Part 14
Otra de las plazas que merecen mencionarse es la del _Rosario_, espaciosa, regular, y con mas proporciones que la del _Provisorio_. Tiene cuatro fachadas de casas regulares, y en el centro han plantado algunas docenas de árboles que la completan y hermosean. En uno de sus ángulos está el Teatro de San Pedro, consagrado á la comedia: se representan en portugues, piezas traducidas del frances y del español. Estando yo en Rio Janeiro un voraz incendio consumió por la segunda vez el coliseo.
En otra plaza grande tambien, hay un jardin público, adonde acuden músicas militares los dias festivos: hay profusion de árboles y plantas tropicales, y está regularmente dispuesto, aunque falta gusto y órden.
El jardin botánico, llamado así poco modestamente, está fuera de la ciudad y á una distancia de tres cuartos de legua. El descuido mas completo y la negligencia mas desdeñosa, convencen al que le visita del poco interes que sin duda inspira á los brasileños.
Y en verdad que es una lástima, pues aparte de las dos magníficas colecciones de soberbios plátanos que le adornan, contiene una gran riqueza de plantas escojidas y muy estimadas, que brotan espontáneamente, quizá á despecho de los que cuidan el jardin. Tiene ademas una decoracion natural admirable; le circuyen como un precioso marco lienzos de pintorescas montañas, de muchos y graciosos contornos, de variedad de formas y colores.
Los paseos de Rio Janeiro, completamente innecesarios, pues los habitantes del pais no acostumbran pasear, son regulares, distinguiéndose entre todos el de _Botafogo_, situado á la orilla del mar, con árboles, fuentes, y paseo de carruajes. Es bastante bueno y muy poco concurrido. El emperador pasea todos los domingos en carruaje cruzando siempre el de Botafogo en toda su extension.
Los paseos del Acueducto, y del _Corcovado_, son muy pintorescos, en especial el último, que termina en la cresta de una alta montaña inclinada, de donde toma el nombre. Puede subirse á caballo hasta la misma cima, desde la que se alcanza un asombroso golpe de vista: el mar inmenso, las pintorescas montañas y la ciudad, se ofrecen en majestuoso conjunto al observador. Otro promontorio que embellece la Bahia es el llamado _Pan de azúcar_, designado así por su forma.
Una de las mejoras de que disfruta Rio Janeiro hace ya bastantes años, es la del alumbrado de gas, con el cual están profusamente iluminadas sus principales calles y plazas. Tambien los carruajes de plaza son muy buenos y existen en grande número; los alquilan á precios fabulosamente caros. Cuéntanse diferentes líneas de ómnibus que hacen el servicio entre la ciudad y los arrabales: yo me detengo á hacer mencion de esto, porque es un adelanto en una ciudad tan alejada del movimiento europeo.
Los hoteles son regulares en general, contándose dos buenos. Los tres mejores que hay dentro de la ciudad son el de Pfaroux, el de las cuatro Naciones, y el de Europa. Fuera de la ciudad, y en el camino de _Botafogo_, hay dos ingleses y uno frances: el mejor de todos, tanto de los de la ciudad, como de los de fuera, es el _Hôtel des Étrangers_ en la plaza de Catette.
Es una gran casa, de moderna y elegante construccion, sólida, con anchas y magníficas habitaciones: un gran jardin al pié del mar, vistas admirables, comodidades muchas. El hotel todo está alumbrado por el gas: tiene baños, billares, y grande capacidad: en el Hotel de los Extranjeros, viven la mayor parte de los individuos del Cuerpo Diplomático extranjero.
Hay otros diferentes hoteles en el interior de la ciudad, poco apetecibles ciertamente, pero buenos para las gentes del pais. Hay tambien en Rio Janeiro dos ó tres cafés donde sirven helados todo el año; la nieve la reciben de los Estados Unidos: y ahora hablarémos un poco de los elementos del pais.
La riqueza del Brasil la constituyen el azúcar y el café: el café sobre todo es su principal ramo de riqueza.
Buques de todos los paises cargan constantemente en sus puertos el citado artículo: el año de 1855, la provincia de Rio Janeiro sola exportó diez millones de arrobas de café: esta fabulosa cantidad la recoje con una regular cosecha sola la provincia de Rio: los diez millones de arrobas de café importaron treinta millones de duros, pues cada arroba se vende á 50 reales.
El mercado principal que tiene el Brasil para dar salida á su café, es el de los Estados-Unidos de América, donde se vende mas de la mitad de lo que se recolecta.
Los ferrocarriles que están en construccion acrecerán inmensamente tan luego como estén terminados la riqueza pública del Brasil, pues entónces será fácil y barato el trasporte del café desde las provincias del interior á los puertos del Brasil, trasporte que hoy se hace por medio de caballerías, con grandes dispendios y con el empleo necesario de mucho tiempo, porque ademas de ser grandes las distancias, faltan caminos.
El azúcar es otro ramo de riqueza, pero no promete grande porvenir, pues su condicion, inferior en mucho á la de la isla de Cuba y otros puntos de América, la mantiene en un estado de depreciacion continua.
Lo que constituye y forma la riqueza de un pueblo, lo que dota á un pais de porvenir, ademas de los elementos naturales, es su poblacion, y esto es lo que principalmente falta al imperio de Don Pedro II.
Sus viciosas leyes de colonizacion, su clima, los pocos atractivos que ofrece al europeo, la falta de garantías con que asegurar el cumplimiento de las promesas que se hacen por medio de sus agentes á los europeos que desean emigrar, son causas poderosas que retraen al europeo que desea emigrar al Brasil, cuyo pais, con un territorio inmenso, mayor que el de la Europa entera, cuenta hoy dia siete millones no completos de habitantes, de los cuales dos son de negros.
Terminadas sus vias férreas, y aumentada su poblacion, el Brasil tendrá un riquísimo porvenir.
Hay en el Brasil el partido constitucional partidario del Imperio, y el bando republicano.
Como es un pueblo nuevo, que acaba de entrar en la vida pública de las naciones, tiene alguna sinceridad política que sirve para que se practiquen en parte las formas representativas de su vida constitucional, único modo de que el Imperio subsista. La política que sigue en el exterior no tiene nada de constitucional; pretende imitar al mal llamado gobierno libre de los Estados-Unidos, y siguiendo sus huellas, hace, en la América del sur, lo que la república de Washington en el Norte; predomina en los estados vecinos, influye en su política y tiende al engrandecimiento continuo, aunque para ello sea preciso quebrantar leyes y atacar la independencia de los pueblos.
Esta es la política del Brasil con los gobiernos de Montevideo, Buenos-Aires y el Paraguay: aduladores torpes han hecho creer á los gobiernos de Don Pedro II que el Brasil podia y debia seguir la conducta de los Estados-Unidos; que debia hacer en el Sur lo que ellos práctican en el Norte, y que siendo los dos pueblos mas fuertes de la América nada mas natural que marchar por el mismo camino.
¡Error! ¡error grosero! la raza anglo-sajona que puebla el Norte de América, no tiene analogía ni remota con la indefinible y degenerada latino-portuguesa que habita el Brasil.
Los dos pueblos son diferentes en todo: en energía, en orígen, en religion, en leyes, en costumbres: la actividad de los norte-americanos solo puede compararse, en lo grande, con la característica pereza de los brasileños: se diferencian en todo, absolutamente en todo: hasta los climas son opuestos.
El Brasil no ensanchará nunca sus fronteras, nunca; si hasta hoy han podido sus diplomáticos ejercer alguna influencia en las repúblicas de la Plata, débelo exclusivamente al lamentable estado de constante perturbacion de sus gobiernos, á la anarquía completa que allí ha reinado hasta hoy.
Si la Confederacion argentina se organiza bajo bases sólidas de órden y progreso: si el Paraguay conserva su tranquilidad, el Brasil no ejercerá influencia alguna: sus consejos servirán solo para los brasileños: se encontrará rechazado, no lo dude un momento; si hoy es oido en Montevideo, mañana será desdeñado; ese mañana es el siguiente al en que se organicen gobiernos libres y estables.
La vida en Rio Janeiro, mas cara que en ninguna capital de Europa, es muy poco agradable. El espíritu de sociabilidad, léjos de irse desarrollando, no parece sino que se recoje: faltan las reuniones, los bailes, los clubs, las recepciones, todos los medios, en fin, que se conocen en Europa para verse, conocerse, hablar, discutir.
El extranjero que llega al Brasil tiene la seguridad de no ser presentado ni recibido en parte alguna: cada uno vive en su casa: esta circunstancia, unida á la de su clima, hace que todos los diplomáticos deseen abandonar el Brasil al poco tiempo de haber llegado.
Faltan las bibliotecas, los museos, los monumentos, las Academias, todos los templos del arte y del pensamiento humano: la vida espiritual, la vida literaria no existe.
En cambio, tiene la América el mismo apego que la Europa al dinero, tiene la molicie de sus vicios, con mayor intensidad; y al lado de su suelo espléndido, de su enérgica y lozana vegetacion, distínguese por su debilidad moral, su esterilidad inteligente; sí, porque sobrepujando como sobrepuja á la Europa en corrupcion y decadencia moral, está doscientos años mas atras que la Europa en el noble camino del saber: esa es la América, la vírgen, lozana y esplendente América.
Cuando haya recibido la educacion literaria de la Europa, cuando se halle cruzada de líneas férreas, cuando llegue el venturoso dia de la abolicion de ese gran crímen social que se llama esclavitud; entónces, que no ahora, será la América un gran pais.
Hoy está trabajado por la sed del oro; carece de comunicaciones, y está en la infancia del saber, porque como nueva que es en la vida pública de las naciones, necesita estudiar y crearse una historia y una literatura.
Una de las visitas que el viajero no debe dispensarse en Rio Janeiro, es la del establecimiento de locos que está situado frente por frente del paseo de Bota-fogo y á orillas del mar.
Un majestuoso edificio de nueva planta, que podemos muy bien llamar palacio, de formas elegantes, de sencilla, pero gallarda apariencia, de solidez y extension, se levanta al lado del mar en el lindo sitio de Bota-fogo, y sirve para hospital de dementes.
La primera observacion que me ocurrió, fué la de notar que careciendo el emperador del Brasil de un palacio, pues los dos que tiene con ese nombre no son mas que casas, es un gran pensamiento el de alojar á los locos en una soberbia morada.
Ignoro si los brasileños han advertido el contraste, en cuanto á mí, yo lo aprobé con toda mi alma, felicitándome de ver mejor alojados á los locos que al emperador; ¡ojalá sucediese lo mismo en todos los paises del mundo! los enfermos, los desgraciados, los dementes, necesitan indudablemente mas que los monarcas, las comodidades, el aseo, el aire sano, las grandes habitaciones: y en fin, yo entiendo que la desgracia es mas digna de un palacio, que todas las grandezas humanas.
El establecimiento de locos de Rio Janeiro está á la altura de una casa de la misma índole de Europa: grande, espacioso, bien situado, con excelente policía interior: cosa rarísima en el Brasil: con buen sistema higiénico, con hábiles profesores, con muy buena asistencia.
Los hospitales están tan bien regularmente comprendidos en el Brasil: en la capital existe uno bastante bueno, y se halla situado en un edificio de mas categoría é importancia que el palacio del emperador: es el único edificio un poco monumental que hay en todo el Brasil; se llama Hospicio de Pedro II.
La instruccion pública comienza ahora á insinuarse; siendo como son esclavos los infelices que constituyen la mayor parte de la poblacion del imperio, están condenados á vivir como autómatas.
Los gobiernos tienen buen cuidado de no sacar al negro de su embrutecimiento, porque temen que con la instruccion aprendan que son libres y hermanos de sus opresores.
Faltan libros, bibliotecas, museos, vida intelectual en una palabra.
La mas elegante morada del emperador está situada en Petrópolis, especie de sitio real, á siete leguas de Rio Janeiro[35].
El camino se hace de un modo pintoresco y variado, en vapor por mar, en vapor por tierra, y en carruaje. Saliendo de Rio Janeiro el viajero se embarca en uno de los vapores que hacen la travesía, consistente en cruzar la bahía que dura cinco cuartos de hora: al desembarcar se toma el camino de hierro de Maná, que conduce hasta el pié de la sierra sobre la que se levanta Petrópolis.
La línea férrea, mal construida, con detestables carruajes y pésimo movimiento, tiene la sola ventaja de ser muy corta, pues en media hora se recorre toda su extension: terminado el segundo viaje, se gravita la montaña en carruajes tirados por cuatro caballos; el tiempo que se emplea es el de una hora, con lo que termina la expedicion.
En Petrópolis no hay nada que ver, absolutamente nada: es sitio de recreo por el viento fresco y puro que allí se respira: su grande altura es causa de que la temperatura sea fresca, eso es todo.
Desde la cima de la sierra se alcanza el mar, las montañas y una deliciosa campiña. En Petrópolis, cuya poblacion apénas llega á 200 habitantes, tiene un lindo palacio el emperador y allí pasa generalmente los meses de diciembre, enero y febrero, que son los de mas calor. Para los viajeros hay dos hoteles regulares, el de Oriente y el Ingles: hay algunos paseos y caballos de alquiler.
Los principales puertos del imperio son Bahia, Pernambuco, Santa Catalina, Parahiba, Paranaguá, Pará.
Pernambuco, ciudad desaseada en grado extremo, con calles miserables y casas humildísimas y sin limpieza alguna, no vale la incomodidad de ser vista, y digo incomodidad, porque lo es y no pequeña el desembarque en su puerto. Las olas están constantemente furiosas, y aparte el riesgo que se corre es largo y difícil el trayecto, porque las embarcaciones anclan á bastante distancia de la ciudad.
El viajero que no sea comerciante, dará una prueba de muy buen gusto no visitando la citada ciudad de Pernambuco, donde fuera de su comercio de algodon y café, no encontrará mas que una absoluta falta de limpieza.
Reinan casi siempre en Pernambuco enfermedades malignas.
Bahia, antigua capital del Brasil, no tiene de notable mas que su cómoda bahía; la ciudad está edificada sobre la falda de una montaña y se presenta al viajero como en forma de anfiteatro.
Las calles todas están sin empedrar, sucias y en muy mal estado: hay un jardin modestisimo que llaman paseo público, algunos edificios regulares, un teatro, tres ó cuatro hoteles, dos paseos, y esmerado deseo de demostrar al extranjero que la limpieza no es el fuerte de los brasileños; pues lo mismo en Bahia que Pernambuco y Rio Janeiro se distinguen por esa especialidad.
En Bahia existe una universidad, á la que concurren muy pocos alumnos; cuenta con profesores brasileños: y basta con esto, porque propiamente hablando, en el Brasil no hay mas ciudad que Rio Janeiro: las demas del imperio son aldeas de mayor ó menor vecindario, segun la importancia de su comercio.
El ejército del Brasil, compuesto en su mayor parte de negros y mulatos, está uniformado con toda la chocarrería posible, formando un divertido golpe de vista la formacion de sus batallones, donde juegan sin armonía todos los colores del arco íris.
La marina empieza ahora á formarse, y el gobierno, comprendiendo que para la prosperidad del Brasil es absolutamente necesaria una regular armada, la fomenta y protege en cuanto puede.
Como pais gobernado constitucionalmente, tiene el Brasil guardia nacional, que está mejor uniformada que el ejército.
Uno de los adelantos positivos del Brasil es la popular institucion del jurado en materia civil criminal con que cuentan: como pais gobernado con formas representativas, tiene su parlamento, compuesto de dos cámaras que periódicamente se reunen para dirijir con los ministros los asuntos del imperio.
La prensa periódica goza de una libertad ilimitada, de la cual no hacen muy buen uso ciertos periódicos que tuve ocasion de leer, usando voces impropias que solo se hallan en el diccionario de las tabernas. Hay cuatro periódicos políticos en Rio de alguna importancia: el mas antiguo de todos es el _Diario de Comercio_.
Las principales casas de comercio del Brasil pertenecen á extranjeros; como tambien los establecimientos mas lujosos y cuanto tiene fisonomía europea: la actividad de los brasileños es limitada y corta, lo cual se comprende en razon á su clima y á las costumbres que han heredado de los portugueses.
Las mujeres no son extremadamente agraciadas en general.
El clima no es tan ardiente como generalmente se cree en Europa: solo tres meses del año el calor se deja sentir con alguna fuerza, aunque siempre muy soportable: los nueve meses restantes, la temperatura es muy soportable, siendo buena sobre todo en los meses de mayo, junio, julio y agosto, que son verdaderamente primaverales y magníficos.
Llueve con mucha frecuencia en los meses de mayor calor, con lo cual se tempera bastante la atmósfera, y el viento _Pampero_, que con mucha frecuencia sopla, refresca y purifica el aire.
Hace treinta y tres años que el Brasil se emancipó.
En el Brasil existen todavía los frailes, lo cual es una verdadera calamidad, pues tienen en su poder una inmensa riqueza, que desamortizada haria prosperar el pais. El gobierno deberia decretar su venta inmediata; con ello ganaria mucho el Brasil, así como con la supresion de los monjes, cuya institucion ha pasado.
#BUENOS-AIRES Y MONTEVIDEO.#
De Rio Janeiro á Buenos-Aires y Montevideo se emplean cinco dias en vapor.
La vida es enteramente distinta que en el Brasil: el clima, las costumbres, la lengua, todo es diferente.
La sociedad es fácil y agradable: en Buenos-Aires, cuyo clima es delicioso, se cuentan algunos buenos edificios, cafés, hoteles, tiendas elegantes, muchos casinos, donde se reune una buena sociedad, excelentes paseos, dos teatros, hermosas mujeres.
La agitacion política en que por desgracia viven casi siempre es verdaderamente lamentable: el dia en que se organicen de un modo definitivo y estable, dotando al pais de la tranquilidad que necesita.
Buenos-Aires será una de las primeras capitales de la América del Sur.
Su comercio empieza hoy á desarrollarse en grande escala: con los elementos de riqueza que posee puede llegar á ser mucho.
Montevideo tambien es una ciudad alegre y animada: su fisonomía, semejante en un todo á la de Buenos-Aires, aunque en menor escala, dispierta tambien en el ánimo las mismas dolorosas reflexiones.
Las convulsiones políticas que de luengos años la agitan, casi sin tregua, se han opuesto á su desarrollo y prosperidad: con sus sitios y bloqueos, han caido por tierra algunos de sus edificios....
La poblacion se ha disminuido en vez de aumentar ... y dejando estas reflexiones, tristes para todos, y mas aun para un español, terminamos nuestro capítulo sobre América, haciendo votos sinceros por la prosperidad de la raza española que puebla sus regiones, raza noble, raza digna, que no puede perecer jamas, por mas que con sus desgracias haya hecho creer á la anglo-sajona del Norte que un dia la absorberá; no, no, ese dia es imposible, ese dia no llegará.
#IMPRESIONES GENERALES#
El viaje, que nosotros llamamos libro abierto de instruccion, donde tanto puede aprenderse: el viaje, que ensancha los horizontes de la inteligencia, recreando el ánimo, y ofreciéndole siempre nuevos y variados teatros de observacion: el viaje, que completa la mejor educacion, que proporciona el inmenso júbilo de contemplar las bellezas de la naturaleza, de pararse aturdido y absorto delante de los prodigios que guarda en su seno: el viaje, que dotando de nuevos conocimientos al que estudia, permite análisis comparativos de las civilizaciones de los pueblos entre sí; el viaje, que facilita el estudio de las costumbres, que dispierta el amor al estudio de las lenguas; el viaje, en resúmen, es para nosotros la mas perfecta de las educaciones, el mejor de los placeres, nuestra mas decidida inclinacion.
La idea sola de un paseo por Francia, Suiza, Italia, ó cualquiera otro pais de Europa, nos produce una satisfaccion grande.
Entrevemos, desde ántes de comenzar el viaje, una serie de emociones nuevas á cual mas agradables.
Los trajes, la lengua, los usos y costumbres, la naturaleza, múltiple y una, se nos presentan con interes, con novedad, con encanto: nunca nos acordamos de las incomodidades que por precision deben soportarse viajando.
Hoy, con las líneas férreas que cruzan la Europa, con los excelentes hoteles que en general se encuentran, no hay penalidades que sufrir.
Aparte de nuestra pasion por los viajes, del íntimo convencimiento que tenemos de la instruccion que reportan, contamos con otra ventaja de mucha utilidad, que es la de amoldarnos instintivamente y sin estudio alguno, á los usos, costumbres, lengua y clima del pais donde nos encontramos.
Sin dejar de ser nunca españoles, nos hallamos como en nuestra patria, allí donde viajamos, acomodándonos fácilmente á cuantas variaciones ofrecen entre sí los pueblos, en su manera de vivir en sociedad, de hablar, de sentir.
Cuando por regla general el que viaja, permanece como extranjero en todas partes, nosotros tenemos la ventaja de asimilarnos y convenirnos con los nuevos paises que visitamos, y esto se realiza, sin estudio, espontáneamente.
De aquí el que tan bien nos encontremos en todas partes.
Y á la verdad, cada vez que atravesamos una frontera, oyendo hablar una nueva lengua, observando otra expresion en las fisonomías, deteniéndonos en las diferencias de trajes, un estudio agradable y provechoso comienza para nosotros, que con placer pretendemos conocer las dotes fisonómicas y particulares á cada una de esas grandes familias que se llaman naciones.
Para muchos, la llegada á una ciudad de un pais extraño, que se visita por primera vez, es una impresion desagradable: porque en vano se cruzan calles y plazas pobladas de gentes que cruzan en todas direcciones: como que el viajero á ninguno conoce, como nadie le espera, como todas las fisonomías son nuevas, parece que entónces el título de extranjero entristece y desconsuela, haciendo sobre el ánimo una impresion dolorosa el estado de completo aislamiento en que se encuentra.
Esto es lo que sucede á muchos, y en verdad que se comprende y explica; y no es ménos cierto que esta circunstancia desalienta á algunos, que afectados por el silencio de amistad que se hace en su alrededor, sufren los primeros dias á la llegada á nuevas poblaciones.
Muy diferente es la impresion que nosotros recibimos al entrar en una ciudad desconocida.
Sin que pretendamos, ni por asomo, hacer una protesta ridicula de excentricismo, nosotros, para ser verídicos, hemos de consignar que al contrario de lo que á muchos sucede, tenemos una singular complacencia en experimentar lo que hemos apuntado ántes.
Las fisonomías nuevas, la seguridad de que nadie nos espera, el nuevo modo de hablar con que satisfacen nuestras preguntas, todas las diferencias de detalle que siempre se observan en un pueblo que uno visita por vez primera, nos sirven de ocasion para estudios aménos, nos prestan asunto para observaciones, nos distraen y entretienen agradablemente.