Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo

Part 10

Chapter 104,014 wordsPublic domain

(15) Sobre todo amava grandemente a la verdad; i eran ſus palabras tan infalibles, que llegô a ſer la ultima confiança de los Moros, ſiendo ellos el miſmo engaño. Mas tiene la virtud el poder de hazerſe eſtimar de los que màs la aborrecen. Por eſto no ſufria, q̃ ſe trataſse, ni por eſtratagema, cõ nadie doblemẽte; dezia, q̃ la mentira nunca fue provechoſa, i la verdad era màs neceſsaria con los enemigos, que con los amigos. Fiados en ſu palabra ſolamente, i ſin otros rehenes deſempararõ los Moros a Tarifa en la toma de aquella ciudad, confeſſando, que no querian otra ſeguridad, que la promeſſa de D. Duarte.

(16) Concluyo con notar tres coſas, que por excelencia luzieron en eſte cavallero. Fue mui zeloſo del bien publico, i del ſervicio de ſu Rey; cuidadoſo del provecho de los particulares; i olvidado de ſu conveniencia; porque nunca tuvo oficio, en que no ſalieſſe màs pobre, de lo que auia entrado; ni pidiò coſa, q̃ no fueſſe en orden a ſus ſoldados; tan dexado de los aumentos proprios, q̃ ſolo tuvo de rico, el no haver ſido codicioſo; riqueza por cierto de gran eſtima, i valor; aunque eſta parte, como era en tiempos de un buen Rey, ſerviale de memorial para ſus ſervicios; porque holgava màs de dar premios, a quiẽ los merecia, que a quien los pedia: condenando con eſto a los Principes, que tienen por buena razon de eſtado, no hazer mercedes, a los que no tratan de ſuplicarlas; como ſi la peticion, i el ruego, fuera merecimiento: i aſsi màs quieren, que ſu corte eſtè llena de importunos, que ſu reyno de benemeritos; bien diferente de lo que deve hazer un Principe prudente.

(17) Partido el Rey, como avemos dicho, a Ceuta, lo primero, q̃ hizo D. Duarte en Alcaçar, fue pedir a Dios ayuda, i aciertos en ſu govierno eſtilo, que guardava ſiempre en el principio de ſus acciones; i por eſſo las acabava con tãta gloria. Deſpues bolviò los ojos a las coſas de ſu oficio. I conociendo quanto importava a los capitanes, que les ſalieſſen favorables los principios de ſus empreſas, porque en ellos ſe gana, ò ſe pierde el animo, i la reputacion, procurò reconocer la defenſa de aquella plaça. Hallòla poco fuerte en el ſitio por naturaleza, porque era en tierra llana, arenales todos, i pantanos; donde el arte ſolamente podia obrar, aunque con dificultad, algun reparo. El caſtillo baſtantemente fuerte; porque quedava en lo ſuperior de la ciudad: la muralla algo deshecha. Y aſsi acudiẽdo a reparar la parte, que los nueſtros deſmantelaron, hizo al rededor una profunda cava, a manera de dique, que facilmente ſe llenava de agua; i luego repartiẽdo por las puertas, i muro guardas, i centinelas, nombrò en los pueſtos de maior peligro, a los fidalgos de màs ſatisfacion; haziendo todo con tanta pontualidad, como ſi ſe viera cercado ya del enemigo. Al quarto dia ſalio el miſmo en perſona a reconocer la tierra del contrario; lo uno, por tomar lengua de ſus intentos; i tambien, por que era neceſsario limpiarla de lugares diſpueſtos para emboſcadas; i aſsi hizo tala general de arboles, viñas, i heredades, de q̃ havia gran copia por aquella parte de tierra firme, al rededor de Alcaçar.

(18) Los Moros, con el dolor deſta perdida, andavan por aquella ſierra incitandoſe unos a otros, con lagrimas, i alaridos; màs como gente vagabunda, que como hombres belicoſos: porque juntandoſe en tropas, ſin eligir cabeça, que los governaſſe, moſtravan unas vezes, que querian acometer la ciudad, i luego deſviandoſe, con el miedo (a manera de goſques, q̃ ladran de lexos, deſſeando morder la perſona, de que huyen) andavan derramados, ſin tener lugar cierto, mudando jũtamente las familias; por̃q diſcurriendo por todos en ninguno ſe aſſeguravan. A eſta deſorden, i confuſion, ſe ſiguió un impetu, que fue cauſa de que un Moro valiente de aquella ſierra offendido de la deſtruicion, que Don Duarte hazia en las heredades (que aun miravan como ſuyas) incitandole la codicia màs que la honra: le enveſtiò con trecientos Infantes, que pudo juntar de aquella muchedumbre: i algunos cavallos de mejor reſolucion: mas los Portugueſes, ſiendo a penas cinquenta, lo recibieron de manera, que a los primeros golpes no oſarõ los Moros a paſſar a delante, con el brio primero; antes huyendo deſcompueſtamente, dexaron cautivo (como en pena de ſu ſoberbia) al Moro, que los acaudillava: deſte ſupo D. Duarte, como ſe eſperava en Tanjar al Rei de Fez, i como venia con penſamiento de cercar a Alcaçar.

(19) Reynava Muley Abdalà Moro robuſto, i de valor; ambicioſo de fama, aunque de animo ſervil, i ſujeto a privados, principalmente a Muley Aboacim Benantus; el qual ſiendo de ſangre de los Benemerines, con eſta qualidad tenia otras mui proprias para validos de Principes; como eran traça, diſsimulacion, ſufrimiento, i prudencia. Quando ſucedió la toma de Alcaçar, andava el Rey Moro en el Reyno de Tafilete, con propoſito de venirſe a Tremecen, por aſſegurar una rebelion, que le fatigava con amenazas; mas callãdola entonces por acudir al ſocorro de Alcaçar dió buelta a Fez, a toda prieſſa, i de alli ſe paſsò a Tãjar en tres jornadas; dõde aguardò el exercito, q̃ marchava màs de eſpacio, por el exceſsivo numero de gentes, que trahia.

(20) Deſte aviſo diò cuenta luego D. Duarte al Rey, repreſentandole los pocos baſtimentos, que havia dexado en aquella fortaleza; eſto por culpa de un miniſtro deſcuidado, a quien ſe havia encomendado aquella proviſion; i fue eſte deſcuido tan perjudicial, que puſo en rieſgo la defenſa deſta plaça, dando larga materia, a que en el diſcurſo del cerco ſe murmuraſſe de los Principes, que en tales negocios, en que les và no menos que la honra, i reputacion, los fien menos, q̃ de ſus ojos, quando puedẽ; cuya advertencia ataja todas las faltas, porque es cierto que el cuidado del Principe en eſto obliga a los miniſtros, por cuya mano paſſa, a mucha confiança; que podria ſer ſe diſminuyera, ſi el Rey no lo huviera de ver, ni entender las deſayudas, que unos ſe ſuelen hazer a otros, por ſus reſpetos particulares, en gran daño de ſu ſervicio; i mucho diſcredito, ya que no ſea total impedimento de effectos mui importantes: accion harto uſada en cortes, i cauſa de inconvenientes grandes, como ſe viô bien en el cuidado, que diô al Rey, i a ſu Conſejo, eſtãdo en Ceuta, ſobre lo que ſe haria en reparo de tan gran falta. El Rey, como era brioſo, i mancebo quiſo entrarſe en Alcaçar, i eſperar el cerco. Los Infantes D. Henrique, i Don Fernando, offrecian ſus perſonas para eſte effecto, reſervando la de ſu Rey, como ſuprema; la qual no es bien aventurarſe, ſino en la ultima aflicion de un Reyno; pues de ſu ſalud depende la ſeguridad del: dañandole màs una temeridad, ò arrojamiento, como cabeça; que muchos deſaciertos de los otros miembros: màs faciles de reparar, aunque grandes, que el menor daño del Principe. Todavia el nueſtro ſe reduxo al voto de ſu conſejo, que fue de parecer, que plaça adonde aſsiſtia D. Duarte de Meneſes, ſolo de proviſion neceſsitava, però no de cabeça: mucho menos de la del Rey, a cuya grandeza, i mageſtad, no convenia el dexarſe ſitiar de otro. Aſſentado eſte acuerdo quiſo el Rey paſſar los limites de gallardo, i mandò deſafiar al de Fez, por dos fidalgos, que fueron Martin de Tavora, i Lope de Almeida (ambos mui valientes, i determinados) para pelear de poder a poder. Embarcaron en Ceuta, i al tomar tierra en Tanjar, los hizo el enemigo cañonear del muro, advertido por ſus eſpias a lo que ivan. Con eſto començaron los Moros a amotinarſe contra ſu Rey, pareciendoles dilatava mucho el ſitiar Alcaçar, dando la culpa ſolamente al privado; ſiendo ordinaria deſdicha dellos, aplicarles los daños, que ſuceden, aunque no tengan culpa. Perſuadianſe, que Muley Aboacin aborrecia mucho la guerra, porque en ella neceſsitava el Rey de los fuertes, i virtuoſos; gente a vezes poco grata a algunos privados; moderandoſe eſte recelo en la paz, donde el poder, i la adulacion obran màs libremente.

(21) Aboacin, pues, penetrandole eſte ſentimiento haſta el coraçon, perſuadiò a ſu Rey començaſſe el cerco, enviando algunas vandas de cavallos a cargo del Alcayde de Alcaçar el Quibir buen ſoldado, para impedir la obra de la cava, que D. Duarte continuava con ſingular diligencia. Llegó el Alcayde à viſta de la ciudad; i queriendo echarſe en una emboſcada con dos mil cavallos, travó con los demàs una eſcaramuça con los Chriſtianos, que eſtavan de guarda a la obra; tentó deshazerla, mas todo fue en vano; porque D. Duarte ſaliendole al encuentro hizo retirar los Moros con alguna perdida, apartandolos del muro con la artilleria, que no ceſſava en moleſtarlos: i reconociendo la reſulucion de los nueſtros, no hizo el Alcayde màs, los primeros ocho dias que el Rey de Fez tardò en llegar, que correr por el campo libremente, ſin oſar a bolver ſobre la foſſa, cuya fabrica no parava un momento, trabajando en ella D. Duarte, i con ſu exemplo los demàs fidalgos con el miſmo cuidado, que los otros oficiales. Al dia de S. Martin onze de Noviembre appareciò el de Fez ſobre Alcaçar, trayendo gẽtes de Granada, i toda Berberia; i por ſer el Principe màs poderoſo, i rico della, juntò campo de cien mil combatientes.

(22) Alojóſe ſin contradicion, porque Don Duarte ſe ocupò en reconocer enteramente las fuerças del enemigo, deſde un baluarte del muro, donde eſtava tan deſcubierto, q̃ le alcançò una flecha, haſta herirle en un labio: de q̃ le quedó ſeñal ſiempre, biẽ honrada, como prueva de ſu valor; eſtas ſon las heridas, que los antiguos llamavan inſignias de la virtud, i de tanta honra, i eſtima para los capitanes maiores, que llegò Servilio a objectar a Galba, de que tenia el pecho, i la cara liſa, i ſin ellas, ſolo por notarle de cobarde, de dõde acoſtũbravan los Romanos andar con la toga ſuelta, i ſin tunica muchas vezes, de manera que con facilidad pudieſſen moſtrar al pueblo, las que havian recebido en ſervicio de la Republica, como ſe cuenta, que hizo Marco Antonio, a quien ſiguieron los Eſpartanos, i otras naciones llevadas de la gloria deſte coſtumbre.

(23) Mientras el de Fez ſe yva alojando, con tantas tiendas, i pavellones, que parece, que le faltava tierra donde cupieſsẽ; convaleciô Don Duarte de la herida: i con maravilloſo esfuerço en el ſemblante, i en las palabras, animava los ſuyos, moſtrandoſe tã alegre en aquel peligro, como ſi tuviera cierta la victoria; i tentando prudentemente hazer alguna ſalida contra el enemigo, començó a deſaſſocegarle de manera, que no paſſava dia ſin eſcaramuça; i ſiempre felizmẽte de ſu parte.

(24) Vinieron algunos cavalleros de Ceuta, de que diremos a ſu tiempo los nombres, i refiriera ſus proezas, ſino temiera faltar a la brevedad deſte compendio, reduzido ſolo a dar noticia de la vida, i hechos de D. Duarte, i de algunos ſuceſſos, que por maior acaecieron en ſu tiempo; dexando lo demàs a quienes por obligacion han eſcrito, ò eſcriven las coſas de Portugal.

(25) En eſte cerco ſon inumerables los que tuvieron los Portugueſes, en que moſtraron ſingular virtud, i valor. De dos trahe Gomez Eanes (que ſe llamavan Alonſo de Miranda, i Rodrigo viejo Comendador de Almourol) dos acciones grandioſas, i fueron, q̃ llegando apartados en dos bateles a la playa de Alcaçar para entrarſe en ella, deſembarcaron en ocaſion, que los Moros tomavan alojamientos; i como lo primero, q̃ ocuparõ fue la marina, por evitar el ſocorro de los ſitiados, ſin embargo deſſo ſaltarõ en tierra, moſtrando brio, i bizarria; i el enemigo teniẽdo por menoſprecio aquella temeridad, mandó a algunas mangas de arcabuzeros, para q̃ los tomaſſen vivos; mas ellos ſe defendieron tan esforçadamente, que ſe ſalvaron en la ciudad ſin rieſgo alguno. Eſtas, i otras tales gallardias, fue mucha parte, para que los Moros no difirieſſen un punto, el batir la ciudad, continuamente, i por todas partes, con barbara arrogancia, i deſorden. Durò la bateria algunos dias con poco daño de los nueſtros.

(26) Entre tanto D. Duarte ordenó a los ſuyos, confeſſaſſen devotamente; diziendo, que pues aquella cauſa era de la fé, con ella ſe havian de fortalecer: luego conociendo, q̃ en la ciudad havia algun miedo de la multitud de los Moros, pueſto en la plaça de armas, en medio de todos, de ſuerte que lo oyeſſen, començô a dezir.

(27) _Mil gracias doy al cielo, que llego a pediros albricias (o Portugueſes) de q̃ os veais en la ocaſion, q̃ ha tanto tiẽpo, ̃q vueſtras honras ſuſpiran. Haſta aora os afrentavades con razon, de tomar armas cõtra eſtos Moros, ſiẽpre pocos para vueſtro valor. Ya ſe vê eßa vega, i mõtañas, ocupadas con tãtos millares, i reduzidos en eſta cortedad de tierra, los moradores de quaſi toda Berberia; cõvido a vueſtro esfuerço para eſta victoria, por la reputaciõ, ̃q alcançareis cõ ella; pues en tanta deſigualdad, ſerâ deſigual la fama, q̃ publicarâ vueſtros hechos. Diferẽte es eſte, del q̃ ſucedio en el cerco de Tanjar, dõde los cercados erã en mucho maior numero, q̃ los cõbatientes: teneis ocaſion, con q̃ ſoldar aquella quiebra paſſada; fatal ſiẽpre, i digna de lagrimas: dudo, q̃ el enemigo fiado en ſu multitud eſfuerce ſu cobardia, por̃q os cõfießo, que quiſiera preſtarles animo, para que en ſu reſistencia hallarades mâs gloria: porque ſiendo gente advenediſa, biſoña, flaca, i deſarmada, noto, que tiene ſu perdicion en la muchedumbre. Pues que baſtimientos no han de apurar; ni que petrechos le han de ſer baſtantes, que no lleguen a conſumirſe con ſu propria neceſsidad? Notad la riguridad del tiẽpo, en q̃ emprẽden eſto; la fragoſidad deſtos lugares veſinos, ſu aſpereza, i eſtrechura, i vereis en ſus moradores, el trabajo, con q̃ vivẽ divertidos en eſta ocupacion: q̃ han de hazer; o quiẽ les ha de acudir. Si de lexos, primero los conſumirâ la neceſsidad, o la impaciencia? de cerca, donde, o como? Acreſcentad a eſto, la inquietud de ſus animos: viven de la libertad, i ſolo a los vicios conocen ſujecion. Su milicia es la deſorden, peleãdo como barbaros, i no como ſoldados. Pues ſin diſciplina, que exercito con ſu grandeza miſma no ſe pierde? Son ſus caudillos el robo, i la tyrania: a eſtos tienen obediencia; porque ſu crueldad no differencia ſexo, ni deſtingue eſtados. El exemplo de Tanjar capaz, es de q̃ os mueua a eſte conocimiento: no tengo que advertiros, ni encomendaros en el, ſino que peleeis como Portugueſes, i cõ el ultimo deſengaño, de que vueſtra vida conſiſte en las armas; que no ay otro camino de ſalvaros, pues no ſea mâs peligroſo, que ellas._

(28) El remedio màs eficaz, para que los ſoldados ſe reſuelvan a pelear obſtinadamẽte, es quitarles la eſperança de alcançar la ſalud, ſino por la punta de la eſpada. Sobre eſtas razones encareciò D. Duarte advertidamente, la aleuoſia, i crueldad de los Moros. Soſſegòſe, viendo el aplauſo, con que los ſuyos ſe offrecian al peligro. Por otra parte el Rey de Fez, aunque moço, de conſejo de Aboacin Bonantus, viſitava de ordinario ſu campo, con grande apparato, i ſobervia: i haviendo batido en vano la ciudad algunos dias, conociendo, que ſu fortaleza conſiſtia màs en los azeros de los Portugueſes, que en la fuerça de ſu muralla; deſpues que la conſiderô por vezes, al nono dia del cerco, llamò a ſu tienda los Alcaydes, i otros capitanes, i hablóles deſta manera.

(29) _Hallome, que eſtoi corrido, i que a penas oſo hablaros, viendo, que llega la oſadia de una gente tan deſeſperada, como los Portugueſes, a emprender cõquiſtar nueſtras fortalezas dentro en nueſtras proprias caſas, i defenderſe de un exercito capaz de rendir el mundo, ſiendo tan pocos como veis: quando nueſtros maiores deſpues de dominar a Eſpaña glorioſamente, por eſpacio de ſietecientos, i mâs años, aun oy tienen ſujeto parte della; ſin duda, que eſte atrevimiento ſe funda ſolo en nueſtro deſcuido; pues ſi de una vez lo huvieramos caſtigado, no ſe atrevieran a paßar mares, ni a profanar nueſtro imperio cõ ſus banderas; poſſeen Ceuta, cercan a Tãjar, ganan a Alcaçar, i ſobre todo menoſprecian nueſtro nombre, i poder. Y vôsotros tan cobardes, i deſcuidados, q̃ pareceis delãte de mi, ſin tomar ſatisfaciõ de tantas injurias. Haſta aqui mi corta edad ſalvò mi credito. Però que accion no condenarâ el vueſtro? Governo mi niñez vueſtra ambiciõ, i olvidada de los reſpetos publicos atẽdia a ſus particulares, infamãdo la reputaciõ, con que havemos ſeñoreado a Berberia. Como, i que razon podreis dar de vueſtra tibieza? quando teneis los Chriſtianos dẽtro en vueſtros muros. Dezidme el titulo, con q̃ entrarõ en ellos? Fueron a caſo de ſus maiores? o no les coſto a los nueſtros ſus vidas? Por conſervar la ſuya infamemente deſamparô a Ceuta el Rey Buhale, intentando deſpues grangearla por trato, quãdo no quizo defenderla con las armas. O amigos, i que afrẽta tã grãde! ſean teſtigos los cielos, q̃ no ay cõsuelo, q̃ me aliente a ſufrir lo q̃ veo; pues_ _diera la mitad de mi corona, porque mi enemigo me igualara en poder, ſolo por hartaros de ſu ſangre, i ſatisfazerme cõ la vengança, que pide ſu oſadia. Bolved por vos; no me contẽto, con q̃ deſterremos eſta gente de Africa, ſino q̃ tras caſtigarla, por los robos, i latrocinios, q̃ haze en ella, los deſpojemos de Heſpaña; dõde eſpero reſuſcitar la fama de nuestros maiores, con igual felicidad, i fortuna._

La arrogancia deſta reprehenſion, fue eſcuchada de los Alcaydes, con gran miedo, i maior aborrecimiento; porque conocieron las palabras de Aboacin en la boca del Rey; el qual por diſculpar ſu avaricia, i atraher a ſy la voluntad del moço, le imponia, en que hizieſſe cargo a los Alcaydes de ſu culpa. Però como la privança tiraniza los coraçones de los ſubditos, ſujetandolos a una ſervidũbre volũtaria, i aborrecida; callarõ los Alcaides, i bezãdo el pie al Rey cõ ſu acoſtõbrada ceremonia, dierõ las gracias al privado, ſiẽdo eſta diligencia mui propria en los ſubditos, q̃ de ſus offenſas procuran ſacar ocaſiones de obligar como meneſteroſos, a los que aborrecen como offendidos. Con eſto ſe renovò el combate de la ciudad con tanta eſtrechura, que començò a faltar baſtimento a los cercados.

(30) Determinò nueſtro Rey ſocorrerlos en perſona, i para eſte effecto partiò de Ceuta con toda la armada junta. Parò en frente de Alcaçar, i el enemigo temiendo, que deſembarcaſſe, eſtuvo a la mira, para ver lo que hazia, mientras el Rey començò a prevenir baxeles para echar gente en tierra. Conocio D. Duarte la eſtratagema, i hizo inclinacion de ir a recebirla. El enemigo con eſte engaño corrio a gran prieſſa a la playa confuſamente, i ſin reparar las eſpaldas, D. Duarte entõces dio en el, con tal esfuerço, que le degollô mucha gente, ayudado de la artilleria de la armada, que tirò muchas pieſſas grueſſas, con que hizo mortandad conſiderable. La preſencia de dos Principes tan poderoſos, engrãdecio ſingularmente la deſtreza, valor, i ardid, con que D. Duarte peleò en eſta ocaſiõ, recogiendoſe ſin deſorden, ni daño alguno, de manera que no perdio un ſoldado. Deſpues tentó meter baſtimentos por el rio, mas no pudo, porque el Moro lo havia atajado con vigas grueſſas, i maderos: i a la poſtre el Rey entendiendo, que ſu aſsiſtencia, en aquel puerto, era de poca utilidad a los cercados, dando muchas eſperanças a D. Duarte, de q̃ bolveria con maior ſocorro; ſiguiò ſu derrota a Portugal, i deſembarcó en el Algarve, i ſe vino a la ciudad de Evora, donde hallò tan apurada la hazienda Real, i los pueblos tan afligidos, i gaſtados de tributos, i donativos, que no les fue poſsible continuar el penſamiento, que trahia; entõces conocio el mal govierno, que tenia, en no ſaber guardar para poder gaſtar; pues las ſuperfluidades de los Reyes, trahen conſigo muchos inconuenientes de moleſtias publicas; ſiendo forçoſo ſuplir ſu neceſsidad, con la aflicion de los particulares, quando fuera juſto, que conſideraran, que no ay Principe rico con vaſſallos pobres; ni Rey poderoſo con ſubditos moleſtados.

(31) Havia ya treynta i ſiete dias, que Don Duarte eſtava ſitiado, padeciendo increibles trabajos; porque los Moros de noche, i de dia con continuas mangas de arcabuzeros remudados a tiempos, limpiavan la muralla de cõbatientes, i con eſto quaſi ſin impedimento alçavan montañas de tierra, que igualavan los muros, haſta que, como en una llanura podian combatir con los cercados. Mas ellos viendoſe perdidos ſe animavan con ſu capitan, que no ſolo los esforçava con ſu exẽplo; pero curando los heridos, i exalçando en particular las hazañas de cada uno, los tratava con gran cortezia, i benignidad, inchiẽdo a unos de eſperanças, a otros de glorias; i cõ ſus buenas razones, i cuidado le aſſeguravan todos, moririan primero, que deſmayaſsen en la defenſa.

(32) Apretava a los nueſtros, no menos la hãbre, que el enemigo; i D. Duarte con eſta neceſsidad fue eſtrechando la racion, de manera que ſaliò rumor entre los Moros, que los cercados perecian; i ayudandoſe tambien de un tiro mui grueſſo, con que de nuevo batieron la muralla, la deſmantelaron por una parte. Mandò entonces el Moro dar un aſſalto con màs ruido, que effecto; durò porfiadamente; i los nueſtros moſtraron en eſte dia ſer invencibles; porque haviendo tan pocos, que a penas llegavan a quinientos ſoldados, rechaçaron valientemente al enemigo, por muchas vezes peleando ſiempre con diverſa gente, porque la ivan mudando cõ otra nueva; i los Chriſtianos ſiendo ſiempre unos, nunca diſminuyeron de ſu primer brio.

(33) En eſta ſazon entrô en el puerto de Alcaçar un baxel de Portugal, lleno de eſperanças de ſocorro, el qual deſeſperò màs los cercados; porque entẽdieron, q̃ era ſupueſto; i D. Duarte teniẽdo modo para entrar vitualla por una parte menos guardada del contrario, auisò a D. Sancho de Noroña (Conde de Odemira, i Adelantado maior del Algarve, que aſsiſtia por general en Ceuta) del eſtado, en que eſtava: i auñq a eſte cavallero le tocava tanto el ſocorrerle; rehuzò hazerlo deſabridamente: por̃q ciega el odio los caminos de la honra, i no dexa libres los movimiẽtos del animo, para diſcurrir contra la paſsion, ̃q los tiraniza. D. Sancho fue uno de los maiores ſoldados de ſu tiempo, i por no parecer ſoſpechoſo en ſus alabanças (como ſu deſcendiente) ſerè mâs corto en ellas, que en referir ſus faltas. Eſtrañóſe mucho la que tuvo en eſta ocaſion, no pareciendo accion de cavallero, ſino vengança de hombre ordinario, acordarſe entonces de las emulaciones, que trahia con D. Duarte, con otro caſo, que ſucediò entre Martin de Tavora, i Gõçalo Vaz Coutiño, bien extraordinario; tenian odio antiguo, i hallandoſe en eſte cerco juntos en una refriega, viò Martin de Tavora, que cautivaron los enemigos al que lo era ſuyo, i arrojandoſe al peligro con aquel animo, que ſi fuera para ſocorrer un hermano, ò el maior amigo: librô a Gonçalo Vaz, i el dandole las gracias deſte beneficio quedaron en ſus enemiſtades. Mas la de D. Sancho fue condenada de todos, mucho màs quando ſe fundava en faltar al ſervicio de ſu Rey. No le obſtò deſpues al premio, aunque manchò en parte ſus virtudes, ſiendo hartas: dãdoſe a conocer por hombre, con quien las paſsiones podian mucho, pues no las vencia con el valor, que a los enemigos.

(34) Como D. Duarte ſe vió tan deſemparado, determinó de dar cuenta al Rey por Luys Alvares de Soſa (que era el que havia llegado a aquel puerto por alentar a los cercados) i con eſto eſcriviò una carta en Frances (que ſabia eſta lengua màs que medianamente) i atãdola en una piedra la hizo arrojar de lo alto del muro al baxel; no pudo ſalvarle, i cayò en el campo; recogiola el enemigo, i con ver lo que contenia, alegre, i perſuadido, de q̃ ſupueſto la eſtrechura, en que D. Duarte eſtava, i q̃ confeſſava a ſu Rey, con aquella llaneza, i encarecimiento, con que un neceſsitado deſcubre miſerias a ſu Principe, quando las padece por ſu cauſa; qualquier partido eſcucharia; ordenò a Aboacin, que le eſcrevieſſe en eſta forma.