Vidas Ejemplares: Beethoven—Miguel Ángel—Tolstoi
Part 1
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NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
En la versión de texto sin formatear las palabras en itálicas están indicadas con _guiones bajos_.
La transcripción se llevó a cabo respetando preferentemente las reglas gramaticales de la Real Academia Española (RAE), vigentes cuando la obra se publicó en 1923, y el texto disponible de las imágenes.
Por ejemplo, ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano, cuando la presente edición de esta obra fue publicada eran diferentes a las existentes cuando se realizó la transcripción. Palabras como vio, fue, dio, por ejemplo, en esa época llevaban acento ortográfico. Eso ha sido respetado de acuerdo con el criterio expresado en el párrafo anterior. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.
En la presente transcripción se decidió adecuar la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas establecidas por la RAE.
Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.
Se observó durante el proceso de revisión que el texto de algunas de las poesías de Miguel Ángel, publicadas en la lengua original en el Apéndice correspondiente, tienen algunas palabras que difieren ligeramente de otras versiones de la misma poesía. Así por ejemplo en la presente obra se tiene:
«La casta voglia, che 'l cor dentro infiamma».
En otras publicaciones (Biblioteca Augustana) se encuentra:
«La casta voglia che 'l cor dentro incende».
También se hace notar que es posible que en las poesías que se presentan en italiano en este trabajo, haya alguna diferencia en la ortografía de alguna palabra cuando se compare con otras ediciones de las mismas poesías. Esas diferencias, en parte se deben a que algunas ediciones usan un italiano más actualizado que el que se usaba en la época en que estas poesías fueron escritas.
El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final, ha sido trasladado al principio por el Transcriptor.
La portada de libro fue modificada por el Transcriptor y fue depositada en el dominio público.
VIDAS EJEMPLARES
ROMAIN ROLLAND
VIDAS EJEMPLARES
_Beethoven--Miguel Ángel--Tolstoi_
[Ilustración]
Universidad Nacional de México 1923
[Ilustración]
NOTA PRELIMINAR
La presente obra forma parte de una serie que la Secretaría de Educación Pública edita, con el propósito de difundir la cultura clásica junto con los rasgos fundamentales del pensamiento moderno. Lo escaso y lo incompleto de las ediciones castellanas de los libros más importantes del mundo ha sido causa de que, entre nosotros, las personas cultas tengan que dedicar gran atención al estudio de las lenguas extranjeras, principalmente al inglés y al francés, y de que la gran masa de la población desconozca los libros geniales. Publicar en español ediciones clásicas es, por lo mismo, una doble necesidad de patriotismo y de cultura. De patriotismo, porque ningún pueblo que se respeta debe conformarse con que sea indispensable el uso de un idioma extraño para conocer las cumbres del pensamiento; de cultura, porque no se concibe una ilustración, ni siquiera mediocre, que carezca del conocimiento indicado.
Creemos que ha llegado para nuestra raza hispanoamericana un período de renovación vigorosa y autónoma, que no puede asentarse en sólidas bases si seguimos de siervos del pensamiento francés, o del pensamiento inglés o de cualquiera otra tendencia extraña. Creemos que las razas--caracterizadas muy particularmente por las lenguas--son el órgano por el que la Historia expresa las distintas fases del espíritu humano en su lucha por conquistar la verdad y el bien, y creemos que sólo afirmando y depurando el concepto de la raza y el vigor de la raza se logra ese poder que en seguida conduce a la universalidad, meta suprema de la realización humana. Universalidad es nuestra aspiración; mas, para lograrla, es menester que nos asentemos en las fuertes raíces de nuestro tronco étnico y que en seguida exploremos el mundo y lo expresemos conforme al ingenio y al temperamento nuestros, porque el progreso del mundo exige de nosotros una interpretación personal y una expresión característica y única de la vida que nosotros vivimos. Y el primer paso para la elaboración de una cultura propia es traducir todo el acervo de la cultura contemporánea a los moldes de nuestra lengua, y en seguida difundir libros castellanos para que, sin menoscabo de la ilustración general, se expulse el libro escrito en idioma extranjero. En este sentido las ediciones de la Secretaría de Educación Pública llegarán a ser útiles, no sólo para los mexicanos, sino también para todos los hijos de la raza nuestra, desde el Bravo hasta el Plata, y aun para la misma población de España, ya que muchas de las obras de esta serie no han sido traducidas jamás a nuestra lengua común.
Hacer llegar el libro excelso a las manos más humildes y lograr de esta manera la regeneración espiritual, que debe preceder a toda otra suerte de regeneración, es otro de los propósitos de estas ediciones, que en su mayor parte se repartirán gratuitamente entre las bibliotecas y escuelas que el Gobierno está abriendo por toda la República. La divulgación de estas obras viene a constituir la segunda parte de la campaña que estamos desarrollando contra el analfabetismo; pues de esta manera, después de enseñar a leer, damos lo que debe leerse, seguros de ofrecer lo mejor que existe, porque en la selección de las obras no nos guía más criterio que el de la suprema excelencia, y el propósito de formar una colección que abarque, hasta donde es posible, todos los aspectos más nobles del pensamiento humano.
En términos generales, y tal como lo dice el acuerdo respectivo, se han escogido libros fundamentales, libros esenciales, y que tienen todos la misma tendencia de ennoblecer la vida. Se comienza con “La Ilíada” de Homero, que es la fuerte raíz de toda nuestra literatura, y se da lo principal de los clásicos griegos, los eternos maestros. Se incorpora después una noticia sobre la moral budista, que es como anunciación de la moral cristiana, y se da en seguida el texto de los Evangelios, que representan el más grande prodigio de la Historia y la suprema ley entre todas las que norman el espíritu; más la Divina Comedia, que es como una confirmación de los más importantes mensajes celestes.
Se publicarán, también, algunos dramas de Shakespeare, por condescendencia con la opinión corriente, y varios de Lope, el dulce, el inspirado, el magnífico poeta de la lengua castellana, con algo de Calderón y el Quijote, de Cervantes, libro sublime donde se revela el temperamento de nuestra estirpe. Seguirán después algunos volúmenes de poetas y prosistas hispanoamericanos y mexicanos; la Historia Universal de Justo Sierra, que es un resumen elocuente y corto; la Geografía de Reclus, obra llena de generosidad, y libros sobre la cuestión social que ayuden a los oprimidos y que serán señalados por una comisión técnica, junto con libros sobre artes o industrias, de aplicación práctica.
Finalmente se publicarán libros modernos y renovadores, como el Fausto y los dramas de Ibsen y Bernard Shaw; libros redentores como los de Galdós, los de Tolstoi y los de Rolland, y parte de la obra del excelso Tagore. Como no se desea construir un índice exclusivo, la Secretaría ha pedido al público que designe, entre las grandes obras de la humanidad, otras diez para que entren a las prensas de la Editorial y pasen, después, a germinar conceptos y a inspirar nobles acciones en el ánimo de todos los habitantes de la República.
El Secretario de Educación Pública JOSÉ VASCONCELOS
ÍNDICE
Pág.
Nota preliminar 5
Prefacio 11
Vida de Beethoven 15
Apéndice
Beethoven.--Testamento de Heiligenstadt a mis hermanos Carl y (Johann) Beethoven, Heiligenstadt, a 6 de octubre de 1802 61
Cartas
Al pastor Amenda, en Curlandia, probablemente escrita en 1801 65
Al doctor Franz Gerhard Wegeler, Viena, 29 de junio de 1801 68
A Wegeler, Viena, 16 de noviembre de 1801 71
Cartas de Wegeler y de Eleonora von Breuning a Beethoven:
Carta de Wegeler, Coblenza, 28 de diciembre de 1825 74
Carta de Eleonora Wegeler, Coblenza, 29 de diciembre de 1825 76
Beethoven a Wegeler, Viena, 7 de octubre de 1826 77
A Wegeler, Viena, 17 de febrero de 1827 79
A Moscheles, Viena, 14 de marzo de 1827 79
Pensamientos
Sobre música 80
Sobre crítica 83
Bibliografía
Sobre las cartas de Beethoven 84
Sobre la Vida de Beethoven 85
Sobre la obra de Beethoven 87
Retratos de Beethoven 88
VIDA DE MIGUEL ÁNGEL
Introducción 95
Miguel Ángel 99
La Lucha 117
I. La Fuerza 119
II. La Fuerza que se rompe 145
III. La Desesperación 163
La Abdicación 179
I. Amor. 181
II. Fe 211
III. Soledad 233
Epílogo
La Muerte 245
Apéndice
Poesías de Miguel Ángel 253
Bibliografía
I. Escritos de Miguel Ángel 270
II. Obras relativas a la vida de Miguel Ángel 271
III. Vittoria Colonna 273
VIDA DE TOLSTOI
La luz que acaba de extinguirse 277
Historia de mi infancia 292
Las narraciones del Cáucaso 295
Los Cosacos 296
Narraciones de Sebastopol 301
Tres muertes 312
La felicidad conyugal 314
La Guerra y la Paz 319
Ana Karenina 327
Las Confesiones y la crisis religiosa 335
La crisis social: ¿Qué debemos hacer? 347
La crítica del arte 358
Los Cuentos Populares 371
El Poder de las Tinieblas 375
La Muerte de Iván Ilich 378
La Sonata a Kreutzer 379
Resurrección 385
Las ideas sociales de Tolstoi 393
Su semblante había tomado los rasgos definitivos 407
Concluye la lucha 420
Apéndice
Las obras póstumas de Tolstoi 431
[Ilustración]
PREFACIO
“_Quiero demostrar que todo el que obra recta y noblemente, puede, por ello mismo, sobrellevar el infortunio_”.
BEETHOVEN
Al Municipio de Viena, el 1.º de febrero de 1819.
Un denso ambiente nos envuelve. La vieja Europa se adormece en una atmósfera cargada y viciosa; un materialismo sin grandeza pesa sobre el pensamiento y estorba la acción de los gobiernos y de los individuos; el mundo muere de asfixia en su egoísmo prudente y vil, y al morir nos ahoga. Abramos las ventanas para que entre el aire puro; respiremos el aliento de los héroes.
La vida es dura. Para los que no se resignan a la mediocridad del alma es un combate diario, triste las más de las veces, librado sin grandeza ni fortuna en la soledad y en el silencio. Oprimidos por la pobreza, por los ásperos deberes domésticos, por los trabajos abrumadores y estúpidos, en los que inútilmente se pierden las fuerzas, la mayor parte de los hombres están separados los unos de los otros, sin una esperanza, sin un rayo de alegría, sin tener siquiera el consuelo de tender la mano a sus hermanos de infortunio, que nada saben de ellos y de quienes ellos nada saben. Cada uno cuenta sólo consigo mismo; y hay momentos en que los más fuertes flaquean bajo el peso de su pena, y demandan socorro y amistad.
Para ayudarlos me propongo reunir, en torno suyo, a los Amigos heroicos, a las grandes almas que se sacrificaron por el bien. Estas Vidas de Hombres Ilustres no se dirigen al orgullo de los ambiciosos, sino que están consagradas a los desventurados. ¿Y quién, en el fondo, no lo es? Ofrezcamos a quienes sufren el bálsamo del sagrado sufrimiento. No estamos solos en el combate, pues alumbran la noche del mundo luces divinas, y ahora mismo, cerca de nosotros, hemos visto brillar dos de las más puras llamas, la de la Justicia y la de la Libertad: el coronel Picquart y el pueblo boer. Si estas llamas no han logrado abrasar las espesas tinieblas, nos han mostrado, en un relámpago, el camino. Avancemos en pos de estos hombres, en pos de todos los que como ellos lucharon, aislados, esparcidos en todos los países y en todos los tiempos. Acabemos con los valladares de los siglos y resucitemos el pueblo de los héroes.
No llamo héroes a los que triunfaron por el pensamiento o por la fuerza; llamo héroes sólo a aquéllos que fueron grandes por el corazón. Como ha dicho, entre ellos, uno de los más altos, aquél cuya vida contamos en estas páginas: “no reconozco otro signo de excelsitud que la bondad”. Cuando no hay grandeza de carácter no hay grandes hombres, ni siquiera grandes artistas, ni grandes hombres de acción; apenas habrá ídolos exaltados por la multitud vil; pero los años destruyen ídolos y multitud. Poco nos importa el éxito, ya que se trata de ser grande y no de parecerlo.
La vida de aquéllos cuya historia intentaremos narrar en estas páginas fué casi siempre un martirio prolongado. Sea que un trágico destino haya querido forjar sus almas en el yunque del dolor físico y moral, de la enfermedad y de la miseria; o bien que asolara sus vidas y desgarrara sus corazones el espectáculo de los sufrimientos y de las vergüenzas sin nombre que torturaban a sus hermanos, todos comieron el pan cotidiano de la prueba, y fueron grandes por la energía, porque lo fueron también por la desgracia. Que no se quejen demasiado quienes son desventurados, porque los mejores de entre los hombres están con ellos. Nutrámonos del valor de estos hombres, y, si somos débiles, reposemos por un instante nuestra cabeza sobre sus rodillas, que ellos nos consolarán. Mana de estas almas sagradas un torrente de fuerza serena y de bondad omnipotente: no es siquiera necesario interrogar sus obras, ni escuchar sus palabras, para que leamos en sus ojos, en la historia de su vida, que nunca la vida es más grande, más fecunda--ni más dichosa--que en el dolor.
* * * * *
Al frente de esta legión heroica, vemos, en primer lugar, al fuerte y puro Beethoven. Él mismo anhelaba, en medio de sus sufrimientos, que su ejemplo pudiera ser un sostén para todos los desvalidos, _y que el desventurado se consolase al encontrar otro desdichado como él, que, a pesar de todos los obstáculos de la Naturaleza, había hecho cuanto de él dependía para llegar a ser un hombre digno de este nombre_. Triunfante de su pena, tras años de luchas y de esfuerzos sobrehumanos, y cumplida su misión, que era, como él decía, la de infundir un poco de valor a la pobre humanidad, este Prometeo vencedor respondía a un amigo que invocaba a Dios: _¡Hombre, ayúdate a ti mismo!_
Inspirémonos en su valiente palabra. Reanimemos, con su ejemplo, la fe del hombre en la vida y en el hombre.
ROMAIN ROLLAND
Enero de 1903.
VIDA DE BEETHOVEN
Woltuen, wo man kann, Freiheit über alles lieben, Wahrheit nie, auch sogar am Throne nicht verleugnen.
BEETHOVEN
(Hoja de Álbum, 1792).
(Hacer todo el bien que sea posible, amar la libertad por encima de todo, y aun cuando fuera por un trono, no traicionar nunca a la Verdad).
[Ilustración]
Era pequeño y gordo, de cuello robusto, de complexión atlética; tenía una cara grande color de rojo ladrillo, menos al fin de su vida, que se tornó su tono enfermizo y amarillento, en invierno sobre todo, cuando permanecía encerrado y lejos del campo; una frente poderosa y abultada; cabellos extremadamente negros, muy espesos, en los cuales parecía que no había entrado nunca el peine, erizados por todos lados, “las serpientes de Medusa”[1]; sus ojos brillaban con una fuerza prodigiosa, que dominaba a cuantos los miraban; pero casi todos se engañaron sobre el color de estos ojos. Como irradiaban con fulgor salvaje, en un semblante obscuro y trágico, se les creía generalmente negros, cuando eran de un azul gríseo[2]; pequeños y muy hundidos, se abrían bruscamente en la pasión o en la cólera y entonces giraban en sus órbitas, reflejando todos sus pensamientos con verdad maravillosa[3]. Frecuentemente se volvían hacia el cielo con una mirada melancólica. La nariz era chata y ancha, como un hocico de león: la boca delicada, con el labio inferior saliente; mandíbulas temibles que habrían podido cascar nueces; y un hoyuelo profundo en el mentón, hacia el lado derecho, daba una extraña disimetría al rostro. “Sonreía bondadosamente, dice Moscheles, y había en su conversación, a menudo, un tono amable y alentador. En cambio su risa era desagradable, violenta y gesticulante, rápida”,--la risa de un hombre que no está acostumbrado a la alegría. Su expresión habitual era melancólica, de “una tristeza incurable”. Rellstab, en 1825, decía que tenía necesidad de todas sus fuerzas para no llorar al ver “sus ojos dulces y su dolor penetrante”; Braun von Braunthal, un año después, lo encontró en una cervecería: estaba sentado en un rincón, fumando una larga pipa y con los ojos cerrados, como lo hacía más frecuentemente a medida que se aproximaba a la muerte. Un amigo le dirigió la palabra; sonrió con tristeza, sacó de su bolsillo una libreta de conversación, y, con la voz aguda que adquieren a menudo los sordos, le dijo que escribiera lo que quería preguntarle. Su semblante se transfiguraba, ora en los accesos de inspiración súbita que lo acometían de improviso, aun en la calle, y que llenaban de sorpresa a los transeúntes, ora cuando se le sorprendía sentado al piano. “Los músculos de su rostro se le saltaban, sus venas se hinchaban; los ojos salvajes se hacían dos veces más terribles; le temblaba la boca, y tenía el aire de un encantador vencido por los demonios que hubiera evocado”. Parecía una figura de Shakespeare[4]; Julius Benedict dice: “El rey Lear”.
* * * * *
Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770, en Bonn, cerca de Colonia, en una mísera bohardilla de casa pobre. Era flamenco de origen[5]; su padre, un tenor borracho y sin talento; su madre, una criada, hija de un cocinero y viuda en primeras nupcias de un ayuda de cámara.
Su infancia severa no tuvo la familiar dulzura con que la de Mozart, más feliz, estuvo rodeada. Desde el principio la vida se le reveló como un combate triste y brutal; su padre quiso explotar sus disposiciones musicales y exhibirlo como un niño prodigio; a los cuatro años de edad lo sentaba, durante horas enteras, frente a su clave, o lo encerraba con un violín y lo abrumaba de trabajo. Poco faltó para que por siempre le hubiera hecho odioso el arte. Fué preciso usar de la violencia para que Beethoven aprendiera la música. Su juventud fué entristecida por las preocupaciones materiales, el cuidado de ganarse el pan, los trabajos prematuros; a los once años formaba parte de la orquesta del teatro, y a los trece era organista. En 1787 perdió a su madre, a quien adoraba. “¡Era tan buena conmigo, tan digna de ser amada, mi mejor amiga! ¡Oh, quién más feliz que yo cuando podía pronunciar el dulce nombre de madre, y que ella podía escucharme!”[6]. Había muerto de tisis, y el mismo Beethoven se creyó atacado de esa enfermedad; sufría ya constantemente y unía a su dolencia una melancolía más cruel que el propio mal[7]. A los diecisiete años era jefe de familia, encargado de la educación de sus hermanos. Pasó la vergüenza de solicitar el retiro de su padre, incapaz de dirigir la casa por borracho, y fué al hijo a quien se entregó la pensión paterna para evitar que fuese disipada. Semejantes sufrimientos dejaron en él una huella profunda. Tuvo la fortuna de encontrar un cariñoso apoyo en una familia de Bonn, que le fué siempre muy querida, los Breuning. La gentil “Lorchen”, Eleonora de Breuning, tenía dos años menos: le enseñó él la música y ella lo inició en la poesía; fué su compañera de infancia y acaso hubo entre ellos algún sentimiento tierno. Eleonora casó más tarde con el doctor Wegeler, que fué uno de los mejores amigos de Beethoven: hasta el último día no cesó de reinar entre ellos una amistad apacible, de que dan testimonio las cartas dignas y cariñosas de Wegeler y de Eleonora, y las del viejo y fiel amigo (_alter treuer Freund_) al bueno y querido Wegeler (_guter lieber Wegeler_); cariño más conmovedor todavía cuando la vejez llegó para los tres sin enfriar la juventud de sus corazones[8].