Viajes por Filipinas: De Manila á Marianas
Part 1
Viajes por Filipinas De Manila á Marianas
Por Don Juan Álvarez Guerra
(Primera Edición) Madrid Imprenta de Fortanet Calle de la Libertad, Núm. 29 1887
_Al Excmo. Sr. D. Rafael Izquierdo_
_A usted, mi querido General, á quien tanto debe Filipinas, se debe también este libro. Usted me nombró para una misión científica en el Pacífico. El nombramiento originó un viaje, el viaje, el libro que tiene la honra de dedicarle su buen amigo_,
El Autor
_NOTA. Dedicatoria de la primera edición. El General ha tiempo murió, mas su memoria me es tan respetada, como cariñosa y leal fué mi amistad mientras vivió._
ÍNDICE DE CAPÍTULOS
CAPÍTULO I.
La _banca_.--El estero.--La chaqueta y el chaquet.--Nuevas costumbres.--¡Manila progresa!--El _catapusan_, el _sarao y_ la _soirée_.--Colocación de nombres.--Meiisig.--El río de Binondo.--El Pasig.--La barra.--La _María Rosario_--El adiós á Manila.--Cavite.--Costumbres--Moysés y las doce tribus--La primera noche abordo.--El baldeo.--La laguna encantada.
CAPÍTULO II.
Recuerdos de Silam.--Ordoñez y Oñate--El _yo cuidado._--En marcha.--Sungay.--Talisay.--La Capitana Ramona. Tiempo viejo.--Los labios de un chico y la boca de una chocolatera.--Perlas y brillantes--Laguna encantada.--El cráter.--Volcán de Taal.--Grandiosidad del volcán--Erupciones notables.--Sueño del coloso.
CAPÍTULO III.
Punta Matoco.--Calmas.--Isla Verde.--El sudeste.--Marinduque y Mindoro.--Razas salvajes.--Sus costumbres.--Los negritos netas.--Su manera de ser.--_Inalug_ y _Acubac_.--De puerto Galera á punta Bunga.--Horizontes de Marinduque.--Isla Banton.--El Padre Pablo.
CAPÍTULO IV.
El fraile en Filipinas.
CAPÍTULO V.
El Estrecho de San Bernardino.--Cabeza Bondog.--Ruinas.--El volcán Mayon.--¡Ancla!--San Jacinto.--Su Iglesia.--La india Ignacia.--El toque de oración.--El _atung-taqus_.
CAPÍTULO VI.
La mujer india.--Angué.--Pepay la sinamayera.--¡¡¡Una!!!
CAPÍTULO VII.
España en Filipinas.--Colonización.--Política.--Tolerancia religiosa.--Juramento chínico.--Pascuas, festejos y Confucios.--El _matandá._--El municipio dentro del municipio.--El empleado.--Patriótico aviso.--Desconocimiento de Filipinas.--Reformas y mejoras.
CAPÍTULO VIII.
Islote de San Bernardino.--El Gran Pacífico.--Cielo y agua.--Nostalgia.--El secreto de las mareas.--Calma sospechosa.--Pesca del tiburón.--Los crepúsculos en la mar.
CAPÍTULO IX.
¡Orza!--De vuelta y vuelta.--Tiempo duro.--Siniestros preparativos.--Falta de crepúsculo.--_La piel de zapa_.--El tifón!--Baja de barómetros--¡Pobre _María Rosario!_--Horas de agonía.--Las seis de la tarde del cinto de Agosto.--¡Una pulgada de descenso!--Salida de la luna.--Esperanzas.--Fúnebres fechas.--El _Malespina._--Cuatro días sin comer.
CAPÍTULO X.
Veintitrés grados en treinta y tres días.--Inseguridad en la monzón del SE.--Calmas desesperantes.--Los viajes largos.--Los ranchos.--¡Tierra¡--Costas de Guajan.--Islote de las Cabras.--Puerto de San Luís de Apra.--Vegetación de Marianas.--La sanidad y la capitanía del puerto.--Desembarque.
CAPÍTULO XI.
Historia de las Marianas.--La tradición.--Los chamorris.--Intolerancias.--El _Pico de los amantes_.--División de razas.--Tinian.--Sarcófagos antiguos.--La casa de _Taga_--Leyendas y supersticiones.--Cultos y creencias.--Los _macambas_.--El _zazarraguan_ y el _caifi_--Los _anitis_.--La peña de _Fuuña._
CAPÍTULO XII.
El siglo XVI.--Hernando de Magallanes.--Capitulaciones.--La _Capitana_, el _San Antonio_, la _Victoria_, la _Concepción_ y el _Santiago_.--Sebastián Elcano.--Llegada al Brasil.--Invernadas.--Rebelión abordo.--Comunicaciones de mares.--El paso del Sur.--Bula de Alejandro VI.--Las Velas latinas.--Islas de los Ladrones.--Navegación penosa.--Isla de Cebú.--Muerte de Magallanes.--La _Victoria_.--Vuelta al mundo.--Llegada á Sanlúcar.--Otras expediciones.--Legaspi.--El navío _San Damián_.--Luís de San Vítores.--Doña Mariana de Austria.--Primera misión.--Verdadera posesión.
CAPÍTULO XIII.
Adelantos de la misión.--Oposición de los _macambas_.--Saipan y Rota.--Los _urritaos_.--Tradiciones, usos y costumbres.--Colegio de San Juan de Letrán.--Crónicas de los jesuítas--Hostilidades.--Asesinato de San Vítores.--Una modesta cruz.--Los Padres Solano y Ezguerra.--El almirante Coello.--Nuevos asesinatos.--Represalias.--D. Juan Santiago.--El Gobernador Irrisari.--Descubrimientos al Norte de Agaña.--Marianas en el siglo XVIII.
CAPÍTULO XIV.
Archipiélago de las Marianas--Historia moderna--Guajan.--El pueblo de Agaña.--Puerto de Apra.--Punta Patí.--Flora y fauna.--La mujer de Marianas.--M. Arago.--Ingratitud.--Caridad española.
CAPÍTULO XV.
La plaza de Agaña.--La iglesia.--El monte de Santa Rosa.--La atalaya.--El reloj de Agaña.--Faro original.--Vida en Marianas.--Casas, huertas, cultivos, ríos.--Vegetación de Oriente.--El árbol del pan, y el _dug-dug_.--Cageles.--La Isla de Pagan.--Riqueza perdida.--Desconocimiento del país.--Reputaciones usurpadas.--En tierra de ciegos....--Hormigas coloradas y ratas.--Los caballos y las _auroras_.
CAPÍTULO XVI.
Reducción de vecindario en las Marianas.--Islas habitadas.--Rota.--Su población.--Promesa religiosa.--Comercio y agricultura.--Antiguas invernadas.
CAPÍTULO XVII.
Población.--Razas.--La providencia del salvaje.--Los carolinos.--Gastos é ingresos.--Milicias urbanas.--El chamorro.--Sus inclinaciones, su moral, sus trajes y costumbres.--Ilustración.--El Padre Ibáñez y D. Felipe de la Corte.--Cuatro palabras por vía de epílogo.
CAPÍTULO I.
La _banca_.--El estero.--La chaqueta y el chaquet.--Nuevas costumbres.--¡Manila progresa!--El _catapusan_, el _sarao_ y la soirée.--Colocación de nombres.--Meiisig.--El río de Binondo.--El Pasig--La barra.--La _María Rosario_.--El adiós á Manila.--Cavite.--Costumbres.--Moysés y las doce tribus.--La primera noche abordo.--El baldeo.--La laguna encantada.
Los primeros albores del nacimiento del 10 de Julio de 1871, apenas se transparentaban por las _conchas_ de mi alcoba, cuando fuí despertado por el criado, anunciándome que las _bancas_ estaban listas en el _estero_ para conducirnos abordo.
Una ligera escalinata une el río de Binondo con la casa, así que, previos todos los correspondientes requisitos de marcha, desde reconocer los bultos, hasta dirigir la última cariñosa mirada á los muros que han sido por largo tiempo confidentes de nuestras amarguras y testigos de nuestros placeres, muros que á nadie más que á mi romperán su mutismo, si algún día vuelvo á interrogar sus blancos lienzos con el lenguaje de los recuerdos, pasé de la casa al bote, al par que los aljofarados dedos de azul y nácar de los genios del Oriente abrían los espacios para dar paso al majestuoso gigante de la luz.
La corriente favorable á consecuencia de la alta marea y la desusada actividad de seis remeros aguijoneados con la esperanza de una propina, hacían que las _batangas_ se deslizaran rápidamente por el _estero_.
Aquí, si nuestro trabajo no llevara el carácter de un viaje á la ligera, nos detendríamos en muchas páginas; mas, sin embargo, como la rapidez de una _banca_ no es, ni la que da aliento una caldera de vapor, ni una _ventolina_ de _empopada_, ni aun la pujanza de cuatro hijos de las verdes vegas de la Cartuja, tenemos tiempo de ver y apreciar en el largo espacio que media desde el _Trozo_ hasta que se entra en el caudaloso _Pasig_.
Que Manila podía ser una segunda Venecia nadie lo ignora.
Tiene en lo que constituye sus arrabales, la vida y la actividad, donde refluyen las transacciones, la riqueza y casi casi nos permitiremos decir, que el buen tono.
Hoy Manila también tiene buen tono.
La moda lo mismo traspasa masas inmensas de granito, como grandiosos Océanos de agua salada.
De allende los mares vino un rumor que propalaba que en otras ciudades había palacios y parterres, con flores, pájaros y fuentes, y Manila quiso tenerlos. La piqueta abrió cimientos, el martillo golpeó la piedra, la paleta mezcló argamasas y ... las antiguas costumbres representadas por la clásica chaqueta blanca y el ligero sombrero de _Burias_, temblaron en los modestos aparadores de sus tradiciones y de su dilatada historia.
Los _hoteles_ del Sena, las quintas suizas y los palacietes de Recoletos tuvieron un eco que contestaba á los rumores que trajo la moda.
Lo que fueron modestas barriadas, hoy se llaman _calzadas_ por el vulgo, pues en el _argot_ del gran mundo se llaman barrios aristocráticos.
Hemos dicho, creemos por dos veces, que Manila tiene su gran tono, que hace lo que en todas partes, esto es, nada: vive á la superfluidad del botón de la librea y la tersitura de la cabritilla; sus disgustos están compendiados en el _aristin_ del caballo, en los milímetros del sombrero del cochero, en la estatura del lacayo, en la arruga del frac ó en la pureza de una piel que la Rusia ha hecho necesaria.
Los cimientos de los aristocráticos barrios relegaron á su fondo la clásica chaqueta, apareciendo prendas tan poco conocidas en el Archipiélago, como el chaleco, el sombrero de copa y el chaqué.
Esto era en los cimientos, pues antes de abrirse aquellas hijas legítimas del viejo mundo, en este [1] andaban por connaturalizar apareciendo vergonzosas, mustias y deslucidas con alguna que otra caricia de los insectos del poco uso, cuando el repique de todas las campanas convocaba al Real Gobernador, al Real Acuerdo, al Real Consejo, al Real Cuerpo de Alabarderos del Real Sello, para oir de bocas reales _in partibus_ decretos de la Real Majestad que gobernaba los dos mundos.
El imperio de la chaqueta era tan general como lo real; por entonces todos vestían chaqueta, como todos pertenecían á una corporación, municipio, archicofradía ó instituto real.
Todo era chaqueta y todo era real.
La majestad andaba en chaqueta.
Mas ... cesaron de venir las _naos_, se bendijo la aduana de Manila, la que decía un célebre rey llegaría á verla desde Madrid, calculando su altura según su coste; se establecieron los chinos, desaparecieron los velones de tres mecheros, dando plaza á las modestas _virinas_, que á su vez habían de dejar el campo á los dorados, los bronces y los cristales tallados.
El imperio de la hoja de lata, hermana gemela de la chaqueta tocaba á su fin.
El ruido de la piqueta que abría los cimientos de las nuevas costumbres era el memento de su existencia.
Tras las primeras piedras vinieron las escalinatas, más tarde los _parterres_, y por último, las verjas, apareciendo en estos _progresos_ el frac, el aceite de bellotas, las libreas, los velocípedos, los polisones y los ataques de nervios.
Ya apenas existe el recuerdo de la chaqueta, verdad es que la vida de Manila en sus relaciones con el _confort_ camina á pasos agigantados.
Aquí, donde el centígrado marca una temperatura que derrite, há meses que se expenden (!) pieles, y facturas de ... guantes de cabritilla (!).
Los guantes de cabritilla son coetáneos de la escarapela en los señores de los pescantes y el clat en los señores de los salones.
Antes en Manila se conocía al dueño de un coche por su cara, hoy se le conoce por su cochero, que viene á ser el _alias_ ó seudónimo da su amo ...
¡Manila progresa!
Los alegres _catapúsanes_ se llamaron _saraos_ y hoy _soarees_ con su _buffet_, sus emparedados, su ponche á la romana y hasta su _Petit Journal_ ó su _Correspondencia_, que al día siguiente pregona que la bella señorita de tal estaba hecha una princesa, su mamá una reina y su papá un bajá de tres colas, que dando la majestuosa familia encantada de las letras, por más que saquen _astillas_ del individuo que las escribe.
¿Sí eh? ¿con qué también hay eso?
Ya lo creo, como que Manila adelanta, y vaya V. á dar gusto en letras de molde á una sociedad que adelanta. Como al pobre infeliz que empuña la trompeta de la publicidad se le olvide un detalle, como deje de decir que una lámpara tenía seis luces ó que el niño pequeñito hizo la desgraciada gracia de verter sobre una falda ó un pantalón una bandeja de sorbetes, ó que en un guardapelo ó pulsera se leía la inscripción de Perico, de Luís, ó de Pepe, harto tiene el pobre gacetillero, y más de una vez oirá cosas que le harán renegar del incienso vertido y de las prodigadas alabanzas.
Pues no digo á ustedes nada en la cuestión de colocación de nombres; aquí el simple resentimiento, se convierte en un proceso compuesto de un sin número de cargos.
Si Fulanita tuvo tienda de sombreros, y la han puesto antes que á mi, que tengo un escudo más grande que el del Cid, con más barras que las de Aragon y más leopardos que en el San Gotardo; que Zutanita ha sido preferida cuando no há mucho que decía _miste que Dios_; que la de más allá esta encima de la de más acá, siendo aquella una empleada subalterna, y la mamá de la _agraviada_ siete veces usía; que mi primo el ministro me da derechos; que mi posición, que mi marido, que mi modista me los dan á mí, estas y otras reflexiones _in mente_ ó _in lengua_ mezcladas con adjetivo más ó menos duros contra el pobre autor, constituye la _comidilla_, del día siguiente.
Por último, caballeros, que Manila progresa lo atestiguan los libros de caja de Roensch y Madama Sprin.
Sin querer hemos llegado á la caja, es decir hasta el dormitorio de la moda.
Hemos presentado el teatro.
Respetemos los bastidores....
Estas y otras observaciones iba haciendo á dos buenos amigos que me acompañaban: uno de ellos que viene interviniendo hace muchos años en los acontecimientos de mi vida y que alberga en su alma tanto cariño, como en su cabeza buenos pensamientos, me oía sin pestañear, no sé si por el asentimiento de la conformidad ó por el ensimismamiento producido por la idea de la separación: ambas á dos cosas podían ser, pues lo primero es verdad, como verdadero lo es el cariño que desde nuestros primeros años nos une.
Los remeros seguían bogando y yo charlaba comparando la vida de los arrabales por los cuales se deslizaba la _banca_, con la sombría y triste que se experimenta en el recinto amurallado.
Hemos dicho que Manila podía ser una segunda Venecia, pero ... no lo es.
Tiene canales, pero estos no reflejan obras de arte, sino en su mayoría ruinas y suciedad; sobre sus aguas no se pasean poéticas góndolas, templos del amor y del arte, sino sucias _bancas_ tripuladas por no menos sucios remeros; no esponjan las plumas en sus orillas cisnes ni oropéndolas, mas en cambio invaden la corriente, que mentiríamos si dijéramos cristalina, sílfides _chinas_ y bronceadas ondinas.
Volvemos á repetir que Manila, ó mejor dicho la nueva Manila, que la forma la inmensa población que se ha creado fuera de los fosos, podía ser una segunda Venecia, no lo es, no por falta de deseos, no por falta de conocerlo, sino porque se opone hoy por hoy la tradición de la costumbre, la indolencia que crea el suelo, la manera de ser de la localidad y los cuantiosos caudales que habían de gastarse en la limpieza, arreglo y conservación de los muchos _esteros_ que serpentean por _Binondo, Quiapo_ y _Tondo_.
La suciedad en que á pesar de la vigilancia que se ejerce están los _esteros_, principalmente se debe á la inmensa emigración de chinos, los cuales, en gran número habitan sus orillas, impregnándolas de la incuria y falta de limpieza que ellos observan. El chino es la entidad jornalera más perfecta que se conoce en Filipinas, pero también es la panacea más acabada de la hediondez, la cual únicamente se puede contrarestar con las continuas y eficaces requisas de la autoridad que vigila sus domicilios, verdaderos tugurios en que se hacinan cientos de ellos.
Contemplando los modestos _bajais_ de caña y _nipa_ entremezclados de alguna que otra construcción de piedra y tabla, llegamos al puente de _Meiisig_, variando á los pocos golpes de remo la diversidad del paisaje, puesto que á la desembocadura del estero desaparece la caña y la nipa por regulares construcciones de sólidos materiales.
Á medida que el río de Binondo camina á su desagüe, aumenta el movimiento en sus orillas y en sus corrientes. Cargadores chinos provistos de resistentes _pingas_, pesados _cascos_ repletos de _abacá; paraos, bancas_ y botes llenos de mercancías que la exportación de las provincias del Norte, de China y del Japón traen al mercado de Manila, es lo que compone el cuadro hasta los límites, en que el modesto Binondo confunde sus aguas en las caudalosas del que nace en la extensa Laguna de Bay, entre la salvaje poesía que despiertan los panoramas que presentan el _Castillo de flores_, el _Pecho de Dalaga_, los _Tanques de Paquil y_ las bellezas del _Talim_.
Una vez dentro de las aguas del Pasig, el movimiento de la banca se hizo duro á consecuencia de la corriente y la marejada.
Dejamos por la popa el puente de Barcas, único paso gratuito que une el viejo mundo manileño con el moderno, y _voltejeando_ por entre barcos de todas especies y dimensiones, pasaron ante nuestra vista los artesonados góticos de Santo Domingo, las _columnatas_ (!!) de los camarines de la Aduana provisional (si no fuéramos de prisa, verían nuestros lectores que en Filipinas todo es provisional), los bonitos _parterres_ de la Capitanía del Puerto, los sombríos muros de la Fuerza de Santiago, la actividad del _Carenero_ y el extenso Malecón.
A medida que nos acercábamos á la _barra_, la boga se hacía más difícil.
Estábamos á medio cable de aquella. Cuatro golpes de remo, y la quilla de la _banca_ entraría en los inmensos dominios de los mares.
Fijamos la última mirada en la blanca espuma que incesantemente nace y muere al gemir de las olas que rompen en las piedras del Fuerte del Sur, y ... ¿cuál es la _María Rosario_? pregunté al patrón.
--Aquella, señor,--dijo, señalando un barco armado de _brick-barca_.
Los detalles de la _María Rosario_, cada vez se iban delineando con más precisión. La extensión de su _guinda, eslora_ y _puntal_ era proporcionada, no así su _manga_ que era mucha, lo que nos hizo presagiar que sus balances habían de ser muy sensibles.
La _María Rosario_ estaba lista para darse á la vela con rumbo á las islas Marianas.
A las ocho de la mañana pisamos la meseta del portalón de babor, recibiéndonos los ladridos del perro más gordo que jamás hemos visto.
Posesionados de la cubierta después de arreglar el camarote, esperamos la visita de salida.
A las doce, listos en toda regla, dimos vela con todo aparejo largo en demanda del Corregidor, con viento flojo del N., mar tranquila, barómetros altos y horizontes celaginosos.
A las tres de la tarde el viento seguía muy flojo, en cambio el calor era insoportable.
Apenas andaríamos una milla por hora.
A la banda de _babor_ teníamos las costas de Cavite.
¡Cuánto recuerdo tiene para nosotros Cavite!
Le queremos cual si fuera el pueblo que nos vió nacer; entre su alegre bullicio pasamos muchos meses encontrando cariño, consuelo y amistad.
El _istmo_ de San Roque con su _mar_ de Bacoor, incesantemente llena de empavesadas _bancas_ que traen y llevan cigarreras; _el seno de Cañacao_ donde encuentra un seguro anclaje la flotante población de nuestros alegres marinos; las populares fiestas de _Porta Vaga_ con los _pantalanes_ incesantemente llenos de alegres caras, que van y vienen en pequeños vapores engalanados y provistos de músicas; las decidoras _sanroqueñas_ con su pequeño y airoso _tapis_, su jerga especial y su picaresca malicia; las poéticas bóvedas de entrelazadas cañas que dirigen á _playa chica_; los melancólicos _cundiman_ del barrio de San Rafael y la Caridad; la misma arena de la playa en la cual un día y otro día hemos visto llegar la ola y borrar nombres que nuestro deseo escribía sobre la movediza materia; la franca y leal amistad con los valientes marinos, verdadero elemento que da vida á Cavite; las históricas mascaradas de Noche Buena en que sinnúmero de _dalagas_, suelto su hermoso pelo recorren las calles en medio de grotescos grupos en que un indio vestido de moro ostenta muy grave un cartel que dice es Moisés, en que las doce tribus van representadas por 12 individuos adornados con los deshechos de todas las guardarropías, y en que el precio de la progenitura no negamos podrá estar caracterizado por las prosaicas lentejas, pero que si van estas, lo son mezcladas con _morisqueta_ en un inmenso _bilao_ que lo suelen colocar debajo de la oliva del huerto, á cuya sombra no se apuran las heces de la amargura, sino sendos tragos de _tuba_ mezclados con los jugos de la _bonga_ y la cal del _buyo_; todo, todo pasaba ante la vista y ante la imaginación.
El barco aceleró su marcha confundiendo en una cinta verde los dilatados campos de la _Estanzuela_.
¡Adiós risueñas playas! ¡Adiós, gratos recuerdos!
Naig, Marigondon, Santa Cruz ... fueron quedando tras de la estela de la _María Rosario_.
Los límites de la provincia que constituye la Andalucía de Filipinas desaparecieron.
Los horizontes del primer cuadrante se mostraron _aturbonados_ á la caída de la tarde.
Los primeros destellos de la farola del Corregidor alumbraron, al par que rebasábamos _Pulo Caballo_, saliendo de la inmensa bahía de Manila por _Boca grande_.
Después cada cual procuró resguardarse lo mejor posible de las miles de cucarachas que invadían la cámara, y después ... el sueño, el sudor y los insectos imperaban en la parte animada é inanimada de nuestro individuo.
La faena del baldeo, el monótono y acompasado canto de la marinería, el ruido de la maniobra y los desesperados ladridos del perro, me despertaron en la madrugada del 11.
Durante la noche habíamos rebasado el _Puerto Limbones_, alumbrando los primeros rayos del día la pequeña isleta de Fortun por la proa, confundiéndose en los lejanos horizontes los elevados picos del Sungay, límites de la provincia de Cavite.
_Ciñendo aparejo_ y aprovechando vela, algo fuera de rumbo, pudimos ganar _Punta Santiago_, entrando por efecto de los continuos cambios de viento y las corrientes en el _Seno de Balayan_, pudiendo notar en las tierras de la provincia de Batangas, las pintorescas casas de Taal, hermoso pueblo que se eleva en las cercanías de la laguna llamada por algunos _Encantada_, sobre la cual se levanta el célebre volcán de Taal, del que no podemos pasar sin decir algo á nuestros lectores.
CAPÍTULO II.
Recuerdos de Silam--Ordoñez y Oñate--El _yo cuidado_.--En marcha--Sungay--Talisay--La Capitana Ramona.--Tiempo viejo--Los labios de un chico y la boca de una chocolatera.--Perlas y brillantes--Laguna encantada.--El cráter.--Volcán de Taal--Grandiosidad del volcán--Erupciones notables--Sueño del coloso.
El año 1869 recorriendo la provincia de Cavite tuvimos ocasión de pernoctar en el pueblo de Silam, célebre entre otras cosas por criarse un café que, fin género de duda, puede competir con el mejor de Moka.
En la _caída_ del convento y ya entrada en horas la noche, charlábamos sobre la madre patria, el cura del pueblo, excelente padre de la Orden de Recoletos, un oficial de partidas y mis queridos y buenos amigos de expedición, Melchor Ordoñez y Ciriaco Oñate, ayudante el primero del General de Marina y médico militar el segundo.
Después de haber rodado la conversación por todos los tonos y de haber evocado nuestra memoria los queridos recuerdos de España, nos ocupamos de la localidad. Explicándonos el Padre los productos, se habló de las vecinas cordilleras del Sungay, á cuya falda se extiende la laguna llamada por unos de Bombon, por los más de Taal y por algunos Encantada, nombres todos justificados y que tienen su origen, el primero por haber existido en aquellas inmediaciones un pueblo llamado Bombon, el cual fué sumido en los horrores de una erupción; el segundo lo justifica la hermosa y extensa población que se asienta á las orillas de la laguna, y por último, el tercero lo ha encontrado la imaginación oriental en la salvaje y bella perspectiva que presenta aquella inmensa masa de agua sobre la que se levanta el sombrío monte del volcán.