Vida de Jesús

Part 1

Chapter 13,749 wordsPublic domain

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las variantes a la grafía más frecuente.

* Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.

* El texto de las notas, citas y referencias se ha hecho coincidir con el del original francés de la 12.ª edición. (Las ediciones francesas, a partir de la 13.ª, tienen adiciones que no están reflejadas en esta traducción.)

* Las notas a pie de página procedentes del autor han sido renumeradas y quedan colocadas al final del libro, como en el original impreso. Las procedentes del editor o del traductor se han colocado debajo del párrafo que contiene la llamada.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

VIDA DE JESÚS -- HISTORIA DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO -- LIBRO PRIMERO

ERNESTO RENÁN

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VIDA DE JESÚS

NUEVA EDICION CON NOTAS

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MADRID LIBRERÍA DE ALFONSO DURÁN CARRERA DE S. GERÓNIMO, 2 -- 1869

MADRID, 1869.--Imp. de Rivadeneyra, Duque de Osuna, 3.

AL ALMA PURA

DE MI HERMANA ENRIQUETA

MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SETIEMBRE DE 1861

¿Te acuerdas, desde el seno de Dios, donde reposas, de aquellos largos dias de Ghazir en que, solo contigo, escribia yo estas páginas, inspiradas por los lugares que acabábamos de recorrer? Silenciosa á mi lado, tú releias cada página y la copiabas apénas escrita, miéntras que á nuestros piés se extendian el mar, las aldeas, los barrancos y las montañas. Cuando á la sofocante luz de la tarde sucedia el innumerable ejército de estrellas, tus preguntas finas y delicadas y tus discretas dudas me hacian pensar en el objeto de nuestras comunes investigaciones. Un dia me dijiste que tú amarias este libro, por haber sido escrito en tu compañía, y porque te gustaba su espíritu. Y si algunas veces temias que le fuese contrario el juicio del hombre frívolo, siempre estuviste persuadida que al fin agradaria á las almas verdaderamente religiosas. El ala de la muerte nos hirió á entrambos en medio de aquellas dulces meditaciones; á la misma hora caimos en febril letargo... ¡Yo me desperté solo!... Tú duermes ahora en la tierra de Adónis, cerca de la santa Biblos y de las aguas sagradas, donde iban á mezclar sus lágrimas las mujeres de los misterios antiguos. Revélame ¡oh buen genio! á mí, á quien tanto amabas, esas verdades que dominan la muerte, que impiden temerla y casi nos la hacen amar.

INTRODUCCION

EN DONDE PRINCIPALMENTE SE TRATA DE LAS FUENTES DE ESTA HISTORIA

Una historia de los «Orígenes del cristianismo» deberá abarcar todo el período oscuro, subterráneo, si se me permite la frase, que se extiende desde los primeros pasos de esta religion hasta el momento en que su existencia vino á ser un hecho público, notorio, evidente á los ojos de todo el mundo. Esta historia se compondrá de cuatro libros:--el primero, que hoy ofrezco al público, trata del hecho mismo que sirvió al nuevo culto de punto de partida, y le llena completamente la persona sublime de su fundador. El segundo tratará de los apóstoles y de sus discípulos inmediatos; mejor dicho, de las revoluciones que sufrió el pensamiento religioso en las dos primeras generaciones cristianas. Le cerraré hácia el año 100, época en que habian ya muerto los últimos amigos de Jesús y en que se habian fijado todos los libros del Nuevo Testamento en la forma que tienen hoy dia. En el tercer volúmen expondré el estado del cristianismo bajo los Antoninos: verásele en él desarrollarse lentamente y sostener una guerra casi constante contra el imperio, el cual, habiendo llegado entónces al apogeo de la perfeccion administrativa, y hallándose dirigido por filósofos, combate en la secta naciente una sociedad secreta y teocrática que le niega con obstinacion y le mina sin cesar. Este libro contendrá todo el siglo segundo. En el tomo cuarto demostraré, por último, los progresos decisivos que hace el cristianismo á partir de los emperadores sirios. En él se verá el hundimiento de la sábia construccion de los Antoninos, la decadencia de la civilizacion antigua hacerse irrevocable, el cristianismo aprovechándose de su ruina, la Siria conquistando todo el Occidente, y á Jesús, en compañía de los dioses y de los sabios divinizados del Asia, tomar posesion de una sociedad á la cual no bastaba ya la filosofía del Estado puramente civil. Entónces es cuando las ideas religiosas de las razas agrupadas al rededor del Mediterráneo se modifican profundamente; cuando los cultos orientales extienden por todas partes su dominio; cuando el cristianismo, olvidando por completo sus ensueños miliarios, rompe los últimos lazos que le ligaban al judaismo y pasa entero al mundo greco-latino. Las luchas y el trabajo literario del siglo tercero, que ya se presentan sin rebozo, no se expondrán sino á rasgos generales. Más sumariamente referiré aún las persecuciones del principio del siglo cuarto, último esfuerzo del imperio por reivindicar sus antiguos principios, aquellos que no concedian ningun puesto en el Estado á la sociedad religiosa. Por último, me limitaré á presentir el cambio de política que invirtió los papeles bajo el cetro de Constantino é hizo del más libre y espontáneo movimiento religioso un culto oficial sujeto al Estado y perseguidor á su vez.

Ignoro si tendré vida y fuerzas suficientes para llenar un plan tan vasto. Me daria por satisfecho si, despues de haber escrito la vida de Jesús, pudiese referir, segun yo la comprendo, la historia de los apóstoles, el estado de la conciencia cristiana durante las semanas que siguieron á la muerte de Jesús, la formacion del ciclo legendario de la resurreccion, los primeros actos de la iglesia de Jerusalen, la vida de San Pablo, la crísis del tiempo de Neron, la aparicion del Apocalípsis, la ruina de Jerusalen, la fundacion de las cristiandades hebráicas de la Batanea, la redaccion de los evangelios y el orígen de las grandes escuelas del Asia Menor derivadas de Juan. Todo palidece junto á ese maravilloso primer siglo. Y por una singularidad rara en la historia, vemos mucho más claramente lo que pasó en el mundo cristiano desde el año 50 al 75 que desde el 100 al 150.

El plan que he adoptado en esta historia me ha impedido introducir en el texto largas disertaciones críticas sobre los puntos controvertidos. Un sistema contínuo de notas permite al lector comprobar por sí mismo en las fuentes que se citan, las proposiciones de la obra[*]. En esas notas me he limitado estrictamente á las citas de primera mano, esto es, á la indicacion de los pasajes originales, sobre los cuales se apoya cada aserto ó cada conjetura. Comprendo que para las personas poco iniciadas en esta clase de estudios, serían indispensables explicaciones mucho más extensas. Pero no tengo costumbre de retocar lo que está hecho y bien hecho. Para no citar sino libros escritos en frances, aquellos que deseen profundizar la materia pueden proporcionarse las obras siguientes:

[*] Para no fatigar la atencion del lector con repetidas llamadas bajo el texto, hemos creido oportuno trasladar las notas al fin del volúmen.

_Études critiques sur l’évangile de saint Matthieu_, par M. Albert RÉVILLE, pasteur de l’Église wallonne de Rotterdam.

_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, par M. REUSS, professeur à la Faculté de théologie et au séminaire protestant de Strasbourg.

_Des doctrines religieuses des Juifs pendant les deux siècles antérieurs à l’ère chrétienne_, par M. Michel NICOLAS, professeur à la Faculté de théologie protestante de Montauban.

_Vie de Jésus_, par le Dr. STRAUSS, traduite par M. LITTRÉ, membre de l’Institut.

_Revue de théologie et de philosophie chrétienne_, publiée sous la direction de M. COLANI, de 1850 à 1857.--_Nouvelle Revue de théologie_, faisant suite à la précedente, depuis 1858.

_Les Évangiles_, par M. Gustave d’EICHTHAL. Première partie: _Examen critique et comparatif des trois premiers évangiles_.

Los que quieran tomarse el trabajo de consultar estos excelentes escritos, encontrarán en ellos la explicacion de multitud de puntos sobre los cuales he tenido que ser muy conciso. En lo que particularmente se refiere á los textos evangélicos, su crítica detallada ha sido hecha por Strauss de un modo que deja muy poco que desear. Y aunque Strauss se haya engañado en su teoría sobre la redaccion de los evangelios[1], y aunque su libro tenga, en mi opinion, el defecto de afirmarse en gran manera sobre el terreno teológico y muy poco sobre el de la historia[2], preciso es, para apreciar los motivos que me han guiado en una infinidad de detalles, seguir la discusion, siempre juiciosa, aunque algo sutil en ocasiones, de la obra que tan bien ha traducido mi sabio cofrade M. Littré.

En materia de testimonios antiguos creo no haber descuidado ninguna fuente de informaciones. Sin contar un sinnúmero de datos esparcidos acá y allá, cinco grandes colecciones de escritos nos quedan respecto á Jesús y al tiempo en que vivió:--1.ª los evangelios y en general los escritos del Nuevo Testamento; 2.ª las composiciones llamadas apócrifas del «Antiguo Testamento»; 3.ª las obras de Filon; 4.ª las de Josefo; 5.ª el Talmud. Los escritos de Filon tienen la inapreciable ventaja de mostrarnos las ideas que, en tiempo de Jesús, fermentaban en las almas ocupadas en las grandes cuestiones religiosas. Verdad es que Filon vivia en otra provincia del judaismo, diferente de la en que habitaba Jesús; pero tambien lo es que su carácter, como el del fundador del cristianismo, estaba muy por encima de las pequeñeces que reinaban en Jerusalen:--Filon es en este concepto el hermano mayor de Jesús. Sesenta y dos años tenía cuando el profeta de Nazareth se hallaba en el apogeo de su actividad, y le sobrevivió diez años, por lo ménos. ¡Lástima es que los azares de la vida no le llevasen á Galilea! ¡Cuánto no nos habria enseñado!

El estilo de Josefo, que particularmente escribia para los paganos, no tiene la misma sinceridad. Sus escasas noticias sobre Jesús, Juan Bautista y Júdas el Gaulonita, son áridas y sin color. Se conoce á primera vista que trata de presentar aquellos movimientos, cuyo carácter era tan profundamente judáico, bajo una forma inteligible para los griegos y romanos. Sin embargo, tengo por auténtico el pasaje que se refiere á Jesús, porque se halla en perfecta armonía con la índole de Josefo; al mencionar este historiador á Jesús no debió hacerlo de otro modo. No obstante, se conoce que una mano cristiana ha retocado el pasaje añadiéndole algunas palabras, sin las cuales habria sido casi blasfematorio[3], y suprimiéndole ó modificándole algunas expresiones[4]. Preciso es tener presente que Josefo debe su fama literaria á los cristianos, quienes adoptaron sus escritos como documentos esenciales á su historia sagrada. Probablemente se hizo de ellos en el siglo segundo una edicion corregida segun las ideas cristianas[5]. De todos modos, lo que constituye el inmenso interes de Josefo con relacion á nuestro asunto, es la viva luz que arroja sobre los personajes de aquel tiempo. Gracias á él, Heródes, Herodías, Antipas, Felipe, Anás, Caifás y Pilátos, son figuras históricas que aparecen de relieve á nuestra vista con maravillosa exactitud.

Los apócrifos del Antiguo Testamento, y en particular la parte judía de los versos sibilinos y el Libro de Henoch, tienen, unidos al Libro de Daniel, que tambien es un verdadero apócrifo, inmensa y capital importancia para la historia del desarrollo de las teorías mesiánicas y para la inteligencia de las concepciones de Jesús sobre el reino de Dios. El Libro de Henoch, muy conocido de las personas que rodeaban á Jesús[6], nos da, sobre todo, la clave de la expresion de «Hijo del Hombre» y de las ideas que á ella se refieren. Gracias á los trabajos de MM. Alexandre, Ewald, Dillmann y Reuss, la edad de estos diferentes libros está ya fuera de duda. Todo el mundo conviene en que la redaccion del más importante de entre ellos data de los siglos segundo y primero ántes de Jesucristo. La fecha del Libro de Daniel es más incierta. El carácter de las lenguas en que está escrito, el uso de palabras griegas, el anuncio claro, determinado, preciso de los acontecimientos que alcanzan hasta la época de Antíoco Epifáneo, las falsas imágenes que en él se trazan de la antigua Babilonia, el colorido general del libro, que en nada se parece á los escritos del cautiverio, y que, al contrario, se armoniza por una infinidad de analogías con las creencias, las costumbres y los giros de imaginacion de la época de los Seléucidas, el sabor apocalíptico de las visiones, el sitio del libro en el cánon hebreo fuera de la serie de los profetas, la omision de Daniel en los panegíricos del capítulo XLIX del _Eclesiástico_, donde se hallaba su rango como indicado, multitud de otras pruebas que han sido cien veces deducidas, todo, en fin, induce á creer que el Libro de Daniel fué producto de la grande exaltacion que la persecucion de Antíoco ocasionó entre los judíos. Así, pues, no debe clasificarse este libro entre la antigua literatura profética, sino más bien al frente de la literatura apocalíptica, como primer modelo de un género de composiciones entre las cuales debian figurar despues de él los diversos poemas sibilinos, el Libro de Henoch, el Apocalípsis de Juan, la Ascension de Isaías y el cuarto libro de Esdras.

Mucho se ha descuidado hasta hoy el Talmud al tratarse de la historia de los orígenes del cristianismo. Pero yo creo, con M. Geiger, que la verdadera nocion de las circunstancias en que se produjo su fundador, debe buscarse en esta rara compilacion, tan abundante de preciosas noticias, que se mezclan y confunden con la más trivial escolástica. Habiendo seguido la teología cristiana y la judáica dos caminos paralelos en el fondo, no puede comprenderse bien la historia de la una sin la de la otra. Por otra parte, innumerables detalles materiales de los evangelios tienen su comentario en el Talmud. Ya las compilaciones latinas de Lightfoot, de Schœttgen, de Buxtorf y de Otho contenian á este respecto multitud de noticias. Por mi parte, me he impuesto el deber de comprobar en el original cuantas citas he admitido, sin exceptuar una sola. Y la colaboracion que en esta parte de mi trabajo debo á M. Neubauer, sabio israelita muy versado en la literatura talmúdica, me ha permitido ir más léjos y aclarar las partes más delicadas de mi asunto con algunas nuevas comparaciones. Extendiéndose la redaccion del Talmud desde el año 200 hasta el 500, próximamente, la distincion de las épocas es aquí muy importante. Nosotros las hemos examinado con todo el discernimiento que permite el estado actual de esta clase de estudios. Entre algunas personas acostumbradas á no conceder valor á un documento sino por la época misma en que fué escrito, excitarán acaso algunos temores tan recientes fechas. Pero semejantes escrúpulos estarian aquí fuera de lugar. La enseñanza de los judíos desde la época asmonea hasta el siglo segundo fué oral principalmente, y no debe juzgarse de aquella especie de estado intelectual por las costumbres de un tiempo en que tanto se escribe. Los Vedas y las antiguas poesías árabes se conservaron en la memoria del pueblo durante siglos, y sin embargo, esas composiciones presentan una forma decisiva y muy delicada. Por el contrario, la forma no tiene en el Talmud ningun valor. Añadamos que ántes de la _Mischna_ de Júdas el Santo, que hizo olvidar todas las otras, hubo ensayos de redaccion cuyos principios se remontan acaso mucho más allá de lo que comunmente se supone. El estilo del Talmud es el de los resúmenes compilativos: probablemente los redactores no hicieron sino clasificar, bajo ciertos títulos, el enorme fárrago de escrituras que por espacio de muchas generaciones se habian acumulado en las diferentes escuelas.

Réstanos hablar de los documentos que, presentándose como biografías del fundador del cristianismo, deben ocupar naturalmente el primer rango en una vida de Jesús. Un tratado completo sobre la redaccion de los evangelios tendria que formar una obra aparte. Merced á los hermosos trabajos de que ha sido objeto esta cuestion desde hace treinta años, el problema que otras veces parecia inabordable, ha llegado á una solucion que, si bien deja todavía paso á muchas incertidumbres, satisface al ménos plenamente las necesidades de la historia. Siendo la composicion de los evangelios uno de los hechos más importantes para el porvenir del cristianismo, de cuantos en la postrera mitad del primer siglo ocurrieron, ocasion tendrémos de volver á examinarla en nuestro segundo libro. Aquí no tratarémos esta especie sino bajo el punto de vista indispensable á la solidez de nuestro relato. Sólo buscarémos, dejando aparte cuanto pertenece al cuadro de los tiempos apostólicos, la medida en que deben emplearse los datos que los evangelios nos ofrecen en una historia trazada con arreglo á principios racionales[7].

Que los evangelios son en parte legendarios, es cosa evidente, puesto que en ellos abundan los milagros y lo sobrenatural; pero hay leyenda y leyenda. Nadie pone en duda, por ejemplo, los rasgos principales de la vida de Francisco de Asís, sin embargo de hallarse en ella lo sobrenatural muy frecuentemente. Por el contrario, ninguno da crédito á la «Vida de Apolonio de Tiana.» ¿Por qué?--Porque fué escrita mucho tiempo despues del héroe, y bajo las condiciones de pura novela. ¿En qué época, por qué manos y en qué circunstancias fueron escritos los evangelios? Hé aquí la cuestion capital de que depende el juicio que de su autenticidad debemos formarnos.

Sabido es que cada uno de los cuatro evangelios lleva al frente el nombre de un personaje conocido, bien en la historia apostólica, bien en la misma historia evangélica. Pero esos cuatro personajes no se nos han presentado rigurosamente como sus autores. Segun la más antigua opinion, las fórmulas «segun Matheo», «segun Márcos», «segun Lúcas», «segun Juan», no implican que estos relatos fuesen escritos de extremo á extremo por Juan, Lúcas, Márcos y Matheo[8]; esas fórmulas significan únicamente que se apoyan en las tradiciones que provienen de cada uno de aquellos apóstoles y que se escudan con su autoridad. Si esos títulos son exactos, claro es que los evangelios, sin que dejen de ser legendarios en parte, tienen sumo valor, puesto que nos llevan al medio siglo que siguió á la muerte de Jesús, y en dos de ellos, hasta á los testigos oculares de sus acciones.

Por lo que á Lúcas respecta, la duda no es posible. El evangelio de Lúcas es una composicion regular, fundada en documentos anteriores[9]; es la obra de un hombre que elige, entresaca y combina. Indudablemente el autor de este evangelio es el mismo que el de los «Hechos de los Apóstoles»[10], el cual fué un compañero de San Pablo[11], título que conviene perfectamente á Lúcas[12]. Sé que á este razonamiento puede oponerse más de una objecion, pero al ménos una cosa está fuera de duda, y es, que el autor del tercer evangelio y de los «Hechos» fué un hombre de la segunda generacion apostólica, y esto basta á mi objeto. Por otra parte, la fecha de este evangelio puede determinarse con mucha precision por medio de consideraciones sacadas del libro mismo. El capítulo XXI de Lúcas, inseparable del resto de la obra, se escribió, á no dudarlo, despues del sitio de Jerusalen, pero poco despues[13]. Aquí nos hallamos, pues, en un terreno sólido, porque se trata de una obra escrita de un extremo á otro por la misma mano y en la cual resalta la más perfecta unidad.

Los evangelios de Matheo y Márcos no tienen, ni con mucho, el mismo sello individual.--Son composiciones impersonales, en las cuales desaparece totalmente el autor. Un nombre propio escrito al frente de este género de obras dice muy poco. Pero si el evangelio de Lúcas se halla fechado, tambien lo están el de Matheo y el de Márcos, puesto que es indudable que el tercer evangelio es posterior á los dos primeros, y que ofrece el carácter de una redaccion mucho más avanzada. Tenemos sobre este punto, á mayor abundamiento, un testimonio capital que data de la primera mitad del siglo segundo, cual es el de Papias, obispo de Hierápolis, hombre grave, de tradicion, que empleó toda su vida en recoger con particular esmero cuantas noticias se referian á la persona de Jesús[14]. Papias, despues de haber declarado que en semejantes materias prefiere la tradicion oral á los libros, menciona dos escritos sobre los actos y las palabras de Cristo: 1.º, un escrito de Márcos, intérprete del apóstol Pedro; escrito corto, incompleto, no clasificado por órden cronológico, el cual comprende relatos y discursos (λεχθέντα ἢ πραχθέντα), y fué compuesto en vista de los recuerdos y noticias del apóstol Pedro; 2.º, una compilacion de sentencias (λόγια) escrita por Matheo en lengua hebrea[15], «y que ha traducido cada uno como ha podido.» Es indudable que estas dos descripciones se armonizan bastante bien con la fisonomía general de los dos libros llamados ahora «Evangelio segun Matheo» y «Evangelio segun Márcos», los cuales se distinguen, uno por sus largos discursos, y otro por sus anécdotas, en particular, por ser mucho más exacto que el primero en relatar los acontecimientos de secundaria importancia, pobre en discursos, breve hasta la aridez y por estar bastante mal pergeñado. Que sean estas dos obras, tales como nosotros las leemos, absolutamente parecidas á las que leia Papias, no es sostenible en buena lógica; primero, porque el escrito de Matheo, segun Papias, se componia tan sólo de discursos en hebreo, de los cuales circulaban traducciones bastante diferentes; y segundo, porque la obra de Márcos y la de Matheo eran, para él, profundamente distintas, no tenian en su redaccion ningun punto de contacto, y á lo que parece, estaban escritas en diferente idioma. Esto supuesto, y ofreciendo el «Evangelio segun Márcos» y el «Evangelio segun Matheo», en el estado actual de sus textos, larguísimos trozos paralelos perfectamente idénticos, preciso es suponer ó que el redactor definitivo del primero tenía el segundo á la vista, ó que el del segundo consultaba el primero, ó que ambos redactores copiaron el mismo prototipo. Lo más verosímil es, que ni respecto á Márcos ni respecto á Matheo, tenemos las redacciones del todo originales, y que nuestros dos primeros evangelios son arreglos, en los cuales se trató de llenar, con un texto, los vacíos del otro. Cada uno quiso, en efecto, poseer un ejemplar completo: aquel que en el suyo no tenía sino discursos, deseó tener relatos, y recíprocamente. Sólo así se explica que el «Evangelio segun Matheo» comprenda casi todas las anécdotas de Márcos, y que el «Evangelio segun Márcos» encierre hoy un sinnúmero de rasgos que emanan de las _Logia_ de Matheo. Además, cada uno bebia abundantemente en el manantial de la tradicion evangélica que continuaba manando en torno suyo. Y tan léjos estuvo aquella tradicion de haber sido agotada por los evangelios, que los «Hechos de los Apóstoles» y los Padres más antiguos citan várias palabras de Jesús que parecen auténticas y que no se hallan en los evangelios que poseemos.