Viajes por Europa y América

Part 2

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Vitoria, San Sebastian é Irun, son tres lindas ciudades, aseadas y hermosas, notables por su animacion y riqueza: abundan las fábricas de fundicion y el trabajo se hace _oir_ en todas partes. Vitoria y San Sebastian cuentan buenas plazas y edificios: Irun tiene una bonita casa de villa. De Irun á la frontera de Francia solo debo hacer notar una santa emocion que me conmovió. En el solemne instante de cruzar el puente del Vidasoa, mi corazon conmovido profundamente envió desde el extremo del puente un saludo de bendicion y de cariño á mi familia y á mi patria. Mi queridísima España, representada en Irun, que todavía devoraba con mis ojos, me atraía poderosamente hácia sí, y por dos veces consecutivas avancé hasta la mitad del puente para enviarla mis votos por su engrandecimiento y prosperidad.

Habiendo dado demasiada extension al capítulo sobre España, vamos á terminarle consagrando ántes unas cortas líneas al estado actual de nuestros medios de comunicacion, y exponiendo algunas otras consideraciones generales sobre el estado actual de España.

En materia de comunicaciones, tenemos carreteras generales en buen estado para las principales ciudades de España; los canales de Castilla, Aragon y otros: vapores para todas las líneas, y caminos de hierro de Madrid á Almansa y Alicante, de Valencia á Játiva, de Barcelona á Tarrasa, Granollers, Arenys de Mar y Martorell, de Cádiz á Jerez y al Puerto, de Reinosa á Alar, de Valencia al Grao, de Langreo á Gijon, de Tarragona á Reus: todas estas líneas están abiertas al público: en construccion avanzada, próximas á terminarse, tenemos la de Almansa á Játiva, y la de Madrid á Guadalajara tambien: estas dos líneas, ámbas grandes y de suma importancia, se darán al público ántes de un año: las líneas de Zaragoza á Barcelona, y de Madrid á Valladolid, en las que se trabaja sin descanso, se abrirán tambien á la circulacion pública ántes de tres años.

En resúmen, España, que por causas conocidas de todos, ha tardado en comenzar sus vias férreas, toma hoy una noble revancha trabajando en todas direcciones y sin levantar mano.

Esta es la España verdadera actual, no la que algunos viajeros han pintado: pronto la Europa toda tendrá ocasion de conocerla. Los inmensos recursos de todo género con que contamos, la fabulosa riqueza de su favorecido suelo, sus dos mares, sus rios, su delicioso clima, su próspera y floreciente agricultura, su industria y su comercio, en progreso constante; su poblacion de diez y ocho millones de habitantes, todas estas circunstancias reunidas, con su red de caminos de hierro que hoy construye aceleradamente, sus riquísimas y florecientes colonias de América y Asia, sus posesiones de Africa, y su portentosa riqueza, le aseguran un porvenir grande, digno de ella. Con un buen gobierno que tuviéramos por una docena de años, nuestro brillante porvenir llegaria mas pronto.

En España tenemos once universidades literarias, á las que concurrieron en 1856 doce mil seiscientos tres estudiantes. Las escuelas públicas de instruccion que se cuentan en España son 15,400, y los discípulos que asistieron á ellas en el mismo año 1856 fueron en número de un millon ochocientos mil. Estas dos cifras hablan muy alto en favor del estado intelectual de España: fíjense bien los que pretendan hablar de nuestro pais en esas dos estadísticas, que son las que mejor traducen el estado intelectual de un pueblo.

El número de periódicos políticos y literarios de todo género que se publicaban en España en 1856 fué el de doscientos ochenta. Esta elevadísima cifra, que tambien aboga en pro del grande amor á la lectura que se ha dispertado en nuestro pueblo, se aumenta todos los dias; cuéntanse muchísimas bibliotecas que publican á volúmen diario, y alguna de ellas tiene mas de cincuenta mil suscritores.

No hay una sola poblacion en toda España, comprendiendo las de tercero y cuarto órden, que carezca de un teatro y de un casino con gabinete de lectura.

Un pueblo que lee y que concurre al teatro, tiene una educacion culta, y demuestra que es digno de ser estudiado por los viajeros que se proponen conocer el espíritu de un pueblo, primera aspiracion de todo el que viaja con un noble objeto.

Los establecimientos de beneficencia que el sentimiento cristiano español ha levantado entre nosotros componen un número crecidísimo y hablan muy alto en favor de nosotros. La España cuenta actualmente mas de doscientas casas de beneficencia que la caridad pública sostiene en su mayor parte. Las escuelas gratúitas fundadas en España para la educacion del pueblo, y en las cuales se da una instruccion esmerada, son en grande número tambien.

Ya se comprenderá fácilmente que en este libro no nos ocupamos con detencion de nuestro pais: si la índole de una obra como esta, en la que solo están apuntadas las impresiones de un viaje, nos permitiera entrar en el exámen de su espíritu público, de la organizacion de la familia, de sus relaciones sociales, de su carácter digno y altivo, de sus grandes instituciones; entónces podríamos trazar un cuadro consolador y admirable. En otro libro que preparamos sobre el estado actual de la Europa, nos ocuparémos separadamente y con la extension necesaria de nuestra amada España.

Aquí solo apuntamos detalles y algunos datos estadísticos de verdadero interes para el que desee conocer un poco la patria de Cervantes y Calderon.

Habiendo trazado el cuadro de nuestros viajes por Europa y América, hemos creido de nuestro deber dar tambien un lugar en nuestras páginas á la España, con el único objeto de darla á conocer tal cual es, deshaciendo en cuanto podamos las equivocadas opiniones que de ella se han formado por muchos viajeros. Y como publicamos nuestro libro en Paris, haciendo ademas una edicion francesa, esperamos que nuestra patria será debidamente apreciada, con lo cual queda satisfecho nuestro primer deseo. Nosotros no pedimos mas que imparcialidad: así como en nuestro libro se encontrará un juicio desapasionado y exacto de cuanto hemos visto en las diferentes naciones que conocemos, del mismo modo reclamamos para España narraciones verídicas y justas.

Nosotros para ser estimados y respetados no necesitamos mas que una circunstancia, una sola, la de ser estudiados y conocidos.

Previa esta indispensable manifestacion, vamos á terminar nuestro capítulo sobre España, no sin consignar ántes algunas otras notas de importancia é interes para mejor conocer y apreciar el estado actual de España.

El clero español, que en muchos pueblos de Europa suponen poderoso, y á quien atribuyen una inmediata influencia sobre la marcha social de España, ocupa una posicion inmensamente diferente de la que hasta hace poco disfrutaba, y carece de esa accion que los que no conocen nuestro pais le suponen.

La revolucion política y social operada en España á consecuencia de la muerte de Fernando VII, ha emancipado para siempre al pueblo español de la influencia clerical que de un modo ilegítimo pesaba sobre él: las inmensas riquezas que la Iglesia española poseia, han sido vendidas por la nacion en su mayor parte: con la regeneradora medida de la desamortizacion, se ha prodigiosamente aumentado la riqueza pública, se ha impreso un poderoso movimiento de institucion al comercio y á la industria, se han creado muchos propietarios, se ha dado mayor vida á la agricultura, y se ha libertado el pueblo español de una influencia que le entorpecia en su majestuosa marcha.

Yo, que me vanaglorio de ser cristiano, no quiero en modo alguno para el clero otra influencia que la de su talento y su virtud, ninguna otra; no quiero jamas un clero rico que influya bajo tal consideracion.

Por fortuna la España no tiene que temer ese grande inconveniente: declarados justamente bienes de la nacion los que el clero retenía en su poder, y vendidos como están aunque por desgracia no todos, la influencia del clero español es hoy limitada y corta. Como en nuestra actual sociedad significa tanto, por desgracia, la riqueza, el clero ha perdido con los bienes que poseia la influencia que le daban: en los presupuestos de la nacion figuran las sumas con que el Estado atiende á los justos y necesarios gastos del culto y sus ministros: con esto solo se prueba que el clero no es rico, y no siéndolo como no lo es, no tiene otra influencia que la que de derecho le pertenece, la que le da su augusto ministerio y la que puedan prestarle sus virtudes y sus talentos.

Con esta manifestacion quedan victoriosamente contestados cuantos suponen equivocadamente que el clero de nuestros dias en España ocupa el mismo puesto que el de hace cien años: no hay mas diferencia que la de un siglo, y la de un siglo de constante progreso.

La clase media, que ántes que en ningun otro pueblo de Europa tomó puesto y lugar, definiendo sus títulos y aspiraciones ante el clero y la nobleza, porque nosotros apénas hemos conocido el feudalismo, tiene hoy entre nosotros grande importancia y significacion. Los mas ilustres representantes de la literatura, la política, la filosofía, las artes, la iglesia y la milicia han salido de sus filas: las eminencias todas del pais reconocen por orígen á la clase media, que es rica, ilustrada, numerosa.

Nuestro ejército, aguerrido y valiente como el primero del mundo, se halla hoy en un estado de organizacion admirable. Yo, que soy enemigo de los ejércitos permanentes y que con profundo dolor reconozco hoy como una fatal necesidad, hasta que los gobiernos, cumpliendo con sus deberes, eduquen é instruyan al pueblo, no puedo ménos de admirar el estado del ejército español, que es brillantísimo.

La marina de guerra, que fué un dia la primera de Europa, y que hace veinte años se hallaba en un lamentable estado de postracion y abandono, se fomenta y engrandece extraordinariamente en nuestros dias. Las construcciones de buques de guerra ocupan hoy nuestros arsenales, y cada año se aumenta nuestra armada, que muy pronto será respetable y numerosa. La prosperidad creciente y asombrosa de nuestras colonias de Asia y América, para cuya defensa tenemos constantemente en ellas mas de treinta buques de guerra, hace necesaria la grande proteccion con que hoy miramos á la armada.

Nuestro comercio exterior, que cada dia aumenta los círculos y esferas de su accion, que se extiende y se presenta en remotos y nuevos mercados, cuenta tambien con una numerosa marina mercante que es un grande elemento de riqueza nacional.

Si al terminarse la guerra civil de los siete años nuestro numeroso y aguerrido ejército hubiera ido á Africa, donde tanto hemos poseido y á donde debemos ir, hoy tendríamos mas posesiones que las que nos pertenecen; nuestro comercio se hubiera desenvuelto en mayor escala; las ambiciones militares hubieran tenido un noble palenque donde desarrollarse y crecer, y por último, nos hubiéramos visto libres de muchas discordias civiles que han trastornado la España.

Entónces los triunfos de nuestras armas no hubieran costado á la patria tanto sacrificio, tanta desgracia. ¡Ojalá se hubiese hecho así! ¡Qué _hoy_ tan claro alumbraria nuestros horizontes!

#FRANCIA#.

Es un error muy admitido, especialmente en España, el que consiste en creer que la Francia toda es un pais de adelantos y progreso.

La Francia, cuya iniciativa en los asuntos políticos de Europa le concede mucha importancia, tiene bastante que progresar aun para ponerse á nivel de otros pueblos en cuanto á ciencias, filosofía y artes; y considerada bajo el prisma de mejoras materiales, solo en estos últimos cuatro años es cuando ha comenzado á progresar.

El sistema de centralizacion que el partido conservador entronizó en Francia de un modo exagerado, ha hecho que Paris sea la nacion, el corazon de la Francia, su brazo, su cabeza. Para ello ha sido necesario ménoscabar las libertades de los municipios y con ellas la vida de las provincias, su vida política, su accion gubernamental. Como Paris es verdaderamente una ciudad mágica y portentosa, donde se halla reunido todo lo mejor de la Francia, sus poetas, sus filósofos, sus pintores, sus literatos, sus hombres políticos; como en Paris vive el arte, como es el centro de todas partes, como es la sola ciudad que generalmente visita el viajero, de aquí el que se crea que la Francia es el primer pueblo. ¡Error! y error lamentable, porque Paris no es mas que la capital, y Paris no es la Francia para el filósofo, para el que pretende estudiar el estado del pueblo.

Cuando se visitan las ciudades de segundo y tercer órden, se ve cuan atrasada está aun la Francia: la instruccion pública, seguro barómetro de un pueblo, léjos de ser general como en Suiza y Alemania, se encuentra rezagada y en un lamentable estado, siendo general en todos los pueblos, aun los mas próximos á las ciudades, encontrar una tercera parte del pueblo que no sabe leer ni escribir, siendo las mujeres las que ménos aprenden[2]. Hasta hace dos años, época del grande desenvolvimiento de los caminos de hierro, las ciudades de segundo y tercer órden estaban sin mas comunicaciones que las de unas incómodas é insoportables diligencias: el extranjero encontraba con mucha dificultad un hotel medio regular donde hospedarse: hoy todavía se cuentan en Francia bastantes diligencias, y en cuanto á los hoteles, son en mucho inferiores los que hoy existen á los de la Suiza, Holanda y otros paises.

La filosofía del siglo XVIII, que ha dado al pueblo frances una educacion materialista, ha producido los resultados que hoy se tocan con gran desconsuelo de sus hombres pensadores. El pueblo frances apénas cree en otra cosa que en los goces; toda su ciencia se reduce á la duda y al sarcasmo. Sin fondo alguno, sin educacion literaria, sin instruccion bastante, escapa el espiritualismo á su corta concepcion; duda por sistema, y en vez de estudiar para aprender algo, se duerme en la ignorancia mas desconsoladora, en esa ignorancia estacionaria que no da un paso adelante ni atras; ese es el pueblo frances considerado bajo el aspecto de la inteligencia.

Las ciudades de Francia que yo he visitado, y de las que hablaré ligeramente, son Bayona, Burdeos, Nancy, Strasbourg, Mulhouse, Amiens, Marsella, Lyon, Lille, Poitiers, Angulema, Tours, Perpignan, Narbona, Tolosa y Orleans.

Habiéndome dirigido á Francia desde Madrid por Búrgos y las Provincias Vascongadas, segun he apuntado ya, la primera ciudad que salió á mi encuentro fué Bayona.

Desde la misma frontera el viajero comienza á ver los hilos eléctricos que ponen en comunicacion instantánea á todos los departamentos con Paris.

Este notabilísimo invento, debido al ilustre español Salvá, que en el año 1829 hizo en la Academia de Madrid los mas cumplidos ensayos, cuando ninguna nacion de Europa tenia aun la mas remota idea de él, le han utilizado los extranjeros ántes que nosotros. La Francia, en materia de comunicaciones, está hoy muy avanzada.

En el mismo instante de entrar en su territorio, la policía se encarga de hacer presentar su pasaporte á todo viajero. La diligencia española que desde Búrgos llega hasta Bayona, sufre tambien á la entrada de Francia un escrupuloso registro; todos los equipajes son reconocidos, y lo primero que á los españoles se pregunta por los encargados de la oficina aduanera, es _que si llevan tabaco_.

Tan luego como esta enojosa ocupacion se terminó, continuamos nuestro viaje hasta Bayona. Antes de llegar á esta ciudad, no obstante ser el trayecto tan corto, tuve lugar de acordarme de las casas de Beneficencia y de las formas con que se recibe á los extranjeros. Digo esto porque desde la frontera hasta Bayona encontré doce ó catorce mendigos que desde la carretera misma imploraban la compasion del viajero; esto por lo que se refiere á la organizacion del sistema de las casas de caridad pública; respecto á lo de las formas, dos veces nos pidieron los pasaportes, y dos veces fué detenida la diligencia desde la frontera hasta Bayona en cuya ciudad nos hicieron entregarlos de nuevo á las mismas puertas.

Esta vigilancia continua que ciertamente molesta, en especial á los caractéres independientes, produce muy mal efecto. Mucho aplaudiria yo á los gobiernos que despues de adoptar las medidas necesarias que la tranquilidad de cada pueblo reclama, recibieran á los extranjeros con ménos lujo de accion gubernamental, con ménos formalidades.

Antes de ocuparme de Bayona, pláceme consignar una observacion digna de ser notada. Algunos españoles traducidos que solo han llegado á la frontera de Francia, se esfuerzan en hacer creer que todo lo extranjero es bueno, é insoportable lo nacional. El descrédito que quieren hacer caer sobre el pais que los ha educado, se vuelve de rechazo sobre ellos. Yo, que me precio de ser eminentemente imparcial, diré á propósito de comunicaciones lo mismo que sobre todo, la verdad y nada mas que la verdad.

La carretera de Madrid á Zaragoza, la de Madrid á Santander por Búrgos, la de Madrid á Bayona, la de Valencia á Madrid por las Cabrillas, y por último, todas las que abundan en las Provincias Vascongadas, son casi tan buenas y tan bien construidas y cuidadas como las de Francia, Italia y Suiza, que son las principales que he encontrado en Europa. El que diga lo contrario habla con prevencion é injusticia.

Bayona tiene una soberbia campiña que hermosea extraordinariamente todo su término: la ciudad presenta muy buen aspecto; anchas y largas calles constituyen su elegante centro. Desde luego se apercibe el viajero que Bayona es ciudad de alguna importancia; la animacion que reina por todas partes habla en pro de su riqueza y movimiento comercial: vida literaria ninguna. Hoteles y algunos edificios notables embellecen el interior de la ciudad: las plazas, en general grandes y hermosas, entretienen agradablemente la atencion. Como el interes de una poblacion como Bayona se gasta pronto para el extranjero, tomé billete en la diligencia de Burdeos, que á las dos de la tarde parte del Hotel del comercio[3].

Veinte horas poco mas ó ménos emplea la diligencia en su carrera de Bayona á Burdeos. La carretera que separa estas dos ciudades es buena como casi todas las de Francia. Es de notar que por todas partes se recrea y deleita la vista contemplando la cultivada campiña que se ostenta lozana en general. La Francia, que se ha visto libre de las prolongadas y eternas luchas que han desolado nuestra España; la Francia, que por otra parte cuenta con la enorme poblacion de 36,000,000 de habitantes y se halla muy bien enclavada en Europa, ha tenido tiempo y brazos suficientes para hermosear su terreno, poblándole como lo está de casas de campo, y cultivar con esmero y asiduidad la tierra que embellece los términos, acrecienta la riqueza pública, da ocupacion á sus moradores y adelanta el progreso público.

Sin episodio ni incidente alguno notable entré en Burdeos.

Esta populosa ciudad, una de las primeras de Francia, anuncia ántes de entrar en su recinto lo importante de su significacion política y comercial. El viajero que llega á Burdeos procedente de Bayona, atraviesa una larga calle de tres cuartos de legua, cerrada con imponentes y majestuosos lienzos, que desemboca en una gran plaza.

Algunos elegantes palacios embellecen la ciudad; un considerable número de hoteles, servidos regularmente, ofrecen comodidad al viajero.

El comercio de la poblacion empujado por el grande sistema de comunicaciones que por tierra y por mar facilitan allí las relaciones, presta bastante vida á todo. Su celebrado víñedo, que tanta riqueza supone, adorna de un modo espléndido la campiña. Las tiendas de comercios de la ciudad, vestidas casi con tanto lujo como las de Paris y Lóndres, comunican á su aspecto ese aire de fiesta que tanto gusta á la moda de decoracion actual.

El teatro de Burdeos es un vasto edificio de piedra con cuatro fachadas de elegantes columnas, gallarda pompa de construccion y con riqueza de detalles arquitectónicos. Visto solamente su exterior, sobrepuja á los primeros de Europa tanto por su grandeza material como por su bizarra contestura. La sala no corresponde á la magnificencia que desde fuera anuncia: recientemente se ha decorado el interior, ántes de que yo le visitara, pero sin embargo es muy inferior á lo que prometen sus espaciosos y elegantes vestíbulos, su soberbia galería circular. Los palcos son desmesuradamente grandes y están vestidos con chocarrera decoracion: las lunetas pobres y estrechas.

Lo que falta á Burdeos es poblacion: el número de habitantes que contiene no está en relacion con la grandeza de la ciudad, así es que el silencio la rodea. Las Catacumbas y algunos cuantos edificios que embellecen la poblacion, son dignos de que el extranjero los visite.

Burdeos puede considerarse como un gran pórtico que da entrada á Paris: la idea que su conjunto imprime en el ánimo, prepara y medio dibuja las colosales proporciones de la soberbia ciudad que se llama Paris. Diferentes empresas de carruajes hacen el servicio del interior de la ciudad.

El afan con que yo deseaba llegar cuanto ántes á la capital de Francia, me hizo abandonar mas pronto á Burdeos. La grande distancia que separa á estas dos capitales la recorre el viajero en doce horas, merced al excelente camino de hierro que las une. Al dirijirme desde mi hotel al embarcadero tuve ocasion de ver un largo y bien construido puente próximo á la estacion, que mas tarde he vuelto á ver y que se distingue por su elegante y sólida construccion. Cerca de la ciudad existe un puente colgante que vale una visita.

Elegante y espacioso es el embarcadero del camino de hierro; tomé billete de primera clase en tren directo, cosa que aconsejo á todos tanto por la economía de tiempo como por la mayor seguridad que ofrece, y apénas sonaron las ocho de la mañana en el reloj de la estacion, rompió su majestuosa marcha el tren.

Aquí podria combatir bajo cierto aspecto el sistema de viajes por camino de hierro como prosáicos, en el sentido de que hacen inútil la hermosura y juventud de la naturaleza, que al rapidisimo vuelo con que uno marcha le es imposible admirar. Efectivamente; la poesía de los paisajes diferentes que presenta la naturaleza, así como el encanto de sus cuadros variados y frescos, pasan completamente desapercibidos á traves del rápido curso con que se precipitan los carruajes arrastrados por el fuego.

En cambio y compensacion casi suficiente, pueden á su vez objetar los que no se cuidan de las bellezas del campo, que vale mucho mas prescindir de la poesía que soportar las incomodidades casi insoportables en un largo viaje, de la vetusta y molesta diligencia.

Mi voto en esta cuestion pertenece sin vacilar un momento á las locomotoras. Me entusiasma y complace leer los prodigios que Dios ha escrito en ese libro majestuoso que se llama la naturaleza, pero no es ménos cierto que me asusta y desalienta ese cerrado cajon de madera que se llama diligencia y yo apellido tortura. Sí, no ofrece la menor duda: los caminos de hierro son los preferidos por todo el mundo; aparte de sus inmensas ventajas de inaudita y pasmosa celeridad, ademas de su cómoda disposicion, tienen tambien su poesía especial. Las columnas de humo blanquísimo que suben en forma de corona desde el momento en que rompe su marcha majestuosa el tren, el vuelo solemne é imponente de su carrera, que parece conducir por el aire á los carruajes, tiene tambien su poesía.