Viajes por España

Chapter 7

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LA PLAZA DE LAS VERDURAS.--LA FRONTERA DE PORTUGAL.--EL REY DE LOS TÍOS.--UN TRAJE DE CHARRA.--LA CALLE DE LA RÚA.--LA UNIVERSIDAD.

Del almuerzo que nos aguardaba en la fonda debo decir, no como dato oficioso y trivial, sino para instrucción de los viajeros que vayan á Salamanca, que nada tenéis allí que temer, y sí muchos goces que prometeros, por muy gastrónomos y delicados que seáis.--El _Hôtel del Comercio_ se encargará de no desmentirme.--¡Qué tortilla! ¡qué truchas! ¡qué jamón! y ¡qué peras..... _de cristal_! (Este era su nombre.)--Lo único medianejo fué el vino.....; pero á bien que nosotros teníamos todavía en nuestra despensa ambulante, no _de lo nuevo_ (que dice el marido de Inés en los versos de Baltasar de Alcázar), sino _de lo bueno_.

Para colmo de satisfacción, almorzamos en muy grata compañía; pues habéis de saber que, cuando llegamos á la fonda, nos encontramos con que nos aguardaban en nuestro cuarto aquellos antiguos amigos que, según indiqué en el capítulo primero, tenía yo en Salamanca. Era uno de ellos el distinguido escritor que suele dirigir preciosas cartas á _La Época_ bajo el pseudónimo de _la Baronesa del Zurguén_, y cuyo verdadero nombre (tiempo es de que lo sepa el público, aunque el interesado se enoje de mi locuacidad) es D. Ramón Losada. Otro era el erudito cronista de la provincia y aventajado poeta D. Manuel Villar y Macías. Era el tercero..... (no en persona, por hallarse algo malo, mas representábalo un su sobrino) el Dignidad de Chantre de aquella catedral D. Camilo Álvarez de Castro, de quien hablaremos luego. Diré aquí solamente que su sobrino y representante, el presbítero D. Elías Ordóñez, no tardó en hacernos conocer cuánto valía por sí propio, ó sea por su mucha instrucción y buena crítica. Y estaba, en fin, allí el menor de los dos discretísimos hijos y herederos del talento de Losada..... En cuanto al primogénito, también _antiguo_ amigo mío (pues lo conocí cuando todavía no le apuntaba el bozo), hallábase en el campo con su señora madre.

Pero ¿cómo habían sabido aquellos señores (á quienes pensábamos ir á ver después de almorzar) que estábamos en Salamanca?--El caso había sido muy sencillo: un madrileño que nos conocía de vista, pero que no nos trataba, nos vió llegar á la Estación; el madrileño se lo dijo á un compañero suyo de oficina, que era amigo mío; el amigo mío, que sabía mi intimidad con Losada, fué á casa de éste en nuestra busca; Losada envió en seguida recado al Chantre y á Villar y Macías, y organizóse en el acto una batida general por todas las fondas y casas de pupilos, comenzando por el _Hôtel del Comercio_.

--¿De modo (exclamamos nosotros), que ni Frontaura ni su policía saben nuestra llegada á Salamanca?

--Creemos que no; pero, aunque el Gobernador la supiera, no podría acudir á ustedes hasta las dos de la tarde. Hoy es el cumpleaños de la reina D.ª Isabel II, y, con tal motivo, hay besamanos en el Gobierno civil; ó, mejor dicho, el Gobernador recibe corte.--Si quieren ustedes, nosotros, cuando vayamos á la recepción, le diremos que están aquí.

--¡De manera alguna! Nosotros debemos procurar que Frontaura ignore nuestra llegada á su _ínsula_, á fin de sorprenderlo y de poner en solfa á sus esbirros é inquisidores.

--Pues entonces optamos por no asistir al besamanos oficial, y luego iremos con ustedes á ver á Frontaura.

--¡Admirable idea! De este modo podrán ustedes hacernos el obsequio de acompañarnos ahora mismo á visitar la _Universidad_.....

--Con muchísimo gusto.....

--Pues andando.

* * *

Ya que este capítulo ha comenzado en estilo familiar, y que son muchas las intimidades en él referidas, aprovecho la ocasión de deciros, para que nos entendamos mejor, que mis tres compañeros de viaje eran: un ex ministro de Hacienda, muy aficionado á las Bellas Artes y competentísimo en ellas y en otras muchas cosas; un ex diplomático y ex consejero de Estado, dado á la arqueología, á la numismática y á la indumentaria, el cual conoce por su nombre á todos los baratilleros del Rastro de Madrid, y uno de nuestros más afamados pintores, que ganó en la Exposición Nacional de hace algunos años el primer premio de Pintura de Historia.

Pues bien: este pintor y yo declaramos, al salir del _Hôtel_, que nosotros, por razón de oficio, teníamos obligación de estudiar, no sólo obras de arte, sino costumbres, tipos, paisajes y otras escenas pictóricas ó novelescas, y que, por consiguiente, sin perjuicio de ir á la _Universidad_ y á todos los edificios monumentales de Salamanca, deseábamos contemplar también los sitios, las perspectivas y los cuadros _naturales_ más característicos de la ciudad, añadiendo (para que el ex ministro y el ex consejero comprendiesen bien nuestra pretensión) que en el _Corrillo de la Hierba_ nos habíamos quedado con hambre de aprendernos de memoria á _aquellos tíos_, ó sea á aquellos vendedores y compradores, y sus vestimentas, adornos y mercancías.

Nuestros compañeros de viaje hallaron muy justa esta demanda, y, en su virtud, los bondadosos salmantinos que á todos nos servían de _cicerone_ nos prometieron hacernos dar cuantos rodeos creyesen interesantes, aunque tardásemos mucho tiempo en llegar á la _Universidad_.

Principiaron, pues, por llevarnos á la _Plaza de las Verduras_, contigua á la Mayor, no sin que antes, al pasar nuevamente por ésta (y prescindiendo ya de aficiones y leyes arquitectónicas), nos detuviésemos á mirarla con ojos de amantes de la Pintura y de la Poesía; y á fe que nos maravilló sobremanera y arrancó celebraciones generales el pintoresco efecto que hacía la proyección de los verdes árboles sobre la dorada piedra de arcos y fachadas, así como el recorte de estos mismos dibujos monumentales sobre el cielo azul y purísimo de aquella hermosa mañana de otoño.....

Pasamos entonces á la _Plaza de las Verduras_.

La _Plaza de las Verduras_, extensísima, muy desnivelada, de trazado irregular, con grandes y viejos edificios históricos, y con otros vulgares y feísimos, viejos también, nos pareció una amplificación del _Corrillo de la Hierba_.--Su lado más largo y más alto estaba todo lleno de puestos de frutas, legumbres y otros comestibles. Veíanse allí, en lechugas, pimientos, escarolas, cardos, acelgas y coliflores, todos los verdes de la paleta de nuestra madre Natura, mientras que las peras, los melocotones, los nísperos, los tomates, las manzanas, las uvas, los higos, las naranjas, las granadas, los limones y otros frutos, ostentaban variados colores y despedían ricos aromas.

Nada hay más hermoso ni agradable en el comercio (á lo menos para mí), que estos bazares, vulgo mercados, en que se venden la inocencia y hermosura naturales y la eterna verdad campesina..... Allí no había falsificación, violencia ni engaño alguno: aquellas manzanas eran manzanas; aquellas uvas eran uvas; aquellos higos eran higos, y todo aquello había brotado amorosamente del seno de la tierra para alimentar al hombre.--En comparación de los puestos de frutas y legumbres, ¿qué son las carnicerías, las pescaderías, las tiendas de caza y los rimeros de latas llenas de conservas?--¡Cementerios, campos de batalla, losas de hospital; algo que representa la muerte en lugar de la vida!--¡Ah! ¿Por qué no se contenta el hombre con ser herbívoro?

Y ¡qué _color_ (pictóricamente hablando), ó qué variedad de colores fuertes (para decirlo con más claridad), en los trajes de vendedoras y vendedores, de compradores y compradoras!--¡Cuánta ropa, á principios de Octubre! ¡Cuánta lana! ¡Qué refajos, qué mantas, qué capas, qué capotes, qué anguarinas!

Por el abrigo y color general, así como por el dibujo ó hechura, la indumentaria de aquellas gentes recuerda á León y á Galicia. Y es que la provincia de Salamanca forma ya parte de aquel triángulo Noroeste de nuestra España por donde no se va á ninguna parte.--Por Andalucía, que es otro rincón, ó, mejor dicho, otro _cujón_ de Europa (subrayo esta palabra, porque todavía no está en el Diccionario), se va á África, se va á América, se ha ido á Filipinas..... Así es que allí no se detiene nada; allí no hay remanso; allí corre el tiempo; allí cambian las modas.--Pero en el _cujón_ Noroeste de la Península no circula el aire de las mudanzas: en él se estaciona todo, lo mismo las modas que los sentimientos; cosa que, por idéntico motivo, acontece también en otro país de análoga situación: en la Bretaña de Francia.

Y no se me diga que por Salamanca se va á Portugal..... ¡La frontera lusitana es peor que la del agua! ¡Es una frontera de hielo!--El Miño resulta más ancho, más hondo y más amargo que el Océano.

Volviendo á las salmantinas rurales, diré que, más que sus refajos amarillos y sus pañuelos en la cabeza (_toilette_ frecuente en España), llamó nuestra atención una manta larga y angosta de mucho abrigo y vivísimos colores, que llevaban sobre los hombros y luego cruzada sobre el pecho. Esta especie de _schal_ oriental se llama la _sayaguesa_, porque proviene del pueblo de Sayago, en la limítrofe provincia de Zamora.

Las salmantinas tienen renombre de guapas y valientes.--Lo primero puedo asegurarlo: en la _Plaza de las Verduras_ había más de una refajona que nada habría perdido en aligerarse de tres ó cuatro arrobas de lana. Por lo que toca á su valentía, ya Plutarco la calificó de heroica, al citar el denuedo con que libertaron á sus padres, hermanos y maridos, presos en poder de Aníbal, y yo debo añadir que hechos posteriores, y aun de este siglo, demuestran que las matronas del Tormes no han degenerado de su antigua pujanza.--Pero no se deduzca de este párrafo que á mí me gustan las mujeres valientes: yo creo (ó _creía_, cuando pensaba en estas cosas) que uno de los mayores encantos de las hembras es la pusilanimidad.

Y basta ya de verduleras.

* * *

Desde el Mercado nos dirigimos, dando un rodeo, hacia la _Calle de la Rúa_, cuyo anticuado aspecto habíamos oído celebrar mucho; pero, antes, al pasar por cierta solitaria plazuela, tuvimos que hacer otra parada para contemplar á dos notabilísimos personajes que, rodeados de gran número de bestias y de montones de costales llenos y vacíos, contaban dinero á la puerta de una vetusta casa, como si en ella acabasen de comprar ó de vender trigo, cebada, maíz ó cosa tal.

Eran dos _charros_, quieto decir, eran dos soberbios ejemplares de la más peregrina singularidad social é indumentaria de esta tierra. Eran dos hombres colosales, hermosos, con aire de muy ricos, vestidos suntuosísimamente, con chaqueta y calzón corto de terciopelo negro y chaleco de raso azul, todo ello muy adornado de gruesos y pomposos botones de plata, y con unas camisas tan bordadas, rizadas y llenas de primores, que cada pechera representaba el trabajo de seis años de una comunidad de monjas.--Cualquiera de aquellos dos arrogantes y espléndidos rústicos habría sido llamado con razón _El Rey de los Tíos_..... Y, en efecto, por su corpulencia, por su lujo y por su inocente y cómica ufanía, había en ellos mucho del pavo _real_.

La _Baronesa del Zurguén_ nos dijo que eran dos _charros_ de primera, y que debían de proceder del campo de Ciudad-Rodrigo, tierra clásica de tales prójimos nuestros.--En Salamanca los hay también. Casi todos los labradores de la Puerta de Zamora visten de charro, con más ó menos ostentación, y en el Ayuntamiento de la aristocrática ciudad del Tormes hay _siempre_ un concejal de tal clase, con su traje y todo.--Los ya dichos _clásicos_ del campo de Ciudad-Rodrigo se hablan de _vos_ muy formalmente.

El mismo Losada nos invitó entonces á llegarnos á su casa, que no estaba lejos, y nos enseñó un traje completo de _charra_, cuidadosamente guardado en antiquísimo cofre, y causáronnos asombro el lujo y el gusto, verdaderamente regios, de aquellas vestiduras. Paños, terciopelos y rasos, recamados y bordados de oro con tanta gracia como profusión; encajes, tules, preciosas cintas, ricas joyas y otros accesorios de gran mérito y coste componían aquel raro uniforme femenino, que me recordó los trajes que las judías ricas sacaban á relucir los sábados en Tetuán.

Y, á propósito, ¿qué son los _charros_?--¿No se diferencian del resto de los españoles más que en la ropa? ¿Constituyen raza aparte? ¿Tienen alguna organización social íntima y secreta?--Yo no lo sé, ni me he acordado de preguntarlo en Madrid á personas más leídas ó instruídas que yo. Pero es cosa que debe de constar en muchos libros.....--Ya lo averiguaré con el tiempo; y, si no, me moriré con esta dulce ignorancia, que tanto campo deja á las suposiciones de mi fantasía.

* * *

En el ínterin, y no sin grande emoción, seguíamos marchando hacia la veneranda _Universidad_, que, como todos sabéis, es una de las mayores glorias de España.

Pero, antes de darle vista, aun nos detuvimos un poco en la _Calle de la Rúa_, digna por todo extremo de su renombre.--Yo no recuerdo haber pasado en pueblo alguno por calle que tenga tanto carácter de autenticidad secular; donde tan íntegros é intactos se vean los antiguos usos y costumbres; donde tan viva y patente se toque la España de la Edad Media, no ya representada por mudos monumentos ni aislados edificios, sino por las tiendas y por los talleres que siguen abiertos al público; por las mercancías que en ellos se venden ó se elaboran; por la disposición de sus escaparates, mostradores y armarios; por las industrias allí fehacientes; por todas las casas, sin excepción alguna, desde las de aspecto señorial hasta las más humildes y vulgares; por sus vidrieras, visillos, cortinas, esteras y zarzos; por los muebles en activo servicio que se columbran en algunas salas bajas; por el color, el empedrado y hasta los transeuntes de la misma calle; por todo, en fin, lo que es su estado presente, su movimiento actual, su existencia social de hoy.....

Abundaban en aquella calle las tiendas de filigranas de plata y oro, trabajadas éstas del propio modo que en tiempos de la Reina Católica, y había también bastantes librerías.....--¡Librerías en Salamanca! ¡Era de esperar! Estábamos en la patria del saber.....--Pero ¡ay! ya dista mucho el comercio de libros de Salamanca de lo que fué antiguamente..... Yo he leído que, cuando el famoso D. Antonio Agustín era estudiante (él mismo lo refiere), había en la ciudad 52 imprentas y 84 librerías.

En todo lo demás, nosotros cogíamos intacta y con el polvo de los siglos la decrépita _Calle de la Rúa_. Y no sólo aquella calle, sino el resto de Salamanca; pues es de advertir que éramos sus primeros visitadores después de la inauguración del ferrocarril, á que asistieron S. M. el Rey y su comitiva..... Aun no se había profanado nada por insustanciales curiosos; aun no se había alineado, revocado ni _hermoseado_ cosa alguna, defiriendo á las críticas de los doctores madrileños de ornato público á la moderna; aun Salamanca era Salamanca.....--¡Quiera Dios que continúe así todavía!

Pero basta ya de humoradas y de bromas.--Descubrámonos y saludemos..... Hemos llegado á la _Universidad_.

* * *

Más que un edificio, la _Universidad_ de Salamanca es un barrio de la ciudad.

Altas y simétricas construcciones, de varia y magnífica arquitectura, forman tres lados de una extensa plaza cuadrilonga. Todos aquellos nobles alcázares dependen de la _Universidad_ propiamente dicha, cuyo gran palacio, separado de los demás por el angosto paso de una calle, ocupa el cuarto lado y preside majestuosamente aquel Foro de las ciencias.

Pálido y débil, comparado con la realidad, será siempre cuanto se diga en elogio de la bellísima fachada del Capitolio de la sabiduría.--Hállase labrada en el más primoroso y delicado estilo del Renacimiento, y parece una enorme filigrana calada en piedra por los plateros de la calle de la Rúa, parece un trabajo chino de marfil, parece la mística puerta de algún lugar santo. Benvenuto Cellini se hubiera enorgullecido de cincelar en oro una creación semejante. Los árabes que bordaron la Alhambra habrían declarado también que sus mejores templetes y camarines no excedían en finura, suntuosidad é idealismo á tal maravilla del arte cristiano.

Gloria de los Reyes Católicos es aquella página de piedra, y así lo pregonan los _bustos_ de Fernando y de Isabel que ocupan un gran medallón sobre la puerta principal; así lo confirma el venerable escudo de sus armas, y así lo reza terminantemente una leyenda ó rótulo, que dice en griego: «_Los Reyes á la Universidad, y la Universidad á los Reyes_.»

En los amplios muros de los otros edificios que forman la plaza, esto es, en las paredes de las vastas y monumentales dependencias universitarias del Hospital de Santo Tomás para el socorro de estudiantes pobres, y de las Escuelas Menores ó _Instituto_ (cuya linda fachada es plateresca), vense, desde el suelo hasta muy grande altura, los infalibles, clásicos letreros encarnados y los tradicionales _vitores_ en abreviatura que escribió el entusiasmo estudiantil, en siglos ya pasados, con motivo de tales ó cuales reñidas oposiciones.....

Al leerlos, parecíame estar en aquellos tiempos de ruidosísimas controversias escolásticas, cuyo estrépito llenaba toda la nación, preocupando y agitando lo mismo á los eclesiásticos que á los seglares, así á los plebeyos como á los nobles y á los mismos Reyes; y aun recordaba que en mi niñez figuré en algún bando de seminaristas en pro ó en contra de este ó aquel opositor, y escribí también con almagre rótulos como aquéllos.....--¡Ay! pasó ya la boga y la importancia de tales lizas, como antes habían pasado las justas y los torneos, y como pasarán sin duda alguna, cuando les llegue su hora, estas empeñadas luchas electorales y parlamentarias que hoy apasionan tanto á los pueblos..... Lo que nunca pasará ni cambiará es el fondo de las cosas humanas, que siempre resulta el mismo: ¡vanidad y discordia con diferentes nombres ó pretextos!

En medio de aquella plaza, compás ó patio, y dando frente á la _Universidad_, álzase desde la primavera de 1868 la _Estatua de Fray Luis de León_, discípulo que fué y luego catedrático, de aquel emporio del saber.--Por ninguna parte se veía alma viviente. No sé si á causa de la festividad del día, ó de ser la una de la tarde, ni fuera ni dentro de la _Universidad_ (según vimos después) había nadie que turbara el religioso silencio y melancólica soledad de tan venerandos sitios.....

Nosotros nos sentamos al pie de la estatua, y nos pusimos á recapacitar en la historia y en la grandeza de cuanto teníamos ante la vista.--Nuestra emoción era verdadera, profunda, unánime, y, por lo tanto, silenciosa..... Únicamente oíamos, ó creíamos oir, sobre nuestra cabeza, una gran voz, la voz de Fray Luis, que repetía con dulce y formidable acento, como al salir de la prisión:

«_Decíamos ayer_.....»

* * *

No intentaré en manera alguna contar la historia ni hacer la descripción de la _Universidad_ salmantina. Semejante empeño requeriría un tomo en folio. Diré solamente las cosas de más bulto, tal y como vayan presentándose á mi memoria.

Fundó la _Universidad_ Alfonso XI, rey de León, padre de San Fernando.

Durante mucho tiempo estuvo albergada (¡significativa hospitalidad!) en la _Catedral Vieja_; pero reinando Alfonso XI se emancipó de la dirección del Obispo de Salamanca y se hizo _pontificia_. Es decir, que desde entonces el Papa fué el verdadero _Rector_; teniendo en ella por Delegado al Maestrescuela de la Catedral, á cuya dignidad iba anejo el cargo de Cancelario de la Universidad. Este era quien confería los grados y ejercía el juzgado eclesiástico y civil-escolástico, con autoridad real y pontificia. El Rector no era más que el Jefe administrativo y económico del Establecimiento.

Llegó á contar, por término medio, unos ocho mil estudiantes, y aun recuerdo haber leído que, en algunas matrículas, éstos ascendieron á doce mil.

En 1569 las Cátedras eran setenta: diez de Cánones, diez de Leyes, siete de Medicina, siete de Teología, once de Filosofía, una de Astrología, una de Música, una de lengua Caldea, una de Hebreo, cuatro de Griego y diez y siete de Retórica y Gramática.

Allí hubo estudiantes de todas las naciones, y muy principalmente ingleses é irlandeses católicos, después que abrazó la Reforma Enrique VIII.--De esta última tierra no falta aún en Salamanca un contingente fijo de escolares, como veremos después al hablar del _Colegio de Irlandeses_.

En la Universidad de Salamanca explicaron maestros tan insignes como Nebrija, Fray Luis de León, Melchor Cano, el Brocense, Fray Domingo Soto, Covarrubias, etc., y aprendieron los santos siguientes: San Juan de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, Santo Toribio de Mogrovejo, San Juan de la Cruz, San Pedro Bautista, San Miguel de los Santos y el Beato Juan de Rivera. Cursaron también en aquellas aulas los grandes fundadores Diego de Anaya y el Cardenal Jiménez de Cisneros, los célebres historiadores D. Diego Hurtado de Mendoza, Bartolomé de las Casas, Zurita, Nicolás Antonio y Ambrosio de Morales, el famoso conquistador Hernán Cortés, los sabios escritores Arias Montano, D. Antonio Agustín, Chumacero y Saavedra Fajardo, y los insignes literatos y poetas Cervantes, Villegas, Meléndez Valdés, Iglesias, Jovellanos, Cienfuegos, Quintana y D. Juan Nicasio Gallego.

Confundida desde hace mucho tiempo la _Universidad_ con la Catedral, los Doctores tienen asiento en el coro, y los Canónigos en los actos universitarios.

A fines del reinado de Felipe II, esto es, en lo más cerrado del absolutismo, todavía se proveían las Cátedras á pluralidad de votos de los estudiantes de la respectiva asignatura, é igual procedimiento democrático se empleaba para la elección de Consiliarios.

En la _Capilla Pontificia_ de la Universidad no se pedía, ni se pide hoy, por el Obispo, sino por el Papa y por los Doctores del Establecimiento.

Cada nuevo Papa dirigía á la _Universidad_ salmantina una carta especial, participándole su elección; y cuando había en Castilla nuevo Rey, la _Universidad_, en vez de enviarle Procuradores que le prestasen pleito homenaje, se reunía como en Cortes, por su propia cuenta, y le juraba fidelidad directamente.

En el claustro de las antiguas _Escuelas Mayores_ vimos una leyenda en que se dice que, «congregados por Alfonso X (el Sabio) los varones más doctos de aquella Academia, se consiguió por último concluir las _Leyes Patrias_ (Las Siete Partidas) y las _Tablas Astronómicas_.»

La Universidad tenía muchos locales ó sucursales en la ciudad, con el nombre de _Colegios incorporados_. Entre ellos se contaban cuatro _Mayores_, cuatro _Militares_ (de las Órdenes de San Juan, Santiago, Calatrava y Alcántara), veintiún _Menores_ y dos _Seminarios_. Casi todos ellos ocupaban soberbios edificios monumentales con muchas dependencias.--¡Es decir, que toda Salamanca era Universidad, y lo es todavía, y lo será siempre en la mente de las generaciones, como Toledo es su catedral, y Granada su Alhambra, y cada ciudad aquello que le dió vida y grandeza y á cuya sombra amiga nacieron y prosperaron los demás elementos de su esplendor y poderío!

«_Tesoro de donde proveía á sus reinos de gobierno y de justicia_», llamó Carlos V á la _Universidad_ de Salamanca;--y eso que Carlos V fué más europeo que español.

* * *

Después de contemplar y conmemorar todas estas cosas, sentados al pie de la estatua de Fray Luis de León, penetramos al fin en la _Universidad_, y recorrimos con profundo respeto aquellos antiguos claustros, donde se pasearon, en la alegre edad de su adolescencia, tantos y tantos hombres ilustres.

Admiramos los magníficos _artesanados_ de aquellos techos. Visitamos la _Capilla pontificia_, y en ella _adoramos_ los _restos de Fray Luis de León_, encontrados hace doce años en las ruinas de su convento de San Agustín (de que ya sólo queda el sitio en la ciudad del Tormes), y guardados hoy en decorosa urna de mármoles blanco y negro, que ocupa una hornacina de dicha capilla.--Y del propio modo, ó sea con igual veneración que ya habíamos visto la _estatua_ y la _tumba_ del gran maestro, vimos después su _aula_ y su _cátedra_.....