Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 13
(10) _No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre. Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo ̃q pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer cõdenado a muerte, por̃q peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũ̃q ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra Francezes, llegô a matar ſu hijo, por̃q paßò ſus mandatos: quiẽ no los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto, pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos q̃ ſalieron vencedores cõ ſolo ella en partido muy deſiguales. Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço; o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos. Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos: porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu obligacion._
Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo, i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida, que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos, moſtrando que ſi los dava era màs con deſeo de emienda, que no de vengança.
(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria, bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento, haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion) que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente, i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente, entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.
(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente, ̃q victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro, en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada, porque tardò tã poco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe deſampararla.
(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos ̃q deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.
(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos; i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le ſervia de fiel teſtigo; i por̃q el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.
(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia; però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento, dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino, cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.
(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas demonſtraciones mudandoſe, entõces a Santaren le diò el titulo de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la corona Portugueſa le devia.
(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones, i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõ̃q empobrecia el Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa: para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.
(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa, i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria. Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando, el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno al inſigne, i real Monaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.
(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable, aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.
(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente, tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.
(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.
(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones, portandoſe con gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe, ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo; en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo, comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando, ̃q era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte. Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real deſte Reyno.
(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre, i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada, perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian, ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a ellos, i los desbarato, degollãdole los principales, i màs valientes Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.
(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara, porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, ̃q lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno, haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.
(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero, que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.
(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto de ſu appetito como del brio del Infante Don Fernando ſu hermano; fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon, que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava Tanjar.
(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes, que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos. Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, por̃q tuvo a temeridad eſte hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos, i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò; el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona ̃q no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio. Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado, que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ, pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpues de ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio, i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.
(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en ̃q ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia, detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea, por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada, que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman, primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne, i de excelentes virtudes.
(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana, (tanto fiavan della). El Duque obligo corteſmente al Conde a que ſe encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò paſſo ſeguro a Tanjar.
(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro, por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres, prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza entera.
(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion, porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.
(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado, i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a unos, que con el ſufrimiento a los otros.
(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate, ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida, muerte, i milagros un volume pequeño, grande en la materia. Tendre diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.
(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i fortuna; por̃q Xarate auñq era muy valiẽte, fue depueſto del cargo por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo; ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los ̃q tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas, auñq tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, por̃q deſta ſuerte ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i aventajadamente.