Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo

Part 14

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(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, por̃q cõ la buelta de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe ̃q el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal introduzirſe en la materia, por̃q ſu calidad, valor, i prudẽcia erã fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſe havia de hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey, grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu corona.

(38) Sabia el de Viana todas eſtas diligencias, aunque las callava prudentemente; por̃q deſcubriô embidia en el Conde de Villa Real; ambicion en el Infante D. Hernãdo; i brios en el Rey; i como no ſe hallava con fuerças capazes de luchar cõ tales emulos, remetia al ſufrimiẽto, i diſsimulaciõ eſte agravio, aũ̃q eſperava del, mayor gloria, por̃q las prevenciones no ſe ajuſtavan a la neceſsidad, creciendo muchos inconvenientes con la dilacion, de ſuerte, q̃ pudo juzgar aliſonja de fortuna lo que muchos imaginaron que fuera ofenſa.

(39) En eſte verano fueron muy continuas las eſcaramuças, que el Conde tubo con los Moros, porque el Alcayde de Tanjar con la fuerça que todos los que de nuevo goviernã tienen en ſus principios, procurava emendar la fortuna de Xarate, deſeãdo avẽtajarſe, a los que haſta alli haviã peleado cõ el Cõde: mas deſengañoſe brevemẽte; por̃q deſpues de haver corrido varias vezes a Alcaçar ſiẽpre con perdida, ſabiendo un dia por ſus eſpias, q̃ el Conde havia pueſto por tierra muchas aldeas del Farrobo, i Benavolẽſe, i ſe retirava cõ grã preza, le ſaliò al encuentro con quatrociẽtos i ſeſſenta cavallos, i mil peones. Trahia el Conde repartida ſu gente en tropas, que era menos la mitad, que el enemigo; i mandando adelantar la preza con la ſuya enviſtio al Alcayde, antes que el Moro ſe pudieſſe determinar en lo q̃ havia de hazer. Eſte repẽte deſcõpuſo al enemigo de manera q̃ cõ poca reſiſtẽcia ſe puſo en huyda, i el Cõde cõtẽtãdoſe cõ vẽcerlos, le hizo puẽte de plata, como dizẽ.

(40) A los diez de Iulio ſe jũtarõ los Xeques, de las ſierras de Anjara, Farrobo, i Benabolẽſe, i perſuadidos de uno màs venerable en canas, i conſejo llevados del miedo, i fama invencible del Conde ſe reduxeron a ſu obediencia. Eſta accion contradixeron muchos fronteros Portuguezes, pareciendoles quitaria la paz, la ganancia que hallavan en la guerra; mas el Conde anteponiendo el bien publico al particular, ſe la otorgò debaxo deſtas capitulaciones.

_Serian tributarios del Rey de Portugal, dando por eſte reconocimiento dos doblas de oro cada padre de familias; biudas una; niños, i donzellas nada._

_Eſtarian a la obediencia de los generales de Alcaçar el ceguer ſeguro de los Chriſtianos, i amparados de ſus capitanes._

_No darian favor, ô conſejo a los Moros contrarios; i ſabiendo de ſus ardides, entradas, ô deſinios los revelarian luego al Conde ſin ocultar coſa, q̃ fueſſe en daño de los Portugueſes._

_Darian paſſo libre por ſus tierras ſin alterarſe ni hazer otro movimiento; mantenimientos, i hoſpedaje a buen precio, i todo el trato de amigos._

_Podrian libremente los Moros ſembrar i coger ſus coſechas, vender ſus fructos en Alcaçar, i por todas tierras de Christianos, no paßando de treinta los que fueren juntos a eſtas ferias._

_Siendo neceßario acudirian con armas, perſonas a Alcaçar, ſerviendo cõ fidelidad, diligencia, i cuidado._

_Eſto miſmo ſe havia de guardar puntualmente con los generales, i fronteros de Ceuta._

(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio abſoluto, i tiranico, con q̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos; ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.

(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año, de que ſacô mucho ganado. I por̃q ſe hallava falto de vituallas, i Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer compañeros deſte error; por̃q queriã màs aventurarſe, i perderſe con el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.

(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion, i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ, reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, ̃q como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; por̃q era eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.

(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo ̃q los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõde ſe diô ocaſion de nueua affrenta, por̃q en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos hombres.

(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar, ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con ̃q governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos, arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ, i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun a Principes advertidos.

(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey, i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores, quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.

(47) Auñq el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i por no acabar de deſabrir al Conde de Viana de todo punto, porque en aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia: peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno, pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, auñq es ordinaria traça ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.

(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de ̃q el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que el de Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras, i ſeñorios.

(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro, ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia, deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo. Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos; ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.

(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde, i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.

(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo por liſonjearle, mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles (cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.

_Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo, i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios, i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio, lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones: concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio, que ſabe guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos, por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos. Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo mucho._

A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.

_Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno: ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertencia del enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria, que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia? Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero. Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que fue de otro oprobrio, i ſepultura._

(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto, que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.

Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias, con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla. Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide, tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol, i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i que ſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor, i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.

(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia, embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el, que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados, quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia, por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo, porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del de Odomira, no ceſſavan un punto de perſeguirle, procuravan otros deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.

(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres, que approvaſſen tales deſaciertos.

(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira, huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento; i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (̃q era noche de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan, notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna, en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz) dixo.

_Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?_

Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.

(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſa a herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes; i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados, fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a Alcaçar.

(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo, a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida. Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabras