Chapter 12
En Granada, por la misericordia de Dios, todavía está de moda la virtud de las mujeres..... Quiero decir que la opinión pública no tolera el pecado, ni transige con las pecadoras..... Son, pues, ellas buenas por innata circunspección y acendrada religiosidad, y al mismo tiempo porque les es indispensable para vivir entre las gentes; y de aquí resulta que su rigor y severidad, no sólo impiden la falta propia, sino también la falta ajena. ¡La delincuente, en aquel país, no está dentro del _derecho común_, como en esta Villa y Corte y como en otras varias partes! ¡Pecar en aquella provincia es para la hija de Eva colocarse _fuera de la ley_, incomunicarse con la sociedad, aislarse como una leprosa!--Quizás por esto mismo tampoco sirve allí de timbre y loor á un hombre el ser un D. Juan Tenorio ó cosa parecida. ¡Todo el mundo detesta y condena al infame que sedujo á una joven en estado de merecer, perdió á la mujer del prójimo ó dejó abandonada á la suya!--¡Dure mucho en mi amada tierra este sentido moral! Cuando él falta, los pueblos más prósperos son una repugnante sentina.--Dígalo París.
Y aquí concluyen _las generales de la ley_ de todas las Granadinas.--Examinemos ahora los caracteres que las diferencian entre sí, según que viven en la Capital, en las poblaciones subalternas ó en el campo, y según que pertenecen á la aristocracia, á la clase media ó al pueblo. Pero examinémoslas confundidas unas con otras, pues toda clasificación regular, ordenada y simétrica, está reñida con el Arte.
CAPÍTULO V
GALERÍA DE GRANADINAS
¿Quién no conoce y admira á Granada, aunque no la haya visitado nunca?--Creo, pues, innecesario repetir aquí lo que han escrito Chateaubriand, Zorrilla, Teófilo Gautier, Washington Irving y otros mil literatos, y me limitaré á deciros que, por lo que yo he visto, por lo que he leído y por lo que me han contado de cuanto hay en el globo, no existe teatro mejor dispuesto para el sueño del amor y la apoteosis de la mujer que aquel en que vamos á contemplar ahora á nuestra heroína.
Allí podemos verla de paseo amatorio, por la tarde, en la primavera, bajo las sombras paradisíacas de _La Alhambra_; ó en excursión higiénica, el verano, al amanecer, por la amenísima y misteriosa cuenca del _Dauro_ ó _Deoro_, en busca de la _fuente del Avellano_; ó, en tren de merienda, por las fértiles huertas de los _Callejones de Gracia_, con presupuesto de cerezas, habas verdes ó lechugas, para engañar unos típicos bollos de pan de aceite. Allí podemos admirarla cuando cruza en carretela bajo las célebres alamedas del _Salón_ y de la _Bomba_, entre perpetuos verjeles; ó cuando echa pie á tierra y luce su garbo y su elegancia por la alegre _Carrera de Genil_, frente á la cual sonríen embelesadas las eternas nieves de la vecina Sierra, que parece toca uno con la mano; ó bien la encontramos asomada, como una flor más, á un balcón natural de rosas y alelíes, en aquellos cármenes escalonados por las laderas de todas las colinas, desde cuyas alturas corren, triscan y saltan mil arroyos bullidores, como otros tantos duendes que minan los cerros, las calles y las casas de la ciudad, creando pensiles en todas partes. Allí podemos acompañarla, finalmente, en su constante peregrinación artística, subiendo por la _Cuesta de los Molinos_, por las _Vistillas de los Ángeles_, por el _Campo del Príncipe_ y por la _Cuesta de San Cecilio_, á buscar los sublimes panoramas que se descubren desde los _Mártires_ ó desde _Torre Bermeja_, para ir luego á visitar las maravillas del Palacio encantado de Alhamar el Magnífico, y del aéreo, quimérico _Generalife_, asilos perdurables de poéticos ensueños..... Y en todos estos parajes veremos á aquella mujer, tan sensible y reflexiva, tan amante y soñadora, siempre al través del prisma de colores de una flora inagotable, siempre al son del canto del ruiseñor, siempre oyendo bajo nuestros pies, sobre nuestra cabeza y á nuestro lado, el rumor melancólico del agua, reluciente ú oculta, despeñada ó juguetona, y siempre entre la magia de los recuerdos históricos, de los primores artísticos, de las tradiciones románticas, de las solemnidades religiosas y del patético gemido que exhala todo lo decadente, todo lo desgraciado, todo lo que pasó..... como pasa nuestra vida.....
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Conque vedla, ¡sí, vedla! ¡Saludad á la _Granadina de Granada_ bajo cualquiera de las formas en que aparece á nuestros ojos!
Ya es la noble, la distinguida, la delicada aristócrata de aquella tierra clásica de lo regio..... Ésta va en coche.
Ya es la sílfide que apenas huella la tierra con sus menudos pies; la ideal y elegante dama ó señorita de la clase media, de cultas formas y gentiles pensamientos.....--¡Canela pura!
Ya es la graciosa, y fina, y seria doncella del pueblo, silenciosa y expresiva como las flores con que adorna su reluciente peinado.....
Pero siempre halláis la misma mujer exquisita, de fibra superior, de inmaterial belleza que directamente os habla al alma; más insinuante que fascinadora, más á lo Murillo que á lo Ticiano, más de Calderón que de Lope, más de Cleómenes que de Fidias.
Sí: cualquiera que sea su clase, la Granadina resulta siempre _aseñorada_ y sentimental, al propio tiempo que dulce, risueña y recatadamente voluptuosa. No chisporrotea en ella la sangre, como en las andaluzas oficiales de otras comarcas; pero su imaginación, sus nervios, la médula de sus huesos, los suspiros de su boca, son amor y sólo amor.....
No me preguntéis por las facciones de su cara, ni por las dimensiones de su cuerpo..... Allí, como en todas partes, _per troppo variar natura é bella_..... Hay, pues, Granadinas morenas y Granadinas blancas; de pelo negro, de pelo castaño y de pelo rubio; altas y bajas; delgadas y gordas; feas y bonitas.--Sépase, empero, que el tipo _general y genuino_, el arquetipo, el dechado, no es alto y recio como el de la hermosa cariátide vascongada, por ejemplo; ni fresco y amplio como el de las mujeres de Rubens; ni pequeño y pardo como el de las hijas del interior de España: sépase también que las bellas están en Granada en mayoría, y sépase, en fin, que casi todas tienen poco hueso, pie diminuto, provocativo talle, la color algo quebrada, rasgados ojos obscuros y sus indispensables interesantísimas ojeras.--Decir que hay más morenas que rubias, fuera ocioso, tratándose de Andalucía; pero su moreno es esclarecido, como el de las legítimas venecianas. Sin embargo, en el Albaicín abunda un tipo hechicero y rarísimo en España: la mujer blanca como la nieve y con el pelo negro como el azabache.....--¿Serán descendientes de odaliscas circasianas de los últimos harenes moros?
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Pasemos á la parte indumentaria.
La dama de la alta sociedad y la acomodada de la clase media visten como determina mensualmente el _figurín_ de París, ni más ni menos. Excusado es, por consiguiente, buscar nada local, nada típico en su traje..... En este punto, ver á una elegante madrileña es ver á una elegante granadina.
La mujer de las clases populares no tiene tampoco traje característico; pero su _toilette_ de gala, aunque poco singular, es bastante graciosa: zapato bajo, negro ó color claro; media blanca: vestido entero de percal, casi rayando con el suelo, adornado con uno ó más volantes de la misma tela; pequeño delantal negro; un pañolillo de vivos colores, cruzado sobre el pecho, dejando adivinar todas las primorosas líneas del talle; y, finalmente, otro pañuelo de seda, llamado _de la India_, también muy vistoso, doblado diagonalmente, prendido sobre la cabeza con un alfiler y atado debajo de la barba.....--Este tocado, merced á ciertos picarescos fruncidos y dobleces, llega á dar al óvalo del rostro un carácter confuso, entre monjil y judaico, de irresistible coquetería....., cuando la interesada es _interesante_.
Hasta aquí la capital.--En los pueblos, el traje de las campesinas varía mucho, pero siempre sobre la base de un jubón negro de anascote. La falda va aparte, y es de coco, indiana ó percal. En algunas villas sólo las hay de picote listado. De todos modos, la elegancia rural consiste en colgarse cuantos refajos y enaguas se poseen, aunque sean cincuenta.
Las lugareñas de más tono usan mantilla sin velo ni blondas, esto es, una gran tira de franela negra, con anchas franjas de terciopelo. Las muy pobres, hacia Levante, llevan el mantón doblado en triángulo, pendiente de la cabeza, lo que les ahorra otro pañuelo y les da un aire míseramente africano. En la Alpujarra, las cortijeras se echan sobre la cabeza la saya á guisa de manto, y, como la saya está forrada de amarillo, y el refajo es encarnado, ofrecen á distancia, en aquellos ásperos montes, un aspecto interesantísimo. Por último: en varios pueblos las mujeres de todas clases gastan medias negras, á excepción de la hija del sacristán, que usa medias blancas, y á excepción también de las infelices que no tienen medias.
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Volviendo á las señoras de las clases acomodadas, y especialmente á las aristócratas, hay que aplicar á sus costumbres externas, ó sea á sus hábitos, lo mismo que hemos dicho de su traje: son una repetición exacta de los hábitos de la alta sociedad madrileña. De consiguiente, sus horas, sus gustos, sus esparcimientos, sus modales, sus opiniones sobre todas las cosas que no son del alma, se arreglan al meridiano de París. Y contra toda herejía importante en esta delicada materia las aseguran y garantizan sus frecuentes viajes á la corte, y alguno que otro á Bayona.--Inútil es añadir que cada recién llegada de Francia ejerce una especie de dictadura durante dos ó tres meses.
Para la aplicación y ostentación de estas mudables reglas de buen tono, cuentan las elegantes de Granada con bastantes coches propios, con dos teatros, con excelentes modistas, con baños de mar en la cercana costa, con su correspondiente _Junta de Damas de Beneficencia_, y con una deliciosa _Rifa de la Inclusa_, en público, en una gran tienda de campaña colocada en el paseo del _Salón_, durante las famosas fiestas del _Corpus_; tienda que es una copia en miniatura del Paraíso de Mahoma, por lo que respecta á la hermosura de las huríes que premian allí las buenas acciones de los héroes. La _Plaza de Toros_ funciona pocas veces, pero, cuando funciona, las Granadinas se acuerdan de que son andaluzas, y dejan el pabellón nacional bien puesto. (Ya sabemos que este pabellón es la mantilla blanca.) También he indicado que en Granada hay pocas tertulias que salgan de la órbita de la familia. Tampoco abundan los bailes en estos últimos tiempos. Pero, cuando ocurre lo uno ó lo otro, la noble hija del Genil se viste, se prende, se presenta, valsa, polka, habla y escucha con tanto gusto, distinción y gallardía, como aquella ilustre y bella _Granadina_ que se sentaba, hace tres años, en el que entonces era el primer trono de Europa, hoy arrumbado sillón sin empleo.
Hemos apuntado que la dama principal de Granada subordina todos sus hábitos á la moda francesa, y ahora nos ocurre hacer una excepción muy trascendental, que va incluída en el siguiente inconcuso
AXIOMA
_Todas las Granadinas pelan la pava._
Sí, señor; lo mismo la hija del Marqués ó del Conde, que la del médico ó el abogado y la del artesano ó el campesino, así la doctora en amor de la metrópoli, como la tétrica de la ciudad sedentaria, y la díscola lugareña, todas hablan con el novio por el balcón, por la reja baja, por el tejado, por las rendijas de la puerta, por la tapia del huerto á la luz del sol, á la de la luna, á la de los faroles y á ninguna luz: ¡á la faz de los transeuntes, cuando los padres son gustosos, y de media noche para abajo, entre la una de la madrugada y el amanecer, cuando se opone la familia!
Esta _pava_ clandestina es la _pava_ por excelencia, especialmente en el invierno.--Todo duerme en la ciudad de Boabdil, menos la _campana de la Vela_ y las sonoras fuentes de los patios. El alumbrado público se apagó á las doce. Por la calle sólo pasan otros novios que _van_ ó _vuelven_. Pegado á una reja que casi linda con el suelo hay un fantasma con capa y hongo. Detrás de la reja se columbra una mujer envuelta en inmenso mantón y cubierta su cabeza y rodeada su cara por aquel pañuelo de la _India_ que ya hemos calificado de toca semimonjil, semihebraica. Marquesa ó cursi, ama ó criada, éste es el uniforme del amor á semejante hora, lo cual sirve luego para echarse el muerto recíprocamente la señorita á la doncella y la doncella á la señorita, en caso de delación.--La capa y el hongo del galán contribuyen al equívoco, pues todas las capas y todos los hongos son iguales á media noche.
¿Y qué más?--¡Nada más que pueda decirse con palabras!..... ¡Cuando Romeo y Julieta confunden pensamientos y suspiros, y se miran y callan, y tornan luego á su incoherente diálogo, y se repiten lo que ya saben, y se lo vuelven á decir, interrumpiendo el raciocinio con el requiebro, y pasando bruscamente de la pena á la alegría, de la queja al entusiasmo, de la confianza á la duda, de la gratitud á los celos, del «_¡Cuánto me quieres!_» al «_¡Ya no me quieres!_» y del «_Te quiero, pero no quiero_», al «_¿Me querrás siempre como ahora?_»; cuando sus labios balbucean este monótono, eterno poema del amor, mientras que sus almas están asomadas á sus ojos, mirándose tan intensamente como se miran la mar y el cielo, y confundiéndose como se confunden el silencio y la soledad que los aislan, hay que llamarse Shakespeare para ser taquígrafo de semejante escena!
Sólo diré (pues ésta es la ocasión) que ni la simbólica literatura de Oriente ni el alegórico arte germánico emplearon jamás formas tan figuradas, intención tan remota y sentido tan íntimo como el discurso amatorio de una Granadina. Sobre todo, cuando no está subyugada del todo por la ternura, ó cuando los celos le impiden ser expansiva, ó cuando teme que la esté oyendo algún profano, la profundidad y viveza de su lenguaje rayan en lo sublime.
¿Quién no la ha oído, y quién no la ha admirado en este último caso, cuando habla con el novio desde alto balcón, en el estío, á la hora de la siesta, advertida de que la está oyendo toda la vecindad detrás de las cortinas de cien salas bajas?--¡Qué disimulo en las frases! ¡Qué insistencia en unos mismos símiles hasta apurar el concepto! ¡Qué dos conversaciones en una sola, la una aparente y pública, la otra de imaginación á imaginación! ¡Cuán lógica y chispeante la primera, en medio de su fatuidad! ¡Cuán grave y apasionada la segunda! ¡Cómo brilla el ingenio en lo que dice! ¡Cómo relampaguea la pasión en lo que quiere decir! ¡Y qué energía de pensamiento, qué riqueza de fantasía para prolongar indefinidamente un exacto paralelismo entre la imagen y la idea, entre el apólogo y la realidad, entre la _fábula_ y la _historia_!
Pero no hay que confundir esta _pava_, pelada á gritos, con la que hemos dejado pelando á las altas horas de la noche, libres, juntos y solos, al Romeo y á la Julieta de la reja baja.--Aquí desaparece el discreteo; aquí se disputa, como en la balaustrada de Verona, sobre si es la alondra ó el ruiseñor el que canta; aquí el éxtasis habla por los dos amantes, mientras que el implacable reloj les va notificando cada hora que transcurre: ¡horas mermadas por la eternidad á su juventud y á su dicha; horas que pueden ser las últimas de sus plácidos coloquios, si la oposición paterna prevalece y la niña se casa con el rico, á pesar de tutear al estudiante; horas descontadas á la esperanza, deudora inmortal del corazón humano, al cual nunca le paga lo que le debe, pero que en cambio es siempre confiada prestamista de los más locos deseos!
Y pues que hemos salido del templo de Cupido por esta imprevista puerta de escape del _interés_, aprovechemos la coyuntura para manifestar que la provincia de Granada es la tierra de los casamientos desiguales, ó sea de los enlaces amorosos entre pobres y ricas, y ricos y pobretonas.--De aquí tantas _pavas_ clandestinas.--¡Los padres braman durante el depósito judicial y la luna de miel; pero los nietos arreglan luego el asunto!
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La señorita _de familia poco acomodada de la clase media_ propende á copiar, y copia divinamente, todo lo que hacen la rica y aristócrata, pues ya he dicho que la distinción y el señorío sirven de común denominador á aquellas exquisitas criaturas, cualquiera que sea su condición social.--Lo que por fuerza acontece es que la joven de pocos recursos traduce el terciopelo al merino, la blonda al tul, el raso al tafetán, el gro al _organdí_ y la batista á la indiana. Del propio modo, si va poco al teatro, va mucho al _Liceo_; si no pasea en coche, se sienta en las sillas de la _Carrera_ los domingos, y si nunca estuvo en la ópera, oye tocar con frecuencia á las bandas militares las sublimidades cursis de _La Traviata_.--Porque esta señorita de que ahora hablamos, es aficionadísima á la música, y si llegan sus padres á poder estirar algo la pierna, tiene piano y maestro de canto..... Es además muy lectora ¡mucho! y de admirable criterio moral y artístico..... Todo lo bello, todo lo elevado encuentra eco en su corazón, así como todo lo patético abundantes lágrimas en sus ojos.
A propósito y entre paréntesis: Aunque la Granadina se guarda mucho de ser _liberal_, por humilde cuna que haya tenido; aunque es monárquica y religiosa hasta los tuétanos (¿cómo olvidar á los Reyes Católicos?), y apegada, por lo tanto, al antiguo régimen, hace causa común con una revolucionaria, con una conspiradora, que murió en el cadalso por haber bordado cierta bandera constitucional.--Comprenderéis que me refiero á la insigne heroína doña Mariana Pineda..... ¡En tratándose de la _Mariana_, las Granadinas no tienen opiniones! Todas la admiran, la compadecen, la lloran y le rinden verdadero culto. ¡Para ellas, aquel trágico suceso es lo único que ha ocurrido en Granada desde la expulsión de los moriscos!..... De lo demás no tienen noticia.....--Ni ¿qué es _lo demás_?
Las mencionadas damiselas entre merced y señoría son acaso las que más disfrutan de los encantos naturales y artísticos de la moribunda gran ciudad. ¡Por lo mismo que las pobres significan menos en lo presente, se aferran con más ahinco á lo pasado! Ellas son, pues, las abonadas á los almuerzos y comidas en las fondas de _La Alhambra_, donde, dicho sea de paso, se celebra todo lo fausto que acontece en la población: la boda, el casamiento, el bautizo, el grado de licencia, el ascenso, la transacción, el regreso, el desafío frustrado..... (Pudiérase decir que _La Alhambra_ es una venerable abuela á quien se notifican todos los contentos y prosperidades de su raza, para alegrar su vejez.) Ellas suben á la _Torre de la Vela_ á contemplar (una vez al ano, el 2 de Enero, aniversario de la _Toma_) los cuatro portentosos panoramas cardinales de Granada y sus alrededores. Ellas van en peregrinación al _Laurel de la Zubia_, de merienda á los cármenes y avellaneras del _Sacro Monte_, y de campo formal, en tartana, al Fargue, á Huétor del Genil ó á la Fuente Grande de Alfacar, verdadera maravilla de la naturaleza. Ellas conocen la antigua corte musulmana y sus deleitables contornos, piedra por piedra, mata por mata, tradición por tradición..... ¡Y ellas, poseídas íntimamente de aquella _nostalgia historial_ que más atrás analizamos, _saben estar_ en cada punto, hablar y callar á tiempo, comentar la situación con el suspiro y la mirada, y parecen á todas horas, ya á la luz del crepúsculo, ya á la claridad de la luna, ya al tenue relucir de las estrellas, los genios de las ruinas, las dríadas de los bosques, las náyades de los ríos, las ninfas de los arroyos y las fuentes!
¡Qué bonitas!
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La mujer del pueblo es más varia. Tenemos las _artesanas_ y del pequeño comercio; tenemos las _labradoras_ que viven en el _Albaicín_, en las _Huertas_, en el _barrio de San Lázaro_ y en todos los arrabales; y tenemos la inmensa falange de _criadas_ de aquella población donde apenas hay criados masculinos.
Todo este personal se reparte en sus días de asueto de la siguiente manera: las de educación más sana y tradicional, se esparcen por las _caserías_ (casas de campo), por los amenos _callejones de Gracia_, ó por los cármenes en que tienen amigas, y allí bailan, juegan, cantan y hablan con los novios.--Estos bailes y estos cantos son estrictamente nacionales y casi se reducen al fandango. De donde ¡alguna puñalada por la noche....., y pare usted de contar!
Las sucursales de los _bufos madrileños_, sucursales á su vez de los _bufos parisienses_, han desnaturalizado un poco las costumbres del pueblo bajo granadino. Es, por tanto, algo frecuente ver grupos de criadas que acuden á los _Campos Elíseos_ (¡también existe allí este mitológico cielo!) á bailar unas polkas íntimas de todos los demonios y unos estúpidos _cancanes_, que de tales sólo tienen la indecencia.....
Apartemos los ojos de aquella desabrida traducción de ajenas ignominias, y sigamos á las honestas menestralas, hortelanas y sirvientas de buena ley, en sus inocentes y animados paseos por los campos, viéndolas rumiar la fruta del tiempo ó los frutos secos que les regalan sus galanes, mientras que ellos no perdonan _puesto_ ni ventorrillo (menudean en todas partes) sin refrendar el pasaporte.....
¡Complazcámonos, sí, en el manso júbilo y modesta felicidad con que estas desheredadas de la fortuna descansan de una semana de reclusión y de trabajo, y bendigamos las expansiones de su contentadizo corazón, cuando, al caer la tarde, vuelven á sus casas y á sus quehaceres, cogidas de la mano en anchas hileras, cantando en coro sus empresas amorosas, ó sea sus clemencias y sus desdenes, como bandadas de pájaros que tornan á sus nidos!.....
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Hemos salido de la capital.--Relativamente á las aldeas, pocas cosas de bulto hay que decir, y para entrar en detalles y poner de relieve los accidentes novelescos de existencias tan rutinarias y monótonas, habría que emplear el microscopio y que escribir un libro entero de fatigoso análisis. Contentémonos, pues, con algunos ligeros rasgos exteriores.
La mujer acomodada de una aldea, la rústica que paga jornales, la alcaldesa de monterilla, no se conmueve ni esparce nunca. Dentro de su casa es una afanada hormiga: en la calle, ó cuando recibe la visita de un forastero, no habla sino lo más preciso, no sonríe ni por casualidad, desea perderos de vista, demuestra una misantropía horrorosa. La conciencia de su ignorancia y el más estólido orgullo se combinan monstruosamente para dar este resultado. ¡Depender de semejante mujer como sirviente, ó necesitarla por cualquier concepto, basta y sobra para formarse cabal idea de cómo serían los más terribles señores de horca y cuchillo!
La niña de esta casa no habla jamás. Siquiera, la madre tiene que rabiar, que tronar, que rugir de puertas adentro..... ¡La hija lleva la modosidad hasta perder la palabra y el movimiento!--No anda, se traslada; y no gesticula, no mira, no tose, no ríe, no vuelve la cabeza, aunque detrás de ella tiren cañonazos.--¡Por nada del mundo comería delante de gente!..... Esto último, sobre todo, le parece consecuencia precisa de su buena crianza y de su recato inexpugnable.
¡Y las hay realísimas mozas, y que se componen que da gusto!.....--Pero es ver una imagen vestida. Diríase que existe un armazón de madera, en lugar de un rollo de carne y huesos, debajo de aquella docena de sayas y de aquellos pañuelos estiradísimos.....; pañuelos de Lucifer, sujetos al jubón con mil alfileres, á fin de garantir la honestidad contra los cuatro elementos, contra los cinco sentidos y hasta contra un terremoto.