Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi

Part 5

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[48] En el mismo año Beethoven perdió a su hermano Carl: “Amaba tanto la vida, cuanto yo tendría placer en perder la mía”, escribía a Antonia Brentano.

[49] Además de la sordera, su salud empeoraba de día en día. Desde octubre de 1816 estaba muy enfermo de un catarro inflamatorio; durante el estío de 1817 su médico le dijo que era una enfermedad del pecho; y durante el invierno de 1817-1818 se atormentaba con el temor de la tisis. Siguieron después los reumatismos agudos en 1820-1821, una ictericia en 1821 y una conjuntivitis en 1823. Beethoven escribió a Franz Brentano, el 12 de noviembre de 1821 (cuando estaba en plena composición de la _Misa en re_): “Desde el año pasado hasta hoy he estado siempre enfermo... Ahora estoy un poco mejor, a Dios gracias, y me parece que puedo vivir de nuevo para mi arte, lo que propiamente hablando no ha sido, desde hace dos años, por falta de buena salud, como también por tantos otros sufrimientos”.

[50] Adviértase que de este año data, en su música, un cambio de estilo, inaugurado por la sonata op. 101. Los cuadernos de conversación de Beethoven, que forman más de once mil páginas manuscritas, se encuentran reunidos actualmente en la Biblioteca Real de Berlín.

[51] Schindler, que llegó a ser desde 1819 amigo íntimo de Beethoven, había entrado en relaciones con él en 1814; pero había costado mucha pena a Beethoven concederle su amistad; lo trataba, además, con altivo menosprecio.

[52] Véanse las admirables páginas de Wagner sobre la sordera de Beethoven. (_Beethoven_, 1870).

[53] Amaba a los animales y tenía piedad de ellos. La madre del historiador Von Frimmel contaba que mucho tiempo sintió rencor involuntario contra Beethoven, porque cuando ella era pequeña él espantaba con su pañuelo las mariposas que quería coger.

[54] Se encontraba siempre mal alojado. En treinta y cinco años cambió treinta veces de casa en Viena.

[55] Beethoven se había dirigido personalmente a Cherubini, que era “de sus contemporáneos aquél a quien más estimaba”. (Nohl, _Cartas de Beethoven_, CCL). Cherubini no le contestó.

[56] “Yo no me vengo nunca, escribía también a la señora Streicher. Cuando me veo obligado a obrar contra los demás, no hago sino lo estrictamente necesario para defenderme, o para impedirles hacer mal”.

[57] Nohl, CCCXLIII.

[58] Nohl, CCCXIV.

[59] Nohl, CCCLXX.

[60] Nohl, CCCLXII-LXVII. Una carta que acaba de encontrar en Berlín M. Kalischer, muestra con qué pasión Beethoven ambicionaba hacer de su sobrino “un ciudadano útil al Estado”. (De primero de febrero de 1819).

[61] Schindler, que lo vió entonces, dice que se volvió súbitamente como un viejo de setenta años, gastado, sin fuerza, sin voluntad. Habría muerto si Carlos hubiera muerto. Murió pocos meses después.

[62] El dilettantismo de nuestro tiempo no ha dejado de procurar la rehabilitación de este pillo. Esto no puede sorprender.

[63] Carta de Fischenich a Charlotte Schiller (enero de 1803). La oda de Schiller había sido escrita en 1785. El tema actual aparece en 1808, en la _Fantasía para piano, orquesta y coro_, op. 80, y en 1810 en el _Lied_ sobre palabras de Goethe: _Kleine Blumen, kleine Blaetter_. He visto en un cuaderno de notas de 1812, propiedad del doctor Erich Prieger, en Bonn, entre los bosquejos de la _Séptima Sinfonía_ y un proyecto de _obertura de Macbeth_, un ensayo de adaptación de las palabras de Schiller al tema que utilizó más tarde en la obertura op. 115 (_Namensfeier_). Algunos de los motivos instrumentales de la _Novena Sinfonía_ aparecen antes de 1815; y en fin, el tema definitivo de la Alegría está anotado en 1822, así como todos los demás aires de la Sinfonía, salvo el trío, que viene después, en seguida del _andante moderato_, y por último el _adagio_ que aparece al final.--Sobre el poema de Schiller y sobre la falsa interpretación que acerca de él se ha querido dar, en nuestro tiempo, substituyendo la palabra _Freude_ (Alegría) por la palabra _Freiheit_ (Libertad), véase un artículo de Carlos Andler en _Pages Libres_ (8 de julio de 1905).

[64] Biblioteca de Berlín.

[65] _Also ganz so als standen Worte darunter._ (“Enteramente como si hubiera en ellos palabras”).

[66] _La Misa en re_, op. 123.

[67] Beethoven, agobiado por los trajines domésticos, la miseria, los cuidados de todo género, no escribió en cinco años, de 1816 a 1821, más que tres obras para piano (op. 101, 102, 106). Sus enemigos decían que estaba agotado; se volvió a entregar al trabajo en 1821.

[68] En febrero de 1824. Firmaron: Príncipe C. Lichnowski, conde Mauricio Lichnowski, conde Mauricio de Fries, conde M. de Dietrichstein, conde F. de Palfy, conde Czernin, Ignacio Edler de Mosel, Carlos Czerny, abate Stadler, A. Diabelli, Artaria y C., Steiner y C., A. Streicher, Zmeskall, Kiesewetter, etc.

[69] “Mi carácter moral es conocido públicamente”, contestó con altivez Beethoven al municipio de Viena el 1.º de febrero de 1819, para reivindicar su derecho a la tutela de su sobrino. “Hasta los escritores distinguidos como Weissenbach, han juzgado que valía la pena consagrarle algunas páginas”.

[70] En agosto de 1824 estaba asediado por el temor de morir bruscamente de un ataque, “como mi querido abuelo, a quien tanto me parezco”, escribió el 16 de agosto de 1824 al doctor Bach. Sufría mucho del estómago. Estuvo muy mal durante el invierno de 1824-1825. En mayo de 1825 tuvo expectoraciones de sangre y hemorragias de la nariz. El 9 de junio de 1825 escribió a su sobrino: “Mi debilidad llega a menudo al extremo... La señora de la guadaña no tardará en venir”.

[71] La _Novena Sinfonía_ fué ejecutada por la primera vez, en Alemania, en Francfort, el 1.º de abril de 1825; en Londres, el 25 de marzo de 1825; en París, el 27 de marzo de 1831, en el Conservatorio. Mendelssohn, a los 17 años, la ejecutó en una audición de piano en la Jaegerhalle de Berlín, el 14 de noviembre de 1826. Wagner, estudiante en Leipzig, la recogió entera de su mano; y, en una carta de 6 de octubre de 1830 al editor Schott, le ofreció una reducción de la sinfonía para piano a dos manos. Se puede decir que la _Novena Sinfonía_ decidió la vida de Wagner.

[72] “Apolo y las Musas no querrán abandonarme aún a la muerte, ¡porque es tanto lo que les debo todavía! Es preciso que antes de mi partida para los Campos Elíseos deje tras de mí lo que el Espíritu me inspira y me ha ordenado cumplir. Me parece que apenas he escrito algunas notas”. (A los hermanos Schott, el 17 de septiembre de 1824. Nohl, _Neue Briefe_, CCLXXII).

[73] Escribió Beethoven a Moscheles, el 18 de marzo de 1827: “Una sinfonía bosquejada por completo está en mi pupitre, con una nueva obertura”. Este bosquejo no ha sido encontrado nunca. Se lee únicamente en sus notas: “Adagio cántico. Canto religioso para una sinfonía a la manera antigua (_Herr Gott dich loben wir._--_Alleluja_), sea como trozo independiente, o como introducción a una fuga. Esta sinfonía podría ser caracterizada por la entrada de las voces, bien en el _finale_, bien desde el _adagio_. Los violines de la orquesta, etc., decuplicados para los últimos movimientos. Hacer entrar las voces una a una, o repetir en cierta manera el _adagio_, en los últimos movimientos. Para texto del _adagio_ un mito griego, o un cántico eclesiástico; en el _allegro_, fiesta a Baco”. (1818). Como se ve la conclusión coral estaba entonces reservada para la _Décima_ y no para la _Novena Sinfonía_. Más tarde dijo que quería realizar en su _Décima Sinfonía_ “la reconciliación del mundo moderno con el mundo antiguo, lo mismo que Goethe había intentado en su _Segundo Fausto_”.

[74] El tema es la leyenda de un caballero que está enamorado y cautivo de una hada, y que sufre la nostalgia de la libertad. Hay analogías entre el poema y el de _Tannhaüser_. Beethoven trabajó en ella de 1823 a 1826. (Véase A. Ehrhard, _Franz Grillparzer_, 1900).

[75] Tenía Beethoven desde 1808 el designio de escribir la música de _Fausto_. (La primera parte del _Fausto_ acababa de publicarse, con título de Tragedia, en el otoño de 1807). Era éste su más caro proyecto. (_Was mir und der Kunst das Hoechste ist._)

[76] “¡El Mediodía de Francia! ¡Allá está! ¡Allá está!” (_Südliches Frankreich, dahin! dahin!_) (Cuaderno de la Biblioteca de Berlín).... “...Partir de aquí: sólo con esta condición podrás de nuevo elevarte a las altas regiones de tu arte... una sinfonía, después partir, partir, partir... En el estío, trabajar para el viaje... Recorrer Italia, la Sicilia, con algún otro artista”. (_Id._)

[77] En 1819 estuvo a punto de ser perseguido por la policía, por haber dicho en voz alta, “que después de todo Cristo no había sido más que un judío crucificado”. Escribía entonces la _Misa en re_; y es bastante decir de la libertad de sus inspiraciones religiosas. En cuanto a sus opiniones políticas, Beethoven atacaba audazmente los prejuicios y los vicios del Gobierno; le reprochaba, entre otras cosas, la organización de la justicia, arbitraria y servil, llena de trabas por un largo procedimiento; la policía, que tendía constantemente a propasarse de sus atribuciones; la burocracia bizarra e inerte, que mataba toda iniciativa individual y paralizaba la acción; los privilegios de una aristocracia degenerada, tenaz en arrogarse exclusivamente los más altos puestos del Estado; la impotencia del soberano para proveer al bienestar de los ciudadanos. Parece que sus simpatías en materia política estaban entonces por Inglaterra.

[78] El suicidio de su sobrino.

[79] Véase sobre _La última enfermedad y la muerte de Beethoven_ un artículo del doctor Klotz-Forest, en la _Chronique Médicale_ de 1.º y 15 de abril de 1906. Se tienen informaciones muy precisas por los _Cuadernos de Conversación_, en los cuales están escritas las preguntas del doctor, y por el relato del médico mismo (Dr. Wawruch), publicado con el título de: _Aerztlicher Rückblick auf L. V. B. letzte Lebenstage_ en la _Wiener Zeitschrift_, en 1842 (fechado el 20 de mayo de 1827). Hubo dos fases en la enfermedad: primero, accidentes pulmonares, que parece fueron detenidos después de seis días; “el séptimo día se sintió suficientemente bien para levantarse, caminar, leer y escribir; y segundo, perturbaciones digestivas, complicadas con perturbaciones de la circulación.”

“El octavo día lo encontré aniquilado, con el cuerpo todo amarillo. Un violento acceso de diarrea, complicado con vómitos, estuvo a punto de acabar con su vida en la noche. A partir de este momento, la hidropesía se desarrolló. Para esta recaída hubo causas morales que son mal conocidas. Una cólera violenta, un sufrimiento profundo, determinado por la ingratitud que había tenido que sufrir, y un ultraje inmerecido, habían determinado esta explosión”, dice el doctor Wawruch. “Temblando, con estremecimientos, estaba encorvado por el dolor que le desgarraba las entrañas”. Resumiendo estas diversas observaciones, el doctor Klotz-Forest diagnostica, tras de un ataque de congestión pulmonar, la cirrosis atrófica de Laennec (enfermedad del hígado), ascitis y edema de los miembros inferiores. Cree que el uso inmoderado de las bebidas espirituosas contribuyó a agravar el mal. Ésta era ya la opinión del doctor Malfatti: “_Sedebat et bibebat_”.

[80] Los recuerdos del cantante Luis Cramolini, que acaban de ser publicados, cuentan una emocionante visita a Beethoven durante su última enfermedad, en la cual Beethoven se mostró con una serenidad y una bondad conmovedoras. (Véase la _Frankfurter Zeitung_, de 29 de septiembre de 1907).

[81] Las operaciones se le hicieron el 20 de diciembre, el 8 de enero, el 2 y el 27 de febrero. El pobre hombre, en su lecho de muerte, estaba devorado por las chinches. (Carta de Gerhard von Breuning).

[82] El joven músico Anselmo Hüttenbrenner.“¡Alabado sea Dios!”,--escribió Breuning.--“Démosle gracias por haber puesto fin a este prolongado y doloroso martirio”.--Todos los manuscritos, libros y muebles de Beethoven fueron vendidos en remate, en 1575 florines. El catálogo comprendía doscientos cincuenta y dos números de manuscritos y de libros musicales que no sobrepasaron la suma de novecientos ochenta y dos florines, treinta y siete kreutzer. Los _Cuadernos de Conversación_ y los _Tagebücher_ fueron vendidos en un florín, veinte kreutzer. Entre sus libros Beethoven poseía, de Kant, _Naturgeschichte und Theorie des Himmels_; de Bode, _Anleitung zur Kenntnis des gestirnten Himmels_; Thomas von Kempis, _Nachfolge Christi_. La censura se apoderó de: Seume, _Spaziergang nach Syrakus_; Kotzebue, _Ueber den Adel_; Fessler, _Ansichten von Religion und Kirchentum_.

[83] “Soy feliz todas las veces que venzo alguna dificultad”. (Carta a la Inmortal Amada). “Querría vivir mil veces la vida... Yo no nací para una vida tranquila”. (A Wegeler, el 16 de noviembre de 1801).

[84] “Beethoven me enseñó la ciencia de la naturaleza y me dirigió en este estudio como en el de la música. No eran las leyes de la naturaleza, sino su poder elemental, lo que lo maravillaba”. (_Schindler._)

[85] “¡Oh, es tan bella la vida; pero la mía está para siempre envenenada!” (_vergiftet_). (Carta del 2 de mayo de 1810, a Wegeler).

[Ilustración]

APÉNDICE

TESTAMENTO DE HEILIGENSTADT[86] A MIS HERMANOS CARL Y JOHANN[87] BEETHOVEN

N. B.--Las palabras en cursivas están subrayadas en el manuscrito.

¡Oh vosotros, hombres que me miráis y me juzgáis huraño, loco o misántropo, cuán injustos habéis sido conmigo! ¡Ignoráis la oculta razón de que os aparezca así! Mi corazón y mi espíritu se mostraron inclinados, desde la infancia, al dulce sentimiento de la bondad, y a realizar grandes acciones he estado siempre dispuesto; pero pensad tan sólo cuál es mi espantosa situación, desde hace seis años, agravada por médicos sin juicio, engañado de año en año con la esperanza de un mejoramiento, y al fin abandonado a la perspectiva de un _mal durable_, cuya curación demanda años tal vez, cuando no sea enteramente imposible. Dotado de un temperamento ardiente y activo, fácil a las distracciones de la sociedad, debí apartarme de los hombres en edad temprana, pasar mi vida solitario. ¡Si algunas veces quise sobreponerme a todo, oh, cuán duramente chocaba con la triste realidad renovada siempre de mi mal! Y sin embargo, no me era posible decir a los hombres: “¡Hablad más alto, gritad, porque soy sordo!” ¡Cómo me iba a ser posible ir revelando la debilidad de _un sentido_ que debería ser en mí más perfecto que en los demás, un sentido que en otro tiempo he poseído con la más grande perfección, con una perfección tal que indudablemente pocas personas de mi oficio han tenido nunca! ¡Oh, esto no puedo hacerlo! Perdonadme pues si me veis vivir separado cuando debería mezclarme en vuestra compañía. Mi desdicha es doblemente dolorosa, puesto que le debo también ser mal conocido. Me está prohibido encontrar un descanso en la sociedad de los hombres, en las conversaciones delicadas, en los mutuos esparcimientos. Solo, siempre solo. No puedo aventurarme en sociedad si no es impulsado de una necesidad imperiosa; debo vivir como un proscrito; si me acerco a los demás, soy presa de una angustia devoradora, de miedo de estar expuesto a que se den cuenta de mi estado.

Ésta es la razón por la cual acabo de pasar seis meses en el campo. Mi sabio médico me obliga a cuidar mi oído tanto como sea posible, yendo más allá de mis propias intenciones; y sin embargo, muchas veces, recobrado por mi inclinación hacia la sociedad, me he dejado arrastrar de ella; pero ¡qué humillaciones cuando cerca de mí estaba alguien que escuchaba a lo lejos el sonido de una flauta y que yo _no oía nada_, o que _escuchaba el canto de un pastor_, ¡sin que yo pudiera oír nada![88]. La experiencia de estas cosas me puso pronto al borde de la desesperación, y poco faltó para que yo mismo hubiese puesto fin a mi vida. _Sólo el arte_ me ha detenido. ¡Ah! Me parecía imposible abandonar este mundo antes de haber realizado todo lo que me siento obligado a realizar. Y así prolongaba esta miserable vida, verdaderamente miserable, un cuerpo tan irritable que el menor cambio me puede arrojar del estado mejor en el peor. ¡Paciencia! se dice siempre; y debo tomarla a ella ahora por guía; la he tomado. Durable debe ser, lo espero, mi resolución de resistir hasta que plazca a las Parcas inexorables cortar el hilo de mi vida. Acaso será esto lo mejor, acaso no, pero yo estoy presto siempre. No es muy fácil ser filósofo por obligación a los veintiocho años, no es fácil; y es más duro aún para un artista que para cualquiera otro.

¡Oh Dios, tú miras desde lo alto en el fondo de mi corazón, y lo conoces, sabes que en él moran el amor a los demás y el deseo de hacerles el bien! Vosotros, hombres, si leéis un día esto, pensad que habéis sido injustos conmigo, y que el desventurado se consuela al encontrar a otro desventurado como él que, a pesar de todos los obstáculos de la naturaleza, hizo cuanto estaba a su alcance para ser admitido en el rango de los artistas y de los hombres de elección.

Vosotros, hermanos míos, (Carl y Johann) inmediatamente que yo haya muerto, si el profesor Schmidt vive aún, rogadle en mi nombre que describa mi enfermedad y a la historia de ella unid esta carta, a fin de que después de mi muerte, al menos en la medida que esto sea posible, la sociedad se reconcilie conmigo. Al mismo tiempo, a vosotros dos nombro herederos de mi pequeña fortuna, si se la puede llamar así, que la debéis partir lealmente, estando de acuerdo y ayudándoos el uno al otro. El mal que me habéis hecho, lo sabéis, os lo he perdonado desde hace mucho tiempo. A ti, hermano Carl, te doy gracias particularmente por la solicitud de que me has dado testimonio en los últimos tiempos. Hago votos porque tengáis una vida más feliz, más exenta de cuidados que la mía. Recomendad a vuestros hijos la virtud, porque sólo ella puede dar la felicidad, que no da el dinero. Hablo por experiencia. Ella me ha sostenido a mí mismo en mi miseria, y a ella debo, tanto como a mi arte, no haber puesto fin a mi vida por el suicidio. ¡Adiós, y amaos! Doy gracias a todos mis amigos, y en particular al _príncipe Lichnowski_ y al _profesor Schmidt_. Deseo que los instrumentos del príncipe L. puedan ser conservados en la casa de alguno de vosotros, pero que esto no provoque entre vosotros ninguna discusión. Si pueden seros útiles para algo mejor, vendedlos inmediatamente. ¡Cuán feliz seré si todavía puedo serviros desde la tumba!

Si fuera así, con qué alegría volaría hacia la muerte. Pero si ésta llega antes de que haya tenido la ocasión de desarrollar todas mis facultades artísticas, a pesar de mi duro destino, llegará demasiado temprano para mí y desearía aplazarla. Mas aun así, estoy contento. ¿No va a librarme de un estado de sufrimiento sin término?--Venga cuando viniere, yo voy valerosamente hacia ella.--Adiós y no me olvidéis enteramente en la muerte; merezco que penséis en mí, porque a menudo he pensado en vosotros, durante mi vida, para haceros felices. ¡Sedlo!

LUDWIG VAN BEETHOVEN.

Heiligenstadt, 6 de octubre de 1802.

A MIS HERMANOS CARL Y (JOHANN), PARA SER LEÍDA Y CUMPLIDA DESPUÉS DE MI MUERTE.

El 10 de octubre de 1802.--¡Heiligenstadt, me despido así de ti, y en verdad tristemente!--Sí, la amada esperanza que traje, de ser curado, en parte al menos, debe abandonarme definitivamente. Como las hojas en el otoño se marchitan y caen, así también mi esperanza se ha secado. Poco más o menos como vine me voy; y hasta el alto valor que me sostenía a menudo en los bellos días de estío, se ha desvanecido. ¡Oh Providencia, has lucir para mí una vez un día puro de alegría! ¡Hace ya tanto tiempo que el sonido profundo de la verdadera alegría me es extraño! ¡Oh, cuándo, cuándo, oh Divinidad! ¿podría yo sentirla aún en el templo de la naturaleza y de los hombres? ¿Nunca? ¡No! ¡Oh, esto sería demasiado cruel!

CARTAS

AL PASTOR AMENDA, EN CURLANDE[89]

Mi querido, mi buen Amenda, mi amigo de corazón: Con una profunda emoción, con una mezcla de dolor y de alegría he recibido y leído tu última carta. ¡A qué podría yo comparar tu fidelidad, tu solicitud hacia mí! ¡Oh, qué bueno es que tú hayas sido siempre mi amigo! Sí; he puesto a prueba tu consagración, y sé qué diferencia hay entre tú y los demás. Tú no eres un amigo de Viena, no; ¡tú eres como aquéllos que sólo existen sobre el suelo de mi patria! ¡Cómo he deseado tenerte cerca de mí, porque tu Beethoven es profundamente infeliz! Debes saber que la parte más noble de mí mismo, mi oído, se ha debilitado mucho. Ya en la época en que tú estabas a mi lado sentía síntomas del mal, y lo ocultaba; después ha ido empeorando. Si esto no puede ser curado, es preciso esperar para saberlo; creo que debe proceder de mi enfermedad del estómago. Respecto a ésta estoy casi restablecido; mas, en cuanto al oído ¿curaré? Naturalmente que lo espero así; pero es muy difícil porque estas enfermedades son las más incurables. ¡Qué triste debo vivir, evitando todo lo que me es más querido, y esto entre hombres tan miserables, tan egoístas!... Entre todos puedo decir que el amigo que más me ha ayudado ha sido Lichnowski; desde el año pasado me ha dado seiscientos florines, y esto y la venta fructuosa de mis obras me ponen en situación de vivir sin el cuidado de ganar el pan. Todo lo que escribo ahora puedo venderlo inmediatamente cinco veces, y bien pagado. He escrito algo regular, en estos últimos tiempos; y puesto que sé que has pedido pianos a... deseo enviarte algunas obras en el empaque de uno de ellos, para que te sea menos costoso.