Part 5
Aquí se reunia la Convención: Luis XVI pasó por esta calle al dirigirse á la guillotina: desde aquí alcanzo la plaza de la Bastilla, donde el pueblo desplegó su omnipotencia; esta casa que sale á nuestro paso cobijó á Mirabeau, palanca poderosa de la revolucion que trabajó en pro de sus triunfos mas de lo que él suponia; aquí vivió Marat; Camille Desmoulins soñó tiernas escenas de amor al lado de su amada Lucila en el cuarto que estamos visitando; en este palacio de la plaza de la Greve, se reunia el tribunal que presidió Robespierre; hé aquí la morada de Danton; miremos en nuestro derredor al pueblo que nos cerca, es el mismo que con el pendon de la libertad por guia ha paseado la Europa; estos que nos rodean son los del año 30, los de las jornadas del 48; aquí se resuelven hoy todas las cuestiones de Europa; Paris es en nuestros dias la capital del mundo; aquí vive el secreto del porvenir: Voltaire vivió en la casa que ahora contemplamos; mirad esa modesta vivienda que cobijó á Rousseau; el arte habita hoy esta metrópoli; Rossini y Meyerbeer, Verdi y Auber, los poetas y los filósofos, los artistas y los políticos, toda la aristocracia europea del talento, pasa á nuestro lado; los monumentos nos cercan, la actividad nos aturde.
¿Dónde van tan precipitados esos miles de carruajes que se atropellan en tumulto los unos tras los otros? ¿Por qué tanto ruido, tanta alegría?
¿Dónde está Dios? ¿le habeis visto en Paris?... Y las estadísticas de los tribunales, ¿las habeis consultado con detencion? ¿ Visitais la _Morgue_ y la buhardilla del obrero al salir de la Opera ó de casa de Vachette?
¿Ois como hablan todas las lenguas á vuestro lado? ¿Habeis entrado en los templos de todos los cultos que allí viven? ¿Por qué esa fiebre que agita Paris? ¿ No es verdad que la gloria tiene tambien allí su asiento?
¡Ah! ciudad encantada y deliciosa! yo te aclamo y te conjuro á la vez; tú me das alegrías bullentes, delicias al espíritu y dolores á la reflexion! Tú eres una y múltiple, tú eres un monstruo y una joya: en tí se estudia y se aprende, tú eres un libro colosal, yo quiero vivir contigo, yo quiero leerte, yo quiero verte acostar y levantarte, yo quiero estar cerca de tí.
Aunque el lector lo sienta como yo, es preciso abandonar Paris: siguiendo mi itinerario hemos visitado Bayona, Burdeos, y la gran ciudad: ahora, continuarémos nuestra corta expedicion por Francia y acto continuo nos trasladarémos á la patria de Guillermo Tell.
Habiendo hecho ya una ligera mencion de Burdeos y Bayona, apuntaré algunos detalles ántes de terminar el capítulo de Francia, sobre algunas otras ciudades de la misma nacion, que he visitado.
Lyon es importante por su floreciente industria: mucho movimiento: algunas calles elegantes, hoteles regulares, buenos paseos y edificios: recuerdos históricos de interes.
Marsella, fisonomía animada y bulliciosa, muy concurrido puerto de mar, líneas férreas de pujante vida, edificios modernos de importancia, buenos hoteles, elegantes tiendas, aménos alrededores.
Lyon, Burdeos, Marsella, Estrasburgo, son sin duda alguna las principales ciudades de Francia: las de segundo y tercer órden que conozco no valen en verdad una descripcion separada, á no ser Narbona, que por lo pobre y mezquina, ni puede compararse con la mas desvalida de nuestra España: en Narbona se carece de todo, es una aldea grande; y bueno es dejar sentado, para los que sospechan que la Francia es Paris, que pueden contarse otras varias ciudades que en nada aventajan á Narbona.
Yo no extraño que así sea: todas las naciones del mundo están aun en via de progreso: en Francia, como en todas partes, existen todavía ciudades antiguas que no han sido mejoradas: hago mencion de estas ciudades atrasadas para contestar á los que conociendo solamente Paris, se atreven á afirmar que la nacion toda se encuentra en un estado perfecto de mejoras y adelantos.
Por lo demas, esta es la Francia que yo he visto: este es el Paris que conozco, el Paris que he visitado detenidamente cinco veces con objeto de estudiarle.
El lector, mal que le pese abandonar la opulenta metrópoli que se llama Paris, se viene conmigo á visitar otros paises, á contemplar otras bellezas. El sitio donde ahora nos dirijimos, es sobradamente pintoresco para excitar el interes y la curiosidad: vamos á trasladarnos á la renombrada y poética Suiza, al suelo donde vive la libertad, á la patria de Guillermo Tell. Allí la naturaleza desplega cuadros tranquilos y admirables: allí tiene grandes escenas que copiar el pintor, allí tiene consoladoras reflexiones que recojer el estadista: en marcha.
La bellísima estacion del camino de hierro de Estrasburgo, de la cual he hecho ya mencion, fué mi punto de partida.
Como desde Bayona á Burdeos, tomé asiento de primera clase en el tren del correo, que sale á las ocho de la noche. De Paris á Basilea, que es la primera ciudad de Suiza, entrando por Estrasburgo, hay una distancia de ciento cuarenta leguas, que recorrí en el brevísimo tiempo de diez y seis horas, con la mayor comodidad, y sin el mas ligero accidente, pues el camino de hierro de que hablo es quizá el mejor de la Francia.
Es ciertamente prodigioso y admirable el vuelo de las vias férreas. El dia cinco de noviembre, á las ocho de la noche, estaba yo en Paris; el dia seis, es decir el siguiente, á las doce de la mañana, almorcé en Basilea, Suiza.
Esto no necesita comentarios; con nada se recompensa tal manera de viajar. Carruajes magníficos, elegantes y mullidos, de ocho asientos, donde cojen doce, lo que permite un gran desahogo, tubos de hierro, llenos de agua caliente, perfectamente forrados, se renuevan en cada estacion. Puestos á lo largo, sobre la alfombra de los carruajes, sirven para apoyar los piés, y conservar un grato calor durante la travesía. El servicio de toda la línea no deja nada que desear. La campiña desde Paris hasta la frontera suiza, con mucho esmero cultivada, palmo á palmo.
Cerca de los límites de Francia, se asienta la ciudad de Estrasburgo, patria del inmortal Guttemberg, que sin pensarlo emancipó la humanidad. Estrasburgo es una ciudad rica y populosa, con su celebrada catedral y su torre difícil; hay buenos hoteles. En este punto se descansa un cuarto de hora; los viajeros, y los equipajes que siguen á Suiza, se trasladan á otro tren.
De Paris á Basilea, la Champagne, admirable y rica, y Nancy, ciudad importante.
A las ocho de la mañana, doce horas justas despues de haber salido de Paris, parti de Estrasburgo, entrando en Basilea á las cuatro horas.
De Estrasburgo á Basilea, los Vosges, deliciosas montañas; la Alsacia, castillos, ruinas góticas, monasterios, capillas: Mulhouse, industria floreciente y paisajes alegres y variados.
Al entrar en Suiza, empieza á disfrutarse ya de la libertad de aquel pais. Nadie me pidió el pasaporte, nadie me dijo una palabra, ni registró mis cofres persona alguna.
La decoracion de la naturaleza cambia de repente al entrar en Suiza.
Vamos á Basilea.
#SUIZA.#
El que ha visitado nuestras Provincias Vascongadas, tiene una idea muy aproximada ya de la pintoresca Suiza.
Lagos numerosos, interminables cordilleras de montañas, caprichosamente cortadas, valles por todas partes de eterna verdura, praderas espaciosas y torrentes artísticos, cascadas, y bosques de árboles, paisajes risueños sembrados de elegantes y ligeras quintas esparcidas por todo el pais: los históricos Alpes coronados de blanquísima nieve, la limpidez de los rios que corren por su centro; todos estos accidentes bellísimos que la naturaleza ofrece por todas partes en Suiza, forman un conjunto delicioso, orígen de las seductoras descripciones que en tantos libros se encuentran de ella.
Viéndola con alguna detencion, se comprende que haya sido teatro fecundo de admirables escenas para los pintores.
Basilea, situada á corta distancia de la frontera de Francia, que concluye en el pueblecito de San Luis, es la primera poblacion importante que se encuentra en la antigua Helvecia.
Célebre en lo antiguo, por haberse celebrado en su recinto dos concilios ecuménicos, y por haber sido cuna de muchos hombres notables, se ofreció á mi recuerdo con mas interes del que en efecto dispierta en el ánimo del viajero.
Una de las principales bellezas que tiene para mí Basilea, es el celebrado Rin, rio, que como elegantemente dice madame de Stael, semeja el genio tutelar de la Alemania, con sus ondas puras, rápidas, majestuosas, como la vida de un antiguo héroe.
El Rin efectivamente es magnífico, parece inalterable, á juzgar por la eterna serenidad de sus cristales. Los sitios que él recorre participan de su quietud. En Basilea, punto en que le ví por primera vez, se presenta tranquilo, é imponente por su grandeza. Corre silencioso á los piés de la catedral, y á la izquierda se pierde en lontananza, como una inmensa sábana de luz: á la entrada de la ciudad hay un larguísimo puente que salva toda la anchura del rio.
La catedral de Basilea, situada en la plaza del Mercado, merece visitarse bajo diferentes aspectos. Su arquitectura es gótica, y por lo tanto notable y digna de verse. Consta de tres naves: en su sacristía actual, se celebró el famoso concilio, en el cual fué destronado el papa Eugenio IV. La tumba del famoso filósofo Erasmo, autor del _Elogio de la Locura_, se encuentra dentro de la misma iglesia.
Apénas llegué á Basilea, hice lo que en las demas ciudades que visito por vez primera: me lanzo á la calle para ver lo que haya digno de atencion. Para llegar á la Catedral me condujo la casualidad por la plaza del Mercado, y la impresion que me causó oir el detestable aleman que en dicho punto se habla, no podré describirla; solo recuerdo perfectamente que es tan áspero y gutural como la música mas destemplada y ronca.
Basilea es una de las ciudades mas ricas de Suiza; sus relaciones comerciales, y su próxima situacion á la Francia, la dan mucha importancia. La ciudad tiene algunos edificios notables: la construccion de las casas, diferente de la de los demas paises, y especial de la Suiza, es muy digna de atencion[8].
La madera, abundantísima y excelente, puesta allí por todas partes por la mano sabia de la Providencia, en compensacion de las nieves y los hielos que hacen tan frio el pais, es el elemento principal de la edificacion.
Esbeltas y graciosas son efectivamente todas las casas; con sus lienzos de incrustaciones en madera, pulida y hábilmente trabajada, ofrecen un espectáculo tan nuevo como curioso. Limpias y brillantes lucen á los rayos del sol, porque con el frio y la nieve la madera conserva eternamente su tersura y solidez, sin que jamas suceda lo que en los paises meridionales que hacen de la madera un fácil combustible, volviéndolas el calor esponjosas y dispuestas siempre á inflamarse.
El frio de quince grados bajo cero que se experimenta en algunos cantones, como el de Berna, ha hecho sabios á los indígenas en materia de precauciones contra su rigor. Es de notar la costumbre acertadísima de colocar dobles puertas en todas las habitaciones de las casas; cada una se abre y se cierra en sentido inverso. Como la madera es tan sólida, y no está sujeta á las influencias atmosféricas, que pueden aumentar ó disminuir su volúmen, ajustan herméticamente, haciendo imposible la entrada de la mas insignificante columna de aire. Con las ventanas sucede lo mismo. Las componen dobles vidrieras que abrigan mucho las habitaciones, porque son impenetrables á la temperatura de fuera.
Los poêles, estufas que yo llamaré, son unos aparatos admirablemente dispuestos, que se encuentran en todas las casas de Suiza: cada dos habitaciones tiene regularmente un poêle: fabricados con ladrillo, y muy bien preparados, se calientan por la mañana, y templan la estancia para todo el dia: aproximando las manos á los azulejos limpísimos que forman su capa exterior se experimenta un gratísimo calor.
En la Biblioteca de Basilea ví un ejemplar del _Elogio_, con notas marginales del mismo Erasmo, con dibujos de su amigo Holbein.
En el Museo el retrato de Lutero, y el de Holbein.
Para ir á Berna desde Basilea es preciso resignarse á la diligencia, pues el camino de hierro que ha de unir ámbas ciudades, se encuentra solo en proyecto: felizmente la travesía se hace en doce horas, y con todas las comodidades posibles[9].
Lo primero que me ocurre consignar, es el admirable estado de las carreteras de Suiza. Sin ceder á ningunas de las mejores de Europa, las sobrepujan en número. De Berna solamente, ciudad que solo cuenta treinta mil habitantes, parten diez y nueve carreteras, tan sólidas, tan lisas, tan cuidadas, tan bellas, que nada dejan que desear.
Admira doblemente semejante estado de las vias públicas, recordando que el pais, subdividido en tantos gobiernos como cantones, y pobre como es, apénas se comprende quién y cómo las ha hecho. Hay verdadera profusion de carreteras, lujo de comunicaciones, todas buenas: los hilos eléctricos cruzan la Suiza entera en todas direcciones. Caminos de hierro desde Basilea á Estrasburgo, Paris, Francfort, Berna.
Durante los meses de febrero y marzo, en los que todo el pais semeja una sábana sola con tres palmos de nieve, lo que hace el paisaje monótono, porque es el mismo en todas partes, las diligencias tienen la originalidad de rodar sin ruedas, y con gran velocidad. Unos trineos de madera, dispuestos en forma de cajas, reciben sobre sí el carruaje, y los dos listones que forman su base, resbalan admirablemente bien sobre el pavimento, de nieve y hielo. Los caballos arrastran las diligencias con mas facilidad que si estuvieran armadas como en el resto del año, con ruedas, y el movimiento es tan igual y tan suave como el de los caminos de hierro.
A las ocho horas de haber salido de Basilea[10], entré en Berna, notando la extraña costumbre que tienen todos los mayorales de diligencias de la Suiza de tocar una corneta al entrar y salir en las poblaciones: hace muy buen efecto, porque todos ejecutan algun aire del pais que da mas suavidad al movimiento.
Estamos en Berna.
#BERNA.#
La capital federal de la Suiza, bañada por el rio Aar, que la cerca por todas partes, cuenta treinta mil almas de poblacion. El interior de la ciudad ofrece muy poco que observar: se compone de sesenta á ochenta calles solamente, tan uniformes y parecidas, que molesta y fatiga la monotonía de su conjunto: todas tienen soportales cubiertos, necesarios para la nieve.
Entre los edificios mas principales de Berna, descuella la Catedral, que aunque pequeña, es bella, porque es gótica.
El ridículo protestantismo, que blasona de liberal, y protector de las obras de la inteligencia, cuya omnímoda supremacia proclama, se ha ensañado estúpidamente con todas las imágenes de santos tallados en piedra, que embellecian y decoraban todo el exterior de la catedral, dejando únicamente intacta una alegoría escrita en piedra, que corona la puerta principal de la iglesia, y sobre la cual se ven algunos papas que se han condenado por sus crímenes: hé aquí el protestantismo, que en nombre de la libertad, mutila con la picota de la burla y la ignorancia, la riqueza arquitectural con que la estatuaria gótica bordaba las fachadas de los templos. Inútil pretension; el escarnio que pretendieron arrojar sobre el catolicismo, patrono de las artes, se volvió de rechazo contra ellos. Desfigurando la catedral como lo han hecho, dejan atras á las tribus de Atila, que se prosternaban llenas de entusiasmo delante de las maravillas del arte arquitectónico-cristiano.
El palacio Erlack, que contiene la oficina del presidente de la confederacion, es otro edificio notable. El grande hospital, situado en una ancha calle, que puede llamarse plaza, merece ser visitado por mas de un concepto: el servicio interior no deja nada que desear: la belleza del edificio es digna del objeto á que está destinado. El lema escrito sobre su puerta es magnífico, _Christo in Pauperibus_: es un modelo[11].
Sobre todos los edificios de Berna, sobresale por su hermosura y grandeza el nuevo palacio del Parlamento, recientemente terminado. Es una soberbia mole de piedra, de tres cuerpos, de esbelta arquitectura, gótica en su mayor parte: el interior corresponde á lo que desde fuera anuncia. No está terminado completamente.
Berna tiene universidad literaria á la cual concurren de 150 á 200 estudiantes por año. A propósito de letras, pláceme consignar que la Suiza tiene organizada la instruccion como ninguna nacion de Europa. Y séame permitido protestar que en esta asercion nada hay exagerado: tengo el hábito de estudiar ántes de emitir un juicio.
He visto por mí mismo las universidades y escuelas de Suiza, casi en su mayor parte: he leido las estadísticas, he comparado, y encuentro que la Francia está muy atras, sumamente rezagada, y á una larga distancia de la Suiza.
Tan extendida está la instruccion en la antigua Helvecia, que es sumamente difícil, sino imposible, encontrar un hombre del pueblo que no sepa leer y escribir. Casi todos, ademas de su lengua, hablan el frances en la Suiza alemana. Por su parte la Suiza francesa, con la ciudad de Ginebra á su cabeza, una de las mas avanzadas de Europa, no se queda detras.
Bueno es apuntar aquí mismo una observacion digna, que en este momento se me ocurre. La instruccion en Francia, y en otros paises, ha servido para aumentar la cifra de las estadísticas criminales, por estar mal dirigida: en Suiza sucede lo contrario. En el momento en que escribo estas líneas, recuerdo que hace mas de medio año que estoy en Berna, ciudad de treinta mil habitantes. Este número de personas, en el plazo de seis meses, dia por dia, no han visto cometer ni siquiera un robo, ni un asesinato, ni una herida, ni una disputa. Esta reflexion aislada y sin comentarios, habla muy alto: agreguemos otra que aumenta su importancia. El proletarismo es la plaga social de Suiza, abundan por todas partes los mendigos....
La pobreza y la instruccion ¿no engendrarian por todas partes desbordamientos sociales? estudien los políticos miopes sobre este contraste.
No sucede así en Francia; allí el pueblo es bastantemente grosero, literariamente hablando; tiene un barniz de cortesanía que está en la sangre, pero lee y escribe en corto número y con dificultad.
Los alrededores de Berna son, como toda la Suiza, admirables: praderas de eterna verdura, cascadas, torrentes, montañas, casas de campo. Las carreteras, á nivel de las mejores de Europa, se ofrecen en abundancia por todas partes, con una verdadera prodigalidad.
Hay en Suiza, volviendo á la instruccion pública, el fabuloso número de cinco mil quinientas escuelas, á las que acuden cuatrocientos mil discípulos. Estas dos cifras, teniendo en cuenta que la poblacion de toda la Suiza se compone solamente de dos y medio millones de habitantes, habla con incontestable elocuencia en pro del estado intelectual del pais.
Los establecimientos penales de Berna se hallan muy bien organizados: tanto los hombres como las mujeres de las prisiones, son empleados con especialidad en los trabajos del campo.
En Suiza existe la verdadera libertad política á que aspiran en vano las demas naciones. La accion del gobierno, que en todos los paises se siente á todas horas y en todas las operaciones, no interviene en los hábitos del pueblo suizo. En ninguna parte se encuentra un soldado; los agentes de policía en corto número, tolerantes y humildes, en contraste con los de otras naciones, apénas se dejan ver, absteniéndose muy bien de prácticar esa serie de ataques á la libertad individual que parece constituir su principal instituto en ciertos paises.
Los agentes del poder en Suiza, empezando por el presidente de la Confederacion Federal, son extremadamente humildes y modestos. He conocido dos, el coronel Frey-Herosée, y el doctor Furrer, ámbos instruidos, modestos, hombres de Estado, probos y rectos. Desconocen el lujo, viven como el último ciudadano, y se mezclan con todos. ¡Tienen _seis mil_ fr. de sueldo anual!
La estadística, que forma la verdadera historia de los pueblos, presenta en la antigua Helvecia con respecto á instruccion y moralidad caractéres propios de la civilizacion, datos consoladores, cifras envidiables.
Entre los lagos mas notables de la Suiza, sobresale y descuella el de Lucerna, ciudad católica, y una de las primeras. A todas horas encuentra el viajero que llega á Lucerna lindísimos vapores que cómoda y económicamente le conducen á los mas pintorescos sitios de la Suiza. Durante el verano, los extranjeros de todos los paises, es decir, los viajeros de toda Europa, recorren el lago de Lucerna.
La villa de Thun [12], distante cinco leguas de Berna, tiene tambien un precioso lago, como lo son todos los del pais, patria de ellos. Thun tiene su hermoso hotel de Buenavista y está rodeado de deliciosas montañas.
Ginebra, ciudad la mas avanzada de la Confederacionon Helvética, es sin disputa bajo el aspecto literario uno de los primeros centros de Europa. Calvino fundó una universidad. La Biblioteca principal de Ginebra contiene 60,000 volúmenes. Patria de muchos hombres notables, entre ellos Rousseau, Calvino, madame Stael, Lesage, Huber y otros muchos, conserva hoy sus tradiciones literarias. Hay en Ginebra un buen número de periódicos políticos, gabinetes de lectura, sociedades literarias, academias y demas centros de inteligencia, brillando en su seno muchos hombres distinguidos. Allí conocí muchos profesores eminentes, y el político Fazy. El mejor paseo de Ginebra es el de la Isla con una estatua dedicada á Rousseau.
Bajo el aspecto político, es Ginebra la verdadera capital federal: cierto es que en Berna reside el gobierno, cierto que allí se reune la Asamblea Federal, pero no lo es ménos que en Berna nada se dice ni discute como en Ginebra: en la ciudad de Calvino la política dramatiza todo, la discusion se mantiene siempre animada.
El comercio de Ginebra es tambien mas importante que el de Berna: dentro de tres años acrecerá la importancia de esta ciudad con el camino de hierro que la unirá con Lyon; hoy está terminado y abierto al público: hay escelentes hoteles como el de _Lóndres_ sobre el lago de Leman. Los mejores hoteles de Berna son el de la _Couronne_ y el del _Faucon_.
El lago de Ginebra es delicioso [13]: surcado por lindos y cómodos vapores, que hacen la travesía de Lausanne, ofrece un espectáculo admirable. Comodidad y economía encuentra el viajero para ir á Ginebra desde Lausanne por el lago: el golpe de vista es admirable; se ve la altísima cabeza del Monte Blanco, los _Glaciers, Chamouny_, los _Alpes_.
La celebrada relojería de Ginebra merece ciertamente la pena de verse; se construyen cien mil relojes cada año, casi todas las tiendas ofrecen relojes del pais. La Suiza exporta muchos miles para toda Europa y América.
Friburgo, ciudad católica tambien, tiene unos paseos y alrededores asombrosos: casi todos los extranjeros que visitan la Suiza, se dirijen á Friburgo para oir los célebres órganos de la catedral y ver su atrevido puente colgante.
Los lagos de Interlaken y Brienz, cerca de Thun: los once que se divisan desde Righi, el de los cuatro cantones, todos, porque esa es la verdad, todos merecen seguramente un viaje: tienen los lagos una belleza especial que seduce y enamora.