Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi

Part 33

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[812] Parece que sufrió en sus últimos años y sobre todo en sus últimos meses, la influencia de Vladimir-Grigoritch Tchertkov, amigo devoto que, establecido largo tiempo en Inglaterra, había consagrado su fortuna a publicar y divulgar la obra íntegra de Tolstoi. Tchertkov fué atacado violentamente por uno de los hijos de Tolstoi, León; pero si se ha podido acusar su intransigencia de espíritu, nadie ha puesto en duda su absoluta consagración; y, sin aprobar la dureza, acaso inhumana, de algunos actos de los cuales se cree advertir su inspiración (como el testamento por el cual Tolstoi privó a su mujer de la propiedad de todos sus escritos, sin excepción, comprendidos en ellos sus cartas privadas), es posible creer que estuvo más enamorado de la gloria de su amigo que el mismo Tolstoi.

[813] _La Correspondencia de La Unión para la Verdad_, en su número de 1.º de enero de 1911, publicó una interesante relación de esta fuga. Tolstoi bruscamente partió de Yasnaia Poliana el 28 de octubre de 1910 (10 de noviembre), hacia las cinco de la mañana. Lo acompañaba el doctor Makovitski. Su hija Alejandra, que Tchertkov llama su “colaboradora más íntima”, estaba en el secreto de la partida. Llegó el mismo día, a las seis de la tarde, al monasterio de Optina, uno de los más célebres santuarios de Rusia, donde había estado varias veces en peregrinación; allí pasó la noche y, a la mañana siguiente, escribió allí mismo un largo artículo sobre la pena de muerte. En la tarde del 29 de octubre (11 de noviembre), fué al monasterio de Chamordino, donde su hermana María era monja; comió con ella y le comunicó el deseo que habría tenido de pasar el fin de su vida en Optina, “encargándose de desempeñar las más humildes labores, pero con la condición de que no se le obligase a ir a la iglesia”. Durmió en Chamordino; hizo, en la mañana siguiente, un paseo a la aldea vecina, donde pensaba tomar alojamiento, y volvió a ver a su hermana en la tarde. A las cinco llegó inopinadamente su hija Alejandra, quien sin duda le previno que su fuga era conocida y que habían salido en su seguimiento; y se pusieron en camino, en el acto, de noche. “Tolstoi, Alejandra y Makovitski se dirigieron hacia la estación de Koselsk, probablemente con la intención de ganar las provincias del Sur, quizás las colonias formadas por los dukhobors en el Cáucaso”. En el camino, Tolstoi enfermó y hubo de ponerse en cama en la estación de Astapovo. Fué allí donde murió.

[814] _Diario_, fecha de 28 de octubre de 1879. (Traducción de Bienstock. Véase _Vida y Obra_). He aquí el pasaje entero, que es uno de los más bellos: “Hay en este mundo gentes pesadas, sin alas, que se agitan abajo. Entre ellas hay algunos fuertes como Napoleón. Dejan rastros terribles entre los hombres, siembran la discordia y arrasan siempre la tierra. Hay hombres que se dejan crecer las alas, se lanzan lentamente y flotan, como los monjes. Hay hombres ligeros, que se levantan fácilmente y vuelven a caer, los buenos idealistas. Y hay hombres de alas poderosas... Hay hombres celestes que, por amor a los hombres, descienden sobre la tierra replegando sus alas, y enseñan a los otros a volar. Después, cuando ya no son necesarios, remontan el vuelo, como Cristo”.

[815] “Se puede vivir solamente mientras que se está ebrio de vida” (_Confesiones_ 1879). “Estoy loco de la vida... Es el estío, el estío delicioso. Este año he luchado por largo tiempo; pero la belleza de la Naturaleza me ha vencido. Me regocijo con la vida”. (Carta a Fet, julio de 1880). Estas líneas fueron escritas en plena crisis religiosa.

[816] En su _Diario_, fechado en octubre de 1865: “El pensamiento de la muerte...”. “Yo quiero y amo la inmortalidad”.

[817] “Me embriagaba con esta cólera hirviente de indignación, que amo en mí, que aun la excito cuando la siento, porque obra sobre mí de manera calmante, y me da, por algunos instantes al menos, una elasticidad extraordinaria, la energía y el fuego de todas las capacidades físicas y morales”. (_Diario del Príncipe D. Nekhludov, Lucerna,_ 1857).

[818] Su artículo sobre la Guerra, a propósito del _Congreso Universal de la Paz_, en Londres, en 1891, es una ruda sátira contra los pacifistas, que creen en el arbitraje entre las naciones. “Es la historia del pájaro al cual se coge después de haberle puesto un grano de sal sobre la cola”. Es tan fácil de cogerlo después de todo. Equivale a burlarse de las gentes hablarles de arbitraje y de desarme consentido por los Estados. ¡Charlatanería todo eso! Naturalmente los gobiernos aprueban: ¡los buenos apóstoles! Saben bien que esto no les impedirá nunca enviar millones de gentes al matadero, cuando les plazca hacerlo. (_El reino de Dios está en nosotros_, capítulo VI).

[819] La Naturaleza fué siempre “el mejor amigo” de Tolstoi, como se complacía en decirlo: “Un amigo, está bien; pero morirá, se irá a cualquier parte y no se le podrá seguir, en tanto que la naturaleza, a la cual estamos unidos por acto de venta y la poseemos por herencia, es mejor. Mi naturaleza es fría, repulsora, exigente, estorbosa; pero es un amigo que se conservará hasta la muerte, y cuando muramos entraremos en ella”. (Carta a Fet, de 19 de mayo de 1861. _Correspondencia inédita_, página 31). Participaba de la vida de la naturaleza, renacía en cada primavera: “Marzo y abril son mis mejores meses para el trabajo”. (A Fet, el 23 de marzo de 1877). Lo amodorraba el fin del otoño: “Es para mí la estación más muerta, no pienso en nada, no escribo nada, me siento agradablemente estúpido”. (A Fet, el 21 de octubre de 1869). Pero la naturaleza que hablaba íntimamente a su corazón, era la naturaleza que lo circundaba, la de Yasnaia Poliana. Aun cuando, en el curso de su viaje a Suiza, haya escrito notas muy hermosas sobre el lago de Ginebra, allí se sentía extranjero, y su unión con la tierra natal le parecía entonces más estrecha y más dulce: “Amo a la naturaleza, cuando por todas partes me rodea, cuando por todas partes me envuelve el aire cálido que se derrama hasta la lejanía infinita, cuando esta misma yerba jugosa que he chafado al sentarme viste de verdura los campos infinitos; cuando estas mismas hojas que, agitadas por el viento, brindan sombra a mi rostro, se unen para formar el sombrío azul de la floresta lejana; cuando este mismo aire que respiro forma el azul claro del cielo infinito: cuando estoy solo para gozar de la naturaleza, cuando, en torno mío, revuelan y zumban millones de insectos y cantan los pájaros. El gozo principal de la naturaleza está para mí en cuanto me siento formar parte de toda ella. Aquí (en Suiza) las infinitas lejanías son hermosas, pero estoy desligado de ellas”. (Mayo de 1857).

[820] Conversaciones con Paul Boyer. (_Le Temps_, 28 de agosto de 1901). De hecho podría uno confundirlas a menudo, como en esta profesión de fe de Julia moribunda:

“Lo que me era imposible creer, nunca he podido decir que lo creía; y siempre he creído lo que decía creer. Era todo lo que podía hacer”.

Que puede relacionarse con la carta de Tolstoi al Santo Sínodo:

“Es posible que mis creencias molesten o desagraden; pero no me es posible cambiarlas, como no me es posible cambiar de cuerpo. No puedo creer otra cosa que lo que creo en esta hora en que me dispongo a volver hacia el Dios de quien procedo”.

O bien con este pasaje de la _Respuesta a Cristóbal de Beaumont_, que nos parece ser toda Tolstoi:

“Soy discípulo de Jesucristo, y mi Maestro ha dicho que quien ama a su hermano cumple la ley”.

O todavía:

“Toda la oración dominical, íntegra, está contenida en estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (_Tercera carta de la montaña._)

En relación con:

“Reemplazo todas mis plegarias con el _Pater Noster_. Todas las peticiones que yo puedo dirigir a Dios están expresadas con mayor altura moral por estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (_Diario_ de Tolstoi, en el Cáucaso, 1852-53).

La semejanza de pensamientos no es menos frecuente en el terreno del arte que en el de la religión:

“La primera regla del arte de escribir, dice Rousseau, consiste en hablar con claridad y expresar con exactitud nuestro pensamiento”.

Y Tolstoi:

“Pensad lo que queráis, pero de tal manera que cada palabra pueda ser comprendida por todos. No es posible escribir nada mal en una lengua que sea perfectamente clara”.

He demostrado antes que las descripciones satíricas de la Opera de París, en La Nueva Eloísa, tienen muchas relaciones con las críticas de Tolstoi en _¿Qué es el Arte?_

[821] _Diario_, 6 de enero de 1903 (citado en el _Prefacio de Tolstoi a sus Recuerdos_, volumen primero de _Vida y Obra de Tolstoi_, publicados por Birukov).

[822] _Cuarto Paseo._

[823] Carta a Birukov.

[824] _Sebastopol en mayo de 1855._

[825] “La verdad... la única cosa que me ha quedado de mi concepción moral, la única cosa que cumpliré todavía”. (17 de octubre de 1860).

[826] _Ibid._

[827] “El amor a los hombres es el estado natural del alma, y nosotros no lo advertimos”. (_Diario_, en la época que fué estudiante en Kazan).

[828] “La verdad se abrirá para el amor...”. (_Confesiones_, 1879-81). “Yo, que situaba a la verdad en la unidad del amor...”. (_Ibid._)

[829] “¿Me habláis siempre de energía? Pero la base de la energía está en el amor, dijo Ana, y el amor no se da nunca a voluntad”. (_Ana Karenina_, II, página 270).

[830] “La belleza y el amor, estas dos razones de vivir”. (_La Guerra y la Paz_, II, página 285).

[831] “Creo en Dios, que es para mí el Amor”. (Carta al Santo Sínodo, 1901). “¡Sí, el amor!... No el amor egoísta, sino el amor tal como yo lo he experimentado, por la primera vez en mi vida, cuando vi a mi lado a mi enemigo moribundo, y lo amé... Es la esencia misma del alma. Amar a su prójimo, amar a sus enemigos, amar a todos y cada uno, ¡eso es amar a Dios en todas sus manifestaciones!... Amar a un ser que nos es grato, es amor humano; pero amar al enemigo, ¡esto casi es amor divino!...”. (El Príncipe Andrés, moribundo, en _La Guerra y la Paz_, III, página 176).

[832] “El amor apasionado del artista por su asunto, es el corazón del arte. Sin amor no hay obra de arte posible”. (Carta de septiembre de 1889. “_Leo Tolstois Briefe 1848 bis 1910_”, Berlín, 1911).

[833] “Porque yo escribo libros, sé todo el mal que ellos hacen...”. (Carta de Tolstoi a P. V. Vériguine, jefe de los dukhobors, de 21 de noviembre de 1897. _Correspondencia inédita_, página 241).

[834] Véase _La Mañana de un Señor_, o bien, en _Las Confesiones_, los retratos extremadamente idealizados de estos hombres sencillos, buenos, contentos de su suerte, tranquilos, que comprenden la vida; o bien, al fin de la segunda parte de _Resurrección_, esta visión “de una humanidad, de una tierra nueva”, que aparece a Nekhludov, cuando encuentra a los obreros que vuelven de su trabajo.

[835] “Un cristiano no podría ser moralmente superior o inferior a otro; pero es más cristiano a medida que más rápidamente avanza en la vida de la perfección, cualquiera que sea el grado en el cual se encuentre, en un momento dado: de suerte que la virtud estacionaria del fariseo es menos cristiana que la del ladrón, cuya alma esté en pleno movimiento hacia lo ideal, y que se arrepiente sobre su cruz”. (_Placeres Crueles._ Traducción de Halpérine-Kaminsky).

APÉNDICE (Nota a la página 394).

[Ilustración]

LAS OBRAS PÓSTUMAS DE TOLSTOI[836].

Tolstoi dejaba al morir una gran cantidad de obras inéditas, de las cuales la mayor parte ha sido publicada después y forman tres volúmenes en la traducción francesa de J. W. Bienstock (Colección Nelson).

Estas obras son de todas las épocas de su vida, habiendo algunas que remontan hasta 1883 (_Diario de un Loco_), y otras de los últimos años. Comprenden cuentos, novelas, obras teatrales y diálogos, y muchas que quedaron sin acabar. Yo las dividiría, de buena gana, en dos clases: las obras que Tolstoi escribió por voluntad moral y las que escribió por instinto artístico. En un corto número de ellas, armoniosamente se funden las dos tendencias.

Por desgracia hay que deplorar que su desinterés de la gloria literaria--acaso también un secreto propósito de mortificación--hayan impedido a Tolstoi proseguir la composición de las obras que se anunciaban como las más hermosas. En este número citaremos _El Diario Póstumo del Viejo Feodor Kuzmitch_. Es ésta la famosa leyenda del Zar Alejandro I, que haciéndose pasar por muerto y marchándose, con un falso nombre, envejeció en Siberia por expiación voluntaria. Se advierte que Tolstoi estaba enamorado de este asunto e identificado con su héroe, y no podemos consolarnos con que sólo nos queden de este “diario” los primeros capítulos. Por el vigor y la frescura del relato, valen estos capítulos tanto como las mejores páginas de _Resurrección_. En ellos hay retratos inolvidables (la vieja Catarina II) y principalmente una primorosa pintura del Zar, místico y violento, cuya naturaleza orgullosa tiene todavía sobresaltos de despertar en el anciano tranquilo.

_El padre Sergio_ (1891-1904) pertenece también a la mejor manera de Tolstoi; pero la narración está un poco cortada. Tiene por asunto la historia de un hombre que busca a Dios en la soledad y el ascetismo, por orgullo herido, que acaba por encontrarlo entre los hombres, viviendo para ellos. La salvaje violencia de algunas páginas conmueve hasta hacer un nudo en la garganta. Nada de más sobrio y trágico que la escena en que el héroe descubre la villanía de aquélla a quien amaba; su prometida, la mujer a quien adoraba como a una santa, ha sido amante del Zar, que era por él venerado apasionadamente. No menos conmovedora es la noche de tentación, en que el monje, para recobrar la paz del alma turbada, se corta un dedo con un hacha. A estos episodios feroces se opone la conversación melancólica del final, con la pobre viejecita amiga de la infancia, y las últimas páginas que son de un laconismo indiferente y sereno.

El asunto de _La Madre_ es también emocionante. Una buena y razonable madre de familia, que después de haberse consagrado enteramente a los suyos durante cuarenta años, se encuentra sola, sin actividad, sin razón de vivir, y, aunque es librepensadora, se acoge al abrigo de un convento y escribe allí su Diario. Pero de esta obra solamente quedaron las primeras páginas.

De un arte superior son una serie de pequeños relatos: _Alexis el Tonto_, que participa de la vena de los hermosos cuentos populares, es la historia de un espíritu simple, siempre sacrificado, siempre dulcemente satisfecho, y que así muere. _Después del Baile_ (20 de agosto de 1903), en que un anciano cuenta cómo amó a una muchacha y cómo cesó bruscamente de amarla, después de haber visto al padre de ella, un coronel, ordenar que fuera azotado un soldado; obra perfecta, primero, de un exquisito encanto de recuerdos juveniles y luego de una alucinante precisión. _Lo que yo he visto en sueños_ (13 de noviembre de 1906): Un príncipe no perdona a su hija, a quien adoraba, porque se ha escapado de la casa después de dejarse seducir; pero apenas vuelve a verle, es él quien le pide perdón; y sin embargo (la ternura de Tolstoi y su idealismo no lo engañan nunca), no puede alcanzar a vencer el sentimiento de disgusto que le causa la vista del hijo de su hija. _Khodynka_, novela corta cuya acción pasa en 1893: se trata de una joven princesa rusa que ha querido tomar parte en una fiesta popular de Moscú, y se encuentra, presa de un gran pánico, pisoteada, medio muerta, y reanimada por un obrero que ha sido él mismo rudamente atropellado. Por un instante un sentimiento de fraternidad afectuosa los une; se separan después y no volverán a verse más.

De dimensiones más vastas y que anuncian una novela épica, es _Hadji-Mourad_ (diciembre de 1902), que refiere un episodio de las guerras del Cáucaso en 1851[837]. Tolstoi, al escribirla, se encontraba en la plena posesión de sus procedimientos artísticos. En ella la visión (de los ojos y del alma) es perfecta; pero, y esto es curioso, no llegamos a interesarnos verdaderamente en la historia, porque se advierte que Tolstoi mismo no se interesa en ella. Cada personaje que aparece en el curso de la narración, despierta en él la misma simpatía, y de cada uno, aunque no haga más que pasar delante de nuestros ojos, hace un retrato acabado; pero a fuerza de amar a todos no prefiere a ninguno. Parece que escribió este notable cuento sin ninguna necesidad interior y sólo por necesidad física; pues como otros ejercitan sus músculos, es necesario que él ejercitara su mecanismo intelectual; tenía necesidad de crear; creaba.

* * * * *

Otras obras tienen un acento personal que llega a menudo hasta la angustia. Algunas son autobiográficas, como el _Diario de un Loco_ (20 de octubre de 1883), que contiene el recuerdo de las primeras noches de espanto de Tolstoi, antes de la crisis de 1869;[838] y como _El Diablo_ (19 de noviembre de 1889). Este último y largo cuento tiene dos partes, que son de primer orden sin duda y, por desgracia, un desenlace absurdo: un propietario rural que tiene relaciones con una joven campesina que vive en sus propiedades, se casa y cuida, porque es honesto y ama a su mujer, de alejar a esta campesina; pero ella se le ha metido por los ojos, y no puede mirarla sin desearla. La busca, y acaba por recobrarla; siente que no podrá ya separarse de ella, y se mata. Los retratos de este hombre, bueno, débil, robusto, miope, inteligente, sincero, trabajador y atormentado; de su joven mujer, romántica y enamorada, que lo idealiza, y de la hermosa y sana campesina, ardorosa y sin pudor, son obras maestras. Es chocante que Tolstoi haya puesto tanto de intención moral en el fin del cuento, como no lo puso en la historia vivida, porque él tuvo realmente una aventura análoga.

_La luz brilla en las tinieblas_, drama en cinco actos, ofrece muchas debilidades artísticas; pero, cuando se conoce la tragedia oculta de la vejez de Tolstoi ¡qué conmovedora es esta obra que, con otros nombres, presenta en escena a Tolstoi y a los suyos! Nicolás Ivanovitch Sarintzeff llega a tener la misma fe que el autor de _¿Qué debemos hacer?_, y ensaya ponerla en práctica, lo cual no le está permitido. Las lágrimas de su mujer (¿sinceras o simuladas?) le impiden abandonar a los suyos; se queda en su casa, donde vive pobremente, trabajando en la carpintería; su mujer y sus hijos continúan haciendo vida de lujo y dando fiestas, y aunque él no toma parte en ellas, se le acusa de hipocresía. Sin embargo, por su influencia moral, por la simple radiación de su personalidad, hace en torno suyo prosélitos y desventurados. Un “pope”, convencido por sus doctrinas, abandona la iglesia; un joven de buena familia rehúsa prestar el servicio militar y se hace enviar al batallón de disciplina; y mientras tanto, el pobre Sarintzeff-Tolstoi es desgarrado por la duda. ¿Está en el error? ¿No arrastra inútilmente a los otros al sufrimiento y a la muerte? Al fin no encuentra otra solución a sus angustias que dejarse matar por el joven a quien sin querer condujo a la pérdida.

Se encuentra también, en una breve narración de los últimos tiempos de la vida de Tolstoi, _No hay culpable_ (septiembre de 1910), la misma confesión dolorosa de un hombre que sufre horriblemente por su situación, de la cual no puede salir. A los ricos ociosos se oponen los pobres abrumados de trabajo, y ni los unos ni los otros sienten la inepcia monstruosa de semejante estado social.

Dos obras de teatro tienen un alto valor; una es la obrita campesina que combate los daños del alcohol, intitulada _Todas las cualidades vienen de ella_ (probablemente de 1910). Los personajes son muy individuales y sus rasgos típicos y su ridículo lenguaje fueron sorprendidos de manera muy divertida; el campesino que, a la postre, perdona a un ladrón, es a la vez noble y cómico por su inconsciente grandeza moral y por su ingenuo amor propio. La segunda de estas piezas, de una importancia muy distinta, es un drama en doce cuadros, _El cadáver viviente_, que muestra a gentes débiles y buenas aplastadas por la estúpida máquina social. El héroe, Fedia, es un hombre que se ha perdido por su bondad misma y por el profundo sentimiento moral que oculta bajo una vida de libertino, porque sufre de una manera intolerable con la bajeza del mundo y con su propia indignidad; pero no tiene la fuerza necesaria para reaccionar. Tiene una mujer a quien ama, que es buena, tranquila, razonable, pero “sin la uva que se pone en la sidra para hacerla espumar”, “sin el burbujeo en la vida” que procura el olvido. Y el olvido le es indispensable.

“_Nosotros todos, en nuestro medio, dice, tenemos delante tres caminos, y únicamente tres. Ser funcionario, ganar dinero y sumar más villanía a la del medio en el cual vivimos. Y esto me disgusta; tal vez yo no sería capaz de hacerlo... El segundo camino es aquél en el cual se combate esta villanía, pero para esto es necesario ser un héroe, y yo no lo soy. Queda el tercero: olvidarse, beber, engañarse en fiestas, cantar; este es el camino que yo he escogido, y ya veis vosotros a dónde me ha conducido..._”[839].

Y en otro pasaje:

“_¿Cómo he llegado a perderme? Desde luego, por el vino. No es que yo sienta placer en beber; pero he tenido siempre el sentimiento de que todo lo que se hace en torno mío no es lo que debía hacerse; y siento vergüenza... Y en cuanto a ser de la nobleza, o director de banco, ¡eso sí que es vergonzoso, muy vergonzoso!... Después de haber bebido ya no tiene uno vergüenza... Y luego, la música, pero no de ópera o de Beethoven, sino la de los zíngaros, esa que os derrama en el alma tanta vida, tanta energía... Luego, los bellos ojos negros, las sonrisas... Pero mientras más os encanta todo eso, más se siente la vergüenza, y después...”_.[840]

Ha abandonado a su mujer porque comprende que él le hace mal a ella y que ella no le hace a él ningún bien; la deja con un amigo de quien ella es amada y al que también ella ama, sin confesárselo, y que se parecen. Desaparece en los bajos fondos de la bohemia, y todo así se resuelve bien; los otros dos son felices, y él, en la medida en que puede serlo. Pero la sociedad no permite que nadie obre sin su consentimiento, y reduce estúpidamente a Fedia al suicidio, si no quiere que sus dos amigos sean condenados por bigamia. Esta extraña obra, tan profundamente rusa y que refleja el desaliento de los mejores después de las grandes esperanzas de la revolución, que fueron destrozadas, es sencilla, sobria, sin ningún efecto declamatorio. Todos los caracteres son verdaderos y vivientes, aun los de los personajes que aparecen en segundo plano, como la joven hermana, intransigente y apasionada en su concepción moral del amor y del matrimonio; la buena figura acompasada del bravo Karenin, y la vieja mamá, petrificada en sus nobles prejuicios, conservadora, autoritaria en sus palabras, acomodaticia en sus actos; y aun podría decirse lo mismo de las siluetas fugitivas de los zíngaros y de los abogados.

* * * * *

No he citado algunas obras cuya intención dogmática y moral domina la vida libre del arte, aun cuando jamás haga tropezar a Tolstoi en su lucidez psicológica.

_El falso cupón_ es un largo relato, casi una novela, que trata de demostrar el encadenamiento, en el mundo, de todos los actos individuales, buenos y malos. Una falsificación cometida por dos colegiales desencadena toda una serie de crímenes, de más en más horribles, hasta que el acto de la resignación santa de una pobre mujer asesinada por una salvaje, conmueve al asesino y, por ella, de uno en otro, se llega hasta los primeros autores de todo el mal, quienes por esta manera se encuentran así salvados por sus víctimas. El tema es soberbio y toca en epopeya; la obra habría podido levantarse hasta la fatal grandeza de las tragedias antiguas; pero la narración es demasiado larga, muy cortada, sin amplitud, y aun cuando cada personaje esté justamente caracterizado, todos resultan indiferentes.