Part 4
Al estudiar las estadísticas se ve que la corrupcion se propaga rápidamente en Paris, y á la manera de una asquerosa lepra, que amenaza consumir el cuerpo social. En Paris apénas existe la familia, y sin esta la sociedad no es posible: los hoteles y los restaurants son los que reunen en su mayor parte á los habitantes de la capital á la hora de la comida: una gran parte de la poblacion de Paris come todo el año fuera de su casa, y careciendo de hogar, santuario de las afecciones, se disuelve en la calle.
Puede asegurarse que casi la mitad de la poblacion de Paris come fuera de su casa todo el año.
¿Cómo se forman los vínculos santos de amor que deben unir á los individuos de una misma familia, á los ramos de un mismo árbol? Imposible: imposible la educacion de los hijos, que se perfecciona en casa, al calor del hogar; imposibles las afecciones que nacen, crecen, se desarrollan y viven dentro de casa, y solo allí; imposible la familia, que se dispersa y vive en la calle, y siendo imposible la familia, imposible es tambien la sociedad; y esto es lo que sucede en Paris, esto es lo que yo he visto, estas son las costumbres sociales de la capital de Francia, que muchos presencian sin pararse á deducir consecuencias; esto es lo que ven todos los extranjeros.
Medítese bien sobre su significacion; esto es importante, por eso lo deduzco y apunto.
En Paris se compran y se venden fácilmente las afecciones, se trafica con todo, y el culto único y universal es el que se consagra al dinero. Todos los dias se registran procesos escandalosos capaces de desconsolar al filósofo que ménos crea en la perfectibilidad del humano linaje; se suceden unas á otras las bancarrotas que ponen en desolacion á las familias y asustan al observador; los suicidios se repiten con una tremenda frecuencia que pone susto en el alma: los tribunales se ocupan casi sin tregua en conocer asuntos infamantes que reprueba toda moral, por poco sólida que sea: y todos estos actos que acabo de enunciar pasan á la luz del dia y se registran en las estadísticas: ¿quién será capaz de ocuparse de las acciones que no se juzgan, de las escenas secretas que desgarran el alma todos los dias en el interior de las familias?
Si se estudian las estadísticas de la vida moral de Paris se ve que las cifras desconsoladoras y terribles se aumentan cada año: los matrimonios deshechos, los suicidios, las nuevas casas de juego, las grandes fortunas que se desploman, las aterradoras miserias que aparecen, los procesos de los tribunales que se duplican, las casas de correccion que se llenan, en una palabra, los datos que cada año se publican referentes al estado moral de la sociedad de Paris, son bastantes para desalentar el ánimo y casi postrar la fe en el progreso.
Este es el Paris moral que nosotros hemos visto, y apartándonos de tan triste cuadro, vamos á continuar nuestra visita á traves de sus principales monumentos y de su fisonomía material, animada y brillante en sumo grado.
Las iglesias mas notables que yo he visitado en Paris, son la Catedral, San Sulpicio, la Magdalena, San Germain l'Auxerrois, la Santa Capilla, San Vicente de Paul, San Esteban del Monte, y Santa Clotilde.
La Magdalena, de la que en otro lugar me ocupo ligeramente, es un lindísimo edificio artístico, que presenta sus cuatro fachadas elegantes, con su respectivo órden cada una de columnas corintias; es un monumento esbelto y airoso, que semeja un templo griego, un liceo, una academia. El interior corresponde á la que anuncia su gallarda presencia de fuera, y participa tambien del gusto poco cristiano de su fachada. En el cuadro del altar mayor aparece Napoleon, á quien nosotros no teniamos noticia de que se hubiera canonizado: bien es verdad que tambien le hemos visto en Milan, coronando una de las elegantes agujas de su magnífica catedral.
Notre-Dame, de la cual tambien hablamos en otro lugar, es un imponente y majestuoso templo, donde hacen actualmente reparaciones bárbaras que desfiguran su venerable fisonomía. Tambien la iglesia de San Sulpicio merece ser vista.
La iglesia de San Esteban del Monte, cuyo magnífico interior sorprende por su elegancia arquitectural y su gusto y severo estilo, ha sido teatro últimamente de un gran crímen que puso en conmocion á todo Paris. Dentro de esta iglesia el asesino Vergé sepultó un cuchillo en el corazon del venerable arzobispo de Paris Monseñor Sibour.
San Germain l'Auxerrois merece tambien la visita del viajero; su elegante construccion, aunque de formas un tanto aplastadas, sus estilos diferentes que constituyen un conjunto bizarro, su belleza interior, forman un todo muy bueno y hacen de San Germain una de las mas hermosas iglesias de Paris.
San Vicente de Paul, con su elegante y airoso pórtico de columnas, sus dos torres, y su cuerpo principal tan gallardo, llama tambien la atencion del que busca el arte y el gusto monumental: el interior es severo y religioso.
La Santa Capilla, tocando con el Palacio de Justicia, es un prodigio de arte: de formas airosas y orientales, de pureza de líneas, de severidad arquitectural. La ligera y graciosa torre que se levanta como una corona, seria doblemente bella si los modernos, que pretenden adornarlo todo, no la hubieran desfigurado convirtiéndola en un objeto de quincallería, tantos son los dorados con que la han vestido. De todos modos, el viajero no puede dispensarse de visitar el templo; es magnífico y venerable. Prescindo aquí de su historia porque no es ese mi objeto en este lugar.
Santa Clotilde, situada del otro lado del Sena, es una verdadera joya: al observar su juventud, escrita en su construccion, se experimenta un sentimiento de asombro. En nuestro siglo que marcha tan aprisa, y en esta época en que las construcciones para ser buenas han de exigir poco tiempo, se ha levantado en Santa Clotilde un templo gótico puro, sin mezcla de gustos ni estilos. Es una iglesia bellísima y digna de ser vista: acaba de ser terminada y entregada al culto público. Delante de su elegante fachada principal, se extiende una espaciosa plaza sembrada de jardines, que embellece el cuadro.
El verdadero monumento que cuenta hoy Paris, es el Louvre, unido como está ya á las Tullerías. Parece mentira que en este siglo ligero que tan aprisa marcha, sin detenerse jamas en obras de larga duracion, hayan podido verificarse y en tan corto plazo las obras colosales del Louvre.
Ya se ha unido con las Tullerías, y forma un todo sin rival: la gran plaza del Carrousel, portentosamente admirable, es quizá la mas imponente de Europa: el arte, del cual se prescinde con sobrada frecuencia en las modernas construcciones, brilla majestuoso en las obras increibles del Louvre: los buenos arquitectos italianos y franceses que han dirijido los trabajos, han levantado un templo glorioso para el arte: las formas, el gusto arquitectural, las buenas tradiciones conservadas, la severidad de los estilos, la lujosa construccion, el aire imponente que respira, todo el conjunto así como los detalles, sorprenden y admiran. Digna de aplauso es la constancia con que el actual primer magistrado de la Francia ha emprendido y terminado tan gigantescas obras.
Aconsejo á los que visitan Paris que se detengan con frecuencia delante del Louvre, hay mucho que estudiar, hay mucho que admirar.
Tambien merecen una visita especial y detenida los ricos museos que embellecen el interior, en particular los de pintura y escultura. Este último, bien ordenado y bastante rico, contiene entre otras obras admirables las estatuas griegas del Gladiador y de la Vénus, que llenan de asombro el ánimo y hacen la apología de la Grecia artística: imposible cosa mas admirable, son modelos, son obras eternas, son prodigios de arte.
El museo de pinturas, donde brillan las diferentes escuelas que conocemos, reclama muchas visitas de todo aquel que ama el noble arte de Rafael y Murillo. La escuela mas rica que se ostenta en las galerías del Louvre es la flamenca, con sus pléyadas brillantes de inspirados artistas, con sus lienzos animados.
La escuela italiana, poderosamente espléndida, luce tambien en el Louvre con toda su pompa: en el salon cuadrado, el mas rico de todos, se leen al pié de lienzos sin rival, las ilustres rúbricas de Rafael, Ticiano, Rubens, Pablo Verones, Tintoreto, Leonardo de Vinci, y Murillo, que en medio de aquellos hijos del genio, proclama con dos inmortales Vírgenes la pujanza de la escuela española, que tambien brilla con todo su valiente esplendor en los salones del Louvre.
La escuela francesa, mas rica allí que en ningun otro museo, cuenta tambien con las principales obras de sus inspirados maestros: en resúmen, el que visita Paris, no puede dispensarse en modo alguno de ver los museos del Louvre.
Los teatros de Paris, estudiados con detencion, contristan profundamente el ánimo: la moral pública sale eternamente mal parada: es sumamente difícil asistir á la representacion de una comedia en la cual no haya una mujer que engaña á su marido, es un detalle casi indispensable.
Verdad es que el escritor dramático que vive en Paris, que estudia la sociedad y la traduce en la escena, no encuentra á todas horas nobles tipos que retratar ... pero de todos modos las formas del diálogo, el público español, el público ingles, no las puede aceptar nunca.
En España comprendemos de otro modo el teatro, será sin duda porque nuestra familia es otra. Esto por lo que hace al teatro moralmente considerado: si hablamos de sus salas y orquestas nada bueno podemos apuntar, absolutamente nada; en todo Paris, no hay un gran teatro, ni uno; orquestas, solo pueden oirse las de la Opera, que es magnífica, y las de los Italianos y Opera-Cómica; las demas son orquestas de provincia.
Las formas del diálogo, un tanto desenvueltas y libres, contribuyen tambien á la impresion de disgusto que producen las citadas comedias en el ánimo del que está acostumbrado á una literatura dramática digna y moral, que sin ser fanática ni supersticiosa, respeta siempre la moral, enseña máximas consoladoras, ofrece tipos nobles, y no ofende jamas el pudor de las madres ni de las hijas.
El estudio mas consolador que yo he hecho en Paris ha sido el de la lectura diaria de la seccion de _pérdidas_ que contienen los periódicos. El alma descansa y se regocija leyendo como yo he leido todos los dias los anuncios que hacen las personas pobres de haber encontrado braceletes de oro, billetes de banco, alhajas preciosas, y lo que es mas aun, monederos y bolsillos con cantidades respetables en metálico: lo publican para que llegue á conocimiento de sus dueños y pasen á recojerlos. ¡Es admirable, es magnífico, es consolador! Ejemplos como los que cito se ven todos los dias, y los que les dan en general, son personas que carecen de todo recurso, pobres trabajadores, desgraciados. ¡Magnífico! ¡yo recojo este dato con mucho placer en mi libro! ¡es un dato consolador!
El alumbrado público de Paris deja mucho que desear y está muy léjos de corresponder á la grandeza de la capital. El que quiera persuadirse de la verdad de esta asercion, que se pasee un domingo por Paris despues de la una de la noche, ó cualquiera otro dia de la semana. Hay mas faroles en las tiendas que en la calle: esto sucede en el mismo boulevard: tan luego como se cierran las tiendas y hoteles que tienen alumbrado, las calles de Paris se ofrecen un tanto oscuras porque de farol á farol hay una gran distancia, y la luz llega con mucha dificultad. Las calles de Richelieu, Vivienne, Montmartre y otras ciento, tienen, despues de las doce de la noche, una luz dudosa y opaca; esta es la verdad.
Continuemos nuestro paseo por la gran ciudad.
La fisonomía de Paris cambia todos los dias, hermoseándose; el que hace seis años visitó sus monumentos y sus calles, encuentra hoy tantas reformas y novedades, que apénas puede reconocerle. Aparte de los trabajos colosales del Louvre, que la imaginacion no acierta á comprender hayan sido ejecutados en tan corto plazo, la calle de Rivoli, majestuosa y soberbia, viene á aumentar la admiracion del viajero. En todos los barrios de la gran capital, se han derribado centenares de casas miserables, sobre cuyas ruinas se levantan hoy palacios y elegantes edificios.
Las obras del mercado de los granos, delante de la iglesia de San Eustaquio, sitio que afeaba Paris, se han realizado en breve término, y hoy existen magníficos mercados. El boulevard de Sebastopol, obra que en cualquiera otro pais hubiera durado ocho ó diez años, está próximo á terminarse del todo, embelleciendo mas y mas Paris. El Bois de Boulogne, los Campos Elíseos, los barrios todos han cambiado de aspecto: el Paris del año 40 desaparece completamente para dar lugar á una nueva ciudad.
El que se propone estudiar en Paris tiene mas medios que en parte alguna del mundo, y por teatros de observacion provechosa y útil, tiene, ademas de sus bibliotecas, periódicos, teatros y academias, tiene, decimos, el boulevard, libro de mil capítulos de profunda enseñanza, tiene los barrios de los obreros, los de la aristocracia, los del comercio, los de los desgraciados, el curiosísimo de los traperos: las estadísticas, el alta y baja de la bolsa, las oscilaciones de la política europea, el vuelo de los periódicos, el tumultuoso estruendo de sus orquestas y bullentes placeres: la tremenda soledad de la desgracia y la miseria, las grandes fortunas pasando al lado de las heróicas y sufridas desgracias, el volcánico y abrasador placer que bulle agitado por todas partes y que grita sin tregua para que no se oiga la desentonada voz de la desgracia: los contrastes mas tremendos, las ruinas y las miserias, la gloria y el dinero: la calma mas perfecta, siempre pronta á convertirse en furiosa tempestad, el oscuro porvenir y el incierto presente: la creencia y la fe al lado del escepticismo y la burla: lo grande mezclado con lo pequeño, todos los contrastes, enfin, todos. Ningun estudio mas provechoso, ninguna enseñanza mas útil que la que se adquiere estudiando esa ciudad monstruo que se llama Paris.
Entre los paseos deliciosos de Paris, descuella en primer término el Bois de Boulogne, el sitio de recreo mas admirable que capital alguna de Europa puede ofrecer.
Sus frondosas calles de árboles cortados con el arte mas acabado, sus lagos y cascadas, sus praderas deliciosas, sus jardines y artísticos bosquecillos componen un conjunto tan alegre y risueño, tan bello y elegante, que cualquier pintor delicado no podrá ménos de contemplar absorto y complacido, sus proporciones, sus cuadros, sus luces y sombras, su poesía, enfin.
Dentro de su prodigiosa extension se ostenta con el lujo de una primavera privilegiada, el soberbio _Pré Catelan_, deliciosísimo sitio de recreo que reune la mas rica y variada coleccion de flores de Europa. Las fiestas de noche que allí se dan en medio del incendio de luces con que brillan, semejan un cuento de hadas: sus orquestas y teatros, entre los que ocupa el primer lugar el llamado de las flores, por serlo así en realidad: sus canales y puentes, sus montañitas y cascadas, le convierten en un jardin encantador. Al Bois de Boulogne acuden en número fabuloso los carruajes mas elegantes de Paris, y la multitud se pasea y se esparce complacida en medio de su grandeza.
En el Bois de Boulogne existen ademas otros varios jardines; hay restaurants, casas suizas, cafés, etc., etc. Al lado de la gran cascada se extiende la llanura de _Longchamps_, donde tienen lugar las carreras de caballos.
Las líneas de ómnibus que recorren Paris en todas direcciones pasan de treinta, todas cuentan un crecido número de carruajes y prestan un gran servicio al público ademas de animar la capital con su movimiento y su vida. La tarifa de sus precios es lo mas cómodo imaginable; por tres sueldos en la imperial y seis dentro del ómnibus, se recorre toda una línea, que generalmente se compone de una gran distancia cruzando Paris de un extremo á otro.
Los coches de plaza, regidos desde el último mes de agosto por una nueva tarifa, ofrecen tambien en su bien entendido servicio cuantas comodidades pueden apetecerse: su número es grande, sus estaciones se reparten por toda la capital; así es que el viajero encuentra tan luego como lo desea un carruaje á su servicio. Entre los coches de propiedad particular, las líneas de ómnibus, las empresas de coches de plaza, carros y vehículos de toda especie, el número de carruajes que circula por el interior de Paris se eleva al fabuloso de ciento setenta mil. Segun la nueva tarifa puede tomarse actualmente un carruaje por minutos, no teniendo obligacion de pagar como ántes una hora, sino el tiempo empleado; cada carruaje tiene un reloj fijo para indicar el momento en que se toma.
Los alrededores de la colosal metrópoli son tambien dignos de ser visitados por mas de un concepto. Aparte del esmero y gusto con que está cultivada la campiña, amenizan y hermosean sus términos los muchos y alegres pueblos que aparecen por todas partes. Como las comunicaciones son tan fáciles, merced á los caminos de hierro, el extranjero que desea estudiar y conocer los alrededores de Paris puede conseguir su objeto en pocos dias. En el embarcadero de la calle de San Lázaro encontrará de cuarto en cuarto de hora trenes que le conducirán á _Asnières, Ville d'Avray, Sevres, Versailles, San Cloud, San Germain_, por precios sumamente cómodos. En la misma estacion de la calle de San Lázaro hay una línea férrea para visitar _Passy_ y _Auteuil_, pasando por _Batignoles, Courcelles, Porte Maillot_ y _Bois de Boulogne_. Dirigiéndose el extranjero al camino de hierro del Norte, puede tambien visitar en media hora tres deliciosos pueblos, entre los que descuella por su belleza Enghien, con su tranquilo lago, que cercan lindísimas casas de campo. A cualquier punto que el viajero se dirija y cualquiera que sea la direccion de sus excursiones, tiene la seguridad de encontrar cafés, hoteles y restaurants en abundancia. Como tanto se han impulsado en estos últimos años los trabajos de las líneas férreas de Francia, Paris está en comunicacion instantánea con todas las capitales de Europa, así es que diariamente llegan en gran número los viajeros que de todas las partes del mundo vienen á visitarle. El número de extranjeros que afluye de todas las partes de la tierra se eleva á una cifra verdaderamente increible, y en Paris, moderna Babilonia, óyense hablar todas las lenguas y se ven todos los trajes.
Las cárceles de Paris que hace muy pocos años dejaban mucho que desear, han mejorado bastante su sistema y organizacion, y hoy, aunque no pueden servir de modelo, valen ciertamente una visita detenida cuando se pretende aprender comparando.
Las estaciones de las líneas férreas, edificios que tienen para mí mas importancia que cualquiera otro establecimiento público, por su alta significacion en la cruzada santa de las ideas, que ellos trasmiten á los pueblos, haciéndolos conocer entre sí, son verdaderos palacios en Paris. Las de _Strasbourg_ y _Lyon_, la del _Norte_ y la de la calle de _San Lázaro,_ todas son espaciosas y grandes, todas hermosean Paris y todas le animan, depositando en la gran ciudad todos los dias innumerables viajeros que de todas las naciones conocidas se presentan impacientes de conocerla gran metrópoli: el movimiento es inmenso.
Las bibliotecas públicas con que cuenta Paris son muchas y notables, mereciendo ser citadas la Imperial de la calle Richelieu, la del Instituto, Escuela de medicina, Santa Genoveva, Louvre y otras varias.
La prensa periódica de Paris, que desde el advenimiento de Luis Napoleon está regida por leyes restrictivas que hacen muy difícil su existencia, apénas merece mencionarse, contándose únicamente periódicos literarios de algun valor y vida propia, uno de cuyos órganos principales es el _Fígaro,_ redactado por escritores de verdadero ingenio.
Los jardines públicos donde tan alegremente se baila en el verano, así como los salones de conciertos, reunen en sus fiestas un gran número de extranjeros, que ávidos corren tras el bullicio y el placer que Paris ofrece en una copa de oro siempre llena. Los jardines de _Mabille_ y _Château des Fleurs_, las fiestas de noche del _Pré Catelan_, los conciertos que dirije _Musard_ son otros tantos centros de animacion y movimiento que ninguna ciudad en el mundo presenta como Paris, Roma moderna.
Todo lo que halaga los sentidos, cuanto puede satisfacer la vista, el refinamiento mas acabado, en fin, de los placeres todos, bulle y se ostenta por todas partes y bajo todas formas en esa ciudad soberbia que aventaja en corrupcion como en grandeza á todas las capitales. En Paris se satisfacen todos los gustos, todos los deseos, porque se da culto al placer y se ha estudiado hasta la perfeccion la manera de aturdirse en lo frívolo.
Los cafés y restaurants de Paris no pueden contarse, tan fabuloso es su número. Al notar la afluencia tumultuosa que se disputa la entrada en los citados sitios, diríase que Paris come en la calle, que la familia no existe: y á la verdad que no seria muy aventurada semejante asercion; pues todo pensador que estudie la familia en Paris estamos seguros que se desconsolará profundamente. El soplo de duda con que los enciclopedistas empañaron las creencias todas, el tremendo ridículo con que agobiaron el matrimonio, han hecho profundamente escépticos á los franceses, que creyendo en la soberana fuerza del dinero, apénas sospechan en la mujer, la madre, la esposa, la compañera.
Otra costumbre hay en Paris y en toda la Francia en general que no dudamos calificar de bárbara y cruel: nos referimos á la ceremonia de acompañar al cementerio el mas próximo pariente del finado. Es ciertamente terrible y da lugar á sospechar falta de afecciones; marchan á pié detras del convoy fúnebre que guarda una persona adorada, á otra que le fué inmediata y querida: ninguna ley, ninguna costumbre del mundo pueden obligar al corazon á que se quiebre y se rompa en tan tremenda prueba; jamas el alma apasionada podrá prestarse á un suplicio tan duro. Marchar á pié á la última morada conduciendo un sér amado, y ofreciendo su dolor al público indiferente en tan solemne trance, es una terrible lucha que necesariamente ha de producir, ó una muerte al alma, ó una indiferencia glacial: no hay medio.
Y haciendo aquí un punto final, miremos otra fisonomía de Paris que sea mas consoladora y alegre; visitemos esos sitios que la revolucion gloriosa del 93 ha hecho célebres é inmortales.