Vida del escudero Marcos de Obregón
Part 37
Si se hallaren algunas inadvertencias, atribúyase á mi poca erudicion, y no á mi buen deseo, que advirtiéndome de ellas, con mucha humildad recibiré la correccion de cualquiera que con buena intencion me quisiere enmendar, que quien ha querido enseñar á tener paciencia, mal cumpliria con sus preceptos si le faltase para oir y recibir la correccion fraternal, que sin ella, ni opusiera el pecho á las olas y crueldades del furioso tridente, ni ablandára la inclemencia de los salteadores, ni redujera á buen término los impíos y contínuos trabajos de la esclavitud, ni atrajera á mi favor la grandeza elevada de los poderosos, ni gozára de la gran cortesía de los príncipes, ni sujetára á tantos y tan inmensos torbellinos como trae consigo la fragilidad humana, sin la divina virtud de la paciencia; que cuando no haya hecho otro efecto en mí sino librarme del pernicioso vicio de la ociosidad, que tan estendida he visto por todos los estados de los hombres, me bastára tener y haber sacado gran fruto de mis trabajos; y si la juventud advirtiese bien los hijos que va criando la ociosidad, tomando ejemplo en los daños ajenos, ni rehusarian los peligros de la soldadesca, ni vendrian á miserable servidumbre, ni se sujetarian á las necesidades que ven padecer y traer arrastrados á varones de buenos nacimientos, rendidos á mil bajezas, que pudieran remediar á su salvo con buen tiempo; de criar los hijos consintiéndolos andar ociosos, vienen los padres á ver exorbitantes delitos que no pueden remediarse sino con mucha infamia, ó con más hacienda de la que poseen. La ocupacion es la grande maestra de la paciencia, virtud en que habíamos de estar siempre pensando con grande vigilancia para resistir las tentaciones que nos atormentan dentro y fuera. Al fin con ella se alcanzan todas las cosas de que los hombres son capaces. Que aunque haya calidad, bienes temporales y abundancia de humanos favores, sin esta virtud no se puede llegar al colmo de lo que se desea; y si á la paciencia se allega la perseverancia, todo lo facilita y todo lo enseña: al pobre, á que pase su vida con quietud y mejore su estado: al rico, á que conserve lo adquirido sin apetecer lo ajeno: al gran caballero, á que no se contente con la sangre que de sus pasados heredó, sino pasar adelante: al pródigo, á que se ajuste con lo que tiene y puede tener: al miserable y avariento, á que entienda que no nació para sí solo: al valiente y arrojadizo, á que refrene los ímpetus que tanto mal acarrean: al cobarde, á que se tenga por virtud en él lo que es falta de ánimo: al que se ve en trabajo, á que los lleve con aliento y suavidad. ¿Qué no hace la virtud de la paciencia? ¿qué furias del mundo no sujeta? ¿qué premios no alcanza? Pero si un flemático sabe airarse y ejecutar con vehemencia los ímpetus de la cólera, ¿por qué un colérico no sabrá templarse y perseverar en los actos de paciencia? Tenemos ejemplos presentes y vivos de esta verdad muchos, y para imitar. Mas con uno solo se verá lo que puede la escelente virtud de la paciencia. ¿Quién pensára que de tan gran cólera, con sangre, riqueza y juventud, como la que tuvo en sus primeros años el duque de Osuna D. Pedro Giron, vinieran tan admirables virtudes como las que tienen espantado el mundo? ¡Que habiendo sido un furioso rayo de cólera, impacientísimo en los tiernos años de su mocedad, sujetase con grande paciencia su robusta condicion á servir en Flandes con tantas ventajas que templase la furia de los amotinados, y pusiese su valeroso pecho á recibir los mosquetazos con que querian escalar y saquear su casa! ¿Qué paciencia no tuvo, con templanza y justicia, gobernando á Sicilia? ¿Y qué valor, sin ella, bastára para la ejecucion de sus soberanos intentos, echando por mar y tierra tan poderosas armadas, que ha enfrenado la potencia de los turcos, haciendo temblar á los demás enemigos, con que ha sido amado y temido de las gentes á quien ha gobernado y gobierna? Preguntando D. Francisco de Quevedo, caballero de gallardísimo entendimiento, cómo se hacia respetar con tanta mansedumbre á este gran príncipe, respondió que con la paciencia, que aunque en la gente humilde y ordinaria engendra algun menosprecio, en los príncipes y gobernadores engendra temor, amor y respeto; pero esto quédese para grandes historias, que no puede caber en tan pequeño discurso. Jorge de Tobar, á quien yo conocí en sus primeros años por hombre que tuvo bríos y valor para en cosas honradas perder la paciencia, con ella misma adquirió grandes virtudes morales, que le pusieron en lugares dignos de tan grande sugeto como ha parecido, usando de gran verdad, valor y entereza en los actos de la justicia distributiva; pero ¿qué escelencias no se halláran en la divina virtud de la paciencia? ¡Oh virtud venida del cielo! Dios nos la dé por su misericordia, y á mí para que, imitando la virtud de mis compañeros en este recogimiento, sepa asegurar la vida y prevenir la muerte. Y para la ejecucion del buen intento, si yo supiera aprovecharme de él, me puso Dios por vecina á una tan grande señora como doña Juana de Córdoba Aragon y Córdoba, duquesa de Sesa, cuya virtud cristiana, valor propio y heredado, y cortesía general puede servir de norma y dechado á cualquiera que deseare perfeccion cristiana, en cuya disciplina se criaron tales hijos como D. Luis Fernandez de Córdoba, duque de Sesa, caballero adornado de muy superiores partes, muy dado á la leccion de las buenas letras, gran favorecedor de ellas y de los que las profesan.
FIN.
[Ilustración]
ÍNDICE
VICENTE ESPINEL Y SU OBRA. I
PRÓLOGO DEL AUTOR. 1
RELACION PRIMERA. 7
DESCANSO I. 12 DESCANSO II. 16 DESCANSO III. 26 DESCANSO IV. 33 DESCANSO V. 44 DESCANSO VI. 54 DESCANSO VII. 59 DESCANSO VIII. 68 DESCANSO IX. 83 DESCANSO X. 92 DESCANSO XI. 98 DESCANSO XII. 103 DESCANSO XIII. 109 DESCANSO XIV. 121 DESCANSO XV. 130 DESCANSO XVI. 138 DESCANSO XVII. 145 DESCANSO XVIII. 150 DESCANSO XIX. 157 DESCANSO XX. 162 DESCANSO XXI. 169 DESCANSO XXII. 179 DESCANSO XXIII. 187 DESCANSO XXIV. 197
RELACION SEGUNDA. 199
DESCANSO I. 207 DESCANSO II. 210 DESCANSO III. 213 DESCANSO IV. 217 DESCANSO V. 220 DESCANSO VI. 227 DESCANSO VII. 230 DESCANSO VIII. 236 DESCANSO IX. 245 DESCANSO X. 249 DESCANSO XI. 259 DESCANSO XII. 266 DESCANSO XIII. 273 DESCANSO XIV. 283
RELACION TERCERA. 289
DESCANSO I. 295 DESCANSO II. 300 DESCANSO III. 303 DESCANSO IV. 309 DESCANSO V. 314 DESCANSO VI. 319 DESCANSO VII. 325 DESCANSO VIII. 335 DESCANSO IX. 340 DESCANSO X. 345 DESCANSO XI. 353 DESCANSO XII. 357 DESCANSO XIII. 363 DESCANSO XIV. 367 DESCANSO XV. 376 DESCANSO XVI. 384 DESCANSO XVII. 391 DESCANSO XVIII. 395 DESCANSO XIX. 399 DESCANSO XX. 403 DESCANSO XXI. 409 DESCANSO XXII. 413 DESCANSO XXIII. 421 DESCANSO XXIV. 425 DESCANSO ÚLTIMO, Y EPÍLOGO. 433
NOTAS
[1] «Manuel du libraire et de l’amateur de livres:» ed. de 1861.--Tom. ij.--fol. 1062.
[2] Cuaderno iij.--pág. 24.
[3] Carece esta edicion del nombre del impresor.
[4] «Observations critiques sur le roman de Gil Blas de Santillana: on y fait voir que Gil Blas n’est pas un ouvrage original, mais un demembrement des Aventures du Bachiller de Salamanque, ms. espagnol inédit.»--Paris: imp. de Moreau.
[5] H. A. EVERET: «North-American Review:» (oct. 1827)--«Essais de critique et mélange.» Boston: 1845.
[6] No he podido hacerme de ejemplar ninguno de esta traduccion, de que dan sucinta noticia TICKNOR «History of Spanish Literature» y «The Encyclopædia Britannica», edicion de ADAM AND CH. BLACK, de Edimburgo: año de 1875. -- Vol. viij. -- pág. 548.
[7] «Leben und Begebenheiten des Escudero Marcos Obregon. Oder Autobiographie des Spanischen Dichters Vicente Espinel. Aus dem Spanischen zum erstenmale in das Deutsche übertragen, und mit Anmerkungen und einer Vorrede begleitet von Ludwig Tieck.»--Breslau im Verlage bei Josef Max und Komp. 1827.
[8] Aprobaciones á la edicion de Juan de la Cuesta: Madrid: 1618.
[9] Dice así lo mandado tachar:--«Pegóseme un clerigo de un pueblecillo de por allí cerca, y yendo caminando iba rezando sus horas en voz que le pudieran oir los alcornoques y robles: de suerte que nos interrumpia la conversacion, y él cumplia mal con su obligacion. Preguntóle el oidor:--¿No se podria dejar eso para la noche, para que se hiciese con el silencio y devocion que se requiere?--¡Oh! señor, respondió el clérigo, diónos la Iglesia esta pension que, aun caminando, hemos de rezar. ¿Por qué no ordenara que yendo un clérigo cansado y pensando en sus negocios y en el fin que han de tener, no rezara caminando?--Respondió el oidor:--Porque la Iglesia no cria á los clérigos para correos, sino para rezadores.--Bien respondido está, dijo el clérigo; ¿pero podria yo caminando rezar esta noche todas las horas de mañana y cumplir con mi conciencia?--Preguntóle el oidor al clérigo:--Si os debieran cien ducados para el dia de san Juan, ¿tomaríadeslos la víspera?--Respondió el clérigo:--Si, por cierto.--Pues lo mismo hace Dios, dijo el oidor: que en las cosas de obligacion y merecimiento adelantallas es querer cumplir cada uno con su obligacion, y Dios es tan buen pagador que tambien adelanta la paga.--Quedó con esto muy satisfecho el sacerdote.»
[10] «Resúmen histórico de la literatura española:» part. iij. cap. 13.
[11] «History of Spanish Literature:» t. iij. cap. 34.
[12] «Histoire de la littérature espagnole:» pág. 503.
[13] «Gesch. der schönen Wissenschaften:» t. iij. pág. 451.
[14] De Ragusa.
[15] Su verdadero nombre era doña Antonia Maldonado y Calatayud; era de los Maldonados de Salamanca y caso en Ocaña con D. Rodrigo de Céspedes, el mayor de los hijos del capitan Alonso de Céspedes, llamado «el bravo».
[16] En 1580, época á que ESPINEL se refiere, D. Antonio de Londoño, D. Pedro de Lunato, y D. Jorge Manrique formaban el «Consejo secreto de Milan».
[17] Esta censura lleva la fecha de 7 de Enero de 1587: las «Rimas» no se publicaron hasta 1591.
[18] «Archivo gral. de Simancas:» Patronato Eclesiástico.--leg. 21.--1.º
[19] LOPE DE VEGA: «La Circe.» «No parecía novedad llamar «espinelas» á las «décimas»: que este es su verdadero nombre, derivado del maestro ESPINEL, su primer inventor, como los versos sáficos de Safo.»
[20] «Œuvres complètes de Voltaire»: edit. Didot: 1828.--tom. iij.--pág. 2879, col. ij.