Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi
Part 10
“Señor, si algún proverbio antiguo es cierto, es el que dice que el que _puede nunca quiere_. Tú has creído fábulas y murmuraciones y has recompensado al enemigo de la verdad. ¡Yo soy y he sido tu bueno y viejo servidor, y te soy adicto como los rayos al sol!... ¡mi tiempo perdido no te aflija! que mientras más me esfuerzo menos te complazco. Yo había esperado engrandecerme con tu grandeza, y que mis únicos jueces fueran la balanza justa y la espada poderosa, y no el eco de la mentira. Pero el cielo se mofa de la virtud, cuando la coloca en este mundo, si debe la virtud coger los frutos de un árbol seco”[190].
La afrenta que recibió de Julio II no fué la única razón que hizo a Miguel Ángel emprender la fuga. En una carta a Giuliano da San Gallo deja entender que Bramante quería mandarlo asesinar[191].
Una vez que salió Miguel Ángel, Bramante se quedó dueño del campo, y al día siguiente de la fuga de su rival mandó poner la primera piedra de San Pedro[192]. Su rencor implacable se encarnizó contra la obra del escultor y procuró arruinarla para siempre. Hizo que el populacho saqueara los talleres de la plaza de San Pedro, donde estaban los bloques de mármol para la tumba de Julio II[193].
Pero el Papa, rabioso por la rebelión de su escultor, enviaba una orden tras otra a la Señoría de Florencia, donde Miguel Ángel se había refugiado. La Señoría mandó comparecer a Miguel Ángel, y le dijo: “Has hecho al Papa una jugada como el mismo rey de Francia no se la hubiera hecho. No queremos comprometernos por causa tuya en una guerra con él; así es que debes volver a Roma. Nosotros te daremos unas cartas en tal forma, que cualquier injusticia en contra tuya sería también contra la Señoría”[194].
Miguel Ángel se resistía tercamente y ponía condiciones. Exigía que Julio II lo dejara hacer la tumba, en la inteligencia de que ya no trabajaría en Roma, sino en Florencia. Cuando Julio II salió a la guerra contra Perusa y Bolonia[195], y sus intimaciones se hicieron más amenazadoras, Miguel Ángel pensó en irse a Turquía, donde el Sultán le ofreció, por conducto de los franciscanos, que fuera a Constantinopla para construir un puente en Pera[196].
Al fin fué necesario ceder, y en los últimos días de noviembre de 1506 fué, aunque de mala gana, a Bolonia, donde Julio II, vencedor, acababa de entrar por la brecha.
“Miguel Ángel había ido una mañana a oír misa a San Petronio. El palafrenero del Papa advirtió su presencia, lo reconoció y lo condujo ante Julio II, quien estaba en la mesa en el Palacio de los Diez y Seis. El Papa, irritado le dijo:
“Tú debías haber ido a buscarnos (a Roma) y has esperado que nosotros viniéramos a encontrarte (en Bolonia)”.
Miguel Ángel se arrodilló y pidió perdón en voz alta, diciendo que no había obrado por malicia sino por irritación porque no había podido soportar ser arrojado como lo había sido. El Papa permanecía sentado con la cabeza baja y la cara inflamada de cólera, cuando un obispo a quien Soderini había enviado para que tomara la defensa de Miguel Ángel, quiso interponerse, y dijo: “Tenga a bien Vuestra Santidad no conceder atención a sus tonterías; ha pecado por ignorancia. Fuera de su arte, todos los pintores son lo mismo”. El Papa, furioso, exclamó: “Le estás diciendo una grosería que nosotros no hemos dicho. El ignorante eres tú... Vete y que el diablo te lleve”, y como no se iba, los servidores del Papa lo arrojaron a puñetazos. Entonces, habiendo descargado su cólera sobre el Obispo, el Papa mandó a Miguel Ángel que se acercara y lo perdonó[197].
Desgraciadamente, para hacer las paces con Julio II fué necesario pasar por todos sus caprichos, y la voluntad todopoderosa había cambiado de nuevo. Ya no se trataba de la tumba, sino de una estatua colosal de bronce que quería mandarse construir en Bolonia. Miguel Ángel protestó en vano diciendo “que él no conocía nada de la fundición del bronce”. Fué necesario aprenderla mediante un trabajo encarnizado. Habitaba un mal cuarto con una sola cama donde se acostaba con sus dos ayudantes florentinos, Lapo y Ludovico, y con su fundidor, Bernardino. Quince meses se pasaron entre molestias de todos géneros. Tuvo que reñir con Lapo y Ludovico, quienes lo robaban.
“Este pillo de Lapo, escribió a su padre, daba a entender a todos que él y Ludovico eran los que hacían toda la obra, o al menos que la hacían en colaboración conmigo. No le podía caber en la cabeza que él no era el amo hasta el instante en que lo despedí; entonces, por primera vez, advirtió que estaba a mi servicio. Lo arrojé como a un animal”[198].
Lapo y Ludovico se lamentaron ruidosamente: propagaron en Florencia calumnias contra Miguel Ángel, y lograron sacarle dinero a su padre con el pretexto de que el escultor les había robado.
Después fué el fundidor, cuya incapacidad se reveló.
“Había creído que el maestro Bernardino era capaz de fundir hasta sin fuego; tanta fe tenía yo en él”.
En junio de 1507 fracasó el trabajo de fundición. La figura no salió más que hasta la cintura. Fué necesario volver a empezarlo todo, Miguel Ángel permaneció ocupado en esta obra hasta febrero de 1508, y estuvo a punto de perder en ella la salud.
“Apenas tengo tiempo de comer, escribe a su hermano... Vivo con la mayor incomodidad y con grandes penas; sólo pienso en trabajar día y noche; he tenido tales sufrimientos y los tengo todavía, que creo que si tuviera que hacer otra vez la estatua, no me alcanzaría la vida; éste ha sido un trabajo de gigante”[199].
El resultado fué miserable, comparado con tales fatigas. La estatua de Julio II, elevada en febrero de 1508 frente a la fachada de San Petronio, no permaneció allí más que cuatro años. En diciembre de 1511 fué destruida por el bando de los Bentivoglio, enemigos de Julio II; y Alfonso de Este compró los restos para hacer un cañón.
* * * * *
Miguel Ángel volvió a Roma. Julio II le imponía otra tarea, no menos inesperada y más peligrosa aún: al pintor, que no sabía nada de la técnica del fresco, le ordenaba pintar la bóveda de la Capilla Sixtina. Se hubiese dicho que se complacía ordenando lo imposible y Miguel Ángel ejecutándolo.
Parece que fué Bramante quien, viendo que Miguel Ángel volvía a tener el favor papal, le colocó esta tarea donde pensaba que naufragaría su gloria[200]. La prueba era tanto más peligrosa para Miguel Ángel cuanto que en este mismo año de 1508, su rival Rafael comenzaba la pintura de las _Stanze_ del Vaticano con un éxito incomparable[201]. Hizo todo lo que pudo por rehusar este formidable honor; llegó hasta a proponer a Rafael en lugar suyo: decía que no era su arte y que no tendría éxito. Pero el Papa se obstinó y fué necesario ceder.
Bramante construyó para Miguel Ángel un andamiaje en la Capilla Sixtina, y se mandaron traer de Florencia algunos pintores experimentados en el fresco, para que lo ayudaran algo. Pero estaba dicho que Miguel Ángel no podía tener ningún género de ayuda. Comenzó por declarar inútil el andamiaje de Bramante, construyendo otro. En cuanto a los pintores florentinos, les tomó mala voluntad y sin más explicaciones los puso a la puerta. “Mandó destruir una mañana todo lo que habían pintado; se encerró en la Capilla y no quiso abrirles ni apareció más por su propia casa. Cuando la burla les pareció que había durado bastante, se decidieron a volver a Florencia, profundamente humillados”[202].
Miguel Ángel se quedó solo con algunos obreros[203]. Y en vez de que las dificultades mayores disminuyeran su atrevimiento, hizo más grande su plan y decidió pintar, no solamente la bóveda como se pretendía al principio, sino también los muros.
El trabajo gigantesco comenzó el 10 de mayo de 1508. ¡Años sombríos, los más sombríos y más sublimes de toda esta vida! Éste es el Miguel Ángel legendario, el héroe de la Sixtina, aquél cuya imagen grandiosa está y debe quedar grabada en la memoria de la humanidad.
Sufrió terriblemente. Sus cartas de entonces demuestran un desaliento apasionado, que no podía satisfacerse con sus divinos pensamientos:
“Estoy en un gran abatimiento de espíritu; hace un año que no recibo nada del Papa; no le pido nada, porque mi obra no avanza bastante para que me parezca merecer una remuneración. Esto se debe a la dificultad del trabajo que no es de mi profesión. Así es que pierdo mi tiempo sin provecho. ¡Dios me asista!”[204].
Apenas había acabado de pintar el _Diluvio_ cuando la pintura comenzó a enmohecerse; ya no se podían distinguir las figuras, y se rehusó a continuar. Pero el Papa no admitió ninguna excusa y tuvo que volver al trabajo.
Sus gentes agregaban a las fatigas y las inquietudes impertinencias odiosas. Toda su familia vivía a sus expensas, abusaba de él, lo hostigaba mortalmente. Su padre no cesaba de gemir, de inquietarse por asuntos de dinero. Tenía que gastar su tiempo dándole valor, cuando él mismo estaba agotado.
“No os agitéis, ésas no son cosas que importen fundamentalmente para la vida... yo no dejaré que os falte nada mientras yo mismo tenga algo... mientras que yo exista no os faltará nada, aunque os quiten todo lo que tenéis en el mundo... Prefiero ser pobre y saber que estáis vivo, a tener todo el oro del mundo y saber que estáis muerto... Si no podéis como otros tener los honores de este mundo, que os baste tener vuestro pan, y vivir como Cristo, bueno y pobre, como yo lo hago aquí; porque yo soy un miserable y no me atormento por la vida ni por el honor, es decir, por el mundo; y vivo entre grandes penas y con una desconfianza infinita. Desde hace quince años no tengo una hora buena; he hecho todo lo posible por sosteneros y nunca lo habéis reconocido ni creído. ¡Que Dios nos perdone a todos! ¡Estoy dispuesto en lo futuro y mientras viva a obrar siempre de la misma manera, con sólo que lo pueda hacer!”[205].
Sus tres hermanos lo explotaban. Esperaban de él dinero y posición; agotaban sin escrúpulo el pequeño capital reunido por Miguel Ángel en Florencia; iban a hospedarse en su casa, en Roma; hacían que se les comprara, Buonarroto y Giovan Simone un pequeño comercio, y Gismondo algunas tierras cerca de Florencia. Y no agradecían nada, como si todo se lo merecieran. Miguel Ángel sabía que lo explotaban, pero era demasiado orgulloso para impedirlo. Los pícaros no se limitaban a esto, pues observaban mala conducta y maltrataban a su padre cuando Miguel Ángel estaba ausente. Entonces Miguel Ángel estallaba con amenazas furiosas; corregía a sus hermanos como si fueran pilluelos viciosos, a latigazos; los hubiera matado en caso necesario.
“Giovan Simone:[206]
“Se dice que quien hace bien al bueno, lo hace mejor, pero que los beneficios vuelven más malvado al malvado. Hace mucho que trato, con buenas palabras y con buenas maneras, de conducirte a una vida honrada, en paz con tu padre y con nosotros, y cada día eres peor... Podría hablarte muy largo, pero sólo serían palabras. Para terminar, sabe con certidumbre que no posees nada en el mundo, porque yo soy quien te da el sustento para vivir, por amor de Dios, porque creía que eras mi hermano como los otros; pero ahora estoy seguro de que no eres mi hermano, porque si lo fueras, no habrías amenazado a mi padre. Eres más bien una bestia, y te trataré como a una bestia. Debes saber que quien ve a su padre amenazado, debe exponer la vida por él... ¡Basta! Te digo que no posees nada en el mundo, y si oigo algo de ti, iré a enseñarte a dilapidar tu fortuna y a quemar la casa y los bienes que tú no has ganado. No estás donde tú crees. Si voy a tu lado, te mostraré algunas cosas que te harán llorar lágrimas ardientes y conocer en qué fundas tu arrogancia... Si quieres dedicarte a obrar bien, a honrar y venerar a tu padre, te ayudaré como a los otros y dentro de poco te procuraré una tienda. Pero si no lo haces así, iré y arreglaré tus asuntos de tal manera que conozcas quién eres y que sepas exactamente lo que tienes en el mundo... ¡Nada más! Donde me faltan palabras, las suplo con hechos”.
_Michelagniolo_, en Roma.
“Dos líneas más. Desde hace doce años arrastro una vida miserable por toda Italia, soporto todas las vergüenzas, sufro todas las penas, desgarro mi cuerpo con todas las fatigas, expongo mi vida a mil peligros, únicamente por ayudar a mi casa; y ahora que he comenzado a levantarla un poco, ¡te diviertes destruyendo en una hora lo que yo he edificado con tanto trabajo y en tantos años! ¡Cuerpo de Cristo! ¡Eso no será! Porque yo soy capaz de hacer pedazos a diez mil como tú, si es necesario. Por eso debes ser prudente, y no impulsar hasta el extremo a quien tiene pasiones muy distintas de las tuyas”[207].
Después le toca el turno a Gismondo:
“Vivo aquí en la miseria y con grandes fatigas corporales. No tengo amigo de ningún género, ni lo quiero. Hace muy poco tiempo que tengo recursos para comer a mi gusto. Dejad de causarme tormentos, porque ya no podría soportar ni una onza”[208].
Finalmente, el tercer hermano, Buonarroto, empleado en la casa de comercio de los Strozzi, después de todos los préstamos de dinero que le hizo Miguel Ángel, lo molesta desvergonzadamente y se vanagloria de haber gastado por él más de lo que ha recibido.
“Yo querría, le escribe Miguel Ángel, saber por tu ingratitud, de dónde tienes tú dinero; querría saber si tienes en cuenta los 228 ducados míos que tomaste en el banco de Santa María la Nueva, y de otros muchos centenares de ducados que he enviado a la casa, y de las penas y preocupaciones que he tenido para sosteneros. Yo querría saber si tienes en cuenta todo esto. Si tuvieras bastante inteligencia para reconocer la verdad, no dirías: _He gastado tanto de lo mío_, y no te habrías vuelto contra mí para atormentarme con tus asuntos, sin acordarte de toda mi conducta pasada para vosotros. Te habrías dicho: _‘Miguel Ángel sabe lo que nos ha escrito; si no lo hace ahora, es porque se lo impide algo que no sabemos: seamos pacientes’._ Cuando un caballo corre todo lo que puede, no es bueno espolearlo, para que corra más de lo que puede. Pero ustedes nunca me han conocido ni me conocen. ¡Qué Dios los perdone! Él es quien me ha concedido la gracia de bastarme para todo lo que he hecho en ayuda de ustedes. Pero ustedes no lo reconocerán sino hasta que ya no me tengan”[209].
Tal era la atmósfera de ingratitud y de envidia en la cual se debatía Miguel Ángel, entre una familia indigna que lo hostigaba y enemigos encarnizados que lo espiaban, contando con su fracaso. Y él ejecutaba entre tanto la obra heroica de la Sixtina, mediante esfuerzos desesperados. Poco faltó para que abandonara todo y huyera de nuevo. Creía que iba a morir[210]. Tal vez lo haya deseado.
El Papa se irritaba con sus lentitudes y su obstinación para ocultar la obra. Sus caracteres orgullosos entrechocaban como nubes de tempestad. “Un día, dice Condivi, Julio II le preguntó cuándo terminaba la Capilla, y Miguel Ángel contestó, según su costumbre: ‘Cuando pueda’. Julio II, furioso, le dió un golpe con su bastón repitiendo: ‘¡Cuando pueda! ¡Cuando pueda!’ Miguel Ángel corrió a su casa e hizo sus preparativos para salir de Roma. Pero Julio II le despachó un enviado que le llevaba 500 ducados, lo apaciguó lo mejor que pudo y disculpó al Papa. Miguel Ángel aceptó las excusas. Pero al día siguiente volvían a empezar. El Papa llegó a decirle un día, coléricamente: ‘¿Quieres que mande tirar tus andamios?’ Miguel Ángel tuvo que ceder, quitó el andamiaje y descubrió la obra el día de Todos los Santos de 1512”.
Esta festividad brillante, y al mismo tiempo sombría, por los reflejos que recibe del Día de Muertos, era bien apropiada para la inauguración de esta obra terrible, llena del Espíritu del Dios que crea y que mata--Dios devorador, por donde se precipita toda la fuerza de vivir, como un huracán[211].
NOTAS:
[150] _Poesías_, I. En una hoja suelta, en el Louvre, donde están los esbozos del _David_.
[151] Miguel Ángel se complacía diciendo que debía su “genio al aire fino de la comarca de Arezzo”.
[152] Ludovico di Lionardo Buonarroti Simoni. Porque el verdadero nombre de la familia era Simoni.
[153] Francesca di Neri di Miniato del Sera.
[154] El padre volvió a casar algunos años después, en 1485, con Lucrezia Ubaldini, quien murió en 1497.
[155] Lionardo nació en 1473; Buonarroto, en 1477; Giovan Simone en 1479; Sigismondo, en 1481. Leonardo se hizo monje y así Miguel Ángel fué el mayor, el jefe de la familia.
[156] Condivi.
[157] A decir verdad, apenas puede creerse esta envidia de un artista tan potente; de cualquier manera yo no creo que haya sido la causa de la partida precipitada de Miguel Ángel, quien conservó hasta su vejez respeto para su primer maestro.
[158] El director de esta Escuela era Bertoldo, discípulo de Donatello.
[159] _El Combate de los Centauros y los Lapitas_, está en la casa Buonarroti de Florencia. Del mismo tiempo es la _Máscara del fauno riendo_, que valió a Miguel Ángel la amistad de Lorenzo de Médicis, y la _Madona de la Escalera_, bajo relieve de la casa Buonarroti.
[160] Esto fué como por 1491.
[161] Murieron poco después, en 1494. Policiano pidió que se le enterrara como dominico en la Iglesia de San Marcos, la Iglesia de Savonarola; Pico de la Mirandola revistió para morir los hábitos dominicos.
[162] En 1491.
[163] Lorenzo de Médicis había muerto el 8 de abril de 1492; su hijo Pedro le había sucedido. Miguel Ángel abandonó el Palacio, volvió a la casa de su padre y permaneció algún tiempo sin empleo. Después Pedro lo volvió a tomar a su servicio, encargándolo de comprarle camafeos y piedras grabadas; entonces esculpió el _Hércules_ colosal, de mármol, que estuvo primero en el Palacio Strozzi, después fué comprado por Francisco I en 1529 y colocado en Fontainebleau, de donde desapareció en el siglo XVII. De este tiempo es también el _Crucifijo_ de madera, del convento de San Spirito, para el cual Miguel Ángel estudió la anatomía sobre cadáveres, con tal encarnizamiento que cayó enfermo (1494).
[164] Condivi. La fuga de Miguel Ángel sucedió en octubre de 1494. Un mes más tarde Pedro de Médicis huyó a su vez por la rebelión del pueblo; y el Gobierno popular se instaló en Florencia con el apoyo de Savonarola, quien profetizaba que Florencia extendería la República por el mundo entero. Esta República reconocía sin embargo un rey: Jesucristo.
[165] Fué huésped del noble Giovanni Francesco Aldovrandi, quien lo ayudó en ciertas dificultades con la policía de Bolonia. Trabajó entonces en la estatua de San Petronio y en una estatuita de ángel para el tabernáculo (_Arca_) de San Domenico; pero estas obras no tienen absolutamente ningún carácter religioso. Siempre es la misma fuerza orgullosa.
[166] Miguel Ángel llegó a Roma en junio de 1496. El _Baco ebrio_, el _Adonis moribundo_ (Museo del Bargello), y el _Cupido_ (South Kensington), son de 1497. Parece que Miguel Ángel dibujó también en esta misma época, el cartón de la _Estigmatización de San Francisco_ para San Pedro de Montorio.
[167] 23 de mayo de 1498.
[168] Se ha dicho siempre hasta ahora que la _Pietà_ fué ejecutada para el cardenal francés Juan de Groslaye de Villiers, abate de Saint Denis, embajador de Carlos VIII, quien la encargó a Miguel Ángel para la capilla de los Reyes de Francia en San Pedro. (Contrato de 27 de agosto de 1498). M. Charles Samaran, en un estudio sobre _La Casa de Armagnacen el siglo XV_, ha comprobado que el cardenal francés que mandó esculpir la _Pietà_, fué Juan de Bilhères, abate de Pessan, obispo de Lombez, abate de Saint Denis. Miguel Ángel trabajó en ella hasta 1501.
Una conversación de Miguel Ángel con Condivi explica por un pensamiento de misticismo caballeresco la juventud de la Virgen, tan diferente de las _Mater Dolorosa_, salvajes, marchitas, convulsas de dolor, de Donatello, de Signorelli, de Mantegna y de Botticelli.
[169] Carta de su padre, 19 de diciembre de 1500.
[170] Carta a su padre. Primavera de 1500.
[171] Carta a su padre, 1521.
[172] En agosto de 1501. En los meses precedentes había firmado con el Cardenal Francesco Piccolomini un contrato, que no cumplió nunca, para la decoración del altar Piccolomini en la Catedral de Siena. Éste fué uno de los remordimientos de toda su vida.
[173] Vasari.
[174] Miguel Ángel decía a un escultor, que se esforzaba por arreglar la luz en su taller de tal manera que su obra resultara favorecida: “No te tomes tantos trabajos; lo que importa es la luz sobre el lugar de su colocación”.
[175] Se ha conservado el detalle de estas deliberaciones. (Milanesi, _Contratti artistici_, páginas 620 y siguientes). El _David_ permaneció hasta 1873 en el lugar señalado por Miguel Ángel, frente al Palacio de la Señoría. Después, la estatua, que había sido perjudicada de una manera inquietante por la lluvia, fué llevada a la Academia de Bellas Artes de Florencia, a una rotonda especial (_Tribuna del David._) El _Circolo Artistico_ de Florencia propone ahora mandar hacer una copia en mármol blanco para elevarla en el sitio antiguo, frente al Palacio Viejo.
[176] Relación contemporánea e _Historias Florentinas_ de Pietro di Marco Parenti.
[177] Debemos agregar que la casta desnudez del _David_ ofendía el pudor de Florencia. El Aretino, reprochando a Miguel Ángel la indecencia de su _Juicio Final_, le escribía, en 1545: “Imitad la modestia de los florentinos, que ocultan con hojas de oro las partes vergonzosas de su bello _Coloso_”.
[178] Alusión a la estatua ecuestre de Francesco Sforza, que Leonardo dejó sin terminar y con la cual los arqueros gascones de Luis XII se divirtieron tomando como blanco el modelo en yeso.
[179] Relación de un contemporáneo. (_Anónimo de la Magliabecchiana._)
[180] Se le impuso la humillación de pintar la victoria de los florentinos sobre sus amigos los milaneses.
[181] O la _Guerra de Pisa_.
[182] El cartón de Miguel Ángel que fué el único ejecutado desde 1505, desapareció en 1512, cuando los motines provocados en Florencia por el regreso de los Médicis. Esta obra sólo es conocida por copias fragmentarias. La más famosa de estas copias es el grabado de Marco Antonio. (_Los Trepadores._) En cuanto al fresco de Leonardo, Leonardo mismo bastó para destruirlo. Quiso perfeccionar la técnica del fresco y ensayó una pintura de aceite que no se conservó; en 1506 abandonó desalentado este trabajo, que ya en 1550 no existía.
De este período de la vida de Miguel Ángel (1501-1505) son también los dos bajo relieves circulares de la _Madona_ y del _Niño_ que están en la Royal Academy de Londres y en el Museo del Bargello de Florencia; la _Madona de Brujas_, adquirida en 1506 por unos comerciantes flamencos, y el gran cuadro al temple de la _Santa Familia_ de los Uffizi, el más bello y más cuidado de los de Miguel Ángel. Su austeridad puritana y su aspecto heroico, se oponen rudamente a las languideces afeminadas del arte leonardesco.
[183] Condivi.
[184] Cuando menos a Bramante. Rafael era demasiado amigo y estaba demasiado obligado con Bramante para no hacer causa común con él; pero no hay pruebas de que haya obrado personalmente contra Miguel Ángel. Sin embargo, éste lo acusa formalmente: “Todas las dificultades habidas entre el Papa Julio y yo fueron obra de los celos de Bramante y de Rafael. Trataban de perderme; y en verdad Rafael tenía motivos para ello, porque lo que sabía de arte, de mí lo había aprendido”. Carta de octubre de 1542 a un personaje desconocido. (_Cartas_, edición Milanesi, páginas 489-494).