Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Part 12
(50) Por eſte tiempo entrò Don Fernando, Marques de Villa Vicioſa en Alcaçar, con lucido acompañamiento de criados, i cavalleros, llevando tres hijos conſigo mancebos, que en aquella edad davan mueſtras de raro esfuerço. Obligole la fama de Don Duarte a buſcar el credito de ſer ſu ſoldado, i erale tan affecto, que no he podido deſcubrir otra cauſa que lo lleuaſſe a aquella frontera, màs q̃ eſte deſeo. Durò en ella pocos meſes, porque el Rey lo llamò con prieſſa, mas en ellos moſtrò ſu valor, i brio, procurando ſer el primero que procurava verſe con el enemigo. Don Duarte llevado de ſu correſpondencia, i amiſtad, quizo eſtar a ſu orden, el tiempo que gaſtò en Alcaçar entregandole el baſton, mas el rehuzando, no ſolo el cargo, però acudiendo con otras palabras de mayor cortezia, le acõpañô ſiẽpre como ſoldado particular en muchas entradas que hizo conſiderables. Las que merecen ſingular memoria, i aun mayor eſtimacion fue vna que ſuccediô a quinze de Henero, en que ſe quemaron quatro aldeas pueſtas ſobre el rio Guadeleon, de màs de duzientas caſas ricas; i luego en veinte del miſmo mez ſe hizieron ſeñores de la villa de Benambros, cabeça de la ſierra de la Maſmuda: glorioſo con eſtas, i otras victorias ſe bolviò el Marquez a Portugal con ſus hijos, dexando en Alcaçar gran copia de baſtimẽtos, i armas a contemplacion de Don Duarte, a quien confeſſava por uno de los famoſos Capitanes que avia, i muy digno de ſer comparado a los mayores antigos.
(51) Llevô encargado el Marquez ſolicitar al Rey D. Alonſo ayudaſſe con mayor pũtualidad la fortificacion de aquella plaça; pues entonces neceſsitava de gran cuidado por las amenazas, q̃ decontino hazia el de Fez de bolver ſobre ella: para aſſegurarla del ſegundo ſitio, nada le era tan conveniente como guardar la marina, de ſuerte que quedaſſe libre para entrar ſocorro a la ciudad. Conſideroſe el modo, i aſſentoſe, que ſe hizieſſe una cortina muy fuerte, (Gomes Eanes la llama Couraça) deſde la playa haſta dentro en la muralla. Facil es determinar ſe haga alguna coſa conveniente, però muy difficil dar la forma, i traça, ſea de la manera, que más convenga; lo uno conſiſte ſolo en buena voluntad, i deſeo, però lo otro requiere ſezo, i pratica; i aſsi en los conſejeros es neceſſario buena intencion, i mucha experiencia de las materias que tratan para acertarſe.
(52) Mientras ſe preparava la obra, i los materiales ſe embiavan del Reyno; apparecierõ por algunos dias muchos Moros en tropas muy cerca de Alcaçar en ſon de eſcaramuça. Don Duarte que no ſufria ſemejantes atrevimientos, quiſo caſtigarlos: i a veinte i dos del mez ſeguiente ſaliò con quarenta i cinco de acavallo a limpiar la tierra deſtos embaraços, encargando a Rodrigo Vaz Alcaforado, criado que avia ſido de ſu padre, hidalgo de grande experiencia, i valor la guarda de la ciudad; i corriendo Don Duarte haſta Benãbros una legua larga al enemigo, ſin hallar reſiſtencia, i viendo que anocheſia, tratò de dar buelta a Alcaçar: mas los compañeros deſeoſos de algun recuentro, le hizieron grandes inſtancias, i a ſu perſuacion fueron de cerro en cerro, haſta q̃ deſcubrieron una Aldea de cien caſas, riberas del Cañete, i algunos Moros eſparſidos por aquel cãpo; con eſte alvoroço mandò D. Duarte a Iuan Peſtaña, i Hernando Cabral con tres mangas de arcabuzeros q̃ fueſſen a quemarla, i Alfonſo Telles con haſta veinte cavallos cõtra los Moros. Paſsò Iuan Peſtaña el Rio trabajoſamente, por̃q venia grande por ſer invierno, i halló impedido el puerto de una pared hecha a propoſito por los Moros para aquel efecto; gritò a D. Duarte q̃ la deshizieſſe entretanto que iva a obedecelle. Alfõſo Telles hallando ganado, en lugar de Moros començò a recogerſe con eſta preza. Los Moros de la ſierra, que ya tenian noticia de lo que paſſava, llamandoſe unos a otros, tomando por caudillo a un Xeque muy valiente ſe aceleraron de manera a tomar el paſſo del Rio, q̃ ya quando dio buelta Iuan Peſtaña, i Alonſo Telles ſe hallarõ atajados. Acudió D. Duarte, i el Moro, q̃ le viô nõbrãdole a vozes le hizo una gran cortezia, diziendo q̃ en aquel dia ſe veria qual era màs valiente; reſpondiôle Don Duarte cõ ſemblante riſueño, i cortez, ſe alegrava de verlo tã brioſo, por̃q le daria mayor gloria aquel vẽcimiento. Con todo D. Duarte recogiẽdo entre ſi la preza, procurò hazer eſpaldas a los ſuyos, haſta que paſſaron quaſi a nado el Rio, i luego tomò un camino q̃ le quedava màs eſtrecho por tener los lados amparados con la eſpeſura del mõte, por̃q el numero de los Moros paſſava de mil i quinientos, i temia q̃ le rodeaſſen ſu gẽte, q̃ era tã poca q̃ no llegava por toda a ciẽ hombres. Los Moros ſin oſar a cometerlos lo ivan ſiguiẽdo, i por poco perdiera la vida D. Duarte, por̃q como venia el ultimo de todos eſcapò milagroſamẽte a dos lãças cõ q̃ le hizierõ tiro, aũ̃q de la una quedó laſtimado, però no herido.
(53) Cõ eſto los Moros cobrãdo ſobervia de nueſtra retirada, comẽçarõ a acercarſe, i llamar a los nueſtros, Ahudes (en àrabigo ſuena Iudios) colerico D. Duarte deſta licẽcia, diò ſeñal para acometer; i bolvió ſobre ellos cõ tal impetu, q̃ a los primeros golpes mató por ſu mano al Xeque principal; i embuelto entre los demás ciego, i furioſo con la reſiſtencia cayò con el cavallo en un barranco; trabajaron por levantarle Iuan Peſtaña, Rodrigo Paez, i Alvaro de Faria; i fuera cierto el peligro; ſi Don Duarte con menos animo del que acoſtumbrava tener en los mayores no bolviera con nuevos brios, i los acabara de vencer con valeroſa determinacion.
(54) Succediò que algunos Infantes Portugueſes viendo la cayda de Don Duarte, i dãdole ya por muerto, con eſte miedo, i poca conſtancia huieron a Alcaçar, publicando la nueva luego; mas Rodrigo Vaz Alcaforado mãdãdo al inſtãte cerrar las puertas de la ciudad, ſe previno para la defenſa: llegó entretanto Don Duarte con màs de tres horas de noche, i queriendo entrar, rehuzò Ruy Vaz abrirle la puerta haſta enteràrſe del ſucceſſo. Eſta accion tan acertada, i digna de grandes alabanças encarecio D. Duarte grandemente, no ceſſando dar las gracias a aquel hidalgo de lo bien que havia procedido, porque en ninguna ocaſion dexava eſte famoſo Capitan de alabar a ſus ſoldados las determinaciones lucidas que hazian, con que diſsimuladamente vituperava las otras, en q̃ cada uno procurava abſtenerſe, mas por el reſpecto que tenian a Don Duarte muchas vezes, que por ſu credito dellos. Refiere Gomes Eanes, que en eſta eſcaramuſa murio Gonçalo Peres Malafaya, ſingular cavallero de virtudes, i de valor, i fue de los primeros fronteros calificados que en Africa mataron los Moros.
(55) Ya en toda ella ſonavan las prevenciones que hazia el Rey de Fez para bolver ſobre Alcaçar, i Don Duarte con eſte recelo apreſurava quanto podia dar principio a la Cortina; començôla un Lunes de la ſemana ſancta, que ſe contavan veinte i dos de Março; i ſiendo el primero que llevava los materiales, pudo tanto eſte exemplo que en primero de Iunio del miſmo año en ſetenta i un dias ſe concluyo no quedando cavallero que no trabajaſſe igualmente que los officiales.
(56) Tuvo el Alcayde de Tanjar noticia deſta obra, i para impedirla, jũtò mil i quinientos cauallos, i muchos Infantes; Don Duarte porque conocia el provecho que reſultava della mientras ſe hazia por moleſtar al enemigo, i quitalle la oſadia deſte penſamiento lo iva a buſcar de dia, i de noche; ſuccediò a eſta ſazon, que haviendo aplazado una entrada, communicandola a ſus fronteros; dos centinelas que eſtavan de poſta en el muro aſſegurados con el ſilencio de la noche, ſe deſcubrieron uno a otro la reſolucion de D. Duarte, contando muy por extenſo el modo que ſe havia de guardar en ella. Oyolos un Moro Almograve (aſsi llaman las eſpias) el qual ſabiendo muy bien la lengua Portugueſa con el deſeo de aprovechar a los ſuyos ſe venia a echar las màs noches al pie del muro, entendiendo lo que paſſava, ſe fue a Tãjar a dar el aviſo, a tiempo que el Alcaide ſalia con la gente que tengo referido. Pareciòle al Moro con aquella facilidad con que ſe creen las coſas favorables, mas que las adverſas; que de aquella vez no podia eſcaparſe Don Duarte de muerto ò cautivo, i que la ciudad quedava quaſi a ſu arbitrio, i con mucha alegria marchó con ſu gente la buelta de Anexames, i alli tuvo conſejo de emboſcarſe i dexar entrar a Don Duarte la ſierra dentro con que era fuerça desbaratarlo. Eſte parecer no pudo ſer tan oculto por el alvoroço que tenian los Moros entre ſi, cõ la certeza de la victoria; que no llegaſſe a oydos de un eſclavo Chriſtiano q̃ eſtava en aquel lugar; i cõſiderando el peligro de los nueſtros, determinò remediarlo, auñq fueſſe aventurando la vida. Tenia un Moro llamado Aſmede por amigo particular: llamòlo a ſolas: diole cuẽta del ſucceſſo, aſſegurandole muchos intereſſes, q̃ podria ſacar ſi lo fueſſe a dezir a Don Duarte. Es la fé de los Moros muy vendible, i no tiene otra ley que la ganancia.
(57) Partioſe con eſta eſperança Aſmede a Alcaçar, i llegó a punto que Don Duarte eſtava ya para ſalir; dudô de la infalibilidad del aviſo, aunque el Moro lo juſtificô de manera, que vino a darle credito, deſpues que conociol el engaño aſſegurado por los deſcubridores: porque ſaliendo a reconocer las emboſcadas, el enemigo enfadado de la tardança, imaginando lo que paſſava, i que eſtavan deſcubiertos, los fue ſiguiendo, i Don Duarte ſaliol a vengarlos, con ciento i veinte cavallos. Los Moros entonces los encontraron con quatrocientos, i travando una porfiada eſcaramuça en la mayor fuerça della, conociendoſe poca mejoria en los dos campos començaron los Moros a huir, i Dõ Duarte metiendoſe con el miedo que moſtravan, a ſeguirlos, reparò en que temor tan intempeſtivo moſtrava algun ardid, i con eſto no conſentiô a los ſuyos que ſiguieſſen el alcance, aunque tambien naciò eſte recato de haverſele rompido el freno del cavallo, i detenerſe en adereçarlo.
(58) Fue milagroſo el ſucceſſo porque los Moros ayudados ya de todo ſu poder cõ los de la ſegunda emboſcada, bolvieron a cargar en los nueſtros con tal furia, que a ſer màs lexos de la fortaleza corrieron mucho rieſgo; mas Dõ Duarte por atajarlos deſpues de haver hecho mucho daño al enemigo, ſe amparò de la artilleria, retirandoſe haſta ponerſe debaxo del muro. Tuvo eſta jornada aſſas de felicidad, porque hallò remedio en la verdad de un Moro, que por naturaleza, i religion, no profeſſan màs que mentir: moſtròle Don Duarte grande agradecimiento a Aſmede, i con ſingulares beneficios le honrò deſpues, i ſe ſiruio de ſu aſtucia para ſus emprezas, porque ſabida ſu traycion por los Moros ſe vino a Alcaçar con el miedo del caſtigo, i durô muchos años en el ſeruicio de nueſtros Principes de quienes recibiò mercedes, i priuilegios.
ARGVMENTO DEL LIBRO QVINTO.
_SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D. Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion. Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò infelizmẽte. Enpreſa_ _de Tanjar executada contra el voto de Don Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro._
VIDA DE DON DVARTE DE MENESES TERCERO CONDE de Viana.
LIBRO QVINTO.
ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes, mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve, appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.
(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo; Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel aprieto una muger quando la experiencia, i la razon moſtravan ſer cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.
(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.
(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como acoſtũbrava. Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto, que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo muerto, i lo hecharon a los perros.
(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion, que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue ſingular.
(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo, mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo, viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i experiencia.
(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora, como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça, que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones por todas las partes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente, ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes ̃q reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los mancebos.
(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años, i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa, i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia, violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que deſeavan, a titulo de recogerlos.
(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtencia de ſus golpes appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para ̃q deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta manera.