Part 10
149. Después de haber dicho Cervantes que si en la historia de Don Quijote hubiera solicitado ambiciosas alabanzas le hubiera ido mejor, prosigue así: "En fin, pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico que, aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que, dichas por señas, suelen ser entendidas. Y así te digo (otra vez, lector amable) que de estas _Novelas_ que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca. Quiero decir, que los requiebros amorosos que en algunas hallarás son tan honestos y tan medidos con la razón y discurso cristiano, que no podrán mover á mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso que las leyere. Heles dado el nombre de _ejemplares_; y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso. Y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas, como de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á entretenerse sin daño de barras, digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan. Sí, que no siempre se está en los templos. No siempre se ocupan los oratorios. No siempre se asiste á los negocios, por calificados que sean. Horas que hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré á decirte, que si por algún modo alcanzara que la lección de estas novelas pudiera inducir á quien las leyere algún mal deseo ó pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público. Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida; que al cincuenta y cinco de los años, gano por nueve más, y por la mano. Á esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más que me doy á entender (y es así) que soy el primero que ha novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras; y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas. Mi ingenio las engendró y las parió mi pluma y van creciendo en los brazos de la estampa... Sólo esto quiero que consideres, que pues yo he tenido osadía de dirigir estas novelas al gran conde de Lemos, algún misterio tienen escondido que las levanta." Este misterio lo es para mí. Declárelo quien lo entienda. En lo demás, claramente entendemos el motivo que tuvo Cervantes para llamar _ejemplares_ á sus _Novelas_. Con todo esto el maldiciente aragonés empezó su prólogo de esta manera: "Como casi es comedia toda la historia de _Don Quijote de la Mancha_, no puede ni debe ir sin prólogo, y así sale al principio de esta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus lectores que el que á su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas."
150. No hagamos caso de que por burla llama "cacareado" á un "prólogo" tan justamente celebrado, queriendo parear sus necedades con aquellas incomparables discreciones. Ni nos detengamos en que llame "agresor de los lectores" á un "prólogo" en el cual nada se dice contra éstos. Lo que á este satírico, como á envidioso, le dolía, era el que Cervantes hubiese dicho haber sido el primero que, valiéndose de su propia invención, noveló en lengua castellana. Oigamos á Luis Gaitán de Vozmediano, el cual en el prólogo de la traducción que hizo de la _Primera parte de las cien novelas de Mons. Juan Bautista Giraldo Cinthio_, impresa en Toledo por Pedro Rodríguez, año 1590, en 4.º, hablando de las novelas rigorosamente tales, y entendiendo por ellas, á mi ver, "unas ficciones de sucesos amorosos, escritas en prosa artificiosamente para divertir é instruir á los lectores" (según las definió el eruditísimo Huet), dice así: "Ya que hasta ahora se ha usado poco en España este género de libros, por no haber comenzado á traducirlos de Italia y Francia, no sólo habrá de aquí adelante quien por su gusto los traduzca, pero será por ventura parte el ver que se estima esto tanto en los extranjeros, para que los naturales hagan lo que nunca han hecho, que es componer novelas. Lo cual entendido harán mejor que todos ellos, y más en tan venturosa edad cual la presente." Así sucedió: porque Cervantes escribió algunas novelas con tanto ingenio, discreción y elegancia, que pueden competir con las mejores, no coartando el nombre de novela á las fábulas amorosas, sino haciendo sujeto de ella cualquier asunto capaz de divertir honestamente á los lectores. Lope de Vega estuvo tan ajeno de contradecirlo, que antes bien alabó la invención, gracia y estilo de Cervantes, cuando en la dedicatoria de su primera novela dijo: "También hay (en España) libros de novelas: de ellas traducidas de italianos, y de ellas, propias, en que no faltó gracia y estilo á Miguel de Cervantes." Pero porque esto mismo dicho con sencillez por Cervantes causó envidia al detractor, notó éste su prólogo de poco humilde, y á sus _Novelas_, de más satíricas que ejemplares, aludiendo sin duda á las dos novelas del _Licenciado Vidriera_ y de los _Perros Cipión y Berganza_: de las cuales ésta mereció la aprobación de Pedro Daniel Huecio[224], hombre el más erudito que ha tenido la Francia; y aquélla juzgo yo que es el texto donde Quevedo tomaba puntos para formar después sus lecciones satíricas contra todo género de gentes.
151. Últimamente, por lo que toca á intitular _ejemplares_ á las _Novelas_, yo, hablando con ingenuidad, no las hubiera llamado así; y en esto no me aparto del juicio de Lope de Vega, el cual, acabando de alabar las novelas de Cervantes, añade[225] "Confieso que son libros de grande entretenimiento, y que podrían ser ejemplares como algunas de las historias de Valdelo; pero habían de escribirlos hombres científicos, ó por lo menos grandes cortesanos, gente que halla en los desengaños notables sentencias y aforismos." Pero para censurar el título que dió Cervantes á sus _Novelas_, era menester probar que no le convenía. Mas ésta no era empresa para el censurador aragonés, el cual debía haber observado la explicación de Cervantes, y tomado esta breve lección del maestro Alexio Venegas[226]: "Resumiendo (dice) todas estas tres especies de fábulas, digo que la fábula mitológica es una habla que con palabras de admiración significa algún secreto natural ó cuento de historia. La apológica es una ejemplar figura de habla, de cuya certeza se entiende la intención del fabulador, que es componer las buenas costumbres. La fábula milesia es un desvarío vano, sin meollo de virtud ni ciencia, urdido para embravecer á los simples." Dejando, pues, Cervantes la fábula mitológica á los poetas antiguos, y la milesia á los escritores desvergonzados, antiguos y modernos, escogió para sí la apológica ó ejemplar. Y para que esto se acabe de entender, oigamos de nuevo á aquel necio reprensor, que por ventura nos dará ocasión para defender á Cervantes con alguna novedad. "Conténtese (dice)[227] con su _Galatea_ y comedias en prosa; que eso son las más de sus novelas. No nos canse." Que las comedias sean escritas en prosa, no es maravilla, pues las griegas y latinas casi todas están compuestas en versos, y ambos tan semejantes á la prosa, que muchas veces apenas se distinguen de ella. Y las mejores comedias que tenemos en español, que son _La Celestina_ y _Eufrosina_, están escritas en prosa. De _La Celestina_ dijo el docto autor del _Diálogo de las lenguas_, que quitándole algunos vocablos fuera de propósito y algunos otros latinos, era de opinión "que ningún libro hay escrito en castellano adonde la lengua esté más natural, más propia, ni más elegante". Y después de él, dijo Cervantes[228], que era "libro en su opinión divino, si encubriera más lo humano"; juicios que, según el mío, totalmente cuadran también á _La Eufrosina_. Pero no puedo disimular, que en medio de la pureza de estilo de ésta, hay frecuentísimas alusiones pedantescas, las cuales empalagan mucho el delicado gusto de los lectores.
152. Que las novelas sean comedias, no es mucho; pues siendo la novela una fábula, es necesario que sea alguna de las especies de la fábula, y en mi juicio puede ser cualquiera de ellas, como se puede observar en esta inducción, en la cual me valdré de los ejemplos de Cervantes en cuanto ellas alcancen, para que se vea que fué diestrísimo en casi todas las especies de composición fabulosa.
153. Toda "fábula" es ficción, y toda ficción es narración, ó de cosas que no sucedieron, pero fueron posibles, ó de cosas que ni sucedieron ni fueron posibles. Si la narración es de cosas meramente posibles, y se atiende la semejanza y proporción que tiene lo fingido con lo que se quiere persuadir, se llama "parábola", de que están llenos los sagrados libros, y el que compuso el infante don Juan Manuel en su discretísimo _Conde Lucanor_. Y si atendemos la invención se llama novela, nombre que en este significado no es muy antiguo en España. Pero si la narración es de cosas imposibles, se llama "apólogo", como las fábulas de Esopo y de Fedro. En cuyo género de composición se debe observar que, aunque sea la hipótesis imposible, una vez que sus partes se suponen existentes, se deben guardar con verosimilitud la propiedad y costumbres de las personas fingidas, siguiendo en todo la naturaleza de las cosas. Es de tanto provecho esta invención, que se halla practicada en las divinas letras, pues en el _Libro de los Jueces_[229] leemos, que los árboles de la montaña tuvieron sus cortes para alzar por rey uno de ellos. Algunos de los cuales no quisieron aceptar el reinado. La oliva, por no dejar su grosura; la higuera, la dulzura de sus frutos; la vid, el vino regocijador; y viniendo á la cambronera, no sólo aceptó el cetro, sino que á no dárselo, amenazó con pena de fuego á los cedros del Líbano. También leemos en el _Libro cuarto de los Reyes_[230], que Joaz, rey de Israel, envió á decir á Amasías, rey de Judá, que se contentase con las victorias que había alcanzado, sin querer haberlas consigo, guardándose no le aconteciese lo que al cepacaballo (que es el que dicen cardo corredor), el cual envió á decir al cedro del monte Líbano que diese su hija para casarla con su hijo, y al tiempo que hacía esta propuesta, pasaron los bestias del Líbano y atropellaron y maltrataron al cardo, cuando con tanta arrogancia aspiraba á ser consuegro del cedro. Esto supuesto, se debe tener por apólogo _La novela de los perros_, donde introdujo Cervantes un agradable coloquio entre _Cipión_ y _Berganza_, perros del hospital de la Resurrección de Valladolid.
154. En lo que toca á las novelas, dichas así especialmente, su ficción se compone, ó de partes meramente posibles, como casi todas las que hay escritas, ó de sucesos verdaderos, pero que no tuvieron el enlace y consecuencia que dice el autor, porque si no, sería historia ó relación verdadera, como lo es en gran parte la _Novela del cautivo_, advirtiéndolo el mismo Cervantes[231], pero no lo es el enredo y desenredo en que consiste la "novela" ó "fábula".
155. La ficción de cosas posibles, ó propone la imitación de una idea perfecta, la mejor que pueda imaginarse según las acciones ilustres que se han de engrandecer, ó una idea de la vida civil que sea más practicable, ó los defectos de la naturaleza ó del ánimo, ahora sea para reprenderlos, ahora para incitar á su burla ó imitación, que á tanto como esto llega la malignidad del entendimiento humano.
156. Si la "fábula" propone una idea muy perfecta, se llama "epopeya", la cual representa con gallardía las acciones ilustres de personas insignes en las artes de la paz ó de la guerra, con el fin de excitar los ánimos de los lectores á la admiración y de moverlos á la imitación de tan heroicas virtudes. Tales son la _Ilíada_ y _Odisea_, de Homero.
157. Antonio Diógenes, que, según conjetura Focio[232], Patriarca de Constantinopla, vivió poco después de Alejandro Magno, escribió una _Novela de las peregrinaciones y amores de Dinias y Dercilis_, donde se ve una manifiesta imitación de las peregrinaciones de Ulises y amores de Calipso. La "novela" que compuso "de las cosas de Etiopía" Heliodoro, obispo de Trica en Tesalia, también está escrita á imitación de la _Odisea_, de Homero; asimismo la _de los amores de Clitofón_ y _Lencippes_, menos honesta que la otra; su autor, Aquiles Tacio, que si creemos á Snides también fué obispo. Y para que á nuestra edad no faltase otro, también novelista á lo de Homero, Mons. Fenelón, arzobispo de Cambray, ingeniosamente escribió con estilo poético _Las aventuras de Telémaco_. Últimamente (por no apartarme de Cervantes), _Los trabajos de_ _Persiles y Sigismunda_ son una clara imitación de la _Odisea_, de Homero, y _Etiópica_, de Heliodoro, con quien Cervantes intentó competir; y en mi juicio, le hubiera aventajado, si con la fecundidad de su ingenio no hubiera entremezclado tantos episodios, que desfiguran y desaparecen la constitución y proporción de los miembros de la fábula principal. Pero este mismo descuido tiene una singular prerrogativa, y es, que muchos de estos episodios son otras tantas "tragedias", donde la acción es una, y de persona ilustre, y el estilo correspondiente á la grandeza de la acción, sin que falte otra cosa para la composición de una perfecta tragedia, sino la disposición dramática, coro y aparato escénico.
158. La "fábula" de _Don Quijote de la Mancha_ imita la _Ilíada_. Quiero decir, que si la ira es una especie de furor, yo no diferencio á Aquiles airado de Don Quijote loco. Si la _Ilíada_ es una fábula heroica escrita en verso, la novela de Don Quijote lo es en prosa: "que la épica (como dijo[233] el mismo Cervantes), también puede escribirse en prosa como en verso".
159. Si la "novela" propone una idea de la vida civil con su artificioso enredo é ingeniosa solución, es "comedia". Y por tales tengo yo casi todas las novelas de Cervantes, y como comedias se han representado muchas de ellas, sólo con haberlas dispuesto en forma dramática.
160. Si la vida que representa la novela es pastoril, se llamará "égloga" con toda la propiedad. Y así llamó Cervantes á su _Galatea_[234]. Veamos, pues, ahora, cuán bien cuadra lo que dijo el ignorante aragonés. "Conténtese con su _Galatea_ y comedias en prosa, que eso son las más de sus novelas. No nos canse." Á fe que no diría esto Lope de Vega, su oráculo, pues en su _Novela del desdichado por la honra_, dijo[235]: "Yo he pensado que tienen las "novelas" los mismos preceptos que las "comedias".
161. Si las costumbres se reprenden con acrimonia descubierta y severidad del ánimo, la "novela" será "sátira", como _La gitanilla_, _Rinconete y Cortadillo_, _El licenciado Vidriera_ y _Los perros Cipión y Berganza_, que son cuatro ingeniosísimas sátiras, semejantes, según podemos conjeturar, á las que compuso Marco Varrón, intitulándolas "menipeas", aludiendo á que Menipo, filósofo cínico, trató cosas muy graves con estilo gracioso. _La gitanilla_ es una reprensión de las costumbres de los gitanos, salteadores, siempre perseguidos y nunca acabados. _Rinconete y Cortadillo_ es una satírica representación de la vida ladronesca, y especialmente de la de los cortabolsas, que llamamos "gatuna". _El licenciado Vidriera_ es una censura general de todos los vicios. _La novela de los perros_ es una invectiva contra los abusos que hay en la profesión de varios ejercicios y empleos.
162. Si las costumbres ó acciones se representan ridículas, la novela es "entremés", de cuya composición, como diré en su lugar y tiempo, nos dejó Cervantes ocho ideas, y en las cuatro novelas recién alabadas hay mucho de eso y aun en la de Don Quijote.
163. De las ideas torpes de los vicios, representándolos agradables, como dicen que lo hacían las antiguas y bien perdidas "novelas sibaríticas", y se ve hoy en las "milesias", no quiso Cervantes dejarnos ejemplo por no darle malo.
164. Pero para que no nos faltase alguna idea de la "fábula sáltica", si es que debe llamarse así la que se dice que inventó ó á lo menos compuso nuestro español Luciano, nos la dejó en _La gitanilla_ y en _La ilustre fregona_, como también de la "psáltica", que podemos llamar "cantar" ó "romance", de cuya especie compuso, según él dice, infinitos[236], entre los cuales habría muchos ciertamente correspondientes á la grandeza de su ingenio, y yo (aunque por conjetura) pudiera aquí señalar algunos, y especialmente el que empieza: "En la corte está Cortés", que me agrada mucho.
165. El diestro inventor, como Cervantes, sabe hacer una agradable mezcla de todas estas especies de fábulas, así en lo que toca á los caracteres de las personas y costumbres, como al estilo, apropiándole al sujeto de que se trata. Y á esto aludió el canónigo de Toledo, esto es, el mismo Cervantes, cuando dijo[237]: "Que con todo cuanto mal había dicho de tales libros (esto es, de los "noveleros") hallaba en ellos una cosa buena, que era el sujeto que ofrecían, para que un buen entendimiento pudiese mostrarse en ellos, porque daban largo y espacioso campo, por donde, sin empacho alguno, pudiese correr la pluma, describiendo naufragios, tormentas, reencuentros y batallas; pintando un capitán valeroso, con todas las partes que para ser tal se requieren, mostrándose prudente, previniendo las astucias de sus enemigos, y elocuente orador, persuadiendo ó disuadiendo á sus soldados; maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer; pintando, ahora un lamentable y trágico suceso, ahora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una hermosísima dama, honesta, discreta y recatada; aquí un caballero cristiano, valiente y comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón; acá un príncipe cortés, valeroso y bien mirado; representando bondad y lealtad de vasallos, grandezas y mercedes de señores. Ya puede mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente en las materias de Estado. Y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse nigromante, si quisiere. Puede mostrar las astucias de Ulises, la piedad de Eneas, la valentía de Aquiles, las desgracias de Héctor, las traiciones de Sinón, la amistad de Eurialo, la liberalidad de Alejandro, el valor de César, la clemencia y verdad de Trajano, la fidelidad de Zopiro, la prudencia de Catón, y finalmente todas aquellas acciones que pueden hacer perfecto á un varón ilustre, ahora poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos; y siendo esto hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible á la verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos lazos tejida, que después de acabada tal perfección y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho. Porque la escritura desatada de estos libros da lugar á que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico y cómico con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria; que la épica también puede escribirse en prosa como en verso." "Así es como vuesa merced dice, señor canónigo--dijo el cura--, y por esta causa son más dignos de reprensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros, sin tener advertencia á ningún buen discurso, ni el arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso, los dos príncipes de la poesía griega y latina." "Yo á lo menos--replicó el canónigo (el cual ya he dicho que es Cervantes)--he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado, y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas; y para hacer la experiencia de si correspondían á mi estimación, las he comunicado con hombres apasionados de esta leyenda, doctos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oir disparates, y de todos he hallado una agradable aprobación." Entre estos ignorantes no debió consultar al censurador aragonés, el cual debía haber hecho reflexión de que quien así sabía los preceptos del arte de novelar, tomando la pluma procuraría ajustarse á ellos. En mi juicio, las novelas de Cervantes son las mejores que se han escrito en España, así por la agudeza de su invención y honestidad de costumbres, como por el arte con que se dispusieron y la propiedad y dulzura de estilo con que están escritas.
166. Un año después que publicó las _Novelas_ dió á luz un librito que intituló _Viaje del Parnaso, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, dirigido á don Rodrigo de Tapia, caballero del hábito de Santiago, hijo del señor Pedro de Tapia, oidor del Concejo real y consultor del Santo Oficio de la Inquisición suprema. En Madrid, por la viuda de Alonso Martín, año 1614, en 8.º_.
167. Cervantes se preció mucho de la invención de este libro. Yo juzgo que es más ingeniosa que agradable. Pero no por eso me atreveré á llamar á su autor mal poeta, como don Esteban Manuel de Villegas dijo que lo era, escribiendo al doctor Bartolomé Leonardo de Argensola[238]:
Irás del Helicón á la conquista Mejor que el mal poeta de Cervantes, Donde no le valdrá ser quijotista.
En cuyo terceto aludió á lo que había dicho Cervantes[239], que los dos hermanos Leonardo, Lupercio y Bartolomé, no habían ido al Parnaso á dar la batalla á los malos poetas porque estaban ocupados en Nápoles en el obsequio debido al conde de Lemos. Villegas, pues, torció el sentido de Cervantes, convirtiendo en sátira de aquellos grandes ingenios el no haber ido al Parnaso, cuando ellos se alegrarían de que cediese eso en gloria del conde, su protector, y más sabiendo que Cervantes hacía de sí el justo aprecio, pues aun siendo mozos los alabó muchísimo en su _Galatea_[240] y después en el mismo _Viaje del Parnaso_, llegando á decir[241] en el lance más apretado de la batalla:
Quiso Apolo indignado echar el resto De su poder y de su fuerza sola, Y dar al enemigo fin molesto. Y una sacra canción, donde acrisola Su ingenio, gala, estilo y bizarría Bartolomé Leonardo de Argensola, Cual si fuera un petrarte Apolo envía Adonde está el tesón más apretado, Más dura y más furiosa la porfía. Cuando me paro á contemplar mi estado, Comienza la canción[242], que Apolo pone En el lugar más noble y levantado.