Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 15
_Abrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe hallò en el._
Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i la proſperidad de ſu opinion.
(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca tuvieron cumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas, que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D. Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a ̃q ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes, i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica, però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.
(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia; peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi es con temeridad, como por ſer cobardes.
(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media, por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto, i paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes, porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia juzgar de ambos, qual deſacertava màs.
(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto, que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante, ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe remetiã.
(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos; maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe, cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean neceſſarios nuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a Portugal con la maior parte de la armada.
(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le herian màs por̃q tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava, que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion, que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes, Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como para ſer conocidos dellos.
(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales, por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder, anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan, embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros, que los descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente, valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe. Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas, mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.
(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever, i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra, i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.
_Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo, que ſiempre tuve de ſerviros._
Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias; i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo, a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor, aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria de vencerle, ſe adelantavan a los otros, por herirle, le mataron el cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el, el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.
(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes, que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite, que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.
(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil quatrocẽtos ſeſsẽta i quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo; cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad, que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto; de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable, que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.
(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas) que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado, quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones, i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.
(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo, caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues algunos años, auñq ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, ̃q ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde le puſieron en honorifica ſepultura.
(70) Dexò el Conde muchos deſcendientes de iguales merecimientos, porque fue caſado dos veſes: la primera con Doña Iſabel de Melo, de que tuvo una hija ſola, por nõbre Doña Maria, que casò con D. Iuan de Caſtro hijo heredero del Conde de Monſanto.
De D. Iſabel de Caſtro ſu ſegunda muger hija de la miſma caſa de Monſanto, uvo D. Henrique, que le ſucedió, el qual deſpues de hallarſe con el padre en las ocaſiones más peligroſas, q̃ tuvo con Moros; aſsiſtiô con el Rey D. Alfonſo en la toma de Arſila, donde quedô por general con la retencion de Alcaçar: juntamente acompañò a ſu Rey en las guerras de Caſtilla; i ſaliendo mal herido de la batalla de Toro, diò motivo para que el Rey le dieſſe la ſucceſsion de las dos plaças, que tenia para un hijo: però vino a morir ſin ellos, tambien a manos de los Moros, como el padre, en la ſierra de Ferrobo, aviendo ſido caſado con hija del ſegundo Duque de Bergança Don Fernando.
(71) Llamôſe el hijo ſegundo Don Garcia de Meneſes, i fue clerigo, por ſus letras, i talento Obiſpo de Evora, i de la Guardia juntamente: beneficios entonces compatibles, aũque deſpues prohibidos, por el Concilio de Trento: mezclò eſte Prelado entre ſu mucha erudicion, algunas acciones de ſoldado, porque ſe preciò de ſerlo, i moſtrò tanto valor en occaſiones, q̃ no deſdixo de la imitaciõ del Padre, no ſolo en las guerras, q̃ tuvo Portugal con Caſtilla, però tambien en Italia, donde paſsó con una grueſſa armada, que el Rey D. Alfonſo embió al Papa Sixto quarto, contra Turcos; entonces hizo una oracion en el conſiſtorio capaz de igualarſe con las de Tulio, i Demoſthenes; mas todos eſtos progreſſos deſdorò el fin, que vino a tener, i le acaeciò, eſtando en el Caſtillo de Palmela, cõ vehemẽtes ſoſpechas de veneno, por una cõſpiracion, de que fue arguido contra el Rey D. Iuan el ſegundo.
(72) Deſta deſgracia participò D. Fernando ſu hermano tercero (que llamaron Narizes) porque las perdiô en un recuentro de Africa: i ni eſte ſervicio, ni otros infinitos, que hizo a la corona Portugueſa, fueron parte para evitar la muerte, que le diò el miſmo Rey D. Iuan por la miſma culpa, que al hermano Obiſpo. Dexo muchos deſcendientes, que oy duran noblemente.
(73) D. Iuan de Meneſes hijo quarto del Conde de Viana fue, aunque el ultimo de ſus hermanos, el primero en las virtudes, tomãdo eſta herencia del padre, i la fortuna de los tiempos, en que los Principes premiavan merecimientos, conociendo, que los benemeritos eran acreedores de ſu grandeza. Alcançò a quatro, como fueron los Reyes Don Alfonſo, de que avemos hablado, D. Iuan el ſegundo, D. Manuel, i D. Iuan el tercero, en cuyo reinado muriò: ſiendo ordinario aborrecer, ó mudar el Principe, lo que ſu anteceſſor dexa aprovado; con todo las partes de D. Iuan de Meneſes eran tantas, que obligò a todos a ſervirſe de ſu talento, i valor en los maiores pueſtos, i oficios deſta Corona, en la paz, i en la guerra. En la de Africa fue general de Tanjar, i Arzila: i en Portugal, de las armadas del mar Occeano, i en la que el Rey Don Manuel mandô a Italia en ſocorro del Veneſiano; bolviendo deſta empreſa le hizo ſu maiordomo maior, aviendolo ſido antes del Rey D. Iuan el ſegundo Ayo, i governador del Principe D. Alfonſo ſu hijo: deſpues le dieron el Priorato del Crato del habito de S. Iuan, i el titulo de Conde de Tarouca, i el de Alferez maior con otras muchas rentas del eſtado.
(74) Sin eſtos hijos tuvo D. Duarte otro baſtardo, que llamaron D. Pedro, avido en ſu mocedad, el qual encubriô eſta falta con ſus virtudes, no ſiendo deſigual en ellas a los legitimos.
(75) Al Conde Prior ſucediò D. Duarte de Meneſes ſu hijo maior; i en el oficio de Alferes maior D. Luis de Meneſes, que era el tercero, en cuya poſteridad ſe conſerva. A D. Duarte de Meneſes diò el Rey D. Manuel el generalato de Tanjar en propriedad para el, i ſus herederos: i deſpues yendo por Virrey a la India, durò en aquel govierno algunos años, añadiẽdoſele (como notó Iuan de Barros) por ſu gran calidad, i lugar, ſalario al ordinario, que llevaron los otros governadores, que le precedieron. Llamòſe ſu hijo maior D. Iuan, i fue general de Tanjar, i embaxador de Roma del Rey D. Iuan el tercero.
(76) Su nieto ſiendo del miſmo nombre luziò en los proprios cargos tanto, que la glorioſa memoria de nueſtro Rey D. Phelipe el ſegundo, hizo del grande eſtima, i aviendole encargado muchas armadas, i el govierno del Reyno del Algarve, lo embiò tambien a la India con grandes poderes. Diego de Couto en la ultima Decada, que anda de mano, latamente diſcurre ſobre ſus virtudes, q̃ fueron muchas, i mui dignas de perpetuas alabãças, i no es la menor, no ſolo ninguna codicia, mas tanta pureza, i deſinteres, que ſalio pobre, i mui endeudado de aquel govierno; coſa ſucedida pocas vezes, i aſsi como rara, màs eſtimable, i que ſe deve deſsear la imiten los que ocupan pueſtos tan grandes, donde ſe apuran los animos màs deſentereſados, i ſe examinan los zeloſos del bien publico.
(77) Su hijo primero D. Luis, fue quarto Cõde de Tarouca a imitacion de ſus maiores; governando a Tanjar, dexô por ſuceſſor a Don Duarte, que es el que vive, i por eſſo no hablo aora de ſus coſas, tales, que en cierta manera aſſeguran grandes eſperanças, i efectos, por ſu modeſtia exceſsiva a ſus pocos años, deſtreza en exercicios de cavallero, mucha curioſidad, i eſtudio a lenguas, i libros: medios mui neceſsarios, i ayudadores a diſponer un ſeñor a ſaberlo ſer, i conſeguirlo aventajadamente, cumpliendo bien, con ſu honra (ò digno de alabanças el que lo alcançare, i màs en unos, que en otros tiempos) i obligar a ſu Rey a nuevas mercades, i augmentos ademàs de los que ſe deven a ſu caſa, en cuyo fundador halló la Religion defenſa; los Reyes, amor, i verdad, con muchos, i ſuperiores ſervicios; la patria reputacion; i ſu poſteridad gloria.
FINIS.
ERRATAS.
PAg. 4. lin. 11. borreſe coſas. Pag. 5. verſ. lin. 25. ſi, diga ſe. pag. 7. verſ. lin. 6. para Portugal, diga, a Portugal. pag. 11. lin. 15. Filh. diga Fileh. Pag. 12. verſ. lin. 15. Esliſa diga Eſsiliſa. pag. 27. lin. 1. del Rey, diga, de Rey. Pag. 27. lin. 18. nieto diga nieta. ibi lin. 19. yerno diga, hermano. pag. 29. lin. 1. verſ. esforçandole, diga, esforçandoſe. pag. 56. lin. 12. coranaciõ, diga coronacion. pag. 59. lin. 13. arraiga, diga, arrieſga, pag. 68 lin. 20. pues diga, porque. pag. 76. lin. 23. del diga, de. ibi ver. lin. 15. para, diga, a ſus lugares. pag. 88. verſ. lin. 12. quitar, diga, quietar. pag. 96. lin. 16. añadir ã, borreſe ã. pag. 100. ver. lin. 22. Tarifa, diga, Gibaltar. pag. 105. lin. 18. deſte, diga, deſta. pag. 107. verſ. lin. 6. que, diga, pues. ibi verſ. lin. 7. pues, diga, que. pag. 115. lin. 18. caciques, diga cacices. ibi verſ. lin. 1. lo miſmo. pag. 129. lin. 10. cinquenta, diga, ſeſenta. pag. 130. verſ. lin. 18. eſtuvo, diga, paſsò. pag. 131. verſ. lin. 8. aſsegurarſe, diga, aſsegurar. idem lin. 9. aviſando, diga, acuſando. pag. 133. lin. 18. alberoto, diga, alboroto. pag. 132. ver. lin. 4. condenó, diga, condeno. pag. 135. verſ. lin. 1. partido, diga, partidos. pag. 136. verſ. lin. 7. bolvió los, diga bolviò a los. pag. 141. lin. 13. mais, diga mas. Pag. 144. lin. 7. monto, diga monte. ibi. verſ. lin. 4. 73. diga 63. pag. 148. lin. 9. fueron, diga, fueſsen. ibi. lin. 148. lin. 5. verſ. Outubre ſiguiente, borreſe ſiguiente. pag. 149. verſ. lin. 1. borreſe, ſe. Idem lin. 18. a Tanjar, diga de Tanjar. pag. 155. lin. 18. llano, diga fuerte. pag. 157. lin. 15. ceſo, diga, ſeſo. pag. 157. lin. 7. Henero añadaſe del año de 64. pag. 16. verſ. lin. 12. ſeñales, diga ſeñal. pag. 50. lin. 17. da, diga, de. pag. 57. lin. 22. ſe, diga, le. pag. 72. verſ. lin. 13. tenia otras, diga, en otras. pag. 141. lin. 20. los, diga algunos.