Viajes por España

Chapter 1

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[Nota del transcriptor: la ortografía del original no ha sido actualizada.]

VIAJES

POR

ESPAÑA

DE

D. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE, DOS DÍAS EN SALAMANCA.--LA GRANADINA.--DE MADRID A SANTANDER. PRIMER VIAJE A TOLEDO.--EL ECLIPSE DE SOL DE 1860. CUADRO GENERAL DE VIAJES.

TERCERA EDICIÓN

MADRID

EST. TIPOGRÁFICO «SUCESORES DE RIVADENEYRA»,

_Paseo de San Vicente, núm. 20_

1907

_Es propiedad del Autor.--Quedan hechos los depósitos que marca la Ley._

ÍNDICE

DEDICATORIA.--_Al Sr. D. Mariano Vázquez_

Una visita al Monasterio de Yuste

Dos días en Salamanca

La Granadina

De Madrid á Santander

Mi primer viaje á Toledo

El eclipse de sol de 1860

Cuadro general de mis viajes por España

AL SEÑOR D. MARIANO VÁZQUEZ,

MAESTRO DE MÚSICA, INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES, COMENDADOR DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE CARLOS III, Y DE NÚMERO DE LA DE ISABEL LA CATÓLICA.

_Mi muy querido Mariano: Juntos hemos hecho, no sólo algunos de los viajes que menciono en la presente obra, como el de_ Madrid á Toledo _y el de_ El Escorial á Ávila, _sino también el muy más importante_ de la adolescencia hasta la vejez, _pasando por los desiertos de la ambición_.....

_Saliste tú de aquella metódica y bendita casa de la calle de Recogidas de Granada, en donde, puedo decir que sin maestro, aprendiste á interpretar las sublimes creaciones del Haydn español, ó sea del maestro Palacios, del colosal Beethoven, del profundo Weber, del apasionado Schubert y de otros grandes compositores casi desconocidos entonces en nuestra Península; y salí yo de mi seminario eclesiástico de Guadix (fundado sobre las ruinas de un palacio moro), llevando en pugna dentro de mi agitado cerebro á Santo Tomás y á Rousseau, á Job y á lord Byron, á Fr. Luis de León y á Balzac, á Savonarola y á Aben-Humeya....._

_Nuestro encuentro, hoy mismo hace_ treinta años, _fué en la Alhambra..... Allí estaban ya reunidos, soñando también con la gloria, los demás que de cerca ó de lejos habían de acompañarnos en la peregrinación.--Fernández Jiménez, Moreno Nieto, Castro y Serrano, Manuel del Palacio, tu pobre hermano Pepe, Antonio de la Cruz, Salvador de Salvador, Pérez Cossío, Soler, Pepe Luque, Moreno González, Pineda_, e tanti altri, _hoy ya viejos ó muertos, levantaron el vuelo con nosotros ó como nosotros, desde aquella deliciosa mansión, en que habíamos formado la célebre sociedad de_ La Cuerda, _hasta las ingratas orillas del Manzanares, donde algunos seguimos viviendo juntos dos años más, bajo la denominación de_ Colonia Granadina..... _¡Calle del Mesón de Paredes! ¡calle de los Caños! ¡fonda del Carmen, que ya no existes! ¡ventorrillos, ventas y posadas, en que tan pobre y alegremente pernoctamos durante nuestras primeras etapas por el mundo de las Letras, de las Artes, de las Ciencias ó de la Política!..... ¿Quién os dijera que muchos de aquellos locos mozuelos que tan dificultosamente pagaban el gasto diario y tan alborotada traían la vecindad, habían de convertirse en estas graves personas que hoy se complacen en recordar, como inverosímiles leyendas, ó cual si refiriesen travesuras de sus propios hijos, aquellas graciosas cuanto inocentes calaveradas, no reñidas con el más asiduo y heroico trabajo?

En Dios y mi ánima te juro, reduciéndome á hablar de ti, Mariano mío, que cuando, hace poco tiempo, te veía dirigir con universal aplauso la orquesta del teatro Real, de donde mengua es de España que estés alejado y donde no has sido sustituído ni lo serás nunca; cuando escuchaba á insignes artistas nacionales y extranjeros ensalzar tu nombre sobre el de todos los que habían ocupado aquel verdadero trono de la Música, me regocijaba tu gloria cual si fuera mía, ó por lo menos, de toda la_ Colonia Granadina, _de_ 1854 _á_ 1856, _y que igual placer y ufanía siento cada vez que asisto á los grandes triunfos que sigues alcanzando como Director de la sabia_ Sociedad de Conciertos, _admiración de propios y extraños_.....

_Todas estas cosas, que nunca te he dicho privadamente, tenía ganas de decirte en público, y por eso y para eso te dedico ese libro, en que varias veces te nombro y en que figuras como actor y parte.--Mucho lamento no haber podido escribir en él nuestras visitas á_ Toledo _y á_ Ávila _tan extensamente como algunas otras de mis expediciones artísticas ó poéticas; pero tú suplirás con tu buena memoria lo que yo omita al hacer mención de aquéllas, y volverás á reirte homéricamente al recordar al_ Tío Tereso _de Toledo y al_ cicerone _que sólo tenía empeño en que viéramos la_ campana gorda _de la Catedral, ó bien cuando te representes en la imaginación aquella mañana deleitosísima en que, con tu hermano Paco, salimos á esperar á los arrieros que llevan de_ El Barco de Ávila _á la estación de_ Ávila _la rica uva que tanto se estima en Madrid, y nos comimos no sé cuántas libras por cabeza, al otro lado de la ciudad, recostados en una romancesca muralla de color de naranja marchita, dando cara á un paisaje verde y pedregoso, más activos y descuidados que á la presente, y con mucho, muchísimo menos luto en el alma....._

_Adiós, Mariano. Recibe con indulgencia este libro, y recibe también un abrazo fraternal de tu paisano, amigo y compañero de viaje,_

PEDRO.

Madrid, 18 de Enero de 1883.

UNA VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE

I

Si sois algo jinete (condición _sine qua non_); si contáis además con cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en _Navalmoral de la Mata_ algún conocido que os proporcione caballo y guía podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden--que os ofrecerá reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca, el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa complacencia de aquellas romerías verdaderamente _patrióticas_ que, como todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía respetan algo sobre la tierra.....--Podéis, en suma, visitar el _Monasterio de Yuste_.

Para ello..... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un billete, de berlina ó de interior, hasta _Navalmoral de la Mata_, en la «Diligencia de Cáceres»[1],--que sale diariamente de la calle del Correo de ésta que fué corte, á las siete y media de la tarde.

La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa. Pasaréis sucesivamente por la _Dehesa de los Carabancheles_, donde los Artilleros _tenían_ establecida su muy notable _Escuela práctica_;--por las _Ventas de Alcorcón_ y por _Alcorcón_ mismo, que es como si dijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños;--por _Móstoles_, donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de 1808;--por _Navalcarnero_, uno de los principales lagares que surten de peleón á Madrid;--por _Valmojado_, que nada tiene de mojado ni de valle, pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso;--por _Santa Cruz del Retamar_, abundante en fiebres intermitentes y en carbones;--por _Maqueda_, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela,--y, en fin, por _Santa Olalla_, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos;--con lo cual, al amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera ó en otoño), os encontraréis en _Talavera de la Reina_, confirmada (supongo) recientemente con el nombre de _Talavera de la República federal_.

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, á causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de _sueño_, ó bien de _dormición_ ó _dormimiento_ (como se decía antaño, para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ello habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes _hôteles_, que digamos, en toda vuestra romería;--pero al llegar á _Talavera_, donde se detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis sin duda alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas.....

Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar todo un día en aquella ilustre villa, cuna del ínclito Padre Mariana; rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y frutas de todo el país que vais á recorrer; renombrada por sus barros cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en Alcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles é ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados vencedores de Europa.....--En otro caso vierais allí, además de las murallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, los celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público á la orilla del noble _Tajo_.....--Pero ¡nada! vosotros vais á _Yuste_ exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna.....

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y, dejando á la izquierda el gran río y viendo siempre á la derecha la cadena del Guadarrama (que, con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal), continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente villa de _Oropesa_, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa, hoy Duques de Frías.....--Como sabéis á dónde vais, no dejaréis seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de encontrar íntimamente ligados con los _del Monasterio de Yuste_; y, cumplida esta obligación, pasaréis por la _Calzada de Oropesa_, último pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura, y, en fin, á eso de las doce del día os hallaréis en _Navalmoral de la Mata_.

En aquella importante villa, perteneciente ya á la provincia de Cáceres, cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, es donde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir á la Diligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero que preferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse á _Yuste_ desde su mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, á principios del siglo XV, á proteger la fundación del Monasterio, ora cuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, á visitar á Carlos V ó á asistir á sus exequias.--Es decir, que os encaminaréis al lugarcillo de _Talayuela_ (12 kilómetros); pasaréis por la _barca_ del mismo nombre el caudaloso _Tiétar_, tan desprovisto de puentes; entraréis en la célebre _Vera de Plasencia_, y, por _Robledillo de la Vera_, iréis á hacer noche á _Jarandilla_.

De este modo, habiendo andado unas diez y siete horas en coche y cosa de seis leguas á caballo, os hallaréis, á las veinticuatro horas de haber salido de Madrid, á legua y media de _Yuste_, en una villa importante (_Jarandilla_ es cabeza de otro partido judicial), perteneciente también á los Estados de Oropesa ó Frías, cuyo palacio ó casa solariega albergó algunos meses al nieto de los Reyes Católicos mientras acababan de disponerle sus habitaciones en el convento.

Nosotros os dejamos ahora allí--donde creemos no os falte la necesaria industria para buscar la posada, cenar, acostaros y trasladaros á la mañana siguiente, muy tempranito, al lugar de _Quacos_, distante de _Yuste_ un cuarto de legua, y donde vive el administrador del Sr. Marqués de Miravel, actual dueño del Monasterio (administrador que es muy amable y que os acompañará en vuestra visita, ú os proporcionará los medios de que lo veáis todo á vuestro sabor); nosotros os dejamos en _Jarandilla_, repetimos, y, retrocediendo á las orillas del _Tiétar_, vamos á exponeros cómo y por donde llevamos á cabo, por nuestra parte, hace poco tiempo, y arrancando de otro lugar, esta misma excursión al célebre retiro del que fué dueño del mundo.

* * *

Cinco kilómetros más abajo de _Talayuela_, ó sea de su _barca_, hay una hermosa finca, denominada el _Baldío_, situada en majestuosa, pero muy alegre soledad.

El _Baldío_ forma una especie de anfiteatro sobre el _Tiétar_, que es su límite al Norte. En medio de este anfiteatro se eleva el caserío, teniendo al Sur un soberbio pinar y á los lados extensos bosques de robles ó de encinas. Por las ventanas de todas sus habitaciones, que dan al septentrión, se descubre: primero, una faja de vega, de un kilómetro de ancho, que va á morir en el río; luego el mismo río, orlado de pomposas arboledas, y, á su otra margen, un segundo anfiteatro, que es la _Vera de Plasencia_, y que termina en las perpetuas nieves de las Sierras de Jaranda y de Gredos.

Las ventanas del _Baldío_ dan, pues, frente al _Monasterio de Yuste_, escondido en una leve ondulación de la falda meridional de la _Sierra de Jaranda_, pero cuya situación y cercanías se divisan perfectamente.--Es decir, que el _Baldío_ y _Yuste_ tienen un mismo horizonte y están incluídos en la misma cuenca general del terreno, por cuyo fondo corre mansamente el _Tiétar_, navegable en aquella región, y tan grandioso y opulento como el propio _Tajo_, á quien poco después rinde vasallaje.

Tres leguas escasas (dos á vuelo de pájaro) dista _Yuste_ del _Baldío_, y nosotros, que residíamos accidentalmente en este último paraje, llevábamos muchos días de contemplar á todas horas aquel otro solitario lugar, encerrado entre una gran sierra y un gran río, sin más comunicación con el mundo que unas poco frecuentadas veredas, y donde había pasado los últimos dos años de su vida aquel que llenó el universo con su nombre y sus hazañas, y cuyos dominios no dejaba nunca de alumbrar el sol.

Un porfiado temporal había ido retrasando la visita que desde que llegamos al _Baldío_ nos propusimos hacer á _Yuste_, hasta que al fin serenóse el tiempo, y el día 3 de Mayo (del presente año de 1873) montamos á caballo; pasamos el _Tiétar_ por otra _barca_, propiedad de nuestro amable y querido huésped, penetramos en la _Vera de Plasencia_, y nos dirigimos al insigne Monasterio por el camino de _Jaraiz_.

Ninguna estación más á propósito para apreciar y admirar todos los encantos de la famosísima _Vera_, país de la fertilidad y de la incomunicación; especie de Alpujarra chica, en que el río hace las veces del mar, y Sierra de Jaranda y Sierra de Gredos suplen por la colosal Sierra Nevada.

La primavera estaba en todo su esplendor.--Primero caminamos por magníficas dehesas, sobre una llanísima alfombra de verdura y bajo un dosel de magníficos robles, encinas, fresnos, sauces y almeces, á través de cuyos severos troncos penetraba horizontalmente el alegre sol de la mañana. Después salimos á un monte cubierto de jarales floridos, cuyas blancas flores eran tantas, que parecía que el monte estaba nevado. Luego pasamos el hondo _río Jaranda_, por el tosco, sabio y gracioso _Puente de la Calva_, y principiamos la ascensión á _Jaraiz_, risueña y populosa villa, por cuyos arrabales desfilamos á eso de las ocho.

Estábamos á una legua de _Yuste_. Esta legua recorre un país abrupto, selvático, atroz; pero pintoresco á sumo grado. Hay sobre todo un paraje, llamado la _Garganta de Pelochate_, que es digno de los honores del pincel y de la fotografía. Allí se despeña rapidísimo un espumoso río por planos inclinados de formidables rocas, sobre las cuales se eleva á extraordinaria altura cierto viejo y gastado puente de tablas, atravesando el cual no puede uno menos de encomendar el alma á Dios. Las orillas de esta semicatarata son de una rudeza y amenidad imponderables, así como es muy celebrada, y ciertamente fresquísima y muy delgada y gustosa, el agua de la gran fuente que de una peña brota al otro lado de aquel abismo.

Pasada la _Garganta de Pelochate_, podíamos escoger dos senderos para llegar á _Yuste_: el uno va por _Quacos_, lugarcillo de 300 vecinos, que, como hemos apuntado, dista un cuarto de legua del Monasterio; el otro..... no existe verdaderamente, sino que lo abre cada viajero por donde mejor se le antoja, caminando á campo travieso.....

Nosotros escogimos este último, á pesar de todos sus inconvenientes.--Una aversión invencible, una profunda repugnancia, una antipatía que rayaba más en fastidio que en odio, nos hacía evitar el paso por _Quacos_.

Y era que recordábamos haber leído que los habitantes de este lugar se complacieron en desobedecer, humillar y contradecir á Carlos V durante su permanencia en _Yuste_, llegando al extremo de apoderarse de sus amadas vacas suizas, porque casualmente se habían metido á pastar en término del pueblo, y de interceptar y repartirse las truchas que iban destinadas á la mesa del Emperador. Hay quien añade que un día apedrearon á _D. Juan de Austria_ (entonces niño), porque lo hallaron cogiendo cerezas en un árbol perteneciente al lugarejo....

Pero ¿qué más? ¡Aun hoy mismo, los hijos de _Quacos_, según nuestras noticias, se enorgullecen y ufanan de que sus mayores amargasen los últimos días del César, por lo que siguen tradicionalmente la costumbre de escarnecer el entusiasmo y devoción histórica que inspiran las ruinas de _Yuste_!....

Alguien extrañará que Carlos V no declarase la guerra á los habitantes de _Quacos_, pidiendo á su hijo Felipe II veinte arcabuceros que les ajustasen las cuentas.... Pero ¡ah! el vencedor de Europa no había ido al convento en busca de guerra, sino de paz, y, por otra parte, si hubiese castigado á aquellos insolentes, el desacato y desamor de éstos se habrían hecho públicos y dado margen á mil comentarios en toda Europa.--Los pequeños lo calculan muy bien todo cuando se atreven á insultar la misma grandeza á cuyos pies solían arrastrarse miserablemente.....--El Emperador se hizo, pues, el desentendido, y devoró en silencio, como una penitencia, aquellas mortificaciones de su orgullo.

Conque decía que nosotros anduvimos á campo travieso la última media legua que nos separaba de _Yuste_. Pronto nos sirvió de guía el propio _Convento_, que vimos aparecer allá á lo lejos, al pie de una árida ladera de _Sierra de Jaranda_, que lo defiende de los vientos del Norte.--Por la parte del Sur lo resguarda también de las miradas del mundo cierta suave colina, que forma con la dicha sierra una especie de vallecejo ó cañada, cuya máxima longitud descubríamos nosotros sin dificultad, por ir entonces marchando de Poniente á Levante.

El aspecto del _Monasterio_, á aquella distancia, realizaba completamente el poético ideal que nos habíamos formado de él desde niños, y que hace veinte años nos sugirió algunas páginas tituladas: _Dos retratos_[2].--Cercado de robles y sombreado más intensamente á la parte del Sur por una verde cortina de corpulentos, piramidales olmos, aquel antiguo refugio de los desengañados de la tierra parecía como un oasis en medio del desierto, como una isla en un océano tormentoso. Tan rica vegetación, tanta lujosa verdura, tan abrigada soledad y las austeras líneas de la Santa Casa que destacaba su mole, de un color gris de hoja seca, sobre la obscuridad del ramaje, contrastaban dulcemente con el áspero y desordenado panorama que se veía en torno, con los esquivos montes, con las bruscas quebradas, con los rudos matorrales, con la misma pedregosa tierra que cruzábamos.

Finalmente, salimos al camino que vosotros tendríais que seguir para llegar á _Yuste_, esto es, al que desde el pobre _Quacos_ sube al _Monasterio_.....

Ó, por mejor decir, nosotros ya estábamos casi en el _Monasterio_ mismo....

* * *

Una enorme cruz de piedra y una alta cerca ó tapia de cenicientos peñones nos decía que allí principiaba la sagrada jurisdicción de _Yuste_.

Por aquel escabroso camino, en que sólo nos restaba que andar algunos pasos, llegó Carlos V á su final retiro el día 3 de Febrero de 1557, y por el propio sendero pasó su cadáver, después de haber yacido allí algunos años, para ir á continuar su sueño eterno en el panteón de El Escorial.--Ya veremos más adelante cómo este sueño ha sido también turbado recientemente en el imperial sarcófago de San Lorenzo, y cómo nosotros llegamos, por nuestra parte, á profanar asimismo con la mirada, en pública y sacrílega exhibición, la momia del invicto César.

Detengámonos ahora á contemplar un inmenso _Escudo_ de piedra que adorna la alta cerca de que hablamos antes.--Él resume y compendia todo lo que hemos de ver y de pensar dentro de Yuste.

Aquel _Escudo_, abrigado por las poderosas alas del águila de dos cabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyenda de _Plus ultra_, comprende en sus cuarteles las armas de todos los Estados del augusto Monje.--De estas armas resulta que el hombre que fué allí á abreviar voluntariamente su vida y á anticipar su muerte, acababa de ser en el mundo[3]: «Emperador de los romanos, Rey de Alemania, de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Sevilla, de Mallorca, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Loteringia, de Corincia, de Carmola, de Luzaburque, de Luzemburque, de Gueldres, de Athenas y Neopatria; Conde de Brisna, de Flandes, del Tirol, de Abspurque, de Artoes y de Borgoña; Palatino de Nao, de Holanda, de Zelanda, de Ferut, de Fribuque, de Amuque, de Rosellón, de Aufania; Lantzgrave de Alsacia; Marqués de Borgoña y del Sacro Romano Imperio, de Oristán y de Gociano; Príncipe de Cataluña y de Suevia; Señor de Frisa, y de la Marca, y de Labomo, de Puerta; Señor de Vizcaya, de Molina, de Salinas, de Tripol, etc.»

Encima del _Escudo_ hay un _Medallón_ con un busto de San Jerónimo en alto relieve.

Debajo del _Escudo_ se lee esta _Inscripción_, casi borrada por la acción del tiempo sobre la mala calidad de la piedra:

«_En esta santa casa de San Jerónimo se retiró á acabar su vida el que toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió á 21 de Septiembre de 1558._»

Acerca de esta misma vida, _gastada toda_ efectivamente en una perpetua campaña, ocúrrenos copiar aquí algunas palabras del discurso en que Carlos V abdicó en su hijo los Estados de Flandes, pocos meses antes de retirarse á Yuste.

«Nueve veces (dijo, á fin de justificar ante su corte el cansancio y los achaques en que fundaba su determinación), nueve veces fuí á Alemania la Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, á Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fuí contra África, las cuales todas son cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré á pasarle para sepultarme.....»

Pero nosotros no escribimos la historia de Carlos V, sino en todo caso la de _Yuste_. Bueno será, pues, que antes de penetrar en el Monasterio digamos todo lo que se sabe acerca de su fundación y rápido desarrollo hasta el momento en que representó tan importante papel en el mundo, así como respecto de su lamentable ruina.

II