Vida del escudero Marcos de Obregón
Part 4
El doctor Cristóbal Suarez de Figueroa en su _Plaza universal de todas las ciencias_ en 1615, llamó á ESPINEL, _autor de las sonadas y cantar de sala_, al tratar de los tañedores insignes de guitarra como Benavente, Palomares, Juan Blas de Castro y otros. El portugués Nicolas Doyzi de Velasco, músico de S. M. y del Sr. Infante Cardenal D. Fernando, en su _Nuevo modo de cifra para tañer la guitarra_ que publicó en 1630 en Nápoles, hallándose al servicio del virey duque de Medina de las Torres, dijo que en Italia, en Francia y las demás naciones llevaba la guitarra el nombre de _española_, desde que ESPINEL, á quien conoció en Madrid, la aumentó la quinta cuerda, á que llamamos _prima_, con lo que quedó tan perfecta como el órgano, el clavicordio, el arpa, el laud ó la tiorba, y aun más abundante que estos instrumentos. De la misma invencion de ESPINEL dedujo la perfeccion que la otorga el licenciado Gaspar Sanz en su _Instruccion de música sobre la guitarra española_, que publicó en 1674 en Zaragoza y dedicó á D. Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV. El mismo Lope de Vega, apenas nombra una sola vez á ESPINEL en alguna de sus obras, y lo nombra en muchas, sin celebrar al músico tanto como al poeta. En su dedicatoria de _El caballero de Illescas_ dice á ESPINEL que el bello arte «no olvidará jamás en los instrumentos el arte y dulzura de vuesa merced.» En la dedicatoria de _La viuda valenciana_, á D.ª Marta de Nevares, haciendo encomios de las bellas prendas que adornaban á esta señora, dijo Lope de Vega tambien: «si toma en las manos un instrumento, á su divina voz é incomparable destreza _el padre de la música_, VICENTE ESPINEL, se suspendiera atónito.» Que esta era opinion comun entre los contemporáneos, no es preciso acreditarlo con los pasajes del _Márcos de Obregon_ que á ello se refieren: basta registrar los libros dogmáticos ó rituales de la música de aquel tiempo, y muchos son los que entre sus precedencias contienen la autorizada firma de ESPINEL en el catálogo de sus censuras. Sabido es que estas no se confiaban sino á personas competentes en lo que habian de examinar. Sirvan de ejemplo los _Tres cuerpos de música_, compuestos por Juan Gil de Esquivel Barahona, racionero y maestro de capilla de la catedral de Ciudad Rodrigo, los cuales son misas, magnificat, himnos, salmos y motetes y otras cosas tocantes al culto divino, todo conforme al rezo nuevo, que por mandado del Sr. D. Martin de Córdova, presidente del Consejo de la santa Cruzada, aprobó ESPINEL en diciembre de 1611, hallando en ellos «muy apacible consonancia y gentil artificio y música de muy buena casta así en lo práctico, como en lo teórico.»
Seria un error creer que ESPINEL no sacara el debido provecho de esta tan educada capacidad que poseia; así se le vió en 1599, salir de Madrid para Alcalá de Henares, en cuya Universidad se graduó aquel año de _Maestro en artes_, y desde la regia academia, fundada por el cardenal Ximenez de Cisneros, dirigirse á la _Capilla del obispo de Plasencia_, cuyo protector D. Fadrique de Vargas Manrique le tenia reservado una plaza de capellan con 30,000 mrs. anuales de emolumentos y 12,000 más como Maestro de la linda capilla de música de que estaba dotada aquella fundacion y por enseñar á los seizes. Nada más curioso que registrar en los libros de cuentas de aquel tiempo las partidas otorgadas á ESPINEL por gastos de su ministerio en la capilla del obispo. En el libro II de dichas cuentas, á la primera vista que por ellas se pasa en las de 1599, al fól. 29 vto. se tropieza con esta partida: «Item, da por descargo (el capellan mayor licenciado Alonso Hernandez) 46 rs. que pagó por un libro de las _Magníficas_, para la dicha capilla, como pareció por certificacion del maestro de capilla ESPINEL.»--En las de 1601, al fól. 45 vto. tambien se le aprobó al mayordomo y capellan, Juan de Arganda, el siguiente capítulo: «Item: se le reciben y pasan en cuenta 3 rs. de una mano de papel que dió al Maestro ESPINEL para los villancicos.» En la capilla del obispo VICENTE ESPINEL perseveró hasta el término de sus dias, y aunque algunos meses antes de su muerte ascendió por antigüedad al cargo de capellan mayor, que era el último grado de los que en ella se obtenian, nunca dejó el de maestro de la de música, pues todavía en las cuentas de 1622 y de 1623, se hallan capítulos como los siguientes:--1622--«Recíbense en cuenta al dicho mayordomo (Gabriel del Espinar) 8000 mrs. por tantos que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, de su salario de ocho meses.»--1623--«Mas se le pasan en cuenta al dicho 4000 mrs. por tantos que pagó al maestro ESPINEL, maestro de capilla, del salario de cuatro meses.»--¿No son estas noticias tan auténticas, un solemne mentís contra los que hasta aquí han venido sosteniendo que, pobre é imbele pasó ESPINEL el resto de sus dias, recogido en el asilo eclesiástico de santa Catalina de los Donados, que no era sino un Hospicio? Pero con esta ligereza está sostenido en España por los hombres más serios y de reputacion más voluminosa, todo lo que hasta aquí está escrito en materia de biografía y de historia.
La época más brillante de la vida de ESPINEL, es la que corre por todo este tiempo hasta el término de sus dias. Cervantes le llamaba amigo; Lope de Vega maestro, como en nuestro siglo Espronceda, Ventura de la Vega, Pezuela, Pardo, Escosura daban este mismo nombre al venerable Lista. Apenas habia solemnidad literaria que ESPINEL no graduara con su presencia, ni produccion de ingenio de aquella edad que no se ufanara con su censura. Cuando al estilo de Italia se importaron á España las _Academias poéticas_ bajo la proteccion de los Príncipes y Grandes, la de Madrid y su protector D. Félix Arias Giron, de la casa condal de Puñonrostro, segun Lope de Vega en su _Laurel de Apolo_, laurearon con grande aplauso de señores é ingenios á VICENTE ESPINEL, _único poeta latino y castellano de estos tiempos_. Fundóse en 1608 bajo la proteccion del duque de Lerma, el poderoso favorito de Felipe III, la _Esclavonía del Santísimo Sacramento_, que no era sino una gran comunidad de grandes y gentes de letras, parecida á lo que ahora es un partido político, y en la que Lerma se apoyaba para sostenerse en el poder, y á ella fué la autoridad del nombre de VICENTE ESPINEL, entre los de la flor de la aristocracia de la sangre y de las letras por aquel tiempo. Se canonizó san Isidro, patron de Madrid, cuyo suceso fué un gran acto de la política de aquel tiempo, y á sus justas y certámenes llevó ESPINEL el óbolo de sus versos, no por la codicia del premio, sino por tributo de altos respetos. Toda Sevilla leyó en 1609 en manos de Rodrigo Caro una carta de Juan Melio de Sandoval en que le decia:--«El discurso de vuesa merced sobre la definicion de la poesía tiene el señor conde de Lemos con noticia de su dueño, y ha parecido muy bien; como al maestro VICENTE ESPINEL la _Cancion á las ruinas de Itálica_, que yo se la mostré en la calle Mayor de Madrid, y leyéndola dijo, antes que le dijéramos cuya era:--_Este es ingenio andaluz._--Díjele que sí y el nombre. ¡Bien puede vuesa merced creer es buena, pues ha sido graduada por tan gran censurante!»
No prodigó ESPINEL entonces, ni nunca, los elogios de su pluma, para las precedencias de libros, aunque tampoco por esto debe creerse fué tacaño de su ingenio en las aras de la amistad. El primer libro que en 1586 se autorizó con sus versos laudatorios, fué el _Cancionero_ de Lopez Maldonado. Despues escribió en 1599 un epígrama latino para la primera edicion del _Guzman de Alfarache_, de Mateo Aleman. En 1599 tambien, habiendo hallado en Madrid un antiguo camarada de las mocedades de Sevilla, D. Antonio de Saavedra Guzman, que á la sazon imprimia su _Peregrino Indiano_, dióle unos sonetos de alabanza. Con otra poesía para las precedencias del _Modo de pelear á la gineta_, obsequió en 1605 á D. Simon de Villalobos y Benavides, su amigo en Bélgica, y con otra, en 1610, al capitan Gaspar de Villagrá, que entonces publicó su _Historia de Nueva Méjico_. Favores idénticos hizo en 1616, 1619 y 1622 respectivamente, á Céspedes y Meneses para su _Español Gerardo_, al padre Fray Hernando Camargo, fraile agustino, para su _Muerte de Dios por vida del hombre_ y á Gabriel Perez de Barrio Angulo para el _Secretario de Señores_. Gabriel Laso de la Vega, cuando publicó en 1601 en Zaragoza los _Elogios en loor de los tres famosos varones D. Jaime de Aragon, D. Fernando Cortés y D. Álvaro de Bazan_, no pidió nuevas obras al númen de ESPINEL, pero tomó de su poema titulado _Casa de la Memoria_ los elogios que el poeta habia hecho de Bazan y Cortés. Si el antequerano Pedro de Espinosa proyectaba sus _Flores de poetas ilustres de España_, tributario hacia á su casi paisano de su interesante _Antología_: del mismo modo que Fray Diego de san José cuando en 1615 describió las fiestas á la beatificacion de santa Teresa de Jesus, y el licenciado D. Pedro de Herrera al celebrar la reedificacion del santo Sagrario de Toledo por el cardenal arzobispo Sandoval y Rojas, cuyas fiestas y regocijos se celebraron con tan espléndido aparato.
Lo mismo se solicitaban sus censuras y aprobaciones. El primero en reclamarlas era el mismo Lope de Vega. En 1615 apareció la _Sexta parte de sus Comedias_, y ESPINEL en su aprobacion un año antes, decia solamente que aquel libro era muy digno de imprimirse, para que todos gozaran de sus excelentísimos versos y conceptos. Vino en 1617 la parte séptima, y aquí fué ya más expresivo, contestando puntualmente á los tres extremos que la censura debia abrazar.--«Cuanto á lo primero, decia, no hallo mal sonante, ni cosa que ofenda á la religion y buenas costumbres. Cuanto á lo segundo tienen lenguaje muy cortesano, puro y honesto: las personas guardan la propiedad del arte; de manera que ni el señor se humilla al modo inferior del criado, ni la matrona á la condicion de la sierva, y todo con pensamientos y conceptos ajustados á la materia de que se trata. Cuanto á lo tercero, si pueden imprimirse, digo, que si hay permision y es lícito representarse con los adornos, palabras y talle de una mujer hermosa y de un galan bien puesto y mejor hablado; ¿por qué no lo será que cada uno en su rincon pueda leerlas, donde solo el pensamiento es el juez, sin los movimientos y acciones que alegran á los oyentes? ¿Dónde es más poderosa la vista que el oido? _Signia irritant animos demissa per aures: quam quae sunt oculis subjecta fidelibus._» Otra vez en 1617 volvió el Consejo Real á encomendarle el exámen de la _Docena parte de las Comedias de Lope_, y otra vez él las elogiaba, en lugar de censurarlas, y escribia:--«y porque en esta obra campea la elocuencia española y el vuelo grande de la retórica y poesía de su insigne autor, la cual va acompañada con mucha erudicion de lectura y varia, es bien que se imprima, _para que los venideros escritores tengan que imitar y los presentes que aprender_.» Para poner cima á la opinion que ESPINEL tenia de Lope, hay que leer todavía la censura del primero á la _Décima quinta parte de las Comedias_ del segundo, en 1620. Hé aquí las palabras de ESPINEL:--«Deleita y suspende, dice, con la elegancia, suavidad y pureza del verso; enseña y regala con la abundancia de sentencias morales; edifica con la honestidad y admira con la multitud _nunca vista_. Es mi parecer, _y de toda la república_, que será bien recibido que se imprima esto _y cuanto de sus manos saliere_.» De 1620 á 1622 todavía ESPINEL tuvo del Consejo la comision de examinar cuatro partes más de estas comedias, desde la décima sexta á la décima nona inclusive. Y por si esto no fuera bastante, tambien en 1622 se le encargaron las de don Juan Ruiz de Alarcon, de las que aplaudió el gentil estilo y los conceptos honestos y agudos.
Otras obras de diversa índole antes y áun despues, hasta 1623, vinieron con este objeto á sus manos; mas por no parecer cansado, solamente citaré la _Patrona de Madrid restituida_, poema de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, impreso en 1609; la misma _Historia de la Nueva Méjico_ del capitan Gaspar de Villagrá, en 1610; _La Filomena_ de Lope de Vega, de 1621; las _Prosas y versos del pastor de Cleonarda_, de Miguel Botello de Carvalho, y _El mejor príncipe Trajano Augusto_ del licenciado don Francisco de Barreda, de 1622, y finalmente las _Novelas amorosas_, de José de Camerino, y las _Divinas y humanas flores_, de Faria y Sousa, de 1623. Ni es probable que sus dolencias, cada vez más agudas, por la gota que padecia, le dejaran ya en lo corto que le quedó de vida volver á emplearse en ningun género de tareas del ingenio, del juicio ó de la erudicion. Céspedes y Meneses en la introduccion á la _Fortuna vária del soldado Píndaro_, dice: «era el rigor del más airado y proceloso invierno que vió nuestro siglo en España, últimos y primeros dias de los años de 1623 y 1624: memorias prodigiosas á la posteridad, pues nunca rodearon nuestra península tan contínuas y perdurables nieves.» Si la edad y los padecimientos no vencieran ya por esta época á ESPINEL, ellas bastaran para agotar la salud, en una naturaleza, toda fogosa, á quien dañaban extremadamente las humedades y los frios. ESPINEL no pudo resistir la crudeza de aquel invierno. Rodeado en su lecho de muerte por perennes amigos, el primero de febrero de 1624, otorgó su testamento ante Juan Serrano, hallándose presente el padre Fray Felipe de Madrigal, de la órden de Santo Domingo, Juan Ruiz Aragonés, Francisco Sotomayor, Custodio Sohotes y Martin Lopez. Dejó por albaceas y testamentarios al maestro Franco Alonso, cura de San Andrés y al licenciado Jerónimo Martinez, capellan de la capilla del obispo de Plasencia, de que ESPINEL era presidente. Instituyó su heredero á su sobrino Jacinto Espinel Adorno, que residia en Ronda. Entregóse despues á los cuidados del alma, y el dia 4 del mismo mes de febrero de 1624 entregó al Criador su espíritu, en su habitacion de la mencionada capilla, siendo enterrado el cuerpo en la bóveda de San Andrés, para cuya fábrica de sepultura consignó en el testamento cuatro ducados.
VIII.
¿Termina verdaderamente con la muerte la biografía de VICENTE ESPINEL? No hay escritor español sobre cuyas obras más se haya discutido. Todo el siglo XVII permaneció ESPINEL en el más profundo olvido, sobre todo desde que con la muerte de Lope de Vega Carpio y de don Francisco Gomez de Quevedo desaparecieron tambien sus dos últimos amigos. Desde el primer tercio del siglo XVIII volvió á estar otra vez ESPINEL en moda; pero de la manera más desagradable que pueden ponerse á la polémica del dia las obras y el ingenio de un autor. Ademas de la invencion de la quinta cuerda de la guitarra, debíase á nuestro poeta la de una nueva combinacion métrica y rítmica en nuestra poesía, combinacion de tal llaneza y flexibilidad de estructura, que muy luego fué aceptada por todos nuestros poetas, inundando el Parnaso con las composiciones escritas en el nuevo metro. Llamóse este, _décima_ ó _Espinela_, de su inventor ESPINEL, como los versos sáficos de Safo[19]. Aunque esta verdad no admitia réplica y todo el mundo la sabia, la erudicion pedante, esa que no se entretiene sino en fátuas fruslerías y que no se para en deslustrar glorias, con tal de hacer entender que el que hace de ella su profesion posee la quinta esencia de la más sutil sabiduría, trató de arrebatar este parco honor á la memoria del poeta, pretendiendo sostener que las estrofas de diez versos octosílabos eran conocidas y usadas desde mucho antes que ESPINEL viniese al mundo. No era así enteramente: antes de ESPINEL se componian estas estrofas con la reunion de dos _quintillas_, completamente distintas entre sí, en la segunda de las cuales se pareaban indeclinablemente los consonantes de los dos primeros versos. Cualquiera de los poetas de casi todo el siglo XVI nos ofrece abundantes ejemplos de este género de composicion. El mismo Miguel de Cervantes Saavedra coetáneo de ESPINEL, las prodigó bastante, antes de conocer la invencion de su docto amigo; y hé aquí cómo las construia, segun se encuentran entre los versos laudatorios que preceden al antes referido _Cancionero de Lopez Maldonado_.
Bien donado sale al mundo Este libro, dó se encierra La paz de amor y la guerra Y aquel fruto sin segundo De la castellana tierra,-- Que, aunque la da Maldonado, Vá tan rico y bien donado De ciencia y de discrecion; Que me afirmo en la razon De decir que es bien-donado. El sentimiento amoroso Del pecho más encendido En fuego de amor, y herido De su dardo ponzoñoso, Y en la lid suya cogido;-- El temor y la esperanza Con que el bien y el mal se alcanza En las empresas de amor Aquí muestra su valor, Su buena ó su mala andanza...
Cito la composicion que conozco más perfecta y que más se acerca á la estructura de la _décima_ inventada por ESPINEL, por lo mismo que la diferencia que entre una y otra combinacion métrica existe, es tan fácil de observar. La _décima_ de ESPINEL constituye una composicion tan perfecta como el _soneto_, sin sus pretensiones heróicas, por cuya razon ha sido siempre preferida á éste para expresar un pensamiento completo, aunque más sencillo que el que al _soneto_ corresponde. La décima se compone de dos estrofas de cuatro versos octosílabos cada una con consonantes del primero con cuarto, y del segundo con tercero, entre las que se introducen otros dos versos octosílabos auxiliares del pensamiento para ligar entre sí la tésis y la conclusion: los consonantes de estos dos auxiliares se ligan el primero con el cuarto y el segundo con el séptimo. La tésis de la composicion, en la _décima_, se presenta y desenvuelve en la primera redondilla; el silogismo para la prueba del pensamiento se establece en los dos versos posteriores, y la segunda cuarteta completa con perfeccion el raciocinio poético. Esto no era lo conocido ni practicado antes de ESPINEL, aparte del elemento armónico en la rima de su nueva composicion. ESPINEL sólo nos dejó un modelo de su obra: aquellos versos que comienzan así:
No hay bien que del mal me guarde Temeroso y encogido, De sin razon ofendido, Y de ofendido cobarde. Y aunque mi queja ya es tarde, Y razon me la defiende, Más en mi daño se enciende: Que voy contra quien me agravia, Como el perro, que con rábia Á su propio dueño ofende. Ya esta suerte, que empeora, Se vió tan en las estrellas, Que formó de mí querellas, De quien yo las formo ahora. Y es tal la falta, señora, De este bien, que de pensallo Confuso y triste me hallo, Que si por vos me preguntan Los que mi daño barruntan, De pura vergüenza callo...
¡Lástima grande que un nombre tan ilustre como el de D. Gregorio Mayans y Císcar fuese el que se distinguiera más en esta clase de acérrima oposicion al mérito de esta invencion!
No habia de estar, sin embargo, solo entre los impugnadores de las obras del infortunado poeta de Ronda. Al fin de las _Rimas_, impresas en 1591, ESPINEL, que presumia de gran latino y de buen discípulo de Horacio, habia publicado una traduccion de la _Epístola á los Pisones_, dedicada á D. Pedro Manrique de Castilla, de la casa de los Vargas, que fueron siempre tan favorecedores suyos. Era la primera traduccion del _Arte poética de Horacio_ que se hacia en castellano y una tambien de las primeras en las lenguas neolatinas. Comentaristas del preceptista del Lacio los habia á centenares dentro y fuera de España; pero estos comentarios estaban escritos en latin bárbaro moderno y abundaban más en audacias pedantescas que en sabia doctrina para la mejor inteligencia del texto. Por último, todos los datos que resultan del exámen de la traduccion de ESPINEL, y sobre todo el de su defectuosa versificacion castellana, inducen á sospechar que esta fué ensayo de sus primeros aleteos poéticos, probablemente practicado en las mismas escuelas rondeñas de Juan Cansino, antes de visitar por vez primera las celebradas aulas de Salamanca. Ni en bien ni en mal se habia ocupado la crítica de esta produccion, ciertamente la menos pretenciosa de ESPINEL, cuando proyectando D. Juan José Lopez Sedano comenzar la publicacion de su _Parnaso Español_ en 1768, ocurriósele encabezar su obra con la produccion poética del _Arte de Horacio_, hecha por nuestro poeta. Verdaderamente ningun editor que publica un libro, empieza por desacreditarlo; antes bien lo encomia y prepara á fin de que obtenga el favor del público. Esto hizo Lopez Sedano con aquella obrilla, y esto bastó para alborotar los nervios al famoso D. Tomás Iriarte, que no tardó en abrir en las _Gacetas_ de la época la polémica más descomunal contra la traduccion, contra el editor, contra ESPINEL y contra el _Parnaso_. El secreto de esta contienda estaba en que Iriarte, valiéndose de un inmenso catálogo de traductores y comentaristas, principalmente franceses, posteriores al poeta de Ronda, los más modernos y aun casi modernísimos, habia emprendido una nueva traduccion del _Arte poética_ en verso castellano, y él, como apasionado autor, la creia la mejor cosa que se habia hecho en el mundo. Por otra parte con la discusion arrebatada, casi escandalosa, lograba llamar y aun interesar la opinion hácia su nueva obra.
La traduccion de Iriarte no oscureció la de ESPINEL, aunque el nombre de éste fué objeto de toda clase de irreverencias, y el migajon de la disputa se contiene en varios folletos de la época, de estéril y cansada lectura. La primera impugnacion de Iriarte se halla en el tomo IV de la _Coleccion de obras en verso y prosa de D. Tomás Iriarte_, (Madrid: impr. de Benito Cano: 1777). Contestó Lopez de Sedano en las _Notas_ al tomo IX y último del _Parnaso Español_, (Madrid: impr. de D. Antonio de Sancha: 1778, pág xlvj á ljv). Replicó nuevamente Iriarte en el tomo VI de sus obras (1783) con un largo folleto titulado: «_Donde las dan las toman_, diálogo joco-serio sobre la traduccion del _Arte poética_ de Horacio y sobre la impugnacion que de aquella obra publicó D. Juan José Lopez de Sedano al fin del tomo IX del _Parnaso Español_,» y finalmente en dos volúmenes en octavo y bajo el pseudónimo del doctor D. Juan María Chavero y Eslava, vecino de la ciudad de Ronda, dió Lopez de Sedano en 1785 á las prensas de D. Félix de Casas y Martinez, en Málaga sus «_Coloquios de la Espina_ entre D. Tirso Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la villa del Espinar, sobre la traduccion de la Poética de Horacio hecha por el licenciado VICENTE ESPINEL y otras espinas y flores del _Parnaso Español_.» La disputa fué cansada, larga y fatigosa, y aquí no queda más espacio que para dar la noticia ya apuntada.