Vida de Cervantes

Part 8

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103. Pero para que se entienda mejor lo que voy á decir es menester suponer que ha sido costumbre de muchos que han publicado libros de caballerías, querer autorizarlos, diciendo que se habían hallado en alguna parte escritos con letras muy antiguas difíciles de leer. Así Garci-Ordóñez de Montalvo, regidor de Medina del Campo, después de haber dicho que había corregido "los tres libros de _Amadís_", que por falta de los malos escritores ó componedores se leían muy corruptos y viciosos, inmediatamente añadió que publicaba aquellos libros, "trasladando y enmendando el libro cuarto con las Sergas de Esplandián su hijo que hasta aquí no es en memoria de ninguno ser visto, que por gran dicha pareció en una tumba de piedra que debajo de la tierra en una ermita cerca de Constantinopla fué hallado y traído por un húngaro mercader á estas partes de España, en la letra y pergamino tan antiguo, que con mucho trabajo se pudo leer por aquéllos que la lengua sabían." Imitando en esto Cervantes á Garci-Ordóñez de Montalvo, dijo[155]: "Que la buena suerte le deparó un antiguo médico que tenía en su poder una caja de plomo que, según él dijo, se había hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita, que se renovaba, en la cual caja se habían hallado unos pergaminos escritos con letras góticas, pero en versos castellanos, que contenían muchas de sus hazañas (esto es, de Don Quijote) y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del mismo Don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y costumbres." Escribía esto Cervantes en el año 1604 y lo imprimió en el siguiente. Dejo al arbitrio del juicioso lector determinar la edad en que, según las referidas circunstancias, se finge que vivió Don Quijote de la Mancha. Referir un antiguo médico el hallazgo de los pergaminos donde estaban los epitafios de Don Quijote; haberse hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita y estar escritos en letras góticas, cuyo uso se prohibió en España en tiempo del rey don Alfonso VI[156], todas son circunstancias que arguyen el pasaje de algunos siglos. Y esto mismo supone un discurso de Don Quijote, tan ocultamente erudito como graciosamente disparatado[157]: "¿No han vuestras mercedes leído--respondió Don Quijote--los anales é historias de Inglaterra, donde se tratan las famosas hazañas del rey Arturo, que continuamente, en nuestro romance castellano, llamamos el rey Artús, de quien es tradición antigua y común en todo aquel reino de la Gran Bretaña que este rey no murió, sino que por arte de encantamiento se convirtió en cuervo y que andando los tiempos ha de volver á reinar y á cobrar su reino y cetro?" Á cuya causa no se probará que desde aquel tiempo á éste haya ningún inglés muerto cuervo alguno. Pues en tiempo de este buen rey fué instituída aquella famosa Orden de Caballería de los caballeros de la Tabla Redonda, y pasaron, sin faltar un punto, los amores que allí se cuentan de don Lanzarote del Lago con la reina Ginebra, siendo medianera de ellos y sabedora aquella tan honrada dueña Quintañona, de donde nació aquel tan sabido romance, y tan decantado en nuestra España, de

Nunca fuera caballero De damas tan bien servido Como fuera Lanzarote Cuando de Bretaña vino.

Con aquel progreso tan dulce y tan suave de sus amorosos y fuertes hechos. Pues desde entonces, de mano en mano, fué aquella Orden de Caballería extendiéndose y dilatándose por muchas y diversas partes del mundo. Y en ella fueron famosos y conocidos por sus hechos el valiente Amadís de Gaula, con todos sus hijos y nietos, hasta la quinta generación, y el valeroso Félix Marte de Hircania, y el nunca, como se debe, alabado Tirante el Blanco[158]. Y casi que "en nuestros días" vimos y comunicamos y oímos al invencible y valeroso caballero don Belianís de Grecia. Esto, pues, señores, es ser caballero andante, y la que he dicho es la Orden de su Caballería." Si Don Quijote, pues, fué tan vecino al tiempo en que se fingió haber vivido don Belianís de Grecia y la demás caterva de caballeros andantes, habiéndose referido éstos á los siglos inmediatos al origen del cristianismo, como lo observó y censuró el erudito autor del _Diálogo de las lenguas_, es consiguiente que Don Quijote de la Mancha se finja haber vivido muchos siglos ha. ¿Cómo, pues, Cervantes supone introducido ya en tiempo de Don Quijote el uso de los coches, siendo así que Gonzalo Fernández de Oviedo, en su _Adición ó Segunda parte á los Oficios de la casa Real, Título del Caballerizo de las Andas_, dice que la princesa Margarita, cuando vino á casar con el príncipe don Juan, trajo el uso de los carros de cuatro ruedas, y que habiéndose vuelto viuda á Flandes, cesaron tales carros y quedaron las literas que antes se usaban? Aun en Francia, de donde nos vino esta moda, como casi todas las demás, no es muy antiguo el uso de los coches, porque Juan de Laval Boisdanfin, de la casa de Memoransi, fué el primero que á lo último del reinado de Francisco I se sirvió de un coche por causa de su corpulencia, que era tal, que no le permitía ir á caballo. Debajo del reinado de Enrique II sólo había en la Corte de Francia dos coches, uno para la reina, su mujer, y otro para Diana, hija natural del rey. En la ciudad de París, habiendo sido nombrado primer presidente Cristóbal de Thou, fué el primero que tuvo coche, pero nunca se sirvió de él para ir á la casa real. Estos ejemplos, que introdujo la grandeza ó necesidad, fueron luego tan perniciosos, que llegó la vanidad al último grado. Por lo que toca á España, escribiendo de esto don Lorenzo Vander Hansen y León, en el _Libro primero de la vida de don Juan de Austria_, dijo estas bien sentidas palabras: "Venía (Charles Pubert, criado del rey emperador Carlos V) en un coche ó carrocilla de las que en aquellas provincias se usaban. Cosa raras veces vista en estos reinos. Salían las ciudades enteras á verla con admiración. Tan corta noticia se tenía por entonces de este género de deleite. Sólo lo que usaban eran carretas de bueyes, y en ellas andaban las personas más graves tal vez. Don Juan (por que no traigamos ejemplos de fuera de casa) fué muchas á visitar el templo de Nuestra Señora de Regla (Loreto de Andalucía) en una de éstas, en compañía de la duquesa de Medina. Esto se usaba en aquel tiempo. Pero dentro de pocos años (el de setenta y siete) fué necesario prohibir los coches por pragmática. Tan introducido se hallaba ya este vicio infernal, que tanto daño ha causado á Castilla." Para pintar este abuso, Miguel de Cervantes hizo que Teresa Panza, mujer de un pobre labrador, manifestase deseos de servirse de coche, sólo por imaginar que su marido era gobernador de la Ínsula Barataria, así como para reirse de algunos grados de doctor que se daban en su tiempo, y que debían suponer pero no hacían á los hombres doctos, hizo mención de algunos licenciados graduados en las universidades de Sigüenza[159] y Osuna[160] en tiempo de Don Quijote, siendo así que por consejo del cardenal Jiménez de Cisneros erigió la de Sigüenza don Juan López de Medina, consejero de Enrique IV y su enviado en Roma, arcediano de Almazán, dignidad de la catedral de Sigüenza y canónigo de Toledo, y más adelante, en el año 1548, fundó la de Osuna, con aprobación de Carlos V y Paulo III, don Juan Téllez Girón, conde de Ureña. Si Cervantes viviese hoy, sobre este punto de los grados diría algo más. Pero sea su comentador don Diego de Saavedra, en su _República literaria_.

104. Fué también falta de atención aludir en el supuesto tiempo de Don Quijote al Concilio de Trento[161], que empezó á celebrarse el año 1545, siendo Pontífice Paulo III, y se acabó en tiempo de Pío IV.

105. También Cervantes hizo mención de la América del Cura[162], antes que Américo Vespucio, florentino, el año 1497, hubiese puesto los pies en ella dándole su nombre, siendo en esto más feliz que Cristóbal Colón, genovés, que fué su primer descubridor en el año 1492.

106. Ni debía haber hecho mención de Hernán Cortés[163], ni de la destreza de los jinetes mejicanos[164], antes que en el mundo hubiese Cortés, conquistador de Méjico, y que en tal ciudad hubiese habido caballos. Nombró también el famoso cerro del Potosí[165], antes que descubriese sus prodigiosas venas de plata aquel bárbaro cazador[166]. Y la voz "cacique"[167], venida de la isla española[168], no debía ponerse en boca de Sancho Panza[169].

107. Fuera de esto, siendo tan reciente la impresión, no había de suponer su uso en tiempo de Don Quijote[170]; ni hacer mención de tantos autores modernos, así extranjeros como españoles. Extranjeros como Ariosto[171], Miguel Verino[172], Jacobo Sannazaro[173], Antonio de Lostaso, poeta sardo[174], Polidoro Virgilio[175] y otros. Españoles como Garci-Laso de la Vega, á quien unas veces alaba expresamente[176], otras alega sus versos, sin nombrarle[177], y otras alude á él claramente[178]. De Juan Boscán, poeta contemporáneo y muy amigo de Garci-Laso, dice Don Quijote[179]: "El antiguo Boscán se llamó Nemoroso." En lo cual erró de muchas maneras, llamando antiguo á Boscán; y aludiendo á la primera égloga de Garci-Laso de la Vega.

108. El mismo Don Quijote, hablando muy discretamente de la común desgracia de las traducciones, dice[180]: "Fuera de esta cuenta van los dos famosos traductores, el uno, el doctor Cristóbal de Figueroa en su _Pastor Fido_; y el otro, don Juan de Jáuregui en su _Aminta_, donde felizmente ponen en duda cuál es la traducción ó cuál el original." Y se ha de advertir, que el doctor Suárez de Figueroa publicó el _Pastor Fido_, tragicomedia pastoral de Bautista Guarini, en Valencia, año 1609, en la oficina de Pedro Patricio Mey; y don Juan de Jáuregui _El Aminta_, comedia pastoril de Torcuato Tasso, en Sevilla, por Francisco Lira, año 1618, en 4.º

109. También una pastora, hablando con Don Quijote, nombró con anticipación de tiempo á Camoens, celebrándole como poeta excelentísimo en su misma lengua portuguesa[181]. Que fué lo mismo que reprender las traducciones castellanas de Luis Gómez de Tapia, de Benito Caldera y de Enrique Garcés, para que se vea la dificultad que tienen las traducciones; pues dos tan semejantes dialectos de una misma lengua no son iguales en la expresión y armonía.

110. En el celebrado capítulo VI del tomo I, suponiéndose el escrutinio en tiempo de Don Quijote, se hacen críticas de las obras de Jorge de Montemayor, Gil Polo, López Maldonado, don Alonso de Ercilla, Juan Rufo, Cristóbal de Virués, y aun de _La Galatea_ del mismo Cervantes.

111. También hace éste mención[182] de las obras del obispo de Ávila, don Alonso Tostado[183], natural de Madrigal, de donde quiso llamarse, el cual nació cerca de los años del Señor mil cuatrocientos, y murió en Bonilla de la Sierra, á 3 de Septiembre de 1455[184]. Cita el _Dioscórides_ ilustrado por el doctor Laguna, impreso en Salamanca, año 1586, y los refranes del Comendador griego[185], publicados en la misma ciudad, año 1555. También las _Súmulas_ de Villalpando[186], siendo así que el doctor Gaspar Carrillo de Villalpando las imprimió en Alcalá, año 1599.

112. Las obras que censuró Cervantes sin nombrar sus autores, casi todos coetáneos suyos, son muchísimas. Me contentaré con apuntar algunos ejemplos.

113. Hablando de la traducción que hizo de Ludovico Ariosto, don Jerónimo de Urrea, la cual salió á luz en León de Francia, impresa en 4.º, por Guillermo Roville, año 1556, dice en nombre del cura[187]: "Le perdonáramos al señor Capitán, que no le hubiera traído á España y hecho castellano, que le quitó mucho de su natural valor. Y lo mismo harán todos aquéllos que los libros de verso quisieron volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento." De donde puede inferirse cuánto más insípidas serán las dos traducciones que hicieron en prosa, y publicaron dos toledanos: el uno, Fernando de Alcocer, año 1510; el otro, Diego Vázquez de Contreras, año 1585. Entrambos tan malos, como fieles intérpretes de la letra de Ariosto. Más adelante, hablando el cura de las tres _Dianas_, es á saber: de la de Jorge de Montemayor, que tiene primera y segunda parte, publicada en Madrid por Luis Sánchez, año de 1545, en 12.º; de la de Alfonso Pérez, doctor en Medicina, conocido por el nombre de "Salmantino", la cual salió á luz en Alcalá, año 1564, en 8.º, y la de Gaspar Gil Polo, impresa en Valencia, año 1564. Hablando, digo, el cura de las tres _Dianas_, dice así: "Y pues comenzamos por la _Diana_ de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos mayores, y quédesele en hora buena la prosa, y la honra de ser primero en semejantes libros." "Éste que se sigue--dijo el barbero--es la _Diana_, llamada Segunda, del "Salmantino", y este otro, que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo." "Pues la del "Salmantino"--respondió el cura--acompañe y acreciente el número de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo." Poco más adelante prosiguió el barbero, diciendo: "Estos que se siguen son _El pastor de Iberia_, _Ninfas de Henares_ y _Desengaños de celos_." "Pues no hay más que hacer--dijo el cura--sino entregarlos al brazo seglar del ama, y no se me pregunte el por qué, que sería nunca acabar." El autor de _Desengaños de celos_ no sé quién fué. De _El pastor de Iberia_ lo fué Bernardo de la Vega, natural de Madrid, canónigo de Tucumán, en la América meridional, y le imprimió en el año 1591, en 8.º Bernardo Pérez de Bobadilla fué el que escribió la novela _Ninfas y pastores de Henares_, y la publicó el año 1587, en 8.º Aludiendo Cervantes á estas dos censuras, y queriendo dar á entender que en el _Viaje del Parnaso_ (en el cual fingió que concurrieron casi todos los poetas de España) había alabado á muchos según la fama popular, introdujo un poeta descontento, haciéndole cargo por la omisión de estos dos poetas y la censura que les hizo. Reprende dicho poeta á Cervantes de este modo[188]:

Yo te confieso, oh bárbaro, y no niego, Que algunos de los muchos que escogiste (Sin que el respeto te forzase, ó ruego) En el debido punto los pusiste. Pero con los demás, sin duda alguna, Pródigo de alabanzas anduviste. Has alzado á los cielos la fortuna De muchos que en el centro del olvido (Sin ver la luz del sol, ni de la luna) Yacían. Ni llamado, ni escogido Fué el gran Pastor de Iberia, el gran Bernardo, Que de la Vega tiene el apellido. Fuiste envidioso, descuidado y tardo, Y á las Ninfas de Henares y Pastores, Como á enemigos les tiraste un dardo.

Más adelante puso Cervantes entre los poetas del _Viaje del Parnaso_ á Bernardo de la Vega, pero entre los malos poetas, diciendo así:

Llegó el Pastor de Iberia, aunque algo tarde, Y derribó catorce de los nuestros, Haciendo de su ingenio y fuerza alarde.

114. Continuándose el escrutinio de los libros de Don Quijote, dijo el barbero: "Este que viene es _El pastor de Fílida_." "No es ese pastor--dijo el cura--sino muy discreto cortesano." (Habla de Luis Gálvez de Montalvo, que publicó su _Pastor de Fílida_, en Madrid, año 1582.) "Guárdese como joya preciosa. Este grande, que aquí viene, se intitula--dijo el barbero--_Tesoro de varias poesías_." "Como ellas no fueran tantas--dijo el cura--fueran más estimadas. Menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene. Guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito." Este es Fray Pedro Padilla, natural de Linares, religioso carmelita, y antes, según dicen, caballero de la Orden de Santiago. Entre otras muchas obras poéticas, publicó un _Cancionero_, en el cual se contienen algunos sucesos de los españoles en la jornada de Flandes. Imprimióse en Madrid, en casa de Francisco Sánchez, año 1583, en 8.°, y Miguel de Cervantes escribió un soneto en alabanza del autor.

115. Últimamente, por acabar su escrutinio, dice Cervantes: "Cansóse el cura de ver más libros, y así, á carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaba: _Las lágrimas de Angélica_." "Lloráralas yo--dijo el cura--en oyendo el nombre, si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fué uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fué felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio." Entiendo yo que habla aquí del capitán Francisco de Aldana, alcaide de San Sebastián, que murió gloriosamente en África peleando con los moros, cuya gloriosa muerte celebró en octavas rimas su hermano Cosme de Aldana, gentilhombre de Felipe II, al principio de sus sonetos y octavas, que se imprimieron en Milán, año 1587, en 8.º Este Cosme de Aldana imprimió todas las obras que pudo hallar de su hermano Francisco, en Madrid, en la imprenta de Luis Sánchez, año 1593, en 8.º, y habiendo recogido después otras muchas, publicó _Segunda parte_ en Madrid, en la imprenta de Pedro Madrigal, año 1591, en 8.º De Francisco de Aldana dice su hermano Cosme, que tradujo en verso suelto _Las epístolas de Ovidio_, y que compuso una obra _De Angélica y Medoro_, de innumerables octavas; y si bien no se imprimieron, porque no se hallaron; porque de estas dos obras venimos en conocimiento de que Cervantes habló de Francisco de Aldana, y no de Luis Barahona de Soto, de quien tenemos doce cantos de _La Angélica_, prosiguiendo la invención de Ariosto. De cuyo poema dijo don Diego Saavedra Fajardo en su admirable _República literaria_: "Ya con más luz nació Luis de Barahona, varón docto y de levantado espíritu. Pero sucedióle lo que á Ausonio, que no halló con quién consultarse. Y así dejó correr libre su vena, sin tiento ni arte." Juicio que también arguye ser otro el poeta á quien alabó sin medida Miguel de Cervantes Saavedra, el cual añade en el capítulo siguiente: "Se cree que fueron al fuego, sin ser vistos ni oídos, _La Carolea_ y _León de España_, con _Los hechos del Emperador_, compuestos por don Luis de Ávila, que sin duda debían de estar entre los que quedaban. Y quizá, si el cura los viera, no pasaran por tan rigurosa sentencia." _La Carolea_, de que Cervantes hace mención, puede ser la que Hierónimo Sempere imprimió en Valencia, año 1560, en 8.º Pero más me inclino á que sea la que publicó en Lisboa, año 1585, Juan Ochoa de Lasalde; porque hablando Cervantes en su _Viaje del Parnaso_ de la lista de poetas que le dió Mercurio, dice así:

Miré la lista, y vi que era el primero El licenciado Juan de Ochoa, amigo, Por poeta, y cristiano verdadero.

116. El autor de _El león de España_ fué Pedro de la Vecilla Castellanos, natural de León, el cual publicó su poema y otras obras en Salamanca, año 1586, en 8.º Los _Comentarios de la guerra de Alemania, hecha por Carlos Quinto_, los escribió don Luis de Ávila y Zúñiga, comendador mayor de Alcántara, persona á quien el César estimó muchísimo, y á quien dieron grandes elogios los primeros escritores de aquella edad.

117. Estos anacronismos bastan en orden á las personas de letras. Otros muchos cometió Cervantes hablando de los que fueron ilustres en las armas: pues ya supone escrita en tiempo de Don Quijote[189] la _Historia del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba_, con la _Vida de Diego_ _García de Paredes_; siendo así que aquél murió en Granada, día 2 de Diciembre del año 1515, agravado de una cuartana (para él infausta), de edad de sesenta y dos años; y éste murió de sesenta y cuatro años en el de 1533, y las crónicas de ambos se imprimieron en Alcalá de Henares, por Hernán Ramírez, año 1584, en folio.

118. También introduce á un cautivo, refiriendo[190] que el gran duque de Alba, don Fernando de Toledo, pasaba á Flandes.

119. El mismo cautivo dice que le sirvió en las jornadas que hizo; que se halló en la muerte de los condes de Egmón y de Hornos; que alcanzó á ser alférez de un famoso capitán de Guadalajara, llamado Diego de Urbina. Habla de la pérdida de la famosa isla de Chipre, que ganó Selim II, en el año 1571; de la liga del Santo Pontífice Pío V, con España, contra el enemigo común; del general de aquella sagrada liga, don Juan de Austria, hermano natural del rey don Felipe II. Dice que se halló en aquella felicísima jornada ya hecho capitán de infantería; que se halló en la memorable batalla de Lepanto, la cual dieron y ganaron los cristianos el día 7 de Octubre del año 1572. Allí mismo refiere, cómo yendo en la capitana de Juan Andrea de Oria, por haber querido saltar en la galera de Uchali, rey de Argel, desviándose ésta, quedó cautivo. Pondera su desgracia, según se ha referido en otra parte. Algo más adelante celebra á don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, y al invictísimo Carlos V. Cuenta muy despacio la pérdida de la Goleta, y de un pequeño fuerte ó torre que estaba en mitad del Estaño, á cargo de don Juan de Zanoguera, caballero valenciano y famoso soldado. Dice que cautivaron á don Pedro Puerto-Carrero, general de la Goleta, y á Gabrio Cervellón, general del fuerte; que murieron en estas dos fuerzas muchas personas de cuenta, como Pagán de Oria, hermano del famoso Juan Andrea de Oria, y don Pedro de Aguilar, caballero andaluz, el cual había sido alférez en el fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento, y que especialmente tenía mucha gracia en la poesía.

120. En otra parte[191] celebra los puñales de Ramón de Hoces el Sevillano. Acuerda el cuento del licenciado Torralva[192]. Hace también mención del fullero Andradilla[193]. Y á este tenor, de otros muchos, cuya memoria era muy reciente. ¡Hay igual ensarte de anacronismos!

121. Pues no paran aquí. Dice Cervantes[194] que encontró Don Quijote unos recitantes de la compañía de Angulo el Malo, los cuales habían hecho aquella mañana, que era la octava del Corpus, el auto _De las Cortes de la muerte_, y le habían de repetir aquella tarde en otro lugar: donde es digno de censura que suponga introducidos en España, en tiempo de Don Quijote, los autos sacramentales, siendo así que la gente de farsa no se conocía antes en España, ni era conforme á la gravedad de las antiguas costumbres.

122. También supone el uso de enfriar el agua con nieve[195], siendo cierto que Pablo Jarquíes fué el primero que en tiempo de Felipe III inventó el tributo de los pozos de nieve, habiendo introducido antes en España el modo de guardarla y de usar de ella don Luis de Castelví, gentilhombre de la boca del emperador Carlos V, de quien Gaspar Escolano, explicándose de la manera que suele, escribió así[196]: "Á este caballero le debe España el uso de guardar la nieve en casas (por casas entiende los pozos), en las sierras donde cae, y el modo de enfriar el agua con ella. Porque no conociendo, generalmente, otro medio para eso que el del salmitre, fué el primero que puso en práctica en la ciudad de Valencia el manejo de la nieve, que ha sido (de más de único regalo) singular ahorro de modorrías, tabardillos, calenturas pestilentes y de otras gravísimas dolencias que nos daban en los calores del verano; y como tal, se comunicó poco á poco á lo restante de España el uso de ella, de donde nos quedó á los valencianos llamarle á este caballero don Luis de la Nieve."

123. San Diego de Alcalá y San Salvador de Orta se beatificaron en tiempo de Felipe III, y aludiendo á esto, dice Sancho á Don Quijote[197]: "Advierta, señor, que ayer ó antes de ayer, que según ha poco se puede decir de esta manera, canonizaron ó beatificaron dos frailecitos descalzos, cuyas cadenas de hierro con que ceñían y atormentaban sus cuerpos se tiene ahora á gran ventura el besarlas y tocarlas, y están en más veneración que está, según dije, la espada de Roldán en la armería del rey, nuestro señor."