Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi
Part 18
[444] El cuadro que había hecho durante el sitio para el duque de Ferrara, pero que no quiso entregar porque el Embajador de Ferrara le había faltado al respeto.
[445] En 1531.
[446] Vasari.
[447] El 3 de diciembre de 1555, pocos días después de la muerte del último hermano de Miguel Ángel, Gismondo.
[448] Febrero 25 de 1556.--Miguel Ángel termina así: “me recomiendo a vos y os ruego que me disculpéis con messer Benvenuto (Cellini) si no contesto su carta; porque estos pensamientos me causan tanto dolor que me siento incapaz de escribir”.
Véase también la poesía CLXII:
_E piango e parlo del mio morto Urbino..._
[449] Escribió a la mujer de Urbino, Cornelia, cartas llenas de afecto, en las cuales le prometía llevarse consigo al pequeño Michelangelo, “quererlo más que a los hijos de su sobrino Lionardo y enseñarle todo lo que Urbino deseaba que aprendiese”. Marzo 28 de 1557.--No perdonó a Cornelia que se volviera a casar, en 1559.
[450] Véase en Vasari la relación de estos chistes.
[451] _Ibid._
[452] _Ibid._
[453] Vasari.
[454] Como casi todas las almas sombrías, Miguel Ángel tenía a veces el humor burlón; escribió poesías burlescas del género de Berni. Pero su sátira es ruda y casi trágica, como la lúgubre caricatura de los achaques de la vejez. (_Poesías_ LXXXI). Véase también su parodia de una poesía del amor. (_Ibid._, XXXVII).
[Ilustración]
III SOLEDAD
_L’anima mia, che chon la morte parla..._[455]
Así vivía solo con sus humildes amigos, sus ayudantes y sus locos, y con otros amigos más humildes todavía, sus animales familiares, sus pollos y sus gatos[456].
En el fondo estaba solo, y cada día más. “Estoy siempre solo, escribía a su sobrino en 1548, y no habló con nadie”. Se había separado poco a poco no solamente de la sociedad de los hombres, sino de sus intereses mismos, de sus necesidades, de sus placeres y de sus pensamientos.
La última pasión que lo ligaba a los hombres de su tiempo, el fuego republicano, se había extinguido también. Todavía una vez había lanzado un último resplandor de tempestad, en la época de las dos graves enfermedades de 1544 y 1546, cuando Miguel Ángel fué recogido por su amigo Riccio en la casa de los Strozzi, republicanos y proscriptos. Miguel Ángel, convaleciente, mandó rogar a Roberto Strozzi, refugiado en Lyon, que recordara al Rey de Francia sus promesas, y agregaba que si Francisco I iba a restablecer la libertad en Florencia, se comprometía a elevarle por su cuenta una estatua ecuestre, de bronce, en la plaza de la Señoría[457]. En 1546 regaló a Strozzi, en señal de gratitud por la hospitalidad recibida, los _Dos Cautivos_ que Strozzi a su vez obsequió a Francisco I.
Pero esto no era más que un acceso de la fiebre política, y el último. En algunos pasajes de sus Diálogos con Giannotti, en 1545, expresa casi los pensamientos de Tolstoi sobre la inutilidad de la lucha y la no resistencia al mal:
“Es una gran presunción atreverse a matar a alguien, porque no se puede saber seguramente si de su muerte resultará algún bien o si de su vida lo hubiera resultado. Por eso yo no puedo soportar a esos hombres que creen que no es posible producir el bien si no se comienza por el mal, es decir, por el asesinato. Los tiempos cambian, nuevos sucesos sobrevienen, los deseos se transforman, los hombres se cansan... y al fin de cuentas sucede siempre lo que no se había previsto”.
El mismo Miguel Ángel que había hecho la apología del tiranicidio, se irritaba contra los revolucionarios que se imaginan cambiar el mundo con un acto. Sabía bien que él había sido uno de ellos y se condenaba a sí mismo amargamente. Como Hamlet, dudaba ya de todo, de sus pensamientos, de sus odios, y de todo lo que había creído. Volvía la espalda a la acción. Y escribía: “El buen hombre que respondió a alguno:--Yo no soy un hombre de estado, yo soy un hombre honrado y un hombre de buen sentido--, ése decía la verdad. ¡Si mis trabajos de Roma me preocuparan tan poco como los negocios de los Estados!”[458].
La verdad es que ya no odiaba. No podía ya odiar. Era demasiado tarde:
_Ahimè, lasso chi pur tropp’ aspetta, Ch’ i’ gionga a suoi conforti tanto tardj! Ancor, se ben riguardj, Un generoso, alter’ e nobil core Perdon’ e porta a chi l’offend’ amore._
“¡Ay de mí, cansado de una espera demasiado larga, llego demasiado tarde a lo que había deseado!... y ahora ¿no lo sabes? un corazón generoso, soberbio y noble perdona y ofrece su amor a quien lo ofende”[459].
* * * * *
Vivía en el Macel de’ Corvi, sobre el foro de Trajano. Tenía allí una casa con un jardinillo y la ocupaba con un criado, una criada y sus animales familiares[460]. No tenía buena mano para sus criados. “Eran todos negligentes y sucios”, dice Vasari. Los cambiaba a menudo y se quejaba de ellos amargamente[461]. Tuvo por esta causa tantos disgustos como Beethoven; y sus _Ricordi_ (recuerdos o notas) como los cuadernos y conversaciones de Beethoven, conservan todavía las huellas de sus trastornos domésticos. “¡Oh, más valía que no hubiera estado nunca aquí!” Escribía en 1560, después de haber despedido a una criada, Girolama.
Su cuarto era sombrío como una tumba[462]. “En él las arañas hacían mil trabajos hilando con sus pequeños husos”[463]. A la mitad de la escalera había pintado a la Muerte llevando sobre el hombro un ataúd[464]. Vivía como un pobre y apenas comía[465], y “cuando no podía dormir se levantaba por la noche, para trabajar con el cincel. Se había fabricado un casco de cartón sobre el cual ponía una vela encendida, encima de su cabeza y de esta manera sin estorbo en las manos, iluminaba su trabajo”[466].
Al hacerse más viejo se hacía más solitario; era para él una necesidad, cuando todo dormía en Roma, refugiarse en el trabajo nocturno. El silencio era para él un beneficio, y la noche una amiga:
“¡Oh noche, oh tiempo dulce aunque sombrío, donde todo esfuerzo acaba por alcanzar la paz; quien te alaba ve bien y comprende bien, y quien te honra está en su pleno juicio. Tú cortas todos los pensamientos fatigados, con las sombras húmedas y el reposo; y de aquí abajo, a menudo, me llevas en sueños hasta las alturas adonde espero ir. ¡Oh sombra de la muerte, por la cual se evitan todas las miserias enemigas del alma y del corazón, supremo y buen remedio de los afligidos, tú devuelves la salud a nuestra carne enferma, tú secas nuestro llanto, tú nos descargas de nuestras fatigas, y limpias a los buenos del odio y del disgusto”[467].
Vasari visitó una noche al viejo que estaba solo en su casa desierta, contemplando la trágica _Pietà_ y meditando:
Cuando Vasari tocó, Miguel Ángel se levantó y fué a la puerta con un candelero en la mano. Vasari quiso contemplar la escultura, pero Miguel Ángel dejó caer y apagarse la luz para que no pudiera ver nada. Y mientras que Urbino iba a buscar otra, el Maestro se volvió hacia Vasari y le dijo: “Estoy tan viejo que con frecuencia la muerte me tira de las calzas para llevarme. Un día caerá mi cuerpo como esta antorcha y como ella se extinguirá la luz de mi vida”.
La idea de la muerte lo absorbía, cada vez más próxima y llena de sombras.
“No hay en mí ningún pensamiento, decía a Vasari, que no tenga en el fondo esculpida la muerte”[468].
Le parecía ya como la única felicidad de la vida:
“Cuando mi pasado se me hace presente, y esto me sucede a todas horas, ¡oh mundo falso! entonces conozco bien el error y la culpa de la raza humana. El que llega a consentir en tus frivolidades y en sus vanas delicias, prepara para su alma penas dolorosas. Bien lo sabe el que hace la prueba; con cuánta frecuencia prometes paz y bienes que no tienes ni tendrás nunca. Por eso el menos favorecido es el que permanece por más tiempo aquí abajo, y el que vive menos, más fácilmente vuelve al cielo”[469].
“Conducido por muchos años a mi última hora reconozco tarde ¡oh mundo!, tus delicias. Tú prometes la paz que no tienes; tú prometes el reposo que muere antes del nacimiento. Lo digo y lo sé por experiencia, los únicos elegidos del cielo son los que más pronto mueren después de nacer”[470].
Como su sobrino Lionardo festejara el nacimiento de su hijo, Miguel Ángel lo reprimió severamente:
“Esta pompa me disgusta. No hay que reírse cuando el mundo entero llora. Es una falta de sentido celebrar así una fiesta por alguien que acaba de nacer. Hay que reservar la alegría para el día en que muere un hombre que ha vivido bien”[471].
Y al año siguiente lo felicitó por haber perdido a un segundo hijo de corta edad.
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La naturaleza, que hasta entonces había desdeñado en su fiebre apasionada, y por su genio intelectual, fué en sus últimos años una consoladora para él[472]. En septiembre de 1556, huyendo de Roma, amenazado por las tropas del Duque de Alba, pasó por Spoleto y permaneció allí cinco semanas, en medio de los bosques de encinas y de olivos, dejándose penetrar por el esplendor cercano del otoño. Volvió a Roma con sentimiento, a fines de octubre, porque fué llamado. “He dejado allá más de la mitad de mí mismo, escribía a Vasari; porque verdaderamente la paz no se encuentra más que en los bosques”.
_Pace non si trova se non nei boschi_[473].
Y de regreso en Roma, el anciano de ochenta y dos años compuso una hermosa poesía a la gloria de los campos y de la vida campestre, en contraste con la mentira de las ciudades. Fué su última obra poética y tiene toda la frescura de la juventud[474].
Pero en la naturaleza, lo mismo que en el arte y en el amor, era a Dios a quien buscaba y a quien se aproximaba cada día más. Siempre había sido creyente. Aunque no se dejara engañar por los sacerdotes ni por los monjes, ni por los devotos y las devotas, aunque a veces se burlara rudamente de ellos[475], nunca tuvo según parece la menor duda en su fe. Cuando la enfermedad o la muerte de su padre y de sus hermanos, su primer cuidado fué siempre que recibieran los sacramentos[476]. Tenía una confianza sin límites en la oración: creía más en ella que en todas las medicinas[477]. Atribuía a su intercesión todos los bienes recibidos y los males que no le habían llegado. Tenía en su soledad crisis de adoración mística. La casualidad nos ha conservado el recuerdo de una de ellas: Un relato contemporáneo nos muestra la cara extática del héroe de la Sixtina, solo, orando en la noche, en su jardín de Roma e implorando con sus ojos dolorosos al cielo estrellado[478].
No es cierto, como se ha querido hacer creer, que su fe haya sido indiferente al culto de los Santos y de la Virgen[479]. Sería gracioso convertir en protestante al hombre que consagró los veinte últimos años de su vida a construir el templo del Apóstol Pedro y cuya última obra, interrumpida por la muerte, fué una estatua de San Pedro. No se puede olvidar que en diversas ocasiones quiso emprender grandes peregrinaciones, en 1545 a Santiago de Compostela, en 1556 a Loreto, y que formaba parte de la Hermandad de San Giovanni Decollato--San Juan Bautista--pero es cierto que, como todo gran cristiano, vivió y murió en Cristo[480]. “Vivo pobre con Cristo”, escribía a su padre desde 1512, y al morir suplicaba que se le recordaran los sufrimientos de Cristo. Desde la amistad, y sobre todo después de la muerte de Vittoria Colonna, su fe tomó un carácter más exaltado. Al mismo tiempo que su arte, se consagraba casi exclusivamente a la gloria de la Pasión de Cristo[481], su poesía se abismaba en el misticismo. Renegaba del arte y se refugiaba en los grandes brazos abiertos del Crucificado:
“El curso de mi vida ha llegado, sobre la mar tempestuosa, en un frágil barco, al puerto común donde se desembarca para dar cuenta y razón de toda obra pía e impía. La ilusión apasionada que me hizo del arte un ídolo y un monarca, me parece hoy cargada de errores y veo claramente lo que todo hombre desea para su mal. Los pensamientos amorosos, los pensamientos vanos y alegres, ¿qué son ahora que me aproximo a las dos muertes? de una de ellas estoy seguro y la otra me amenaza. Ni la pintura ni la escultura son capaces de apaciguar el alma, dirigida hacia el amor divino, que para recogernos, abre sus brazos sobre la Cruz”[482].
* * * * *
Pero la flor más pura que la fe y el sufrimiento hicieron brotar en aquel viejo corazón desgraciado, fué la divina caridad. Este hombre, a quien sus enemigos acusaban de avaricia[483], no dejó durante toda su vida de colmar con sus liberalidades a los infelices conocidos y desconocidos.
No solamente demostró siempre el afecto más conmovedor para sus viejos servidores y para los de su padre, para una tal Mona Margherita, a quien recogió después de la muerte del viejo Buonarroti, y cuya muerte le causó “más pena que si hubiera sido una hermana”[484]; para un humilde carpintero que había trabajado en el andamiaje de la Capilla Sixtina, a cuya hija dotó[485]... sino que también daba constantemente a los pobres y sobre todo a los pobres vergonzantes. Le gustaba asociar en sus limosnas a su sobrino y a su nuera, les inspiraba la costumbre de hacerlo; los hacía que hicieran caridades por cuenta de él sin nombrarlo siquiera, porque quería que sus limosnas se conservaran secretas[486]. “Le gustaba más hacer el bien que parecer hacerlo”[487]. Por un rasgo de exquisita delicadeza, pensaba sobre todo en las jóvenes pobres y procuraba darles ocultamente pequeñas dotes para que pudieran casarse o entrar en un convento.
“Procura, pues, conocer a un burgués necesitado que tenga una hija por casarse o para entrar al convento”; le escribe a su sobrino, y agrega: “hablo de los que están necesitados y se avergüenzan de mendigar. Dales el dinero que te mando, pero en secreto, y de tal manera que no te dejes engañar”[488].
Y en otra ocasión:
“Infórmame si conoces algún otro noble burgués muy necesitado, y sobre todo si tiene hijas en su casa; me sería muy agradable hacerle algún beneficio por la salud de mi alma”[489].
NOTAS:
[455] _Poesías_, CX.
[456] “Los pollos y el señor gallo triunfan, le escribe Angiolini en 1553, durante una de sus ausencias; pero los gatos están desolados por no veros, aunque no les falta comida”.
[457] Carta de Riccio a Roberto di Filippo Strozzi, (julio 21 de 1544).
[458] Carta a Lionardo su sobrino (1547).
[459] _Poesías_, CIX, 64. Miguel Ángel supone aquí un diálogo del poeta con un proscrito florentino. Es posible que haya escrito esta poesía después del asesinato de Alejandro de Médicis por Lorenzino, en 1536. (Se publicó por primera vez en 1543, con música de Giacomo Arcadelt).
[460] Entre sus criados anoto a título de curiosidad a un francés, Richard, _Riccardo franzese_. (Junio 18 de 1552. Ricordi, página 606).
[461] “Yo querría, escribe a Lionardo, una criada que fuera buena y limpia; pero es muy difícil, porque todas son sucias y perdidas. (_Son tutte puttane e porche._) Les doy diez julios al mes. Vivo pobremente, pero pago bien”. (_Cartas_, agosto 16 de 1550).
[462] _La mia scura tomba..._ (_Poesías_, LXXXI).
[463] _Dov’è Aragn’ e mill’opre et lavoranti._ _E fan di lor filando fusaiuolo._ (_Ibid._)
[464] Sobre el ataúd estaba este epitafio:
_Io dico a voi, ch’al mondo avete dato L’anima e 'l corpo e lo spirito 'nsieme: In questa cassa oscura è 'l vostro lato._
“Yo os digo, a vosotros, que habéis dado al mundo el alma, el cuerpo y el espíritu a la vez: en esta caja obscura tendréis todo”.
(_Ibid._, CXXXVII).
[465] “Era muy sobrio. Cuando joven se contentaba con un poco de pan y vino para poder consagrarse enteramente al trabajo. En su vejez, desde la época en que hizo el _Juicio Final_, se acostumbró a beber un poco, pero únicamente por las tardes, cuando había terminado su trabajo, y de la manera más moderada. Aunque fuera rico vivía como un pobre. Nunca o muy rara vez comía algún amigo con él; no quería aceptar obsequios de nadie, porque se creía así obligado para siempre con el donante. Su sobriedad fué causa de que siempre fuera muy despierto y tuviera poca necesidad de sueño”. (Vasari).
[466] Vasari, observando que no usaba cera, sino candelas de sebo de cabra, le mandó cuarenta libras. El servidor de Miguel Ángel se las llevó, pero Miguel Ángel rehusó aceptarlas. El servidor dijo: “Amo, tengo los brazos deshechos por haberlas traído y no quisiera volvérmelas a llevar. Si no las queréis, voy a plantarlas en el lodazal seco que está frente a la casa y las encenderé todas”. Entonces Miguel Ángel replicó: “Déjalas pues allí, porque no quiero que hagas locuras ante mi puerta”. (Vasari).
[467] Véase Apéndice, XXIII. (_Poesías_, LXXVIII). Frey fija para esta poesía la fecha aproximada de 1546, en la época del _Juicio Final_ y de la Capilla Paulina. Grimm cree que sea un poco posterior, hacia 1554. Otro soneto sobre la noche--_Poesías_, LXXVII--es de la más grande belleza poética, pero más literario y algo amanerado.
[468] _Non nasce in me pensiero che non vi sia dentro sculpita la morte._ (_Cartas_, junio 22 de 1555)
[469] Véase Apéndice, XXIV. (_Poesías_, CIX, 32).
[470] Apéndice, XXV. (_Poesías_, CIX, 34).
[471] Carta a Vasari, con esta fecha: “No se qué día de abril de 1554”. (_A di non so quanti d’aprile 1554)._
[472] Siempre había prestado muy poca atención a la naturaleza, a pesar de los años que pasó fuera de las ciudades, en Carrara o en Seravezza. El paisaje tiene ínfimo lugar en su obra; se reduce a algunas indicaciones abreviadas, casi esquemáticas, en los frescos de la Sixtina. En esto, Miguel Ángel se aleja de sus contemporáneos, de Rafael, del Ticiano, del Perugino, de Francia, de Leonardo. Despreciaba los paisajes de los artistas flamencos, entonces muy a la moda: “Grupos--decía,--paredes, campos muy verdes sombreados con árboles, ríos y gentes, y muchas figuras por aquí y por allá, eso es lo que se llama paisajes”.--_Diálogos_ de Francisco de Holanda.
[473] _Cartas_, diciembre 28 de 1556.
[474] Quiero hablar de la larga poesía, no terminada, de 115 versos que comienzan así:
_Nuovo piacere e di magiore stima Veder l’ardite capre sopr’un sasso Montar, pasciendo or questa or quella cima..._
“Es un nuevo placer y siempre más estimado ver las cabras atrevidas sobre una roca pastando, ya en ésta o en aquella cima”.
(_Poesías_, CLXIII, págs. 249-253 de Frey).
Acepto aquí la interpretación de Frey, que señala para esta poesía la fecha de octubre a diciembre de 1556. Thode es de otra opinión, y la atribuye a la juventud de Miguel Ángel, pero no da a mi juicio ninguna razón suficiente.
[475] En 1548, disuadiendo a su sobrino Lionardo de hacer una peregrinación a Loreto, le aconsejaba gastar más bien el dinero en limosnas, “porque si llevas tu dinero a los sacerdotes, ¡Dios sabe lo que harán!” (Abril 7 de 1548). Sebastián del Piombo iba a pintar un monje en San Pedro in Montorio; Miguel Ángel piensa que aquel monje echará todo a perder y dice: “Los monjes han perdido al mundo que es muy grande; no sería sorprendente que perdieran una capillita”. En la época en que Miguel Ángel trataba de casar a su sobrino, fué a verlo una devota, le dijo un sermón, lo exhortó a la piedad y le ofreció para Lionardo una muchacha piadosa y de buenos principios. “Yo le respondí, escribe Miguel Ángel, que haría mejor ocupándose de tejer y de hilar, que rondando así alrededor de la gente, comerciando con las cosas santas”. (_Cartas_, julio 19 de 1549).
Escribió poesías ásperas de un sentimiento savonarolista contra los sacrilegios y las simonías de Roma. Por ejemplo, el soneto:
_Qua si fa elmj di chalicj e spade, E ’l sangue di Christo si vend’a giumelle..._
“Ahí se hacen con los cálices espadas y yelmos, y la sangre de Cristo se vende a dos manos...”.
(_Poesías_, X, por el año de 1512).
[476] Carta a Buonarroto respeto a una enfermedad de su padre. (Noviembre 23 de 1516). Carta a Lionardo, refiriéndose a la muerte de Giovan Simone. (Enero de 1548). “Me sería agradable saber si se ha confesado y si ha recibido bien los Sacramentos. Si supiera que es así sufriría menos”.
[477] “_Più credo agli orazioni che alle medicine_”. (Cartas a Lionardo, abril 25 de 1549).
[478] “En el año del Señor de 1513, el primer año del Pontificado de León X, Miguel Ángel que se encontraba entonces en Roma--y creo, si no me equivoco que era en Otoño--una noche, al aire libre, en un jardín de su casa, oraba y levantó los ojos al cielo. De repente vió un meteoro maravilloso, un signo triangular con tres rayos: uno, que iba hacia el Este, brillante y liso como una hoja de espada pulida y al fin terminaba en un gancho; el otro color de rubí azul rojizo, que se extendía sobre Roma; y el otro color de fuego, retorcido y de tal longitud que llegaba hasta Florencia. Cuando Miguel Ángel vió este signo divino fué a su casa a buscar un papel, pluma y colores y dibujó la aparición; y cuando hubo terminado, la señal desapareció”. (Fray Benedetto: _Vulnera diligentis_, tercera parte. Mss. Riccardianus 2985. Citado por Thode, según Villari).
[479] Henry Thode.
[480] Cuando Leone Leoni, en 1560, grabó una medalla con la efigie de Miguel Ángel, éste mandó dibujar en el anverso un ciego conducido por un perro, con esta inscripción: _Docebo iniquos vias tuas et impii ad te convertentur._ (Vasari).
[481] _Crucifijo_, _Entierro de Cristo_, _Descendimiento de la Cruz_, _Pietà_.
[482] Apéndice, XXVI. (_Poesías_, CXLVII). Este soneto, que Frey juzga con razón como el más hermoso de todos los de Miguel Ángel, es de 1555-1556. Muchas otras poesías expresan con menor belleza de forma, pero no con menos emoción y fe, un sentimiento análogo. Véase Apéndice XXVII.
[483] Estos rumores eran puestos en circulación por el Aretino y por Bandinelli. El Embajador del duque de Urbino contaba a quien quería oírlo, en 1542, que Miguel Ángel se había hecho inmensamente rico prestando con usura el dinero que había recibido de Julio II, para el monumento que no había ejecutado. Miguel Ángel había dado pretexto hasta cierto punto, para esas acusaciones, por la dureza que mostró algunas veces en sus negocios (por ejemplo, con el viejo Signorelli, a quien persiguió en 1518, por un préstamo hecho en 1513) y por una rapacidad instintiva de campesino avaro que existía en él al mismo tiempo que una generosidad natural; pero esto era, por decirlo así, un gesto maquinal y hereditario. En realidad era de una extremada negligencia en sus negocios y no llevaba nunca cuentas. No sabía lo que tenía y daba a manos llenas. Su familia no dejó de aprovecharse de su capital.
Hacía obsequios regios a sus amigos y a sus servidores. La mayor parte de sus obras fueron regaladas y no vendidas; trabajó gratuitamente en San Pedro. Nadie condenó tan severamente como él el amor al dinero. “La avidez de lucro es un gran pecado”, escribió a su hermano Buonarroto. Vasari protesta con indignación contra las calumnias de los enemigos de Miguel Ángel, recuerda todo lo que su maestro ha dado: a Tommaso dei Cavalieri, a Bindo Altoviti, a Sebastián del Piombo, a Gherardo Perini, dibujos inestimables; a Antonio Mini, la _Leda_ con todos los esbozos y los modelos; a Bartolommeo Bettini una admirable _Venus con Cupido que la besa_; al marqués del Vasto, un _Noli me tangere_; a Roberto Strozzi, los _Dos Esclavos_; a su servidor Antonio el _Descendimiento de la Cruz_, etc. “Yo no sé cómo, concluye, se puede tratar de avaro al hombre que prodigaba tales obras, que valían miles de escudos”.
[484] Cartas a Giovan Simone (1533); y a Lionardo Buonarroti, (noviembre de 1540).
[485] Vasari.
[486] “Me parece que descuidas demasiado la caridad”, escribió a Lionardo en 1547.
“Me escribes que quieres dar a esa mujer cuatro escudos de oro por el amor de Dios, y eso me gusta”. (Agosto de 1547).
“Procura dar donde hay verdadera necesidad y no por amistad sino por amor de Dios. No digas de dónde viene el dinero”. (Marzo 29 de 1549).