Chapter 7
Pobre borrachito, diariamente con lo mismo... Un día tirado aquí: otro allá... en el lugar más inesperado... donde sea... en cualquier parte... Ahí mismo se pone a dormir la mona. Muchas veces doña Chole, la tamalera, le ha dado consejos. Que ya deje de embriagarse, que se ponga a trabajar, que esa vida no es vida... El parece hacer caso, siempre y cuando le fíe los tamales y el atole. Promete reformarse Piensa en buscar un trabajo honrado... en dedicarse a otras ocupaciones,, y dejar la vagancia... el ocio infructuoso., el vicio... —Se lo prometo.. ¡En verdad doña Chole! Aunque sea de cargador... pero voy a trabajar...Va a ver cómo ahora sí es cierto —Ya ni te creo Tantas veces me lo has prometido como tantas son las que me debes los tamales y el atole. No sé cómo dicen que soy mala Yo sólo quiero hacerte un bien... Allá tú si no lo aprovechas... Comprendo... pero... No soy tan fuerte como para aguantarme las ganas de echarme mis alcoholes... De todos modos voy a intentarlo y va a ver que todavía me queda un poco de voluntad —Mira Cipriano... Tú no eres tonto.. ¿A poco no te gustaría andar bien vestido? Quitarte esos andrajos que llevas puestos. Te estás haciendo viejo... Después ya no vas a poder hacer nada... Aún es tiempo para que te pongas a chambear muy duro... Tú que no tienes familiares... —Sí tengo.. Nomás que están en mi tierra... —De todas maneras... no les das nada... Así que el dinero... mucho o poco que ganes... lo puedes ir ahorrando... Yo creo que no hay cosa peor que morir abandonado... Ir a parar a la fosa común... sin que nadie vaya siquiera a ponerle una flor a nuestra tumba. Te lo digo por tu bien. Reflexiona... —y continuaba llenando los jarros con el espumoso champurrado que con impaciencia aguardaban los que a esa hora se reunían para desayunar en el puesto de la tamalera. Ella era una mujeraza: abundante en carnes, un poco despeinada, aunque muy limpia en su persona. El delantal impecable, la blusa como nueva y los zapatos de charol, relucientes. Doña Chole era la más distinguida de su profesión en el barrio de San Juan. A las cinco de la mañana comenzaba el ajetreo en su puesto. Los braseros no le daban a basto. Los botes con tamales de todos los colores y sabores, los cubrían, y por otro lado, se miraba la estufa de petróleo sobre la que lucía sus brillanteces la plateada olla de aluminio que contenía el único atole que elaboraba, sabroso y exquisito, el mejor de toda la ciudad, al decir de los clientes. Cipriano era uno de tantos mugrosos que se acercaban a pedirle gratis el alimento, de los cuales, sólo él recibía los beneficiosos préstamos, porque a los demás, ni agua les regalaba. Nadie sabía la causa por la que Doña Chole lo mantenía. Algunos malpensados llegaron a murmurar que dizque era su amante. Otros, que era un simple familiar cercano. Y así... La mayoría de los del barrio le tenían una cierta simpatía. Ninguno podía explicar el motivo. A pesar de andar siempre tomado, sin rasurarse, con la cabeza enredada entre cabellos mal peinados por el no frecuente uso del baño y del jabón, lo estimaban, aunque solamente lo conocieran de lejos. Durante toda la mañana no se le veía por ningún lado, pero en cuanto atardecía, deambulaba por las calles cercanas muy borracho, cayéndose. Mas le agradaba cantar... Sus canciones eran tristes y apesadumbradas, carentes de un ligero trasfondo de felicidad. Sus amigos, de semejante condición, le aplaudían cada vez que terminaba de entonar alguna de aquellas melodías nunca escuchadas, porque él aseguraba que eran propias. . sólo de él... de nadie más... —Son lo único que tengo y no me las pueden quitar... y aunque me las quitaren... puedo hacer más, muchas más...tantas como yo quiera, aunque no tenga dinero. Gracias Criolita.. —hablaba Cipriano en el momento en que daba el último sorbo al atole que bebía.— Va a ver... pa' la tarde le pago... aunque sea la mitad de lo que le debo... Ya voy a olvidarme de la tornadera... y puede que hasta le llegue a comprar el puesto...—doña Chole al escucharlo, rio estrepitosa e indiscretamente, como con descaro. — Me daría mucho gusto, Cipriano...— exclamó entre sus francas risotadas, mientras guardaba unas hojas escritas por el borrachín que como siempre: cual pago: Cipriano le daba. Éste se alejó sonriente, como satisfecho. —Un día surgirá de la montaña. como el sol por la mañana. el gran amor, el gran amor... el amor que no ha existido en todos... El amor que ha de existir... con todos... El gran amor... el gran amor... por todos... Cipriano cantaba... y en su voz había un nadie sabe qué de misterio y de llanto oculto... como una ansiedad esperanzada... como una ensoñación quimérica... Nuevamente andaba borracho y como muchos., olvidado de sus promesas...
—¡Doña Chole...! —el grito inesperado de un chiquillo que venía corriendo hacia la atolera se escuchó entre el bullicio de la clientela que en ese instante disfrutaba de la delicias antojadizas y volubles de los tamales — ¡Doña Chole! , ¡Doña Chole! — al llegar exclamó agitado y nervioso, como si todo lo hubiera querido decir en un derrumbe de palabras — ¡Allá a la vuelta está la cruz...! —¿Y eso qué...? —Es que se llevan a Cipriano.. Dicen que le dio un ataque... —¡Cómo! —alarmada.— ¡Vamos! —y salió rápidamente. —A'i les encargo un momento...-desde lo lejos y en movimiento suplicó a sus parroquianos. En una camilla habían levantado al ebrio y lo habían llevado al interior de la ambulancia. La gente se deshacía por comprender hasta lo incomprensible y se arremolinaba codiciosa alrededor del vehículo. —¡Déjenme verlo.,.! abriéndose paso entre la multitud morbosa y alborotada doña Chole gritó. —¿Es usted familiar del borrachillo...? —le interrogó uno de los enfermeros... —¡No! No... Es... un amigo... —'Orita no puede verlo... Murió de una congestión alcohólica... —y subió en el preciso instante en que la ambulancia emprendía la escandalosa retirada. —Pero... —y se quedó con la palabra a flor de labios... y con el pensamiento... La miró alejarse... Tornarse invisible... Desaparecer en la rugiente calzada entre alaridos lastimeros... Se encontraba anonadada... ida... Como autómata emprendió el retorno. Su negocio la aguardaba... —¿A poco estimaba mucho a ese pobre borrachito? —Preguntó ingenuo e inocente el muchachillo. Doña Chole permaneció callada, enjoyada de silencio, como estatua andante... Caminaba con serenidad... perdida la mirada en lo inencontrable... en un horizonte sin honzontes... en la infinitud... recordando las hojas de poemas que le daba... Dos hilillos transparentes, trémulos y brillantes, brotaron de sus ojos. Ojos extraviados en una distancia sin límites...
EPÍLOGO CANCIÓN DE CIPRIANO
Volantería final. I Caminaba por las calles turbias tambaleando su cuerpo de ron, la nostalgia grabada en los labios y en sus ojos palabras de un dios
Murmurando extrañas confusiones a la vida le llamaba flor, sus recuerdos los vestía con odres y entre ensueños vivía el corazón.
Algún perro le ladraba a oscuras; o entre el lodo borracho quedo; los gendarmes le decían basuras... tristes hombres que reían del sol.
Los chiquillos le lanzaban piedras; las mujeres le escondían la voz; las pandillas le escupían cadenas hasta que un día desapareció.
Estribillo Y ahora dicen que era un poeta: uno de esos que el mundo perdió; de nocturnos hechos con poemas que entre fábricas se destruyó. Hoy comprenden sus noches de luna que en un libro de lujo salió. -¡Fue un hallazgo!- decían los críticos: ¡Lástima que el premio no miró!
VOLANTERIAS
ANTONIO DOMÍNGUEZ HIDALGO
-Ay Cipriano que va a ser de ti; por favor no seas tan soñador; que la tierra es tierra nada más y el fuego por siempre es voraz. Ay Cipriano ponte a trabajar; la vagancia te ilustra al azar, más no cura si tienes dolor; con dinero serás gran señor. -Ay señora para qué cambiar... Sólo guarde estas hojas de amor. Soy un árbol que secando va las raíces que alguien le enredó.
Estribillo
Y ahora dicen que era un poeta: uno de esos que el mundo perdió; de nocturnos hechos con poemas que entre fábricas se destruyó. Hoy comprenden sus noches de luna que en un libro de lujo salió. -¡Fue un hallazgo!- decían los críticos: ¡Lástima que el premio no miró!. Coda Y ahora dicen que era un poeta...
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Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo Categoría:P1965 Categoría:Cuentos