Vida de Jesús

Part 24

Chapter 243,601 wordsPublic domain

Con arreglo á nuestra manera de contar[1122], eran las tres de la tarde poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica[1123] prohibia que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos al patíbulo más allá de la noche del dia en que se verificaba la ejecucion. Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida en las ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el siguiente era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad, los judíos expresaron á la autoridad romana[1124] su deseo de que no mancillase aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la demanda, y se dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la muerte de los ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la cruz. Los soldados ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones el _crurifragium_ ó rompimiento de piernas[1125], segundo suplicio mucho más expeditivo que el de la cruz, y que de ordinario se imponia á los esclavos y á los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como los soldados le encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden, creyeron inútil aplicar el _crurifragium_. No obstante, uno de ellos, á fin de evitar toda incertidumbre respecto á la muerte del tercer crucificado, y de acabarle, si algun resto de vida le quedaba, le dió una lanzada en el costado. Vióse entónces salir de la herida sangre y agua, lo cual se consideró como la señal de un completo fallecimiento.

Juan, que pretende haber presenciado la escena[1126], insiste mucho sobre este pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una duda respecto á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas acostumbradas á presenciar crucificamientos, algunas horas de suspension en la cruz no les parecian suficientes para producir tal resultado. Citábanse muchos casos de crucificados que, desprendidos á tiempo, habian vuelto á la vida merced á curas enérgicas[1127]. Orígenes creyó despues que un fin tan rápido debia considerarse como un hecho milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo sentimiento de admiracion[1128]. Sin embargo, nosotros creemos que la mejor garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho de esta naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No parece probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que hicieran pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural era que cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que haya sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo lo que se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta inspeccion de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran de tomar algunas precauciones en el caso que nos ocupa[1129].

Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña[1130], y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban los ajusticiados[1131]. Éste habria sido el destino del cuerpo de Jesús, si el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres galileos, tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del poco éxito que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse las simpatías de algunas personas considerables que esperaban el reino de Dios y que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran en extremo adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José, natural de la pequeña ciudad de Arimathea (_Ha-ramathaim_)[1132], el cual fué aquella noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato[1133]. José era hombre rico, muy notable en la ciudad y miembro del sanedrin. Además, en aquella época la ley romana prescribia que se entregase el cadáver del ajusticiado á la persona que lo reclamase[1134]. Pilato, que ignoraba la circunstancia del _crurifragium_, se admiró de que Jesús hubiese muerto tan pronto, é hizo venir al centurion que habia presidido la ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el particular, y despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel funcionario, concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente habian descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al solicitante, para que dispusiera de él como mejor le pareciera.

Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo[1135], á quien ya hemos visto más de una vez empleando su influencia en favor del maestro, apareció tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo gran provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José y Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre judáica, esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y áloe. Las mujeres galileas se hallaban presentes[1136], y sin duda acompañaban la escena con lágrimas y agudos sollozos.

Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de prisa. Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse el cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una sepultura provisional[1137]. En un huerto, no léjos de aquel sitio, habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no habia servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado[1138]. Las grutas funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un pequeño compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared, sostenido por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba el cuerpo[1139]. Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de rocas inclinadas, tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de puerta una pesada losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el cadáver de Jesús en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á la abertura y convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura definitiva. Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó la operacion para el domingo[1140].

Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado todo el mundo descansó[1141].

Apénas amaneció el domingo, las galileas se dirigieron al sepulcro; la primera que llegó fué María de Magdala[1142]. Mas la losa habia sido retirada de la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que le habian dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo entre la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con la rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á la resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye con su último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia dejado en el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas, que por espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el consolador de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro[1143], ó fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala[1144] desempeñó un papel de primer órden[1145]. ¡Poder divino del amor! ¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió al mundo un Dios resucitado!

CAPÍTULO XXVII

SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS

La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el cálculo que hemos adoptado[1146]. De todos modos, no pudo tener lugar ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y de Jesús principió el año 28[1147], ni despues del 35, puesto que Pilato y Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos respectivos[1148]. En la destitucion de aquellos funcionarios no parece haber tenido ninguna influencia la muerte de Jesús[1149]. Probablemente el procurador Pilato, al entrar en la vida privada, no volvió á pensar en el olvidado episodio que debia trasmitir su triste renombre á la más remota posteridad. En cuanto á Caifás, tuvo por sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é hijo de aquel mismo Annás, principal motor del procedimiento contra Jesús. El pontificado continuó durante mucho tiempo en manos de la familia saducea de los Annás, la cual, más influyente y poderosa que nunca, siguió haciendo á los discípulos y á los parientes de Jesús la encarnizada guerra que declarara al fundador. El cristianismo le debió, no sólo el acto definitivo de su fundacion, sino tambien sus primeros mártires. Annás fué conceptuado como uno de los hombres más felices de su siglo[1150]; y el verdadero culpable de la muerte de Jesús terminó su vida colmado de honores y de consideraciones, sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio que habia hecho á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el templo, á duras penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya autoridad y beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer sus instintos de dominacion y violencia.

Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas, hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39 de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en España. Herodías le acompañó en su mala fortuna[1151]. Ántes que el nombre de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar sobre sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan Bautista, debian trascurrir todavía cien años.

En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y en efecto, al sur del monte Sion habia un sitio llamado _Hacéldama_ (campo de sangre)[1152], que supusieron ser la propiedad adquirida por el traidor[1153] con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion, Júdas se dió la muerte[1154]. Otros afirman que dió una terrible caida en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas esparcidas por tierra[1155]. Otros suponen, por último, que murió de una especie de hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes que se consideraron como un castigo del cielo[1156]. Quizás dió lugar á todas esas leyendas el deseo de manifestar que se habian cumplido en Júdas las amenazas que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido[1157]. Posible es que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura, miéntras que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el rumor de su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento que se atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado contra su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la divina justicia.

Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las grandes venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver con la gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La sinagoga no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se exponen aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto al imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia, independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo poder, el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado muchas veces de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han sido príncipes y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas, cambiándose con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para mantenerse al tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la separacion de lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el dominio de las cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar el nombre de «libertad». El cristianismo germinó en la conciencia de un hombre del pueblo, creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que en un principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso á su carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo de la revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento de los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar las futuras generaciones.

El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que no hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar suyo), debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad. Al presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo una herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al mundo una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en que las autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la que el acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una falange coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado, la historia de la Pasion, propagándose por millares de imágenes populares, presentó las águilas romanas sancionando el más inícuo de los suplicios, á un gobernador expidiendo la órden para ejecutarle, y á los soldados del imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué terrible golpe recibieron entónces los poderes establecidos! Nunca han podido reponerse de él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible respecto á los subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el enorme error de Gethsemaní?[1158].

CAPÍTULO XXVIII

CARÁCTER ESENCIAL DE LA OBRA DE JESÚS

Como se ve, la accion de Jesús no salió nunca del círculo judío. Aunque sus simpatías por todos aquellos que la ortodoxia despreciaba le impulsase á admitir á los paganos en el reino de Dios, y no obstante haber residido más de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado en una ó dos ocasiones en relaciones benévolas con infieles[1159], puede decirse que su vida entera se deslizó en el reducido mundo en que sus ojos vieron la luz. En los países griegos y romanos, ni siquiera oyeron hablar de él; su nombre no figura en los autores profanos sino cien años despues, y de una manera indirecta; esto es, á propósito de los movimientos sediciosos provocados por su doctrina ó de las persecuciones de que eran objeto sus discípulos[1160]. Áun en el mismo seno del judaismo no fué muy durable la impresion que Jesús produjo. Filon, muerto en el año 50, ni siquiera sospecha su existencia. Josefo, que nació en el año 37 y escribia hácia fines del primer siglo, menciona su ejecucion en algunas líneas[1161], como si fuera un acontecimiento de importancia secundaria, y en la enumeracion de las sectas de su tiempo omite á los cristianos[1162]. Por su parte, la _Mischna_ no ofrece ningun indicio de la nueva escuela; los pasajes de las dos Gemaras en que se nombra al fundador del cristianismo no alcanzan más allá del siglo cuarto ó quinto[1163]. La obra esencial de Jesús consistió en crear al rededor suyo un círculo de discípulos á quienes inspiró un afecto sin límites y en cuyo seno depositó el gérmen de su nueva doctrina. Hacerse amar «hasta el extremo de no cesar de amarle despues de su muerte», hé ahí la obra maestra de Jesús, la que más admiracion causó á sus contemporáneos[1164]. Su doctrina era tan poco dogmática, que jamás se le ocurrió escribirla ni mandar que la escribiesen. Para ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer en tal ó cual cosa; lo que se necesitaba era adherirse á él, amarle entrañablemente. Lo que despues de su muerte quedó de él, fueron algunas sentencias que desde muy temprano se recogieron de memoria, y sobre todo, su tipo moral y la impresion que habia producido. Jesús no es un fundador de dogmas, ni un inventor de símbolos; es el iniciador del nuevo espíritu llamado á regenerar al mundo. Los hombres ménos cristianos de cuantos han pretendido merecer ese título, fueron los doctores de la Iglesia griega que, á partir del siglo cuarto, empeñaron el cristianismo en una senda de pueriles discusiones metafísicas, y los escolásticos de la edad media latina, que quisieron deducir del evangelio millares de artículos de una «Suma» colosal. Adherirse á Jesús en la esperanza del reino de Dios:--tal fué lo que en un principio se llamó ser cristiano.

Así es como se comprende que, por una especie de destino excepcional, se presente todavía el cristianismo puro, al cabo de diez y ocho siglos, con el carácter de una religion universal y eterna. Y es porque, en efecto, la religion de Jesús contiene en sí el gérmen de la religion definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presion dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la conciencia, recoge todavía los frutos de su excelente orígen, á pesar de las caidas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al Evangelio. El reino de Dios, tal como nosotros le concebimos, difiere notablemente de la aparicion sobrenatural sobre las nubes que los primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo la más elevada norma de la vida pura y virtuosa. Jesús creó el cielo de las almas puras, ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra; creó la pureza absoluta, la total absolucion de la mancilla del mundo, y, por último, la libertad que las sociedades excluyen de su seno, como un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la idea. Para los que se refugian en ese ideal reino de Dios, Jesús es todavía el gran maestro. Él fué el primero que proclamó la soberanía del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: «Mi reino no es de este mundo.» El fundamento de la religion verdadera es, pues, obra suya, y, despues de él, sólo falta fecundar y cultivar la divina semilla que su mano arrojó al mundo.

Y de tal manera es así, que la palabra «cristianismo» ha llegado casi á ser sinónima de religion. Todo cuanto se practique prescindiendo de esa grande y hermosa tradicion cristiana será estéril. Jesús fundó la religion de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía, como Aristóteles fundó la ciencia. Ántes de Aristóteles y de Sócrates hubo ciencia y filosofía:--despues de ellos, la filosofía y la ciencia han hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la ancha base establecida por aquellos grandes hombres. De igual manera, la idea religiosa habia atravesado ántes de Jesús muchas revoluciones; despues de Jesús ha hecho grandes conquistas; pero ni se ha salido ni podrá salirse nunca de la nocion creada por el mártir del Gólgotha, porque él fué quien fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo este punto de vista, la religion de Jesús es ilimitada. La Iglesia ha tenido sus épocas y sus diferentes fases; los símbolos en que frecuentemente se ha encerrado fueron ó serán pasajeros:--Jesús fundó la religion absoluta, religion que nada excluye, que nada determina sino imágenes susceptibles de infinitas interpretaciones. En vano se buscará en el Evangelio una proposicion teológica. Todas las profesiones de fe desfiguran y falsean el pensamiento de Jesús, así como la escolástica de la Edad media, al proclamar á Aristóteles único maestro de una ciencia perfeccionada, falseaba el pensamiento de aquel sabio. Si Aristóteles hubiera asistido á los debates de la escuela, de seguro habria rechazado aquella raquítica doctrina y aplaudido á sus contradictores, pasándose á las filas de los progresistas para combatir á los rutinarios que se escudaban con su autoridad. De igual modo, si Jesús volviese hoy al mundo recogeria por sus discípulos, no á los que pretenden encerrarle completamente en algunas frases de catecismo, sino á los que trabajan en continuar su obra. En todos los órdenes de grandeza, la mayor gloria, la inmortal, consiste en poner la primera piedra. Posible es que en la «Física» y en la «Meteorología» de las ciencias modernas no se halle ni una sola palabra de los tratados de Aristóteles que tienen ese mismo título; pero no por eso deja de ser Aristóteles el fundador de la ciencia de la naturaleza. Cualesquiera que sean las trasformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en religion el creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del Sermon sobre la montaña. Ninguna revolucion podrá impedir que sigamos en materia religiosa la gran línea intelectual y moral á cuyo frente brilla el nombre de Jesús. Bajo este concepto, somos cristianos áun separándonos sobre casi todos los puntos de la tradicion que nos ha precedido.