Viajes por Filipinas: De Manila á Albay

Part 10

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Más de 70.000 chinos, mejor dicho, más de 70.000 números ó _patentes humanas_ hay empadronados en Filipinas. _Números_ que podrán ser--yo no lo dudo,--malos elementos de colonización, pero que afirmo son uno de los primeros factores de los ingresos del Tesoro, alcanzándoles todas las contribuciones y gabelas, ora directas, ora indirectas, cobrándoseles lo mismo por la virtud del trabajo, signo característico de su raza, como por los extravíos de sus vicios ó necesidades. Los fumadores de opio llevan á las cajas del Estado no pocos millones y se comprende, pues estando estancado el opio, y contrabando fumarlo fuera de los sitios, mejor dicho pocilgas destinadas al efecto, el vicio sale muy recargado, y por lo tanto muy caro. El alcoholismo, el tabaco, los goces sensuales, la gula, y cuanto constituye un vicio ó un placer se puede servir á domicilio en todas partes del mundo, y solo el chino para proporcionarse el goce de aspirar el humo del anfión necesita hacerlo en un sitio determinado, inmundo y nauseabundo, llamado fumadero, so pena de ser reo de una causa criminal por contrabandista, y de incurrir en la pena de 500 duros de multa, mas las costas ó destinársele á trabajos públicos por cada medio peso que dejen de satisfacer, amén de estar presos mientras se tramitan los allí largos procesos, si no prestan cuantiosas fianzas sujetas á arbitrarias apreciaciones.

Hoy existen en Filipinas, como ya hemos dicho, más de 70.000 chinos; todos ellos, salvo poquísimas excepciones, con el carácter de transeúntes, y esa masa de población que se renueva constantemente con todos los perjuicios que trae en pos de sí la accidentalidad, produce solo en los fumadores de anfión y registro de capitación más de 15 millones de reales anuales. Si á esto se agrega que la mayor suma del importe de patentes son chinas, que en la renta de lotería el primer factor que la sostiene es el chino, y que tanto la industria como el comercio filipino tienen en aquella raza un poderosísimo auxiliar, sobradamente demuestra que nuestras leyes no deben tener olvidado á ese _numerario humano_ que constantemente llega á nuestras playas, y que es preciso aumentarlo y ayudarlo. Y no se abriguen recelos en este asunto, ni se busquen restricciones en temores que si en algún tiempo pudieron ser legítimos por más que los desmintieran las derrotas de las potentes armadas de Limahon, y las fuerzas de Sioco; hoy aquellos temores serían puramente imaginarios y el que los tuviera demostraría desconocer en absoluto el espíritu y aspiraciones de la raza china en sus permanencias en otros territorios que no sean los suyos. Y si como dice, y dice muy bien la exposición que precede á los actuales presupuestos de Filipinas, que allí «la producción, como la industria y comercio exigen protección grande para adquirir la virilidad que necesitan para consolidarse y entrar en el concurso general en condiciones de posible competencia,» entiendo que para que esa gran protección sea una verdad en cuanto á uno de los elementos más fuertes de la producción, de la industria y del comercio, se hace preciso en primer término hermanar en cuanto sea posible los reglamentos especiales que se refieren á los chinos con todas aquellas evoluciones que necesariamente ha de llevar á Filipinas la sustancialidad del art. 1.° de la Constitución española.

En mi pobrísimo juicio, entiendo que en toda ley deben presidir conceptos concretos é ineludibles, huyéndose cuanto posible sea de crear dudas y vacilaciones en los resultados de su aplicación, que originen arbitrarias resoluciones, por más que estén aquilatadas en la prudencia que crean largas prácticas de concienzudos tribunales; y digo esto, porque muchos de los artículos del Código de comercio vigente, son objeto en su aplicación del prudencial arbitrio de aquellos tribunales, pudiendo asegurar, sin temor de equivocarme, que de los 70,000 chinos que viven en Filipinas, el 80 por 100 se dedican á comprar y vender, ejerciendo por lo tanto el comercio, sin que ninguno de esos miles de comerciantes esté dentro del Código de comercio, y mucho sería encontrar casas españolas ó extranjeras que puedan justificar estar libres de olvidos de algunas prevenciones del Código. Una de las mayores dificultades que se tocaron en la tristísima memorable quiebra de la casa de Russell Sturgis, la más antigua y poderosa de cuantas hasta ahora han funcionado en Filipinas, fué la forma de llevar los libros contraria á lo que manda el Código. El mismo Banco Español Filipino con toda su legítima preponderancia, reconocida minuciosidad y puritana administración, no juraríamos esté exento de alguna infracción más ó menos grande.

Para comprender las vicisitudes y restricciones que vienen sufriendo los chinos en su vida mercantil en Filipinas, se añadirá á lo ya expuesto algunas indicaciones de los puntos más salientes de la legislación de aquellas islas, en las que es de notar, ya existía antes de la conquista, un vivísimo comercio con los chinos, compartiendo con ellos las transacciones, japoneses y borneys, á los que más tarde se unieron moros y armenios, con sus cargamentos de la India. En la historia filipina se consignan no pocos privilegios mercantiles contrarios á los intereses chínicos.

Por real cédula de 11 de Enero de 1593 se otorgó privilegio especial á los vecinos de Manila para que pudieran despachar todos los años al puerto de Acapulco dos naves, repartiéndose entre aquellos por medio de vales el tonelaje de carga, formándose de esta suerte la razón social llamada _La nao de Acapulco._ Por reales cédulas de 8 de Enero de 1718 y 27 de Octubre de 1720 se prohibió el que se admitieran en las naos tejidos de seda de la China, prohibición que subsistió hasta la real cédula de 8 de Abril de 1734 que declaró lícito dicho comercio.

Si trabas tuvo el comercio chino y sus productos con las _naos de Acapulco_, no las tuvo menos con la célebre _Compañía de Filipinas_, creada por real cédula de 6 de Mayo de 1781, en cuya compañía tomó el rey la octava parte de acciones; concediendo á la expresada compañía entre otros monopolios, el exclusivo de hacer el comercio entre las islas y la Península, el que duró hasta la real cédula de 6 de Setiembre de 1834.

Esto en cuanto al comercio de exportación, pues respecto al interior, los chinos como todos los extranjeros no podían vender al pormenor ni internarse en las provincias, ni mandar agentes ó apoderados para adquirir frutos del país. (Bandos de 4 de Febrero de 1828 y 11 de Noviembre de 1840.)

Desde la creación de la alcaicería de San Fernando, ó sea desde que á los chinos se les señaló como domicilio esa casa de contratación mandada construir por Real cédula de 7 de Septiembre de 1758, no han cesado nuestros legisladores de dictar disposiciones referentes al comercio chino, siendo en verdad la mayoría de ellas altamente odiosas, y si bien el Código de comercio fué promulgado en Filipinas, esto no obstante fué introduciendo la práctica y disposiciones posteriores grandes limitaciones, y al efecto, pueden verse la circular de 31 de Octubre de 1832 sobre capitaciones y empadronamientos de chinos, el superior decreto de 31 de Agosto de 1839 estableciendo prisiones indefinidas por falta de pagos de capitación, y restricciones para ejercer el comercio, y trabas para ausentarse del país, hasta el punto que no podían hacerlo, cual acontece hasta el día, sin licencia del Gobernador general, expediente y fianza. Ese mismo superior decreto dispone en su art. 22 que para ejercer los chinos el comercio necesitan expresa autorización del Gobierno, exigiéndoseles pagos adelantados por las licencias, como asimismo por invernadas para reparos en la Alcaicería donde necesariamente debían pernoctar. Por bando de 13 de Diciembre de 1843 se prohibe á los chinos no radicados obtener licencia para viajar fuera de la provincia de Tondo, de donde no podían ausentarse según el particular cuarto del decreto de 28 de Junio de 1848 sin licencia del Gobierno general. Por decreto de aquella autoridad de 20 de Diciembre de 1849, se ordena que á los chinos no se les conceda ni residencia, ni ejercicio de sus oficios en las Filipinas sin obtener la competente autorización. El decreto de 5 de Agosto de 1850 previene en su particular sexto que los chinos destinados al fomento de las haciendas no podrán dedicarse á otra clase de trajín, comercio, ni oficios mecánicos. El Decreto de 15 de Septiembre de 1852 divide los chinos en tres clases, señalando á cada uno de ellos un número que corresponderá al del padrón y al de la patente que se les expida, y según el artículo 28 de dicho decreto solo los chinos de primera clase ejercerán la profesión, industria ú oficio que más les acomode. Por el art. 31 se les impone trabajos públicos á los insolventes de pagos á la Hacienda, á razón de un mes por cada dos pesos; el art. 40 previene que los chinos no podrán ausentarse de la provincia si no prestaren la correspondiente fianza; el art. 42 establece un impuesto sobre tiendas y talleres de chinos, pagándolo el que esté al frente de dichos establecimientos, sin que pueda servirles la alegación de pertenecer á sus mujeres ó á otras personas; dividiéndose las tiendas en cuatro clases, pagando las de primera 100 pesos, las de segunda 60, 30 las de tercera y 12 las de cuarta; formándose con esta división un registro por las subdelegaciones de Hacienda, á las que están obligados los cabecillas de los establecimientos chínicos á dar cuenta de lo que venden y á cuantas noticias se refieran á abrir, cerrar, vender ó traspasar tiendas ó talleres, llevándose nota de cualquier novedad al registro. La falta de pago de este impuesto se castiga con trabajos públicos.

En el cuadro que precede, _y conste que no esta recargado_, hay sombras desconsoladoras que es preciso desaparezcan. Ni somos partidarios de las extremadas complacencias, ni de las sistemáticas prevenciones. Corríjase enhorabuena al chino, en lo que de corregir sea, pero considéresele y protéjasele en todo aquello que lo merezca, no olvidándose que las competencias no se vencen con declamaciones, y sí con el trabajo, la baratura y el perfeccionamiento.

CAPÍTULO XVI.

De Tabaco á Calolbon.--Isla de Catanduanes.--Su situación.--Clima, terreno y productos.--Los primeros misioneros.--Calolbon.--Etimología.--Estadística.--Clero.--Medios para que se aprendiera el español.--Birac.--Su extraña configuración.--Censo civil y eclesiástico.--Formaciones auríferas.--La bandera y la lengua patria.--Bato.--Situación, etimología y estadística.--Puente y balsa.--_Perecederas_ obras.--Viga.--Formas de locomoción.--El gran Cantilamo.--_Expedicioncita de recreo_.--Los altos plenilunios.--El lintianac bicol.--Etimología.--Estadística.--Payo.--Origen de esta palabra.--Censo tributario--Bagamanot.--Etimología, situación, estadística y temperatura.--Ocupación de aquellos habitantes.--Pandan.--Origen de este nombre.--Productos.--Estadística.--Caramoran.--El por qué de este nombre.--Estadística.--Falta de una cifra.

_Catanduanes._

De Tiui regresamos al pueblo de Tabaco, en donde nos esperaba un buen baroto en el que habíamos de hacer las 16 millas de travesía que hay de aquel pueblo al de _Calolbon_, situado en la isla de Catanduanes; travesía que hicimos en seis horas.

La isla de Catanduanes pertenece, según ya dejamos dicho, á la provincia de Albay, derivándose su nombre de uno de los ríos de aquella isla llamado _Catandunga_. Según el geógrafo, Padre Buceta, se encuentra situada entre los 127° 43' 30'' longitud, punta Siolah, y los 128° 10' ídem, punta Gimoto, y los 13° 30' latitud, punta Taguntum, y 14° 7' 30'' ídem, punta Yot: 2 1/2 leguas de la costa E. de la provincia de Camarines Sur, al E. de esta provincia y al N. de la de Albay. Su mayor longitud desde la punta Taguntum á la de Yot, ó sea de N. á S., es de unas 12 1/2 leguas, y de E. á O., ó sea su mayor anchura, 7 2/3: de modo que conforme á su figura viene á tener por un promedio unas 55 leguas cuadradas. El clima de esta isla es bastante templado; pues á más del mar que la rodea dulcifican también los ardores del sol los muchos montes que en ella se encuentran, sin embargo que ocurren muchas tempestades y que la combaten los vientos del NE. contra los que no tiene ningún abrigo. Contiene la isla 8 pueblos situados al N. y al S. llamados Calolbon, Vira, Bato, Viga, Payo, Bagamanoc, Pandan y Caramoran. Por la costa del E. hállanse primero pegadas á ella los islotes de Minigil y Panay, la punta de Pandan en los 128° 9' longitud, 13° 48' latitud; la ensenada y punta de Gimoto en los 128° 10' longitud, 13° 45' latitud; el puerto de Barás en los 128° 5' longitud, 13° 38' 30'' latitud, y en la costa del S. la punta Nagunbuaya á los 128° 4' latitud, 13° 31' 50'' longitud donde concluye la costa E. de la isla y que forma también por la parte del S. una ensenada con la punta más meridional de la isla, que es la de Taguntum, á los 127°,33' longitud, 13° 50' latitud.

Hállanse también en la costa S. los puertos de Virac y Calolbon, y el bajo Teresa donde se pierden con frecuencia las embarcaciones, y la punta Agojo en los 127° 45' longitud, 13° 48' latitud. De esta punta á la de Siolal presenta la isla esta parte de la costa hacia el SO., cambiándose después desde la referida punta Siolal, que está en los 127° 43' longitud, 13° 52' latitud, al O. En esta parte se encuentra la punta Ilacaong en los 127° 49' longitud, 13° 55' latitud, y la ensenada de Carag, desde donde empieza ya la costa á convertirse al N., encontrándose la punta Yot en los 127° 56' longitud y 14° 7' latitud.

El terreno de esta isla es muy fértil, y abundan los ríos en cuyas arenas se encuentra algún oro en polvo. Sus montañas parten del centro de la isla, dirigiéndose en dos cordilleras, hacia el S. la una, yendo á formar la punta Nagumbuaya, y la otra que se corre al N., á rematar en la punta Yot. Esta cordillera que se dirige de N. á S., extiende sus ramificaciones por toda la isla. Las principales producciones, son: el arroz, maíz, abacá, algodón, burí y cocos. En sus montes se crían buenas maderas de construcción y ebanistería, mucha caza mayor y menor, miel y cera [9] que depositan infinidad de abejas que en todos aquellos sitios se encuentran.

Los primeros misioneros que llegaron á esta isla fueron víctimas de la barbarie de sus naturales. Sus costumbres en aquel tiempo eran casi iguales á las de los visayas; pintábanse el cuerpo como estos últimos, y sus usos eran semejantes á los de aquellos.

Ya hemos dicho que el puerto de desembarque que se elige en la navegación de Tabaco á Catanduanes, es el de Calolbong, palabra bicol que quiere decir lugar oculto ó escondido. Dada la situación de este pueblo, encerrado entre los montes y la mar, nada mas lógico que se le conociera con aquella denominación. Linda con Birac y Caramoran. Tiene dos barrios llamados San Vicente y San Rafael, mas la visita Todón, componiendo una masa de población de 2.248 almas, de las que tributan 1.081. Se inscribieron 141 bautizos, 30 casamientos y 34 defunciones. Asisten 60 niños de ambos sexos á las escuelas, desconociéndose casi por completo la lengua española en toda la isla, en donde no hay radicado más que un europeo y 15 chinos.

El clero que administra la parroquia de este pueblo, como las de los demás de todo el distrito, son clérigos indios, y tanto escasea en aquella isla el conocimiento del castellano, que en las elecciones de Gobernadorcillos, hay que prescindir de este requisito, indispensable según las disposiciones vigentes para ocupar aquel puesto.

Y ya que nos encontramos con esta infracción legal, creemos procedente manifestar que uno de los alicientes más poderosos que podrían llevarse á Filipinas en pro de la lengua española, sería prohibir en absoluto que hubiese Gobernadorcillos, tenientes y jueces mayores que no entendiesen siquiera fuese medianamente el español, previniéndose que caso de no haber en algún pueblo indio que reuniese aquellas condiciones, se le pudiera proveer de autoridades, con naturales de otros pueblos. El amor propio y el espíritu de localidad, serían gran aguijón en el indio, que aspira siempre á la dignidad de Gobernadorcillo, una de las metas de sus ambiciones.

El caserío de Calolbong es de caña, nipa y demás materiales ligeros, no habiendo en todo el pueblo más que ocho casas de alguna solidez. Riegan sus campos los ríos llamados Patorbe y Alibuag.

Pocas horas permanecimos en este lugar triste y solitario. De Calolbong á Birac hay unas cuatro horas de camino en hamaca ó caballo, prefiriendo la primera, por cuanto á la mitad del camino se encuentran pendientes muy pronunciadas.

No encuentro la razón etimológica del nombre de _Birac_, á menos que no proceda de la extraña configuración panorámica del pueblo visto desde las alturas de sus montes, configuración que se asemeja á las líneas que forman la concha llamada Venus, y en este caso, _Birac_ procedería de la palabra anticuada _birat_, que significa los órganos genitales de la mujer.

Birac, contando con sus dos barrios denominados Santo Domingo y Antipolo, tiene una densidad de población de 5.066 almas, de las que tributan 2.326. Su censo eclesiástico está representado por 244 bautizos, 36 casamientos y 119 defunciones. A las escuelas asistían unos 60 niños de ambos sexos.

Los campos de Birac producen arroz, maíz, abacá y bejucos. Corren por aquellos 16 ríos.

En los sitios llamados Boyo-Cayanipi y Mapoting-Bulauan, se encuentran formaciones auríferas que los naturales explotan en pequeñísima escala, empleando los medios más rudimentarios que se usan en el mundo para esta clase de trabajos. Bien es verdad, que ¿para qué han de explotar con gran afán los indios de Catanduanes ni el oro, ni los diamantes, si los hubiera, si allí, en aquellas costas que las cierra á toda navegación las bravías monzones del NE., viven aquellos indios en perfecto _quietismo_ ignorando lo que pasa más allá de los estrechísimos horizontes que limitan las altas y encadenadas montañas que por todas partes cierran la isla? Sin necesidades ni aspiraciones, nacen, viven y mueren aquellos seres, yendo muchos de ellos á dormir el sueño eterno, sin conocer de la madre España más que los colores de su bandera, _suponiendo_, y suponer es, que la tengan todos los tribunales. En cuanto á entender el español en aquellos pueblos, sería tanto como hablarles en caldeo ó en hebreo. Allí se predica, se confiesa y se administra justicia en bicol y nada más que en bicol, y dicho esto, huelgan todos los comentarios y las amargas reflexiones que tales hechos surgen en la mente. ¡Desconsuelo y no poco produce el ver que al pié de una bandera se congregan miles y miles de seres, y que estos no sepan saludarla en la lengua que personifica y encarna!...

* * * * *

De Birac á Bato hay un regular camino, haciéndose un pequeño trecho embarcado. En esta jornada se emplean unas tres horas.

Bato quiere decir piedra, y no pocas, en verdad, abundan por allí.

Bato está situado á la derecha del río de su nombre, teniendo el monte Sipi al O. y el de Cagbalayan al E. Dependen de él 2 visitas y 14 barrios, siendo de citar entre estos los de _Gigmoto_, Obo y Batalay. Este último recuerda en una modesta cruz la visita del obispo don Diego de Herrera. Bato contiene 5.848 almas, de los que tributan 2.657. Se verificaron 276 bautizos, 62 casamientos y 96 defunciones, y asistieron á las escuelas por término medio unos 70 niños.

Mi cartera de viaje la tengo llena de los infinitos nombres con que se conocen en la localidad los montes, ríos y arroyos que por allí se encuentran. Frente al tribunal se alza un puente que pone en comunicación las dos márgenes del río á que da nombre el pueblo. Por este puente solo se permite pasar peatones, y se comprende, teniendo en cuenta que los materiales ligeros de que se compone, no podrían resistir grandes pesos. Tiene más de 90 brazas, y su construcción, que participa de puente y de balsa, se _remienda_ muy á menudo, y digo se remienda, porque por allí no se emplea en las obras ni un solo clavo, _cosiendo_ y uniendo el bejuco, las cañas, las palmas bravas y el cogon, únicos agentes de aquellas _perecederas_ obras.

Antes de emprender el viaje de Bato á Viga recomiendo al que lo intente haga testamento y se ponga bien con Dios. En cuanto á la forma de locomoción entran todas las conocidas en el país, llegando á algunos puntos, en que el viajero tiene que ayudarse de bejucos tendidos sobre los precipicios, ó las casi verticales estribaciones del gran Cantilamo. Sin la cooperación de aquellos bejucos volantes, y sin la práctica y esfuerzos de los guías indios no habría medio de hacer el viaje de Bato á Viga por tierra. Contando con toda clase de elementos se tarda en esta _expedicioncita de recreo_ diez y seis á veinte horas. Las vertientes del Cantilamo dividen las jurisdicciones de Bato y Viga. La altura del último picacho de este célebre monte es tal, que no hay ninguno de aquellos naturales que no afirme con la mayor ingenuidad que desde allí se oyen en las horas de los altos plenilunios los dulces ecos de las harpas celestiales. Nosotros pasamos por allí en plenilunio bien alto, y aunque varias veces _vimos_ el cielo, y no menos medimos con nuestro cuerpo el suelo, no oímos más _música_ que la producida por el rodar de las piedras en los precipicios, la originada por el despeño de las aguas, y la que arrancaba de nuestros labios el _lintianac_ bicol al caer ó tropezar. _Lintianac_ quiere decir rayo, y es la imprecación más fuerte que conoce el indio.

Viga se llama en bicol á una raíz farinácea de la familia de los _gabes_ que abunda en Catanduanes. Las hojas de esta farinácea son grandísimas sirviendo á los indios de paraguas.

El pueblo que nos ocupa tiene un barrio llamado Napó, contando con el vecindario de este, un total de 2.960 almas de las que tributan 1.378. Se verificaron 118 bautizos, 84 casamientos y 46 defunciones: nos aseguraron que asistían á las escuelas unos 40 niños de ambos sexos. El caserío es todo de materiales ligeros, probando el atraso y pobreza de este pueblo el hecho de no haber chinos radicados.

De Viga á Payo hay un mediano camino, y seguramente como lo pasé bajo la impresión del que habíamos dejado horas antes, me pareció tan _superior_, que ni el caminito del cielo me lo figuro tan cómodo como el de Viga á Payo. Tardamos en llegar á este pueblo cuatro horas, _montando_ una descomunal calesa tirada por dos buenos jacos.

Payo quiere decir cabeza, y como de estas hay tantas y tan huecas en aquel pueblo, no sabemos el punto facial de arranque de aquella etimología.

De Payo dependen nueve barrios componiendo un total de población de 1.972 almas de las que tributan 891. Se registraron 61 bautizos, 26 casamientos y 22 defunciones: asegurándonos concurrían á las escuelas 25 niños de ambos sexos.