cavallero, deudo del Conde, por nombre Alonſo de Acuña. Iva en pos un Moro, q̃ le huya, i al darle un golpe, haziendole amagos del con la eſpada, le reſvalò de la mano, i le cahiô en el ſuelo; peró gritando al Moro, que la levantaſse, i ſe la dieſſe; fue tanto el miedo, que llevava, q̃ bolviô humilde, a obedecerle: Alonſo de Acuña, entonces, compadecido de ſu flaqueza le dexó eſcapar livremente, de q̃ fue muy alabado: i con razon, porque el ſaber perdonar los enemigos, tiene tanto de valor, como el ſaber vencerlos.
(20) Quedaron los Moros tan quebrantados deſte ſuceſſo, que en los dos años ſiguiẽtes, de veynte i nueve, i treynta, no oſaron a ſalir de las ſierras. Però D. Duarte aborreciẽdo el ocio, que afemina a los hombres màs esforçados, i ſuele ſer un daño oculto, q̃ poco a poco và debilitando la virtud, haſta derribarla, no ceſſava de moleſtarlos. Y a los diez i nueve de Março, deſte año ultimo, entrô con ſetenta cavallos, i ſeſenta de apie, en lo màs aſpero de la ſierra de Mexeqiſe, i arrazò dos poblaciones grandes, que eran Alfayates, i Colleate, talando muchas cazerias, i aduares, donde hallò grueſſo deſpojo; porque los tomò tan repentinamente, q̃ a penas les diò lugar, màs, q̃ para tener miedo. Eſtâ eſta ſierra, ſegun la ſitua Gomez Eanes, ſiete leguas de Ceuta. Entiẽdo yo, q̃ es la de Benihuet Filoth, q̃ algunos llaman Benigued Elfethot, por eſtar frõtera a Ceuta, i a Tanjar, pueſta en el rio de las entradas; i por eſſo le dan eſte nombre, junto a la ciudad de Tetuan. Es pequeña, aunque de muchas fuerças; porque la habitavan los hombres más valientes, i belicoſos, que tenia Berberia en ſus fronteras. Fuerõ un tiẽpo vaſſallos del ſeñor de Tetuã, i tan moleſtados de los Chriſtianos de Ceuta; que ſe puede dezir, que ſe ſuſtentavan de ſus ſementeras, i coſechas. Y por eſta conſideracion, los Reyes de Fez los tomaron a ſu devocion, librãdolos de tributos, i favoreciẽdolos ſummamente, por la neceſsidad, que tenia dellos; que es quando los ſubditos ſon màs libres. Eſta fue la vez primera, que los nueſtros ſubieron a aquella ſierra, i conocieron ſus moradores. Con eſte principio nada ſe ocultava, i defendia al valor de D. Duarte, de quien començavan a experimentar los golpes, de que haſta entonces no tenian otra noticia, màs que la fama, que en eſte caſo ſolamente, hazia las coſas menores. Grangeô en eſta jornada tanto, que diò confiança al Cõde, para executar el deſſeo, q̃ trahia de paſſar a Portugal, a componer negocios forçoſos, de la ſuceſsion de ſu caſa. Determinoſe tratar dello, perſuadido, no haria falta ſu preſencia, dõde aſsiſtia ſu hijo; por̃q ya todas las coſas de aquel govierno, ſe hazian por ſu conſejo, i autoridad; aunque la gloria de los buenos ſuceſſos, ſolo ſe attribuya al Conde.
(21) Pidió licencia al Rey: llegòle en Abril deſte año de treynta. Y aunque reſuelto dexar a D. Duarte encargado de aquella plaça, ſabiendo ſer mui capaz, i baſtante para ello, con todo, como prudente, tomò antes los votos, i el parecer de los cavalleros, i ſoldados, que le aſsiſtian; para que aprovada una vez eſta reſolucion, deſpues no la murmuraſſen, diziendo, que ſe governava por aficiõ de padre; que ſiempre haze maiores las acciones de los hijos. Aprovaronla todos conformemente, no teniendo D. Duarte diez i ſeys años; edad mui poca, para tan grande elecciõ. Y por màs que ſus merecimiẽtos la calificavan, ſiempre fuera culpable al Conde, ſi faltaran de junto a ſu perſona, algunos, que ayudarã a ſu juentud. Eſta dificultad emendò el Conde, con la perſona de Ruy Gomez de Sylva, ſu yerno, Alcaide de las fortalezas de campo maior, i ouguela; el qual ſiendo ſu frõtero, deſde la toma de Ceuta; en la opinion, i valor, tenia de los primeros lugares della; añadiendo a eſto grande experiencia, i conocimiento de los ardides, i cautelas de los Moros, con que ſe ſingularizava entre todos. Encomendòle entonces más particularmente, la aſsiſtencia, i conſejo del cuñado: i a el, llamandolo a ſu apoſento, i travandole de la mano, con mucho amor, dixo.